Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
10/11/2014
Encontré a Naruto en su casillero el lunes por la mañana con una nueva serie de moretones en la mejilla derecha y su mano en una escayola.
—¡Amigo! —le dije cuando lo vi—. ¿Qué pasó?
—Se ve peor de lo que es —dijo.
Cogí su mano enyesada.
—Sí, esto no se ve nada mal. Es solo una herida superficial, ¿verdad?
Naruto me siguió la corriente con una sonrisa.
—Es una pequeña fisura. Solo tengo que llevar la escayola durante un par de semanas.
—¿La patineta? —pregunté.
Naruto arrastró los libros en el hueco de su brazo y usó su codo para cerrar su casillero.
—Intentaba un nuevo truco.
Tomé sus libros y ayudé a cargarlos en su mochila.
—¿Sí? Bueno, trata más fuerte la próxima vez.
Se encogió de hombros.
—Valió la pena. Lamento haberme perdido la cena, pero estuve en la sala de emergencias hasta tarde.
Inmediatamente me sentí culpable por pensar que me había desairado la noche anterior. Empezamos a caminar por el pasillo.
— Ojalá hubiera sabido. Te habría llevado un trozo de pastel.
Naruto sonrió, y supe que estábamos bien de nuevo.
—La próxima vez te enviaré los detalles. —Y luego cambió de tema—. ¿Encontraste una manera de advertirle a Hinata?
Suspiré. Mi idea no era muy buena, pero fue lo único en lo que pude pensar tomando en cuenta la advertencia de Sasori y cómo Uchiha y Sarutobi controlaban casi todos mis movimientos.
—Es súper complicado. Los federales prácticamente han acampado frente a mi casa, y me vigilan como un halcón.
Naruto.
—¿Crees que están interceptando tus teléfonos? —preguntó
Mis ojos se abrieron. No había pensado en eso.
—No sé. Pero si lo están, también podrían tratar de intervenir mi correo electrónico y textos. No podemos hablar de nada de esto por teléfono. —De repente me sentí muy agradecida de que Naruto no hubiera tratado de llamarme o mandarme un texto sobre ello el fin de semana.
—¿Y si yo le envío un correo electrónico o un texto anónimo? — preguntó Naruto. Empecé a sacudir la cabeza, pero él levantó la mano y dijo—: Espera, antes de que digas no, hay un montón de aplicaciones que permiten enviarle a alguien un correo electrónico o un texto anónimo, y la información del remitente desaparece, como, en un minuto. Son imposibles de encontrar.
Suspiré.
—Eso podría funcionar, pero ¿cómo podemos conseguir la dirección de correo de Hinata o su número de celular?
El rostro de Naruto cayó.
—Eso, no lo he descubierto todavía.
Y entonces ofrecí mi idea, la que había formado después de ver la última tarjeta de cumpleaños que recibí de mi padre, que colgué en mi tablón de anuncios en casa.
—Creo que le debemos enviar una tarjeta para su cumpleaños.
—¿Una tarjeta de cumpleaños?
Asentí vigorosamente.
—Sí, Naruto, ella totalmente abriría una tarjeta de cumpleaños, incluso si no tiene una dirección de retorno, solo para ver si hay un cheque en el interior o para saber de quién es. Apuesto a que si buscas por toda la web, puedes llegar a encontrar el domicilio de sus padres, ¿no?
—Su apellido es Hyuga, y vive en Suna. Sí, podría encontrarla.
—¿Qué diríamos en la tarjeta?
Al mirarlo, supe que le intrigaba la idea.
—No sé, pero tendríamos que tener cuidado con ello. Tendríamos que decir algo así como: "Hemos oído que recibirás un coche nuevo para tu cumpleaños, y tienes que ser muy cuidadosa al conducirlo". Tal vez podríamos agregar algo así como: "¡No mandes textos y conduzcas a la vez!" y respaldarlo con una estadística o algo así.
Naruto me miró como si estuviera loca.
—No va a creer algo así, Saku. Además, no sabemos a ciencia cierta si esa es la forma en que se va a morir.
—Bueno, entonces, ¿qué sugieres tú? —Me encontraba un poco exasperada. No tenía ni idea de cómo advertirle a Hinata, porque, como Naruto señaló, no tenía ni idea de cómo iba a morir. Si lo supiera, entonces podría hacer algo para evitarlo, pero todo lo que tenía era la fecha. Eso es todo. Solo una fecha para indicar que era una chica muerta caminando.
—¿Tal vez podríamos llamar a la casa de sus padres así como llamamos a la señora Yamanaka?
Sacudí la cabeza.
—Si los federales están interviniendo mi teléfono, podrían también estar haciendo lo mismo con el tuyo, Naruto. Nosotros la llamamos desde tu teléfono, ¿recuerdas?
Naruto frunció el ceño, pero luego se iluminó.
