Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
15/11/2014
El cuerpo de Hinata Hyuga fue hallado a la mañana siguiente. Lo supe cuando Sasori me llamó después del desayuno y me dijo que venía hacia aquí otra vez. Los agentes federales nos pidieron que volviéramos para otra cita, y tuve un terrible presentimiento.
Ma trabajó hasta tarde en el Drug Mart la noche anterior, y todavía estaba en la cama cuando llegó Sasori, así que la dejamos dormir y nos dirigimos al centro de Grand Haven. Las oficinas de la agencia volvían a zumbar en actividad, y en esta ocasión cuando pasamos por la puerta descubrimos a Uchiha esperándonos. Nos condujo a una habitación con un espejo polarizado en la pared, y una bombilla de techo fluorescente que le daba a la piel un tono enfermizo.
Nos sentamos y Uchiha nos preguntó si queríamos algo de beber. Esta vez traía mi propia botella de agua, y Sasori lo rechazó, pero Uchiha nos dejó de todas maneras, diciendo que iba por un poco de café.
Lo esperamos pacientemente, pero después de veinte minutos era claro que nos dejó para que sudáramos. Sasori se levantó para caminar e incluso fue hacia la puerta, pero la cerraron, y eso pareció enfurecerlo. Luego de dos horas se abrió y Uchiha entró. Trajo una caja de madera para embalaje y la puso en la mesa frente a nosotros. Mi corazón latía con fuerza. Sabía que lo que fuera que hubiera en esa caja era malo.
—Siéntense —nos dijo.
Sasori se quejó de inmediato.
—¿Mi sobrina está arrestada? — gritó, señalando la puerta—. Porque nosotros venimos aquí, Uchiha, de buena voluntad, y nos encierras sin acusarla, lo que es ilegal.
Uchiha ladeó la cabeza, y medio sonrió burlonamente lo cual sabía lo enojaría más.
—¿La puerta se cerró? Uh. Lo siento por eso. A veces se atora, como en la casa de tu cuñada, y puede ser realmente difícil abrirla.
Sus puños se apretaron, y podía decir que quería golpearlo, pero Uchiha levantó con calma la tapa de la caja y miró el interior como si tuviera un tesoro secreto que no pudiera esperar para mostrarnos.
Sasori me vio, alzando una ceja. Negué con la cabeza ligeramente. No tenía idea de lo que se encontraba en la caja. Con un suspiro, mi tío se sentó y cruzó de brazos. Aguantaría esta pequeña farsa sólo hasta que el agente le jugara una mala pasada, luego sabía que exigiría marcharse. Uchiha se sentó, pero mantuvo el contenido de la caja oculto.
— Como seguramente escucharon —comenzó—, esta mañana encontramos el cuerpo de Hinata Hyuga junto al río Waliki cerca de ochocientos metros de donde fueron hallados los restos de Inojin Yamanaka.
Mi boca se secó. Ya lo sabía, pero aún era difícil de oír. Entonces buscó dentro de la caja y sacó una bolsa de evidencia. En su interior había lo que parecía ser una imagen rota de un gatito con la pata levantada. Los pedazos fueron pegados con cinta adhesiva un poco al azar, pero la reconocí de inmediato como la tarjeta que le enviamos a Hinata. Sasori frunció el ceño. Mis esfuerzos por salvar a Hinata regresaron para perseguirme.
—¿Sabes lo que es esto? —preguntó Uchiha.
Ni siquiera tuve que mirar a Sasori para saber si debía responder. Me lo dijo en el restaurante el día anterior.
—Sí —comenté—. Es una tarjeta que Naruto y yo le mandamos a Hinata Hyuga.
Las cejas de Uchiha se alzaron. Lucía sorprendido por mi respuesta. Sabía que debía decirle por qué la enviamos, así que comencé con el partido de fútbol, señalando que lo vi a él y Sarutobi allí, y cuando nos hallábamos en las tribunas percibí la fecha de muerte de Hinata.
—Era tan pronto que me asusté cuando lo hice —expliqué—. Me fui de las tribunas, y Naruto me siguió, así que le conté lo que vi. Él quería regresar y advertirle, pero con ustedes en las gradas y todo lo que pasó después de que leí para la señora Yamanaka, no pensé que fuera tan buena idea.
Sasori se inclinó.
—Además le dije a mi sobrina que no verbalizara ante nadie ninguna fecha de muerte que viera.
Asentí.
—Cierto. Pero Naruto y yo nos sentimos muy mal por Hinata, y decidimos que teníamos que hacer algo para advertirle, por lo que compramos esa tarjeta y escribimos un mensaje para enviárselo. Sé que suena raro, pero no sabíamos qué decirle para que nos escuchara. La oímos decir que tendría un auto nuevo para su cumpleaños, así que medio asumimos que se accidentaría. Ninguno pensó que terminaría como…
Mi voz se apagó. Todavía me era difícil entender que asesinaron a Hinata. Uchiha me miraba con intenso escrutinio. No podía decir si me creía o no.
—¿No sabías que terminaría como qué, Sakura? ¿Así? — Buscó dentro de la caja y sacó una fotografía, estampándola contra la mesa frente a nosotros.
Aparté la mirada. Usó esta táctica antes, y no quería vivirla otra vez.
