Sakura observó, fascinada, como el jarrón pasaba a pocos centímetros de la oreja izquierda de Sasori y se hacía añicos al caer estruendosamente contra el suelo.

—¿Sakura? —fue todo lo que acertó a decir el hombre antes de dar un paso atrás. Sakura agarró una pequeña estatuilla de bronce de una librería. —¡Sakura, no!, ¡espera!—exclamó Sasori Akasuna poniéndose las manos sobre la cabeza y corriendo hacia la puerta,

Sakura lo siguió fuera a la carretera, con la estatuilla en la mano, ignorando las miradas de asombro de los invitados y de su marido. — ¡Insecto! —le gritó—. ¡Sanguijuela!

Le arrojó la estatuilla, fallando por poco, y Sasori casi perdió el equilibrio en las escaleras de la entrada. Sin pararse siquiera a mirar atrás, corrió como alma que lleva el diablo hacia su todoterreno y se perdió en la noche. Sakura lo observó alejarse con verdaderas llamas en los ojos. Aquel hombre había sido responsable, aunque indirectamente, del dolor que había sufrido durante seis años, del dolor que aún sufría. ¿Cómo podía tener la desfachatez de presentarse aquella noche, de todas las noches? No, ¿Cómo había tenido Sasuke la desfachatez de invitarlo?

Dio media vuelta y volvió a subir los escalones de la entrada, sin dignarse a mirar a Sasuke. —Buenas noches —saludó a una pareja que acababa de llegar, como si no hubiera pasado nada. Después, fue junto a Itachi—. ¡Felicidades, Itachi! Estamos tan contentos de que Izumi nos permitiera celebrar aquí tu fiesta de cumpleaños —le dijo besándolo en la mejilla.

— Um... Gracias, Sakura —murmuró su cuñado.

—¿Pasamos a cenar? —les dijo Sakura, como la perfecta anfitriona al resto de los invitados.

La mayoría eran amigos de Itachi y Sasuke a quienes apenas conocía.

—¿A qué diablos ha venido todo eso? —le siseó Sasuke, agarrándola del brazo y llevándola aparte mientras los demás pasaban al comedor.

Sakura ignoró la pregunta. —¿Cómo te has atrevido a invitar a ese hombre? —le dijo señalando hacia la puerta por donde había salido—. ¿Cómo te has atrevido a traerlo a nuestra casa, después de saber que colaboró con mi padre para separarnos?

—Quería saber si aún te quedaba algún rescoldo de amor por él —le contestó Sasuke con una sonrisa cínica.

— ¿Rescoldo? —masculló Sakura fuera de sí—, Tienes suerte de que no lo haya matado... Lamento no haberlo hecho.

—Qué temperamento... —murmuró él chasqueando la lengua desaprobador.

—Vete al infierno, Sasuke —le espetó ella con una sonrisa tan cínica como la de él. Estaba harta de sus celos y su suspicacia—. Y llévate contigo tu mal humor y tus deseos de venganza. Y entró en el comedor, donde los demás ya estaban tomando asiento.

—¿No vas a contarme otra vez esa historia de cómo tu padre quería hacernos romper? —le pregunte él con toda la intención, siguiéndola.

—¿Por qué no quieres creerme?

—Muy sencillo —contestó él—, porque fue el dinero de tu padre el que nos ayudó a sacar a flote de nuevo nuestro negocio —observó sorpresa en los ojos de ella—. Sí, eso hizo, ¿te parece que puedo dudar de un hombre que me ayudó de ese modo? Sakura sintió que se iba a desmayar, y casi le faltó tiempo para sentarse. —¿Te encuentras bien? —le preguntó Sasuke.

—No, no estoy bien —murmuró ella con una risa temblorosa.

Izumi, que había reparado en su inusitada palidez, se sentó a su lado. —¿Quieres que te traiga algo, Sakura? —le susurró.

—No, gracias, estaré bien... si te llevas a Sasuke lejos de mí —dijo alzando la vista hacia él furiosa.

—No te preocupes, ya me iba —le espetó él irguiéndose y dirigiéndose al otro extremo de la mesa.

Sakura no sabría jamás cómo había sobrevivido a aquella noche. Contestaba a las preguntas de los invitados y sonreía como un autómata. En un momento dado, logró escabullirse con la excusa de retocarse el maquillaje, y Izumi la siguió arriba, a la habitación de invitados.

