Capítulo 16: Comandante


Vayalat, la grande. La ciudad costera donde los hombres daban todo por volverse los soldados de élite que ahí se formaban, dónde iban a la guerra a morir con la intención de llevarse a tantos enemigos como se pudiera y que aquellos que regresaban con vida se volvían héroes laureados. Regresar de la guerra sin un solo rasguño era algo indigno, inconcebible y humillante. Vayalat era la razón verdadera por la cual los reinos de más allá del Desierto Rojo no tomaban sus barcos e invadían a los reinos del sur, les tenían miedo y era el único reino que había logrado conquistar una isla tan grande como para erguir una ciudad integra y sostenible. La isla Trinidad.

Ichigo había crecido en Vayalat parte de su adolescencia, su madre lo llevó y lo entregó en manos de su tío para que él recibiera una educación superior a la que podría obtener en Avanta. Vayalat lo recibió con los brazos abiertos, el abuelo de Ichigo, que aún era fuerte y vigoroso, lo recibió como si el hijo pródigo volviera a casa. Ichigo pasó mucho de tu tiempo entre ambos reinos, aprendiendo de ambos lugares y de las guerras.

En el tiempo en que Ichigo estuvo en Vayalat, él había ido a la guerra y había estado en la batalla de la isla Trinidad cuando el reino de Cikram trataba de recuperarla. Las cicatrices de esa batalla eran la prueba de que él se había vuelto un hombre mucho antes de lo esperado.

Vayalat seguía siendo poderosa y en ese momento de paz, la que había entre ataque y ataque, que podía durar meses o años, Kisuke se paseaba por los pasillos del palacio moviendo su abanico en un gesto para tener la mano ocupada. El hombre había crecido en la guerra y jugar con su abanico fue la única manera de aminorar la ansiedad de sostener la espada. Kisuke era el futuro rey y, según la tradición de Vayalat, él debía de ser el Comandante. Sí podía liderar a los hombres a la gloria en batalla entonces podía liderar un reino a la gloria también.

— ¡Tiiiiioooooo! — El grito de un niño no tan pequeño que corría escapando de unos de los guardias que trataba de darle alcance, lo sacó de sus ideas con respecto a lo que podría estar pasando en Adelaar en esos momentos. No había dejado de pensar en ello desde que Masaki había llegado el año anterior.

El niño le recordaba a Ichigo cuando era pequeño, aunque Juha era más joven que Ichigo cuando llegó a ese lugar por primera vez, ambos corrían de la misma manera por aquellos pasillos escapando de algún problema, y parecía que la energía nunca se les acababa. Kisuke fue embestido por el niño, que se ocultó detrás de él jadeando por la carrera tan agotadora que había tenido, y Kisuke tardó un poco en entender la situación.

— ¿Qué pasa? — Preguntó mirando al guardia que se quedó parado frente a él, también estaba agitado por perseguir a Juha, tenía la armadura algo desarreglada y un garabato en el pecho que simulaba ser la grulla de Vayalat. — Oh.

Juha rió un poco demostrando su autoría ante el garabato y Kisuke tuvo que contener las ganas de carcajearse por la imagen que ofrecía el guardia delante de él.

— Su alteza, el pequeño príncipe... — El guardia intentó hablar a pesar de que hervía por el enojo de saber su armadura mancillada así, pero Kisuke hizo que se callara agitando su abanico delante de él.

— Vaya, no pensé que las armaduras pudieran verse así de bien con la grulla dibujada en ellas. — Dijo Kisuke haciendo que el guardia se enojara más por aquello. — Usarás esa armadura hoy, quizás también por el resto de la semana y ten por seguro que por tratar de reprender al príncipe usarás esa armadura el día de la celebración de verano, si lo borras entonces el pequeño príncipe lo volverá a pintar. Ahora vete.

Kisuke apuntó al soldado con su abanico plegado dejando ver en sus ojos una especie de maldad que hizo temblar al guardia. El hombre le hizo una reverencia a Kisuke y se fue de ahí dejándolo solo con Juha.

— Ahora pequeño príncipe, debe de regresar a sus estudios y ya no ande pintando armaduras, para eso se usan los lienzos. — Kisuke cargó a Juha como si fuera un costal de papas que no pesara nada. Juha solo se reía por eso y se dejaba llevar completamente feliz por aquello.

