Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

01/11/2014

Tío Sasori condujo hasta Konoha al día siguiente, justo después de que el FBI lo llamó para decirle que querían hablar conmigo de nuevo. Llegó en su brillante BMW, con un traje negro y corbata dorada. Sasori siempre se ve bien, pero hoy puedo decir que había puesto un poquito más de esmero en su apariencia. La visión de él que parecía tan fuerte y confiado me hizo sentir mejor. Me acompañó hasta el coche después de tomar un vistazo a Ma, que había golpeado a la botella fuertemente el día anterior; a pesar de que era casi mediodía, todavía estaba bastante aturdida. Tío Sasori le dijo que era mejor que se quedara en casa.

Una vez que estábamos en el coche, Sasori se volvió hacia mí y dijo—: ¿Cómo estás, chica?

Me encogí de hombros.

—Estoy bien, supongo.

—No, quiero la verdad —presionó, con el ceño fruncido y preocupado—. ¿Cómo estás?

Casi me reí. Era ridículo.

—Estoy bien, Sasori. ¿Podemos irnos?

Pero Sasori no arrancó el coche. En su lugar, miró hacia la casa, luego a mí.

—Siempre puedes venir a vivir conmigo, ya sabes —dijo en tono serio.

Tragué saliva. Amaba a Sasori, pero desde que mi padre murió, tenía problemas con la ciudad. De hecho, esa había sido una de las razones por las que Ma nos había trasladado todo el camino hasta aquí. Había empezado a tener ataques de pánico y no era capaz de concentrarme en la escuela. Algunos días en clase me sacudía tan fuerte que no podía sostener un lápiz. Otras veces me parecía que no podía recuperar el aliento, y casi me desmayaba.

En el momento en que nos mudamos de Brooklyn, dejando atrás todo el ruido y la gente, me había calmado. Pero era difícil para mí ir a la ciudad para visitar a Sasori aunque sea por un día sin los ataques y falta de aliento regresando. No podía imaginar vivir ahí de nuevo.

Luego estaba Ma para considerar. Estábamos a una hora y cuarenta minutos en coche fuera de la ciudad de Nueva York, dos horas y media en tren. No podía dejar a Ma, porque ¿quién podría llegar rápidamente a ella si algo malo le pasaba?

—Gracias, Sasori —dije—, pero estoy bien.

Sasori suspiró y arrancó el coche, en dirección al oeste. Konoha, Suna, Willow Mill y Parkwick son todas aldeas que técnicamente están dentro de la ciudad de Grand Haven, Nueva York. En su mayoría, los pueblos rodeaban Grand Haven como planetas en un sistema solar, y las diferencias entre los pueblos se miden más por el tamaño de las casas que cualquier otra cosa. Willow Mill está por debajo de Konoha, y Suna esta adelante, pero se necesitaría hacer una carrera para entrar en Parkwick. El resto de Grand Haven no es tan grande, sin embargo, la mayoría de nosotros nos rozamos las narices. Todos tenemos nuestro propio sistema escolar con cerca de mil niños en cada escuela secundaria, salvo el propio Grand Haven tiene dos escuelas, Norte y Su, y tienen por lo menos dos mil niños en cada una. Ambos de sus equipos de fútbol derrotan nuestro equipo todos los años, pero por lo general nos destacamos con la posibilidad de dar batalla contra las otras escuelas. Aun así, parece que siempre estamos compitiendo con Suna por el segundo al último lugar.

El centro de Grand Haven es pequeño si lo comparas con cualquier otra ciudad importante, especialmente con Nueva York, pero cada año se ponen unos cuantos edificios de oficinas altos. Ahora incluso tienen dos centros comerciales.

Las oficinas están en el centro, a una cuadra de la estación de policía en un edificio que es nuevo y de moda. No es el tipo de lugar en el que uno esperaría encontrar al FBI.

Sasori tomó dos lugares en el estacionamiento para que nadie pudiera aparcar demasiado cerca de su BMW, y luego se dirigió hacia las escaleras, siempre toma las escaleras, y finalmente llegamos al tercer piso. Las pisadas de Sasori eran firmes y seguras como el viento de nuestro camino a través de los laberintos de pasillos. Yo estaba caminando de puntillas.

