Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
03/12/2014
Esperé en la Biblioteca Grand Haven por unas horas, luego, en una cafetería bajando la calle de las oficinas, mi rodilla rebotaba todo el tiempo. Estaba ansiosa por pasar la prueba, y mientras los clientes entraban, me encontré mirando a sus frentes, asegurándome de poder ver cada fecha de muerte. Yo podía, por supuesto, pero aun así me tranquilizaba a pesar de la naturaleza macabra de todo.
A las dos y cuarenta y cinco me fui de la cafetería y me dirigí de nuevo a la oficina. La recepcionista me dijo que Uchiha le había dicho que me llevara de regreso cuando llegara, así seguí detrás, a pesar de que me sabía el camino. Uchiha estaba en el teléfono, de espaldas a nosotras, y por su postura, noté que estaba enfadado.
—Rin — gruñó—, ¡si él quiere vivir conmigo, entonces puede vivir conmigo!
La recepcionista se quedó en silencio y miró a su alrededor, incómoda. Se aclaró la garganta, pero Uchiha no pareció oírla.
— Entonces conseguiré un lugar más grande —ladró—. ¡El acuerdo de custodia dice que tenemos la custodia física conjunta, y si él ya no encuentra vivir contigo una experiencia placentera por lo que recuerdo, entonces por supuesto que puede vivir conmigo!
Miré alrededor. Por lo que vi, todo el mundo dentro de seis metros de nosotros podía oír a Uchiha enfrentarse a lo que parecía ser su ex esposa, y todos cuidadosamente mantenían sus miradas alejadas, fingiendo no escuchar. Era una broma.
La recepcionista se aclaró la garganta en voz muy alta, una vez más, y la postura de Uchiha se puso rígida. Nos miró por encima del hombro y dijo—: Me tengo que ir. Hablaremos de esto más tarde. — Mientras colocaba el teléfono en el soporte pude oír la voz aguda de su ex gritándole a través del receptor. Sentí pena por su hijo atrapado en el medio.
—Estás de vuelta —dijo como si no esperara que estuviera a tiempo.
La recepcionista sonrió torpemente y dijo—: El agente Uchiha la tomará desde aquí. —Luego hizo una rápida retirada por el pasillo.
—Si usted no está listo... —le dije.
—Está bien. Adelante.
Uchiha me hizo señas para que siguiera adelante, y entré en su oficina, notando que la mayoría de los artículos en su escritorio habían sido eliminados. Lo que había sido una superficie abarrotada de papel y archivos y marcos de cuadros, estaba ahora limpio, excepto el monitor de la computadora y una pila de papeles de varios centímetros de espesor. Sobre la primera hoja de papel había una copia a color de un hombre mayor, rodeado de globos. Parecía tener un ligero parecido con Uchiha.
En el lado opuesto de la habitación había varios álbumes de fotos, algunos parecían bastante viejos, y en un trípode había una cámara destinada al costado derecho del escritorio. Ignoré la cámara y me dirigí a la silla, pero Uchiha levantó la mano.
—¿Tú teléfono, Sakura?
Lo saqué de mi bolsillo trasero y se lo entregué. Entonces me quedé de pie con las cejas levantadas hasta que él hizo un gesto para que me sentara. Una vez que tomé mi asiento miré alrededor de la mesa.
—Necesito algo para escribir. Y algo en qué escribir.
Uchiha se dirigió a la pantalla del ordenador caminando alrededor de modo que su espalda me estaba enfrentando antes de llegar a su escritorio y sacó un conjunto de notas adhesivas y un lápiz.
— Escribe la fecha en la nota adhesiva y colócala en la foto —instruyó. Luego levantó el teléfono y dijo—: ¿Quieres que cuente?
Tomando el lapicero y dejando el conjunto de notas adhesivas en frente de mí, no pude evitar sonreír un poco.
—Claro.
—Tres... dos... uno. Me puse a trabajar.
La pila era interesante. La mayoría de las páginas eran copias en color de lo que supuse eran fotos de familia. Algunos de ellos contenían más de una persona, pero dentro de ese grupo siempre había al menos una persona en círculos, y yo sabía que era en quien Uchiha quería que me concentrara. No gasté más de cinco segundos por foto, eso es todo lo que tomó. Yo simplemente miraba y escribía la fecha. Cuando llevaba la mitad, vi que Uchiha había intentado hacerme equivocar con un círculo sobre la foto de una mujer madura, tomada por lo menos varias décadas antes, quien todavía estaba viva. Y lo estaría por tres años más. Anoté su fecha, y junto a ella también escribí Buen intento.
