Capítulo 20: Festín


La mágica Adelaar, la ciudad que se levantaba sobre un risco, la ciudad que era imponente y maravillosa, estaba bajo un asedio que Ichigo se aseguró que nunca vieran llegar. ¿Quién invitaba a los enemigos para que los conquisten? Ichigo había hecho, en palabras de su tío, un festín para los cuervos. Ichigo se aseguró de mover tan bien sus piezas que, a pesar de que no hubiese comunicación alguna, los rumores llevarían la información para que la Triada se empezara a mover.

Vayalat estaba lista para atacar Gardelia, Jetaiya estaba lista para atacar Kuvar, en caso de que fuera necesario, y los mercenarios estaban listos para neutralizar a los invasores.

Antes del asedio de Kuvar a las costas de Adelaar, a la gente se le avisó que estarían en peligro si se quedaban ahí y Kaien intentó hacer lo mismo que había hecho Gardelia cuando fueron contra ellos, intentó hacer que la ciudad se vaciara lo más que se pudiera pero la gente no se quiso ir, tenían miedo de que sus cosas fueran saqueadas o sus casas invadidas por los sin hogar. Pocas personas realmente tomaron sus cosas y se fueron de la ciudad hacia las colinas o hacia los pueblos más alejados de las costas, aquellos que estaban seguros que no serían atacados por el momento.

Una parte de la flota de Kuvar desembarcó en la playa que había antes de llegar al risco, usaron botes para llegar a la costa y comenzar el desembarco de los hombres que se encargarían de plantar batalla en tierra, la otra parte de la flota se dirigía al risco sobre el cual se levantaba el palacio para encontrarse con la flota escudo de Adelaar.

Los arqueros de Uryu se había desplegado en las murallas con las flechas listas para disparar a todo aquello que intentara acercarse a ellos, también había arqueros repartidos en el borde del risco a todo lo largo del terreno del palacio y parte del bosque, y tenían la orden de disparar a todo lo que estuviera intentando escalar la piedra.

Lo que más le preocupaba a Kaien era el asedio ya que ellos interrumpían la entrada de comida a la ciudad y, según el hombre encargado de revisar las bodegas, los recursos que tenían no iban a durar mucho tiempo si tenían que alimentar a los soldados y a la gente de la ciudad. El invierno tenía poco de haberse ido y las bodegas estaban casi vacías. Adelaar no iba a soportar un asedio largo.

De vez en vez un grupo de hombres intentaba escalar los muros de la ciudad pero eran repelidos, al igual que los que intentaban escalar el risco para llegar al palacio que era vigilado por otra parte de los arqueros. La flota de Adelaar seguía ahí, enfrentada a la flota enemiga que tampoco atacaba, de vez en vez veían movimientos de barcos pero nada más, no atacaban ni retrocedían.

El señor de Gardelia envió pocos hombres y solo un General, ellos habían entrado por el viejo camino del bosque, y al ser tan pocos no levantaron sospechas hasta que aparecieron en la puerta del palacio que daba al bosque y se presentaron antes de que los arqueros los llenaran de flechas. Ellos iban bajo la instrucción de cuidar el palacio para proteger a Yoruichi, de ser necesario sacarla de ahí y ser su escolta para que volviera a Gardelia.

Kaien recibió una bofetada al leer la carta que había enviado el señor de Gardelia, él se había declarado soberano de sus tierras rompiendo el acuerdo de adhesión, el que habían obligado a su padre a firmar, y advertía que no levantaban un ataque en su contra solo por la seguridad de Yoruichi; agregó también que si su hija sufría algún daño de parte de él, entonces Gardelia no tardaría en marchar en su contra para hacerlo pagar por ello. Era evidente que el hombre seguía molesto por la muerte de su nieto e iba a aprovechar ese momento de debilidad.

Kaien ni siquiera tuvo tiempo de disfrutar con la noticia del embarazo de Rukia, el asedio y la guerra le tenían la mente ocupada.