—Está bien, entonces vamos a hacer la llamada desde un teléfono público, preguntamos por Hinata, y disfrazamos nuestras voces. Podríamos decir que sabemos algo que ella no. Sabemos que se encuentra en peligro, y nos preocupamos porque podría morir en su cumpleaños.
Fue mi turno para mirar a Naruto como si tuviera que estar bromeando.
—Si recibes una llamada telefónica de un desconocido que te dice que estás a punto de morir, ¿tu próxima llamada no sería a la policía para reportar una amenaza de muerte de un loco? Ella descartaría la advertencia, lo que no la ayudaría, y reportaría la llamada, lo que no nos ayudaría. ¿Qué pasa si una cámara de vigilancia nos capta usando el teléfono? Esas cámaras se encuentran en todas partes. No podemos correr el riesgo.
La mirada de Naruto cayó.
—Bueno, tenemos que probar algo que haga que nos crea, Saku.
—Estoy de acuerdo —le dije, y lo dije en serio—. Pero también tienes que aceptar que incluso si obtenemos su atención y nos cree, puede que no impidamos su muerte. Todavía podría suceder.
Naruto frunció el ceño.
—Pero incluso si hay una posibilidad de que podamos salvarla, tenemos que intentarlo —dijo. Me di cuenta de que todavía se sentía culpable por no esforzarse más para salvar Inojin.
Puse una mano en su brazo bueno.
—Tienes razón, y vamos a avisarle con la tarjeta. Seremos muy cuidadosos de no dejar nuestras huellas digitales en ella, y haremos que la redacción no suene como que viene de un loco. Esperemos que nos escuche y tenga cuidado el próximo miércoles, pero eso es lo más que podemos hacer. Todo lo demás es demasiado peligroso para nosotros e incluso podría llevarla a hacer algo arriesgado simplemente para demostrarnos que nos hallábamos equivocados.
Naruto suspiró y asintió a regañadientes.
—Sí, de acuerdo —dijo—. Vamos a ir con la tarjeta.
Después de la escuela nos dirigimos hacia Drug Mart, y casi me quedé corta cuando vi a Ma en una bata azul de pie junto a otro empleado que le mostraba la forma de organizar los sobres de las fotos reveladas.
—¡Hola, ustedes dos! —Ella agitó una mano cuando nos vio.
—¡Vaya, señora Haruno! —dijo Naruto, casi tan sorprendido como yo al verla detrás del mostrador—. ¿Cuándo empezó a trabajar aquí?
—Hoy es mi primer día —dijo Ma con orgullo.
Sonreí alentadoramente hacia ella, pero no pude evitar mirar sus manos. Si había temblores, sabría que se hallaba totalmente sobria. Si estaban en calma, sabría que furtivamente bebía en la parte posterior de la tienda. Me mordí el labio cuando vi que no había ni un atisbo de temblor.
Solo podía esperar que nadie en la tienda lo notara. Ma nos saludó, diciendo que tenía que concentrarse en su entrenamiento. Nos dirigimos al mostrador de las tarjetas y escogimos una juntos. Asegurándonos de no cogerla con nuestras manos descubiertas, pagamos y nos dirigimos al Starbucks al otro lado de la ciudad, junto a la oficina de correos de Suna para elaborar cuidadosamente un mensaje.
Naruto escribió el mensaje usando su mano enyesada, que era una buena cosa, ya que alteraba su letra lo suficiente para que sea casi ilegible. Decidimos enviarle Hinata un mensaje de un admirador secreto (esa parte era cierta, al menos), y le dijimos que éramos alguien que a veces tenía visiones extrañas que se hacían realidad. Escribimos que tenía que ser muy cuidadosa cuando condujera, en especial en su cumpleaños. Y, le dijimos que tuviese cuidado en su cumpleaños, en general, porque la alineación de las estrellas sugería que era un día de mala suerte para ella.
Cuando Naruto me la leyó de nuevo, tuve que admitir que sonaba un poco loco, pero era el mejor plan que teníamos.
—Si recibieras esta tarjeta, ¿qué pensarías? —me preguntó Naruto.
Fruncí el ceño.
—Probablemente pensaría que algún loco la envió, pero probablemente también escucharía el mensaje, por si acaso.
Naruto luego metió la tarjeta en el sobre usando sus mangas para cubrirse las manos. Luego utilizó su teléfono para buscar la dirección. Tomó un par de clics para obtener la nueva dirección de los Hyuga en Suna, pero nos encontrábamos seguros de que nuestra tarjeta encontraría su camino a ella. Naruto luego se dirigió al lado para enviarla por correo, y dijo—: ¿Vienes?
Pero me hallaba solo a mitad de mi latte de caramelo, y era tan agradable y cálido en Starbucks.
—Creo que me quedaré aquí y estudiaré por un tiempo.
