Nota del Autor: Se me había olvidado que debía subirlo, pero aquí está el final. Disfrútenlo.
Epílogo
Su relación había iniciado mal, no como en esos cuentos donde al verse el uno al otro inevitablemente caen enamorados y saben que esa persona es el amor de su vida, con quien se quieren casar y con quien tendrán hijos y una vida feliz hasta que la Sombra se los lleve a la vida más allá de la vida.
Quizás eran muy jóvenes para saber amar o para medir enteramente las consecuencias de sus actos.
Rukia creía en el tipo de amor que le contó Kaien, en aquella vida perfecta que emulaba a los cuentos para niños, sin problemas, sin preocupaciones y llena de felicidad eterna. Por eso, cuando esa fantasía acabó, Rukia no supo que hacer porque sabía que inevitablemente su vida estaba arruinada.
Cuando le dijeran que fue su culpa haber caído en la cama de Kaien, cuando le dijeran que ella no se dio a respetar, cuando la juzgaran por cada cosa que hizo y la obligaran a casarse con alguien que indudablemente la iba a maltratar por no ser la esposa pura que se espera; su vida sería un infierno.
El culto a las Deidades era arcaico.
Los representantes de las Deidades eran unos cerdos que pregonaban que las mujeres debían de llegar puras al matrimonio y castigaban a las que habían cometido la falta de no guardar su cuerpo para su futuro esposo; pero no tenían reparo en aprovecharse de ellas. El culto a las Deidades era la religión dominante del continente, así que muchas de las niñas habían crecido con esa idea, y Rukia, aunque había crecido bajo las ideas del Culto a las Deidades, creyó en la palabra de Kaien porque él era un príncipe y los príncipes tenían honor.
Rukia se equivocó.
Ichigo creía en el amor, en ese tipo de amor que enseña una madre que realmente ama a sus hijos, en ese tipo de amor donde se enseña que ambos eran iguales ante los ojos de las Deidades porque su padre, en nombre de ese amor, le había dado poder a su madre y la había hecho tan valiosa como él; una reina en toda la extensión de la palabra. Ichigo había aprendido que el valor viene desde dentro de las personas.
Cuando Ichigo conoció a Yoruichi, ambos estaban en Vayalat y recorrieron juntos el camino hasta Gardelia. Durante ese viaje hablaron de todo, incluso de la religión y fue cuando Yoruichi le explicó a Ichigo que el Culto a la Sombra no era como el Culto a las Deidades. La Sombra permitía celebraciones de unión con la naturaleza, donde sus asistentes eran libres de yacer con quienes quisieran mientras no ofendieran a alguien más, y no existía la prueba de sábana porque iba en contra de lo que la Sombra enseñaba. Fue así que se volvieron amigos y luego se volvieron amantes durante el tiempo que duró ese viaje.
Fueron amigos, fue divertido y fue efímero. Cuando todo terminó, ambos se desearon suerte y se despidieron.
La primera vez que Ichigo vio a Rukia se sintió atraído irremediablemente hacia ella, el problema era que ella se sintió atraída hacia Kaien; y Kaien, sabiendo que Ichigo sentía algo por Rukia, se aprovechó de eso para recordarle a Ichigo que él siempre tendría todo lo que él quería.
Cuando Kaien terminó de jugar con los sentimientos de Rukia, Ichigo sintió compasión por ella, estaba enamorado de Rukia pero al mismo tiempo sentía pena por ella, porque Rukia no merecía que Kaien la tratara así; nadie merecía el trato que daba Kaien a las personas. Intentó hacerse su amigo aunque sabía que esa no era una buena idea, pero él simplemente no soportaba ver a Rukia triste todo el tiempo e insistió hasta que ella aceptó platicar con él.
Trató de ser buen amigo porque era lo que Rukia necesitaba, hasta que ella hizo esa petición y él se negó, porque aunque deseaba estar con ella, no quería que fuera de esa manera. Sin embargo, de nuevo sintió compasión y aceptó.
Él puso las reglas y así comenzó todo.
Pasión por compasión no era buena forma de hacer las cosas, pero era lo que había y la culpa lo corroía porque sentía que se estaba aprovechando de Rukia justo como Kaien lo había hecho; aun así todo eso se le olvidaba cuando ella entraba a la habitación y lo besaba. Aquello no era una relación, era solo un momento de placer porque en la cama, que era el único momento en que estaban juntos, no hablaban más de lo necesario.
