Capítulo 18: La Favorita del Rey


El registro de Adelaar era enorme, tenían una sala llena de libros donde se anotaban años y años de vida e historia. Cada decreto que se había hecho, cada rey que había subido al trono, cada hijo que había tenido, cada bastardo que había sido concebido, las fechas de nacimiento, muerte y bodas. Las guerras, las alianzas, las leyes, los planes de guerra, las estrategias, todo estaba ordenado y custodiado por un hombrecillo que andaba de un lado a otro con un libro y una pluma. Si alguien conocía la historia de Avanta era aquél hombre.

Yoruichi había ido a ver a aquél hombre solo para comprobar las líneas de herencia del reino, y saber un poco más sobre la regencia mientras su hijo aun fuera un niño. Ella quería estar segura de lo que podía o no hacer después de que matara a Kaien, porque definitivamente lo haría; ya era tiempo de que el rey descansara en paz.

— Lo siento, su majestad. La única reina que ha entrado a este sagrado lugar ha sido la reina Masaki, el rey Isshin le otorgó un permiso especial. Si quiere entrar, su majestad debe de hablarlo con el rey. — Le había dicho aquella vez.

La reina Masaki, la reina Masaki, ¿Qué tanto había hecho esa mujer que todo mundo la amaba? Yoruichi había intentado acercarse a Kaien para pedirle que la dejaran entrar al registro pero él solo se rió de ella y la ignoró; y ahora con la pelea que había tenido con él por culpa de Rukia, menos querría dárselo.

— Cuando tienes que hacer las cosas por ti misma. — Murmuró Yoruichi antes de usar aquellas artes que había aprendido en su breve estancia en el templo de la Sombra y puso a dormir al hombre en el piso.

Constantemente Yoruichi se preguntaba qué sería capaz de hacer ella si hubiese decidido seguir la instrucción como tal, si hubiese ido a las Tierras del Ocaso para aprender en el templo de la Luz y luego volver al Templo de la Sombra; quizás si hubiese obtenido su medallón de plata hubiese embrujado a Ichigo para que fuera suyo. Aquél pensamiento la hizo sonreír mientras arrastraba al hombre dentro de aquella gran habitación.

— Ahora veamos, dónde estarán los registros del rey.

Yoruichi empezó a pasear entre las estanterías llenas de libros, de vez en vez sacaba alguno de su lugar para ver el contenido pero lo regresaba a su sitio. Era una suerte que los hubiesen marcado por año pero eso no hizo la búsqueda más fácil. Se acercó a la mesa donde había más libros y encontró que el hombrecillo había estado escribiendo algo nuevo en un viejo libro. Se acercó con detenimiento para leer lo que estaba escrito y notó unos papeles con el sello de Kaien en él.

"A partir de este momento se decreta para la posteridad, y el propio bien del reino, la institución de la Favorita del Rey. Se entiende por 'Favorita del Rey' a aquella mujer de noble linaje que se designe por el rey para compartir el lecho, sin importar algún compromiso previo de la mujer en cuestión. Si dicha mujer llegase a ser la madre de alguno de los hijos del rey, entonces esos hijos podrán ser tomados como herederos sin importar el orden de nacimiento entre los hijos del rey con la reina y los hijos del rey con la Favorita".

Yoruichi tomó el papel y lo leyó un par de veces incrédula por lo que estaba escrito ahí, era lo que había hecho el rey Isshin para reconocer a Kaien como su hijo, pero Kaien lo estaba haciendo de forma oficial con título para la mujer. Kaien iba a hacer oficial el tener una amante, y que eso sea bien visto. Él le iba a restregar en la cara a su amante y ella no podría hacer nada. Las iba a elevar de doncellas y sirvientas a alguien que podía competir contra ella por ser la madre de los hijos del rey; por ser la madre del futuro rey. Yoruichi ni siquiera lo pensó, acercó el papel a la vela que alumbraba aquella habitación y lo quemó. Ella no iba a permitir aquello.

Miró el libro donde el hombrecillo estaba escribiendo eso y comenzó a hojearlo para mirar el contenido y, por pura suerte encontró lo que estaba buscando: las reglas de la herencia. Lo leyó un par de veces, solo para estar segura que era lo que necesitaba para estar en paz, y luego lo dejó en su lugar.