El asedio hizo que la mayoría de los soldados se quedaran dentro de la ciudad para protegerla y repeler el ataque, los que habían salido tenían la intención de unirse a Toshiro para completar la defensa en la frontera sur donde, según informes del General, estaban cada vez más cerca de entrar a la capital. Kaien se la pasaba pensando en cómo hacer para repeler el ataque inminente que tendrían cuando los kuvaritas decidieran que el asedio había durado lo suficiente.

Lo único que tranquilizaba a Kaien era saber que los mercenarios se habían movido y se habían alejado de la costa entre Kuvar y Avanta hacia mar adentro, como si ya no fueran a atacar.

Los mensajes tardaban en llegar o simplemente no llegaban, los kuvaritas tenían bloqueados todos los accesos al lugar e Ichigo perdió a su águila cuando una flecha enemiga la derribó, tuvo suerte de que el animal cayera dentro de las murallas y el mensaje pudo llegar a él a través de un solado que le presentó a su ave con una flecha kuvarita atravesando su cuerpo y el mensaje en la pata.

Era un mensaje de Toshiro avisando que la capital de Kuvar estaba por caer y que Vayalat había atacado Gardelia. Ichigo se lo mostró de inmediato a Kaien para que estuviera enterado de aquello.

— Toshiro no sabe que Gardelia nos abandonó, esos traidores van a caer. — Kaien celebró cuando leyó ese mensaje. Era como sí las Deidades castigaran con desgracia a esa tierra por haberse separado del reino. — Solo tenemos que resistir unos días más y Kuvar será nuestra, entonces habremos ganado.

Vaticinó Kaien volviendo a leer los papeles que Ichigo le había llevado. Los consejeros no estaban con él y los generales estaban con sus hombres esperando la mínima señal de ataque para repelerlo. Ichigo conocía a esos hombres que se habían ido a la guerra, eran los mismos hombres que no aceptaban a Kaien, eran los mismos hombres que le seguían siendo fiel a él y por él es que iban a pelear.

Sin embargo las noticias que les habían llegado a ellos, también les llegaron a los Kuvaritas que seguían el asedio, y al día siguiente iniciaron el ataque a la Capital en una carrera contra reloj para determinar qué ciudad sería la primera en caer. Conquistar la capital enemiga no daba una victoria absoluta, pero desmoralizaba al oponente lo suficiente como para arrastrarlos a la muerte.

Los cuernos de guerra sonaron desde el asedio enemigo y fue una advertencia para los soldados de Adelaar que empezaron a moverse dentro de las murallas. Los arqueros de Uryu se prepararon para repeler a los hombres con sus flechas y detrás de ellos estaban los soldados que se enfrentarían a los que lograran pasar esa primera muralla.

— Sin duda alguna, vamos a morir, pero moriremos peleando, moriremos llevándonos tantos de esos bastardos a la muerte con el filo de nuestra espada. Un soldado que sobreviva a una batalla sin haber peleado por defender su tierra, entonces no merece ser llamado soldado. — Hablaba Ulquiorra recorriendo la formación de los soldados que estaban dispuestos a morir en la batalla cuando los arqueros ya no pudieran seguir defendiendo la entrada.

Más arriba, en la muralla, se escuchaba como Uryu le daba un discurso similar a los hombres. Los Generales tenían miedo, pero no era el miedo a la muerte inminente que se podría cernir sobre sus cabezas, sino el miedo a que por un error todo lo que estuvieran haciendo fuera en vano.

En el mar también se habían empezado a mover los barcos y los cañones, que disparaban con la intención de hundir la flota escudo, no se hicieron esperar. Parte de la flota activa de Adelaar regresaba el ataque con tanta precisión que por un momento pensaron que las Deidades estaban de su lado hasta que los enemigos utilizaron un cañón que no era habitual y empezaron a derribar barcos con una facilidad abrumadora.

El agua de la cosa de Adelaar, que era tan azul como el cielo, se había llenado de restos de madera, cuerpos y sangre. Los kuvaritas estaban atacando con todo y, cuando sintieron que no había tanta resistencia de los barcos de Adelaar que quedaban protegiendo el risco, empezaron a enviar hombres en botes con cuerdas para escalarlo. El enemigo estaba tratando de llegar al palacio y tomarlo tan rápido como fuese posible.