Naruto asintió, luciendo afligido. Sabía que se encontraba deseando que tuviésemos un mejor plan. Con un gesto, dijo—: Te enviaré un texto más tarde. —Y luego se fue.
Suspiré, luchando contra la sensación de haberlo decepcionado, y removí mi bebida con el agitador de plástico, cuando de repente oí una voz que reconocería en cualquier lugar, y sentí una sacudida de adrenalina que tensó mi columna vertebral. Moviéndome en mi asiento, me asomé y vi a Sasuke de pie en el mostrador bromeando con dos amigos mientras esperaban a que el barista tomara sus pedidos.
Inmediatamente, miré a mi alrededor buscando una vía de escape, pero la única salida era la entrada en la parte delantera del Starbucks. Sabía que no lucía de lo mejor: no había hecho un gran esfuerzo por la mañana. Mi cabello se hallaba recogido, no llevaba ningún tipo de maquillaje, además de un poco de rímel, y mi sudadera era monótona y oscura. Pero me encontraba atrapada en el fondo de la tienda; todo lo que Sasuke tenía que hacer era volver la cabeza hacia la derecha y me vería.
Pensando rápidamente, me agaché y recogí mi mochila del suelo. Busqué a través de ella y saqué el mayor libro de texto que tenía, química, y lo abrí arriba de la mesa para ocultar parcialmente mi cara detrás de él. Escuchando con atención, oí la voz algo ronca de Sasuke aumentar y bajar mientras discutía una prueba de química que tuvo ese día. Él y los otros dos chicos estaban comparando respuestas. Sonreí cuando me di cuenta que los dos nos hallábamos estudiando básicamente la misma sección exacta de la tabla periódica.
Entonces oí una voz mucho más femenina decir—: ¡Oye, Sasuke!
Me puse rígida. Sujetando la parte del libro con fuerza, eché un vistazo. Una chica con largo pelo rubio se puso de pie a un lado de los tres chicos. Girando un mechón entre sus dedos, dijo—: ¿Puedo añadir un macchiato de caramelo a tu orden?
Había un montón de clientes esperando detrás de los chicos, y era evidente la chica estaba cortando la línea. La forma en que miraba a Sasuke me hizo preguntarme si eran más que amigos.
Sasuke miró de nuevo a la línea, ofreciendo una mirada de disculpa a la persona detrás de ellos antes de responder—: Claro, Karin. ¿Qué tamaño?
—Alto. Estoy cuidando mi peso —dijo ella, estirándose para tocar su brazo y mover sus caderas.
Dejé de respirar. Mis entrañas se sintieron agarradas por un tornillo de banco. La chica era bonita. Muy bonita. Su pelo colgaba suelto en ondas largas y rubias, llevaba un montón de maquillaje y su ropa parecía suave, elegante, y oh-tan-tangible. Me quedé mirando fijamente a Sasuke. Añadió la bebida a su orden, y luego pagó por todo, incluyendo la de ella. No sabía muy bien qué hacer con eso. ¿Simplemente era generoso?
Karin siguió coqueteando con Sasuke mientras esperaban, él sonrió y asintió mientras hablaba. Era imposible saber si se encontraba interesado o solo era cortés. Pero entonces, no pude pensar en una razón por la que un chico no estaría interesado en alguien tan bonita como ella.
El barista llamó el nombre de Sasuke, y él y uno de sus amigos reunieron las bebidas. Sasuke le entregó el macchiato alto a Karin, y a cambio ella le entregó una manga de bebida de cartón. Me confundió, Sasuke ya tenía una manga en su vaso, y luego noté el indicio de garabato negro que tenía, y me di cuenta que le había dado su número de teléfono.
Después de tocar su brazo por última vez, ella se fue. Me quería morir. Me sentía tan mareada y enferma que quería que un agujero se abriera en el centro del suelo y me tragara. Pero poco después de que Karin se fue, Sasuke tiró la manga a un lado y le hizo señas a sus compañeros para irse.
Estuvieron fuera de la puerta un momento después. Me senté, conté hasta diez, y dejé mi silla apresurándome al mostrador para recuperar la manga antes de que alguien, ya sea la usara o la tirara a la basura. Efectivamente, el nombre y número de teléfono de Karin se hallaban con letra rizada en el centro. Cerré los ojos y sostuve el pequeño pedazo de cartón contra mi pecho, tan aliviada que lo arrojó junto con su interés por ella a un lado.
—¿Necesitabas algo?
Oí, y mis ojos se abrieron. La barista se encontraba inclinada sobre el mostrador, mirándome. Ella estaba lo suficientemente cerca para que la fecha de su muerte se leyera claramente: 30-03-2070.
—No —le dije rápidamente, sintiendo que mi boca se curvaba en una sonrisa jubilosa—. Gracias, sin embargo. Ya me iba.