— ¿Qué ha ocurrido, Sakura? —le preguntó sin preámbulos.

—Para empezar, estoy embarazada —le respondió Sakura muy tensa.

Izumi se quedó boquiabierta. — ¡Oh, Sakura...! ¿Lo sabe Sasuke?

—No, no lo sabe, y no quiero que se lo digas —se apresuró a advertirle Sakura sentándose en el borde de la cama—. Vuelve a estar furioso por lo que le hice hace seis años. Durante unas semanas pareció que todo iba bien, pero cuando volvió de Wyoming no lo reconocí. ¿Y cómo voy a contarle lo del bebé cuando me odia? No quiero su compasión... —se llevó las manos al rostro—. Nunca funcionará, Izumi, no puede dejar atrás el pasado, y yo ya no sé qué hacer... No lo soporto más.

Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, e Izumi fue a su lado a consolarla como pudo.

—¿Y qué piensas hacer? —le preguntó con suavidad, mientras Sakura se secaba las lágrimas con un pañuelo.

— Me iré a Houston. Tengo una prima allí, y sé que no le importará que me quede un par de días con ella, hasta que averigüe qué hacer con mi vida.

— ¿Y si intentaras hablar con Sasuke? Sé que te quiere, Sakura.

—Bonita manera la suya de demostrarlo —repuso Sakura con ironía—. ¡Primero me dice que vamos a llevar vidas separadas y luego trae a... a esa sabandija aquí!

—Bueno, creo que al menos se habrá dado cuenta de que no estabas enamorada de él —dijo Izumi con una sonrisa, recordando cómo le había arrojado aquel florero.

—Y lo peor es que cree que mi padre era un santo. Acaba de decirme que le dio dinero para reflotar el negocio... No me extraña que piense que yo le miento

—Necesitas descansar —le dijo Izumi—. ¿Por qué no te acuestas? Yo haré de anfitriona en tu lugar, le diré a Sasuke que...

—¿Qué tienes que decirme? —inquirió Sasuke apareciendo en ese momento. Las dos alzaron la vista, sobresaltadas. —Hay una chica que pregunta por ti —le dijo Sasuke a Sakura—. Una Hanare no-sé qué. Dice que trabaja contigo en el bufete...

—¿Qué quiere?

—Está subiendo. Ahora podrás preguntárselo tú.

Y en efecto, al momento asomó la cabeza de Hanare. Se quedó un poco cortada al ver el cuadro.

—Um... Lo siento, veo que no es un buen momento...

—No, Hanare, espera, ¿qué ocurre? —dijo Sakura levantándose y reteniéndola por el brazo.

La joven se volvió hacia ella con los ojos brillantes. —Solo venía a decirte que... ¡me ha pedido que me case con él! —casi chilló como una adolescente histérica—. Mira, ¡hasta me ha comprado un anillo! —le dijo mostrándoselo emocionada—. Ha sido una suerte que se haya decidido, porque estoy segura de que toda la ciudad estaba empezando a murmurar. Amanda Jones, una de las dependientas del supermercado nos vio el otro día besándonos al señor Hatake y a mí en el despacho, imagínate... la cortinilla estaba echada, claro, pero podía verse desde fuera... qué vergüenza...

Sasuke se había puesto lívido, pero Sakura e Izumi no lo advirtieron.

—Me alegro mucho por vosotros, Hanare, felicidades —le dijo Sakura abrazándola.

—Gracias —murmuró la chica—. Bueno, solo quería decirte eso... Perdón por la intrusión. Buenas noches.

Izumi acompañó a la joven abajo, y Sasuke se quedó allí de pie, tratando de averiguar cómo deshacer aquel entuerto. Sakura parecía tan dolida, tan frágil... Era solo culpa suya, por haber sacado conclusiones antes de cerciorarse de que lo que había visto era lo que creía haber visto.

—Sakura, yo...

—Sasuke, por favor, márchate, no tengo nada más que decirte. No quiero ni mirarte después de lo que has hecho... ¡Traer aquí a ese hombre!

—Necesitaba saber...

— ¡Yo te dije la verdad! —le espetó Sakura enfadada—. Y tú no me escuchaste. Nunca me has escuchado, pero ya no me importa lo que pienses de mí.