El muro exterior resistía bien, las flechas volaban en ambas direcciones pero los arqueros de Adelaar tenían mejor puntería a comparación de los enemigos. Uryu se había movido a la segunda muralla, la que protegía directamente la ciudad con un grupo de soldados como escudo, para dar órdenes a los arqueros que iban a impedir el avance si aquella primera muralla caía.

Los arqueros que estaban vigilando el risco estaban haciendo las flechas volar también, era un trabajo difícil debido a la brisa del mar y a las elevaciones entre la piedra que servían de protección a los escaladores que habían aprendido de aquellos que se habían aventurado en los días anteriores sobre aquél risco probando los puntos débiles de esa defensa.

El eco de los cañones que se disparaban de barco a barco llegaba con una claridad magnificada al palacio, Yoruichi podía sentir como todo el cuerpo le vibraba con cada nuevo estallido, era como si un rayo cayera muy cerca de ahí y se le erizaba la piel. El General que había enviado su padre le había dicho que ya tenían una ruta segura para sacarla del palacio y ella inmediatamente había mandado a ordenar sus cosas. No tenía nada que hacer ahí, el reino del que era reina estaba a punto de ser conquistado, su hijo estaba muerto, Kaien no le importaba e Ichigo, él sería una buena razón para quedarse pero no lo haría; volvería a su tierra y cuando todo su hubiese calmado regresaría por Ichigo, por las buenas o por las malas.

Yoruichi estaba esperando la orden del General de su padre para salir de ahí, los cañonazos se habían detenido por un momento y, al asomarse de nuevo por la ventana, vio como una segunda flota se acercaba a ellos; esos debían de ser los mercenarios, la caída de Adelaar era inminente. La reina dejó de mirar por la ventana, no quería ver como esos hombres se les unían a los enemigos para acelerar su caída y se acercó a su tocador para tomar la caja que contenía la Corona de Guerra, la corona que la anterior reina había portado.

En esa la corona había una piedra diferente a los diamantes y rubíes que la decoraban, un pequeño zafiro que Isshin había mandado a colocar para simbolizar esa victoria sobre Gardelia.

A Yoruichi le parecía gracioso que distinguieran de esa manera la conquista de Gardelia porque esa victoria ni siquiera se podía llamar victoria, Ichigo había montado todo un espectáculo para cumplir su promesa de entregarle el reino a cambio de ayudarlo a él aquella noche.

— Un espectáculo. — Susurró Yoruichi con una sonrisa mirando aquél zafiro en la corona. De repente todo parecía agitarse cuando de nuevo un cañonazo sonó en la lejanía haciendo que de nuevo su cuerpo se erizara. — Un espectáculo.

Volvió a decir, esta vez sin la sonrisa y con el presentimiento de que algo estaba mal ahí. Yoruichi se acercó corriendo a la ventana para ver lo que pasaba en la costa y descubrió que la segunda flota estaba atacando a los kuvaritas; los mercenarios los estaban defendiendo el reino. ¿Cómo era eso posible? Ichigo había dicho que los kuvaritas habían contratado a los mercenarios, ¿por qué atacaban a sus contratistas?

Todas las respuestas se le estaban acumulando en la cabeza tan rápido que dolía, todo parecía que gritaba una sola respuesta que se arremolinaba en la punta de la lengua.

— Ichigo... es Ichigo... — Yoruichi dijo aquello apretando la corona entre las manos con una sorpresa que se volvió incredulidad y luego enojo.

Ichigo estaba montando un espectáculo de nuevo, estaba haciendo todo eso para derribar a Kaien, porque si Kaien caía entonces Juha se volvería el rey. Ichigo quería hacer rey a su hijo, ahora que el heredero de Kaien estaba muerto. Su hijo, muerto. Aquello le cayó como un balde de agua fría en la cabeza, solo de pensar aquella oración sentía que el mundo le daba vueltas.

