Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

04/12/2014

Udon Murphy fue encontrado a las 2 a.m. No pude dormir, y escuché el teléfono de Sasori sonar. Acercándome de puntillas hasta la puerta de mi habitación, escuché a Sasori hablando con alguien en el teléfono, y luego escuché el piso flotante crujir cuando salió de la cama.

—¿Te desperté? —preguntó, viéndome en la puerta.

—Te escuché hablando por teléfono.

Sasori aún lo tenía en su mano.

—Lo siento —dijo—. Encontraron a Udon en el bosque.

Me tensé. ¿Cómo pude haberme equivocado? La fecha de su muerte había estado en su frente igual que la de todo el mundo. ¿Cómo lo había malinterpretado? Sasori bostezó y pasó la mano por su rostro.

—Está vivo, pero fue golpeado lo bastante fuerte en la cabeza como para fracturarle el cráneo. Estaba desorientado y luchando contra la hipotermia cuando alguien de las casas cercanas lo escuchó gritar por ayuda. Lo llevaron al hospital, pero su cerebro está comenzando a crecer y tuvieron que ponerlo en un coma inducido. Hablaba con Uchiha. Creyó que deberíamos saber.

Me di cuenta que me hallaba aguantando la respiración, y dejé salir el aire de mis pulmones en un ajetreo.

—Sobrevivirá —le aseguré a Sasori, quien me sonrió a medias.

—Sí, es lo que Uchiha le ha dicho a los padres de Udon. Dice que piensa que su confianza está ayudándolos a calmarse.

Me apoyé contra el marco de la puerta.

—Quiero que esto termine, Sasori.

—Todos, pequeña. Bajaré para conseguir algo del pastel de queso de la señora Senju. ¿Quieres ir conmigo o volverás a dormir?

Seguí a Sasori al primer piso, y nos sentamos por el resto de la noche comiendo pastel de queso y hablando de papá. Sasori me contó las mejores historias de él que ya había escuchado anteriormente, pero de todas maneras todavía era agradable escucharlas.

A las seis y media, Sasori le echó un vistazo al reloj sobre el marco de la chimenea y dijo—: Te he tenido despierta toda la noche, y ahora tienes que ir a la escuela y yo tengo que hacer muchas cosas comenzando con sacar a Naruto de la cárcel.

Fruncí el ceño.

—¿No puedes dejarme faltar a la escuela de nuevo?

Sasori ladeo su cabeza, mirándome.

—¿Qué pasa? ¿Todavía te están dando problemas?

Me encogí de hombros.

—No precisamente, pero el despido del director Shimura no me consiguió votos para la reina del baile exactamente.

Sasori soltó una carcajada.

—Sakura, todo terminará pronto. Uchiha y Sarutobi atraparán a este bastardo, y luego tú y Naruto serán absueltos y todo volverá a la normalidad.

—¿Qué se supone que haga hasta entonces?

Sasori acunó mi rostro con una mano.

—Hasta entonces, tendrás tu cabeza en alto, porque eres una Haruno, y es lo que papá te hubiera aconsejado hacer. —Lo miré dudosamente, y asintió—: Y yo llamaré a la superintendente y le diré que todavía lo estás pasando mal. Quizá puede hablar con tus profesores otra vez.

Asentí, pero no me esperancé mucho. Luego pensé en algo más.

—¿Qué pasa con mamá?

Sasori alejó su mirada.

—Sí. Eso. Ayer me llamaron diciéndome que está lo bastante bien como para que le den de alta hoy, así que después que lidie con Naruto, iré a ver a tu mamá y hablaré con ella sobre el acuerdo de la fiscalía. Después tengo que volver a la ciudad para ocuparme del pago de mis clientes.

Algo en la forma que mi tío no me miraba cuando habló de mamá me molestó.

—¿Qué? —le pregunté—. ¿Qué te molesta sobre hablar con mamá del acuerdo de la fiscalía?

Recogió nuestros platos y los llevó al fregadero.

