Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

16/11/2014

Los siguientes dos días fueron horribles. Los medios de noticias locales divulgaron una noticia de que Naruto había sido arrestado por el asesinato de Hinata, y que había reportes sin confirmar de una mujer cómplice. Sabía que todos en la escuela sabrían que la reportera se refería a mí. Cuando llegué a la escuela el lunes en la mañana los rumores volaban, y comencé a notar que más y más chicos me miraban con verdadero miedo en los ojos.

No podía creer que mi vida comenzara a girar fuera de control. Y los maestros tampoco no eran inmunes a los efectos de todos esos rumores. Para el cuarto período, me habían pedido que me sentara en la parte de atrás de la clase, bien lejos de los otros chicos, porque "causaba alboroto". Si por eso la señora Napier (23-05-2036) se refería a que por entrar en clase, dejarme caer en mi asiento, y esconderme detrás del libro de texto mientras todos los chicos de la clase susurraban, entonces sí, estaba causando un gran alboroto.

Las cosas empeoraron al día siguiente. El martes en la mañana intenté acudir al director Shimura por ayuda cuando encontré que mi casillero había sido llenado con crema de afeitar, pero él ni siquiera salió de su oficina. Oí a una de las secretarias decir que si quería la ayuda del director, la próxima vez tal vez no debería dejar que mi tío llamara y amenazara con demandarlo.

Eso me sorprendió. No me había dado cuenta que Sasori había llamado al director Shimura, pero se había puesto furioso cuando descubrió que Shimura permitió que los agentes federales me hablaran en su oficina.

Más tarde, el señor Iruka me puso en detención por entrar a clase justo cuando la campana sonó. Sin importar que Stephanie Corbin (04-11-2080) entró detrás de mí y no se metió en problemas.

A las tres y treinta cuando salí de detención, encontré que todos los rayos en ambas ruedas de mi bicicleta habían sido cortados y el asiento se encontraba cubierto de kétchup, mostaza, y papel higiénico.

Era un poco demasiado para mí, así que dejé la bicicleta y caminé a casa. Una vez que llegué allí encontré a mamá arriba, tumbada en el suelo del baño. Sentí ese familiar golpe de alarma como cada vez que la encontraba boca abajo en el suelo, pero cuando me agaché para girarla, vi que respiraba con normalidad.

Tomó un tiempo, pero eventualmente me las arreglé para moverla sobre la cama y taparla con la manta. En la mesa de noche se hallaban dos botellas vacías de vodka, y una tercera por la mitad. La llevé al lavabo y t iré el líquido transparente por el drenaje, sabiendo muy bien que no iba a cambiar nada.

Todavía irritada, bajé las escaleras y encontré en remojo la cazuela de la señora Senju. La fregué hasta que brilló, y para el momento en que terminé, estaba un poco menos enojada. Mientras secaba la olla, mis pensamientos vagaron a Naruto. Me sentía tan culpable por involucrarlo, y tenía muchas ganas de ayudarlo pero, ¿cómo?

Perdida en mis pensamientos, me moví a la mesa de la cocina y me senté, pensando y pensando en cualquier forma en que pudiera ser capaz de ayudarlo. Me senté allí un largo tiempo, preguntándome cómo podía hacer para convencer a los agentes que les decía la verdad. Finalmente, el comienzo de una idea flotó en mi mente, y me pregunté si valía la pena intentarlo. Sacando mi nuevo celular, llamé a Sasori, pero como era normal fue directo al buzón de voz.

Después de dejarle un mensaje para que me llamara, tomé mi abrigo y el plato de la cacerola, y me dirigí a la casa de la señora Senju. Comenzaba a oscurecer, y cuando llegué a la parte de la entrada donde podía tomar un atajo oí un bajo retumbar que resonó en algún lugar calle abajo.