Lo más cercano que tuvieron y que era parecido a una relación, fueron los seis meses que vivieron en la cabaña del bosque. Sin embargo la culpa invadía a Ichigo por haber arrastrado a Rukia a esa vida, por causarle más sufrimiento, y no dejó de pensar en lo que debía hacer para sacarla a ella y al bebé de ahí. Había días en las que él pasaba en completo silencio, alejado de ella, sumido en sus pensamientos, hasta que ella llegaba, lo golpeaba suavemente en el hombro y le reclamaba por dejarla a ella y al bebé solos tanto tiempo.
Sobrevivieron gracias a Uryu, y luego pasó lo que pasó, e Ichigo juró que si sobrevivía a los azotes de su padre, entonces quemaría el reino hasta los cimientos sin importar lo que tuviera que hacer.
Cuando Rukia volvió, ambos habían cambiado y no eran nada de lo que solían ser. Ichigo sabía que era por su culpa, porque él tomó la decisión por ella para no hacerla sufrir por la posible muerte de su hijo en caso de que el rey los matara. Que Rukia viviera era su esperanza, y verla viva era lo único que quería.
Un compromiso forzado no era una relación, pero era una forma de que cuando él le dijera todo lo que había pasado, ella no pudiera tomar a Juha y alejarlo de él; la esperanza de que ella recuperara sus memorias estaba ahí, y la esperanza de que ella no lo odiara tanto cuando recordara todo lo que él le hizo, también.
Pero indudablemente se separaron, porque entre ellos no había una relación que fuera más allá de la cordialidad aunque en la cama se habían entendido tan bien como siempre.
Ichigo pensó que no la volvería a ver y eso era lo mejor, porque él realmente había condenado su alma con todo lo que había hecho y con todo lo que iba a hacer; no le importaba a cuantos soldados iba a sacrificar para conseguir su venganza, no le importaba cuanta sangre de su familia iba a derramar, porque indudablemente todos iban a morir, incluso él si era necesario, con tal de que todo quedara destruido.
Así que cuando Rukia volvió y le dijo que lo amaba, Ichigo trató de hacer que ella se alejara de él, no porque él no sintiera algo por ella, sino porque realmente ambos no se conocían y él no tenía tiempo para el amor en ese momento.
Tenía una guerra que planear y mantener su alma rota era más fácil para todo lo que tendría que hacer. Ichigo no necesitaba amor ni compasión, él necesitaba que todo saliera a como él había planeado.
Él puso las reglas de nuevo y Rukia las aceptó.
Esas reglas eran palabras vacías porque ambos realmente querían estar juntos de nuevo, y postergaron esa plática hasta que todo terminara.
Cada vez que estaban juntos ella le decía "mi Ichigo", "mi Comandante", "mi príncipe" y "mi amor"; mío. Ichigo le regresaba las mismas palabras, "mi Rukia", "mi dama del bosque" y "mi amor"; mía. Se deseaban, se amaban, pero no hablaban de eso porque no había tiempo para el amor.
Ambos podían morir en ese plan, y el amor solo trae sufrimiento innecesario cuando se planea la caída de alguien más.
El amor era fuerza, pero también debilidad.
Después de que mataron a Kaien, Ichigo bajó al campo de batalla y Rukia se quedó en el palacio, ofrendó la sangre de todos los muertos a la Sombra y pidió un deseo que le fue concedido por toda la sangre ofrendada. Rukia pidió saber si debía quedarse ahí o volver a Bosque Oscuro, de donde nunca debió haber salido.
Rukia no supo en qué momento se desmayó a causa del ritual de ofrenda, pero cuando abrió los ojos lo primero que vio fue a Ichigo tratando de despertarla y mirándola con alivio. Ichigo la abrazó, le agradeció a la Sombra porque ella estaba bien, y le besó la frente. Él estaba lleno de tierra, de sangre y sudor, pero eso no impidió que Rukia lo abrazara con fuerza de regreso.
Su deseo se había concedido.
Aun así, no hablaron.
Después de la guerra, de que las noticias llegaran avisando que Gardelia había caído a manos de Vayalat, de que Jetaiya había movido los soldados cuando Avanta conquistó Kuvar, y de que la masacre no se había detenido hasta que el ultimo invasor había muerto, fue cuando Ichigo viajó a la Gran Casa junto a Rukia.