—Es que hay algo que no comprendo, Sakura... si lo que tu padre quería era separarnos... ¿Por qué me prestó ese dinero?

Sakura lo miró cansada. —Sasuke, no lo sé, no sé más de lo que te he contado. Hace mucho tiempo de eso, y yo no quiero vivir eternamente revolcándome en el fango del pasado. Si no te importa me voy a la cama —le dijo dirigiéndose hacia la puerta.

Sasuke abrió la boca, pero no sabía que decir. —Yo... los vi besándose. Bueno, creí que eras tú... en la ventana de la oficina, cuando fui a recogerte la noche que regresé de Wyoming —le confesó titubeante.

Sakura se quedó paralizada, y se giró sobre los talones con los ojos muy abiertos. — ¿Pensaste que estaba besándome con el señor Hatake?

Sasuke se encogió de hombros. —Lo cierto es que esa chica y tú tenéis una figura parecida, y la misma estatura, y la vi a través de la cortina y... Tú no me contaste que había entrado a trabajar otra chica con vosotros.

—Muchas gracias —le contestó Sakura con voz ronca, ofendida—, muchas gracias por tu maravillosa opinión de mi moralidad, Sasuke.

Él enrojeció, entre avergonzado y airado. —¿Qué querías que creyera? ¡Tú me traicionaste una vez!, ¡me abandonaste por otro!

—Yo jamás hice eso. ¡Jamás! Mi padre me amenazo con llevarte a la ruina, y me hizo decirte lo que te dije para evitarlo. Me prometió que si rompía contigo te salvaría, pero nunca imaginé que sería prestándote dinero Salí con Sasori solo para seguir con la pantomima, pero me negué a casarme con él. La vida sin ti esos seis años fue un infierno, y más sabiendo que creías que te había traicionado y que no podía demostrártelo. He intentado explicártelo de todas las maneras posibles, pero tú nunca me escuchas —las lágrimas le nublaban la vista—. Estoy cansada, Sasuke, estoy cansada. Estás demasiado resentido como para dejar atrás el pasado, y yo ya no puedo seguir viviendo así. Sé que yo, con mi cobardía, he tenido mucha culpa de lo que nos ha ocurrido, pero lo que hice lo hice para protegerte. Tú has sido lo único que yo siempre he querido, pero a ti yo únicamente te interesaba en un sentido, y supongo que ahora que has... ¿Cómo lo expresaste...? Oh, sí, «satisfecho tu deseo»... Supongo que ahora que has satisfecho tu deseo por mí ya no te intereso.

—Oh, Dios, Sakura... —masculló él apretando los dientes.

—Sin confianza no tenemos nada, Sasuke. Creí que lo nuestro podría funcionar, pero si sigues sin confiar en mí, no hay nada que podamos hacer. Y ahora, si no te importa, me gustaría que te fueras, estoy cansada y quiero acostarme.

Sasuke quería abrazarla, decirle que su frialdad se había debido solo a los celos, porque era incapaz de creer que una mujer tan preciosa y maravillosa pudiese amarlo. Sin embargo, ciertamente parecía muy cansada, y le pareció que sería cruel seguir discutiendo. Sí, lo mejor sería dejarla dormir.

—Está bien, mañana hablaremos... —le dijo saliendo y cerrando la puerta tras de sí.

Sasuke apenas pudo dormir en toda la noche y al rayar el alba entró sigiloso en la habitación de invitados. Sakura se había quedado dormida sobre la colcha, vestida. Con mucho cuidado de no despertarla, Sasuke le quitó los zapatos y la tapó, quedándose después admirando su hermoso rostro.

—Te quiero tanto... —susurró—. ¡Dios!, ¿por qué no puedo decírtelo cuando estás despierta? Anoche me dijiste que no confiaba en ti, pero no es así: no confío en mí mismo. Te mereces a alguien más comprensivo que yo, alguien menos posesivo. Me estaría bien merecido si te perdiera, pero no sé si sería capaz de seguir viviendo... Le acarició suavemente la mejilla y salió de la habitación.