—¡Jesús! —le siseó Sasori. De reojo pude verlo alejar la foto—. ¿En serio, Uchiha? ¡Mi sobrina tiene dieciséis! ¡Deja de tratar de provocarle una reacción mostrándole fotos de la escena del crimen!
Uchiha se acercó y la volteó nuevamente. No aparté la mirada lo suficientemente rápido, y capté un vistazo del rostro de Hinata, con los ojos abiertos, las mejillas hinchadas y magulladas, una cuchillada en la frente, y una larga herida abierta en el cuello. Se me humedecieron los ojos y los cerré para apretarlos. Oí la silla de Sasori raspar el suelo.
— Sakura —dijo—. Nos vamos.
—Oh, no se los recomiendo —dijo Uchiha. Le eché un vistazo, se recostaba en su silla como si retara a Sasori a marcharse—. Al menos no antes de que me escuches, Haruno.
Sasori recogió la fotografía y se la lanzó al agente.
—Tienes treinta segundos para decirnos qué es lo que quieres, Uchiha, y luego me llevaré a Sakura de aquí, y ni siquiera pienses en mostrarle otra foto espantosa, o llamaré al Departamento de Justicia exigiendo que investiguen tus tácticas incluso antes de que me vaya de este edificio.
Uchiha recogió la foto de donde cayó en el suelo y la colocó en la caja de nuevo, aunque todavía lucía realmente furioso, y lo entendía, porque lo que le pasó a Hinata parecía peor que cualquier pesadilla que pudiera imaginar. Pero yo no era responsable. Tenía que saberlo.
Uchiha respiró profundamente, parecía como si tratara de frenar su ira. Luego me miró a los ojos y golpeó la bolsa de evidencia con la tarjeta y dijo—: Este es el asunto, Sakura. No encontramos esto en la basura de Hinata Hyuga. —Fruncí el ceño—. Lo encontramos en el cesto de basura de Naruto Uzumaki.
Mi mandíbula cayó. ¡No tenía sentido!
—Verás —continuó Uchiha—, el agente Sarutobi y yo nos acercamos para reconfirmar tu coartada con Uzumaki, para checar si tal vez quería cambiar su historia. Tu amiguito se apegó a los hechos, pero se encontraba tan nervioso y asustadizo que sentimos que escondía algo. Por lo que, más tarde esa noche volvimos a dar una vuelta y notamos que había sacado la basura. No necesitas una orden para buscar en la basura de alguien, ¿lo sabías? También recogimos la tuya, por cierto. Tienen que reciclar más.
Sentí que la sangre se me iba del rostro. Ma escondía sus botellas vacías en la basura porque no quería que nuestros vecinos vieran cuántas de licor iban al tacho de reciclaje.
—Entonces Uzumaki nunca envió la carta —dijo Sasori, la vena en su sien palpitaba notablemente. Sabía que se sentía furioso con el agente por ese último comentario—. ¿Es ese un crimen ahora, agente Uchiha?
Él lo ignoró y rebuscó otra vez en la caja. Me preparé para lo que podría venir después. Sacó una hoja de papel y la puso en la mesa. Me hallaba tan tensa y nerviosa que me giré de inmediato.
—¿Lo reconoces? —preguntó.
No miré hasta que sentí la mano de mi tío en el brazo, y entonces me concentré en el pedazo de papel ahora en la mesa. Era el bosquejo de un artista con el rostro de un hombre, e incluso aunque era bastante irregular, la primera persona en la que pensé cuando lo vi fue en Naruto. El latido de mi corazón era como una bola de demolición. Sabía que Uchiha podía decir que vi las similitudes, pero olí la trampa, así que negué con la cabeza.
—No —dije, pero salió como un susurro.
—¿De verdad? —dijo Uchiha, en conmoción y asombro. —¿No reconoces a tu propio mejor amigo, Sakura?
Sasori miraba entre Uchiha yo. También olía la trampa.
—Tienes su respuesta. ¿Cuál es tu punto?
Sacó otro documento. Lucía como una carta escrita a mano. Luego sacó varios más. Sasori levantó los papeles y comenzó a leer, pero yo me concentraba en Uchiha, que a su vez no me quitaba los ojos de encima.
—Esas son declaraciones de testigos —dijo—. De las compañeras porristas de Hinata. Todas cuentan más o menos lo mismo. Dicen que la tarde del lunes pasado después de la práctica, Hinata fue abordada por el chico del boceto y le contó una historia asombrosa. Afirmó que era psíquico, que tenía visiones que casi siempre se volvían realidad, y que al ver a Hinata en el partido de fútbol fue acometido con una visión de ella muriendo en su cumpleaños. No le dio su nombre, pero le advirtió que no condujera su auto nuevo el cual también la vio recibir por su cumpleaños.
Sentí mi sangre congelarse. Supe al instante lo que Naruto hizo. Tomó la tarjeta luego de dejarme en la cafetería, dudaba acerca de mandarla, sabiendo que probablemente Hinata pensaría que bromeaban. Lo más seguro es que decidió ahí mismo ignorar todas mis advertencias y dirigirse directamente a Suna High a sólo unas cuadras de allí.
