Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
30/10/2014
Una semana y media después, me encontraba en el sexto periodo de Literatura Americana cuando alguien llamó a la puerta del aula. Todos levantamos la vista mientras que nuestro director entraba.
El director Shimura (21-04-2042) es un hombre de baja estatura que anda por ahí como si fuera dueño del lugar. También tiene una predilección por el uso de grandes palabras así que nadie puede entender lo que está tratando de decir.
—¿Anko? —dijo cuándo mi profesora, la señora Mitarashi (30-06-2056), miraba hacia arriba.
—¿Sí, director Shimura?
—Voy a necesitar ver a Sakura Haruno en mi oficina cuanto antes.
—Su voz sonaba seria.
Veintitrés pares de ojos se giraron para mirarme, y mis latidos se incrementaron. Naruto parecía tan alarmado como yo me sentía.
Desde el asiento frente al mío, Kabuto Yakushi (25-07-2017) dijo—: Tú, Asesina Sakura, ¿qué hiciste?
Sentí que se me secaba la boca. ¿Qué había hecho?
—Señor Yakushi. Otra palabra tuya y te unirás a nosotros —le advirtió Shimura.
Kabuto se dio la vuelta y se rió junto con su mejor amigo, Shino Aburame (25-07-2017).
Sintiendo mi cara sonrojarse, recogí mis libros y mi mochila lo más rápido que pude y seguí al director para salir de la habitación. Shimura me llevó por los pasillos vacíos, sus zapatos haciendo clacs fuertes contra el suelo de baldosas. Yo prácticamente caminaba de puntillas.
Llegamos a su oficina y pasamos a través de las puertas a un gran espacio abierto. Todas las secretarias de la escuela que trabajaban allí alzaron la mirada al unísono cuando llegamos. Sabiendo que nunca me habrían llamado a la oficina del director si no estuviera en problemas, sentí mis mejillas abrasando con calor.
—Por aquí, Sakura —dijo el director Shimura, haciéndome un gesto hacia adelante a través del laberinto de mesas hasta su despacho en la parte posterior.
La puerta estaba cerrada y todas las persianas en las ventanas de cristal se encontraban bajadas. Abrió la puerta y de nuevo me hizo un gesto con la mano hacia el interior.
Sentados en las sillas frente a su escritorio grande de metal estaban dos hombres de la misma edad que mi madre: uno pequeño y grueso con una cara como un perro bulldog; el otro alto y ancho de hombros con un hermoso rostro que podría haber visto en Hollywood. Los dos estaban vestidos formalmente de traje y corbata, y cada uno de ellos se volvió hacia mí, sus miradas duras y sospechosas. Tiré de la cremallera de mi sudadera, saltando mientras la puerta se cerraba detrás de mí.
El director Shimura fue a su escritorio y se sentó, y luego señaló una silla a su izquierda.
—Siéntate —dijo. No era una petición.
Traté de tragar, pero mi boca se había quedado seca. Me acerqué a la silla y me encogí de hombros con mi mochila, noté la palabra larga del día en el calendario del escritorio principal de Shimura a mi lado. La palabra de hoy era TRIFULCA —UNA DISCUSIÓN PÚBLICA.
—Sakura —dijo Shimura, y me sacudí, dirigiendo mi atención hacia él—. Este es el agente especial Uchiha del FBI y su compañero, el agente Sarutobi.
Ante la mención de sus nombres, los dos hombres se metieron las manos en los bolsillos de sus chaquetas y sacaron sus respectivas insignias, las cuales sostuvieron en alto. Los brillantes escudos me recordaron a la insignia de mi padre. Mamá todavía la guardaba en su cajón de la cómoda.
—Ellos están aquí para hablar de una situación más grave y apremiante, Sakura —dijo el director Shimura—. Por favor, préstales toda tu atención mientras relatan los detalles.
El tipo alto de hombros anchos, el agente Uchiha (02-10-2052), sutilmente puso los ojos en blanco cuando el director Shimura no miraba. Al parecer, los niños no eran los únicos a los que les resultaba difícil gustarle nuestro director.
—Sakura —comenzó el agente Uchiha
Abracé mi mochila, sintiendo mi corazón latir contra mi caja torácica. Esto era sobre Ma. Algo le había sucedido o estaba en problemas.
—¿Es Sakura? —preguntó Uchiha—. ¿O Saku?
—Sakura —dije, odiando que mi voz se quebrara. Estaba tan nerviosa por Ma que no sabía si podía manejar lo que podría venir después.
El agente Uchiha sonrió, pero no tenía ninguna calidez.
—Eso pensaba —dijo—. Tenemos algo muy importante que queremos preguntarte, Sakura.
Fruncí el ceño. ¿Qué podía querer preguntarme sobre Ma?
—Uh... está bien.
El agente Uchiha le dio un codazo al agente Sarutobi (07-08- 2051), y sacó una fotografía de cinco por siete de un chico vestido con un uniforme de béisbol.
—¿Has visto a este muchacho recientemente? —preguntó Sarutobi.
El aspecto de la foto me confundió. Esto no parecía ser sobre Ma en absoluto, pero ¿qué podía tener que ver conmigo la foto de un chico con un traje de béisbol? Me incliné hacia adelante para mirar, y al principio toda mi atención se centró en los números del chico, que eran difíciles de leer debido a la gorra. Finalmente los descifré: 29-10- 2014. Ayer. Y luego volví a mirar la cara del chico, ya que la fecha era familiar, y me di cuenta de que se trataba de Inojin Yamanaka. Podía sentir la sangre drenándose de mi cara, y también pude ver que los agentes se habían dado cuenta de mi reacción. Había visto lo suficiente en la televisión para saber que el FBI no venía a hacer preguntas sobre chicos muertos a menos que creyeran que tuvieras algo que ver con ello.
Traté de pensar en lo que debía decirles. No sabía si era mejor contarles la lectura con la señora Yamanaka o hacerme la tonta. Decidí aspirar a algo en el medio.
—No lo he visto —dije, lo que era verdad. Nunca había conocido a Inojin antes.
—Él desapareció ayer de su casa a la escuela, alrededor de las tres de la tarde. ¿Seguro que no lo has visto, Sakura? —me presionó el agente Uchiha.
Miré a la derecha de Uchiha.
—Sí, estoy segura.
Él y Sarutobi se echaron hacia atrás en sus sillas e intercambiaron una mirada. No me gustó que pensaran que yo mentía. Sarutobi se movió cerca de mí de nuevo, todavía con la imagen al nivel de los ojos.
—Mira, la cosa es, Sakura, que este chico se encuentra desaparecido. Y su madre parece pensar que tú puedes ser quien sepa dónde está.
Mi ceño se frunció. ¿Qué? Oh, Dios, pensé. Inojin estaba desaparecido y estos chicos no sabían que estaba muerto. Peor aún, la forma en que me miraban, sugería claramente que pensaban que podría haber tenido algo que ver con ello. Me sentí a punto de entrar en pánico, por lo que me aferré a la verdad, o a una versión de la misma. Negué con la cabeza de nuevo y dije—: Yo no conozco al chico. —Esta vez incluso me las arreglé para levantar un poco la voz.