Una hora después, Sakura se despertó. La sorprendió verse tapada, pero se dijo que tal vez hubieran sido Izumi o María. No importaba, no había tiempo, tenía que acabar con aquello. Llamó por teléfono para reservar un billete en el vuelo de mediodía que salía del aeropuerto de Jacobsville con destino Houston, y después pidió un taxi. Hizo a toda prisa una maleta con lo estrictamente imprescindible, y salió de su cuarto, bajando las escaleras sigilosamente.

Sin embargo, al llegar a la puerta, se encontró con María.

— ¡Señorita! —exclamó al verla con la maleta.

— Solo me voy fuera un par de días —mintió Sakura—. Izumi sabe dónde estaré, pero no le digas nada a Sasuke, María, prométemelo.

La pobre mujer no pudo hacer otra cosa que darle su palabra, y, consternada, la vio marcharse. Sin embargo, en cuanto se hubo ido, se le ocurrió una idea: le había prometido a Sakura que ella no se lo diría a Sasuke, pero no que se lo diría a Izumi.

Sasuke se despertó zarandeado por alguien. Se habría dormido hacía apenas una hora y media... ¿Por qué tenían que despertarlo?

—Sasuke... Sasuke, despierta.

La voz de Izumi lo sobresaltó y se incorporó de inmediato. —¿Qué... qué pasa?

El rostro de Izumi le dijo que algo no iba bien, y un horrible presagio lo asaltó. —María me llamó para que viniera. Sakura le hizo prometer que no te diría nada y por eso me llamó a mí... —le explicó haciéndose un lío por los nervios—. Yo... no sé cómo decirte esto...

La mirada de él se ensombreció. —Me ha dejado, ¿no es cierto, Izumi?

Ella asintió con tristeza. —Pero la pregunta es qué vas a hacer al respecto.

Sasuke se había tapado la cara con las manos. —Dejarla marchar —dijo al cabo de un minuto—. Ya le he hecho bastante daño.

— ¡Sasuke, no! Va a tomar un vuelo a Houston, aún estás a tiempo... Itachi está abajo en el coche esperándonos y...

—No sabes cómo la he tratado, Izumi... Lo que le he hecho pasar, y todo por culpa de mis estúpidos celos, del miedo a perderla por otro... ¿Qué puedo ofrecerle yo?

—¿Por qué no tratas simplemente de decirle que la amas? Es lo único que ella quiere.

—Tal vez sea lo mejor que se vaya —farfulló poniéndose de pie y caminando arriba y abajo por la habitación—. Puede que encuentre a alguien mejor que yo y...

Así no llegarían a ningún sitio, se dijo Izumi. En otras circunstancias se lo habría dicho con mayor delicadeza, pero no había tiempo: —Sakura está embarazada —le soltó.

Sasuke, que se iba a sentar en ese momento en una silla, no calculó bien por la repentina noticia y se cayó al suelo. Se agarró al borde de la cómoda para levantarse, tembloroso y con los ojos como platos. —¿Embarazada? —repitió—. ¿Está embarazada y no me lo había dicho?

No hizo falta decirle nada más a Sasuke. Se pusieron en camino de inmediato, y corrieron por todo el aeropuerto, pero cuando llegaron a las puertas de embarque, el vuelo hacia Houston ya había salido.

Itachi y Izumi no sabían qué hacer. Sasuke se había quedado catatónico cuando la mujer tras el mostrador le dijo que el avión ya había despegado. Se desmoronó, y cayó al suelo, quedándose sentado con las piernas flexionadas, temblando incontrolablemente. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, y miraba fijamente las losetas con los ojos muy abiertos, espantado por lo que había hecho.

No paraba de repetir «la he perdido, la he perdido...», y de nada servía que le dijeran que la encontrarían, costara lo que costara. Solo entonces, al levantar Itachi la cabeza un instante, vio entre la gente que iba y venía, una figura de pie, a lo lejos, observándolos, con una maleta en las manos. Sakura se acercó lentamente donde se encontraban, y se detuvo frente a Sasuke. Este, como atraído por un imán, alzó los ojos hacia ella, y Izumi y Itachi se alejaron discretamente, dejándolos a solas.

—Estás aquí... —murmuró Sasuke incrédulo.

—Iba a marcharme —admitió Sakura con lágrimas en los ojos—... pero no pude. Siento haber huido de este modo, pero ya no podía aguantar más.