Después de eso entendía mejor por qué Ichigo la buscó para quitarle la memoria a Rukia, le iban a cortar la cabeza a los tres porque las traiciones de ese tipo eran castigadas con la muerte. Si ella seguía buscando seguramente encontraría un libro de príncipes traidores.

Una vez que encontró lo que buscaba, Yoruichi decidió vestirse para visitar a Kaien, aunque era tarde, Yoruichi sentía que no podía dejar pasar más tiempo. Matar a Kaien se había vuelto una prioridad, quizás lo volviera loco y así disfrutaría de verlo arrastrarse sobre su propia miseria antes de que él mismo se lanzara por el acantilado. Yoruichi sonrió ante esa idea.

Al cruzar el pasillo que llevaba a las habitaciones privadas del rey, Yoruichi vio que Ichigo estaba saliendo del cuarto del rey de manera discreta. Habían colocado una mesa y un asiento bastante cómodo, que ella supuso era parte de la nueva decoración de aquél pasillo. Yoruichi miró a Ichigo con un gesto serio, él había amenazado la vida de su hijo por culpa de aquella mujer, pero ella encontraría la manera de deshacerse de Rukia también.

— Hazte a un lado, voy a entrar. — La voz de Yoruichi sonó cargada del poder que le concedía el estar casada con el rey pero Ichigo se movió y se colocó entre la puerta y ella, evitando su entrada.

— Lo siento, su majestad, pero el rey está ocupado. — La reina notó que el gesto serio de Ichigo era demasiado pronunciado, rayando en la molestia, y eso simplemente la enojó más.

— No hay nada más importante que yo. Hazte a un lado. — Le volvió a ordenar a Ichigo pero este no le hizo caso. La expresión de molestia en el rostro de Ichigo se relajó y se le quedó mirando un momento antes de hablar.

— El rey está con la Dama de las Llaves, en una reunión privada. Le recomiendo, su majestad, que regrese a su habitación porque el rey no la va a recibir esta noche. — Ichigo habló con una calma demasiado perturbadora.

La reina se quedó sin palabras por un segundo pero se recuperó rápidamente. Eso explicaba por qué Kaien había escrito aquél papel autorizando la creación de "la Favorita del Rey" que había leído en aquella habitación del registro. Kaien estaba pensando en hacer a Rukia su amante de manera oficial.

El enojo recorría el cuerpo de Yoruichi como si fuera lava y se lanzó contra Ichigo para que la dejara pasar; ella estaba dispuesta a sacar a Rukia de esa habitación a como fuera posible. Kaien la iba a escuchar por esa humillación; ella podía tolerar que se revolcara con quien quisiera, no le importaba en lo absoluto, pero no iba a permitir que sus bastardos compitieran contra Kane. Ichigo la tenía sujeta con fuerza para que no llegara a la puerta, en otra situación le habría encantado que Ichigo la sujetara de esa manera, pero en ese momento solo quería derribar la puerta que estaba frente a ella. Yoruichi vociferaba llamando a Kaien, hasta que la puerta de la habitación del rey se abrió despacio.

Yoruichi esperaba ver a Kaien, molesto por haberlo interrumpido en su momento de placer, pero la persona que se asomó por la puerta fue Rukia. La Dama de las Llaves estaba despeinada, con los labios hinchados, como si la hubiesen besado con demasiada fuerza, con una marca roja en uno de sus hombros y cubierta con una de las sabanas de seda del rey. Yoruichi dejó de luchar para que Ichigo la soltara y notó como la expresión de curiosidad con la que Rukia se había asomado por la puerta, cambió a una de total satisfacción y burla al momento de fijar sus ojos violetas en ella.

— El rey dice que no hagan ruido, que no se puede concentrar. — Después de esas palabras, Rukia cerró la puerta como si ellos fueran un par de criados que estaban haciendo ese ruido. Ambos pudieron escuchar como entraba el seguro de la puerta después de que Rukia la cerrara.

— ¡Suéltame Ichigo, la voy a matar! ¡Los voy a matar a ambos! — Pero Ichigo no la soltó hasta que se calmó y ella le prometió que no iba a intentar hacer una locura.