—Entonces, ¿por qué su madre dijo que lo conoces? —preguntó el agente Sarutobi casualmente, como si simplemente estuviera pidiendo una pequeña aclaración—. ¿Por qué iba a decir que sabías dónde está?
No tenía idea de lo que la señora Yamanaka le había dicho a los federales, y me sentía como una rata atrapada en un laberinto sin salida. Traté de mantener la mirada de Sarutobi. Fallé.
—No sé por qué ella diría algo así. No lo conocía.
Uchiha se sentó. Algo que dije lo alertó.
—¿No lo conocías? — repitió—. ¿Por qué utilizas el tiempo pasado, Sakura?
Tragué saliva. Acababa de decir algo realmente estúpido. Al fondo, oí sonar la campana que indicaba el final del sexto período.
—¿Hay algo que hayas hecho por lo que te sientas mal, Sakura?
—preguntó Uchiha suavemente—. Estamos aquí para ayudarte, ya sabes. Pero no podemos ayudarte si no hablas con nosotros
No confiaba en él ni por un segundo. Negué con la cabeza de nuevo, mirando fijamente al suelo. Estaba decidida a no decir otra palabra. Lo que sea que dijera podría ser retorcido y utilizado en mi contra. El agente Sarutobi levantó la foto hacia mí de nuevo.
—Es sólo un niño, Sakura. Si está herido o necesita ayuda, tienes que decírnoslo.
Miré de nuevo la foto rápidamente. Los números de Inojin se mantenían flotando por encima de su gorra. 29-10-2014. Ayer. Uchiha dijo que había desaparecido alrededor de las tres de la tarde, y yo sabía que tenía que pensar en mi coartada. Fui a la escuela, luego a casa para encontrar a Ma borracha en el sofá, por lo que me dirigí a donde Naruto y me quedé con él hasta la hora de la cena. Entonces me fui a casa de nuevo, llevé a Ma a la cama, y estudié para un examen de química. Me fui a la cama cerca de las once, y sabía que Naruto podía dar fe de la hora después de la escuela por lo menos. Sintiéndome culpable, me di cuenta que no había pensado en Inojin desde que puse su nombre en mi cuaderno.
Tomando una respiración profunda, reuní un poco de coraje. Si no me explicaba, entonces esto podría salirse fuera de control muy rápidamente.
—Escucha —comencé, tratando de elegir mis palabras con cuidado—. La señora Yamanaka vino a verme, ¿de acuerdo? Yo no fui a su casa; ella vino a la mía.
Sarutobi asintió como si entendiera totalmente.
—Nos contó que tú dices ser una especie de médium.
Tomé otra respiración profunda y traté de calmarme. Lo estaba retorciendo todo, y no entendían.
—No soy una médium —dije—. Solo veo las fechas.
Uchiha arqueó una ceja.
—¿Fechas? ¿Qué tipo de fechas?
—Las fechas de la muerte.
A mi lado oí al señor Shimura quedarse sin aliento mientras Sarutobi y Uchiha intercambiaron otra mirada. Decidí seguir adelante con mi explicación.
—Desde que era pequeña he sido capaz de ver la fecha exacta de cuando alguien va a morir. No sé por qué lo puedo ver, pero puedo. Así que cuando mi madre perdió su trabajo y necesitábamos un poco de dinero extra, empezamos a cobrar a la gente para que les dijera en qué fecha iban a morir.
Sarutobi hizo un ruido que sonó como una risa ahogada. Uchiha le cortó con una mirada, y Sarutobi recuperó la compostura rápidamente.
—¿Así que le dijiste a la señora Yamanaka la fecha en que piensas que ella va morir? —preguntó.
—No. Ella vino a mí por su hija que tiene cáncer. La Sra. Yamanaka quería que le dijera si estaba bien seguir adelante poniendo a su hija en un ensayo de medicamentos.
—Pensé que no eras médium —dijo Uchiha.
Suspiré. Esto era muy frustrante. —No lo soy. Le dije que su hija iba a vivir, como, otros ochenta años, así que la señora Yamanaka sabía que debía seguir adelante y poner a su hija en el ensayo de medicamentos.
—¿Qué tiene que ver Inojin con eso? —preguntó Uchiha.
—Vi su foto.
—¿Viste su foto? —repitió Sarutobi.
Asentí con la cabeza.
—No tengo que ver a alguien en persona para ver una fecha de muerte. Puedo leerlas en las fotos igual de bien.
—Así que viste su foto, y entonces, ¿qué? —preguntó Uchiha.
—Cuando vi la fecha de Inojin le pregunté a la señora Yamanaka si también estaba enfermo, y ella dijo que no. Entonces le dije que su fecha de muerte era esta semana, y ella no me creyó. Me llamó un fraude y se fue. —Y entonces pensé en la llamada telefónica en el restaurante y decidí que también podría decirles todo—. Más tarde esa misma noche, la llamé para tratar de convencerla de que no soy un fraude, pero se enfadó mucho conmigo, así que colgué y la dejé en paz.
—Ella dice algo un poco diferente, Sakura —dijo Sarutobi después de una breve pausa—. Dice que amenazaste a su hijo. Dice que le dijiste que, si no te escuchaba, algo malo le iba a pasar a Inojin.
Miré la foto todavía en manos de Sarutobi.
—Algo malo le ha sucedido —susurré.
El director Shimura aspiró otra respiración y la tensión en la sala se fue a otro nivel.
—¿Dónde está, Sakura? —me preguntó Uchiha en voz baja—. Dinos lo que le hiciste y dónde está.
Mis ojos se abrieron. Él no me creía, y todavía pensaba que yo le hice algo a Inojin. Supe entonces que no iba a salir de esta, pero también sabía quién podía ayudarme.
—Creo que debería llamar a mi tío —dije, mientras la campana de advertencia para el séptimo período sonaba.
—¿Tu tío? —preguntó Sarutobi.
Asentí con la cabeza, sintiéndome un poco mejor con el pensamiento de llamar a Sasori.
—Él es un abogado, y creo que querría que lo llamara en este momento.
El director Shimura se aclaró la garganta y levantó la mano.
— Agentes Uchiha y Sarutobi, me temo que estoy bastante incómodo con esta entrevista teniendo lugar en mi oficina. Si desean preguntarle algo más a Sakura, entonces voy a necesitar comunicarme con la señora Haruno y permitir que Sakura llame a su tío, ya que ella tiene el derecho de tener a un abogado presente. De lo contrario, señores, esto será todo.
Uchiha se puso de pie, pero Sarutobi no le hizo caso. Se inclinó hacia delante, su mirada intencionada en mí.
—¿Seguro que deseas involucrar a un abogado aquí, Sakura? Quiero decir, si nos dices donde está Inojin en este momento, podemos ser capaces de hacer un trato. Pero si el abogado viene, a la larga va a ser peor para ti. Déjanos ayudarte, Sakura. Dinos dónde se encuentra Inojin, y deja de torturar a sus padres, por el amor de Dios.