—No tienes por qué disculparte —repuso Sasuke secándole las mejillas con los pulgares—. Nunca te di una oportunidad. Creí que te había perdido... Y no podía soportarlo, no podía soportar la idea de perder todo lo que amo...

Sakura esbozó una sonrisa y le tomó la mano entre las suyas. —¿Por qué no me dijiste nunca que me amabas? Yo jamás he dejado de amarte, Sasuke, y nunca podré dejar de amarte. Tú eres lo único que yo quiero.

La otra mano de Sasuke se aferró a las suyas. —¿Acaso no lo sabías... aunque no te lo dijera con palabras? —murmuró mirándola a los ojos con amor—. Habría cruzado brasas descalzo si tú me lo hubieras pedido. Tú eres todo mi mundo, Sakura. Te amo... Sakura se acercó más a él y lo rodeó con sus brazos. Sasuke la tomó por la cintura y la besó en la frente. —Oh, Dios, Sakura... Si tú supieras... Yo creía que te habías casado conmigo solo porque estabas sola y asustada.

—Y yo creía que me lo habías pedido porque te daba lástima —le contestó ella sin tratar de retener ya las lágrimas.

Sasuke se puso de pie y la abrazó con fuerza, y la besó con ternura en los labios. —Salgamos de aquí... Oh, Sakura, Sakura, creí que me moriría... Creí que te había perdido...

Itachi y Izumi los llevaron directamente a casa. —¿Por qué no venís a casa a cenar? —les propuso Izumi cuando se bajaron del coche—. María me dijo que ella y López se van a casa de su hermana, y no creo que ninguno de los dos tengáis muchas ganas de cocinar.

—Eso sería estupendo —se lo agradeció Sasuke—. Gracias por todo... a los dos.

—Vosotros haríais lo mismo por nosotros —contestó Itachi asomándose por la ventanilla de Izumi y guiñándoles un ojo—. Os esperamos a las siete.

Los despidieron y entraron en la casa, siendo recibidos por una María eufórica de ver de vuelta a Sakura. Sasuke la alzó en sus brazos y le plantó un sonoro beso en la mejilla.

—Gracias por haber llamado a Izumi, María, te estaremos agradecidos eternamente —le dijo Sakura abrazándola.

La mujer se sonrojó, asegurándoles que no había hecho nada excepcional, y después se disculpó, diciéndoles que tenía que ayudar a López a recoger las cosas, porque se iban dentro de media hora.

Sasuke y Izumi entraron de la mano en la casa, se sentaron en el salón, abrazados el uno al otro.

—Te quiero, Sakura, aunque nunca haya encontrado el modo de decírtelo —le dijo besándola dulcemente.

—Acabas de hacerlo —sonrió Sakura devolviéndole el beso apasionadamente.

—Si pudiera te compensaría por esos seis años, y por el tiempo que llevamos casados y no te he tratado como debería.

—Ya me has compensado por ello, Sasuke —le dijo ella con dulzura. Tomó su mano y la colocó despacio sobre su vientre—. Llevo dentro de mí un hijo tuyo — le dijo mirándolo a los ojos.

Sasuke ya lo sabía, pero oírlo de labios de ella lo hizo cien veces más hermoso, y más real. Le acarició el vientre con suavidad mientras volvía a besarla.

—Voy a dejar el trabajo —le dijo ella de pronto—. Creo que Hanare y el señor Hatake se las apañarán muy bien sin mí.

—No tienes por qué hacerlo por mí, Sakura. He sido muy egoísta.

—No se trata de eso, Sasuke. Ahora nuestro bebé es mi prioridad. Además, tal vez haga unos cursos, o vuelva a hacer labores de voluntariado social.

Sasuke se rio. — ¿De cuántos meses estás?

—Creo que solo de seis semanas —murmuró ella.

—La primera vez que hicimos el amor —comentó él haciendo cálculos mentales.

Sakura ocultó el rostro en el hueco de su cuello, sonrojándose. —Sí, creo que sí —asintió entre risas.

—No está mal, ¿eh? A la primera —se pavoneó Sasuke con una sonrisa lobuna.

—No está «nada» mal —murmuró ella alzando la cabeza hacia él.