Yoruichi no entendía por qué matar al rey y a su amante entraba en el rango de locura, pero se alejó de la puerta porque era obvio que no la volverían a abrir y empezó a caminar de un lado a otro del pasillo haciendo tanto ruido como fuera posible para que el rey "no se pudiera concentrar", además de gritar maldiciones para Kaien y Rukia en voz alta.

Sin embargo, sus maldiciones eran calladas con gemidos cada vez más fuertes de parte de Rukia, que parecía que realmente estaba disfrutando el momento en la cama del rey; aquello solo hacía enojar más a Yoruichi, por el descaro de aquella mujer que tendría que soportar por quién sabe cuánto tiempo.

— No entiendo por qué te pones así. Muchas veces me has dicho que no sientes nada por Kaien y que no te interesa con quien se acueste. — Ichigo habló después de dejarla hacer todo el ruido que quería, a la reina le parecía que la voz del comandante sonaba cansada; él ya no tenía el enojo que vio cuando llegó al lugar varias horas antes.

— Lo que no entiendo es por qué tú no entras a esa habitación y lo matas, está con la que se supone es tu… — Ichigo levantó la mano para evitar que terminara de decir aquella oración.

— Te lo dije la otra vez, ella y yo no tenemos nada que ver y no quiero tener problemas sólo porque a ti se te antoja decir algo que ya no es importante, Kaien solo busca una excusa para matar a mi hijo y no pretendo darle algo que usar. — Ichigo se relajó un poco y se pasó los dedos por el cabello en un gesto de cansancio. — Rukia y yo nos hemos encontrado varias veces durante los dos días que ella lleva aquí y en ninguna ocasión ha insinuado algo del pasado. Yo la traje a la habitación del rey, y ella parecía estar realmente emocionada por pasar la noche con él. Ella sigue viviendo en la ignorancia y espero que así se quede.

— No estoy así porque me importe Kaien. — Yoruichi habló después de analizar las palabras de Ichigo. Él parecía ya no estar tan tenso por la presencia de Rukia en ese lugar y aquello le hizo sospechar que tal vez Ichigo tenía a otra mujer. Ichigo no podía tener otra mujer, Ichigo debía ser solo para ella. — Estoy así porque se la ha llevado a la cama en tiempo récord, ella llegó ayer y hoy Kaien ya está entre sus piernas.

— Ellos ya se conocían. — Ichigo dijo aquello de mala gana.

— Lo sé. Ella me dijo que había servido en el palacio. — Yoruichi se sentó en la silla, que ahora sabía que habían puesto para el descanso de Ichigo en su vigilia.

— Rukia no solo "sirvió" en el palacio, fue la amante de Kaien durante mucho tiempo, pero por culpa de su pérdida de memoria ella no recuerda que a quien ama es a mí, aunque eso ahora me tiene sin cuidado. Ella tiene en la mente que estaba enamorada de Kaien en ese tiempo y que ahora es el momento de volver a los brazos del hombre que ama, así que no me sorprende que esté ahí adentro, de hecho es por ti que está ahí adentro. — Yoruichi se quedó mirándolo con una mezcla de horror e incredulidad por eso. Se levantó de su asiento y se acercó a Ichigo tomándolo de la camisa.

— ¡Bésala! ¿Qué esperas? ¡Idéatelas para besarla! ¡Cógetela! ¡Dile que ella es la madre de Juha! Sabes muy bien que eso es lo que sirve para que su mente se empiece a desbloquear.

— ¡Como en los cuentos de niños! — Ichigo se burló de ella mientras la miraba y la hacía soltarlo. — No recordaba que eras tan graciosa. No sabía que tu magia fuera tan frágil, ¿Qué no se supone que estudiaste en el templo de la Sombra? Pensé que manejabas artes realmente oscuras.

— Sabes muy bien que no pude pasar mucho tiempo en ese lugar, si quería aprender algo más entonces debía ordenarme y a mi padre no le gustaba la idea de que su heredera fuera una Sombra, además el ir al templo de la luz era algo impensable.

Ichigo sonrió y se acomodó la ropa.