—Quiero que tu mamá te escoja, Sakura. Quiero que por fin encuentre la fuerza para rehabilitarse y te escoja por sobre sus adicciones.

Sentí algo frágil en mi interior desmoronarse un poco.

—No crees que lo haga.

Sasori miró por la pequeña ventana sobre el fregadero.

—Puede que ella no lo haga, pequeña. Y si no lo hace, entonces tú y yo tendremos una seria conversación sobre dónde vivirás. No he sacado tanto el tema como pude haberlo hecho antes porque vi la fecha de la muerte de Mebuki en el dibujo que hiciste cuando eras una niña, y siempre he sabido que ambas saben que no tiene tanto tiempo aquí, pero, Sakura, ya es suficiente, y no te dejaré aquí arreglándotelas sola.

Lo que Sasori no se daba cuenta es que ya he estado arreglándomelas solas desde que papá murió. Después del colegio, Sasori llamó para decirme que llegaría tarde a casa, pero tenía dos noticias buenas para mí: mamá había aceptado rehabilitarse, y que Naruto fue sacado de la cárcel al mediodía.

Apenas le colgué a Sasori salí corriendo por la puerta hasta la casa de Uzumaki. Jadeando con fuerzas, toqué el t imbre y me balanceé de un pie al otro, tan ansiosa de ver a Naruto que apenas podía contenerme.

—¡Sakura! —exclamó la señora Uzumaki cuando me vio—. ¡Oh, querida, por favor pasa!

Entré y miré por la esquina, esperando ver a Naruto sentado en el sillón, jugando un video juego en su Xbox. Pero la sala de estar se encontraba vacía.

—Está arriba —susurró su mamá—. Está descansando.

—¿Descansando? —Naruto nunca descansaba. Él agotaba a todo el mundo.

La señora Uzumaki sonreía, pero era forzado y sus ojos se hallaban llenos de preocupación.

—Ha pasado por un muy mal momento, cielo.

—¿Puedo verlo?

Le echó una mirada a las escaleras, como si estuviera indecisa.

— De acuerdo —contestó por fin—. Pero, Sakura, debes saber que Naruto ya no es él. Y como dije, pasó un mal rato en prisión.

Prometí que no lo molestaría, y me apresuré a subir las escaleras. La puerta de Naruto se hallaba cerrada, por lo que toqué. No hubo respuesta. Toqué de nuevo, y aún nada.

—¿Naruto? —pregunté, tocando por tercera vez y doblando el mango. Abrí la puerta un poco—, ¿estás aquí?

El cuarto se encontraba silencioso, y me pregunté si escuchaba música con los auriculares y no pudo escucharme, pero cuando le eché un vistazo al cuarto, lo encontré yaciendo en la cama dándome la espalda, y ninguna señal de su iPod.

—¿Naruto?

—¿Qué, Sakura?

Su tono era monótono y sin vida. Si lo hubiera escuchado así por teléfono, no tendría idea con quién hablaba.

—Vine a saludarte —dije, insegura de si entrar a su cuarto o no.

—Bien. Ya lo dijiste.

Me quedé allí estupefacta e insegura de qué hacer o decir. Por varios segundos, simplemente lo observé yaciendo allí, pero alejándome.

—Yo eh… te eché de menos.

Naruto no respondió, pero después de un momento rodó para observarme, y mi respiración se estancó. Tenía dos ojos negros, y su nariz estaba tan hinchada que ni siquiera parecía real. Además, los dedos sobresaliendo de su yeso se veían morados por los moretones.

—¡Oh, cielos! —jadeé—. Naruto…

—Estoy cansado —dijo, su tono aún sin vida.

Sentí las lágrimas arder en mis ojos, y parpadeé con rapidez para mantenerlas a raya.

—Sí. De acuerdo. Escuché que saliste, y…

—Hablaremos más tarde —dijo, rodando de nuevo… dándome la espalda.

Asentí pese a que sabía que no podía verme. Aun así, quería derrumbar sus paredes… demostrarle que seguíamos siendo mejores amigos.

