Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

04/11/2014

Para la tarde del martes siguiente sabía que no era mi imaginación. Empezó con la señora Yuhi (18-11-2060), mi profesora de aula. Ella continuó mirando en mi dirección durante los veinte minutos antes de que empezara la clase. Y no era una mirada bonita. Decía: Sé lo que hiciste, y creo que eres terrible.

Traté de sacudírmelo. El asesinato de Inojin circulaba por todas las noticas y era lo único de lo que podía hablar todo el mundo en la escuela, pero no creía que nadie supiera que fui llamada por el FBI. Bueno, excepto por Naruto, y él nunca le diría a nadie.

Pero entonces mi profesor de química, el señor Guy (12-03- 2029), me llamó cuando la clase terminó y dijo—: Aguanta, Sakura. En este país eres inocente hasta que se demuestre lo contrario. —Y entonces supe que todos los profesores sabían.

Peor aún, el señor Guy parecía ser el único profesor de mi lado. En la clase de francés la señora Kato (02-02-2031) me habló en un mal tono por usar la preposición equivocada mientras que Shikamaru Nara (06-05-2067) hizo lo mismo justo antes y ella ni siquiera pestañeó. Naruto se me acercó por atrás y susurró—: ¿Por qué todos están actuando tan raro contigo?

No le contesté, porque en el pasillo escuché a Shimura llamar a un estudiante atrapado fuera de clases después de la campana. De repente me di cuenta que tal vez nadie sabía que fui llamada a las oficinas del FBI durante el fin de semana, pero podían saber sobre el encuentro en la oficina del director Shimura. La reacción del cuerpo docente fue demasiado intensa como para que solo supieran que me reuní con los agentes. Parecían saber los detalles de la conversación en la oficina del señor Shimura, lo que significaba que podría haber venido del mismo Shimura.

No sabía si él tenía permitido decirles a los otros profesores lo que fue dicho, pero era muy obvio que lo hizo, y en serio me molestó. Empecé a preguntarme a quien más le contó. Los reporteros cubriendo la noticia aún decían que el asesino de Inojin era un monstruo, y después de ver las fotos de su cadáver, lo sabía por experiencia. Era lo suficientemente malo que los agentes Sarutobi y Uchiha me creyeran capaz de hacerle algo como eso a un joven niño, pero era un tipo de pesadilla totalmente diferente pensar que todos mis profesores me creyeran capaz de eso, también.

Como si mis peores miedos se confirmaran, un poco después mientras dejaba Pre-cálculo, el señor Iruka dijo—: ¿Realmente mataste a ese chico, Haruno?

Lo había dicho tan bajo que casi no lo escuché, pero cuando alcé la mirada se hallaba mirándome del mismo modo que Sarutobi, como si él simplemente supiera que era culpable. Inmediatamente, bajé la mirada y salí precipitadamente de allí. Naruto tuvo que correr para alcanzarme.

—¡Oye! —gritó, siguiéndome a un hueco de la escalera apenas usado—. ¡Saku! ¿Qué pasa?

—Nada —dije, tratando de esconder mi cara de él. No quería hacer un gran lío de ello más de lo que ya era, y me sentía aterrorizada de que alguien más en la escuela fuera a descubrirlo.

Naruto frunció el ceño y atrapó mis brazos para detenerme de alejarme.

—Hablarías conmigo, ¿por favor? En serio, ¿qué pasa?

Respiré profundamente.

—Estoy bastante segura que el señor Shimura le dijo a los otros profesores sobre el encuentro con los federales en la oficina.

—Vaya —susurró—. ¿Puede hacer eso?

Me encogí de hombros.

—No lo sé, pero ya no importa porque obviamente el rumor existe, y muy pronto, toda la escuela sabrá y todo el mundo va a pensar que soy una asesina.

Naruto me miró con un poco de humor. Él siempre sabía cuándo era melodramática, pero esta vez no actuaba. En serio me hallaba locamente asustada.

—Oye —dijo—. No pienses eso, ¿bien? Ninguno de los chicos se enteró todavía, ¿cierto? Y tal vez los profesores lo mantendrán en silencio hasta que los federales en realidad atrapen al tipo que lo hizo.