— No la voy a besar, mucho menos cogérmela, no lo hice antes y no lo haré ahora; además la vida sigue y ahora sí puedo decir con tranquilidad que mi esposa está muerta. Soy un hombre libre.


La puerta de la habitación de Yoruichi se abrió sin siquiera hacer ruido, los guardias que custodiaban la entrada estaban hechizados por la Sombra, y Rukia entró usando aquellas llaves que Kaien le había asignado unos cuantos días atrás. El brillo violeta en sus ojos destelló por un segundo antes de ella se dirigiera a la cuna junto a la cama de Yoruichi, donde dormía el pequeño príncipe del reino, el heredero de Avanta, las Montañas Azules y el Desierto Rojo.

El hijo de Ichigo.

— Confía en mí, es a ti a quien veo. — Le había dicho Rukia esa vez, tratando de hacer que él le confiara los pedazos de su alma, del alma que ella había ayudado a romper, pero Ichigo simplemente negó con la cabeza e hizo que ella lo suelte.

— No te va a gustar al hombre que vas a ver. — Le advirtió Ichigo sin dejar de verla, cambiando esa expresión de dolor por una expresión seria.

Ichigo le contó todo lo que había hecho, desde conspirar con otro reino para simular una conquista hasta el asesinato de su propio padre para convertir a Kaien en el nuevo rey, también le contó que el heredero del reino era suyo y no de Kaien. Ichigo relató cada cosa que hizo y Rukia las escuchó sin dejar de mirarlo, tratando de encontrar algún signo de dolor o arrepentimiento por lo que había hecho, pero Ichigo incluso sonrió cuando le contó como mató al antiguo rey y lo vio agonizar.

De todas las cosas que Ichigo le contó, la que más le enojó fue el hecho de que él se acostaba con la mujer que la envió a las Tierras del Ocaso y que incluso le había hecho un hijo. Rukia levantó la mano con la intención de golpear en la cara a Ichigo, pero él la detuvo sujetando su muñeca con fuerza.

— ¡Te pudiste haber acostado con cualquiera, pero te acostaste con Yoruichi! ¡Con esa mujer! — Le gritó Rukia tratando de liberarse del agarre de Ichigo pero sin conseguirlo.

— Te dije que no te iba a gustar lo que verías. — Ichigo la hizo acercarse a él, la sujetó de la cintura con fuerza y se le quedó mirando a los ojos. — Hice lo que tenía que hacer para conseguir mis objetivos. No me arrepiento de nada, porque el niño que lloraba lleno de arrepentimientos en las noches murió cuando lo azotaron hasta la inconciencia y más allá. ¿Aún quieres reparar los pedazos de mi alma?

Rukia solo lo miró con odio pero sin soltarse, porque el agarre de Ichigo era firme pero no la lastimaba.

— Amas un recuerdo, Rukia y si no puedes amar al bastardo en que me he convertido, entonces no tiene sentido que me digas que ahora sí me ves.

— Si yo amo a un recuerdo, entonces tú has vivido años amando una fantasía. — Respondió Rukia con la mandíbula apretada. — Yo tampoco soy la niña de la cabaña.

— No, no lo eres. — Ichigo la soltó de la mano pero no dejó libre su cintura y la hizo acercarse a él hasta sentir la respiración del otro sobre la piel. Rukia puso una de sus manos sobre uno de los hombros de Ichigo. — La mujer que eres no ama al hombre en que me convertí, y el hombre que soy desconoce totalmente a la mujer que tiene enfrente. Te llevaré con nuestro hijo y te puedes quedar ahí, eres su madre y no te negaré el derecho de estar con él. O puedes volver conmigo, ayudarme a deshacerme de todos los que nos han hecho daño de alguna manera, y ver el reino arder. Son las únicas opciones que te doy, pero no te permito reparar los pedazos de mi alma, no hasta que todo termine y volvamos a tener esta conversación. Todo lo que te puedo ofrecer ahora es piel, y solo piel.

Rukia miró a Yoruichi removerse, y susurró una oración muy suave haría dormir a la reina hasta el día siguiente; después, con mucho cuidado, cargó a ese pequeño niño que dormía y le acarició el cabello con suavidad junto con sus mejillas gorditas.