— Pero tío, el maestro es aburrido. No es como el de Adelaar. ¿Cuándo volveré a mi casa? Mi abuela está triste todo el tiempo. — Comentó dejando de reír pero dejándose llevar.

— Está vez te daré las clases yo y con respecto a tu abuela, es algo complicado. Algún día, si las Deidades lo permiten, volverás a Adelaar, serás un gran príncipe y te volverás Comandante como tu padre y como yo. — Prometió bajando a Juha al llegar al salón.

El maestro, que estaba molesto porque el príncipe había escapado, le hizo una reverencia a Kisuke al entrar; el hombre del abanico le hizo un gesto al maestro para que saliera del lugar.

— También extraño a mi papá. — Se quejó Juha llegando hasta donde estaba su escritorio para tomar asiento en su lugar y abrir su libro de matemáticas.

— Pero viste a tu padre hace poco tiempo, además también viste a esa bonita señorita que te quiere mucho. — Comentó Kisuke escribiendo un par de garabatos en el pizarrón.

— Kia es muy amable, y mi papá sonríe mucho cuando la ve. — Comentó Juha con una sonrisa. — Creo que le gusta. ¿Crees que le guste? Mi papá es un príncipe, ¿crees que sea como esos cuentos de príncipes que me cuenta Hime?

— ¿No eres muy pequeño para pensar en esas cosas? — Preguntó Kisuke dejando de escribir garabatos en el pizarrón.

— No, tengo casi 8 años. Ya soy grande.

— Muy grande diría yo. — Kisuke sonrió jugando con su abanico. — Ahora dejemos de pensar la bonita señorita Kia y tu papá, y volvamos a los números.


Rukia miraba el palacio de Adelaar con el deseo de querer destruirlo hasta los cimientos, seguía siendo la mágica Adelaar pero lo que había pasado ahí solo le hacía querer ir directo a Kaien y golpearlo hasta que muriera, que sintiera lo que le hizo a ella, que suplicara piedad así como ella lo había hecho cuando su padre fue sentenciado y luego verlo morir como un animal. Rukia se acomodó la vieja capa de viaje e hizo que el caballo avanzara de forma lenta por el camino hasta llegar a la entrada principal de los terrenos del palacio, tenía cosas que hacer en ese lugar y debía empezar en ese momento.

— Soy Rukia Kuchiki, quisiera hablar con la reina. — Avisó a los soldados que la hicieron esperar por lo que le pareció un largo rato, como si no la quisieran dejar entrar o como si la reina no quisiera verla; aun así mantuvo la compostura y espero a que abrieran la puerta para que ella entrara.

El camino blanco que llevaba hasta el palacio seguía brillando al sol y la brisa del mar seguía despeinando su cabello como la primera vez que llegó a ese lugar, pero desde ese día que llegó por primera vez hasta el día en el que se encontraba, habían pasado casi diez años y le parecía que había sido una vida entera y muy larga. Un soldado la ayudó a desmontar de su caballo y Rukia se quedó parada en aquella puerta del palacio, justo como lo había hecho dos años antes, solo que esa vez Yuki no estaba con ella y Renji no iba a llegar con sus cosas.

La Dama de las Llaves la recibió de nuevo, y como Rukia ya no era la Señora de Bosque Oscuro, Loly simplemente la miró con hostilidad; como si le estuviera haciendo perder el tiempo con su presencia.

— Me gustaría hablar con la reina. — Pidió Rukia de nuevo, mirando a la mujer que parecía algo irritable y a punto de gritar.

— Mi lady, la reina se encuentra rezando en el templo de las Deidades, puede esperarla adentro si...

— No, también quiero rezar un poco. — La sonrisa de Rukia hizo que el enojo en la expresión de la Dama de las Llaves se hiciera más evidente, pero Rukia no quería entrar al palacio porque Ichigo estaba ahí y el verlo, después de lo que habían pasado en los últimos meses, podría hacerla dudar de su decisión. Ichigo era al único al que no le podía joder la mente más de lo que ya lo había hecho en la vida.

Loly guió a Rukia por el camino que llevaba desde la entrada del palacio al templo de las deidades con paso lento, Rukia había recorrido ese camino un montón de veces mientras estuvo en el palacio, y más veces de las habituales cuando el rey había dicho que su padre era un traidor. En esos momentos ese rey estaba muerto, pero el resentimiento por el nuevo hombre de la corona seguía fuerte y firme.