En la Gran Casa se reunieron el rey de Vayalat, el rey de Jetaiya, el líder de los mercenarios e Ichigo, para hablar sobre cómo se iba a dividir el continente después del festín que había organizado Ichigo. Rukia estuvo presente en esa reunión, Ichigo la presentó como su consejera, y ella vio a los hombres repartirse la tierra hasta que todos quedaron satisfechos. Esa fue la primera vez que Rukia vio al Comandante como realmente era, un hombre que hablaba y que hacía a los demás escuchar, sin importar si eran reyes o no; el hombre que defendía y argumentaba con detalles que cualquiera podría haber olvidado si pasaba por un evento tan grande como una guerra.
A Rukia le gustó ese Ichigo que vio, porque ella indudablemente vio a un rey.
Los nuevos límites de cada reino fueron trazados, desaparecieron los reinos de Kuvar y Gardelia, y se firmó un acuerdo de paz entre los tres hombres que dominarían el continente, porque de cierta forma, Ichigo dominaría el reino ya sea como rey o como el regente del reinado de su hijo; mientras Ichigo estuviera ahí, nadie levantaría una mano contra Avanta. Los mercenarios recibieron como paga algunas las islas de las Tierras quebradas para su base y se fueron satisfechos.
Aun así, después de esa reunión de reyes, no hablaron.
Viajaron juntos de nuevo a la capital de Avanta e Ichigo se sumió en juntas con los Concejeros que sobrevivieron a la purga que habían hecho. Ninguno que le hubiese sido leal a Kaien le servía a Ichigo, y cuando su madre volvió, él dejo toda la responsabilidad en ella. Kaien le había quitado su derecho de sangre, por lo tanto era lo más natural que, al no haber heredero del rey, el poder recayera en la reina madre hasta que se designara al nuevo rey.
Masaki seguía siendo la reina madre y siempre lo sería.
La primera opción para coronar como nuevo rey fue Juha, era el siguiente en la línea de sucesión al trono, pero Masaki no estuvo de acuerdo alegando que él era muy pequeño para darle una responsabilidad tan grande. Uno de los concejeros sugirió que Ichigo, como su padre, lo aconsejara y tomara la regencia del reino, pero Masaki contrarrestó esa oferta alegando que sería mejor que Ichigo tomara el trono.
Esas palabras llevaron a una reunión tan larga que terminó hasta la noche, pero al final, bajo el hecho de que Ichigo no había renunciado a su derecho de sangre por su propia voluntad sino que fue obligado por el antiguo rey, se llegó a la conclusión de que Ichigo sería coronado como el nuevo rey y Juha sería declarado el príncipe de la corona.
Fue en ese momento que Ichigo y Rukia se sentaron a hablar sobre su relación, porque ya no podían seguir posponiéndolo, porque ambos sabían que después de la coronación ya no habría más oportunidades para ellos.
Durante todo ese tiempo ellos habían estado juntos, dormían juntos en la misma habitación, viajaban juntos para ver a su hijo y comían juntos, tanto así que fue natural verlos juntos en las calles mientras poco a poco todo volvía a la normalidad. La gente tenía la memoria corta, por lo que olvidaron rápido que Rukia había sido la amante del rey y se concentraron en otras cosas, como la guerra, los muertos y el Templo de la Sombra.
Ichigo cumplió su promesa de convertir el templo de las Deidades en el Templo de la Sombra, incluso cambió la religión oficial del reino. Durante la guerra, Rukia había entrado al Templo de las Deidades y había pintado la oración correcta a la Sombra, e Ichigo les había dicho a los soldados que rezaran a la Sombra porque era la Deidad que los protegería o que en su caso, los llevaría a la vida más allá de la vida si peleaban con honor.
Los soldados y sus familias empezaron a rezarle a la Sombra, y fue la Deidad con más velas encendidas en el templo. Cuando terminó la guerra e hicieron el recuento de los daños, agradecieron a la Sombra por haberlos protegido, entonces, así como pasó en Pueblo Oscuro, el Gran Templo de las Deidades se convirtió en el Gran Templo de la Sombra.