— No tengo nada en tu contra, pequeño niño. — Susurró Rukia mirando al niño dormir. — Ojalá fueras mi hijo, pero no lo eres. Tienes suerte de que tu padre sea Ichigo aunque él sea un asesino despiadado y sin corazón.

Rukia acomodó de nuevo al bebé en la cuna, le acomodó el cabello y lo arropó con cuidado. Después miró a Yoruichi y el deseo de matarla mientras dormía fue tanto, que incluso su sombra se movió como una serpiente enredándose en el cuello de la reina lista para matar a la mujer.

— No, tú no morirás esta noche. — Susurró Rukia y su sombra se movió dejando libre el cuello de la reina. — Primero te haré sufrir y después te voy a matar.

Rukia sacó de entre su ropa un pequeño vial con un líquido violeta, como sus ojos, y lo destapó; hizo que la reina abriera la boca y dejó caer sobre su lengua tres gotas. Con tres gotas era suficiente para enfermarla de fiebres y mantenerla en la cama sin poder levantarse en días.

Después de hacerlo, salió de aquella habitación de la misma manera que había entrado.


Las antiguas murallas de Bosque Oscuro estaban llenas de soldados y de arqueros que se turnaban en rondas que se relevaban por la mañana y por la tarde. Eran viejas pero Renji había tenido el buen recaudo de reforzarlas en cuanto pudo. Todo hombre que pudiera levantar una espada se había unido al ejército y, bajo la fiera instrucción del General Hitsugaya, estaban aprendiendo a pelear.

— Los soldados de los reinos pelean siempre bajo la misma instrucción, les he enseñado como pelean los soldados de Avanta, les he mostrado como atacan y como defienden. — Hablaba Toshiro caminando de un lado a otro, mirando a los hombres que se habían formado siguiendo las instrucciones de Ichigo. — Pero eso no es suficiente, necesitan saber más, necesitan saber cómo vencerse a sí mismos.

Hitsugaya dio un paso atrás y un hombre de cabello azul tomó su lugar frente a los soldados que mantenían una formación impecable.

— Es por eso que a partir de hoy, yo seré el responsable de su instrucción militar. Soy el capitán Jaegerjaques, el líder de la compañía de mercenarios más temida de las Tierras del Ocaso. Les enseñaré como patear traseros de soldados de juguete y a derrotarlos en menos de cinco golpes. Los mercenarios no usamos más armadura que aquella que sirve para proteger puntos importantes como el pecho y las partes bajas; las armaduras completas impiden los movimientos rápidos y es pesada, por eso es tan importante que aprendan rápido y lo hagan bien. Después de este trabajo, quién desee unirse a nosotros será bienvenido, pero primero debemos de cumplir con el llamado que nos han hecho.

— ¡Si señor! — Respondieron los soldados al mismo tiempo en una perfecta formación militar.

Toshiro sonrió por aquella perfección y dejó a Grimmjow seguir con la instrucción de aquellos soldados. Se dirigió a la entrada de la Gran Casa y encontró a Karin leyendo un papel que le entregó para que él leyera también.

— Es de mi tío, dice que los preparativos van a la mitad y que encontraron un infiltrado de Kaien en el palacio, al parecer no logró filtrar nada pero se han mantenido atentos ante cualquier rumor. Dice que quería matar a mi sobrino y Orihime resultó herida. Y nuestros hijos están bien, se la pasan todo el tiempo con Juha.

Toshiro asintió a lo último que dijo su esposa y le regresó el papel.

— El idiota de Kaien nunca escucha, por mucho tiempo le dijimos que no debía de meterse con Ichigo pero no hizo caso. Ulquiorra no va a estar feliz con lo de Orihime.

— Sin contar que en menos de un año el reino parece irse a pique cada vez más rápido. — Karin guardó la carta de su tío y se encaminó a la cocina para servirse un poco de agua. Toshiro iba tras ella como un fantasma. — Supongo que era de esperarse, siempre quiso ser el rey y ahora que lo es, en verdad se da una vida de rey. Ni siquiera se da cuenta de lo que sucede bajo su nariz.