Aparte de eso, sólo una foto realmente se destacaba. Era la imagen de un niño de unos diez u once años con una gran brecha entre sus dos dientes delanteros. Él estaba sonriendo de oreja a oreja y vestía una camisa con un collar de gran tamaño. Su fecha de muerte era 21-01-1974. Había algo extrañamente familiar en él, pero no pude poner averiguar por qué, y como era que estaba preocupado por el tiempo, me obligué a continuar.
Después de terminar, dejé el lapicero y me levanté. Uchiha parecía sorprendido. Miró su teléfono.
—Todavía tienes dos minutos.
Me encogí de hombros.
—No los necesito.
Él miró la pila de fotos con notas adhesivas perfectamente unidas, como si no supiera muy bien qué hacer a continuación.
—Esperaré en el vestíbulo mientras evalúa las fotos. —Y sin decir nada más salí de su oficina y me dirigí a la recepción.
Uchiha me dejó sentarme allí por un tiempo muy largo; casi una hora y quince minutos pasaron antes de venir por el pasillo en mi busca, y cuando lo hizo, parecía aturdido. Tuve que ser muy cuidadosa para ocultar la sonrisa satisfecha que quería mostrar en mis labios.
Dobló el dedo hacia mí, y lo seguí una vez más a su oficina. Luego cerró la puerta y se sentó. Me di cuenta que en la parte superior de la pila de fotos se encontraba la imagen del joven con la brecha entre los dient es.
—¿Cómo lo haces? —preguntó Uchiha después de una larga pausa.
Me encogí de hombros.
—Es algo que siempre he sido capaz de ver.
Me miró de soslayo, esos ojos tan centrados, como si quisiera averiguar el truco de magia.
—No es un truco —le dije—. Es real.
Uchiha se recostó en su silla y se pasó una mano por el pelo.
—He estado en ello una y otra vez, y no hay forma de que pudieras conocer estas fechas —dijo—. Quiero decir, algunos de estos miembros de la familia murieron hace ochenta años en Irlanda.
Me encogí de hombros.
—He estado tratando de decirle.
Uchiha tomó la foto del chico.
—¿Sabes quién es?
Negué con la cabeza.
—Es mi hermano pequeño. Eso me impactó.
—Se ahogó cuando yo tenía trece años. Ni siquiera sabíamos que había ido al estanque ese día. Quería jugar al hockey como yo. Se ubicó en un poco de hielo fino y no lo sostuvo. Yo fui el que lo encontró.
Me retorcí en mi silla.
—Lo siento.
Él asintió con aire ausente y puso esa foto a un lado sólo para tomar la siguiente, que era la foto de la mujer que no había muerto todavía.
—Esta es mi tía abuela Ginny. Vive en Dublín. Tiene noventa y siete, y siempre dice que quiere vivir para ver un centenar. Puso su muerte el dieciocho de marzo del dos mil diecisiete. Ese es el día después de su cumpleaños número ciento uno, y sería exactamente como si la tía Gin revisara el segundo después de su cumpleaños. Ella hace eso en las fiestas, también.
No pude evitar la sonrisa que curvó los bordes de mis labios.
—Así que ahora me cree, ¿verdad?
Uchiha se rascó la cabeza, sin dejar de mirar las dos fotos en su escritorio. las de su hermano y su tía.
—Te vi como un halcón —dijo en voz baja—. Ni siquiera levantaste la vista. Pasaste por una pila de fotos de cuarenta personas que sé que nunca has oído hablar o visto antes, y que no podías posiblemente haber investigado ninguno de ellos, y aun así no fallaste una sola foto. Ginny tenía que hacerte equivocar, Sakura. Y si no lo hacía, entonces saqué fotos de álbumes de fotos familiares de otros agentes, también. Incluso si hubieras investigado a toda mi familia, sé que no podrías haber imaginado al azar las fechas de estas otras personas.
Uchiha luego señaló a la cámara.
—Tuvimos un experto en lenguaje corporal viéndote también —dijo—. Un investigador del FBI en Washington D.C., quien es el mejor en el negocio, dice que no puede explicar cómo puedes hacer eso, pero tu lenguaje corporal sugiere que no estás escribiendo estas fechas de memoria. Dice que pudo haber una pausa momentánea mientras pasabas cada foto para recordar la cara y la fecha de tu memoria y que no te detuviste ni una vez, excepto con tía Gin, y piensa que es porque te diste cuenta de que había intentado hacerte equivocar.
Uchiha se agachó para sacar una carpeta y la dejó sobre la mesa. Abriéndola pude ver varias fotografías, muchas de ellas eran de Naruto y de mí en el juego Suna.
—Nunca es lo bastante adecuado — dijo, rascándose la barbilla— El agente Sarutobi y yo hemos estado dando vueltas y vueltas en esto. Desde la primera entrevista con la señora Yamanaka, afirmó que en realidad nunca saliste y la amenazaste a ella o a su hijo, solamente que habías predicho que moriría la semana siguiente.