El siguiente par de días pasaron en poco borrosos. Naruto y yo no hablamos de nuevo sobre advertirle a Hinata, pero eso no significaba que estábamos contentos con la forma en que la habíamos dejado. Me quedé casi toda la noche anterior tratando de encontrar una idea mejor que la tarjeta de cumpleaños, pero no salió nada de todo ese pensar. El martes por la mañana, decidí dejarlo así y esperar que hubiéramos hecho lo suficiente.
Hasta el miércoles, no hubo cambios en el caso Inojin Yamanaka, y no había ninguna historia sobre un accidente de coche que implicara a Hinata Hyuga o sobre su repentina muerte. Llamé a Naruto al minuto que las noticias terminaron.
—¡Creo que lo logramos! —dije al segundo que respondió—. No hay nada en las noticias sobre Hinata.
—¡Lo sé! ¡También lo vi, y creo que tienes razón! ¡La salvamos! — Pero luego pareció sobrio cuando añadió—: Debemos ir al siguiente partido de fútbol de Suna, ya sabes, para asegurarnos de que se encuentra bien. Voy a mirar en línea y ver contra quien jugarán, pero probablemente va a ser uno de los equipos de Grand Haven, y ya que jugaron contra nosotros la semana pasada, va a ser un partido de local. Voy a preguntarle a mamá si puedo tener la furgoneta por la noche.
—Genial. Estoy dentro —le dije. Hormigueaba con alivio. No podía creer que en realidad cambiáramos la fecha de Hinata; quería ir al partido que verlo por mí misma. Y por supuesto tendría la ventaja añadida de ver a Sasuke nuevo.
Sasori me llamó más tarde esa noche para hacerme saber que no oyó nada más de los federales, que pensaba que podría ser una buena noticia, y por supuesto, el jueves, cuando me estacioné en mi camino de entrada, el familiar sedán negro no se hallaba detrás de mí, y no se encontraba aparcado en la calle, tampoco.
Incluso Ma parecía estar haciéndolo mejor. Le dieron algunos turnos en Drug Mart, y consiguió hacerlos bien, pero todavía me encontraba un poco preocupada por ella bebiendo en el trabajo. Sabía que a escondidas ponía un poco de licor en su botella de agua, y tenía miedo de que su manager lo averiguara.
Aun así, era mejor que tenerla sentada en casa y bebiendo todo el día sola. Su trabajo parecía darle un poco de confianza, y cuando entré por la puerta el jueves después de pasar un rato por la tarde en lo de Naruto, la encontré en la cocina preparando la cena para nosotras.
—¡Estoy haciendo salteado! —anunció con orgullo.
—¡Genial! —le dije, sintiendo la burbuja de esperanza expandirse en mi pecho. Tenía una buena noticia para compartir, también—. Obtuve un cien en mi examen de Historia de los Estados Unidos.
El rostro de Ma floreció en una hermosa sonrisa, y se me acercó para envolverme sus brazos y me abrazó con fuerza. Era lo más segura que había sentido en mucho, mucho tiempo.
Después de dejarme ir, dijo—: Vamos a comer en la sala de estar. Organizamos dos bandejas de televisión delante del sofá y, después de cargar nuestros platos, nos sentamos juntas. Ma encendió la televisión para las noticias.
El hombre del clima apareció y agitó la mano en el mapa de la zona para mostrarnos que un frente frío se movía en el fin de semana, trayendo lluvia y granizo con él.
—Vamos a tener que encender la calefacción —dijo Ma, con los ojos pegados a la pantalla.
Me comí mi cena felizmente mientras nos sentábamos juntas. Pensé que el salteado sabía aún mejor que sus espaguetis. Me hallaba tan perdida en mis pensamientos acerca de lo bien que lo estaba haciendo que apenas escuché cuando la presentadora dijo—: Los policías de Suna todavía se encuentran desconcertados sobre una adolescente desaparecida que no se ha visto desde ayer por la tarde. Hinata Hyuga fue vista por última vez el miércoles alrededor de las quince horas, cuando su madre y su padre le entregaron las llaves de un coche nuevo por su cumpleaños. —Levanté la cabeza y se me cayó el tenedor. Resonó con fuerza contra el plato, y Ma se sobresaltó.
—El coche de la joven adolescente fue encontrado solo una hora después de que sus padres contactaran a la policía, ayer alrededor de las veintidós, estacionado a un lado de la carretera cerca de Westcott y Terrace Lake —la presentadora continuó—. La puerta del lado del conductor se hallaba abierta, el motor seguía en marcha, y no había ni rastro de una niña desaparecida. Si usted ha visto a Hinata o tiene alguna información sobre su paradero, la policía está pidiendo que se comunique con una línea especial que han configurado, y ese número es...
Respiraba tan fuerte que estaba perdiendo oxígeno, y la habitación empezó a girar. Oí a Ma llamarme por mi nombre, pero mis ojos permanecieron clavados en la pantalla, donde una imagen de Hinata Hyuga sonrió hacia mí. En su frente se hallaba el mismo conjunto de números que vi en el juego de Suna.