Toshiro iba a hablar de nuevo pero una de las doncellas que servían en la Gran Casa entró corriendo a la cocina en busca de Karin, parecía asustada y nerviosa; por un momento ambos pensaron que la chica traía malas noticias pero se relajaron en cuanto la doncella les dijo que la señora de la casa estaba por dar a luz. Karin salió corriendo hacia la habitación de la esposa de Renji, sabía que Yuzu la estaría ayudando en todo lo que pudiera en lo que llegaba la médica y quería saber si su hermana necesitaba algo.

Renji estaba afuera de la habitación dando vueltas como si fuera un animal enjaulado, Karin entró en la habitación, desde donde se podían escuchar gritos y palabras de aliento, a toda prisa y Toshiro se quedó con él haciéndole compañía.

— Dicen que es de buena suerte. — Comentó Toshiro dándole un par de palmadas en la espalda al hombre que estaba nervioso. Renji se le quedó mirando sin entender. — Tener un hijo antes de la guerra, es de buena suerte.


Recitar los cantos de invocación de la Sombra era algo que Rukia no solía hacer, no porque no supiera hacerlos, sino porque consumían mucha energía. Aunque la Sombra habitara en ella, seguía siendo difícil usar los ojos y oídos si no se realizaba en el templo, en aquella habitación hexagonal de la vela eterna, y bajo la protección de los conjuros en el piso. Sin embargo, después de que Ichigo la llevó a visitar a su hijo y regresaron al reino con la intención de destruirlo todo, Rukia recitó los cantos para buscar a Yuki.

La Sombra le concedió su deseo y le mostró dónde estaba la niña, pero a cambio, Rukia quedó inconsciente durante un par de días en los que de nuevo la vida volvió a ella de manera lenta.

Rukia encontró a Yuki en una granja, realmente lejos de Bosque Oscuro, trabajando para una mujer mayor que la había rescatado del templo de las Deidades cuando la niña salió corriendo de ahí, con la ropa rota y algunos golpes. Gracias a la Sombra, Yuki no había sido abusada y solo recibió golpes por parte de su atacante. El padre de Renji se la había entregado al hombre gordo como pago por seguirle la mentira de aquella falsa boda, y le dijo a todo mundo que la niña había escapado.

Cuando Rukia regresó a Bosque Oscuro con Yuki, lo primero que hizo fue colgar al hombre gordo frente a la escultura de la Sombra y abrirlo en canal, como si de un animal se tratara, dejándole ver como la vida y las tripas se le escurrían por aquella herida.

Fue una escena sangrienta, los gritos del hombre gordo resonaban en el templo, pidiendo ayuda, maldiciendo a Rukia y diciéndole que ella nunca entraría al paraíso de las Deidades por haber atentado contra el representante de ellas en la tierra. Rukia fue la única persona que escuchó esos gritos, la Sombra la protegía y, mientras abría al hombre en canal, rezaba a la Sombra entregando aquella carne como una ofrenda.

Muchas personas se alegraron de aquella muerte e hicieron de cuenta como que no había pasado nada. Alguien dijo que la Sombra era el único y verdadero dios, y cuando limpiaron el desastre que causó la muerte del hombre gordo, tumbaron las estatuas del Padre y la Madre, y solo dejaron la de la Sombra.

Cuando declararon aquél templo de las Deidades como un templo dedicado únicamente a la Sombra, Rukia entró al lugar en medio de la noche y pintó los cantos cíclicos en el piso, en las paredes y en los pilares, y justo a los pies de la Sombra, pintó la oración correcta para servirle y adorarla. Rukia era un sirviente de la Sombra, y ella había jurado servirla y pregonar su palabra a quien quisiera escucharla.

Bosque Oscuro, Pueblo Oscuro y Templo de la Sombra.

Yuki se quedó en la Gran Casa, al servicio de Renji, que la adoptó como su protegida, y Rukia regresó a la Capital después de ver cómo los soldados que desertaban de la capital se unían al servicio de Renji. Ichigo le había explicado a Rukia lo que estaba haciendo, y Rukia ofreció la Gran Casa como base para lo que él quisiera hacer. Renji no se negó, aunque el trato con Ichigo era hostil y tenso porque ninguno de los dos hombres olvidaba las ofensas, pero se aliaron por el bien común.