»Y entrevistamos a varios otros clientes tuyos, también, Sakura. Nos ha llevado un par de semanas compilar una lista de ellos, pero lo que realmente nos fastidió fue Pat Kelly. ¿Te acuerdas de él?
Asentí. Era un hombre del que había leído por sólo unos pocos días antes de que todo esto comenzara. Había sido muy bueno conmigo, incluso después de que le había dado la mala noticia.
—Él dice que había venido a verte el doce de octubre. Su nombre estaba justo antes de Yamanaka en tu cuaderno, por lo que estábamos interesados en hablar con él. Le preguntamos lo que habías dicho, y nos dijo cómo le habías predicho que moriría en mayo. Luego me dijo que acababa de llegar de su médico que le había dado seis meses de vida. Kelly juró que no te dijo o de cualquier manera indirecta que tenía cáncer de páncreas. Lo miré examinándolo, Sakura, y no podía decir que estaba enfermo. El tipo parecía saludable como un caballo.
Mientras Uchiha hablaba, no lo interrumpí. Simplemente dejé que lo entendiera, esperando el momento cuando por fin me dijera que me creía.
Uchiha giró una foto hacia mí, y vi que era de mí y Naruto, sentados en las gradas en el juego de Suna, ambos con una amplia sonrisa y pareciendo muy felices. Me di cuenta, que ya sea Sarutobi o Uchiha habían tomado la foto desde sus asientos en las gradas, y sin darse cuenta habían capturado la última vez que Naruto o yo habíamos estado así sin preocupaciones.
—A decir verdad, Sakura —continuó Uchiha—, tú y Naruto no encajan en el perfil de dos asesinos en serie.
La admisión de Uchiha me dejó aturdida.
—¿Entonces por qué has estado tan centrado en nosotros? —exigí.
Suspiró profundamente y se pasó una mano por el pelo.
— Tenemos que seguir la evidencia —dijo—. Y había mucho que apuntaba a ustedes dos.
—Pero tiene que haber cosas que aleje las pistas de nosotros, también —insistí, y para dar énfasis agité mi mano en la pila de fotos que demostraba que había estado diciendo la verdad todo el tiempo.
Uchiha se encogió de hombros, luego asintió.
—El mismo tipo en D.C. que te vio pasar por las fotos, me envió el perfil psiquiátrico esta tarde de la persona que él piensa que mató a Hinata Hyuga y Inojin Yamanaka, y sólo tuve una oportunidad de leerlo —continuó Uchiha, y alcanzó una carpeta de manila en el lado de su escritorio y lo abrió—. El informe dice que Hyuga y Yamanaka fueron definitivamente asesinados por la misma persona, y esa persona era probable que fuera un hombre caucásico solitario entre los treinta y cincuenta y cinco. Un tipo con un montón de rabia reprimida. Un tipo con fantasías enfermas e inteligencia superior a la media. Es probable que sea hábil para guardar secretos, y es muy bueno acerca de cómo ocultarlos a la vista. Él probablemente tiene un trabajo estable, uno que ha tenido durante años, pero que secretamente odia. Es alguien que tiene una visión distorsionada de sí mismo, un tipo que piensa que está por encima de la mayoría de la gente, y tiene dificultades para hacer duraderas conexiones sociales. Toma su rabia sobre los niños en la adolescencia, porque parece que tiene algún tipo de enfermiza venganza en contra de ellos. Representan una especie de detonante de su ira, y conduce esa ira contra ellos para torturarlos y matarlos. Mi perfilador termina el informe diciendo que es muy poco probable que usted o Naruto sean el asesino.
Sentí una oleada de alivio, pero no quise decir nada más para detener el ímpetu que Uchiha estaba construyendo, así que simplemente le dejé continuar. Uchiha puso el archivo hacia abajo y levantó otra foto.
—Sigo regresando a esto —dijo él. La imagen me mostraba entrecerrando los ojos a Hinata, una mirada de asombro en mi cara, y al lado de mí, Naruto estaba mirando a la bella animadora con tímida fascinación y adoración. Sus mejillas estaban rojas, y tenía esa sonrisa esperanzada en el rostro. Lucía juvenil y dulce, no mal de la cabeza. Uchiha golpeó la imagen de Naruto—. Él no se parece a nada más que un niño enamorado —dijo él, reflejando mis pensamientos—. Tuvimos un psicólogo hablando con él, y nada sobre esa entrevista nos dio algún atisbo de violencia o rabia reprimida. Todo lo contrario, en realidad. De acuerdo a nuestro hombre, el coeficiente intelectual de Naruto es a nivel de genio, pero es humilde acerca de su inteligencia. Y aunque le cuesta un poco ser más social, no parece sostenerlo contra nadie. Así que, Uzumaki es el mayor joven estafador que he conocido, o en realidad es un chico tímido, inteligente que intentó advertir a una chica guapa que tenía una cita con la muerte en su cumpleaños. Y tal vez también es un buen amigo que quiere que la gente crea en ti para que las madres no tengan que enterrar a sus hijos.
