Capítulo 15: Roto
Algunos días después de que su madre partiera a Vayalat, junto con Orihime y su hijo, Kaien lo llamó a una reunión junto con todos los consejeros en la Cúpula, algo extraño porque Ichigo no sabía que se celebraba una junta ese día. Al entrar, los consejeros y los soldados que estaban dentro de la Cúpula le hicieron una reverencia, como dictaba el protocolo al ser el príncipe de Avanta, pero Kaien lo miró de una manera que no podía presagiar algo bueno.
— Su majestad, ¿Me ha llamado? — Preguntó Ichigo después de mostrarle sus respetos al hombre de la corona.
— Ichigo… — Kaien comenzó a hablar tomando su pluma y firmando un papel. Ichigo no se había movido de donde estaba parado, no se había sentado ni hizo algún ademán por acercarse al momento de que su hermano hablara. Kaien tampoco habló, era como si se estuviera dando su tiempo.
— Su majestad, ¿qué desea de mí? — Volvió a preguntar Ichigo con un gesto serio, notando la incomodidad de los consejeros ante aquella pregunta, incluso el ambiente estaba tan tenso que se podía cortar con un cuchillo.
— Tu anillo. — Kaien levantó la mirada del otro papel que estaba firmando, tenía una sonrisa en los labios al decir aquella oración. Los consejeros hicieron un gesto que daba la impresión de estar evitando decir algo imprudente.
— ¿Mi anillo? — Ichigo miró a Kaien aun con seriedad.
El anillo que lo acreditaba como Príncipe y que su padre le había dado cuando hicieron oficiales los principados del reino. Kaien no tenía que dar grandes explicaciones, básicamente le estaba diciendo que le quitaba el título de príncipe, y eso explicó la reverencia de los consejeros cuando entró a la sala; esa era la forma de los consejero de revelarse ante la decisión que había tomado el rey. Ichigo suspiró y se quitó el anillo con calma, le dio una última mirada y, con paso firme, se acercó a su hermano para ponerlo frente a él.
— Su majestad, ¿desea algo más?
— Si, que desocupes tu habitación. Ya no eres el príncipe de Adelaar, ya no tienes por qué vivir en las habitaciones de uno. Se te acomodará una habitación privada junto con los soldados, eres el comandante y no podemos dejarte desamparado. — Kaien lo miraba con una expresión de victoria en el rostro. Él había ganado.
— Su oferta es muy generosa, su majestad, pero debo rechazarla. Para la tarde mis pocas pertenencias personales quedarán fuera de este palacio. Volveré a cumplir con mis obligaciones como lo hacen los consejeros. — Aclaró, porque no pretendía darle a Kaien esa satisfacción de verlo dormir en dónde él quisiera.
Kaien juntó las cejas en expresión de enfado pero Kyoraku lo detuvo antes de que empezara a hablar.
— El comandante nos ha traído gloria con sus consejos, creo que sería lo mínimo que podría hacer su majestad. Conceda la petición que él está haciendo. — Habló Kyoraku evitando mirar a Ichigo y fijando su mirada en Kaien que parecía no estar de acuerdo con aquello.
— En la última campaña su "preciado consejo" no nos ayudó, concejal. — Rebatió Kaien. Ichigo no estaba seguro si él había leído o no lo que le había enviado a su padre, todo había salido tan bien que, para todos los consejeros, el único culpable de que Kaien estuviera casado era de él mismo.
— El rey Isshin no permitió que el comandante fuera con nosotros, desconocemos las razones, pero sabemos que si él hubiese ido, habríamos tenido una victoria diferente. — Explicó Ukitake. Kaien no dijo nada pero vio con enojo a Ichigo.
— Está bien, puedes irte del palacio y vivir en donde quieras, en un gallinero si quieres, pero te quiero aquí cumpliendo tus obligaciones como siempre. — El tono de advertencia en su voz sonaba bastante agresivo, era una forma de decir que lo tendría vigilado y ante cualquier error, entonces lo pagaría.
Ichigo le hizo una reverencia al rey y salió de ahí con paso firme, sin mostrar debilidad alguna por lo que acababa de pasar; por dentro, era algo que sabía que pasaría. Los consejeros estaban en silencio y no dijeron nada hasta que él salió.