Rukia hizo y deshizo a su voluntad, jugó con la mente de algunos cuantos incautos solo para probar el alcance del poder que le había otorgado la Sombra, y regresó al palacio para consumar su venganza contra todos en ese lugar.

Desde la primera vez que había enfermado a Yoruichi, Rukia regresaba una cada cierto tiempo a esa habitación para volverla a enfermar; a veces también enfermaba a algunas sirvientas solo para hacer más grande el miedo en aquella zona del palacio donde habitaba Yoruichi. Kaien, al ver que la reina se enfermaba demasiado, hizo que sacaran a su hijo de esa habitación y lo pusieran en una lejos de la reina, al cuidado de nanas y doncellas, y le prohibieron a Yoruichi acercarse al pequeño príncipe.

Yoruichi no podía hacer su trabajo estando enferma, y Rukia disfrutó cada momento en que se tuvo que sentar con ella y tenían que hablar sobre lo que Rukia estaba haciendo en el castillo como la Dama de las Llaves y única responsable de todo. También disfrutaba el dejarle ver las marcas de la pasión que Kaien dejaba en ella, así como los regalos que le daba y aquella pequeña tiara que había empezado a usar después de las festividades de otoño, a la cual Yoruichi no pudo asistir por estar enferma y tuvo que ir Rukia vestida como una reina de brazo del rey.

Inmediatamente los rumores sobre Rukia y el rey comenzaron a circular en la capital, y algunos sirvientes se encargaron de hacerlos más jugosos diciendo que todos los rumores eran ciertos y que el rey quería convertir a la Dama de las Llaves en su nueva reina. Los rumores llegaron hasta Gardelia, donde el antiguo rey Yushiru se enteró una tarde, y envió una carta demasiado agresiva a Kaien. Rukia leyó esa carta sin que Kaien se diera cuenta y sonrió por eso. Kaien, unos días después respondió aquella carta y le dio a Rukia el título de Favorita del Rey.

La amante oficial del rey.

Yoruichi se tuvo que tragar aquella ofensa y hacer como que todo estaba bien aunque sintiera que en cualquier momento moriría por culpa de esas fiebres que solo le daban un par de días de tranquilidad. A ella no le importaba con quien se acostara Kaien, pero odiaba que Rukia estuviera ahí, porque Rukia la miraba con esa expresión de superioridad en su rostro que le decía que se iba a quedar con todo lo que era suyo.

Para el invierno, Rukia ya controlaba el castillo a su voluntad; cada sirviente, cada doncella e incluso algunos guardias, le era completamente fiel y leal. La Favorita del Rey, la reina sin corona, la mujer que con solo pedirlo, lo tenía.


Ichigo dejó la Cúpula después de aquella reunión con el Consejo y el rey, les habían llegado reportes de ataques en la frontera sur por parte de Kuvar, y Kaien, en vez de hacer el llamado a los reclutas y a las ciudades para que marcharan a la frontera y presentar batalla, se aseguró que la ciudad estuviera bien protegida y designó el número mínimo necesario de soldados para defender la frontera.

Los concejeros protestaron, pero Kaien les recordó que ellos vivían en la capital, y si la capital caía, entonces todo el reino caía. Los concejeros se callaron y Kaien le encargó todo el problema a Ichigo, alegando que él era el mejor estratega del reino y que podría hacer milagros con lo poco que quedaba.

Ichigo simplemente asintió ante la orden del rey, y regresó a su oficina privada, tenía cartas que escribir y cosas que mover si quería que todo saliera bien porque esa era la señal que estaba esperando para empezar a mover las piezas sobre el tablero. Kaien no sabía que el juego había iniciado, e Ichigo iba a aprovechar esa ventaja.

Cuando Ichigo abrió la puerta de su oficina privada, descubrió que Rukia estaba sentada en su silla, con la espalda apoyada sobre el respaldo y leyendo una carta que evidentemente era confidencial.

— La Triada se reunirá… — Leía Rukia en voz alta antes de que Ichigo le quitara aquella carta de un solo movimiento. — Comandante, que agresivo es.