Me encontré asintiendo.
—Se lo juro —le dije—. Eso es todo lo que era, agente Uchiha. Naruto nunca le haría daño a Hinata o Inojin. Él es el chico más dulce que he conocido. Estaba tratando de encontrar una manera de salvarlos a ambos.
Uchiha alcanzó de nuevo en su cajón y sacó otro archivo, éste estaba fijado con una banda de goma gruesa.
—Tengo que enviar esto a tu tío hoy —dijo él—. Es toda la evidencia que hemos recogido en contra de Naruto. Una de las mayores piezas de evidencia que encontramos en la escena del crimen de Inojin Yamanaka y Hinata Hyuga es un conjunto de tamaño de doce huellas de botas. Está bastante fangoso en las orillas del río Waliki, y encontramos esas huellas de botas por todo el lugar, que conduce a la carretera.
»Siempre me molestó que Uzumaki llevara una talla nueve en zapatos, y buscamos en su armario. Posee cuatro pares de zapatillas y un par de mocasines de cuero. Sin botas. Pensé que lo teníamos cuando encontramos las botas de su padre en el armario de su madre, pero son el tamaño incorrecto, también, y la banda de rodadura equivocada.
Asentí; Sasori me había dicho lo mismo. Además, Naruto nunca usaría cualquier zapato en los que no pudiera patinar. Se lo dije al agente Uchiha y él gruñó, golpeando la carpeta en el borde de la mesa como si estuviera pensando profundamente. Luego se envaró completamente en su escritorio de nuevo y señaló la misma carpeta.
— Esto también incluye una copia de ese archivo que su tío nos dio, la del niño en Willow Mill que fue asesinado. ¿Adivina lo que se encontró allí?
—¿Huellas de botas? —supuse.
Uchiha asintió.
—Sip. Tamaño doce. Demonios, incluso mi chico en D.C. me confesó por teléfono hoy que piensa que es el mismo asesino de los tres chicos. Los cigarrillos encontrados en la escena del asesinato de Carter son del tipo encontrados en los otros dos escenarios, pero el ADN de todos los cigarrillos los descartan a usted y Uzumaki.
Parpadeé.
—¿Pensé que iba a tomar mucho tiempo obtener el ADN de vuelta?
Uchiha levantó los ojos de la carpeta.
—El caso de Carter se abrió de nuevo en agosto. Los resultados se produjeron en la semana pasada, así que tuvimos los cigarrillos de los otros dos asesinatos más rápido a través del laboratorio federal, que no son tan lentos como los laboratorios de la ciudad. Los resultados llegaron mientras yo estaba evaluando tu prueba. Resulta que ninguno de los ADN coincide con ustedes chicos, o la sangre en el cuchillo, el cual resulta ser de Uzumaki. Y, sin embargo, todos los cigarrillos fueron utilizados por un individuo solitario que al parecer nunca ha tenido antecedentes penales, ya que su ADN no se encuentra en nuestro sistema.
Cerré los ojos. Sentí una mezcla de alivio y también de ira.
—¿Por qué? —le susurré.
—¿Por qué, qué? —respondió Uchiha.
Abrí los ojos.
—Si sabía todo esto, ¿por qué sigue manteniendo a Naruto en la cárcel?
Uchiha suspiró, pero al menos tuvo el coraje de sostener mi mirada.
—Teníamos que estar seguros, Sakura. Y como he dicho, mucho de esto acaba de llegar, y gran parte de la evidencia circunstancial temprana señalaba a ambos.
—¿Está seguro ahora? —le pregunté, cruzando los dedos.
Cerró el archivo, pero me di cuenta inmediatamente de que no iba a ceder tan fácil. Señalando el archivo de nuevo dijo—: Como he dicho, Sakura, le daré eso a tu tío. Va a presentar una moción para que el caso contra Uzumaki se cierre por falta de pruebas, y mientras que él está haciendo eso, vamos a tener una charla con el fiscal y decirle que no luche contra eso.
Pasó mucho tiempo antes de que pudiera decir nada. Por fin me puse de pie y dije en voz baja—: Gracias, agente Uchiha. Muchas gracias.
—No me lo agradezcas, Sakura. Hasta que atrapemos a este tipo, vamos a seguir manteniendo un ojo en ti y Uzumaki.
Apreté los labios y miré al suelo.
—Bueno. Supongo que eso es justo.
Alguien llamó a la puerta de Uchiha, y levanté la barbilla para ver al agente Sarutobi de pie allí con su abrigo y una expresión sombría.