Y luego de que le comenté que Hinata fue asesinada y los federales podrían volver a preguntarle sobre mi coartada, entró en pánico, rompió la tarjeta y la tiró a la basura para deshacerse de la evidencia.
Con repentino horror supe exactamente a dónde iban los federales con esto. Pensaban que Naruto había matado a Hinata. Y ya que su foto de la escena del crimen se parecía a la de Inojin, no era extraño pensar que también tratarían de relacionar su muerte con él. Mientras juntaba las piezas, Uchiha buscó dentro de la caja otra vez y sacó otra declaración.
—Aquí hay un testimonio de la entrenadora de Hinata, que nos contó de un chico parecido al del bosquejo se le acercó y dijo ser del periódico Konoha High. Le interesaba mucho la nueva estrella del equipo, Hinata Hyuga. Esto fue antes del partido de fútbol, Sakura, cuando supuestamente viste su fecha de muerte. Y lo comprobamos con el periódico de tu escuela; Naruto no trabaja allí, y nunca lo ha hecho.
—¡Él no lo hizo! —solté, asustada de a dónde se dirigía con esto.
La mano de Sasori se cerró sobre mi brazo, pero era demasiado tarde.
—¿No hizo qué? —preguntó, inclinándose hacia adelante—. O tal vez debería preguntar, ¿quién no hizo qué?
Miré a Sasori, prácticamente suplicándole que me dejara hablar, para explicarle a Uchiha, pero la advertencia en los ojos de mi tío era clara. No diría una sola palabra hasta que lo permitiera.
—¿Qué tiene que ver esto con mi sobrina? —exigió.
Uchiha extrajo una foto de Naruto. Era del anuario de segundo año. El agente lo sostuvo al lado del bosquejo del artista.
—¿Ves un parecido? —preguntó.
Sasori mantuvo sus ojos en Uchiha.
—De nuevo, ¿qué tiene que ver esto con mi sobrina?
Uchiha bajó los artículos.
—Tiene todo que ver, abogado. El chico en el bosquejo es su mejor amigo, este personaje Naruto. Lo tenemos aquí ahora, y dice que todo fue idea de Sakura. Que elaboró un plan para secuestrar y matar a Inojin Yamanaka, lo convenció de hacer el trabajo sucio, y ambos lo disfrutaron tanto que fueron en busca de otra víctima: Hinata Hyuga.
Mi boca se abrió y un ruido salió de lo más profundo de mí, uno que era espontáneo y primordial. La mano de Sasori me volvió a apretar el brazo, apenas logré contenerme.
—Corta la mierda, Uchiha —espetó—. ¡Uzumaki no dijo tal cosa! Si lo hubiera hecho, arrestarías a Sakura ahora, pero no tienes nada más que una tarjeta de cumpleaños rota, un bosquejo vulgar y algunas declaraciones de testigos que destrozaré en la corte. ¡No tienes ninguna prueba de que el chico en el boceto es Uzumaki, y de que en realidad le hizo daño a Hinata Hyuga!
Uchiha ni se inmutó por su estallido. Se frotó la barbilla antes de inclinarse aún más, su gran cuerpo cada vez más cerca de la mesa.
— ¿Sabes qué otra cosa encuentro interesante? —Su pregunta fue dirigida a mí directamente. Sacudí la cabeza, y parecía no poder parar. No quería oírlo, lo que sea que fuera, porque todo era mentira—. La declaración de tu mejor amigo es tu única coartada para el día en que Inojin Yamanaka fue secuestrado y asesinado. Buscamos en los horarios, Sakura. Al parecer Inojin fue secuestrado más tarde de lo que pensamos ese día veintinueve. Creemos que fue en algún lado entre las tres y las nueve de la tarde. Por lo que, tengo que preguntarte: ¿quién está cubriendo a quién?
Un chillido involuntario me brotó de la garganta, y la mano de Sasori me sujetó la muñeca de nuevo.
—Nos vamos —dijo, medio levantándome de la silla.
Pero Uchiha aún no terminaba con nosotros. Rápido como un rayo, sacó un pedazo de papel doblado del interior de su bolsillo y lo abrió justo frente a él. Se detuvo cuando vio el papel, parecía oficial. Quitándoselo de las manos, comenzó a leer.
—Conseguimos una orden de registro —dijo Uchiha casualmente, y de la caja sacó algo me que congeló en mi lugar y convirtió mi sangre helada en hielo—. Encontramos esto escondido en la mesa de noche de Sakura —dijo, sosteniendo mi cuaderno con las fechas de muerte y sacudiéndolo hacia atrás y adelante—. Es una lectura muy interesante, si te gustan los nombres y fechas. Hay tantas, Sakura.
Empecé a respirar entrecortadamente, y el mundo comenzó a girar.
—Aquí hay un nombre y fecha que es demasiado encantador —dijo, hojeando una de las últimas páginas—. Inojin Yamanaka (29-10-2014).
El rostro de Sasori perdió color, y me volteó a ver con una mezcla de conmoción y horror. Nunca le dije que me quedé con el cuaderno. No se lo dije a nadie. Bueno, más que a Naruto. Uchiha giró la página.
—Y aquí, en una de las últimas anotaciones, tenemos el nombre Hinata Hyuga. Al lado se ubica la fecha 12-11-2014.