Pasar por aquella puerta del templo de las Deidades hizo que Rukia se volviera a sentir como aquella joven que rezaba con desesperación por la vida de su padre y de su hermano. Los recuerdos eran tan nítidos que incluso, si cerraba los ojos, podría escuchar palabra por palabra lo que esa niña rezaba. Habían pasado demasiados años desde esa última vez que ella entró al templo, pero la memoria seguía fresca y dolía, y la llenaba de resentimiento contra la mágica Adelaar y sus habitantes.

— Por aquí. — La voz de la Dama de las Llaves la hizo regresar a la realidad y Rukia pudo ver a la reina haciendo el signo de las Deidades sobre su pecho antes de levantarse de su lugar de oración.

— Su majestad, un visitante pide hablar con usted. — La Dama de las Llaves hizo la presentación y Rukia hizo una reverencia aunque la reina estaba dándole la espalda.

Yoruichi se giró molesta porque la Dama de las Llaves la había interrumpido y se quedó estática al ver que Rukia estaba ahí, parada y haciéndole una reverencia. Por un momento, Yoruichi no supo qué responder hasta que se recompuso antes de que Rukia notara su expresión.

— Mi lady… — Yoruichi se expresó como si no supiera quien era la mujer frente a ella; eso era lo mejor que podía hacer, fingir que nunca la había visto porque no sabía por qué esa mujer estaba ahí o si había recuperado sus memorias.

— Lady Rukia, su majestad, si ha de llamarme de alguna manera. — Rukia tenía una voz tranquila e incluso le dedicó a Yoruichi una sonrisa educada. Yoruichi hizo un ademan para que la Dama de las Llaves se fuera de ahí y las dejara solas. — Para ser honesta, pensé que encontraría a la reina madre. ¿Las Deidades se la han llevado a su gloria, su majestad?

— Lady Rukia, se nota que no ha estado en el reino en mucho tiempo. — Comenzó Yoruichi de una forma calmada, notando que una vela en la Sombra se apagaba. — La reina madre se fue de Adelaar después de la muerte del rey Isshin.

— Oh, no lo sabía, que las Deidades lo tengan en su gloria. — Rukia hizo el signo de las Deidades sobre su pecho al mismo tiempo que Yoruichi. — Su majestad, me he ido del reino poco después de su matrimonio con el rey Kaien y me he perdido muchos detalles.

— Entonces lady Rukia, ¿Qué la trae ante mí? — Preguntó Yoruichi mirando como dos velas más de la Sombra se apagaban al mismo tiempo. El templo incluso parecía más oscuro.

— Su majestad, venía con la intención de pedirle trabajo a la reina madre en el palacio. Ella me había acogido cuando era una niña y esperaba que recordara que le serví bien en ese tiempo. — Habló Rukia y se apagaron tres velas de cada Deidad. Yoruichi lo notó también.

— No hay trabajo en el palacio, todos los puestos están ocupados. — Yoruichi se sentía nerviosa, algo en Rukia la hacía tener un escalofrío recorriéndole la espalda. Era como si algo le gritara que la mujer frente a ella era peligrosa.

— ¿En verdad? Es una lástima, yo quería saber si podía ser la nueva Dama de las Llaves. — La voz de Rukia le sonaba apenada.

— La mujer que se acaba de ir es la Dama de las Llaves, lady Rukia, y como puede ver ella es muy competente.

Yoruichi no podía reprimir más el sentimiento de molestia que Rukia le causaba, sus respuestas eran cada vez más cortantes pero sentía como si una nota de miedo se le escurriera entre las palabras. Aquello era ridículo, ella era la reina de Avanta y Rukia, hasta donde Yoruichi sabía, había regalado su título a un muerto de hambre, así que no podía permitirse sentir algún tipo de temor.

— ¡Oh! ¿En verdad? Entonces me retiro, no quiero hacerle perder más su tiempo, su majestad. — Una vela se apagó en cada una de las Deidades.

La voz y la mirada de Rukia no le gustaron cuando dijo aquello, pero Yoruichi trató de no darle tanta importancia y mejor decidió empezar a caminar hacia la salida. Rukia la siguió en silencio, ya que ella misma había dado por terminada la conversación, y no hablaron hasta que salieron del templo. Yoruichi no lo notó, pero mientras hablaban, la sombra de Rukia había sido la responsable de apagar las velas una a una, y solo se encendieron de nuevo las de la Sombra.