¡Tuve que desplegar un equipo de búsqueda para encontrarte! — Le había dicho Ichigo aquella vez; él sabía que ella lo estaba esperando en la cabaña pero él había movido todo para que pareciera lo contrario. Ichigo sabía mover a los soldados, Ichigo pudo haber hecho lo mismo cuando se perdió su hijo y fingir una búsqueda cuando él perfectamente sabía dónde estaba su hijo. Ichigo había mandado a matar a su propio hijo sin el mínimo atisbo de compasión. Ichigo era peor que Kaien.

Ichigo.

Ichigo.

En ese momento no le quedó duda a Yoruichi de que tenía que avisarle a Kaien, Ichigo estaba haciendo todo eso y ella necesitaba que Ichigo pagara por haber matado a su hijo. Necesitaba ver la cabeza de Ichigo rodar por de la espada de Kaien.

Sin soltar la Corona de Guerra, Yoruichi se dirigió a la salida de su habitación pero se detuvo de manera abrupta, Rukia estaba parada ahí, recargada contra el marco de la puerta como si estuviera esperando que ella se diera cuenta de su presencia.

Desde que se realizaron los funerales de su hijo, Kaien le había dicho a Yoruichi que Rukia estaba embarazada, y todos los meses siguientes Rukia se encargó de hacer ver que su vientre crecía con el hijo del rey, incluso los vestidos que usaba eran para dar a entender que realmente estaba embarazada de un príncipe; pero en ese momento, Rukia estaba usando un vestido realmente entallado y no había rastros de embarazo.

Aquello desconcertó a Yoruichi pero rápidamente se recompuso al darse cuenta de que ese embarazo era una farsa tan grande como esa guerra. Rukia estaba jugando con Kaien solo para tener más poder y usaba eso para torturarla; Rukia era igual de cruel que Ichigo.

— Su majestad, si va a huir del palacio, le recomiendo que no se lleve mi corona, es bastante bonita y muy preciada, además tiene mucha historia. — Habló Rukia empezando a caminar hacia dentro del cuarto.

Yoruichi pudo notar como uno de los guardias que custodiaba la puerta extendió la mano para asegurar que la puerta se quedara cerrada. Se suponía que los guardias que cuidaban su puerta eran de su padre. Esos eran soldados de Gardelia y debían protegerla.

— ¿Tu corona? — Preguntó Yoruichi apretando más aquella corona en su mano hasta el punto de lastimarse. — Solo eres la amante de Kaien, nunca portarás esta corona. Ahora quítate, tengo cosas que hablar con el rey. — Yoruichi se dirigió hacía Rukia para que moviera, pero Rukia no se movió, solo fijaba sus ojos violetas en la reina con aquella sonrisa de victoria en sus labios.

Un cañonazo sonó de nuevo.

— Claro que portaré esa corona, pero no por ser la "amante" de Kaien. — Rukia avanzó hacia Yoruichi, haciéndola dar un paso hacia atrás. Todo era demasiado tenso, Yoruichi detestaba la mujer que estaba frente a ella porque había llegado a quitarle todo lo que a ella le había costado conseguir.

— ¡Guardias! ¡Guardias! — Gritó para que entraran los soldados en su puerta y se llevaran a Rukia de ahí.

— No te molestes en llamar a los guardias, ellos no te harán caso.

— ¡Tú!

— Yo. — Rukia se acercó a ella y la tomó del brazo con tanta fuerza que la arrastró por la habitación hasta hacerla sentarse en una de las sillas que había en aquél lugar. En ese momento, Rukia le quitó la corona que Yoruichi aun sostenía en la mano.

— ¡Guardias! — Volvió a gritar la reina, pero nadie entró. Rukia solo la miraba, parada frente a ella, evitando que se levantara.

— Te dije que no van a entrar. — Volvió a hablar Rukia casi con un aire divertido. — Así podemos hablar tranquilamente y sin que nadie nos interrumpa, aunque a estas alturas no creo que alguien se atreva a entrar a esta zona, la mayoría de los sirvientes han corrido al bosque en busca de refugio esperando huir de la guerra.