De repente un terrible pensamiento se me ocurrió.

—Pero que si no lo hacen, ¿Naruto? ¿Qué si nunca atrapan al asesino y esto se cierne sobre mí por siempre?

Naruto me giró hacia adelante para que caminara con él y me empujó con el hombro.

—No puedes permitirte pensar así. Tienes que creer que los federales solo necesitan un poco de tiempo para hacer sus cosas y descubrirlo, y entonces todo el mundo va a lucir totalmente estúpido por pensar que pudiste haber sido tú.

La campana sonó, y Naruto apresuró sus pasos, entrelazando su brazo con el mío.

—Vamos —dijo—. Trata de no pensar en ello, ¿de acuerdo?

Lo dejé empujarme a nuestra próxima clase, pero por el resto del día evité mirar a cualquier cosa además del libro de texto en frente de mí.

Después de la escuela me apresuré para encontrarme con Naruto en el soporte para bicicletas. Lo encontré de pie junto al lado de mi bici con un fajo de toallas de papel de nuevo. Hubo incluso más huevos en esta ocasión.

—Odio a esos dos —espeté mientras él y yo trabajábamos para conseguir quitar la suciedad. Desde cerca podíamos ver a Kabuto y Shino riendo y palmeándose el uno al otro.

Para colmo de males, en ese momento Temari y un grupo de sus amigas pasaron caminado.

—Ewwww —dijeron colectivamente mientras secábamos el desorden.

Sentí mis mejillas arder.

—Ignóralas —me aconsejó Naruto.

Sabía que él tenía razón, pero no podía evitar alzar la cabeza para fulminarlas con la mirada mientras pasaban. Y fue ahí cuando noté al director Shimura de pie cerca de la puerta observando a Naruto y a mí. Entonces miró hacía Shino y Kabuto, quienes aún se reían, y entonces Shimura simplemente se dio vuelta y se dirigió de nuevo adentro. Sentí algo amargo girar en mi interior.

—¡Listo! —dijo Naruto, atrayendo mi atención—. Como nueva. — Quitó el último de los huevos y reía brillantemente hacia mí.

—Gracias —le dije. En serio quería salir como el infierno de ahí.

—Oye —dijo Naruto mientras montaba la bici y nos íbamos a casa—. ¿Lista para el juego del viernes?

Suspiré. Había sido un día muy malo por lo que era difícil enfocarme en algo bueno.

—¿A qué hora nos encontraremos? — pregunté, todavía un poco distraída.

—Creo que si llegamos antes de las siete podemos tomar un buen lugar. ¿A menos que quieras ir al reto de porristas a las tres?

Incliné la cabeza.

—¿Al qué?

Naruto rio.

—Las porristas de Suna desafiaron a nuestro escuadrón a unas dificilísimas pruebas. Eso es a las tres.

No puede evitar reírme. Naruto era tan adorablemente devoto a nuestro equipo de porristas, uno de los mejores en el estado, que me hacía morir de risa. Creo que su única fascinación comenzó cuando Naruto era joven y solía sentarse con su papá los domingos en la tarde y ver fútbol. Su padre, quien era de Texas, siempre apoyaba a los Cowboys, y cuando el equipo de Dallas no jugaba bien, lo cual era con frecuencia, su padre se enfocaba en la liga de las mejores porristas. Naruto, que era súper torpe, nunca le interesó el fútbol, pero se enamoró de todas esas muchachas bonitas sacudiendo sus bienes y haciendo sus saltos, giros y vueltas. Las porristas combinaban dos cosas que Naruto idolatraba: las personas bonitas y la buena coordinación. Él lo amaba.

—Creo que Suna tiene un gran escuadrón este año —dije, solo para fastidiarlo.

—Sí, también lo escuché, por eso quiero ir. ¿Te apuntas?

Suspiré. Ma había estado teniendo un momento muy duro últimamente con todo el estrés de la investigación y la preocupación sobre el dinero ahora que yo no podía hacer lecturas.

—Nah —dije finalmente—, debo salir con Ma después de clase. ¿Por qué no vas al reto de porristas y luego me recoges a las seis y media?

Cuando no respondió, miré y vi que se había quedado atrás y miraba sobre su hombro.