—Sakura —gritó Ma, y me di cuenta que tiraba de mi brazo—. ¿Qué pasa?
Sacudí la cabeza para despejarme, e hice mi mejor esfuerzo para centrarme en Ma, pero me encontraba demasiado afectada para ocultarlo.
—¿Conoces a esa chica? —preguntó Ma, apuntando a la TV. Y entonces ella se volvió hacia mí y sus ojos se abrieron de par en par—. ¿Sabes lo que le pasó? —Sabía que ella quería decir, ¿Sabes si está muerta?
Sacudí la cabeza de nuevo. La advertencia de Sasori volvió a mí, y me di cuenta de que con Naruto acabábamos de involucrarnos en lo que podría ser otro asesinato. Si el FBI descubría aquella tarjeta de cumpleaños con su mensaje críptico...
—Sakura —dijo mamá de nuevo, ahuecando mi barbilla en su mano y mirándome a los ojos—. Dime. ¿Qué te altera tanto sobre esa chica?
Tenía que quitar la atención de mamá de Hinata hasta que pudiera hablar con Naruto y decidir qué hacer.
—No es la chica —dije— Es que… olvidé traer a casa mi libro de algebra y tengo una gran tarea de matemáticas para mañana. ¿Está bien si voy a lo de Naruto y pido el suyo prestado?
Mamá pestañeó y dejó ir mi barbilla. No creí que me creyera, pero luego de una larga pausa, no presionó por una confesión.
—Come un poco más primero —dijo, frunciendo el ceño—. Y recuerda que mañana es el día de la basura, así que sácala antes de ir a la casa de Naruto.
Unos pocos minutos después me encontraba pedaleando rápidamente hacia la casa de Naruto, cuando di la vuelta a la esquina de su calle y casi inmediatamente tuve que apretar los frenos. Había un familiar sedán negro estacionado enfrente de su casa.
—¡Maldita sea! —susurré. ¿Sarutobi y Uchiha encontraron nuestra carta en la casa de Hinata? ¿Ya la habían rastreado hasta Naruto? Fuimos cuidadosos de tocar la carta y el sobre solo con nuestras mangas, pero ¿qué si Naruto la tocó sin querer y dejó su huella digital?
Miré fijamente hacia la calle. Uchiha y Sarutobi todavía se hallaban en el auto. Qué esperaban, no lo sabía, pero no quería que mirasen por el espejo retrovisor y me vieran, por lo que me apresuré a meterme en la entrada de coches a mi lado y esconderme entre las sombras. Tomando un gran riesgo, saqué mi celular y llamé a Naruto.
—Hola —dijo, jovialmente—. Estaba a punto de mandarte un mensaje. Mi madre dijo que puedo tomar el auto para el juego mañana en la noche.
Aspiré una bocanada de aire. Él no sabía.
—Naruto… —dije, pero mi voz se quebró.
—¿Saku? —dijo Naruto, alarmado— ¿Estás bien? ¿Qué sucedió? Tragué fuerte.
—Es Hinata.
Oí a Naruto tomar aire.
—¿Estuvo… estuvo en un accidente?
Cerré mis ojos.
—No, amigo. Es mucho peor. Está desaparecida.
Naruto tomó otra bocanada de aire.
—¿Cómo sabes?
—Estuvo en las noticias esta noche. Encontraron su auto tarde la noche pasada, pero no había signos de ella —dudé, insegura de cómo decirle, pero lo oiría pronto—. Mostraron una foto suya en los noticieros. Su fecha de muerte no ha cambiado, Naruto. Hinata murió ayer.
Mi mejor amigo se quedó callado por tanto tiempo que pensé que había cortado, pero entonces lo escuché sollozar.
—Oh, cariño, lo lamento tanto, tanto —le dije. No quería hacer nada más que ir directo hacia su casa y darle un abrazo. Necesitaba uno casi tanto como sospechaba que él lo hacía.
—¿Estás segura? —preguntó después de un momento, su voz llena de tristeza.
—Sí. Estoy segura. —Mi mirada se desvió hacia donde el sedán se encontraba estacionado frente su casa—. Escucha —dije—, tengo algo más que decirte…
—¿Dónde estás? —preguntó repentinamente. Debe haber escuchado el viento soplando a través del teléfono.
—Estoy en tu calle.
—¿Vas a venir?
No sabía qué decir. Los federales me verían, pero entonces me di cuenta de que eso no sería anormal. Ellos ya sabían que Naruto y yo éramos amigos. Me hallaba a punto de decirle que sí cuando las luces del sedán se apagaron y Uchiha y Sarutobi empezaron a salir de él.
—¡Naruto! —siseé.
—¿Qué? ¿Qué?