Por fin llegamos a un pasillo central que rodeaba el vestíbulo y alrededor de una gran escalera con una barandilla de latón reluciente. Sasori siguió la barandilla hasta un conjunto de puertas dobles de cristal con un cartel que decía: OFICINAS DEL FBI SUCURSAL DE GRAND HAVEN. Antes de tirar las puertas para abrirlas, Sasori se detuvo con la palma de la mano en la manilla y dijo—: Recuerda, Sakura, no contestes ninguna pregunta sin mirarme para ver si lo apruebo; y si lo hago, solamente responde la pregunta, ¿de acuerdo? Nada más. No elabores más allá de respuestas simples.

Mi boca se había secado cuando habíamos llegado a la tercera planta, y quería un vaso de agua. Mis piernas estaban temblando, y me pareció difícil concentrarme en lo que Sasori estaba diciendo. Aun así, me las arreglé para asentir cuando me miró y abrió la puerta. Caminamos en un lugar bastante ocupado para ser un sábado.

—Ellos monitorean la mayoría del tráfico de drogas y armas que entran y salen de Nueva York a partir de aquí —susurró Sasori. Eso tenía sentido cuando pensaba en ello, como Grand Haven se encuentra justo al lado de la I -87, que se dirige directamente a Canadá.

Sasori señaló una silla de cuero en el vestíbulo y me senté mientras él revisaba con la recepcionista. Después de dejarles saber a los federales que estábamos aquí, ella se acercó a nosotros. Su fecha de muerte era 12-02-2061.

—Los agentes Uchiha y Sarutobi estarán con ustedes en un momento. ¿Puedo ofrecerles algo de beber mientras esperan?

—Café —dijo Sasori, con una sonrisa. Sasori es un gran flirteador.

—Tomaré agua, por favor —dije.

Después de que regresó con nuestras bebidas, el agente Uchiha apareció y nos hizo señas para que lo siguiéramos. Nos llevó a una oficina con las paredes de cristal, en el que nos señaló a dos sillas que enfrentaban su escritorio, y mientras tomamos nuestros asientos Sarutobi entró en la oficina, empujando una silla frente a él.

Uchiha cerró la puerta detrás de Sarutobi antes de tomar su asiento, y moví mi mirada a su escritorio. Estaba atestado de papeles y archivos, pero una de las esquinas estaba bastante limpia. Varios marcos estaban organizados ahí de espaldas a nosotros. Supuse que eran de su familia, y me sentí extrañamente curiosa acerca de cómo lucían su esposa e hijos. Entonces miré a la pared detrás de Uchiha y vi tres filas de fotos policiales de los criminales con aspecto peligroso. Todos ellos tenían la palabra CAPTURADOS estampada en rojo brillante en la parte superior de las fotos. No pude dejar de notar que algunos de ellos ya estaban muertos.

Tardíamente, me di cuenta de que Sarutobi y Uchiha, ambos me miraban en silencio como si estuvieran esperando una confesión completa. Me moví en mi asiento y miré a Sasori, que parecía impaciente para hacer que las cosas se pongan en marcha.

—¿Tienen preguntas para nosotros, o tenemos que volver un día sin toda esta excitación, chicos? —dijo Sasori.

Tanto a Uchiha como Sarutobi parecía que no les gustara su actitud. Sarutobi miró y Uchiha preguntó.

—¿Tienen prisa, consejero?

—Sí, agente Uchiha. La tengo —respondió Sasori, tirando de los puños de su camisa y tirando de su corbata. Él estaba jugando con el papel de abogado de pez gordo.

Uchiha rodó un poco los ojos, pero volvió su atención hacia mí

— Afirmaste cuando hablamos contigo hace unos días que nunca conociste a Inojin Yamanaka. ¿Eso es correcto, Sakura?

Miré a Sasori, y él asintió.

—Nunca lo conocí —dije. Pensé que debería dejar perfectamente claro a Uchiha, por lo que añadí—: Nunca conocí a Inojin o he hablado con él o le envié mensajes de texto o correos electrónicos. Nunca lo conocí de ninguna manera en absoluto.