— ¿De qué quieres hablar? — Preguntó Yoruichi, que solo esperaba tener el momento oportuno para lanzarse contra ella y golpearla para huir de ahí. — ¿O vienes con la intención de matarme?

Rukia sonrió.

Yoruichi sintió que algo la mantenía sujeta al asiento porque por más que lo intentaba, no se podía mover, y al fijar su mirada en sus muñecas pudo ver una sombra que la mantenía sujeta a la silla. Aquello la asustó, porque nunca antes había visto algo así, solo en el templo de la Sombra cuando estudió ahí.

La reina levantó la mirada a Rukia y pudo ver el medallón de plata en el pecho de Rukia. En ese momento Yoruichi supo que Rukia era una servidora de la Sombra porque en el templo de la Luz no enseñaban esos artes.

— La idea de matarte es la razón por la que vine pero luego pensé, ¿por qué ser buena con alguien que me hizo perderme en las Tierras del Ocaso?

Rukia habló con algo de diversión en la voz. Yoruichi abrió los ojos con una sorpresa aterradora. Nunca imaginó que Rukia pudiera recuperar sus memorias. Rukia se acercó a un espejo y le dio la espalda a Yoruichi.

— ¡Lo sabes! ¿Desde cuándo?

— Claro que lo sé, lo sé desde hace bastante tiempo, desde antes de ser la Dama de las Llaves. — Rukia comenzó a hablar mientras se colocaba la Corona de Guerra. — No fue una decisión fácil, pero en ese tiempo Ichigo estaba apostando a que yo tuviera una vida larga y sin tanto sufrimiento por si nuestro hijo moría. Hiciste bien tu trabajo Yoruichi, pero no pudiste evitar alardear de lo bien que lo pasabas con Ichigo y que lo volverías a pasar bien con él. Gracias por mandarme a las Tierras del Ocaso, no sabía por qué quería ir ahí, todo era tan confuso… ¡ah! y también gracias por los golpes, un toque más dramático en mi llegada a Bosque Oscuro.

Yoruichi había empezado a forcejear contra aquella sombra que la retenía en su lugar pero le era imposible soltarse, ella nunca había aprendido a hacer eso porque solo los que se unían a la Sombra podían manejarlas así. Ese pensamiento hizo que el miedo escalara el cuerpo de Yoruichi tan potente como uno de los cañonazos sonaban en el fondo.

— Tan dramática como esta situación. — Rukia habló y luego hizo una pausa escuchando los sonidos de la guerra. — Kaien e Ichigo son iguales, no es porque haya estado con los dos, igual que tú, pero sí, son iguales. Ambos mienten muy bien solo que nadie podría dudar de Ichigo, él es tan honorable, tan entregado y tan perfecto. En cambio Kaien dejaba ver lo que era, todo el mundo lo sabía y se comportaba a cómo quería. El príncipe de la corona, decían. — Rukia se sentó en una silla frente a Yoruichi y se recargó como si fuera un pequeño trono. — ¿Quién podría dudar de que el hombre que defiende el reino, sea el mismo que lo está atacando? Ichigo hizo rey a Kaien solo para que cuando lo quitara del trono, él quedara como el salvador, y nuestro hijo fuera coronado rey.

Ichigo mentía, esa parte ya le había quedado clara a Yoruichi pero, qué tantas cosas de las que él había dicho eran mentira. Había mentido por ella, entonces por qué pensó que él no le mentiría a ella. Rukia se quedó en silencio esperando que el cerebro de la reina llegara solo a las conclusiones.

— Mi hijo. ¡Tú tienes a mi hijo! — Yoruichi gritó y, si no fuera porque no se podía mover, se había lanzado contra Rukia para golpearla por hacerle pasar aquello. Rukia no pareció reaccionar ante eso más allá de una pequeña sonrisa que le confirmaba que ella tenía al niño.