Para la tarde sus cosas ya estaban empacadas en los baúles y un coche lo estaba esperando en la entrada del palacio. Los sirvientes subieron sus cosas y se fue de ahí cuando la noche cayó. No se quedó en la ciudad sino en los terrenos que había más allá de la primera muralla, donde tenía una pequeña casa que había comprado desde el momento en que regresó de Bosque Oscuro. La casa estaba amueblada con todo lo que se podría necesitar y ahí se quedó Ichigo con dos sirvientes para el cuidado de la casa y la comida, junto con un par de soldados que sintieron que debían de cuidarlo en su nuevo hogar aunque Ichigo ya no pudiera pagarles tan bien como antes.
Ichigo iba y venía del palacio, cumplía con sus obligaciones y se reunía con sus amigos a tomar de vez en vez en un bar. Ichigo era un príncipe en desgracia pero la gente lo seguía admirando y respetando porque, al final de cuentas, él era quien se encargaba de mantenerlos a todos seguros y hacer que la justicia del rey se cumpliera. Muchas mujeres se le intentaban acercar, pero él simplemente las rechazaba y se iba de donde fuera que estuviera; él no tenía tiempo para pensar en mujeres, él tenía cosas más importantes que hacer y cartas que enviar para que todo empezara a moverse a su voluntad.
Cuando el invierno llegó, también lo hizo una carta de su tío Kisuke, contándole cómo estaba su madre y su hijo, y asegurándole que él hablaría con los representantes de la Triada para considerar su petición. También le aseguró que sería un proceso largo y que no debía desesperarse, pero que debía empezar a reunir soldados que le fueran leales porque los iba a necesitar.
Ichigo así lo hizo, y para la celebración de inicio de año, él celebró con sus amigos y con el esposo de Karin, con quien había tenido diferencias pero que concordaba con sus ideas de remover a Kaien del trono. Todo estaba yendo tan bien como podía esperar, Ichigo tenía las influencias y tenía los aliados; muchas veces había querido ir a Bosque Oscuro para visitar a Rukia, pero ella de nuevo se había ido de ahí y había dejado al hijo del hombre que la había intentado matar como nuevo señor de aquél lugar.
La decepción fue grande cuando él se enteró de aquello, pero se recordó a sí mismo que ella era libre y que podía hacer lo que ella quisiera. Se obligó a sí mismo a olvidarla porque amarla no lo llevaba a ningún lugar y por un momento consideró el realmente conseguirse una esposa, una viva al menos; quizás una de las muchas chicas que se acercaban a él estaría bien.
Cualquiera estaría bien, porque él estaba tan roto que realmente no importaba quién fuera quien yaciera a su lado.
Saludó a uno de los guardias que cuidaban la entrada de su casa y subió hasta su habitación, se había empezado a quitar el exceso de ropa y pretendía tumbarse en la cama para dormir hasta el día siguiente, cuando se dio cuenta de que había alguien encapuchado sentado en su cama. Ichigo inmediatamente llevó su mano a su cintura en busca de su espada, y maldijo mentalmente en ese instante el haberla dejado en la entrada de la casa.
— ¿Quién eres? ¿Qué quieres? — Preguntó Ichigo de manera demandante, considerando si acabar con el intruso le costaría o no mucho trabajo. Él estaba cansado y quizás eso fuera una desventaja, pero sabía que podría ganarle a cualquiera en una pelea uno a uno.
El invasor se levantó de la cama, Ichigo dio un paso atrás, completamente a la defensiva, y de repente el intruso se quitó la capucha que le cubría la cara dejando ver un rostro conocido.
— Rukia…
La voz de Ichigo salió en un jadeo, sin poder entender cómo era que ella estaba ahí, sin entender cómo es que ella sabía que él vivía ahí. Sin comprender del todo cómo había burlado a los guardias. La sorpresa hizo que su corazón latiera demasiado rápido, y luchó por no darle cabida a ese otro extraño sentimiento que también gritaba por ser nombrado.
— Ichigo. — El tono de voz de Rukia estaba cargado de resentimiento, de odio y de rencor. Ella se acercó a Ichigo con paso lento, él no se movió de su lugar, sin saber bien cómo reaccionar ante su presencia, y Rukia levantó la mano dándole un golpe en la cara. — ¡Tú! ¡Maldito bastardo! ¡Me mentiste!