Uchiha parecía confundido

— Mira, esto es lo que no entiendo: si no conoces o hablaste o te escribiste o intercambiaste correos electrónicos con Inojin, entonces, ¿cómo exactamente podías saber que había sido asesinado cuando ni siquiera nosotros lo supimos hasta ayer?

Miré a Sasori, un poco exasperada. Si esta era la forma en que esto iba a ir, entonces íbamos a estar aquí por un muy largo tiempo. Sasori puso una mano en mi brazo y dijo—: Como mi sobrina y cuñada les habían dicho, Sakura tiene un talento especial y único. Tiene habilidades psíquicas que le permiten predecir con precisión la fecha de muerte de cualquier individuo. Ella no sabía que Inojin sería asesinado, sólo que iba a morir, y esta información se trató de compartir con su madre cuando vino a ver a mi sobrina para una lectura profesional.

Sarutobi miró de soslayo a Sasori. Me di cuenta de que no le creía más de lo que me había creído a mí.

—Sí —dijo, sacando la palabra—. Ella es psíquica.

Abrí la boca, pero miré a Sasori primero. Estaba mirando a Sarutobi, así que tomé la oportunidad y dije—: Te lo dije antes, no soy psíquica. Veo fechas. Eso es todo. No tengo visiones, y no puedo predecir el futuro, y no veo gente muerta. Todo lo que veo es una fecha, y eso es lo que le digo a la gente. Les digo el día que van a morir.

Sarutobi negó con la cabeza un poco. Estaba claro que no se lo tragó.

—¿En serio? —preguntó—. ¿Qué día voy a morir?

Lo dijo con tanta ligereza que abrí la boca para decirle aunque sea sólo para dejarlo conmocionado, pero Sasori puso su mano en mi brazo y le dio un apretón firme.

—No estamos jugando ese juego, agente Sarutobi —dijo.

—¿Es esto un juego? —preguntó Uchiha.

—Sólo para ustedes, chicos —respondió Sasori. Estoy totalmente de acuerdo. Es evidente que esos dos estaban jugando su propio juego de policía malo y policía malvado.

Uchiha resopló y volvió a mirar el archivo.

—Tengo curiosidad acerca de la coartada que Sakura nos dio para el día en que Inojin desapareció.

—Ella estaba con su mejor amigo, Naruto Uzumaki, estudiando para un examen de química —dijo Sasori, su mano todavía en mi brazo—. Tanto ella como su mejor amigo ya te han dicho eso.

—Acerca de Naruto —dijo Uchiha, cambiando de página en su archivo—. ¿Cuál es la relación, Sakura? ¿Tienen un asunto?

No sabía a lo que él quería llegar así que miré a Sasori, y después de un momento él asintió hacia mí para que contestara.

—No —dije—. Sólo somos amigos.

—Mejores amigos —corrigió Uchiha—. ¿Correcto?

Mis palmas sudaban. Tenía tanto miedo de darles una respuesta que podría hacerlos sospechar más de mí que no quería confirmar o negar nada. Pero Sasori estaba asintiendo a mí otra vez, así que dije—: Sí. Somos mejores amigos.

—¿Podría Naruto mentir por ti, si se lo pidieras? —preguntó Uchiha.

Sabía exactamente a lo que quería llegar, y Sasori lo sabía, también.

—Él no está mintiendo acerca de su coartada, agente Uchiha. Siga adelante.

—¿Cuánto obtuviste en el examen de química? —preguntó Uchiha casi demasiado casual.

Respiré un poco más fácil.

—Un noventa y ocho —dije. Podían comprobarlo si querían, y no tenía ninguna duda que lo harían.

Sasori se sentó con una sonrisa satisfecha. Le gustó mi respuesta, también.

—Difícilmente la calificación de una joven que fue y asesinó un niño de trece años, un día antes —dijo, con un tono tan burlón como el de Sarutobi había sido.

—¿Mandaste un mensaje de texto o llamaste a cualquier persona durante ese tiempo? —me preguntó Sarutobi. Todavía estaba pescando.

—No señor. Estaba demasiado ocupada estudiando para mi examen de química.