Abracé mi mochila con más fuerza y los agentes me miraron expectantes.
Me quedé pensando en las historias de las que Sasori me habló de sus clientes y lo tontos que muchos de ellos fueron al hablar con la policía antes de llamarle a él.
—No creo que deba decir nada más sin mi tío —dije. Uchiha le dio un codazo a Sarutobi, y los dos se levantaron y se acercaron a la puerta, pero después de abrirla, el agente Uchiha se volvió a mirarme.
—Estaremos en contacto, Sakura. Pronto. Puedes contar con ello. Su promesa me dejó fría hasta los huesos.
Después de salir de la oficina del director Shimura, no fui a mi séptima clase de cerámica de época. En cambio, me dirigí directamente al baño de chicas y me escondí en un urinario. Mientras esperaba a la campana final, llamé a mi tío, pero me llevó directamente al correo de voz. Le dejé un mensaje, pero no escuché de él antes de la campana. Después de esta sonara, me quedé donde estaba hasta que la mayoría de los estudiantes vaciaron el edificio, y luego me apresuré a través de las salas casi vacías a mi casillero. Después de recoger mis libros, me dirigí a la entrada trasera al lado de la piscina. Mi bicicleta estaba bloqueada en el aparca bicis, pero había tres huevos rotos sobre el asiento. Un pedazo de papel manchado tenía las palabras: Tres pequeños pollitos murieron aquí, 30-10-2014.
Reconocí la letra de Kabuto Yakushi. Arrugando el papel, busqué algo para limpiar el asiento. —¡Oye! —Escuché mientras inspeccionaba el suelo.
Al mirar hacia arriba vi a Naruto caminando hacia mí, llevando un fajo de toallas de papel y su patinete.
—Fueron Kabuto y Shino —dijo, y me entregó las toallas.
Me temblaban las manos mientras secaba el desorden.
—Gracias, Naruto.
—¿Qué diablos hiciste para que Shimura te llamara a su oficina? Quería decirle Naruto todo sobre el encuentro en la oficina del director, pero quería aún más llegar a casa para decírselo a Ma y tal vez llamar al tío Sasori. No era inusual que Sasori tardara en devolverme las llamadas, pero las llamadas de Ma siempre las devolvía.
No sabía cómo iba a reaccionar Ma, y eso me preocupaba. Pero luego tuve otro pensamiento. Miré a Naruto y le dije—: ¿Te acuerdas de salir conmigo ayer, ¿verdad?
La frente de Naruto se frunció.
—¿Ayer?
—Sí. Pasamos el rato y estudiamos para el examen de química,
¿recuerdas?
Él asintió con la cabeza.
—Recuerdo.
Arrojé las toallas de papel a la basura y abrí mi bicicleta.
—Si alguien viene a tu casa y te pregunta al respecto, podrás responder por mí, ¿verdad?
Naruto ladeó la cabeza. —Saku, ¿qué está pasando?
Me subí a la bici y me impulsé.
—Te llamaré más tarde, ¡solo recuerda lo que te dije!
Llegué a casa rápido, pero no lo suficientemente rápido. Había un sedán negro estacionado en frente de nuestra casa, y no creí que fuera de un cliente.
Dejé mi bicicleta en la cochera, entonces me arrastré hasta la puerta de atrás, que estaba entreabierta, pero la contrapuerta estaba cerrada. Poniendo mi oído en el panel de vidrio fino, oí voces, la de Ma y la de otra persona. Reconocí el profundo barítono de la voz de Uchiha de inmediato.
—Todo depende de usted, señora Haruno. Si quisiera tener presente a su cuñado mientras interrogamos a su hija, está en su derecho como su tutora. Pero él va a decirle que no hable con nosotros, y si algo le ha sucedido a Inojin Yamanaka, y su hija lo sabía o ha desempeñado un papel en ello, entonces me temo que le podría ir mal con bastante rapidez.
—¡Sakura no tuvo nada que ver con la desaparición de ese muchacho! —espetó Ma.
Me esforcé por oírla, escuchando los signos reveladores de que le hubiera dado hoy fuertemente a la botella, pero su discurso solo estaba un poco espeso. Tal vez ellos no se dieran cuenta.
—Pero usted admite que ella amenazó a la madre del chico — dijo Uchiha.
—¡Por supuesto que no! Sakura no le haría daño ni a una mosca.
—¿Podría informarnos de su paradero ayer? —preguntó otra voz.
Sarutobi, pensé.
—Ella estaba aquí conmigo.
Cerré los ojos y maldije en voz baja.
—¿Todo el día? —preguntó Uchiha.
—¡Bueno, por supuesto no todo el día! Ella llegó a casa directamente de la escuela y nos quedamos aquí hasta después de la cena viendo la televisión. Entonces hizo su tarea y se fue a la cama un poco más tarde de las diez. —Me di cuenta que Ma estaba contando lo que yo hacía casi todos los días, pero no ayer. Sabía que su memoria era a menudo confusa, así que no creí que estuviera tratando de mentir a los agentes.
—¿A qué hora llegó a casa después de la escuela? —continuó Sarutobi.
—A la hora de siempre —dijo Ma—. A las dos cuarenta y cinco, creo.
Hubo una pausa, luego Uchiha dijo—: ¿A la hora habitual? Son las tres y diez y ella no está en casa todavía.
—Ese reloj está diez minutos adelantado —dijo Ma rápidamente. Sabía que se estaban refiriendo tanto al reloj de madera antiguo encima de la repisa de la chimenea. Era el reloj de papá. Lo compró para Ma en su primer aniversario, y solía ponerlo diez minutos por delante por lo que siempre llegaría pronto a su turno. Nunca habíamos corregido la hora.
—Incluso teniendo en cuenta la diferencia —continuó Uchiha—, ella sigue llegando quince minutos tarde.
Tomé una respiración profunda para calmarme y abrí la contrapuerta. Chirriaba mucho. —¡Hola, Ma! ¡Estoy en casa! —Decidí actuar como si no tuviera ni idea de lo que estaba sucediendo en la sala de estar.
—¿Sakura? —Ma me llamó nerviosamente—. ¿Dónde has estado, cariño? Llegas tarde.
—Lo siento —dije, dejando caer mi mochila sobre la mesa de la cocina por lo que haría algo de ruido—. Alguien untó algo viscoso en mi asiento de la bici y me costó limpiarlo.
Luego entré en la sala de estar y fingí quedarme corta.
—Oh — dije—. Están aquí.
Uchiha arqueó una ceja. Estaba bastante seguro de poder notar una mentira a una milla de distancia.
—¿Tienes una bicicleta, Sakura? —preguntó en ese mismo tono casual del que yo no confiaba ni por un segundo.
Asentí con la cabeza.
—Está en la cochera.
Uchiha miró a Sarutobi.
—¿Cuántos kilómetros hay entre aquí y Parkwick?
—Cuatro o cinco —dijo Sarutobi.
—¿Cuánto tiempo te llevaría recorrerlos en una bicicleta?