Rukia empezó a reclamarle a Ichigo todo lo que había querido reclamarle desde que la Sombra le mostró lo que él había hecho para mantenerla viva. Ichigo no se movió, sino que se quedó parado en su lugar y recibió todos y cada uno de los reclamos y los golpes que le daba ella, dejándola sacar su enojo y frustración. Ichigo entendió que Rukia ya lo había recordado todo y solo aceptó sus palabras, sabiendo que no tenía caso que él dijera algo.
— ¡Te odio! ¡Te odio! — Gritó Rukia antes de terminar en el suelo frente a él, llorando por todo lo que había vivido y sufrido, sabiendo que aunque quisiera no podía culpar de todo a Ichigo aunque él tenía tanta culpa como Kaien de todas sus desgracias. — Te odio… y te amo… y me odio por hacerlo… porque debería odiarte con todo mí ser y no puedo.
Ichigo ayudó a Rukia a levantarse para que se sentara en la cama de nuevo, le tendió un pañuelo para que ella se limpiara las lágrimas y le ofreció un vaso con agua; todo eso sin decir una sola palabra. Cuando Rukia se calmó, Ichigo se apoyó en la ventana que había frente a la cama y la miró fijamente con la escasa luz del atardecer.
— Me amas, ¿en serio? — Preguntó Ichigo con un tono amargo y mordaz en la voz, uno que Rukia solo había escuchado cuando hablaron en aquella primavera. — ¿Y cuándo te diste cuenta de eso? ¿Cuándo recordaste como cedí a tus deseos para reparar lo que Kaien rompió? ¿Cuándo recordaste todo lo que hice para proteger a nuestro hijo o cuándo estábamos en la cabaña y pasé noches enteras culpándome por haberte arrastrado a ese destino? ¡Ah, ya sé! Te diste cuenta que me amabas cuando estábamos en la Gran Casa. ¡Por las Deidades, Rukia! Ya no soy un niño, podré amarte pero realmente estoy cansado de solo ser… ni siquiera sé qué soy para ti. No es necesario que me digas que me amas para estar cerca de nuestro hijo, te llevaré con él si eso es lo que buscas. — Ichigo se separó de la ventana y se encaminó a la puerta. — Puedes dormir aquí si quieres o puedes irte como entraste.
Rukia se levantó de la cama al ver como él estaba a punto de salir de aquella habitación, y lo abrazó por la espalda de nuevo, deteniendo su avance justo como lo había hecho en la Gran Casa aquella vez. Ichigo se tensó y llevó una de sus manos a la mano de Rukia con la intención de hacer que ella lo soltara.
— Lo siento, fue mi culpa. Fui egoísta y no lo vi, no te vi y no vi todo lo que realmente hacías por mí… todo lo que hiciste por mí y todo el dolor que soportaste por salvarle la vida a nuestro hijo. Te estoy muy agradecida por eso.
— La gratitud no es amor, Rukia. Todo lo que hice fue porque te amaba, nunca esperé amor de vuelta… — Ichigo se giró entre los brazos de Rukia y la miró a los ojos, ya más calmado. — Solo quería que fueras feliz.
— Me di cuenta en la cabaña. Cuando recuperé mis memorias, me di cuenta de que lo que sentía por ti no era solo agradecimiento, sino a que era algo más grande y más cálido; estar contigo me hacía feliz, no me importaba estar en medio de la nada escondiéndonos de la justicia del rey, yo me sentía feliz estando a tu lado. — Rukia levantó una mano para acariciar el rostro de Ichigo con suavidad, ahí donde había dado el primer golpe. — Cuando estábamos en la Gran Casa también sentí lo mismo, y cuando estuvimos juntos, de nuevo lo sentí… sentí que estaba en casa. ¿Qué hago para que me creas?
— No tienes que hacer nada, Rukia. — Ichigo acarició la mejilla de Rukia con suavidad. — Es solo que… ya no podría soportarlo más… — Ichigo se separó de Rukia con suavidad. — Descansa. Mañana pediré a las doncellas que te preparen una habitación para que descanses mejor. Arreglaré algunas cosas y prepararé el viaje para llevarte con nuestro hijo.