—Te recogeré para ir a la escuela mañana —dije, luego vacilé para ver si respondería. Cuando no lo hizo, salí del cuarto y cerré silenciosamente la puerta.

La señora Uzumaki se encontró conmigo al final de las escaleras.

Retorciendo sus manos, dijo—: ¿Habló contigo?

Me encontraba demasiado conmocionada para hablar, así que solo negué con la cabeza y oré para que me dejara ir antes de derrumbarme. Sus propios ojos se llenaron de lágrimas.

—Ah. De acuerdo, Sakura. Tal vez estará mejor mañana.

Tragué con fuerzas, asentí y me apresuré a salir por la puerta.

A la mañana siguiente, partí temprano a recoger a Naruto para ir a clases. Sin embargo, cuando llegué a su cama, su madre abrió la puerta y dijo—: Lo lamento, Sakura, pero Naruto no está listo para volver a clases todavía.

—Oh —respondí, atónita y deseando poder hablar con él de nuevo, pero la señora Uzumaki yacía de pie protectoramente en la puerta como si estuviera protegiendo a Naruto del mundo… incluso de mí—. ¿Quizá el lunes?

—Por supuesto, cielo, pero llama primero, ¿sí? —Y luego cerró la puerta en mi cara. Me hallaba demasiado estupefacta al estar mirando tan abruptamente la puerta cerrada, y me llevó un segundo olvidarme del asunto, pues la señora Uzumaki solo lo protegía. A medida que me acercaba a mi bicicleta y la llevaba a la vereda, pasé al lado del bote de basura de los Uzumaki, instalado para que lo recojan. Sobresaliendo de la cima, estaba la preciada patineta de Naruto.

Me detuve para observarlo, y luego volteé y llevé la mirada a la ventana de Naruto. No pude estar segura, pero creí ver un destello de movimiento detrás de las cortinas. Con el corazón pesado, me dirigí a clases.

Intenté llamar a Naruto después del colegio, pero su teléfono me llevó directo a buzón de voz y luego recordé que Uchiha y Sarutobi habían confiscado mi viejo teléfono y todavía no me lo devolvían… tal vez también todavía tenían el teléfono de Naruto. Así que llamé a la casa de los Uzumaki y su hermana menor, Moegi, contestó.

—Hola, Moegi, ¿puedo hablar con Naruto?

—Un momento —dijo, y pude escuchar sus zapatos sonando por el pasillo. La escuché decirle a su hermano que lo llamaba, y murmuró algo que no pude distinguir—. No tiene ganas de hablar —respondió su hermana.

Tragué con fuerzas. Todavía me alejaba.

—Bueno, vale, Moegi. Gracias. Por favor, dile que si quiere llamarme más tarde, que llame a este número. Es mi teléfono nuevo.

—Vale —respondió. Luego colgó como una típica niña de siete años, asumiendo que la conversación terminó.

Me senté al borde de la cama por bastante tiempo y observé mi teléfono. Naruto era mi único amigo. Lo extrañaba tanto que dolía. Y no podía imaginarme qué haría si se aleja de forma permanente.

Sasori llegó de la ciudad en la tarde, y nos llevó a mí y a la señora Senju a cenar. En la cena, me contó que a mamá la transportarían a rehabilitación mañana.

—Si se mejora, seremos capaces de verla en navidad.

Me aliviaba mucho que consiguiera ayuda, pero aun así, navidad se sentía muy lejos.

En el camino a casa, Sasori dijo—: Tengo que volver a la ciudad en la mañana y tomar unos archivos de la oficina. Pienso en trabajar desde tu casa lo más que pueda los próximos meses.

Lo miré de reojo.

—¿Intentas vigilarme?

Frotó la cima de mi cabeza juguetonamente.

—Alguien tiene que hacerlo.

Sabía qué lo quería decir pese a que no fuera directo y lo dijera. Todo el país le aterraba el asesino suelto, y Sasori quería quedarse cerca hasta que lo atraparan. Y a pesar que había un auto patrulla estacionado frente a nuestra casa cuando llegamos, me sentí realmente agradecida de tenerlo en casa.