— Si no hubiese sido por ti, eventualmente habría regresado a Adelaar, habría conocido a Ichigo y de nuevo habríamos estado juntos, nuestra historia habría sido tan diferente; solo necesitaba una impresión fuerte para recordar las cosas, pero me mandaste a las Tierras del Ocaso con la esperanza de que yo no regresara y de que Ichigo te hiciera caso de nuevo. — Se escuchó un cañonazo en el fondo y ambas voltearon a la ventana pero desde donde estaban no se veía el mar.

— ¡Tú tienes a mi hijo! ¡Dime dónde lo tienes! — Yoruichi le exigió a Rukia, que la miró sin inmutarse.

— ¿Qué harías por tu hijo, Yoruichi? ¿Qué estarías dispuesta a hacer o dejar por él? — Preguntó Rukia levantándose de su asiento. Yoruichi sintió como esa sombra que la sujetaba en la silla se esfumó pero no del todo, sus pies parecían estar aferrados al piso.

— ¡Lo que quieras! — Yoruichi se arrodillo frente a Rukia y la sujetó del vestido. — Dame a mi hijo, te lo suplico, dame a mi hijo, dime en dónde está. Me iré del reino, no volverás a saber de mí. ¿Eso quieres, no? Me iré del reino, te puedes quedar con todo, con Kaien si quieres, ser la reina, no me importa, solo regrésame a mi hijo.

— Lo haré, me quedaré con todo. — Rukia hizo que Yoruichi le soltara la falda del vestido. — Pero no sé si puedo confiar en ti, la última vez hiciste lo que quisiste y bueno, por eso estamos en esta situación.

— ¡Te lo suplico! — La reina seguía de arrodillas ante Rukia, y Rukia la tenía en donde la quería.

— Adelaar va a caer esta noche pero tú puedes irte ahora, abajo Ichigo tiene un caballo preparado para que te vayas y nunca regreses a este lugar. También debería de hacerte lo mismo que me hiciste y dejarte seis años sin saber de la existencia de un hijo pero yo no soy tan cruel, tu hijo está vivo.

— ¿Dónde está mi hijo? — Preguntó la reina aun en el piso.

— Ichigo te lo dirá. — Rukia se apartó de ella y se dirigió a la salida de esa habitación portando la Corona de Guerra.

Yoruichi sintió como aquella sombra relajaba el agarre que tenía en sus pies y recogió sus cosas tan rápido como pudo. Los cañonazos volvieron a sonar en el mar, no quería ver aquél espectáculo que Ichigo había planeado. Adelaar iba a caer y Kaien caería con el reino. Rukia le había dicho que Ichigo tendría un caballo para ella, eso significaba que solo ella iba a salir de ahí, sin sirvientes y sin más cosas que las pudiera cargar en las manos.

Al salir de aquella habitación, Yoruichi se pudo dar cuenta de los cuerpos que estaban tirados en el piso de ese pasillo, todos cargando la armadura blanca de Gardelia completamente teñida de rojo; los habían matado a todos. Llegó tan rápido como pudo a los establos del palacio y se dirigió con rapidez a donde estaba Ichigo con un caballo preparado para el viaje. El Comandante tenía puesta una armadura diferente a la del reino, era pequeña y ligera, y solo cubría una parte de su pecho.

— Tu hijo está en Vayalat. — Habló Ichigo mientras la ayudaba a montar el caballo.

Yoruichi miró a Ichigo con todo el odio y resentimiento que había en ella por lo que él le había hecho, pero Ichigo no le dio tiempo de decir algo, él golpeó los cuartos traseros del caballo y este emprendió la marcha. Yoruichi se agarró con fuerzas de las riendas y encaminó el caballo a la salida de los terrenos del palacio siguiendo el viejo camino del bosque, la entrada principal estaba cerrada y la gente se estaba empezando a reunir para entrar al palacio temiendo a la guerra.

Yoruichi no vio lo que hizo Ichigo, y solo se dio cuenta cuando el dolor le atravesó el pecho tres veces seguidas; tres flechas se incrustaron en su piel. Lo último que pensó Yoruichi fue en su hijo y en que no lo volvería ver. Su muerte fue casi instantánea y piadosa. Ni él ni Rukia pretendían dejarla viva para que de nuevo alterara todo con sus planes y conspiraciones.