Entrecerré los ojos hacia la oscuridad, podía ver débilmente el contorno de una gran camioneta pickup, estacionada junto al camino en la calle sin salida al final de la calle. El motor de la camioneta estaba en marcha, pero las luces se encontraban apagadas. Mi aliento se atoró, y me quedé perfectamente quieta. No sabía con seguridad si el conductor podía verme en la oscuridad porque me hallaba lejos del brillo de la luz de la calle, pero tenía la leve sospecha que me observaban.

Recordando la camioneta que me había perseguido por el parque, me giré hacia la casa de la señora Senju y continué hasta su camino de entrada hasta la puerta trasera, golpeando ruidosamente mientras miraba sobre el hombro. Incluso antes de que ella respondiera vi un destello negro pasar, y supe que la camioneta había acelerado.

Ella me recibió cálidamente y me invitó a entrar.

—¡Oh, Dios, Sakura! —exclamó, echando un buen vistazo a mi rostro—. ¿Te encuentras bien?

Asentí y cuadré los hombros. No quería preocupar a la señora Senju, especialmente siendo que vivía sola.

—Sí, señora —dije, ofreciéndole el plato de la cacerola. De verdad quería regresar corriendo a casa y encerrarme en mi habitación hasta que Sasori me llamara—. Todo está bien. Y gracias por la lasaña. Estaba fantástica.

Sonrió con orgullo y levantó el dedo índice.

—Antes de que te vayas corriendo —dijo, desapareciendo en la cocina sólo para regresar un momento después con varios contenedores de plástico—. Les hice a ti y a tu mamá un poco de pollo, puré de papas y frijoles —dijo. Me conmovía su continua amabilidad hacia nosotras.

—Señora Senju —dije, lista para negarme a lo que ofrecía porque, ¿qué podíamos darle a cambio?—, se lo agradezco mucho, pero…

—Oh, y hay algo de cheescake de mantequilla de maní también

—dijo antes de que tuviera la oportunidad de decir más—. ¡El señor Senju solía alabar mis cheescakes!

Sus ojos brillaban cada vez que mencionaba a su esposo, y me di cuenta que extrañaba cuidar de alguien. Así que acepté la cena tan gentilmente como pude.

—Muchísimas gracias, señora Senju. Mamá y yo lo apreciamos, y le devolveré los contenedores mañana.

Me sonrió y saludó mientras yo dejaba su casa y corría hasta mi propia puerta, golpeándola porque estaba un poco asustada. Intenté decirme que era una coincidencia pero, ¿qué si no lo era? ¿Qué si el conductor de alguna forma hubiera descubierto dónde vivía?

Temblaba mientras dejaba los contenedores en el mostrador de la cocina, agradecida de tener algo caliente y delicioso que comer en la cena. Mi teléfono sonó mientras me servía un plato. El nombre de Sasori destelló en la pantalla.

—Hola —dijo cuándo contesté—. ¿Qué sucede?

—Nada. Yo solo… tengo una idea que podría ayudar a Naruto.

—Niña —dijo, con un suspiro cansado—, sé que esto es difícil para ti, pero todo lo que digas o hagas puede ser usado en tu contra por los federales, así que por ahora, déjame preocuparme a mí por Naruto, ¿de acuerdo?

—Sasori, ¿por favor? Escucha mi idea.

Mi tío suspiró de nuevo. —Bien. Dime lo que es.

—Quiero darles una demostración a Sarutobi y Uchiha. Si puedo convencerlos de que de verdad puedo ver fechas de muertes, tal vez creerán que digo la verdad sobre todo lo demás, y verán que Naruto sólo quería ayudarme a advertirle a Hinata. Pensé en ello, y si les pedimos que me muestren fotos de personas que ya murieron y puedo probarles que de verdad puedo leer las fechas de muertes en el pasado tan fácilmente como en el futuro, esa podría ser una forma de convencerlos de que en verdad veo lo que veo.