Por un largo momento nadie habló. Uchiha continuó hojeando mi cuaderno a medida que Sasori apretaba y relajaba la mandíbula. Finalmente, dijo—: ¿Mi sobrina está bajo arresto?
Mis rodillas amenazaron con ceder, pero Sasori sostenía mi brazo firmemente, ayudándome. Uchiha se tomó su tiempo para responder, pero finalmente dijo—: Aún no, Haruno. Pero pronto. —Concentrándose en mí añadió—: No salgas del pueblo, Sakura.
Sasori me condujo en dirección de la puerta, pero Uchiha metió su pierna, bloqueándonos.
—La orden se extiende hasta su teléfono — dijo, su voz dura como el acero.
Observé a Sasori, que miró la orden de registro en su mano y me asintió para que cumpliera. Con dedos temblorosos, saqué el teléfono del bolsillo y lo dejé suavemente sobre la mesa. Intenté pensar qué mensajes tenía en él que podrían incriminarme, pero mi mente era un revoltijo de pensamientos de pánico, y no podía recordar.
Salimos de la habitación y me sostuvo todo el camino.
—Mira al frente —susurró al tiempo que nos conducía incesantemente por el pasillo. Cuando nos acercábamos a la salida, por la esquina venía el agente Sarutobi y otro, y entre ellos se ubicaba Naruto, sus brazos atados detrás de él.
—¡No digas nada! —susurró Sasori en mi oído.
Me sorprendió tanto ver a Naruto esposado y siendo escoltado por dos agentes que no tenía palabras de todos modos. Pero levantó la barbilla cuando me vio. Parecía aterrorizado.
—¡Sakura! —gritó—. ¡Diles! ¡Diles que no fui yo!
Un sollozo se me formó en la garganta, y al cruzarnos intenté llegar a él, pero Sarutobi lo vio y me bloqueó con su cuerpo en tanto Sasori me jalaba del brazo para mantenerme alejada, pero luego se inclinó hacia Naruto y le comentó—: ¿Quieres mi ayuda? —Él asintió desesperadamente y Sasori dijo—: No digas ni una palabra hasta que regrese, Naruto, ¿lo entiendes? —Y enseguida le dijo a Sarutobi—: Al señor Uzumaki ahora lo representa un abogado. No lo pueden interrogar hasta que yo vuelva, ¿comprendes, Sarutobi?
Sarutobi le hizo un gesto como para mandarlo al demonio, lo que lo llevó a gritarle a Naruto cuando los tres nos pasaron—: ¡No digas ni una palabra, Naruto! Nada, ¿me oyes?
Estiré el cuello para mirarlo. Lloraba abiertamente y ahora se hallaba desplomado entre los dos agentes, quienes lo sujetaban y movían hacia adelante cuando sus pies prácticamente se levantaron del suelo.
—¡Naruto! —le grité, y el agarre de mi tío en mi brazo se hizo aún más duro, pero no me importó. Quería que supiera que no estaba solo. Haría lo que fuera para ayudarlo.
Cuando llegamos al auto de Sasori, lloraba tan fuerte que no podía respirar. Fue después de un rato que me di cuenta que mi tío condujo unas pocas cuadras y se estacionó a un lado del camino. Me frotaba la espalda y esperaba a que me calmara. Por fin, levanté la barbilla y le supliqué.
—¡Tenemos que ayudarlo, Sasori! ¡No hizo nada! ¡Solamente quería advertirle! ¡Nada más! Todo fue por mi culpa. Yo le conté acerca de los números. ¡Es mi culpa, no de él!
Volvió a frotarme la espalda y me apretó las manos. Cuando pude mirarlo sin sollozar, dijo—: Chica, nada de esto es tu culpa. Te prometo que ayudaré a Naruto, pero primero tienes que ser sincera conmigo.
Sorbí por la nariz y me limpié las mejillas.
—Fui sincera contigo. Te dije todo sobre la tarjeta.
Me miró críticamente.
—¿Sabías que fue a la escuela para advertirle a Hinata?
Negué con la cabeza vigorosamente.
—¡No! ¡Lo juro! Nunca me lo dijo. Pensé que sólo le había enviado la tarjeta. No tenía idea de eso.
—¿Qué ocurre con lo que su entrenadora dijo? Que a Naruto le interesaba antes de que tú la vieras en el juego.
Cerré los ojos y me puse una mano en la frente, tan cansada y angustiada que me sentían caliente y febril.
—Sabes lo mucho que le gusta mirar a las porristas a Naruto, ¿cierto? —Asintió—. Escuchó que el equipo de Suna retó al nuestro en una competencia antes del partido de fútbol, así que fue a checarlas. Ahí fue cuando vio a Hinata por primera vez, y no lo sé… Era una chica tan linda y supongo que le atrajo de inmediato. Tenía curiosidad, así que le preguntó a la entrenadora un poco más acerca de ella. Fue inofensivo, Sasori, ¡lo juro!
—Te creo —dijo—. Pero no nos ayuda que la investigara antes de que vieras su fecha de muerte, Sakura.
Se me volvieron a llenar los ojos, quería hacerme bolita. Fue mi culpa. Si no le hubiera dicho nada a Naruto sobre la fecha de muerte de Hinata, entonces nadie habría escuchado alguna vez acerca de su conversación casual con la entrenadora.