—¿Naruto?

Obtuve su atención, y empujó duró en su patineta para alcanzarme de nuevo.

—No quiero asustarte o algo así, pero hay un coche siguiéndonos.

Miré hacia atrás tan rápido que sentí el bamboleo de mi bici debajo de mí. Sin duda, un auto negro cruzaba lentamente la calle. Venía muy lejos para ver quien lo manejaba, pero tuve una buena idea.

—Vamos a cortar a través del parque —dije.

Apresuramos nuestro paso al parque, donde el coche no pudo seguirnos. Me sentí muy bien sobre despistar a mis agentes menos favoritos del FBI hasta que me separé de Naruto y llegué a la esquina de mi calle, sólo para encontrar ese mismo auto negro estacionado en la acera cerca de mi casa. Tuve la tentación de mostrarles el dedo corazón, pero me detuve porque no sabía si existía alguna ley extraña en contra de sacarle el dedo a un federal. Junto con no hacer ninguna de mis lecturas, Sasori también me advirtió que mantuviera mi nariz limpia.

Por lo que por los próximos días ignoré a cada profesor que me dio una mirada sospechosa. También al auto negro que aparecería inesperadamente frente a nuestra casa o dos casas más abajo en la calle y se estacionaba allí por horas. En la noche del juego, Ma me hizo la cena, lo que era enorme viniendo de ella. Me sorprendió con espaguetis a la carbonara, el plato favorita de papá.

—Sé que esto ha sido duro para ti —dijo mientras nos sentábamos juntas—. Pero quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti.

Parpadeé. La muestra inesperada de ternura de Ma me agarró fuera de guardia.

—Gracias —le dije.

Asintió y jugó con sus cubiertos. De repente parecía nerviosa por algo.

—Sin embargo, si quieres volver a hacer un par de lecturas aquí o allá, no me importaría.

Mi respiración se atascó. Sentí rabia alzarse como calor desde mi pecho a mis mejillas. Sabía que era la adicción de Ma hablando pero, ¿por qué tenía que arruinar un muy dulce momento por ser tan transparente?

—Sasori dijo que no podía —le recordé, incapaz de mantener la amargura fuera de mi tono.

Ma aún jugaba con sus cubiertos.

—Lo sé. Pero lo que Sasori no sabe…

Miré el plato de pasta, y mi apetito se esfumó. Ma debió haber notado que me sentía disgustada porque rápidamente agregó—: Es sólo que el cheque de liquidación no cubre todas nuestras necesidades, Sakura. Sabes que siempre estamos escasas de dinero al final del mes.

Aguanté la réplica que tenía en la punta de mi lengua. Yo era la que siempre se aseguraba de escribir los cheques y enviar los pagos, porque de lo contrario Ma se olvidaría y tendríamos un corte de electricidad. Yo sabía también como ella lo que entraba y lo que salía, y lo que siempre nos dejaba escasas de dinero era la cuenta de bebidas alcohólicas. Me aclaré la garganta y miré a mi plato.

—No creo que sea una buena idea.

Asintió renuentemente.

—Bien, entonces tal vez buscaré algo — dijo, pero podía decir que se sentía molesta. El historial de empleo de Ma era irregular en el mejor de los casos. Y debido a que había perdido su licencia, lo que sea que solicitara debía estar a poca distancia caminando o un corto tramo en autobús, por lo que sabía lo muy limitado que sería capaz de conseguir.

Comimos el resto de la comida en relativo silencio, y no podía esperar a salir por la puerta trasera y dirigirme al juego. Le había dicho a Naruto que me encontrara en el bloque detrás de mi casa así evitaríamos el auto negro que podría estar en el frente. Después de cortar el camino a través del patio de las personas detrás de nosotras, salí a la calle Mt. Clair, donde vi a Naruto en la minivan de su madre un poco más abajo en la calle.

—¡Hola! —dijo cuando entré—. No sabía cuál casa era la trasera a la tuya.

—Lo hiciste bien —le dije, e hicimos nuestro camino a través de mi vecindario, cuidadosos de mantenernos lejos de mi calle. La ruta nos llevó un poco fuera de nuestro camino, pero valdría la pena si podíamos evitar los federales.

