Momento

Nanatsu no Taizai © Nakaba Suzuki

Sinopsis: Lo que no importa es el tiempo, sino el momento, la emoción [Kiane Weekend 2021].

Nota de la autora: Se me ocurrió escribir una escena de la película Cursed By Light para propósitos de los dos capítulos anteriores. Además, siento que esta conversación tenía que existir.


Capítulo 3: Disculpas y secretos


Diane se enorgullecía de sí misma, ¿por qué no debería hacerlo? Estaba disfrutando de su boda, y ya había estado trabajando para ello. Fueron estresantes, con las explicaciones de las tradiciones, las horas de acomodar el bosque y momentos agotadores, pero ver el resultado con sus propios ojos, aunque solo fuera una vez, hizo que valiera la pena.

—No puedo creer que este día llegara —siseó en voz baja, sus manos descansando sobre la frondosa rama mientras se inclinaba para observar a todos saboreando la comida. No hadas, no gigante, sino todo su clan.

King, quien miraba para la misma zona, la examinó. Incluso cuando ya estaba en paz consigo mismo, escuchar eso de su ahora esposa sonaba un poco desconcertante. Sin embargo, considero dejar que la conversación fluyera antes de preocuparse.

—¿De verdad no?

Entonces, Diane negó con la cabeza.

—Sabía que pasaría. Pero estoy feliz de que haya sucedido al fin.

Como respuesta, King se apartó un poco, buscando asiento en la rama que colgaba junto a ella. Diane arqueó una ceja ante su acción y no pudo evitar sentirse un poco inquieta. Solo un poquito, un poquito.

—¿King…?

Él sonrió y negó con la cabeza.

—Tengo que contarte un secreto —fue lo primero en señalar. Eso hizo que el corazón de Diane palpitara nada más de escucharlo—. No tienes que preocuparte —añadió con prisa, como si hubiera leído el pequeño susto de la gigante.

—Entonces dime, ¿qué sucede? —suspiró Diane, y aunque trató de parecer relajada, falló.

Aunque había querido decir las palabras de una manera normal, los ojos de King se abrieron de golpe y se apartó con un rostro que era una mezcla de tristeza y dolor.

—Esa vez, hace doscientos años, cuando no regrese por ti —dijo después de un momento de pensar—. Me estuvo atormentando hasta poco antes de la ceremonia —su voz se sintió débil, acompañando el peso de lo que estaba revelando—. Sé que puede parecer tonto que incluso hoy tenga dudas, pero con todo…

—Oye, King —susurró Diane cuando se volvió demasiado para él—. ¿Me amas?

—Qué pregunta más tonta —expresó King en respuesta—. Te amo más que a nada en el mundo.

Diane hizo una pausa, con lo que quería decir en la punta de la lengua y tomó aire. Esperó unos momentos, antes de volver a mirar a su esposo.

—También te amo, King —le respondió, mostrando su gratitud en una sonrisa—. Y puedo entender por qué te sientes así —divagó, haciendo todo lo posible por encontrar las palabras correctas—. Me dejé llevar por eso unas veces. Ya sabes cómo es, de pronto lo piensas y no puedes solo dejarlo, ¿verdad? Pero siempre opino que no fue culpa nuestra.

Inmediatamente, la cara de King se iluminó. Diane quizás tenía una definición diferente de estar en conflicto consigo mismo que la que tenía él, pero al menos fue un comienzo. Además, la conocía lo suficiente como para estar seguro de que jamás lo estaría culpando a él, si no a las circunstancias. Al menos trataría de pensar de esa forma, y por ahora, eso tendría que ser suficiente.

De lo contrario, estarían allí el uno con el otro para encargarse de las cosas. Después de todo, para eso estaban las parejas, ¿no?

—Estoy feliz de saberlo —sonrió King, su voz volvió a su tono alegre habitual—. Siempre puedes contarme lo que sea, ¿de acuerdo? Ahora estamos juntos.

Diane asintió con la cabeza en comprensión.

—¿No hemos estado juntos antes?

King tuvo que reprimir el comentario de que sí, ya habían estado juntos, sin embargo, él había elegido esas palabras para acompañar la situación.

—Sí, siempre lo hicimos —indicó, dándole a su esposa una sonrisa mientras ella comenzaba a reírse con fuerza—. ¿Eh?

—¡Solo estaba jugando contigo! —explicó Diane, levantando un poco su mano para hacerla. King, como respuesta, tomó uno de sus dedos con delicadeza—. Pero ¿sabes qué sigue después de la ceremonia?

La boca del Rey Hada se abrió en forma de 'o' pequeña mientras pensaba. De pronto, sus ojos se iluminaron de inmediato y asintió. Para cualquier otra persona, habría parecido un asentimiento seguro. Sin embargo, Diane lo sabía mejor. Eran los pequeños rasgos de su rostro los que mostraban lo nervioso que estaba en realidad.

—Eh —soltó King, poniendo el rostro más sereno que tenía cuando la tempestad inundaba su cabeza. Aunque eso era un secreto—. ¿Quieres algo de comer?