Sarutobi y Uchiha intercambiaron otra mirada. Vi que sabían que no iban a meter más agujeros en mi coartada, era bueno. Por un momento tuve la esperanza que se rendían, pero luego Sarutobi se inclinó hacia el archivo en el escritorio de Uchiha y sacó algo de la parte posterior. Él lo golpeó delante de mí. Lo miré, y le tomó unos segundos a mi cerebro para captar lo que mis ojos estaban viendo, y para el momento en que comprendí que estaba mirando una foto de Inojin Yamanaka, que yacía muerto y ensangrentado en una pila de hojas y barro, ya era demasiado tarde para cerrar los ojos. Sasori reaccionó poniéndose de pie y arrebatando la foto de la mesa. Podía sentir mis ojos llenándose de lágrimas, la conmoción de lo que había visto me había agarrado totalmente por sorpresa.

—¿Qué demonios? —rugió Sasori, lanzando la foto de vuelta al agente Sarutobi.

Me mordí el labio y dejé caer mi mirada al suelo. Había escuchado al periodista decir que Inojin tenía muchas heridas y que había sido torturado. Pero al verlo en la fotografía era mucho, mucho peor que cualquier cosa que podría haber imaginado. El rostro del niño, el torso y los brazos eran una masa de cortes, quemaduras y heridas abiertas, y su garganta había sido abierta de par en par. Era la cosa más espantosa que jamás había visto, y estaba pasando una y otra vez en mi cabeza, bloqueando todo lo demás, incluso la habitación en la que estaba y los hombres que estaban aquí.

Traté de contenerme, pero una ola de emoción me sobrepasó y me incliné por la cintura y dejé escapar un sollozo desgarrador. Las lágrimas cayeron por mis mejillas y cerré los ojos, luchando por olvidar lo que había visto. Pero la imagen seguía sonando en mi cabeza. Los ojos sin vida de Inojin mirando fijamente hacia arriba, con la boca curvada en una máscara de la muerte con dolor, sus puños cerrados sobre su cabeza, y su pelo enmarañado con sangre. Y, sobre todo, no podía olvidar los números negros oscuros que asoman sobre su piel pálida fantasmal. 29-10-2014.

Me puse de pie y me tambaleé, sintiendo mi estómago sacudiéndose mientras Sasori gritó. Entonces me eché a correr fuera de la oficina, corriendo por el pasillo, tratando de mantener el impulso de vomitar antes de que pudiera encontrar un baño. Vi el cuarto de damas a mi derecha y me abrí paso en el interior, apenas entrando antes de perder mi desayuno.

Vacié, levanté y agarré el tazón durante varios minutos, llorando todo el tiempo.

—¡No lo sé! —le susurré una y otra vez—. ¡No lo sé!

Si hubiera sabido que eso le iba a pasar a Inojin, nunca, nunca volvería a dejar que su madre saliera de mi casa sin convencerla de que estaba diciendo la verdad.

Finalmente, me senté y agarré un poco de papel higiénico, limpiándome la boca y mejillas. Era barato, del tipo rasposo, pero fue un alivio sentir algo más que las náuseas y el arrepentimiento.

De repente, se oyó un golpe en la puerta del cubículo y me sacudí, golpeando mi botella de agua a mi lado, donde rodó debajo de la puerta. Me quedé quieta durante un par de segundos. No había oído entrar a nadie. Entonces vi una sombra en el suelo, y se asomaba desde debajo de la puerta del cubículo, vi una mano agarrando la botella de agua. Me las arreglé para levantarme y abrir la puerta. Había una señora (14-08-2058) allí de pie, tenía una insignia de oro en su cinturón.

—¿Estás bien? —me preguntó.

Di un suspiro tembloroso.

—Sí.

Me devolvió la mirada dubit ativa. Me mudé al lavabo, me lavé las manos, y eché agua fría a mi rostro. Todo el tiempo que estuve ahí, ella me miraba con una mezcla de desconfianza y simpatía. Sin embargo, algo acerca de su presencia se sentía fuera de lugar.

Me limpié la cara y las manos con una toalla de papel y luego me giré hacia ella. Me dio una botella de agua fresca.

—Te he traído una nueva —dijo. Pero había algo en el intercambio que se volvió a sentir fuera de lugar.