Del otro lado de la línea Sasori se encontró en silencio por un largo tiempo. Finalmente dijo—: Escucha, cariño, no creo que sea una buena idea. Podría salirnos mal.

—Sasori —susurré, tan frustrada y desesperada que no creía que pudiera soportarlo—. Naruto está en la cárcel con tipos malos. Podrían lastimarlo sólo por ser más débil que ellos.

Sasori estuvo en silencio un rato. Luego dijo—: Sakura, lamento decirte esto, pero puede que Naruto esté en el lugar más seguro justo ahora.

Mis cejas se juntaron y sentí mi temperamento arder, porque Sasori no me escuchaba.

—¿Qué significa eso, Sasori? ¿Crees que es más seguro para él estar en la cárcel? ¿Estás bromeando?

—Está recibiendo amenazas de muerte —dijo.

—¿Amenazas de muerte? —repetí. ¿Hablaba en serio?

—Algunas llegaron a mi oficina, y su mamá recibió una o dos en su trabajo. La gente está muy enojada por la muerte de Inojin y Hinata. Los medios han exagerado toda la situación, y he estado preocupado como el infierno que pronto conseguirán tú nombre y vamos a tener que sacarte de ahí. Todo lo que se necesita es un idiota desequilibrado que decida convertirse en un justiciero.

Me sentí enferma del estómago.

—¿Crees que eso ocurra? — pregunté, hundiéndome en la silla.

—Espero que no —dijo Sasori—. Pero por ahora, es importante que permanezcas lo más lejos posible de Naruto. Los federales están buscando formas de conectarlos, y los medios intentan descubrir si los federales hablan en serio acerca de levantar cargos en contra de esta cómplice desconocida. En el minuto en que descubran que tú eres una persona de interés, Sakura, ni siquiera quiero pensar en cuán malo podría ponerse.

—Entonces, ¿ni siquiera puedo visitarlo? —pregunté, porque esa era una pregunta que quería hacer después de contarle mi idea a Sasori. Naruto me necesitaba, tan solo por apoyo moral.

—De ninguna manera puedes ir a visitarlo —dijo Sasori. Parpadeé porque comenzaba a ponerme un poco emocional de nuevo, y no quería de Sasori lo supiera. Toda esta cosa parecía tan inútil.

—Oye —dijo Sasori, probablemente oyéndome sorber por la nariz—. Puede que tenga algo que podría ayudar. Tengo a un investigador privado trabajando en algo para mí, y no tengo todos los hechos todavía, pero estoy trabajando en otro ángulo que podría empujar el caso en otra dirección.

Sacudí la cabeza. Trabajando en ot ro ángulo no se sentía como si fuera suficiente.

—Sasori, ¿por favor? ¿Por favor déjame intentar mi idea?

—No, Sakura —dijo—. Ten paciencia y déjame hacer esto a mi manera por ahora. —Cuando no dije nada, Sasori agregó—: ¿Sakura?

—Estoy aquí.

Sasori suspiró pesadamente. Sabía que estaba tan frustrado como yo.

—Niña, tienes que cooperar conmigo en esto. Necesito que me digas que entiendes.

—Entiendo —murmuré, incluso aunque fuera mentira.

Era el turno de Sasori para hacer silencio.

—De acuerdo. Por ahora, ve a la escuela, mantente fuera de problemas y tus notas altas. La mejor defensa que tenemos es mostrar qué tan buena chica eres, así que continúa siendo esa buena chica, ¿escuchaste?

—Lo que sea. —Sabía que estaba siendo una mocosa, pero no podía evitarlo. Estaba atrapada entre una roca y un lugar duro, y sintiéndome como si me aplastaran hasta quitarme la vida—. Escucha, me tengo que ir —dije, queriendo nada más que dejar de hablar por teléfono con él.

—De acuerdo —dijo Sasori—. Pero recuerda lo que dije.

Mientras colgaba, me pregunté cómo pensaba que podría olvidarlo