—Diez minutos, tal vez.
Uchiha se volvió a Ma.
—¿Está segura de que su hija estaba aquí con usted ayer entre las tres y las seis?
Ma me miró y asintió con firmeza.
—Estoy segura. ¿Te acuerdas, cielo? Vimos ese programa... ¿Cuál era?
Y allí estaba. Tampoco tenía que estar de acuerdo con Ma, quien se veía tan sincera en su esfuerzo por crear una coartada para mí, o corregirla y hacer que los agentes sospecharan de una mentirosa. Decidí tratar de protegernos a las dos.
—Uh, Ma, creo que estás pensando en el martes. Yo me encontraba en casa de Naruto ayer estudiando para el examen de química. ¿Recuerdas?
La frente de Ma se frunció y toda la confianza que había reunido delante de los agentes se fue, y parecía perdida. Fundiendo su mirada hacia su regazo, dijo—: Oh. Creí que fue ayer. —Entonces cogió el vaso de plástico sobre la mesa lleno de un líquido claro que yo sabía que no era agua.
—¿Quién es Naruto? —preguntó Uchiha.
—Naruto Uzumaki. Es mi mejor amigo. Él puede responder por mí. Uchiha hizo una nota en su cuaderno y me pidió la dirección de
Naruto. Mientras él la anotaba, Sarutobi dijo—: ¿Crees que tu amigo Naruto podría saber el paradero de Inojin Yamanaka?
Le había preguntado tan a la ligera, como si estuviera preguntando si sabía dónde conseguir la mejor hamburguesa de la ciudad. Suspiré y miré a Ma, quien había vuelto a fruncir el ceño ante los agentes.
—Mi hija y su mejor amigo no tienen nada que ver con la desaparición de ese muchacho. Si desean seguir presionando con el problema, entonces voy a insistir en llamar a mi cuñado.
Sarutobi frunció los labios y evaluó a Ma con una mirada firme y fría.
—Un poco temprano para beber, ¿no cree, señora Uchiha?
Sentí que mi pecho se apretaba y dejé de respirar. Esto fue exactamente lo que me temía. Ma palideció y dejó la taza de plástico en la mesa.
—No sé lo que quiere decir —dijo humildemente, entonces tomó su paquete de cigarrillos y sacó uno. Sus manos estaban temblando, y yo sabía que los agentes lo notaron.
Sarutobi sonrió con fuerza. —No. Estoy seguro de que no lo sabe.
Ma lo fulminó con la mirada mientras se iluminaba, y vi como su espalda se enderezaba un poco.
—Sakura —dijo— ¿Me puedes traer el teléfono? Creo que es hora de llamar a Sasori. —Me mantuve clavada al suelo durante un segundo. El teléfono estaba sobre una mesa justo entre los dos agentes. Tenía miedo de tomarlo.
Mientras dudaba, Uchiha se metió la libreta en el bolsillo, hizo un gesto a Sarutobi, y se levantó. Antes de dirigirse a la puerta, Uchiha sacó una tarjeta de visita del bolsillo interior de la chaqueta y dijo—: Si deseas llamar y hablar, Sakura, este es mi número. Tal vez no tengas nada que ver con la desaparición de Inojin, pero si sabes algo... algo en absoluto sobre lo que le podría haber pasado a él o dónde está, puedes llamarme y te escucharé.
Después de colocarlo al lado del teléfono, él y Sarutobi se acercaron a la puerta principal, que se atascaba. Tuvieron que tirar de ella un par de veces para conseguir que se abriera, y se fueron. En el momento en que se cerró la puerta, Ma se volvió hacia mí.
—El teléfono, cielo. Tengo que llamar a Sasori.
Mi tío Sasori es el hermano menor de mi padre. Es un abogado en Manhattan, y se había ocupado de la demanda contra la ciudad que Ma presentó después de la muerte de papá. También logró el acuerdo que habíamos conseguido como resultado, el envío de un cheque cada mes para cubrir la mayor parte de los proyectos de ley.
Sasori todavía vivía en Brooklyn, y solía venir a vernos cada par de semanas. Ahora, sin embargo, casi no nos visita. Desde el problema de Ma con la bebida se puso peor, él y Ma dejaron de llevarse bien. Aun así, siempre me compraba un gran regalo de navidad, y el verano pasado, nos llevó a mí y a Naruto a Florida. Sabía que, si alguien podría ayudarme a explicar las cosas a los federales, era Sasori.
Después de llevarle a Ma el teléfono, me dirigí escaleras arriba para encerrarme en mi habitación. Lo primero que hice fue saltar hacia mi ordenador y poner el FaceTime. Respondió al sexto o séptimo ring, y al ver simplemente su sonrisa con cara de niño, me dio comodidad.
— Pensé que nunca llamarías —dijo, rascándose la suave barba rubia de la barbilla—. Parecías totalmente asustada en la escuela. ¿Qué ha pasado con Shimura?
Le expliqué todo, lo de los federales esperándome en la oficina de Shimura y de nuevo aquí en casa.
—Whoa —dijo, después de que hubiera terminado—. ¡Sakura, eso es malo!
—Lo sé —dije, sintiendo como el peso del mundo se había asentado firmemente sobre mis hombros. Y entonces me acordé de que les había dado a Naruto como mi coartada—. Deberían llamarte — dije—. Para confirmar dónde estaba cuando Inojin desapareció.
—¿Cuando desapareció?
—Ayer después de la escuela. Los federales dijeron que nunca llegó a casa.
Los ojos de Naruto se abrieron como platos.
—¿Qué crees que le pasó?
Negué con la cabeza.
—No tengo ni idea, pero cuando me mostraron su foto, su fecha confirmaba que está muerto.
—Oh, hombre —dijo Naruto—. Sakura, quizás deberíamos haber hecho algo más para tratar de salvarlo.
Me mordí el labio. Eso es lo que también había estado pensando. Me sentí terriblemente avergonzada de mí misma porque, aunque hubiera sabido lo que iba a pasar y me pareciera muy triste, no había esperado que la muerte de Inojin fuera tan misteriosa. ¿Y si se había caído en un barranco y su muerte había sido lenta y dolorosa? ¿O si hubiera sido golpeado por un coche en un camino de tierra y el conductor no se había detenido para ver cómo estaba y comunicarlo, y se encontraba solo por ahí en algún lugar donde nadie lo encontraría durante semanas? No podía imaginar lo que su madre estaba pasando. No es de extrañar que pensara que yo tenía algo que ver con ello.
—Me siento muy mal —dijo Naruto en voz baja—. Sé que ella se enfadó cuando llamaste, pero tal vez debería haber ido a su casa y explicarle que te conozco, y que no eres un fraude. Eres una buena persona. Apuesto a que podría haberla convencido de ello.
—Tú no podías haber sabido que las cosas iban a ser así —dije. Era exactamente como Naruto, se siente culpable por algo de lo que no tenía control. Para un hombre, él era increíblemente bondadoso.
Y entonces vi a Naruto sacudirse y mirar por encima de su hombro. Volviendo de nuevo a mí, dijo—: Alguien está en la puerta.