—No, gracias —dije, corriendo fuera del baño. Ella me siguió, y cuando llegué al pasillo, vi a Sasori de pie con los brazos cruzados y una mirada furiosa en su rostro. Junto a él estaban Uchiha y Sarutobi; sólo Uchiha parecía que tenía una pizca de compasión de mí. Sasori puso su brazo sobre mis hombros.

—¿Estás bien? — preguntó. Me las arreglé para asentir, y él se volvió hacia los agentes—. Hemos terminado aquí.

Nunca estuve más agradecida en mi vida, y me apoyé en él mientras nos alejábamos. No me dejó ir hasta que estuvimos junto a su coche, y abrió la puerta para mí y lo cerró una vez que había conseguido sentarme.

—Sacaron ese truco para medir tu reacción —dijo Sasori cuando él entró. Parecía estar derrotado—. Lo siento, Sakura. Debería haber esperado que harían algo así.

—Está bien —dije, limpiando mis mejillas porque las lágrimas no paraban.

Sasori miró por la ventana hacia el edificio.

—Esos hijos de puta — murmuró—. Si alguna vez intentan algo así de nuevo voy a presentar una queja ante el director de la oficina.

No he dicho nada. Simplemente quería que Sasori encendiera el auto y que me llevara a casa. Pero él se sentó allí unos minutos más, mirando fijamente el edificio.

—Oye —dijo al fin.

—¿Si?

—Gran trabajo en esa prueba de química.

Eso me hizo sonreír.

—Gracias —dije.

Si Sasori estaba bromeando conmigo, entonces la entrevista con los federales podría no haber sido tan mala como se sentía. Él puso una mano sobre mi cabeza.

—Hazme un favor, sin embargo, ¿de acuerdo?

—¿Qué?

—No más lecturas. —Tragué saliva y bajé la mirada a mis manos— Lo digo en serio, Sakura. Incluso si el presidente de Estados Unidos llama y dice que es un asunto de seguridad nacional, no le des a nadie su fecha.

Todo lo que podía pensar era, ¿qué es lo que Ma iba a decir? Sasori nos estaba pidiendo renunciar a una gran cantidad de dinero extra, y no importa cuántas veces él lo había ofrecido, Ma no había aceptado ni una sola vez el dinero de Sasori. No sabía cómo íbamos a hacerlo sin las lecturas.

Cuando dudé, Sasori añadió—: Escucha, chica, si vas a leer a alguien nuevo que está a punto de morir, y los federales se enteran de eso... Cariño, no quiero ni pensar en lo mal que te verás. No puedes hacer ninguna lectura más o decirle a nadie su fecha. Ni un alma. ¿Oyes?

Finalmente asentí a regañadientes.

—Está bien.

—Buena chica.

Y luego no pude evitar añadir—: El presidente no tiene que preocuparse, su fecha de muerte es como para dentro de cuarenta años más.

Sasori me alborotó el pelo.

—Sabelotodo. —Se rio entre dientes. Pero entonces me dio un codazo en el hombro, y cuando levanté la vista, señaló el titular entre nosotros—. ¿Dónde está tu botella de agua?

Parpadeé.

—La dama del FBI que entró en el baño la tomó.

Sasori dejó caer la cabeza hacia adelante para el volante.

—Bueno, supongo que darles tus huellas digitales y muestra de ADN era inevitable.

—Espera... ¿qué?

—Encontraron colillas de cigarrillos en la escena del crimen. Pondrán a prueba tu saliva de la botella contra las colillas de cigarrillos y seguirán buscando en la escena del crimen para cualquier cosa que pueda darles una impresión utilizable para compararla con la tuya. — Sasori sacudió la cabeza como si estuviera indignado consigo mismo—. No pensé decirte que trajeras la botella contigo, pero no es una mala cosa. Cuando el ADN no sea compatible, lo puedo usar en la corte si deciden levantarte cargos.

Sasori arrancó el coche, y sentí un escalofrío que me recorrió la espalda. Sus palabras, si deciden levantarte cargos, se reproducen una y otra vez en mi mente.

Antes de llegar a casa revisé mi teléfono. Había una docena de textos de Naruto. Él había oído hablar de Inojin y parecía realmente asustado. No quería llamarlo desde el coche, así que esperé hasta que llegamos a casa cuando Sasori estaba ocupado respondiendo a todas las preguntas de Ma y diciéndole que no tenía permitido hacer más lecturas.