En el camino, Naruto se emocionó y dijo—: ¡ .Mio, Saku! ¡Espera a que veas a la nueva chica en el equipo de Suna!

Reí.

—¿Lo tomo como que es linda?

—No —dijo con una sonrisa tímida—. ¡Es hermoooosa!

Reí de nuevo. Naruto perecía tener un nuevo enamoramiento en una porrista diferente cada año. Después de llegar a la escuela, Naruto estacionó cerca de una farola y nos dirigimos a la puerta donde tuvimos que mostrar nuestras identificaciones escolares para entrar. Ni siquiera nos molestamos con las gradas de Konoha High, sino que fuimos hacia el lado del equipo visitante.

En el camino pasamos por el puesto de comida, donde ya había una línea. Vi a los chicos con los que crecí: TenTen Ama (14-01-2100), Lee Rock (17-03-2024), Temari Akamichi (09-10-2082), and Gaara Masako (21-09-2071). Monté en el autobús a la escuela primaria con TenTen y Lee. Estuve en la misma clase de catecismo con Gaara, y fui a la al cuidado después de la escuela con Temari. Y, sin embargo, cuando Naruto y yo los pasamos, apenas hubo un destello de reconocimiento. Me acostumbré a ser ignorada por mis compañeros de clase, pero con toda la cosa de Inojin Yamanaka rondando mi cabeza me sentía más vulnerable y sensible a ello, lo cual me hizo más agradecida por mi amistad con Naruto.

Las gradas del lado del equipo visitante se encontraban bastante llenas, Suna High es nuestro rival más cercano, y su escuela siempre venía a apoyarlos, pero Naruto nos consiguió grandes asientos a tres filas en la esquina derecha. Me senté e inmediatamente empecé a escudriñar la banca del equipo visitante, la cual era un sinnúmero de azul claro y blanco brillante a excepción de tres camisetas de rugby azul marino. Encontré a quien buscaba de inmediato.

—Él está aquí —susurró Naruto, sonriendo y apuntando su barbilla a una de las camisetas de rugby.

Sonreí en respuesta, y saboreé el rápido repunte de mi corazón mientras veía los rizos oscuros y hombros anchos que reconocería en cualquier lugar. Sasuke era tan hermoso como lo recordaba. Tal vez más desde la primavera pasada, cuando lo vi por última vez, había crecido y sus hombros eran ahora más anchos.

Desde el primer año en el que fue el encargado del equipo de fútbol de mantener las estadísticas para los entrenadores y afianzado duramente para Suna. Usualmente lograba verlo dos o tres veces al año, cuando nuestros equipos de fútbol americano se enfrentan y luego durante la primavera cuando él jugaba soccer para Suna. Nuestros equipos de soccer siempre se enfrentaban dos veces: una durante la temporada regular y la otra durante los play-offs; por lo que lo veía en esos dos enfrentamientos, pero era difícil acercase a él porque siempre se encontraba en el campo.

Mientras miraba la parte de atrás de la cabeza de Sasuke, ese nudo que estuve llevando en mi pecho desde que Inojin había sido secuestrado empezó a aflojarse. No quería nada más que sentir la textura de los rizos suaves de Sasuke. Y entonces, como si sintiera que alguien lo observaba, vi esa cabeza girarse. Aparté la mirada rápidamente, fingiendo estar enfocada en el juego. Pero entonces robé otra mirada y me sorprendió ver Sasuke devolviéndome la mirada.

Por un momento no pude respirar o apartar la mirada. Y entonces sonrió, y mi corazón se detuvo. Creo que se saltó al menos tres latidos antes de que comenzara a golpear de nuevo. Naruto me dio un codazo.

—¡Te está mirando! —susurró.

Sentí las esquinas de mi boca levantarse y mi cerebro confuso. ¿Esto podría estar realmente pasando? ¿Podría este chico al que adoré secretamente por los últimos dos años en verdad, en serio estar sonriéndome? Y luego me di cuenta que sí. Y entonces, incluso más milagroso, fui capaz de sonreírle de vuelta. En ese instante todo se silenció, y se sintió como que el mundo entero se detuvo para permitirnos un momento de perfección. Fue lo mejor que sentí en toda mi vida.