Tenía una sospecha sobre quién era.
—¿Está tu madre todavía en casa?
—No —dijo—. Espera un segundo y déjame ver quién es. —Naruto salió corriendo, y yo me quedé a esperar ansiosamente su regreso. Le llevó unos quince minutos, pero finalmente regresó y trató de sonreírme alentadoramente—. Eran ellos —dijo, refiriéndose a Sarutobi y Uchiha— Les dije que ayer estuviste aquí todo el tiempo después de la escuela, estudiando conmigo para la prueba de química.
Me relajé una fracción.
—Gracias, amigo. ¿Qué más te preguntaron?
—Querían saber si yo creía que eras realmente una médium. Les dije que no sabía si eras médium, pero que sabía que podías leer fechas de la muerte. Y luego me preguntó cómo lo sabía, y les dije que me dijiste que mi abuelo iba a morir justo después de navidad el año pasado, y murió el día exacto en que dijiste.
—¿Te creyeron?
Naruto frunció el ceño. —No creo, pero se fueron después de eso.
Tragué saliva y miré hacia mi regazo. Todo esto era tan malo, no sabía qué hacer. Cuando alcé la mirada de nuevo, vi que Naruto me estudiaba.
—¿Estarás bien?
Me encogí de hombros. —Sí. Espero que lo encuentren pronto, Naruto. No quiero ni pensar que Inojin se encuentra ahí afuera en algún lugar donde nadie pueda encontrarlo.
Naruto permaneció callado por un momento, y luego dijo—: ¿No crees que alguien...?
—¿Qué?
Hizo una mueca.
—Lo asesinó.
Mis ojos se abrieron más amplios.
—¿En Parkwick? De ninguna manera.
Parkwick era conocido por sus grandes casas, grandes cantidades de dinero, grandes parques y su tasa de delincuencia casi inexistente. Tenía su propia fuerza policial, la cual tenía la reputación de detener a cualquiera que luciera como que no pertenecía al vecindario. Pero Naruto parecía convencido.
—Entonces, ¿qué le sucedió, Saku? ¿Y por qué nadie sabe dónde se encuentra?
Me encogí de hombros, sintiéndome increíblemente triste.
—No sé, Naruto. Podría ser que simplemente se adentró en el bosque, se cayó y se golpeó la cabeza o algo así. O tal vez fue atropellado por un coche y nadie ha encontrado su cuerpo aún. Algo como eso podría explicarlo.
Naruto suspiró.
—Sí, está bien. Escucha, tengo que ir a preparar la cena para mamá. Hazme una video-llamada más tarde si quieres hablar.
Después de que terminé la conversación en la computadora con Naruto, bajé las escaleras y encontré a Ma paseándose de un lado a otro en la cocina, su vaso de plástico casi vacío. Se sobresaltó cuando entré en la habitación. Podía decir que tenía un momento difícil lidiando con la visita del FBI.
—Hablé con Sasori —dijo—. Ha estado en la corte todo el día y tuvo que regresar a la oficina a trabajar hasta tarde en un caso, pero me dijo que si esos agentes regresan lo llamara de inmediato.
Con una punzada noté que Ma empezaba a balbucear sus palabras.
—¿Quieres cenar algo? —le pregunté, tratando de distraerla.
Ma se acercó a la despensa, donde guardaba su bebida.
—No, cariño. No tengo hambre. Sin embargo, hay un poco de pavo en la nevera. Traje un poco de la tienda de comestibles hoy.
Me hice un sándwich y evité mirar a Ma mientras ella rellenaba su vaso. Hice medio sándwich para ella, también, por si acaso, y lo coloqué frente a ella en la sala de la televisión. Luego llevé mi sándwich arriba para comerlo mientras hacía mi tarea, pero era casi imposible concentrarme, y apenas conseguí terminarla. Finalmente la di por terminada alrededor de las ocho y bajé para comprobar a Ma. No había tocado su sándwich, pero se quedó dormida, con el vaso de plástico en su mano.
Me llevó un poco de tiempo conseguir llevarla arriba, hasta su dormitorio, pero por fin estaba instalada para pasar la noche. Fui abajo de nuevo, donde traté de ver la televisión, pero me hallaba demasiado irritada y ansiosa.
Durante mucho tiempo, me senté en la oscuridad, escuchando el suave ritmo del reloj de papá. Ahora que él se había ido, su constante tictac era lo más parecido que teníamos a sus latidos. Me encantaba escucharlo, y a las campanadas, suaves y dulces, como las primeras notas de una canción de cuna.
La foto de papá permanecía en la repisa, justo bajo el reloj. Mientras pasaban los minutos, me encontré mirando su imagen y extrañándolo demasiado. En mi corazón sabía que si él estuviera aquí, lograría que Uchiha y Sarutobi me creyeran. Era otro ejemplo de lo poco que Ma y yo le importábamos a un mundo sin papá. Él fue nuestro centro, el pegamento que nos mantenía unidos y nos daba un propósito. Su ausencia era mayor que la suma de nuestras partes, y no creía que alguna vez nos sintiéramos completas de nuevo.
Con un suspiro me aparté de la foto y fui a la ventana. Mirando hacia la noche, vi un sedán pasar por la calle y aparcar un poco más allá de nuestra casa. Pude ver que el motor seguía en marcha, ya que el tubo de escape emitía vapor, el cual brillaba a la luz de la farola. Entrecerrando mis ojos, sólo podía distinguir las figuras de dos personas en el coche. Mi latido se aceleró. Eran Sarutobi y Uchiha. Esperé a que salieran del auto y vinieran a la puerta, pero a medida que pasaban los minutos, ellos permanecieron donde estaban. Finalmente, después de unos quince minutos, los agentes se alejaron lentamente de la acera y se marcharon. Entonces supe que no importaba la coartada que les ofrecí, esto no había terminado.
El día siguiente pasó en una niebla. Me sentía nerviosa y al borde todo el tiempo, e incluso Naruto no pudo hacerme sentir mejor.
—No pueden probar que tuviste algo que ver con eso, Sakura —dijo mientras íbamos juntos a casa.
Pero tenía un mal presentimiento.
Naruto y yo nos separamos en el punto medio entre nuestras casas, y pedaleé rápidamente hacia mi casa. Era día de brujas, y tenía que asegurarme que teníamos suficiente dinero en el sobre de comestibles para los dulces, para entregarlos a los pocos niños lo suficientemente valientes como para llamar a nuestra puerta. Hay un montón de niños en el vecindario, pero nuestra casa nunca ve mucho tráfico. Demasiadas personas escucharon los rumores de que Ma y yo somos brujas.
Mientras aceleré por la calle, mis pensamientos se encontraban ocupados por la necesidad de un plan de respaldo si no había dinero en el sobre. Al dar la vuelta en la esquina de mi cuadra, tuve que inclinarme hacia un lado para evitar el gran camión estacionado entre nuestra casa y la de la señora Senju. Echando una rápida mirada por encima de mi hombro para asegurarme que no había coches detrás de mí, estaba a punto de girar hacia nuestra entrada cuando regresé al camino, y de pronto, dos hombres llevando entre ellos un sofá envuelto en plástico, salieron de la parte trasera de un camión de entregas, directamente en mi camino.