Rukia se quedó de pie en esa habitación, viendo como Ichigo salía de ahí y se encerraba en otra. No sabía qué hacer y entendía perfectamente que Ichigo se sintiera así porque la Sombra misma le mostró toda la crueldad que ella empleó con él. Por un momento pensó que ella había llegado demasiado tarde y se asustó por pensar que quizás había perdido al único hombre que la había amado cuando ella estaba rota.
Al día siguiente ella no bajó de la habitación, pero escuchó cómo Ichigo hablaba con las doncellas que habían llegado para trabajar en la casa ese día, avisándoles que una amiga se quedaría durante un tiempo, y que cuando ella despertara, si ella deseaba, la acompañaran a comprar algo de ropa para que usara durante su estancia ahí. A Rukia no le gustó la forma en que él la presentó como su "amiga", e inmediatamente bajó las escaleras con la intención de reclamarle, pero cuando llegó, Ichigo ya se había ido. Las doncellas la miraron de arriba abajo y se rieron discretamente, haciendo molestar aún más a Rukia, aun así, le sirvieron, la atendieron y la llevaron al templo de las Deidades donde la gente donaba ropa y que ahí revendían para "ayudar" al templo.
— El Comandante nos pidió que le compráramos ropa y nos dejó el dinero para hacerlo, pero le recomiendo que no pida ropa muy cara. Desde que fue exiliado del castillo el año pasado, vive de manera austera. — Le advirtió una de las doncellas que trabajaban ahí.
— ¿Vive de manera austera? Pero las tiene a ustedes dos y aun par de guardias, eso no es vivir de manera austera. — Agregó Rukia cada vez con mayor molestia. Odiaba a ese par de doncellas que hablaban como si conocieran a Ichigo de toda la vida.
— Nosotros venimos solamente tres veces por semana, nos paga el Concejal Ukitake a nombre de la reina madre, y a los guardias les paga el Gran Concejal Kyoraku. — Explicó la segunda doncella mientras sacaba un vestido común de una pila de ropa común.
— ¿Y por qué lo exiliaron del castillo? — Preguntó Rukia tratando de encontrar algo que no fuera tan feo. En ese momento, Rukia sintió toda la diferencia de trato a la vez que Ichigo le compraba todo lo que ella quería, donde él la vestía con vestidos que eran realmente hermosos y le regalaba joyas que brillaban con la luz del sol y de las velas.
— El Comandante, cuando aún era un príncipe, permitió que la reina madre abandonara el castillo y se llevara a su pequeño hijo. Al rey Kaien no le gustó eso, y según dicen, lo castigó quitándole el título de príncipe y exiliándolo del castillo. — Explicó la primera doncella. — Han intentado matarlo un par de veces, por eso el Gran Concejero paga los guardias.
Rukia sintió como el corazón se le estrujaba al escuchar eso y de nuevo la culpa la invadió, él estaba siendo castigado de nuevo por proteger a su hijo. Rukia dejó de pensar en culpas, porque si seguía pensando en eso nunca iban a avanzar, eligió unos cuantos vestidos baratos que no estaban tan feos, y regresó a la casa de Ichigo para bañarse y cambiarse de ropa. Las doncellas limpiaron la casa y le prepararon un almuerzo que solo fue para ella, y antes de que las chicas se fueran, dejaron preparada una olla de comida para cuando regresara Ichigo. Rukia se dio cuenta de que Ichigo regresó más tarde que el día anterior, porque había sido necesario prender las velas cuando Ichigo entró a la casa; él se dirigió a su habitación después de saludarla como se saluda a alguien con quien has convivido mucho tiempo pero que sigue siendo un extraño y no dijo más.
— ¿No vas a comer? Las doncellas dejaron comida para ti. — Habló Rukia desde la puerta que Ichigo había cerrado y que ella no pudo abrir.
— No, comí con los soldados. Come tú o dásela a los guardias. — Habló Ichigo desde dentro de la habitación. Rukia notó que Ichigo no hizo más ruido y luego bajó las escaleras, comió un poco de aquella comida y luego hizo lo que Ichigo le dijo, se la dio a los guardias para que ellos la comieran.
Ichigo estaba poniendo distancia entre ambos.