Hola, articuló.

Mi respiración se volvió rápida y me mareé mientras mis manos comenzaron a temblar. Su sonrisa se ensanchó, y de alguna manera me las arreglé para asentir y devolverle la sonrisa, en silencio agradeciendo a Dios por este pequeño pedacito de felicidad perfecta.

Al segundo siguiente el hechizo se rompió cuando la multitud hizo erupción en un rugido. Salté cuando todas las personas alrededor se alzaron en sus pies y empezaron a alentar y aplaudir. Perdí de vista a Sasuke, y para el momento en que la multitud se calmó de nuevo, vi que regresó a garabatear en su portapapeles y centrarse en el juego. Pero tuve ese momento; ese momento único, dulce, sorprendente, perfecto. Cerré los ojos para reproducirlo en mi mente.

— ¡Saku! —me susurró Naruto excitadamente.

De mala gana, abrí los ojos. Naruto señalaba al equipo de porristas ahora moviéndose por los laterales.

—¿La ves? —dijo, empujándome mientras apuntaba a una chica exótica bonita con el pelo negro sedoso, una nariz puntiaguda y labios carnosos.

Más o menos el sueño húmedo de todo adolescente de secundaria. También se hallaba tan fuera de la liga de Naruto, pero como su mejor amiga, no se lo iba a decir.

—Su nombre es Hinata —dijo Naruto, y juré que le agregó un suspiro—. Hinata Hyuga. Es de segundo año, y se mudó desde Colorado hacer tres meses.

No lo pude evitar y me reí. Se veía tan enamorado.

—¿Cómo sabes su nombre y su historia ya?

Naruto se sonrojó.

—En el desafío de porristas de hoy pretendí estar en el periódico de Konoha y le pregunté al asistente del entrenador de Suna sobre ella.

—Estoy impresionada —dije. Déjenle a Naruto pensar en algo inteligente para averiguar acerca de la nueva chica en el equipo.

—Dios, es taaaaan bonita. —Suspiró. Junto a nosotros uno de los chicos de Suna miró a Naruto como si fuera raro, y Naruto se sonrojó. Aclarándose la garganta, agregó—: Quiero decir, vamos Suna.

Reí en mi mano, y Naruto cuadró sus hombros, tratando de reunir su compostura, pero lo vi continuamente robar miradas en dirección a Hinata. Aun riendo, estaba a punto de burlarme un poco cuando una pareja de padres hicieron su camino hacia los bancos justo debajo de nosotros y sentarse. El hombre se ubicó frente a mí, impidiendo la vista perfecta que poseía del banquillo del equipo de Suna.

—Genial —murmuré, inclinándome hacia la derecha y a la izquierda, tratando de mirar alrededor de él, pero era demasiado grande.

Empecé a buscar otro lugar donde sentarme, y le señalé a Naruto que teníamos que movernos. Frunció el ceño porque él todavía tenía una buena vista de Hinata, pero entonces señaló a una pequeña área en la parte frontal que era el punto muerto para las porristas y aún más cerca de Sasuke.

Asentí, y nos levantamos e hicimos nuestro camino hacia allá. Mientras nos movíamos, esperaba que Sasuke no levantara la vista y me viera acercándome a él; no quería ser esa chica. Sin embargo, me sentía valiente con Naruto a mi lado. Por fin nos acomodamos de nuevo y ambos nos sonreímos. Misión cumplida. Sentí una burbuja caliente en mi cintura, y parecía que no podía dejar de sonreír.

—Debemos ser tranquilos —dijo Naruto, claramente luchando con su propia sonrisa.

Las porristas charlaban y chismorreaban felizmente unas con otras, y gran parte de la atención se centró en Hinata. Hubo un tiempo de descanso desde el lado de Konoha, y los equipos se reunieron alrededor de sus entrenadores, permitiéndonos escuchar algo de lo que el equipo de animadoras decía.

—Eres tan afortunada —le dijo una chica a Hinata—. ¡No puedo creer que vayas a conseguir un puto coche en tu cumpleaños!