— Gracias por recibirme, su majestad. — Rukia le hizo una reverencia a Yoruichi y se dispuso a irse cuando alguien gritó.

Ambas mujeres levantaron la mirada buscando el origen de aquél grito y vieron como alguien caía desde uno de los balcones. Fue tan rápido que en un segundo el sonido de algo rompiéndose envuelto en tela les llenó los oídos. Yoruichi corrió hasta donde estaba aquella persona y encontró a la Dama de las Llaves, seguía viva y tenía los ojos abiertos, los movía como si estuviera buscando a alguien. Rukia, que estaba detrás de la reina, notó como los ojos de la mujer se posaron en ella y vio el miedo en esos ojos violetas; entonces Rukia movió un dedo, como si estuviera jalando un hilo invisible y vio como la vida se escapaba de aquella mujer.

Rukia disimuló una sonrisa y Yoruichi soltó un grito.

Una menos.


Ichigo llegó corriendo a donde estaba el cadáver de la Dama de las llaves. Un soldado le había avisado del incidente y él dejó todo lo que estaba haciendo para ir a ver personalmente aquello. Al llegar vio como los soldados levantaban el cuerpo de la mujer y lo intentaban llevar al cuarto de la médica. Nadie podía creer que la Dama de las llaves estuviera muerta, y menos que se hubiese caído desde un balcón.

— ¿Cómo pasó? — Ichigo preguntó a los soldados que estaban ahí. El ruido que había provocado la conmoción por la muerte de Loly había atraído a mucha gente del palacio.

— Comandante, al parecer cayó de aquél balcón. — Señaló el balcón desde donde había caído la mujer, aquello era más que obvio. — La reina estaba aquí cuando pasó. Está desconsolada. ¿Debemos de avisar al rey?

— Si, háganlo. Hay que investigar cómo pasó. Interroguen a todos, yo iré a ver a la reina. — Ichigo ordenó, y el soldado que había hablado con él se dirigió hacia adentro del palacio en busca del rey.

Ichigo hizo que los que estaban de curiosos se fueran a sus obligaciones y se quedó contemplando la mancha de sangre en el césped, luego miró el balcón de donde había caído Loly, como si intentara ver a alguien desde ahí y juntó las cejas un poco. Ichigo dejó de contemplar el sitio y se dirigió hacia adentro del palacio para ir a las habitaciones de Yoruichi; ella era una mujer fuerte, no sabía si en verdad la habría afectado ver esa escena o solo fingía tan bien como siempre. Loly había sido la amante de Kaien durante los últimos años, y hasta donde sabía, a Yoruichi le convenía que Loly mantuviera entretenido al rey.

— A un lado. — Ichigo le ordenó a los guardias que se movieron para dejarlo pasar a donde estaba Yoruichi. Era la habitación que había pertenecido a su madre, la habitación de la reina, y aquello no dejaba de molestarle pero no podía decir nada. Yoruichi hizo un sutil gesto con los ojos para avisarle que no estaban solos al verlo entrar. — Su majestad, ¿Qué pasó?

— Haz tardado en llegar, Comandante. — La voz de Kaien hizo a Ichigo girarse solo para encontrar a Kaien regresando del balcón.

— Su majestad, disculpe la tardanza pero estaba viendo el lugar del accidente. — Se excusó Ichigo haciéndole una reverencia al rey. Kaien asintió.

— Me alegra saber que estás haciendo tu trabajo y que hayas llegado, la reina se había reusado a hablar hasta que tú estuvieras presente. — Kaien se sentó en una de las sillas junto a su mujer, que sostenía una taza de lo que Ichigo supuso, era té.

Yoruichi no parecía conmocionada, más bien parecía tensa e incómoda y no dijo nada hasta beber un sorbo del té que había en su taza. Se aclaró la garganta y dejó la taza en una mesita cerca de ella atrayendo la atención de Ichigo y Kaien.

— Estaba en el templo de las Deidades rezando antes de tener que arreglarme para ir a la celebración del verano en la ciudad, cuando la Dama de las Llaves llegó con una visitante. — Yoruichi buscaba una manera sutil de decir aquello y preparar a Ichigo. — Estuve hablando con lady Rukia durante un largo rato en el templo, nada importante solo que buscaba trabajo en el palacio, le dije que no había vacantes y se decepcionó; entonces salimos del templo, se despidió de mí y de repente escuchamos un grito y la Dama de las Llaves cayó desde el balcón. Fue todo.