Entonces Sasori dijo—: ¿Qué ocurre con el cuaderno?
Sacudí la cabeza y bajé la vista a mi regazo, demasiado apenada por contarle que guardé algo así. Sabía cuán morbosa me hacía ver.
—Me ayuda a adaptarme —susurré—. Tengo que hacer algo con esos números, Sasori. Los veo en todos lados, y escribirlos ayuda. Observo a tanta gente que piensa que tiene otros cincuenta o sesenta años más para vivir; no saben que la muerte se les acerca. Siempre me rompe el corazón pensar en el momento que se enterarán que tienen menos tiempo que el que pensaban, el cuán difícil les debe ser darse cuenta que se encuentran a nada de perder todo y dejar a sus seres queridos atrás. —Lo que no le dije fue que pensaba que fue así para papá, pero tenía la sensación de que Sasori sabía exactamente lo que quería decir.
Cuando no dijo nada alcé la vista y vi que sus ojos se humedecieron. Levantó la mano y me ahuecó la mejilla.
—Ni siquiera puedo imaginar lo difícil que debe ser para ti, chica —dijo—. Siento que tengas que tratar con eso. Al igual que con todo esto. Sin embargo, haré todo lo posible para ayudarte, ¿de acuerdo?
Asentí, y sin decir otra palabra nos llevó a casa. Al detenernos en mi calle notamos que se hallaba llena de vehículos y furgonetas. Entonces vi a unos hombres y mujeres usando overoles color azul oscuro con FBI escrito en color amarillo en la espalda. Nuestra puerta de entrada estaba abierta y los federales entraban y salían, cargando bolsas de papel y la portátil que me regaló Sasori para Navidad el año pasado.
Grité, y mi tío se estacionó frente a la casa de la señora Senju. En tanto salía para ir a confrontar a los agentes invadiendo nuestra casa, vi a Ma vestida con su bata de Drug Mart parada al lado de la señora. Todo su cuerpo temblaba; también estuvo llorando. Cuando miró a Sasori dejó escapar un sollozo y corrió para ponerse al corriente con él.
Una parte de mí quería ir a consolarla, pero descubrí que no era capaz de moverme. Quería culpar a Ma con todas mis fuerzas. Si prácticamente no me hubiera forzado a hacer esas lecturas a extraños, no tendríamos este problema. Si no bebiera nuestro dinero cada mes, no necesitaríamos dinero extra. Si en primer lugar no nos hubiéramos mudado aquí. Si no hubiera descubierto lo que los números significaban cuando era tan pequeña. Si lo hubiera averiguado antes para prevenir a papá...
Si.
Si.
Si.
Si nunca hubiera nacido... Excepto...
Excepto que Inojin seguiría muerto. Al igual que Hinata.
Y mi papá…
Ma finalmente alcanzó a Sasori, pero su histeria lo obligó a alejarla del grupo de agentes, de espalda a la señora Senju. Cruzando la calle vi a Temari y el resto de la familia Sabaku en su pórtico, abiertamente chismeando la escena desarrollándose en nuestro césped. Ignorándolos, me bajé del auto y me dirigí al camino de entrada de nuestra amable y anciana vecina.
—¡Dios mío! —comentó cuando me vio—. Luces asustada, Sakura. ¿Por qué no entras para que te prepare un poco té?
Suspiré y miré a Sasori. Tenía a Ma envuelta en un abrazo mientras ella lloraba en su hombro, pero me asintió y dijo—: No me tardo. Ve con la señora Senju en lo que me ocupo de tu mamá.
Agaché la cabeza, tratando de ocultar las lágrimas. La bondad de la señora Senju me conmovió profundamente. Una vez dentro, me acomodó en su acogedora cocina, que era de un amarillo brillante con luminosos adornos blancos. Olía a canela.
—¿Tienes hambre, Sakura?— preguntó.
Negué con la cabeza.
La señora Senju llenó un hervidor de agua y lo colocó en la estufa para calentar antes de colocar un plato de galletas frente a mí y alisarme el cabello. Fue un gesto tan tierno que casi me deshizo. Se movió hacia un gabinete y sacó una caja de pañuelos. La dejó al lado del plato, sacó una silla junto a mí y me sostuvo de la mano, repitiendo una y otra vez que las cosas irían bien.
Aprecié su calma, su conducta de abuela era más de lo que podía pedir. Para el momento que me dio la humeante taza de té, me había secado los ojos y compuesto. Ma y Sasori aún no volvían, pero era capaz de ver a través de la ventana frontal de la señora Senju que la calle seguía llena de espectadores y autos.
Para distraerme, envolví las manos en la taza y me dejé sentir la calidez. La señora Senju también se preparó una taza antes de ubicarse frente a mí.
—¿Cómo te va en la escuela? —preguntó.
El hecho de que se esforzara en no preguntar por lo que ocurría al lado no se me pasaba. Le observé la frente, y sentí una oleada de tristeza. Se iría para finales de febrero.
—Supongo que lo hago bien —le dije, mi voz ronca. Me aclaré la garganta y agregué—: Volveré a aparecer en cuadro de honor este semestre.
La señora me sonrió con orgullo.