Un soldado lanzó el cadáver de Yoruichi al risco para que nunca fuera encontrado.

El sonido de los cañonazos era más seguido y era más cercano. La flota de Adelaar estaba siendo apoyada por los mercenarios habían llegado como un refuerzo. Era una marejada de balas, madera y sangre. En la muralla era la misma historia, los mercenarios asaltaron sin aviso el campamento de los kuvaritas, las órdenes se gritaban y se repetían, se hacían formaciones de arqueros y las puertas se abrieron dejando salir a la armada de Adelaar para atacar a los enemigos por todos lados. Los Generales kuvaritas gritaron por una retirada pero no pudieron hacerlo, la batalla no se detendría hasta que todos los invasores estuvieran muertos.

Un saldado llegó con un reporte rápido de la situación, Kaien los recibió en ausencia de Ichigo que había desaparecido en ese momento, y leyó como los mercenarios los estaban ayudando a acabar con las fuerzas enemigas; poco a poco esa batalla estaría llegando a su fin. De alguna manera Ichigo había logrado contratar los mercenarios para que los ayudaran en tan poco tiempo.

Kaien salió de su sala privada, donde estaba completamente solo, y empezó a caminar por el palacio que ya estaba casi vacío. Los sirvientes habían salido de ahí y los consejeros también habían salido del palacio. Kyoraku y Ukitake se habían ido primero, ellos se habían ofrecido a entrar en la batalla como una espada más e Ichigo no se había negado, pasando por alto la palabra del rey que se negaba a aquello.

Llegó a la sala del trono y lo primero que vio fue a Rukia sentada en su trono, con la Corona de Guerra de la reina puesta en su delicada cabeza, y con un libro en las manos cubriendo su vientre que desde esa distancia parecía diferente.

— Querida, no deberías de estar aquí. Debiste de haber salido del palacio junto con los demás, debes proteger a nuestro pequeño príncipe. — Kaien se acercó a ella con una sonrisa. Rukia también sonreía pero no le respondió en ese momento, sino que abrió aquél libro en una página que estaba marcada con antelación.

— "En el mes de enero, del año 18 del reinado de nuestro rey Isshin, se declara culpable de traición al reino de Avanta a Soujun Kuchiki, el actual señor de Bosque Oscuro, y a su hijo, Byakuya Kuchiki, heredero de tal señorío. El príncipe Kaien ha presentado pruebas irrefutables que ambos hombres han estado planeando cómo hacerse con el trono de Avanta. Los acusado no pudieron presentar pruebas de su inocencia y que contrarrestaran las acusaciones del príncipe Kaien y de los testigos que él ha presentado. A ambos hombres se les sentencia a la muerte por decapitación."

Kaien detuvo su avance hacía Rukia cuando escuchó aquellas palabras, una mueca de sorpresa y maldad se le dibujó en el rostro haciendo que Rukia juntara las cejas a manera de enojo. Rukia no dijo más y por un momento se hizo un silencio que solo era interrumpido por el sonido de los cañonazos que llegaba desde el mar.

— Vaya, lo descubriste.

— ¿Por qué? — Preguntó Rukia, esa vez le tocaba a ella preguntar. Durante años había vivido con aquella duda, la razón por la cual su padre y su hermano habían muerto. Ella sabía que ellos no eran traidores, pero aun así los habían matado.

— Por ti. — Kaien habló pero no se movió de su sitio, parado frente al trono de Avanta donde Rukia seguía sentada. — Llevarte a la cama fue fácil, y habría sido divertido si no hubieses ido a espiarme mientras estaba con otra mujer. Después de aquella "plática" creí que entenderías tu lugar, pero te encargaste de rechazarme cada vez que te intenté llevar a la cama de nuevo.

— Déjame adivinar, "nadie rechaza y golpea al heredero de la Corona". — Rukia habló con una mueca de desprecio ante Kaien que asentía con la cabeza sin perder la sonrisa.