Tensándome, apreté los frenos de mano con todas mis fuerzas. Causando que la bicicleta patinara, luego se tambaleó, después me choqué justo en el frente del sofá. Caí con fuerza y sentí el pavimento quemar un lado de mi pierna, desde arriba hasta el final del muslo. Mi cadera se llevó la peor parte de la caída, y dolió tanto que grité, cerrando mis párpados con fuerza mientras lágrimas calientes escocían mis ojos.
Un momento después oí a mi vecina, la señora Senju, exclamar—: ¡Oh, Dios mío! ¡Sakura, cariño! —Seguido de un rápido sonido de pies aleatorios. Me concentré en el pavimento y el cúmulo de zapatos corriendo hacia mí, mientras trataba de orientarme. Luego, había manos sobre la bicicleta y en mis brazos. Todo era confuso por el dolor abrasador en mi pierna y el muslo.
Tardíamente, me di cuenta de que la bicicleta seguía encima de mí, y apretaba mis dientes con fuerza para contrarrestar el dolor.
—Suelta la bicicleta, cariño —dijo una voz masculina—. Vamos... eso es todo. Suéltala.
Solté mi agarre de mis manos y la bicicleta fue quitada de encima de mí. Lloraba tan fuerte que me era difícil hacer mucho más.
—¡Oh, cariño! ¡Debería llamar a tu madre! —dijo la señora Senju, corriendo lejos.
Mientras tanto, los dos chicos de la entrega me ayudaron a levantarme. Uno hablaba bajo y suave, pero no podía concentrarme en nada más que el shock del choque y el dolor que se transmitía de arriba a abajo en mi pierna. Parecía que no podía dejar de sollozar. En el fondo sabía que no era del todo por la caída.
—Orochimaru —dijo uno de los hombres—, saca el botiquín de primeros auxilios de la camioneta.
Fui soltada, y el tipo llamado Orochimaru desapareció en la cabina.
— Aquí, cariño —dijo el primer chico—. Nos sentaremos en esto, ¿de acuerdo? —Vi su movimiento hacia el nuevo sofá de la señora Senju, el cual terminó en medio de la calle.
Tomé unas cuantas respiraciones temblorosas y cojeé hasta el sofá, hacia donde el chico me ayudó a sentarme con cuidado sobre la cubierta de plástico antes de inclinarse a inspeccionar mi pierna.
— ¿Puedo subir esto? —preguntó, señalando el dobladillo de mis pantalones.
Me tragué un sollozo y asentí. Enrolló la pernera del pantalón, y siseé mientras la tela rozaba contra mi piel en carne viva. Silbó y sacudió la cabeza, su cuerpo ocultando parcialmente la herida de mi vista.
—¿Es... es malo? —balbuceé.
Levantó la barbilla.
—Sí —dijo con gravedad, y luego las comisuras de su boca se curvaron y con un guiño, agregó—: Pero no creo que sea fatal.
De repente, a pesar de que tenía un colapso total, me reí. A continuación me encontraba medio riendo y medio llorando, y no era capaz de decidirme en uno o en lo otro.
La señora Senju regresó, retorciendo sus manos nudosas.
—Tu madre no se siente muy bien —dijo, con su mirada evitando la mía. Su significado era claro. Toda la risa murió en mi garganta.
El otro tipo de la entrega regresó entonces con una pequeña caja blanca, e inspeccionaba el interior con un ceño fruncido en su rostro.
—No creo que alguno de estos vendajes sea lo suficientemente grande.
La señora Senju enganchó uno de sus dedos en la caja para jalarlo hacia ella.
—¡Oh, eso no funcionará! —dijo—. Ven dentro, Orochimaru. Tengo todo lo que necesitamos para vendarla, pero tendrás que mover esas sillas fuera del camino para que pueda llegar al tocador.
Después de que se dirigieron hacia el interior de la casa de la señora Senju, el chico que me ayudaba se levantó y fue a la parte trasera de su camioneta. Sacó un par de conos naranja y los colocó en la calle detrás y en frente de la camioneta para que cualquier persona que condujera por ahí no se acercara demasiado. Luego se giró hacia mí y sacó un pañuelo de su bolsillo trasero. Lo utilizó para limpiar un poco mi pierna sangrante.
—¿Qué más te duele? —me preguntó.
Todo dolía —saltaba cada vez que tocaba mi piel con el pañuelo. De todos modos, me incorporé en mi codo. Realmente no podía verlo, pero sabía que también me había raspado.
—Caramba —dijo—. Cuando caes, realmente caes, chica.
Limpié mis mejillas. Él parecía realmente agradable. Pero después de elevar la vista para mirarlo, tomé nota de su fecha de muerte, y mi pecho se tensó. Dejando caer mi mirada, dije—: Estoy bien. Gracias.
—¿Te duelen los huesos? —preguntó. Negué con la cabeza.
—Realmente lo siento por eso, Sakura —dijo amablemente—. Si tu bicicleta sufrió algún daño, nosotros pagaremos la reparación.
Miré hacia mi bicicleta. Parecía un poco raspada, pero por lo demás parecía estar bien.
—Creo que está bien.
El chico de entregas puso el pañuelo en mi mano.
—Toma —dijo— Es probable que puedas hacer un mejor trabajo que yo.
—Gracias. —Seguí evitando su mirada.
—No te acuerdas de mí, ¿verdad?
Desconcertada, elevé mi mirada de nuevo. Tenía una cabeza grande y cuadrada, con cabello gris muy corto y los ojos hundidos. Ahora que lo mencionaba, él se veía algo familiar. Miré hacia él, pero no pude averiguar cómo lo conocía.
Extendió su mano, y puse mi palma buena en la suya. La sacudió suavemente y dijo—: Madara Kane. Vine a verte hace un año.
Vagamente, recordé a alguien que se parecía un poco a él que vino a verme el pasado setiembre. Fue en torno al aniversario de la muerte de mi padre, el cual siempre es un momento difícil en mi casa — de modo que no pude recordar los detalles exactos— pero su fecha de muerte destacaba para mí ahora, y por eso trataba de evitar su mirada.
—Está bien —dijo, como si leyera mi mente—. Sigue siendo la misma, ¿no? Solo me quedan unas cinco semanas.
Asentí. —Lo siento mucho.
Sonrió de una manera que parecía triste pero genuina.
—No lo sientas, niña. Todos moriremos en algún momento.
Miré de nuevo a mi regazo, deseando que la señora Senju y el otro chico volvieran a salir.
—Sabes —dijo—, realmente me ayudaste.
Apreté el pañuelo. El talón de mi palma también se raspó.
—Quiero decir, al principio era un desastre. Le dices a un hombre que solo tiene alrededor de un año de vida, y eso más o menos lo desgarra por dentro. Pero luego lo superé, y comprendí que tenía un año para prepararme. La mayoría de la gente, no tiene idea, cuando se despiertan en la mañana, que será su último día, pero yo sé la fecha exacta, y debido a eso, me he hecho cargo de las cosas.