La voz de Rukia pretendía llevar el tono de reclamo, pero no lo empleó con suficiente entusiasmo y la frase sonó como si una niña lo hubiese dicho, sumado a eso, Rukia no se movió se su sitio ni un poco.

— ¿Qué hace la Favorita del Rey aquí? — La voz de Ichigo tenía esa nota divertida mientras la miraba, y se acercó a Rukia para sujetarla del brazo.

— Comandante, tenga cuidado… una sola herida que no sea hecha por el rey, podría traer graves consecuencias. — Rukia se levantó del asiento, sin dejar de mirar a Ichigo, que sonrió con esa complicidad que había entre ellos.

— Entonces no dejaré ninguna visible. — Susurró Ichigo antes de besar a Rukia con pasión y algo de violencia.

Rukia se abrazó a Ichigo y él la tomó por la cintura antes de hacerla terminar sentada sobre el escritorio sin importar los papeles que había ahí. Las manos de Ichigo se movían de forma experta por el vestido de Rukia, soltando algunos nudos y subiendo la falta tanto como era posible. Las manos de Rukia le desarreglaban la camisa a Ichigo y buscaban con desesperación abrirle el pantalón para hacer que cayera al piso hasta que logró su cometido y su pequeña mano empezó a masturbar al comandante.

— Estos vestidos son la única cosa que le agradeceré a Kaien. — Jadeó Ichigo logrando hacer que el pecho de Rukia quedara descubierto antes de besarla ahí donde su boca llegaba y la hacía jadear.

— Son horribles, pero cumplen su propósito. Te pones duro al verme. — Rukia hizo que Ichigo se acomodara mejor entre sus piernas antes de besarlo.

— Siempre ha pasado eso. Ni siquiera lo pienso negar. — Habló Ichigo antes de volver a besarla con la misma pasión y la violencia que había usado al inicio.

Rukia soltó un jadeo ronco cuando Ichigo entró en ella, y apretó las piernas mientras se aferraba a Ichigo con cada vez más fuerza, sintiendo como todo su cuerpo se estremecía por el placer que Ichigo le estaba dando en ese momento. Rukia trataba de ahogar los gemidos, que inevitablemente Ichigo le hacía tener, y trataba de no sucumbir tan rápido a todo el placer que sentía, pero Ichigo no le daba tregua alguna y Rukia tuvo que ahogar un grito mordiendo el hombro de Ichigo cuando él la hizo terminar sobre el escritorio.

Ichigo salió de ella y Rukia lo empujó en a la silla del comandante, se deshizo de ese vestido y se subió sobre él para hacerlo volver a su interior. Ichigo había perdido la camisa y los pantalones en algún momento de ese primer encuentro, y si alguien entraba a esa oficina y los descubría así, a los dos les iban a cortar la cabeza, pero eso era en lo último que pensaban en ese momento.

Ichigo la hizo terminar una vez más antes de abandonarse al placer dentro de Rukia, abrazándola con fuerza y haciendo que su unión fuera prolongada por un momento demasiado largo hasta que ambos se calmaron y quedaron jadeantes. Rukia empezó a repartir pequeños besos en los labios de Ichigo, en su mentón y sobre sus hombros, sin querer separarse de él en ese momento. No habían tenido un momento de paz desde que ella había ingresado al castillo más que aquellos momentos furtivos y ambos necesitaban la paz que daba hacer el amor en una cama.

El trato había sido "solo piel", pero entre los dos había algo más que solo deseo y ambos lo sabían aunque no habían vuelto a hablar sobre ese tema; no lo harían hasta que todo terminara.

— Ya es hora. — Susurró Rukia cuando ambos se habían vestido de nuevo. No podían tardar demasiado ahí o podría parecer sospechoso.

— Si todo sale bien, el templo de las Deidades de la Capital, se volverá el Templo de la Sombra de la Capital. — Prometió Ichigo acariciando la mejilla de Rukia con suavidad.

— Entonces empieza a decirle a tus soldados que le recen a la Sombra, porque lo que sigue será una carnicería. — Prometió Rukia con una sonrisa ladina en el rostro, que hizo que Ichigo no se resistiera a besarla.