Sasuke agachó la suya para tomar sus labios, y ella se relajó, dejando que la acariciara. Suspiró dentro de su boca, y le echó los brazos al cuello para atraerlo más hacia sí. Los besos se fueron volviendo más apasionados, y pronto Sakura pudo notar que él la deseaba.

Había aprendido sus señales, pero aquella vez sería diferente, porque sabía que él la amaba y él sabía que ella a él también. —La primera vez que lo hicimos... también fue aquí —murmuró Sakura mientras Sasuke le iba desabrochando uno a uno los botones de la camisa.

—Si lo prefieres siempre nos queda la alfombra... —bromeó él.

—Sasuke... —se rio ella ante la ocurrencia.

—¿Qué? Es bastante gruesa, mullida y suave. Y además nadie nos verá. Y para aseguramos...

Se levantó, aún sonriendo, y fue a cerrar la puerta del salón con pestillo. Se quitó la camisa observando como ella miraba su torso desnudo con puro deleite. Después, Sasuke la tumbó sobre la alfombra, echándose junto a ella, le desabrochó la falda, y se deshizo de la ropa interior con destreza y sensualidad.

Los temores de Sakura se habían desvanecido después de la primera vez, y su cuerpo confiaba plenamente en Sasuke, sabiendo los placeres que le aguardaban más adelante. Durante largo rato, no satisfecho con verla estremecerse y gemir, Sasuke se dedicó por entero a excitarla, hasta que la tuvo completamente a su merced. Solo entonces se fue desvistiendo él también, mientras iba devorando las suaves curvas de ella y su cremosa piel. Sakura alzó la vista, enturbiada por el deseo, cuando vio que Sasuke se arqueaba sobre ella, apoyando el peso en los brazos, y se concentró maravillada en el contacto entre ambos cuando la poseyó.

— ¡Oh, Sasuke! —gimió al sentir que comenzaba a moverse dentro de ella.

—Te quiero —susurró él—. Nunca te he demostrado cuánto, pero ahora voy a hacerlo... No te muevas, cariño, voy a llevarte directa a las estrellas.

Posó su boca sobre la de ella, y comenzó a murmurarle palabras de amor, palabras que subrayaba con pequeños besos y caricias. Aquella vez no tenía que contenerse, no había barreras, pero aun así, ajustó sus movimientos a las necesidades del cuerpo de Sakura, tratándola con exquisita ternura. Y de pronto, en medio de aquel fuego lento, la escuchó gemir cada vez con más fuerza mientras se adentraba con él en el remolino del placer. Cuando hubieron alcanzado la cima, Sakura notaba que no podía dejar de temblar, y se agarró a los fuertes hombros de Sasuke, pero él estaba igual.

—Está bien, no pasa nada... —la tranquilizó él besándola en la frente—. Es normal... es lo que pasa cuando se desciende de repente de las alturas a las que nosotros hemos volado.

—Nunca antes había sido tan increíble —murmuró Sakura.

—Eso es porque nunca lo habíamos hecho con tanta pasión, abriéndonos el uno al otro.

Sakura le tocó el rostro con dedos temblorosos. —No quiero parar, Sasuke.

—Yo tampoco... —susurró él—. Y tampoco tenemos por qué hacerlo. Estamos solos, y no tenemos otra cosa que hacer. ¿Qué te parece si subimos arriba y averiguamos si podemos superarlo?

Y se levantó, ofreciéndole una mano para ayudarla. Sakura la tomó y se incorporó también, pero echó un vistazo al montón de prendas desperdigadas por el suelo.

—Sasuke... ¿y nuestra ropa?

Pero él ya la había tomado en brazos y se dirigía con ella hacia la puerta. — Seguirá ahí cuando bajemos —le prometió divertido.

Ya había atardecido cuando se despertaron, exhaustos pero satisfechos. —Um... qué sed tengo... —murmuró Sakura.

—Yo también —dijo él levantándose de la cama y estirándose—. ¿Qué te apetece? ¿Un poco de té helado y algo de comer?

— Estupendo —asintió ella—. No tardes —dijo tumbándose mimosa.

Sasuke miró en derredor buscando algo con lo que taparse, pero se habían quedado en la habitación de invitados porque era la que estaba más cerca, y finalmente tuvo que ir al baño a por una toalla para liársela en torno a las caderas. La más grande era una toalla de playa con una rana gigante estampada en ella.