—Tenemos otro chico desaparecido, Kakashi.
Uchiha palideció.
—¿Cuándo?
Sarutobi me miró con recelo, pero siguió hablando.
—Call acaba de llegar. Un chico de trece años de edad, de Konoha, se suponía que se encontraría con su madre en su casa a las tres y cuarto luego de la cita con el médico. El chico nunca se presentó y fue el último en abandonar la escuela visto unos diez minutos antes de las tres.
Uchiha miró su reloj.
—Son solo veinte minutos después de las cuatro —dijo—. ¿Ella está segura que él no solo lo olvidó?
—El niño le preguntó a su profesor si podía irse de la clase cinco minutos antes así podría llegar a casa a tiempo. La mamá comenzó a llamar a su teléfono una y otra vez, y luego salió a buscarlo. Dijo que escuchó su tono de llamada y encontró su celular en la acera, pero ni rastro de él.
—¿Nombre? —preguntó Uchiha.
—Udon Murphy.
Inhalé una bocanada de aire.
—¿Lo conoces? —me preguntaron Uchiha y Sarutobi.
—Algo así —dije—. Solía hacer de niñera de su hermano pequeño.
Uchiha se quedó quieto y me miró intensamente.
—¿Recuerdas su fecha de muerte, Sakura?
Negué con la cabeza.
—No. Pero no creo haberlo conocido. Quiero decir, sólo hice de niñera para su familia cuando Udon no podía cuidar de su hermano pequeño.
Uchiha se levantó y tomó su abrigo del gancho en la esquina de la habitación.
—Llama a tu tío. Dile que queremos hablar con ustedes dos en un par de horas.
Empecé a negar con la cabeza.
—¡No fui yo! ¡He estado aquí todo el tiempo, agente Uchiha!
Se encogió en su abrigo y puso una mano en mi hombro.
—Lo sé. Ve a casa por ahora y dile a tu tío que necesitamos verte en un par de horas, y que debe estar presente. Lo llamaré con el tiempo.
Y con eso, Uchiha y Sarutobi salieron de la habitación.
Sasori estaba tan furioso conmigo que me colgó a mitad de la conversación. Llegó a la casa con la cara roja y todavía tan enojado, que no sabía si debía dejarlo entrar.
—¡Abre la puerta! —gritó desde la escalera trasera.
Tomé una respiración profunda y abrí la cerradura. Entró y me agarró por los hombros.
—¿Sabes lo que has hecho? —rugió—. ¿Cómo pudiste haber ido allí sin mí?
Esperé mientras Sasori caminaba de un lado a otro en la cocina, gritando acerca de cómo cualquier cosa que le dije a Uchiha podía ser utilizado en mi contra, y cómo ahora tendría suerte si él me podría mantener fuera de la cárcel, y cómo yo probablemente arriesgué la libertad de Naruto, también... y luego su celular sonó.
—¿Qué? — espetó, sin molestarse siquiera en mirar el identificador de llamadas.
Su expresión cambió en menos de medio minuto mientras escuchó a quien llamaba.
—Gracias por llamar, Barb. Esa es una gran noticia. —Colgó y se tocó la barbilla con el teléfono, sus ojos distantes hasta que regresó su mirada hacia mí, pero ahora no parecía en absoluto enfadado, simplemente aturdido. —¿Qué les dijiste a ellos?
—Nada, Sasori, lo juro. Sólo tuve a Uchiha poniéndome a prueba.
Sasori se rascó la cabeza.
—Sí, bueno, eso debió haber sido un infierno de prueba, Sakura, porque esa era la fiscal auxiliar. Está dejando el caso contra Naruto. Será libre de irse después de procesar la documentación, lo que debe ser en algún momento de mañana.
Sentí una sonrisa brotar en mi rostro, y estuve a punto de correr hacia adelante para abrazar a Sasori cuando su teléfono sonó de nuevo. Esta vez miró de reojo el identificador de llamadas antes de contestar.
—Sasori Haruno —dijo secamente.
Esperé durante la corta llamada para saber que era Uchiha. Estaba dispuesto a reunirse y quería que nosotros fuéramos a las oficinas, lo antes posible. Sasori le dijo que iba a estar allí tan pronto como pudiera.
—¿Qué crees que quieren? —pregunté.
—Uchiha no me dio ningún detalle excepto decirme que pesaba que podríamos ayudar.
—¿Crees que es una trampa? —pregunté, más porque Sasori se veía muy preocupado que porque yo no confiaba en Uchiha. La verdad era, después de sentarme con él en su oficina y viendo que había sido fiel a su palabra de decirle a la fiscal que abandonara el caso contra Naruto, pensé que por fin podría confiar en el agente.