Levanté mi barbilla.
—¿Sí?
Asintió y parecía tan en paz al respecto.
—Tomé un seguro de vida extra —dijo—. Para obtener el seguro tenían que hacerme un examen físico, y resulta que tengo algunos problemas. Creo que eso es lo que sucederá. Mi corazón se parará, tendré un aneurisma o algo por el estilo.
—¿No puedes ir al doctor? —le pregunté. Quería tanto que esa fecha en su frente cambiara.
—Lo hice, Sakura. Mi propio doctor hizo un montón de pruebas, pero nada obvio salió de la página para él. Mi nivel de colesterol es un poco elevado, y mi presión arterial no es genial, pero no es lo suficientemente malo aún para que me diera medicamentos. Incluso tuve un segundo examen físico de la cabeza a los pies, y no aparece nada que podría ser el culpable. Lo que me sucederá, creo que será una sorpresa, y será rápido. Lo cual, cuando pienso en eso, no es una mala forma de morir, ¿sabes?
Asentí, sorprendida por lo bien que parecía tomarlo. Pero también, vi esta reacción en algunos de mis clientes con enfermedades terminales. Ellos simplemente lo aceptaban e iban a poner sus asuntos en orden.
—De cualquier forma —continuó—, con todo el seguro de vida adicional, mi familia nunca tendrá que preocuparse por el dinero otra vez, y mis dos hijos podrán ir a la universidad. También me aseguro de decirle a mis hijos y a mi esposa lo mucho que los amo todos los días. Nunca hemos estado más cerca. Y también he hecho cosas de mi lista de deseos. Sabes, ¿las cosas que siempre dices que quieres hacer, pero nunca haces tiempo porque siempre hay un mañana? Toda mi vida me desanimé de hacer lo que realmente quería hacer, porque me preocupaba por proveer a mi familia y mantener mi trabajo. Estos días, si quiero tomar un día libre para hacer algo divertido, lo hago. No me preocupo por las cosas pequeñas. Ya no. Me liberaste, Sakura. Me siento más vivo ahora que nunca. Me diste eso.
Estaba tan emocionada que no sabía qué decir.
—¡Aquí estamos! —Escuché gritar a la señora Senju desde su camino de entrada. Ella y el otro chico cargaban gasa, pomadas, vendas y esparadrapo. Mi vecina amablemente se puso a trabajar directamente, y de un momento a otro me encontraba vendada y sintiéndome un poco mejor.
Luego Madara me puso de pie, y mientras su compañero ponía mi bicicleta en la cochera, me ayudó a subir el camino de entrada. — Gracias —le dije una vez que llegamos a la puerta—. Por todo.
Me ofreció una gran sonrisa.
—¿Estarás bien?
Asentí.
—Sí. Solo pica un poco en este momento.
—Toma algo contra el dolor —aconsejó—. Y no más ir a toda velocidad en tu bicicleta, ¿me escuchas? —Rio y sonreí. Después el otro chico y él volvieron a la entrega de la señora Senju, y yo cojeé para entrar.
Encontré a Ma desmayada en el sofá. Miré la hora. Era temprano para que estuviera tan fuera de sí. Pude sentir que un nudo empezaba a formarse en mi estómago. Ella reaccionaba a la visita de los federales. No me gustaba.
Cojeé hacia ella y tomé la manta de la parte trasera del sofá, la extendí sobre ella lo mejor que pude. Me sentía rígida y dolorida por todas partes, y los rasguños en mi pierna, codo y palma empezaban a palpitar, así que cojeando por las escaleras, y ya en mi habitación, liberada de los pantalones ajustados y del suéter que llevaba, me vestí con el chándal más ligero que poseía. Mientras me vestía, volví a pensar acerca de lo que dijo Madara, de que lo había ayudado. Decirle su fecha de muerte no cambió sus números, pero por lo menos lo ayudé a él y a su familia al darle la noticia. Su esposa y sus hijos estarían tristes por perder a su padre, conocía bien ese dolor, pero su familia también estaría bien proveída. Un poco como lo estuvimos Ma y yo por el acuerdo de la demanda.
Me gustaría tener a mi papá, pero por lo menos la mayor parte de nuestras cuentas se encontraban cubiertas por el momento. Eso significaba mucho, cuando pensaba en eso. Sentándome en mi escritorio, saqué mi libreta con las fechas de muerte y empecé a hojear las páginas. Encontré la entrada de Madara y la fecha de muerte al lado de su nombre: 06-12-2014. Suspiré con tristeza, luego miré todos los demás nombres y fechas que escribí en las muchas páginas de la libreta.
Siempre pongo una C mayúscula junto a mis clientes, y mientras me desplazaba por los nombres de la gente a la que leí, me preguntaba si tal vez algunos de ellos podrían estar haciendo lo mismo que Madara. Tal vez algunos también tomaron un seguro de vida extra, y les decían a sus hijos y cónyuges cada día que los amaban. Tal vez la lectura de estas personas era algo bueno, después de todo.
Y luego fui a la página de Sasuke y pasé mi dedo índice sobre su nombre. Podía imaginar su rostro, sus ojos azul profundo, la curva de su mandíbula, la plenitud de sus labios. Tendría la oportunidad de verlo en tan solo una semana, y sentí que mi pulso se aceleraba. No lo había visto desde la primavera pasada. Me pregunté si se había vuelto más alto, si sus hombros se ampliaron, si al verlo todavía me dejaría sin aliento.
Mi sonrisa se ensanchó. Por supuesto que lo haría. Con un suspiro cerré la libreta y la guardé. Luego cojeé por las escaleras y comprendí que aún tenía que ir a la tienda a comprar un poco de dulces para los "dulce o truco", pero, cómo lo lograría, no tenía ni idea. Con desesperación, le envié un mensaje de texto a Naruto. Me llamó inmediatamente.
—¿Qué sucedió? —preguntó. En el mensaje solo le dije que choqué con mi bicicleta.
Le di la versión rápida de lo que pasó, y se ofreció a venir de inmediato con un montón de mini Hershey del suministro de su mamá.
— Siempre tenemos extra —dijo.
Mientras esperaba a Naruto, preparé dos sándwiches de queso a la parrilla y un poco de sopa de tomate. Mientras servía la sopa en tazones, Naruto entró.
—¡Qué oportuno! —le dije.
Se quitó la chaqueta y vi que solo llevaba una camiseta blanca y pantalones debajo. Entonces me di cuenta que también se había peinado hacia atrás.
—¿James Dean? —Supuse. Naruto ama las películas antiguas.
Mi mejor amigo sonrió y asintió.
—¿Puedo pedir prestado un paquete de cigarrillos de tu mamá? —preguntó, su mirada se posó sobre la caja en la encimera.
—¿Por qué? —pregunté bruscamente. Vivía con una fumadora, y era un hábito repugnante. No quería que Naruto iniciara con él.
