Momento

Nanatsu no Taizai © Nakaba Suzuki

Sinopsis: Lo que no importa es el tiempo, sino el momento, la emoción [Kiane Weekend 2021].

Nota de la autora: ¿Doble actualización? Doble actualización. Los temas del primer día fueron una gran tentación, así que escribí de los dos.

Posiblemente, esto no sea tan Kiane directo como el punto anterior, pero siempre me gusta que, más allá de escribir de la pareja en sí, tener la perspectiva de uno de los involucrados.


Capítulo 2: Cambio


Actualidad.

—¿Entonces después de que el carro paso recuperaste tus recuerdos? —Ban se inquietó, revoloteando entre los árboles y revisando todos rincones por donde la luz del sol atravesaba.

King asintió, aunque sin inspiración. Mantener que se sentía bien y construir algo a partir de ahí estaba siendo inútil. No obstante, en realidad no tenía un ángulo específico para empezar de todos modos. A medida que había platicado con Ban sobre lo ocurrido, sus emociones se habían tornado más agudas, agitadas.

Ban caminó hacia él y volvió a apoyar su mano en su hombro, dándole un firme apretón a este.

—Escucha, tú…

—¿Su majestad?

Los ojos de King se agrandaron ante la repentina llamada, y se movieron alarmados. Se calmó cuando vio quién era.

—Oh, Gerheade. Casi me da un infarto.

La asistente del Rey Hada sonrió tímidamente.

—Lo siento, por eso. No quise darle un sobresalto.

—Está bien —sonrió el soberano con tranquilidad—. ¿Está todo listo?

—Sí. Solo falta usted.

Los dientes de King castañeteaban cuando una punzada de nervios pasó por su cuerpo.

—De acuerdo. Iré de inmediato.

Gerheade asintió e hizo un gesto para retirarse, dejando a King soltando aire contenido en sus pulmones mientras volvió a acomodar su cabello. Eso no cambió el hecho de que, en ese momento, estaba contemplando que iba a hacer Ban a continuación. Si pudiera molestarse en leerlo, podría enterarse. No obstante, su mente no estaba al máximo.

—Supongo que entiendo lo que sientes —le comentó. King asintió a su lado mientras iniciaban el camino a la ceremonia—. Pero no eres el único que ha fallado o tardado en cumplir una promesa. Al menos, ustedes…

King hizo un sonido con su garganta, denotando molestia por la insinuación. Pero, de alguna forma, Ban tenía un punto.

—¿Al menos nosotros? No lo sé. Nada cambiará el hecho de que borre sus recuerdos y la abandone.

Ban lo examinó y luego comenzó a caminar de nuevo. King se unió.

—Nada lo hará.

—Fueron cosas horribles —explicó King, sin juego de palabras.

El hombre a su lado se carcajeó.

—Lo sé.

De pronto, el Rey Hada se detuvo. Estaba perdiendo la paciencia.

—¿Estás tratando de tenerme compasión o échame en cara lo que hice?

Ban lo contempló inquisitivamente.

—Depende. Ahora mismo solo estabas viendo los errores y recordando, pero…—el hombre se detuvo—. Creo que hay un punto en que tienes que dejarlos e ir contra los miedos, y luego pensar en que todo ha cambiado. No estás estancado.

King se puso patas arriba con esa frase, trató de compilar sus pensamientos, pudo ver a Ban preparándose para avanzar y borrar por completo el momento. Tenía que decir algo, cualquier cosa para mantenerlo.

—¿Todo ha cambiado?

Ban asintió.

—¿No fue algo así lo que te dio tus alas? Pensar en cambiar las cosas por ella.

La realidad volvió a ponerse en movimiento y King recordó una de las cosas que lo habían estado reteniendo en primer lugar. Todo lo que pudo reflexionar fue que cuando estaba cayendo en picada durante la batalla de Mael, la imagen de Diane apareció delante de él.

Todo lo que quería en el mundo era ser más fuerte para cumplir la promesa de siempre volver.

Sin confiar en su voz, dejó que su cuerpo hiciera su próximo movimiento. Extendió sus alas y avanzó por el bosque antes de que Ban pudiera detenerlo. Entonces, el claro apareció frente a él. De pronto, se puso rígido y ya estaba retrocediendo cuando sintió la mirada de Diane a la distancia.

Y eso bastó.

Nada podría derribar la explosión de claridad que sintió hasta que escuchó el sonido de un carraspeo a la izquierda.

—Entonces —dijo Ban—. ¿Ahora está claro...?

—Sí, creo que lo entiendo —King no perdió el ritmo. Podía sentir su interior llenarse de orgullo—. Es un cambio, ¿no?

—Obviamente —repitió el hombre. Había una sonrisa jugando en la esquina de su boca—. Bueno, suerte con todo, hermano.

Con una sonrisa presumida, el Rey Hada avanzó hacia adelante. No podría olvidar los hechos pasados y promesas fallidas, pero si dejarlos ser y continuar. Y quizás parecía un cambio insignificante, pero cosas así lo habían llevado a donde estaba en primer lugar.