—Es solo porque mis papás se sienten culpables acerca de mudarme aquí justo antes de mi segundo año —respondió Hinata, como si conseguir un coche para su cumpleaños no fuera gran cosa—. Quiero decir, me encanta aquí y todo, pero ellos no tienen que saber eso, ¿cierto? —Todas las chicas rieron.

—¿Cuándo lo tendrás? —preguntó otra chica.

—¡El próximo miércoles, en mi cumpleaños! —dijo Hinata, tan complacida con ella misma y la atención, que yo no entendía como no podía dejar de atraer a Naruto—. ¡Conseguiré las llaves después de la escuela, y unos dos segundos después las recogeré, perras, y haremos algún daño mayor en la tarjeta de crédito de mi padre!

Todas las chicas gritaban y reían, y no podía dejar de sentir que si mi padre estuviera vivo, no había manera de que yo dijera algo tan estúpido y superficial. Pero cuando Naruto se volvió para sonreírme, puse una sonrisa en mis labios y asentí como si estuviera feliz y emocionada por Hinata, también.

Un silbato sonó entonces, y los equipos rompieron su grupo y comenzaron a dirigirse hacia el centro del campo. Lancé un vistazo a Sasuke y vi que me buscaba y sonreía de nuevo. Sentí el calor en mis mejillas, y aparté la mirada con timidez, en secreto encantada. Pretendiendo tener interés en la multitud, me congelé cuando mi mirada aterrizó en alguien familiar. Todos esos sentimientos cálidos y blandos que tuve un momento antes se desvanecieron, y se me heló la sangre. Mirándome fijamente, no era otro que el agente Sarutobi, que estaba sentado a mitad de camino en las gradas. Justo a su lado se hallaba el agente Uchiha, quien miraba el campo. Inmediatamente, giré mi cabeza para mirar hacia delante de nuevo y golpeé una mano en el brazo de Naruto.

—¿Qué? —preguntó.

Pero me sentía demasiado nerviosa para hablar. No podía creer que los dos agentes consiguieron seguirnos al juego e incluso nos acechaban en las gradas del equipo visitante. No sabía qué hacer.

—¡Oye, mira, están comenzando! —dijo Naruto, su atención ya de vuelta en Hinata.

Efectivamente, el escuadrón de Suna se extendía en el pequeño tramo entre las tribunas y el campo, y comenzaron a aplaudir y zapatear. Mientras tanto, mi mente daba vueltas, y sentía que necesitaba salir de allí, pero ¿los federales simplemente no me seguirían? ¿Salir apresurada no haría que llamase la atención? ¿Y qué si Sasuke veía? ¿No vería la mirada de pánico en mi rostro? No podía arriesgarme a mirarlo.

Junto a mí escuché la respiración de Naruto trabarse, y me di cuenta que Hinata seguía esquivando a la derecha, cada vez más y más cerca de donde nos sentábamos. Se detuvo frente a nosotros. Y entonces la cosa más horrible pasó. Se hallaba tal vez a menos de un metro y medio de distancia de mí; lo suficientemente cerca para ver el color de sus ojos y leer la fecha en su frente.

Por un momento estuve tan aturdida que ni siquiera pude respirar, y entonces nuestros ojos se encontraron y la expresión en su cara se volvió confusa. Pero no podía apartar la mirada de ella; la fecha en su frente sobresalía en su piel oliva y flotó en el aire como burlándose de mí.

— ¡Oh, Dios! —jadeé, y salté a mis pies, saliendo en estampida por las escaleras que conducían al costado del campo.

No paré hasta que llegué al estacionamiento, pero a partir de ahí no sabía muy bien a dónde ir. Me sentí en pánico y conmovida, y como si todo mi mundo se hallase siendo arrastrado por un agujero negro de pequeños números. Naruto me alcanzó, respirando con dificultad y tosiendo mientras sacaba su inhalador.

—¿Qué… pasa?

Naruto padecía de asma, y sabía que este ataque era algunas veces traído por el estrés, pero esto era tan grande y me sentía tan asustada para mantenerlo solo para mí.

—Es Hinata —dije, paseando ansiosamente de ida y vuelta frente a él.

—¿Qué con ella? —preguntó Naruto, su respiración ajustándose un poco.