Rukia pintó las demás oraciones en el templo y llamó a uno de los Sacerdotes de la Sombra para que lo dirigiera; la elocuencia en las palabras de ese hombre que predicaba la bondad de la Sombra, fueron atrayendo a la gente poco a poco. El cambio de religión era algo grande, pero la gente seguía siempre lo que hacían los reyes, y si la familia real le rendía culto a la Sombra, entonces ellos también.
— Mañana es la coronación. — Comentó Rukia sentándose junto a Ichigo, que estaba en una banca de aquél templo de la Sombra dentro de los terrenos del palacio, contemplando la estatua de la única Deidad. — Te convertirás en el rey, se suponía que el reino tenía que arder pero te convertirás en el rey.
— Lo sé, las cosas a veces no resultan como uno lo planea. — Ichigo la volteó a ver con una ligera sonrisa. — Juha llega en la mañana. Creo que es hora de que hablemos.
Rukia asintió a esas palabras, ya no eran niños, dejaron de serlo muchos años atrás y era tiempo de que hablaran como el par de adultos que eran en ese momento.
— Le diré a Juha la verdad. — Volvió a hablar Ichigo, haciendo que el pequeño silencio que se había formado entre ellos se rompiera. — Le diré que eres su madre, mereces ser su madre, mereces que él te ame y mereces ser feliz con él.
— ¿Cómo vas a justificar a la muerta en la cripta? — Preguntó Rukia desviando la mirada de Ichigo para volver a ver la estatua. — Durante años le has dicho que lo que está enterrado ahí es su madre.
— Quemaron los restos de la doncella, lo que está enterrado ahí son los restos de tu padre y de tu hermano. Cuando volví de mi primera batalla contra Kuvar, fui a donde habían enterrado a tu padre y a tu hermano, recogí los restos y los guardé ahí, les recé para que me perdonaran por haberlos movido de su lugar de reposo y les pedí que te cuidaran. Mi padre los había enterrado en medio del bosque, en una tumba sin nombre, pero logré encontrarla con la ayuda de un soldado. — Explicó Ichigo con calma. — Hana, dice la tumba, por eso Juha le dice mamá.
— Cuando vine, el rey me llevó a una tumba y dijo que ahí estaba mi padre y mi hermano. — Habló Rukia con lágrimas en los ojos pero tratando de modular su voz, sintiendo de nuevo todo ese odio dentro de ella y haciendo que las flamas de las velas se tambalearan.
— Mi padre supo que Kaien había mentido, él mismo se lo confesó por error, y los hombres que ejecutaron el día que llegaste fueron los testigos que él presentó. Fue una forma de limpiar su conciencia contigo. — Ichigo suspiró. — Kaien hablaba mucho cuando estaba ebrio y feliz, esto me lo dijo poco antes de que iniciara la guerra, yo tampoco lo sabía.
— ¿Por qué me lo dices ahora?
— Porque ahora es el momento.
Ambos se quedaron en silencio mirando la estatua, Rukia trató de calmar su odio y cerró los ojos respirando profundamente.
— No le digas a Juha que soy su mamá. No necesita saber que su abuelo casi te mata, no necesita saber que su otro abuelo fue asesinado por cargos falsos de traición, no necesita saber muchas cosas y no necesita saber más mentiras. Eventualmente tendrá muchas dudas, será el rey y aprenderá de leyes y entonces hará preguntas. En ese momento entonces le diremos la verdad y él sabrá si amarnos u odiarnos. — Rukia se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, porque renunciar a su hijo por voluntad propia era doloroso. Lo único que ella quería era que él le dijera mamá.
— Anularé esa estúpida regla de los hijos, anularé muchas reglas que solo traen sufrimiento. — Prometió Ichigo tomando el mentón de Rukia para hacer que ella lo viera y limpiar esas lágrimas él mismo. — No llores. Nunca me ha gustado verte llorar.
— No puedo evitarlo. — Susurró Rukia cerrando los ojos sin poder evitar que las lagrimar escurrieran por sus mejillas. — Solo de pensar que es mi hijo y no puedo llamarlo así, me rompe el corazón.
— Lo siento. Esto es mi culpa.
Ichigo le volvió a limpiar las lágrimas con los pulgares en silencio y Rukia puso sus manos sobre las manos de Ichigo, respiró profundamente y volvió a abrir los ojos; ambos sabían que tenían que terminar esa conversación porque ya la habían postergado demasiado.