—¿Una trampa? —repitió Sasori—. No estoy seguro, niña, pero si no quieres ir, no lo haremos. Depende de ti.
Pensé en ello durante un minuto antes de decidir.
—Vamos. Pero si crees que quieren intentar atraparme, no me dejes hablar.
Sasori me miró con los ojos entrecerrados.
—Como si eso funcionó tan bien antes.
—Lo siento —dije—. Tuve que, sin embargo, Sasori. Naruto realmente necesitaba mi ayuda, y era la única que lo había metido en este lío en primer lugar.
Sasori suspiró y se acercó para darme un abrazo breve.
—Para que conste, Sakura, no has metido a nadie en este lío. Naruto decidió por sí mismo ir a ver a Hinata. Y si mal no recuerdo, me dijiste que incluso intentaste advertirle sobre contactarla.
—Aun así no es su culpa —contesté con terquedad. Sasori me miró con seriedad.
—Ni la tuya, tampoco.
Llegamos a las oficinas antes de las seis. Sasori llamó a la señora Uzumaki en el camino, y escuché los sollozos felices a través del teléfono. Sasori le prometió tener a su oficina llamando a la cárcel y acosándolos hasta que Naruto fuera puesto en libertad al día siguiente.
—Intentaré y conseguiré acelerarlo tan rápido como pueda, Mary Anne.
Cuando Sasori colgó me di cuenta de que se encontraba un poco emocional, también. Para un hombre tan duro, mi tío tenía un punto débil realmente dulce.
Cuando nos reunimos con Uchiha y Sarutobi en la oficina de Uchiha. Hicieron señas para que nos sentáramos, y luego Uchiha sacó una fotografía y la deslizo hacia mí. Era una foto de un niño un par de años más joven que yo, con el pelo rubio claro y ojos pardos. No reconocí su rostro, pero sabía que debía estar mirando a Udon Murphy.
—Esto es extraño—dije, mirando a los agentes.
—¿Qué? —dijo Uchiha.
—Quieren que les diga si está muerto, ¿cierto?
Uchiha asintió, y después de una rápida mirada a Sasori, quien asintió, también, dije—: Su fecha de muerte no es hasta el doce de julio, del dos mil setenta y nueve.
Ambos parecían sorprendidos.
—Entonces, ¿dónde está? — preguntó Sarutobi.
Sasori se inclinó hacia adelante, probablemente percibiendo una trampa, pero me encogí de hombros.
—No tengo idea.
Sarutobi frunció el ceño.
—¿Pensé que eras psíquica?
Suspiré porque había pasado por esto con él antes. Todo esto tenía una rara calidad de déjà vu sobre ello, excepto por el hecho de que Udon iba a vivir otros sesenta años más o menos.
—Sólo puedo ver su fecha de muerte. Nada más.
El ceño fruncido de Sarutobi se profundizó.
—¿Consigues algo de la fotografía? —presionó.
—¿Qué otra cosa iba a conseguir de ella? —espetó Sasori—. Acaba de decirte que la única cosa que puede ver es su fecha de muerte.
Sarutobi se puso a la defensiva.
—Oye, hombre, ella es la única que quiere hacernos creer que tiene estas habilidades, no yo, y ¿cómo diablos se supone que voy a saber cómo funciona todo esta cosa rara?
—¡Ustedes son los únicos que nos llaman a la mesa! —replicó Sasori—. Ella ha sido honesta con ustedes desde el principio, y todo lo que hicieron fue lanzar a su mejor amigo a la cárcel y ponerla bajo el microscopio durante el último par de semanas. Lo menos que puede hacer es tener un poco de respeto por sus habilidades, agente Sarutobi.
Uchiha levantó sus manos en un gesto de tiempo fuera.
—¡Oye!—dijo severamente—. ¿Podemos estar de acuerdo en jugar bien por el resto del interrogatorio?
Sasori y Sarutobi se callaron, conformándose con mirarse duro el uno al otro. Uchiha miró a uno y a otro, como para asegurarse de que no habría más arrebatos, entonces se centró en mí.
—Mira, el asunto es, Sakura, estamos bastante seguros de que Udon fue secuestrado. Una mujer paseando a su perro dijo que le pareció oír a un niño gritando, y se giró para ver a un hombre corriendo para entrar a una camioneta y salir a una gran velocidad. Ella no encajó todo hasta que un vecino le dijo que un niño de dos bloques más allá estaba perdido.
Me incliné hacia adelante.
—¿Una camioneta? —Un cosquilleo frio comenzó a serpentear su camino hasta mi espina dorsal.
—Sí —dijo Uchiha—. ¿Por qué? ¿Eso significa algo para ti?
Mi mente mostró rápidamente todos esos incidentes cuando vi una camioneta oscura siguiéndome o conduciendo por mi calle.