Me detuve y miré ansiosamente a las gradas.

—¿Sakura? Vamos, dime.

Mi mirada regresó a Naruto.

—Vi la fecha de su muerte.

Me entrecerró los ojos.

—¿Yyyyyyy?

—Es la próxima semana.

La boca de Naruto se abrió.

—¡No!

Solo pude pararme allí y sostener su mirada. No me equivocaba.

—Doce, once, dos mil catorce —dije.

—Tienes que estar equivocada —replicó Naruto, pero entonces pareció reconsiderar la fecha—. Espera, Sakura, eso es… el próximo miércoles; su cumpleaños. Tal vez viste su fecha de nacimiento y no la de su muerte.

Presioné los labios. Nunca veía fechas de nacimiento. Solo de muertes. Naruto se dio la vuelta y miró el lado del campo del equipo visitante.

—Tenemos que advertirle —dijo, y podía decir que se encontraba a punto de volver corriendo y hacer eso.

Atrapé su brazo y lo apreté duro.

—¡No puedes!

Naruto trató de sacudirse de mí, pero no lo solté.

—¡Sakura, tenemos que hacerlo!

Sin embargo, estaba determinada.

—Naruto, por favor, escúchame por un minuto, ¿lo harías? —Finalmente dejó de luchar y me miró expectantemente. Señalé hacia las gradas con mi mano libre—. Uchiha y Sarutobi nos siguieron aquí. Están en las gradas justo ahora.

Naruto palideció incluso más.

—¿Cómo te encontraron?

Empecé a pasearme de nuevo.

—No lo sé. Tal vez me vieron dejar la casa por la puerta trasera, o tal vez tenían una corazonada, pero están aquí. Si regresamos y le decimos a Hinata que va a morir la semana que viene, ¿no crees que me voy a ver muy, muy mal para ellos?

—¡Entonces quédate aquí y yo iré! —dijo Naruto, girándose lejos de mí.

Me aferré a sus brazos una vez más y no lo dejé ir. Colocándome justo en su rostro dije—: ¡Naruto, detente! ¡Tienes que pensar! Quiero de decir, Uchiha y Sarutobi te conocen. ¡Incluso te hablaron! También saben que somos mejores amigos y que pasamos tiempo juntos. Si regresas allí y le dices algo a Hinata y ella termina muriendo el próximo miércoles, ¡sabrán que vino de mí! ¿Recuerdas lo que Sasori dijo? ¡Dijo que bajo ninguna circunstancia podía decirle a alguien sobre su fecha!

Naruto dio un paso atrás y me miró como si no pudiera creer lo que acababa de salir de mi boca.

—¿En serio la vamos a dejar morir? ¡Saku… vamos! ¡Va a conseguir el coche nuevo la próxima semana! ¿Y si se va de paseo con sus amigas, se distrae y pierde el control del coche, y entonces algunas de ellas mueren, también?

No había estado tan cerca de las otras chicas para ver sus fechas de muerte. Podría haber más de una víctima el próximo miércoles. Apreté los puños, tan frustrada porque no sabía qué hacer.

—Tenemos que advertirle —repitió Naruto más amablemente esta vez mientras colocaba una mano en mi hombro—. O sea, ni siquiera tratamos lo suficiente con Inojin, y mira lo que le pasó.

Hice una mueca como si me hubiera golpeado.

—Ouch.

Naruto inmediatamente alzó ambos brazos en rendición.

—Lo siento, lo siento, lo siento.

Suspiré.

—No. tienes razón. No podemos quedarnos de brazos cruzados y no hacer nada. Le advertiremos, pero no aquí y no ahora.

Naruto frunció el ceño. No le gustó mi respuesta.

—¿Entonces cuándo y cómo?

—Tenemos unos días. Estoy bastante segura que podemos descubrir cómo hacerle llegar un mensaje anónimo.

—Pensará que es una broma —respondió, mirando de nuevo al campo.

—Y qué crees que decidirá si vas marchando hacia ella ahora y dices: "Hina, no te molestes ni nada, pero vas a morir el día de tu cumpleaños. ¡Solo pensé que deberías saberlo!".