— ¿Cómo están los pedazos de tu alma? — Preguntó Rukia después de un largo momento de silencio.
— Te dije que no tenías permitido repararla, pero siempre haces lo que quieres conmigo. — La voz de Ichigo tenía una ligera nota de humor que hizo sonreír a Rukia. — Si aún quieres estar conmigo después de ver lo que soy y saber lo que he hecho, podemos dejar todo atrás e iniciar de nuevo.
— ¿Ya no sería solo piel? — Preguntó Rukia con una ligera sonrisa en los labios. Ichigo negó despacio.
— No, ya no sería solo piel, aunque ese trato que teníamos me gustaba. Ser el amante de la Dama de las Llaves era divertido. — Ichigo le acarició la mejilla a Rukia con suavidad.
— ¿Y si no quiero que estemos juntos? ¿Aún podré ver a Juha?
Ichigo guardó silencio por un momento, pensando detenidamente esa respuesta y Rukia se mordió el labio por la espera.
— Tu estancia con Juha no depende de si estamos juntos o no, puedes venir a verlo todo el tiempo que quieras, puedes seguir siendo la Dama de las Llaves si así lo deseas. — Ichigo tomó las manos de Rukia y le dio un beso a cada una. — Mientras hablamos mis cosas están siendo pasadas a la habitación del rey y las tuyas a una habitación nueva, así que no dormiremos juntos esta noche. Usa esta noche para pensar si eso necesitas, mañana será un día diferente y me darás una respuesta.
—
La habitación que le asignaron a Rukia era una habitación realmente grande, lujosa y con cosas que Rukia no necesitaba. Kiyone estaba terminando de acomodar las cosas cuando Rukia entró a la habitación, la chica tenía una enorme sonrisa en el rostro y la saludó con una reverencia, como había sido desde que ella se había convertido en la que manejaba el castillo en su totalidad.
Rukia se dejó caer en la cama y se quedó mirando el techo, ella no tenía nada que pensar porque ella quería estar ahí, con Ichigo y con Juha, pero fue amable de parte de Ichigo que él le diera ese espacio para pensar. Intentó dormir, pero se había acostumbrado tanto al calor y a los brazos de Ichigo, que le tomó más tiempo de lo normal conciliar el sueño.
Juha llegó antes del mediodía, y Rukia estuvo ahí para recibirlo junto con Kiyone. El niño, al ver a Rukia, inmediatamente corrió a sus brazos con una sonrisa; ella lo había visitado antes y después de la guerra, y el niño tenía un gran apego a ella. Ichigo solía decir que era la sangre, que aunque Juha no lo supiera, su sangre sabía que ella era su mamá.
Ichigo no pudo estar ahí, estaba reunido con los concejeros y la cara de decepción de Juha fue notoria. Ya no era el pequeño niño de seis años que celebró su cumpleaños en la Gran Casa, habían pasado tres años desde ese día y Juha cada vez se parecía más a su padre. Rukia intentó animarlo y lo llevó hasta la cúpula donde Ichigo estaba reunido con los concejales, así el pequeño príncipe pudo ver a su padre desde una de las ventanas hablando con aquellos hombres y, cuando Ichigo levantó la mirada de uno de los papeles, Juha levantó la mano para que su padre lo notara.
Ichigo sonrió y se disculpó con los concejales, se levantó de su asiento en la cabecera de esa mesa, salió de la cúpula y lo primero que hizo fue cargar a su hijo en brazos, como cuando era un niño pequeño, y darle un beso en la mejilla. Un día, Ichigo cargaría por última vez a su hijo, y esperaba que no fuera pronto aunque Juha ya no era un niño que pudiera llevarse en brazos.
Ese día sería la coronación y todo mundo estaba apresurado, los invitados habían estado llegando durante toda la tarde y Rukia tenía demasiado trabajo que delegó a varios sirvientes. La coronación se realizaría en la noche porque sería el Sacerdote de la Sombra quien haría la ceremonia y siempre la noche era mejor; la noche era el momento de la Sombra.