—¡Escúchame! ¡Los agentes están en frente de tu casa! ¡Caminando hacia tu puerta!
—¡Oh, hombre! —Lloró Naruto, y pensé que podría estar al borde del pánico—. Sakura, ¿qué hacemos?
—¡No lo sé! —susurré—. Escucha, probablemente encontraron la carta. Quizás…
En ese momento escuché el timbre de la casa de Naruto a través del teléfono. Sarutobi y Uchiha esperaban en la puerta. En el fondo escuché a la señora Uzumaki pedirle a Naruto que fuera a ver quién se encontraba en la puerta, y me encogí.
—Me tengo que ir —dijo Naruto, dócilmente.
—¡Llamaré a mi tío! —prometí—. ¡No les digas nada hasta que te digan por qué están allí!
La línea se quedó en silencio mientras llamé a Naruto, pero entonces oí un bip y me di cuenta de que él ya había colgado. Inmediatamente le marqué a Sasori, preparada para confesarle lo que habíamos hecho, pero me atendió su buzón de voz.
—¿Por qué nunca atiendes mis llamadas? —espeté cuando el correo de voz se activó. Tomé un profundo respiro y le dejé un mensaje urgente para que me llamara. Entonces esperé en la oscuridad, observando la casa de Naruto por un largo tiempo. Al final, la puerta se abrió y los agentes salieron.
Miré la pantalla de mi teléfono impacientemente hasta que, mientras su auto se alejaba, Naruto me llamó.
—Creo que todo estará bien —dijo.
—¿Qué pasó?
—No preguntaron sobre Hinata. Solo querían que repasara tu coartada del día en que Inojin desapareció. ¿Estoy seguro de que estábamos juntos? ¿A qué hora te fuiste de mi casa? ¿Qué saqué en la prueba de química? Ese tipo de cosas.
Fruncí el ceño. ¿Por qué preguntarían todo eso de vuelta?
Mientras estaba reflexionando sobre eso, Naruto añadió—: Oh, y querían saber por qué estábamos sentados en las gradas del equipo de Suna el viernes pasado, en lugar de en las de nuestra escuela.
Eso era raro.
—¿Qué les dijiste?
—Dije que había mucha gente en nuestras gradas y que teníamos una mejor vista del partido desde el lado visitante. Pero entonces preguntaron por qué nos fuimos temprano, y dije que fue porque tenías dolor de estómago.
Suspiré de alivio.
—Quizás estaremos bien.
Naruto se quedó callado al otro lado de la línea, y tardíamente me di cuenta de que seguía triste por Hinata.
—¿Quieres que pase por tu casa?
Naruto sollozó.
—Si te parece bien, Saku, creo que quiero estar solo por un rato.
Eso me tomó por sorpresa, y no pude dejar de sentirme herida. Me hallaba triste por lo de Hinata, también.
—Uh… seguro. Está bien, Naruto. Sin embargo, llámame luego si quieres hablar.
—Está bien —dijo. Y entonces se había ido.
Sintiéndome triste, sola y con frío, empecé a pedalear hacia casa. Mi teléfono sonó en el camino y respondí la llamada de mi tío.
—¿Qué ha pasado? —preguntó bruscamente Sasori, sin duda irritado conmigo por dejarle ese mensaje.
Por un momento, no supe qué decirle. Si le decía la verdad sobre la tarjeta de cumpleaños de Hinata, en la que le advertimos de su inminente muerte, él se pondría furioso conmigo y podría, incluso, insistir en que me mudase a Brooklyn con él, aunque fuera para mantenerme fuera de problemas. Entonces, de nuevo, si los federales nunca encontraban la carta, si Hinata la tiró a la basura o si nosotros fuimos suficientemente cuidadosos como para que no pudieran rastrearnos, podríamos estar preocupándonos por nada. Decidí no arriesgarme a enojar a Sasori innecesariamente, y afortunadamente, ahora tenía una buena excusa para llamarlo.
—Los agentes estuvieron en casa de Naruto —dije.
Entonces le expliqué lo que querían. Para cuando terminé, me encontraba en casa, llevando mi bicicleta por el camino de entrada. Al otro lado de la línea, Sasori se quedó callado por un largo tiempo y eso me preocupó.
—Está bien —dijo al final—. Mantenme informado si pasa cualquier cosa —y con eso él también se fue. Suspirando, entré al calor de mi casa e intenté no pensar demasiado en Hinata Hyuga. Sin embargo, Eso fue imposible, especialmente cuando Naruto no me escribió para el final de la noche.
El viernes apestaba.
No había otra manera de describirlo. Naruto me escribió esa mañana para decirme que su hermana pequeña se hallaba enferma y tenía que quedarse en casa con ella, porque su mamá tenía una reunión a la que no podía faltar. No tenerlo a mi lado en el pasillo me hizo sentir pequeña y vulnerable, y el almuerzo fue incluso peor. Me senté sola en la mesa de la cafetería, comiendo apresuradamente. El único punto brillante fue el señor Guy, que me detuvo de nuevo saliendo de clases.