Durante esa semana, las únicas veces que Rukia vio a Ichigo fue en las noches, cuando ella esperaba sentada en un mueble de la pequeña sala a que él llegara. Ichigo simplemente la saludaba, le deseaba buenas noches y subía a su habitación; cuando Rukia le preguntaba si había comido, siempre obtenía la misma respuesta de la primera vez y cuando intentaba entrar, descubría que la puerta estaba cerrada. Le preguntó a las doncellas si Ichigo tenía a alguien o si había llevado a alguna mujer a esa casa, y las doncellas simplemente negaron divertidas.
— El Comandante no tiene pareja, parece que no le interesan las mujeres, usted es la primera que ha estado aquí. — Ante la respuesta de la doncella, Rukia sintió un poco de gozo dentro de ella.
Las doncellas se fueron y dejaron todo limpio como siempre, y Rukia de nuevo se sentó en la sala a esperar a Ichigo, como lo hacía todos los días, con la esperanza de que él se quedara ahí, con ella, y hablaran para poder arreglar algo de aquella extraña relación que tenían. La vela se consumió más de lo habitual y Rukia se sintió cansada de tanto esperar, se empezó a sentir demasiado nerviosa e incluso escuchó a los guardias cambiar de turno, pero Ichigo no llegaba.
Rukia empezó a pensar demasiadas cosas que le pudieran pasar a Ichigo, cada una era peor que la anterior, y tuvo que callar su mente para no volverse loca en ese momento. Empezó a caminar de un lado a otro en esa pequeña sala, tratando de que el tiempo pasara más rápido, hasta que escuchó a los guardias hablar y correr. Rukia abrió la puerta y se dio cuenta de que un hombre traía a Ichigo, que parecía estar demasiado ebrio como para caminar solo sin irse de lado. Los guardias ayudaron a Ichigo a llegar hasta su habitación y Rukia se los agradeció al igual que al hombre que lo había llevado.
— El Comandante bebió demasiado. No lo deje ir mañana al palacio, yo diré que está enfermo. — Habló el hombre que lo había llevado y Rukia lo reconoció, ese era el mismo hombre que los había estado cubriendo durante el tiempo que estuvieron en la cabaña; Uryu. Rukia pudo sentir la mirada acusadora de ese hombre sobre ella, como si la estuviera culpando por que Ichigo estuviera así de borracho.
Rukia asintió a lo que dijo Uryu y cerró la puerta para poder dirigirse a la habitación de Ichigo, donde lo encontró sentado en la cama tratando de quitarse las botas con la escasa luz de las velas. Rukia estaba molesta con él por hacerla preocupar, pero al mismo tiempo estaba aliviada por ver que solo estaba ebrio; ella nunca lo había visto así, y cayó en cuenta de que no conocía muchas cosas de él.
— Deja que te ayude. — Murmuró Rukia tratando de acercarse a él, pero Ichigo lo impidió.
— Está bien, yo puedo hacerlo solo. — Ichigo apartó a Rukia tratando de no parecer muy brusco, pero el alcohol lo hacía moverse con torpeza. — No es necesario que me ayudes, tampoco es necesario que me esperes todas las noches. — Ichigo logró quitarse una de las botas al decir aquello. — Ve a descansar, es tarde.
Rukia vio como Ichigo logró quitarse la otra bota y empezó a luchar con la camisa. Rukia ignoró las palabras de Ichigo y se acercó a él para ayudarlo a quitarse la camisa, aunque Ichigo protestó por eso, Rukia de nuevo lo ignoró y fue en ese momento que sintió, por segunda vez, las cicatrices que él tenía en la espalda. Rukia delineó aquella cicatriz con la yema de los dedos y de inmediato sintió como otra cicatriz cruzaba la primera; ella había visto en las memorias de la Sombra como Ichigo había sido azotado hasta casi morir y en ese momento sintió de nuevo que el corazón se le encogía.
— Son las marcas del amor de mi padre… — Ichigo murmuró antes de dejarse caer en la cama, producto del cansancio y del alcohol. — Lamento haberte quitado los recuerdos, no quería que sufrieras por si el rey ejecutaba a nuestro hijo… quería que tuvieras una buena vida, una larga y feliz… una sin el dolor que yo te pudiese haber causado. Lamento que te hayas perdido tanto de la vida de nuestro hijo… pero lo crie lo mejor que pude.