—Siempre supe que eras una niña muy brillante, Sakura, pero ¿cuadro de honor? ¡Eso es maravilloso!
Trabajé duro en la escuela. En verdad deseaba asistir a Cornell, pero Sasori me dijo que no tenía dinero suficiente en el fideicomiso para apoyar cuatro años en una escuela de Ivy League. Si entrara, tendría que hacerlo con lo que pudiera darme, las becas, préstamos estudiantiles y quizá hasta un trabajo de medio tiempo.
—Intento entrar a Cornell —le dije.
Parpadeó sorprendida.
—¿En serio? ¡Oh, Dios mío, Sakura! ¡Esa fue mi alma mater!
Aspiré una bocanada de aire. Nunca imaginé a la señora Senju como alguien de Ivy League. De hecho, nunca la imaginé como algo más que no fuera una dulce anciana.
—¿Usted fue a Cornell?
—Por supuesto que sí. En la generación del cincuenta y cuatro. Ahí es donde conocí al señor Senju. Era profesor asistente y no se suponía que saliéramos, pero lo hicimos. Nos casamos una semana después de que me gradué. —Sus ojos tenían un brillo lejano, y podía ver lo mucho que extrañaba a su marido. Luego se volvieron a enfocar en mí—. Te agradaría el señor Senju —dijo—. Era un hombre encantador. ¡Y tan inteligente! Siempre andaba en el sótano, jugando con algún nuevo invento.
—Suena genial —dije, tomando una de las galletas.
—Era maravilloso —me comentó—. Lo echo mucho de menos.
En ese momento se oyó un golpe en la puerta principal, y Sasori entró.
—Hola —dijo al vernos en la mesa de la cocina—. Los federales se fueron. Puedes volver a casa, Sakura.
—¿Dónde está mamá? —le pregunté.
—Dentro. También tuvo un mal día. Los federales fueron a su trabajo para llevar a cabo la orden de allanamiento, luego su jefe fue con las cosas de su casillero. La despidió.
—¿Por qué? —exigí—. ¡No puede hacer eso, Sasori! ¡No es su culpa que los federales vinieran a buscar en nuestra casa!
Sasori se movió incómodo y miró a la señora Senju.
—Esa no fue la razón por la que su jefe la despidió, Sakura. Tu mamá tenía algo que no debía en su casillero. Era legal, pero iba en contra de la política de la empresa.
Y entonces supe lo que pasó. El gerente de Ma encontró licor abierto en su casillero.
—Oh —dije, y me levanté rápidamente.
La señora Senju también se puso de pie. Extendió la mano, me agarró de la muñeca y dijo—: Espera un momento, Sakura. —Después se trasladó al refrigerador y sacó una cazuela—. Hice esta lasaña anoche, y obviamente preparé demasiada. ¿Por qué no tomas para ti y tu madre y la calientas esta noche?
Empecé a sacudir la cabeza, sintiéndome incómoda con la idea de aceptar tanta bondad, pero no quiso aceptar un no por respuesta.
—Sí, sí —insistió, colocando el plato pesado en mis manos—. ¡Tienes que comerte todo ahora, Sakura. ¡Estás demasiado flaca para tu propio bien!
Sasori me pasó un brazo por los hombros.
—Gracias, señora Senju —dijo—. Realmente lo apreciamos, y Sakura le devolverá el traste en los próximos días.
Asentí, y la señora Senju sonrió acompañándonos hasta la puerta. Una vez fuera nos dirigimos a mi casa y me dijo—: Asegúrate de limpiarlo muy bien antes de devolvérselo, ¿de acuerdo?
Asentí débilmente; mi atención se centró en la basura dejada por los agentes del FBI. Había bolsitas de plástico para la evidencia volando por nuestro jardín, y un par de guantes de goma negros t irados en el camino de entrada. Miré a las otras cosas y encontré los jardines sin gente. Las cortinas de la casa de los Sabaku me llamaron la atención, estaban cerradas, y podía ver los ojos de la mamá de Temari observándonos. El veneno en su mirada me dio escalofríos.
Encogiéndome más profundo en mi abrigo, aumenté el paso, hasta que giramos la esquina hacia la puerta trasera.
—¿Ma? —llamé.
—Está arriba —me dijo Sasori, tomando la cazuela de mis manos y llevándola al refrigerador. Al abrir la puerta, miró el interior por un segundo antes de meter el gran plato. El refrigerador se encontraba casi vacío, así que sabía que había lugar—. ¿Cómo pueden vivir así? —me preguntó, una vez cerrada la puerta.
—Sólo compramos lo necesario —dije a la defensiva, entonces noté el gran desorden en la cocina. Abrieron y hurgaron las alacenas, vaciaron y rellenaron el contenido de varios cajones, pero aun así había mucho caos en las encimeras.
Me apresuré para comenzar a limpiar, pero entonces recordé que Naruto seguía solo en las oficinas de la policía.
—¿Irás a ayudar a Naruto? —pregunté cuando Sasori continuaba de pie y veía el lío de la cocina.
Su mirada se movió a mí, y algo en sus ojos se endureció.
— Sakura, siéntate por un minuto, ¿sí? Vamos a hablar.
Obediente, me moví a la mesa de la cocina y me senté. Sasori tomó la silla frente a mí, y durante un largo rato, simplemente me miró fijamente.