— Y como no querías volver a ser mía, entonces no serías de nadie más. Debía de buscar una manera de hacer que ningún señor se fijara en ti, haber dicho que fuiste mi amante habría aumentado tu valor aunque no pudieras pasar la prueba de sábana, pero acusar a tu familia de traición me aseguraba que vivieras tu vida en una completa miseria, pudiste haber tenido una buena vida a mí lado como mi amante pero te quedaste en nada.

— ¡Mataste a mi familia! — Rukia gritó levantándose del trono, dando pasos rápidos para llegar hasta donde estaba Kaien, bajando los escalones que elevaban el trono en la sala.

— No. ¡Tú mataste a tu familia! — Kaien hablaba muy seguro se sí mismo. — Soy el rey y si yo digo que tú eres una traidora nadie lo va a contradecir. Soy el rey, y si digo que el hijo que…

Kaien se quedó en silencio al darse cuenta de que Rukia no estaba embarazada, ese silencio duró un segundo antes de sentir como el filo de algo lo atravesaba desde la espalda hasta el pecho.

— ¿Un hijo? ¿Cómo me vas a hacer un hijo si nunca me has tocado? — Preguntó Rukia con una sonrisa sin dejar de ver a Kaien que no entendía lo que pasaba y miraba su pecho de donde salía la punta de una espada ensangrentada. — ¿Cómo piensas que te dejaría tocarme si lo único que me provocas es asco?

Los cañonazos habían dejado de sonar. El ataque había entrado en pausa.

El sabor a sangre llenó la boca de Kaien y sintió como escurría por la comisura de sus labios. Sus ojos se posaban en Rukia, como si buscara una explicación pero no podía hablar, era como si su cuerpo se estuviera paralizando poco a poco. La sombra de Rukia lo tenía envuelto, como una serpiente que estrangula a sus víctimas.

— Hola hermano. — La voz de Ichigo le llegó desde la espalda a Kaien, y él simplemente movió la cabeza para comprobar que era Ichigo quien estaba detrás de él.

— I… chi… go… — La voz de Kaien sonaba ahogada y la sangre escurría su boca.

— Suenas igual que nuestro padre cuando moría. — Comentó Ichigo al sacar la espada del cuerpo de su hermano.

Kaien cayó de rodillas al piso frente a Rukia, que sacó una daga de entre sus ropas y lo miró fijamente. La espada de Ichigo se clavó en una de las pantorrillas de Kaien para evitar que por error se levantara, e Ichigo sujetó al rey con fuerza del cabello para que no bajara la mirada. Los gritos del rey eran ahogados por su propia sangre que no dejaba de escurrir de su boca.

— Reclamo la justicia por la infamia levantada contra mi familia. Reclamo que el verdadero culpable muera por mi mano para lavar sus pecados. — Habló Rukia fuerte y claro. — Reclamo la justicia para mí, por lo que me hiciste, Kaien. Por ti es que estamos aquí.

Rukia puso el filo de la daga sobre el cuello de Kaien y lo rebanó de lado a lado dejando una línea sangrante que manchó el piso cuando Ichigo dejó caer el cuerpo inerte del rey.


¡Hola a todos!

Y así llega al final esta historia que en lo personal me gustó mucho escribir, las dos veces que lo hice. ¿Es cruel? Posiblemente. ¿Nos faltó amor? Definitivamente. Sin embargo, son todas las ideas originales que había para esta historia y que no puse en la primera versión para no romper corazoncitos. ¿Amamos el IchiRuki? Pero por supuesto que desde luego que sí. ¿Ellos van a terminar juntos y habrá amor del bonito? Definitivamente. Falta un capitulo (si me emociono podrían ser dos pero eso está en "veremos"), y lo subiré hasta la próxima semana. ¿Habrá versión en ingles? Sip, solo que no sé cuando. ¿Quedó alguna duda? No lo sé, ustedes díganme.

Fatua: me encantan tus criticas y comentarios, porque me das oportunidad de explicar mejor lo que quiero decir y me haces analizar mejor lo que escribo. Un besote para ti. P.D. Lamento lo de tu cuenta.

Lana Winters: espero que te haya gustado esta historia. También un besote para ti.