—¿Qué es? —preguntó Sasori, y me di cuenta que no había hablado durante un par de segundos.
—Hace un par de semanas cuando estaba buscando a Ma, una camioneta me persiguió en el parque, entonces el conductor intentó interceptarme en el otro extremo, pero escapé.
Sasori casi se cayó de su silla.
—¿Cuando fue esto? —exigió. Pude ver el miedo en su rostro, y deseé haberle dicho antes.
—Hace unas tres semanas.
—¿Viste al conductor? —preguntó Sarutobi, pero mi mente se dirigió a otro incidente con lo que estaba segura era el mismo vehículo.
—No, pero creo que vi la camioneta otra vez una semana más tarde.
Uchiha sacó una libreta amarilla del cajón de su escritorio y tomó un bolígrafo.
—¿Dónde?
—Condujo por mi calle.
—¿Conseguiste un número de placa?
Negué con la cabeza.
—Nunca estuve lo suficientemente cerca para leerla.
Uchiha continuó garabateando mientras me preguntaba—: ¿De qué color era la camioneta?
Negué con la cabeza.
—Realmente no lo sé. Cada vez que la vi, era de noche. Creo que podría haber sido ¿gris oscuro? Pero lo que más recuerdo es que tenía este motor ruidoso.
—Eso encaja con lo que la testigo nos dijo —dijo Sarutobi.
Uchiha levantó la mirada hacia mí de sus notas. —¿Esas son las dos únicas veces que has visto esta camioneta, Sakura?
Me encogí de hombros.
—¿Si?
—No suenas segura —dijo Uchiha.
Suspiré.
—La verdad es que no lo sé, señor. Quiero decir, este fin de semana pasado me pareció ver la misma camioneta en mi calle.
—¿Qué día y a qué hora?
—Sábado, alrededor de las cuatro de la madrugada.
—¡Jesús! —siseó Sasori, pasándose una mano por el pelo y sacudiendo la cabeza. Tuve una sensación de que tendría otro sermón más tarde.
Uchiha golpeó el bolígrafo contra el bloc de papel.
—¿Sabes lo que no me gusta? —me dijo.
Me retorcí. ¿Pensaba que estaba mintiendo?
—No me gusta que tres de estas víctimas parecen tener una especie de conexión suelta contigo, Sakura, y ahora nos enteramos de que ha habido una camioneta misteriosa paseando por tu casa y acechándote en el parque.
Sasori abrió la boca para protestar, pero Uchiha levantó la mano.
—No la estoy acusando, abogado. Estoy intentando decirle que alguien parece tener una fascinación con su sobrina.
Sentí un escalofrío correr a través de mí.
—Sakura —continuó Uchiha—, ¿crees que podrías conocer a este tipo?
Negué con la cabeza, pensando que él creía que yo sabía quién estaba secuestrando y matando a estos niños.
—¡No, señor!
—¿Cuándo dijiste que cuidaste del hermano menor de Udon?—preguntó después Uchiha, y me di cuenta que él no se había rendido en perseguir la pista.
—El verano pasado. Pero sólo fue un par de veces, y luego me fui a Florida con el tío Sasori, y la escuela comenzó después de eso, así que ya no tenía tiempo para hacer de niñera para ellos.
—¿Conociste a Rob Carter? ¿O cualquier persona relacionada con él?
Una vez más negué con la cabeza.
—No. Lo juro.
Sarutobi movió su silla hacia adelante.
—¿Has conocido recientemente a alguien que te ha dejado los pelos de punta? — preguntó él—. ¿O alguien quién podría estar molesto contigo? Como, ¿un cliente que no recibió la noticia que estaban esperando?
Abrí la boca para decir no, pero luego realmente pensé en ello.
—En realidad, hay un par de personas.
La ceja de Uchiha se elevó.
—¿Un par?
—Sí. Han sido unas semanas difíciles con esta investigación y esas cosas.
Uchiha movió su bolígrafo sobre su bloc de papel.
—¿Me puedes dar sus nombres, Sakura?
Una mirada de reojo a Sasori me dijo que estaba bien.
—Bueno, para empezar, está este profesor realmente escalofriante en la escuela. Conduce una camioneta, también.
—¿Quién? —presionó Uchiha.
—El señor Iruka. Es mi profesor de matemáticas y me acompaña al quinto periodo todos los días, pero siempre está sobre mis talones cuando caminamos por los pasillos, como si él quisiera hacerme sentir incómoda. Y a veces lo oigo murmurar cosas malas sobre mí en voz baja.
—Espera —dijo Sarutobi, inclinándose hacia adelante—. ¿Te acompaña al quinto periodo? ¿Por qué un profesor te acompañaría a clase?
Sasori se aclaró la garganta.