—Necesito preguntarte algo que sé que te molestará, pero antes de que contestes, ocupo que verdaderamente lo consideres. Porque si voy a representar a Naruto, tengo que saber a qué me opongo, ¿entiendes?
Fruncí el ceño. No podía imaginar lo que me preguntaría.
—Bien —le dije.
Sasori respiró hondo.
—¿Estás segura de que Naruto no tuvo nada que ver con el asesinato de Inojin Yamanaka o Hinata Hyuga?
Me sentí tan aturdida que por casi un minuto apenas pude formar palabras.
—¿Es broma? —dije finalmente.
Sasori conocía a Naruto. Sabía lo amable y dulce que era, al igual que raro e intelectual. Naruto ni siquiera tenía un hueso de maldad en el cuerpo. Y ciertamente jamás podría haber torturado y asesinado a dos niñas. Pero el rostro de Sasori lucía muy serio.
—¿Acaso Naruto sabe sobre tu cuaderno?
Parpadeé.
—Sí.
—Así que... piénsalo, Sakura —dijo en voz baja.
—¿Que piense en qué, Sasori? —exigí—. ¡Naruto no mataría ni a una mosca! ¡Sabes que nunca dañaría a nadie intencionalmente!
Sasori volvió a inhalar hondo y se recostó en su silla, todavía luciendo dudoso.
—Tal vez no conoces a Naruto tan bien como crees.
Negué con la cabeza, mirándolo con incredulidad.
—¿Por qué crees que podría tener algo que ver con esto?
Golpeteó la mesa con el dedo índice.
—Porque eres la herramienta perfecta —dijo simplemente. No sabía de qué diablos hablaba hasta que comenzó a explicar—. Si yo fuera un chico tan inteligente como Naruto, pero con un tornillo suelto, y te conociera junto con lo que haces, podría tomar ventaja. Dices que cualquier chico va a morir en tal fecha, y tal vez será por causa natural o un accidente, pero llego a él o ella primero. Quizá me aseguro de que mueran en la fecha y que un montón de puntos vuelvan a ti. Puede que cuando las cosas se pongan mal empiezo a decir que fuiste tú. Y le comento a los federales acerca de tu cuaderno. Les digo que tú eres la enferma.
Empecé a sacudir la cabeza, lentamente al principio y luego con más fuerza.
—¿Cómo puedes decir eso? —susurré—. ¡Conoces a Naruto, Sasori! ¡Y también sabes que Uchiha mentía! ¡Naruto nunca me acusaría!
Pero Sasori sólo frunció el ceño y bajó la mirada a la mesa.
—Aún no hablo con él, Sakura —me recordó—. Y tienes razón, creo que Uchiha mentía. Pero también conozco la ley, y por eso honestamente no creo que sea una buena idea que represente a Naruto.
—¿Qué? —casi grité—. ¡Sasori! ¡Tienes que ayudarlo!
Sasori suspiró y con el dedo trazó un pequeño círculo en la mesa.
—¿Me escucharías por un segundo? —preguntó. Lo miré, negándome a contestar. Aun así continuó—. Cualquiera que viera una serie de crimen sería capaz de darse cuenta que este escenario configura un caso sólido de duda razonable. Se convertiría en una cuestión clásica de él dijo/ella dijo. Podría dirigirme allá ahora mismo, sentarme con Naruto mientras es entrevistado por los federales, y durante todo ese tiempo le advertiría que no dijera nada. En realidad, incluso menos que tú. Y luego me iría, y al segundo podría comenzar a hablar.
»Podría decirles que renuncia a su derecho de abogado y que quiere confesar. Podría decir que tú eres la loca. Que tú eres la que guardaba el cuaderno con los nombres de la gente que moriría. Que tú fuiste la que le dijo a la mamá de Inojin que su hijo sería asesinado. Que tú viste la fecha de cuando Hinata Hyuga moriría. Que tú ideaste el plan de enviar a Naruto a hablar con ella y decirle que moriría en su cumpleaños.
»¿Y adivina, Saku? Al segundo en que te señale con el dedo, no seré capaz de ayudarte. Podría negarme a representar a Naruto, claro, pero me removerían de ti, porque la corte lo vería como un conflicto de intereses, habiendo representado al chico que ahora acusaba a mi sobrina. Dirían que tenía información privilegiada o desconocida que podría volver la defensa de Naruto vulnerable.
Sacudí la cabeza con fuerza.
—¡Naruto no lo haría! —insistí— ¡Sasori, por favor! ¡Tienes que confiar en mí! ¡Es mi mejor amigo en el mundo! ¡Es la persona más leal, honesta, dulce y amable del planeta! No podría herir a nadie, y además, le gustaba Hinata. Trataba de salvarla. Y fue él quien me hizo llamar a la mamá de Inojin antes de que fallara al ir y hacerla oírlo. ¡Incluso me dijo que deseaba haberla llamado él para responder por mí! Le preocupaba tanto que su hijo muriera, ¡que se encontraba dispuesto a hacer cualquier cosa para tratar de salvarlo!
La expresión de Sasori se alarmó.
—¿Tuvo contacto directo con la señora Yamanaka? —preguntó.
Negué con la cabeza, pero luego me detuve y me di cuenta que la llamó a su teléfono.