Puso los ojos en blanco, luego tomó uno de los paquetes medio vacíos de Ma, sacó un cigarrillo, lo colocó en la esquina de su boca, luego sujetó el paquete con la manga enrollada de su camiseta.
— Dean solía llevar el paquete de esta forma —explicó—. Me hace parecer genial, ¿no?
Le ofrecí un ceño escéptico. —¿No crees que recibir a los niños en la puerta con un cigarrillo colgando de la boca podría molestar a algunos padres?
Naruto sonrió tímidamente y se quitó el cigarrillo colgando de sus labios.
—Buen punto. —Entonces tomó su mochila y sacó los dulces que me prometió, como un cazador trayendo a casa un trofeo—. ¿Dónde los quieres?
—¿Los puedes vaciar en esto y colocarlo en el pórtico delantero?
—le pregunté, entregándole nuestra gran ensaladera.
Naruto miró el tazón con duda.
—¿Estás segura, Saku? Por lo general, los primeros niños en la puerta toman todos los dulces y corren.
Me agaché para levantar la pernera de mi chándal para demostrarle exactamente por qué no podía ir y venir para abrir la puerta cada cinco minutos.
—Caramba —dijo Naruto, vaciando los dulces en el tazón—. Lo tengo cubierto. —Cuando regresó a la mesa, se sentó conmigo y me dijo—: No puedo quedarme mucho tiempo. Mamá quiere que reparta dulces mientras ella lleva a Konohamaru y a Moegi a pedir dulce o truco.
—Está bien. —Me sentí un poco decepcionada de que Naruto no podía permanecer más tiempo y acompañarme. No era capaz de librarme de mi melancolía.
Mientras tomábamos nuestra sopa preguntó—: ¿Algo nuevo sobre Inojin?
—No —le dije—. Al menos no había un coche aparcado frente a mi casa hoy cuando llegué a casa de la escuela. No es que notara mucho después que me caí.
Naruto me ofreció un puchero de simpatía antes de animarse.
— Tienes que sanar rápido, Saku. El próximo viernes es el juego de Suna.
Sentí un sonrisa formarse en las comisuras de mi boca.
—Oh, estaré ahí —le dije—. De ninguna manera me lo perderé.
Naruto asintió. Me di cuenta que también tenía ganas de ir al juego.
—Animadoras —dijo con una sonrisa lobuna, y eso me hizo reír.
Muchos de los chicos en la escuela asumen que Naruto y yo somos pareja, pero la verdad es que somos más como hermanos que cualquier otra cosa
—¿Saludarás a Sasuke este año? —me preguntó con picardía—.
¿O te sentarás ahí y fingirás que no estás seriamente enamorada de él? Empujé su hombro.
—No me apresures —le dije—. Trabajo en eso.
Fue el turno de Naruto de reír.
—¿Trabajando en eso? Ya han pasado dos años, Saku. A este ritmo te graduarás, incluso antes de sonreírle al chico.
Rodé mis ojos antes de inclinarme y hundir el resto de su sándwich en su sopa. Sacudió su cabeza, pero se reía.
—¡Mujeres! —dijo.
Estuvimos un rato más antes de que el reloj de papá sonara en seis ocasiones y Naruto se levantó, llevando su cuenco y su plato al fregadero.
—¡Tengo que irme! —dijo—. Gracias por la cena. ¡Espero que tu pierna se sienta mejor! —Con eso salió por la puerta de atrás con apenas un adiós.
Después de terminar mi comida, me levanté y cojeé hacia el fregadero para enjuagar mis platos. La televisión aún se encontraba encendida en la sala de estar, pero solo se podía escuchar ruido blanco. Sin embargo, al girar el grifo, me pareció escuchar un nombre familiar. Yendo hacia la puerta entre la cocina y la sala de estar, vi que estaban las noticias, y un reportero se hallaba de pie frente a una gran casa señorial que tenía que estar en Parkwick. Comprendí inmediatamente que hablaba de Inojin Yamanaka.
—... El cuerpo de trece años de edad, fue descubierto a las orillas del río Waliki, a unos seis kilómetros de su residencia aquí en Parkwick, donde Inojin fue visto por última vez caminando a casa desde la parada de autobús la tarde del miércoles. Inojin es hijo del prominente gestor de fondos Ryan Yamanaka y su esposa, la socialité Sue Yamanaka. No tenemos más detalles aparte de que el cuerpo del chico ha sido identificado positivamente, y que la policía y el FBI dictaminaron la muerte como homicidio...
Me apoyé en el marco de la puerta; mis rodillas amenazaban con vencerse debajo de mí. Me quedé ahí respirando fuerte mientras una creciente sensación de pánico me abrumaba. El reportero de noticias recitó que el FBI ahora lideraba la investigación del inquietante asesinato, afirmando que el cuerpo de Inojin fue encontrado lleno de heridas, y con señas preliminares de que el chico fue torturado.
Cuando las noticias cortaron a un comercial, llevé una mano temblorosa hacia el teléfono, pero la línea del tío Sasori fue directamente al correo de voz nuevo.
—¿Sasori? Soy Sakura. ¿Has oído las noticias? Es Inojin Yamanaka. Lo encontraron, y fue asesinado. Por favor, llámame, ¿de acuerdo? De inmediato. ¿Por favor?
Todavía sosteniendo el teléfono, fui hacia el viejo sillón de cuero de papá y me desplomé en él. Me quedé mirando la televisión, pero el locutor ya había pasado a un incendio en el vecino Willow Mill.
El timbre sonó dos veces y gritos de: "¡Dulce o truco!" resonaron en la puerta, pero no me moví del sillón de papá. En cambio me senté ahí y lloré durante mucho tiempo, sintiéndome tan culpable que apenas podía mantener mi cena en el estómago. Si tan solo hubiera insistido en que la señora Yamanaka me escuchara. Si tan solo hubiera corrido tras ella antes de que se fuera de nuestra casa para decirle—: ¡Por favor, no lo deje salir de casa el próximo miércoles! —O si no le hubiera colgado más tarde esa noche, sino que hubiera intentado más duro conseguir que me escuchara, Inojin aún podría estar vivo.
A las ocho me sequé los ojos con la manga de mi sudadera y permanecí cautelosa. La habitación se oscureció, y a pesar de que Ma dormía en el sofá, encendí una luz, entonces cojeé hacia la puerta para comprobar los dulces.
Después de batallar para abrir la puerta, vi el recipiente de plástico t irado y roto en la parte inferior de la acera, y rollo de papel higiénico colgaba de las ramas del pequeño árbol de arce en nuestro patio delantero.
Estuve sentada en el interior y no escuché nada.
Mis hombros cayeron, y estaba a punto de recoger lo que quedaba del tazón cuando vi un sedán oscuro serpentear por la calle para aparcar a pocas casas de distancia. La farola cercana despedía luz suficiente para que pudiera ver dos figuras en su interior. Sentí frío por todas partes. Sabía con certeza que me buscaban, esperando y observando. Ya era oficial. Me encontraba en serios problemas.