—Por Dios, Sakura... ¿No podías haber comprado algo más discreto? —gruñó.

A ella sin embargo daba la impresión de parecerle muy divertido. —¿Qué tiene de malo? Me encantan las ranas.

Sasuke ignoró sus risitas y bajó a la cocina, donde preparó unos sándwiches, y los colocó en una bandeja con unos vasos y la jarra de té helado. Sin embargo, justo cuando salía y se dirigía hacia las escaleras, se abrió la puerta de la casa y apareció Itachi. Se quedó de piedra, mirando con los ojos como platos a su serio hermano, vestido solo con una toalla con una rana gigante estampada.

—Eee... Pensé que ibais a venir a cenar a casa — comenzó Itachi. Sasuke lo había olvidado por completo. —Como eran más de las siete y media llamamos, pero no contestabais y pensamos que habría ocurrido algo y por eso vine a ver... —continuó Itachi sin poder apartar los ojos de la rana.

Sasuke recordó que había descolgado el teléfono antes de llevar a Sakura arriba.

—Um... No, no ha pasado nada. Estaba... dándome una ducha —improvisó, algo avergonzado de que su hermano pequeño lo hubiera pillado en una situación tan comprometedora, aunque estuviera en su propia casa.

Itachi vio la puerta del salón abierta, y el reguero de ropa por el suelo. —¿Y esa ropa? —dijo para picarlo.

—Iba a... hacer la colada. Y me entró hambre.

—Pero si os habíamos invitado a cenar.

—Bueno, solo iba a tomar un tentempié —farfulló Sasuke sonrojándose por la insistencia.

—¿Y dónde está Sakura?

—Em... arriba, estaba cansada y se echó.

Pero entonces, la voz de Sakura se escuchó desde el piso de arriba. —Sasuke... ¿vas a subir ya? Me siento sola —dijo como haciendo pucheros. Sasuke se puso rojo como un tomate mientras Itachi se aguantaba la risa a duras penas.

—Bueno, cuando acabes de poner la colada, darte esa ducha y tomarte el tentempié, venid a casa —le dijo — . Pero ponte algo menos... llamativo —y se marchó.

Sasuke subió las escaleras con la poca dignidad que le quedaba y dejó la bandeja sobre la cama.

—Me ha parecido oír la voz de alguien hablando contigo abajo —le dijo Sakura mientras se servía té.

—Era Itachi. ¿Te acordabas tú de que nos habían invitado a cenar?

— ¡Cielos, no, lo había olvidado! —exclamó ella llevándose una mano a la boca.

—Y yo.

—No te preocupes, Sasuke —le dijo Sakura al verlo tan enfurruñado—. Itachi y Izumi lo entenderán, están casados.

—Lo sé, pero resulta un poco incómodo —repuso él—. Y conociendo a mi hermano, prepárate, va a pasarse toda la cena picándonos. Ella se rio y lo besó en la mejilla. —Sakura... —le dijo él de pronto—. ¿Me habrías dicho lo del bebé si te hubieras marchado?

Ella asintió con la cabeza. —Tenías derecho a saberlo. Además, nunca pensé en abandonarte, Sasuke, solo necesitaba tiempo para pensar. Habría vuelto a tu lado: ya no sé vivir sin ti. Y tú, ¿habrías ido tras de mí?

—Por supuesto. Ya me imaginaba recorriendo la ciudad meses y meses, pero no habría desesperado, habría buscado hasta en el último rincón.

—Lo sé —murmuró ella besándolo suavemente. Lo quería tanto que sentía que el corazón le iba a explotar de felicidad—. Um... tengo un hambre terrible, me comería una vaca entera.

—Llamaré a Izumi para que la vaya preparando... Sakura se rio.

Fuera, la noche estaba cayendo, y a unos kilómetros de allí, Izumi estaba recalentando el estofado de carne con verduras que había preparado, mientras Itachi descorchaba una botella de champán. Había tratado de decirle que esa bebida no iba precisamente con la comida tan sencilla que había preparado, pero él insistió, así que, entre risas, Izumi fue a buscar las copas de champán. En el fondo, Itachi tenía razón: había mucho que celebrar la llegada de un pequeño también a la vida de ellos, sin duda su hijo tendría un primo de la misma con el cual crecer.