Detrás de nosotros el rugir de la multitud hizo erupción de nuevo, pero esta vez del lado de Konoha. Naruto se quedó allí mirando al campo por un largo tiempo, y podía decir que deliberaba sobre qué hacer.

—Te lo prometo —le dije— descubriremos una manera de advertirle, Naruto. Por mi vida te lo prometo, pero por favor, no aquí y no ahora, ¿bien? Vamos a pensar otro lugar y tiempo cuando no haya tantas personas alrededor y de una manera que no conduzca a nosotros.

Naruto me miró severamente y suspiró, entonces bajó la mirada y pateó el suelo.

—No puede morir, Sakura. Tenemos que salvarla.

No contesté inmediatamente porque no tenía idea que decir. Si meras palabras pudieran impedir que alguien muriera, entonces mi papá todavía estaría vivo y también lo estaría Inojin Yamanaka. Aun así, después de un largo silencio, lo que dije fue—: Lo sé, amigo, lo sé. Pero tienes que confiar en mí en esto. No podemos decirle nada esta noche.

—Lo que sea —murmuró, girándose lejos de mí—. Vamos a salir de aquí.

Traté de no sentir el aguijón de ese hombro frío, pero era difícil. Se puso más difícil cuando Naruto me dejó frente de mi casa y sin decir más se alejó. Yo sabía que no se enfadó conmigo, pero se sentía de ese modo, y me hubiera gustado mucho haber esperado para decirle hasta después del partido. No sabía cómo le íbamos a advertir a Hinata sin que eso recayera sobre mí. Prometí llamar Naruto por la mañana y hablar de ello, pero cuando entré en el interior encontré a Ma en el suelo, fría y desmayada. Grité cuando caí a su lado, por un momento entrando en pánico por encontrarla en el suelo boca abajo. Agarrándole la muñeca, sentí el pulso, y vislumbré una botella de vodka de un litro vacía tumbada debajo de la mesa de café.

Cerré los ojos en alivio mientras sentí su pulso, que era lento pero constante. Cuando me esforcé, pude escuchar su respiración rítmica, también.

Con un cansado suspiro me puse a limpiar, y entonces moví a Ma al sofá. Me tomó un rato porque ella estaba completamente lánguida, pero al menos logré situarla y cubrirla con una manta. Y entonces me quedé en la puerta de la cocina mirándola acostada allí en nuestro viejo sofá de cuero destartalado en una habitación que olía a tabaco, con paredes azules sucias y alfombra color marrón llena de manchas. Cerré los ojos para bloquear la vista y pensé en Sasuke y en cómo me sonrió y murmuró la palabra Hola.

Ese instante que me llenó con una felicidad tan soleada, se nubló con una tormenta amenazadora. Abrí los ojos y miré a Ma y nuestra casa, y sabía que ningún chico se acercaría alguna vez a una chica como yo. Una chica que vivía en una casa con alfombras raídas y paredes sucias que olían como un cenicero. Una chica que veía la muerte en cada rostro. ¿Quién fue etiquetada como una bruja en la escuela? ¿Quién tenía una borracha por madre y un padre que murió en un tiroteo con traficantes de drogas? Una chica que estaba siendo investigada por asesinato por el FBI.

Yo era como un torbellino de la tragedia, y cualquiera que se atreviera a acercar demasiado a mí podría conseguir ser aspirado y ahogado. Como me estaba ahogando en estos momentos. Y sabía que nunca mejoraría. Nuestra casa continuaría cayendo lentamente a nuestro alrededor. Siempre vería la muerte. Las personas en la escuela siempre pensarían que era una bruja. Ma siempre sería una borracha. Inojin Yamanaka siempre estaría muerto, y mi padre también.

Por años Sasuke había sido como el sol para mí, brillando relucientemente desde el lado de Suna. Esta noche, por un breve momento, su estrella desterró casi toda la miseria fuera de mi mundo. Pero al final me di cuenta de que probablemente debería dejar de vivir en la fantasía de que un chico tan hermoso como él podía conocer a una chica como yo y sentir algo que no fuese lástima. Necesitaba aceptar que esta era mi realidad, y nada iba a cambiarla jamás. Con un corazón pesado, subí las escaleras para ir a mi cama.