—Sakura tenía un problema en la escuela tanto con los estudiantes como con la administración desde que se supo que ustedes registraron su casa en relación con los asesinatos de Hinata y Inojin.
—Ah —dijo Uchiha, y me di cuenta que lo hizo sentir un poco mal—. ¿Dijiste que su nombre es Iruka?
Asentí.
—La semana pasada le oí murmurar algo acerca de estar enfadado conmigo por conseguir que despidieran al director Shimura.
—¿Conseguiste que despidieran al director? —repitió Sarutobi de nuevo.
Sasori levantó la mano.
—Para que conste, no consiguió que despidieran al director. El superintendente investigó el asunto de Sakura siendo intimidada, y encontró al director Shimura culpable. Él puede haber incluso fomentado el abuso.
Los ojos de Uchiha se oscurecieron y se volvió hacia mí.
—¿Lo hizo?
Me retorcí.
—Creo que Shimura realmente pensaba que yo era culpable. Ya sabe, porque ustedes llegaron a la escuela a interrogarme en su oficina, y luego arrestaron a mi mejor amigo, y las noticias dijeron que Naruto podría haber tenido una cómplice femenina.
Uchiha suspiró y tomó nota.
—¿Sabes qué tipo de auto conduce Shimura?
—Una SUV negra —dije—. También lo vi conducir por mi casa la semana pasada.
El rostro de Sasori se puso rojo.
—Por favor, que esté bromeando —dijo él.
Negué con la cabeza. Estaba segura de que lo había visto esa misma noche que salí al pórtico delantero a pensar y recoger el correo.
—¿Son Iruka y Shimura amigos? —preguntó Uchiha.
—No lo sé —dije con sinceridad.
—¿Alguno de ellos fuma? —preguntó Sarutobi.
Recordé el olor de la nicotina en el aliento del señor Iruka mientras me acompañó a clase.
—Creo que el señor Iruka lo hace.
Uchiha tomó un par de notas más antes de voltear la página.
—¿Cualquier otra persona dándote problemas, Sakura? ¿O sólo estos dos?
—Están Shino Aburame y Kabuto Yakushi —sugirió Sasori antes de que tuviera la oportunidad de responder.
—¿Quiénes son ellos? —preguntó Uchiha mientras garabateaba rápidamente.
—Dos chicos de la escuela de Sakura que la maltrataron en un hueco de la escalera. Fueron suspendidos.
La mano de Uchiha se detuvo cuando Sasori dijo la palabra maltrataron. Luego apretó los labios y sin levantar la mirada, preguntó—: ¿Alguna idea de qué tipo de auto conducen?
Pensé de vuelta.
—Shino a veces conduce el todoterreno de su madre a la escuela. No creo que alguna vez haya visto a Kabuto conduciendo un auto.
—¿Alguien más? —dijo Uchiha, su mano una vez más saltando a través de la página.
Pensé en Temari y Shikamaru. Siempre me estaban dando un mal rato, pero tengo serias dudas de que alguno de ellos fuera capaz de asesinar. Y entonces, alguien más vino a mi mente.
—Bueno, estaba el hijo del señor Kelly —dije, recordando una llamada telefónica enojada que Ma contestó después de que me reuní con el señor Kelly, el hombre con cáncer de páncreas—. Ma recibió una llamada de él, y dijo que estaba súper enojado conmigo por convencer a su padre de que no había esperanza.
—¿Por qué diablos no me dijiste esto, Sakura? —gritó Sasori. Me di cuenta que se estaba poniendo realmente molesto porque sólo sabía la mitad de lo que había estado sucediendo conmigo.
—Llamó antes de que algo de esto comenzara —dije, sintiendo mis mejillas enrojecer—. Y en su mayoría, le gritó a Ma y colgó. Pensó que convencí a su padre sobre conseguir tratamiento para ayudar a combatir el cáncer.
—¿Lo hiciste? —preguntó Sarutobi.
Eso me tomó por sorpresa y me puso a la defensiva.
—¡No!
Sarutobi se encogió de hombros, como si no le importara si me hubiera ofendido o no.
—Bueno, si tú lo dices.
Lo miré fijamente y me di la vuelta.
—¿Hay alguien más? — preguntó Uchiha, cuando la sala se quedó en un incómodo silencio.
Brevemente contemplé la idea de mencionar al espeluznante chico de la entrega de muebles, Orochimaru, pero lo descarté. Podría haberme inquietado con sus miradas lascivas, pero no creí que estaba especialmente interesado en mí. Probablemente miraba a la mayoría de las mujeres así. Además, Sarutobi realmente me había desalentado con su comentario y su actitud, así que sacudí la cabeza.
Uchiha hizo una nota final y dijo—: Gracias, Sakura. Revisaremos todo esto y nos pondremos en contacto.