—No, pero podría verse como que sí.
—Explícate —me ordenó.
—Guardó la información en su teléfono y la llamamos de su celular —confesé.
Presionó los labios y negó con la cabeza.
—Así que, ¿tenía su información? —preguntó. Asentí—. Entonces sabía dónde vivía Inojin.
—¡Sasori, lo juro, sólo la llamamos! Nunca fue a su casa después de que me amenazó con la policía. —Cuando sus ojos se abrieron agregué—: Traté de explicarle que todo era en serio, pero no me permitía hablar, y me amenazó con llamar a la policía si volvía a llamarle.
Sasori frunció el ceño.
—Mira, este es el problema que tengo con lo que acabas de decirme, Sakura. No sabías que Naruto había ido a ver a Hinata hasta que los federales te lo dijeron, ¿y ahora apenas me entero que guardó la información de los Yamanaka en su celular? Puede que no conozcas a tu mejor amigo tan bien como piensas.
—¡No lo hizo, Sasori! ¡Antes de que encontraran sus cuerpos, no tenía idea de que Hinata y Inojin terminarían desapareciendo! ¡Ni siquiera sabía que Hinata había desaparecido hasta que lo vi en las noticias, o que secuestraron a Inojin hasta que Sarutobi y Uchiha fueron a la escuela!
Sasori se puso de pie y repasó el piso de la cocina por un minuto o dos hasta que pareció llegar a una conclusión.
—Está bien, Sakura. Confío en ti, y lamento si te molesté, pero tuve que hacer de abogado del diablo para descubrir realmente cuánto confías en Naruto. He visto muchos de estos casos, en donde el demandado de repente señala al mejor amigo inocente, como para arriesgarme que eso le suceda a mi sobrina. Aun así, creo que tienes razón con respecto a Naruto, y te prometo que pondré lo mejor de mí al representarlo. Pero si cualquiera de ustedes me vuelve a mentir, todas las apuestas se terminan, ¿entiendes?
Tragué con fuerza, tanto enormemente aliviada como atormentada por el remordimiento de conciencia. Suspirando de alivio, dije—: Entiendo, Sasori. Gracias por ayudarle. Siento mucho el mentirte.
Asintió y alcanzó su bolsillo. Me sorprendió aún más cuando sacó un gran fajo de billetes.
—Aquí —dijo, empujándolo en mi mano.
—¿Qué es esto? —le pregunté, mirando el dinero, el cual sabía que podíamos usar, pero no podía aceptar.
—Tu mamá perdió su trabajo —dijo—. Y te impido ganar dinero con las lecturas. Mebuki rechaza mi ayuda cada vez que se lo pregunto, pero la estoy pasando por alto y te doy unos pequeños ahorros.
Negué con la cabeza, tratando de devolverle el dinero. Ma enloquecería si se enterara que acepté dinero.
—Sasori, yo…
Lo empujó más firmemente en mi mano.
—No aceptaré un no por respuesta —insistió, finalmente caminando hacia la puerta—. Ocúltalo en algún lugar en donde tu madre no lo encuentre —añadió. Y sabía que se refería que debía mantenerlo lejos para que no fuera por bebida—. Tengo que volver para encargarme de Naruto. Sin embargo, hazme un favor; no escribas ninguna fecha de muerte hasta que todo se aclare, ¿de acuerdo?
Bajé la cabeza.
—Lo haré. Lo siento. Debería haberte dicho. Sasori se acercó a la silla y me besó en la cabeza. —No importa, chica. Tengo que averiguar una manera de convencer a los federales de dejarlos fuera y que comiencen a mirar en otra dirección.
Pensé de nuevo en la mirada acusadora de Uchiha mientras sostenía mi cuaderno con las fechas de muerte.
—¿Cómo lo harás?
Sasori se volvió a mover hacia la puerta.
—Tendré que pedirle a alguno de mis contactos que haga un poco de investigación. No sé si lo valga, pero si lo hace, espero quite la atención de ustedes dos.
—¿Qué es? —Me sentía desesperada por saber, o más bien, por algún tipo de esperanza.
Su rostro se suavizó.
—Déjame preocuparme por eso, ¿de acuerdo? Voy a ver a Naruto, luego volveré y podremos calentar la lasaña de la señora Senju. Después de la cena saldremos y te conseguiremos un nuevo celular. Quiero ser capaz de poderte localizar si algo surge.
Luego se fue, y me quedé sola con el fajo de billetes aún en la mano. Miré a la cocina desordenada por un lugar para ocultarlo, y mi mano cayó en el frasco de galletas de Garfield. No lo usamos en años. Me acerqué y levanté la tapa de cerámica. En el interior había varios sobres de galletas rancias. Ma mantuvo el frasco porque mi abuela nos lo dio una Navidad. Sabía que nunca pensaría en mirar el interior, así que guardé el dinero debajo de las galletas.
Después me ocupé de ordenar la casa, checando a Ma por ratos, ya que amamantaba sus heridas con una nueva botella de vodka y la televisión. Me tomó varias horas volver a acomodar la casa, y gran parte de ese tiempo, los argumentos del abogado del diablo de Sasori llenaron mis pensamientos con las más oscuras nubes de tormenta.