—¿Sigues aguantando, Sakura? —preguntó amablemente.
No me sentía con ganas de hablar, así que apenas le di un asentimiento desganado.
—Bien —dijo, con una sonrisa alentadora—. Y buen trabajo en el experimento del laboratorio hoy.
Le agradecí y me apuré a mi próxima clase. A pesar de todo, era lindo saber que no todos mis profesores estaban en mi contra.
Más tarde, cuando salí de la escuela y me dirigí hacia mi bicicleta, la encontré nuevamente cubierta de huevos y cáscaras, pero esta vez Naruto no se encontraba con el rollo de papel higiénico y su usual disposición a ayudarme. Me golpeó darme cuenta de cuánto se las arreglaba para quitar lo malo de todas esas veces que me intimidaron o hicieron burla.
Después de limpiar mi bicicleta, pedaleé a casa. Busqué en internet durante el almuerzo para ver si encontraron a Hinata, o si había avances en la investigación, pero no publicaron nada nuevo. Me hallaba ansiosa por seguir la historia, y para ese momento albergaba la terrible sospecha de que su desaparición y su muerte podrían estar de alguna manera vinculadas con las de Inojin, lo que significaría que podrían involucrarme en esa investigación también. También indicaría que había un asesino en serie suelto.
Hinata era una chica de dieciséis años, y Inojin un chico de trece años. No tenían nada en común como víctimas a parte del hecho de que eran jóvenes. Sin embargo, algo me fastidiaba, algo oscuro y tenebroso que hacía que todos los pelos de mi nuca se pusieran de punta. Cuando di la vuelta en mi manzana, vi el auto de Sasori estacionado en la vereda.
—Hola, Sakura —dijo Sasori desde adentro cuando frené del lado del conductor—. Tu madre está en el trabajo. ¿Quieres ir a comer algo?
Miré la pantalla de mi celular.
—Solo son las tres —dije.
Sasori sonrió.
—¿Quieres ir a picar algo, entonces?
—¿Qué más da?
—Deberíamos hablar —dijo, crípticamente.
Esperé a que dijera algo más, pero simplemente se sentó allí observándome hasta que me rendí. Sasori nos condujo fuera de Konoha hacia Parkwick. Entramos en un restaurante italiano, el cual apenas tenía unos pocos clientes, ya que todavía era muy temprano. Nos deslizamos en una cabina y Sasori me tendió uno de los menús que la anfitriona nos dio.
— Escúpelo.
Al principio no tenía idea de a qué se refería.
—¿Escupir qué?
—Tu mamá me llamó hoy y dijo que otra chica del área ha desaparecido. Dijo que cuando la foto de la chica salió en las noticias la noche pasada, parecía como si fueras a desmayarte. También dijo que te rehusaste a hablar sobre ello, pero entonces saliste corriendo para lo de Naruto a la primera oportunidad que conseguiste, así que se pregunta si quizás leíste para uno de los padres de la chica y si podríamos tener otro problema con el FBI en nuestras manos. Así que desembucha, niña. ¿Qué escondes?
Dejé el menú en la mesa. Sasori me tenía y lo sabía.
—Naruto y yo fuimos al juego de Konoha contra Suna el viernes pasado. Nos sentamos en el lado de Suna y Naruto señaló a esta nueva animadora del equipo, Hinata Hyuga, de la que se había enamorado. Nos encontrábamos lo suficientemente cerca de ella como para que yo pudiera ver la fecha de su muerte.
Él se puso pálido.
—¿Está muerta?
Asentí.
—Miércoles.
—Hijo de puta —siseó, cerrando su menú y sacudiendo su cabeza—. Por favor dime que te guardaste esa información.
Tomé un sorbo de agua, pero pasé un mal momento intentando tragar.
—¿Sakura? —dijo Sasori severamente—. Por favor dime que no compartiste esa información con nadie.
Tomé una profunda respiración y lo miré a los ojos.
—Le dije a Naruto.
Sasori parpadeó.
—¿Y?
—Verás, Naruto de verdad se hallaba enamorado de esta chica, así que se puso muy triste…
Sasori enterró su rostro en sus manos.
—Jesús —masculló— ¿Qué hizo?
Tomé otro sorbo de agua. Mis manos temblaban como las de mamá.
—Es lo que nosotros hicimos, Sasori.
Sasori separó sus dedos y me miró con un ojo.
—¿Qué hicieron, Sakura?
—Le enviamos una tarjeta de cumpleaños.
Dejó caer sus manos y pude ver su boca abierta.
—¿Le enviaron una tarjeta de cumpleaños? ¿Por qué diablos harían eso?