Rukia no vio a Ichigo después de ese breve encuentro con Juha en la Cúpula, pero ella pasó casi todo el día con el niño y el perro que le habían regalado por su cumpleaños. El cachorro se había convertido en un enorme espécimen que intimidaba, casi tan grande como un lobo, pero que era verdaderamente dócil con Juha. Rukia era feliz al ver a su hijo feliz y procuraba no pensar en lo que pudo haber sido y no fue, porque esos pensamientos no harían que el tiempo volviera atrás y se perdería del presente que vivía.
Para cuando Rukia entró a su habitación después de bañarse, encontró sobre la cama dos vestidos que eran increíblemente hermosos; cada uno de un color diferente y cada uno de un estilo diferente. El vestido negro, que estaba decorado con hilos de plata y piedras que brillaban, tenía una nota que decía "para la futura reina de Avanta"; el vestido rojo, que era igual de hermoso y estaba decorado con hilos de oro, tenía una nota que decía "para la Dama de las Llaves".
Rukia no había dejado de ser la Dama de las Llaves, era ella quien organizaba el castillo, así que ver ese par de vestidos la sorprendió un poco pero la hizo feliz. Ichigo le había vuelto a hacer esa pregunta, esa vez de una manera más discreta y era algo que Rukia no necesitaba pensar.
Ya no era una petición por compromiso, porque ella estaba rota y él la quería ayudar; ya no era una petición por temor, porque él tenía miedo de que ella le quitara a Juha cuando él le dijera la verdad; y ya no era una petición de redención, porque ella quisiera sanarlo a él. Era una petición real, por el deseo de estar con ella, por el deseo de pasar la vida con ella.
La Sombra le había dicho que su destino era estar ahí y ella quería estar ahí. Quería estar con Ichigo y con su hijo.
—
A Ichigo lo vistieron con todos los honores de acuerdo a la celebración de esa noche, lo que siempre debió haber sido, lo que hubiese evitado que todo lo que pasó, pasara. Si su padre lo hubiese nombrado a él el príncipe de la corona desde el inicio, toda la historia habría sido diferente y no hubiese habido tanto dolor en la vida de todos.
Cuando el atuendo estuvo listo, se vio una última vez en el espejo, vio al príncipe que era, y cerró los ojos por un segundo para guardar esa imagen en su mente. Se sentía feliz pero era una felicidad incompleta porque todavía faltaba una respuesta a una pregunta que nadie había mencionado.
Salió de la habitación del rey, donde había pasado la noche y todo el día, y se dirigió con calma por el pasillo hasta las escaleras que conducían a la habitación de Rukia, quizás era un poco ansioso de su parte, pero quería verla antes de que le pusieran la corona y quería saber su respuesta. Habían pasado casi 10 años y eso había sido suficiente tiempo para todos.
La sirvienta de Rukia le informó que ella bajaría en un momento, y esos fueron los minutos más largos en toda su vida. La puerta de la habitación se abrió y escuchó los pasos que se acercaban a las escaleras; levantó la mirada y entonces la vio, vestida con aquél vestido negro que él había enviado para ella.
Inevitablemente sonrió al verla, y Rukia le regresó la sonrisa, bajando por aquellas escaleras de una manera lenta que era tortuosa para él. Ichigo le ofreció su mano, incluso aunque ella no había llegado a él, y Rukia la tomó en cuanto estuvo cerca.
— Sé que el vestido lo dice todo, pero… acepto.
— ¿Ves? Te dije que querías ser reina. — Comentó Ichigo, recordándole aquella primavera donde ella lo golpeó por hacer ese comentario.
— Si, porque seré la reina del rey que quiero. — Respondió Rukia antes de darle un pequeño golpe en el hombro a Ichigo, que se quejó por eso de forma divertida.
Rukia se sentía bien y se sentía feliz, e Ichigo metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó otro anillo que era más grande de lo que ella hubiese esperado.
— El anillo de la reina. — Ichigo tomó la mano de Rukia y le colocó el anillo con suavidad. — Ahora oficialmente estamos comprometidos.
Rukia miró el anillo en su mano y negó divertida antes de colgarse del brazo de Ichigo con naturalidad.
— Para que sea una reina, necesito un rey, así que vamos a tu coronación que se nos hace tarde. — Comentó Rukia haciendo que Ichigo empezara a caminar.
Ambos iban con una sonrisa, hablando de cualquier cosa en el camino hasta la sala del trono donde sería la coronación y el banquete. Esa noche había mucho que celebrar.
— FIN —