Deslizándome arriba, llamé a Naruto.

—¡ .Dios! —dijo al minuto que contestó el teléfono—. ¡Él ha sido asesinado, Saku! ¡Asesinado!

—Lo sé —le dije.

—¡Oh, hombre, oh, hombre, oh, hombre! —dijo Naruto, y lo podía imaginar mientras iba y venía, pasando una mano nerviosa por su cabello—. Es toda nuestra culpa, Sakura. Deberíamos haber hecho algo.

Dejé caer mi cabeza y sentí que mis hombros se desplomaban. Naruto había dicho en voz alta exactamente lo que había sentido desde que oí que habían descubierto el cuerpo de Inojin.

—Pero hay algo peor —susurré.

Oí que Naruto tomo de aliento agudamente, entonces—: ¿Qué?

¿Qué más?

Lo puse al corriente de todo lo que había sucedido esa mañana. Naruto reaccionó enloqueciendo mucho más.

—¡Pero no tienes nada que ver con eso! —gritó—. ¡Saku, tienes que decirles! ¡Estabas tratando de ayudar a la señora Yamanaka para mantener vivo a Inojin!

—No creo que ellos me crean, Naruto.

Naruto se quedó en silencio por un largo tiempo.

—Debería haber hablado con ella en el restaurante —dijo—. O tú y yo deberíamos haber ido a su casa esa noche. Deberíamos habernos esforzado más para conseguir que nos escuchara.

—Lo sé —estuve de acuerdo, enferma de pesar por no haber hecho más para evitar la muerte de Inojin—. No sabía que iba a terminar así. No sabía que había sido torturado y asesinado. Pensé que iba a morir de alguna extraña razón médica que nadie podría haber detectado.

Una vez más Naruto se quedó en silencio por un largo tiempo. Luego dijo—: Lo siento, Saku. No quise decir eso cuando dije que era nuestra culpa. Intentaste advertir a la señora Yamanaka, pero ella no quiso escuchar. Nada de esto es tu culpa. Debería ser el que responde por ti.

Suspiré.

—No es tu culpa, tampoco, Naruto. Si hubieras llamado por teléfono, o ido por ahí, ella podría haber llamado a la policía por nosotros.

—O ella podría haber escuchado —respondió Naruto, su voz llena de pesar. Los dos nos quedamos en silencio por un minuto y luego Naruto dijo—. ¿Qué dice Sasori?

Acurruqué mis rodillas en la silla y las abrace con fuerza.

—Él dice que no tienen un caso, pero...

—¿Pero, qué?

—Puedo decir que está preocupado —susurré, más asustada de sentir eso de Sasori que cualquier otra cosa que me había pasado ese día—. Él ni siquiera quiere que haga más lecturas. Me dijo rotundamente que no estoy autorizada a decirle a nadie su fecha de muerte hasta que esto se calme. Si eso sucede.

Escuché suspirar a Naruto. —Bueno, si él dice que no hay caso, entonces le creo. Y no te preocupes, ellos descubrirán quién realmente hizo esto. Y entonces esos agentes te deberán una gran disculpa.

Apreté el teléfono y cerré los ojos. Era tan típico de Naruto pensar positivamente. Pensé que debía estar en su ADN o algo, porque siempre encontraba la bondad en todos y en cada situación. Pero él no había visto la fotografía del cuerpo de Inojin. No había visto los ojos duros y acusadores del agente Sarutobi.

Podía sentir cómo comenzaba a estar realmente molesta de nuevo, así que traté de terminar la llamada.

—Sí, está bien. Escucha, creo que Sasori me llama. Me tengo que ir.

Naruto parecía saber que lo estaba corriendo por teléfono.

—¿Vas a estar bien?

—Claro.

—¿Nos vemos en el restaurante mañana por la noche?

—Sí. Escucha, realmente me tengo que ir.

—Está bien —dijo—. Mándame un mensaje, más tarde.

Asentí, pero mi garganta se había llenado de emoción y no pude conseguir decir más palabras. Después de colgar, lloré en mi habitación por el resto del día.