—El cumpleaños de Hinata era el miércoles, el mismo día que la fecha de su muerte. ¡Queríamos advertirla, pero no sabíamos cómo y te prometí que no iba a decirle a nadie su fecha, pero no podíamos solo dejarla morir sin advertirle, Sasori! —Alcé la voz y mis ojos se habían empañado. Me empezaba a agobiar lo que pasó.
Sasori posó su mano en mi brazo y dijo—: Oye, dulce chica, respira. Dime qué pasó y ya veremos qué hacer, ¿de acuerdo?
Enjugué mis lágrimas y traté de calmarme, sintiéndome avergonzada porque nos encontrábamos en un lugar público y había llamado la atención. Cuando estuve más tranquila, le dije lo que hicimos.
—Llevamos la carta a Starbucks y Naruto escribió un mensaje. Se rompió el brazo el domingo pasado, así que su letra se disimulaba bastante bien. De cualquier manera, pretendimos ser un admirador secreto de Hinata y le dijimos que éramos alguien que a veces tenía visiones de cosas antes de que sucedieran. Dijimos que habíamos tenido una visión de ella saliendo herida en un accidente, y queríamos que fuera extremadamente cuidadosa cuando condujera su nuevo auto, la escuchamos decir a las otras animadoras que le iban a regalar uno por su cumpleaños.
Sasori asintió, pero su expresión era grave.
—Está bien, ¿eso es todo lo que decía en la carta?
—No. También dijimos que necesitaba ser cuidadosa en su cumpleaños porque las estrellas sugerían que no sería un día seguro para ella.
Sasori cerró sus ojos como si esa hubiera sido la peor cosa que podríamos haber escrito. Finalmente, dijo—: Está bien… ¿eso es todo?
—Sí, mayormente. Naruto mandó la carta, pero ambos fuimos cuidadosos de tocarla solo usando las mangas de nuestras camperas. No creo que ninguno de nosotros la haya tocado con nuestros dedos.
—¿En qué día enviaron la carta?
—Lunes. La mandamos desde la oficina de Suna, así ella la recibiría el martes.
—¿Qué dirección de remitente usaron?
—No pusimos ninguna. La dejamos en blanco.
Sasori suspiró y sacudió su cabeza.
—Niña… —dijo, y sabía que él pensaba que era malo.
—¡Lo lamento, Sasori! —dije—. Solo queríamos intentar salvarla. No pensamos que terminaría igual que Inojin.
Sasori se estiró de nuevo y le dio un apretón a mi mano.
—Bueno, niña —dijo—, los federales no han pasado por tu casa sosteniendo la tarjeta en una bolsa a modo de evidencia, lo que supongo que es una buena cosa. Ya deben haber revisado toda la habitación de Hinata a esta altura, así que si hubiera estado ahí y hubiera sido posible rastrearla hasta ti, ya lo habrían hecho. Quizás la recibió el martes, pensó que era una broma y la tiró.
Asentí. Sinceramente, esperaba que eso fuera lo que sucedió.
—Así que antes de que esto se vuelva un problema, no le digas a nadie sobre esta carta, ¿capisce?
—Está bien.
—Sin embargo, si los agentes nos visitan y preguntan sobre eso, tendrás que decirles la verdad.
Bajé la vista hacia la mesa, temiendo que eso pasara.
—Lo sé.
—Con un poco de suerte, no llegaremos a eso. Mientras tanto, hazme otro favor —dijo.
—¿Cuál?
—La próxima vez que veas la fecha de muerte de quien sea que esté a punto de morir, llámame primero antes de mandarle una carta o una canasta de regalo o cualquier cosa que se te pueda ocurrir que escape a mis órdenes directas.
Estaba claro que Sasori intentaba alegrarme, así que forcé una sonrisa y le mostré tres dedos.
—Sí, señor. Honor de scout.
Pero Sasori pareció entristecerse.
—¿Qué? —pregunté.
Fue su turno de sonreír tristemente.
—Nada —dijo—. Es solo que eso es algo que tu padre solía hacer. Los tres dedos y el honor de scout. Era gracioso porque lo echaron de los scouts cuando tenía doce años por ser deshonesto.
Me reí, sorprendida por la ligereza entre nosotros a la mención de mi padre.
—Nunca supe eso.
Sasori suspiró y su mirada volvió a la mesa.
—Lo extraño, Sakura.
Y justo así, todo el humor salió de mí. Eso pasaba un montón con los recuerdos de mi padre. Podían hacerme reír y llorar al mismo tiempo.
—¿Sasori? —pregunté después de un rato, todavía preocupándome por la posibilidad de ser acusada de la muerte de Hinata.
—¿Sí?
—¿Crees que estaré bien?
Fue el turno de Sasori de poner una sonrisa en su cara mientras levantaba tres dedos.
—Seguro, niña —dijo—. Honor de scouts.
No se me hubiera ocurrido preguntar si Sasori también había sido echado de los scouts.