— Lo has hecho bien. — Susurró Rukia, aprovechándose de la embriagues de Ichigo para acostarse a su lado.
— Gracias. — Murmuró Ichigo, acomodándose para dormir, dejándole un espacio a Rukia en la cama pero sin tocarla.
— ¿Por qué no me dijiste antes que él era mi hijo?
— Tenía miedo de que me lo quitaras. Juha es lo único bueno que tengo en la vida… fue egoísta de mi parte… pero te llevaré con él… y podrás decirle que eres su madre si quieres…
Ichigo se durmió después de aquellas palabras y Rukia lo acomodó lo mejor que pudo en la cama, después se acostó junto a él y se le quedó mirando a la cara con la tenue luz de las velas, entonces Rukia descubrió que había pequeñas lágrimas en las comisuras de los ojos de Ichigo y se abrazó a él; instantes después sintió como él la abrazaba de vuelta entre sueños.
Rukia no podía dormir, a pesar de sentir como el calor de Ichigo la llenaba por completo, no podía dormir. Ella veía al hombre que había sufrido por ella toda su vida, y se sentía culpable, porque fue ella quien lo arrastró a él a esa vida. Rukia acarició la mejilla de Ichigo y él se removió un poco, solo abrazándola un poco más en ese momento.
Al despertar, Ichigo notó que Rukia estaba dormida a su lado, con esa expresión tan pacifica en su rostro que le hizo sonreír por un momento. Él le acarició el rostro con suavidad y le acomodó un mechón de cabello tras la oreja haciendo que Rukia se removiera entre sus brazos y poco a poco abriera los ojos. Ella le regaló una sonrisa de buenos días y él le besó la frente con suavidad antes de levantarse de la cama y buscar la camisa que había perdido la noche anterior.
— ¿Ya no me amas? — Preguntó Rukia desde la cama, mirando cómo Ichigo se abotonaba la camisa lentamente. Ichigo se le quedó mirando pero no respondió hasta que terminó de cerrar su camisa y se sentó junto a ella en la cama.
— No debería de hacerlo, no debería amarte… cuando regresé de la Gran Casa, me dije a mi mismo que te dejaría de amar, que seguiría con mi vida y que todo estaría bien mientras tú estuvieras bien. Y eso hice, guardé todos aquellos sentimientos por ti en lo más profundo de mi corazón y seguí viviendo. Pero ahora vuelves aquí, me dices que me amas y trastornas mi mundo por completo. La verdad es que no puedo dejar de sentir todo lo que siento por ti, pero mi alma está tan rota que ya no creo ser capaz de darte lo que quieres ahora, por mucho que sienta amor por ti, yo ya estoy roto.
— Pero yo te amo a ti. — Rukia se acercó a Ichigo e intentó darle un beso, pero Ichigo desvió el rostro y el beso quedó en su mejilla. — ¿Qué tengo que hacer para que creas que lo que siento por ti es amor y no gratitud?
— Creerte… creerte sería entregarte lo último que queda de mi alma rota. ¿Qué harás con algo así? Ya no soy lo que necesitas, todo te lo di antes.
Rukia se levantó de la cama y se paró frente a él, tomó entre sus manos el rostro de Ichigo y se acercó para darle un beso. Ichigo no se resistió, dejó que ella lo besara así como mucho tiempo atrás permitió que ella lo usara, y se quedó quieto en su lugar; sin tocarla y sin acercarla a él.
— ¿Me preguntas qué haría? La repararía… así como tú lo hiciste conmigo cuando lo necesité, así lo haré contigo ahora que lo necesitas. Fue mi culpa y…
— No fue tu culpa, nunca te he culpado de nada. Solo son mis acciones teniendo consecuencias. — Ichigo tomó las manos de Rukia para que ella lo soltara.
— Fue mi culpa… ambos hemos sufrido demasiado, ya no necesitamos más sufrimiento. — Rukia apretó las manos de Ichigo con suavidad. — Deja que repare poco a poco tu alma, sé que nada puede ser igual… pero deja que lo intente. Confía en mí, esta vez si te veo a ti.