— ¿Rukia está aquí? — Preguntó Kaien con la mirada iluminada al escuchar aquél nombre. Yoruichi asintió y notó que la expresión de asombro en el rostro de Ichigo solo duró un segundo; sabía que la presencia de Rukia en Adelaar no era algo bueno para Ichigo ni para ella por lo que ellos le habían hecho. — Bien, ella ya no es señora de Bosque Oscuro así que no veo problema alguno porque trabaje aquí, y necesitamos a una Dama de las Llaves nueva, además ella ya sirvió aquí cuando era joven y sirvió muy bien. — Aquello último lo dijo Kaien con un tono y una mirada lasciva sabiendo lo que provocaría en Ichigo.

— Entendido, su majestad. Enviaré por ella al terminar de hablar con la reina. — Ichigo estaba serio ante eso y Kaien se sorprendió al ver que no había causado en él aquella misma reacción que tuvo en la celebración de esa primavera.

— Bien, habla con la reina, que te diga todo sobre el incidente y sobre Rukia, la quiero esta noche en el palacio porque inicia mañana como la nueva Dama de las Llaves. — Ordenó Kaien antes de irse de la habitación dejando solos a Ichigo y Yoruichi.

Ambos se quedaron en silencio durante un largo rato, escucharon cómo los pasos de Kaien se alejaban del lugar, pero no se relajaron; Yoruichi se levantó de su asiento y se acercó a Ichigo haciendo el menor ruido posible.

— Comandante, tenemos un problema. — Susurró Yoruichi y ambos se alejaron lo más posible de la puerta para que no pudieran escucharlos por error, aun así ninguno levantó la voz más allá de un susurro.

— ¿En serio? — El sarcasmo en Ichigo era tan palpable que golpeaba. — Se suponía que la había dejado en Bosque Oscuro y ahora está aquí. Le dije lo que quería saber para dejarla tranquila y no volviera a este lugar, ¿Crees que me hace feliz tenerla aquí?

— ¿No te hace feliz? Pensé que sí, ella era tu esposa, ¿no? — Yoruichi levantó una ceja cruzándose de brazos.

— No. Legalmente mi esposa está muerta. — Yoruichi se mordió el labio por eso. — ¡No! Ni se te ocurra, eso no va a volver a pasar. Te lo dejé claro aquella última vez. Y no, no te debo nada, te pague muy bien por quitarle la memoria a Rukia, te di el maldito reino y un hijo para que ocupe el trono cuando nos deshagamos de Kaien.

— Me diste el reino y un hijo, pero yo te quería a ti. Solo tengo que deshacerme de Kaien y Rukia, y tendré todo lo que quiero, el reino y a ti.

Ichigo sonrió con una mueca sombría.

— No. — Dijo él sin más, mirándola como si se le escapara algo a su gran plan.

— ¿No?

— Ni creas por un segundo que voy a permitir que mates a la madre de mi hijo. Si tú le pones un solo dedo encima a Rukia me aseguraré de que tu sangre no llegue al trono. Te dije que dejaría que tu padre gobierne a la muerte de Kaien, no me hagas arrepentirme de esto porque puedo coronar a Juha como rey y veremos cómo arde este maldito reino.

— ¿Tan importante es esa mujer para ti que amenazas a tu propio hijo? ¡A nuestro hijo!

— Más importante de lo que tú o tu hijo serán para mí, nunca. Yo te hice reina, yo te puedo quitar todo también. Espero que entiendas que cometer infanticidio, aunque sea mi propio hijo, no me va a resultar difícil. Aprendí bien ese tipo de amor de mi padre.

— ¡No te atreverías! — Jadeo Yoruichi de nuevo ante aquella revelación. — Soportaste latigazos y casi mueres por Juha, y ahora amenazas a Kane. ¡Ambos son tus hijos!

— Soporté lo que soporté por Juha, porque es hijo de la mujer que… ni siquiera voy a explicar esto… pero entre Juha y Kane… siempre voy a preferir a Juha.

Ichigo salió de la habitación notando que no había guardias que cuidaran el lugar, aún tenía que mandar a buscar a Rukia y llevarla ante el rey. Solo de pensar en ese momento se ponía tenso y ansioso.