Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
06/12/2014
La mañana siguiente era sábado, y dormí. Cuando finalmente me levanté, me encontré con una nota de Sasori en la mesa de la cocina diciendo que se había dirigido a la ciudad y que volvería por la tarde. También añadió que quería que me quedara en la casa hasta que él regresara. Rodé mis ojos en esa parte.
El teléfono de la casa sonó alrededor de las diez de la mañana y, desconcertada por el identificador de llamadas, lo levanté con un cauteloso—: ¿Hola?
—¿Sakura?
—¿Sí?
—Es el agente Uchiha.
—Oh, hola. ¿Qué pasa?
—¿Puedes tú y tu tío venir a la oficina esta mañana?
—Uh... —dije—. Sasori está en la ciudad. —Uchiha no respondió de inmediato por lo que añadí—: ¿Algo está mal?
—No, no... Solo quería informarles a ambos lo que hemos descubierto hasta ahora.
—Yo puedo ir. —Me ofrecí.
Hubo una risa en su lado de la línea.
—¿Qué crees que tu tío diría de eso?
Sonreí.
—Estaría magníficamente fastidiado, así que no se lo digamos.
Uchiha se echó a reír de nuevo.
—Sí, está bien. ¿Puedes estar aquí a las doce? Hablaremos y luego te invitaré a almorzar.
—Claro.
—Bien. Ah, y, Sakura, ¿tienes dinero en efectivo para tomar un taxi?
—¿Un taxi?
—Sí. No te quiero montando tu bicicleta por aquí. Quiero que llames a un taxi. Te lo reembolsaré y me aseguraré de que llegues a casa a salvo después del almuerzo, ¿de acuerdo?
Eso fue raro. Aun así, estuve de acuerdo y llamé a un taxi para que me encontrara en mi casa a las once y media. Era interesante cómo, hace un tiempo, el agente Uchiha pensó que era esta terrible persona, y ahora quería invitarme un viaje en taxi y el almuerzo.
Me duché y me puse un suéter y pantalones vaqueros, luego encontré el taxi y llegué al departamento de oficinas a eso de las doce menos cuarto. Esperé en la zona de recepción y miré la ocupada oficina, combinándome con agentes y hombres y mujeres en uniforme. Supuse que esto era todo manos a la obra mientras toda la ciudad buscaba al asesino.
Oí la voz de Uchiha desde el corredor preguntar en voz alta si alguien tenía noticias del agente Sarutobi, pero no oí a nadie decir que las tenían. Y luego se dio la vuelta en una esquina y me vio.
—Hola — dijo, curvando su dedo—. Vamos.
Lo seguí a su oficina y me apuntó un asiento. Su escritorio se encontraba nuevamente en una pila alta de desorden. Estaban los habituales montones de papeles, pero también otros elementos como un par de pantalones vaqueros rasgados y sangrientos metidos en una bolsa de pruebas, y un par de botas de aspecto familiar que parecían nuevas. Había una etiqueta amarilla colgando fuera del pasador en una de las botas.
Uchiha debe haberme visto mirarlos, porque levantó las botas y dijo—: ¿Recuerdas esas huellas de botas de tamaño doce que encontramos en la escena del crimen?
—¿Sí?
—Fueron de un par de Timberlands exactamente como estas. Reconocí la huella porque hace poco compré un par de pares para mí.
Mi ceja se levantó, y luego algo muy extraño sucedió. Recordaba haber visto un par como esas recientemente, pero ¿dónde? Y luego una espontánea sospecha vino a mi mente, la cual inmediatamente y firmemente rechacé. Uchiha se sentó y dijo—: ¿Cómo has estado?
Su pregunta me golpeó.
—Uh... bien, señor. Gracias.
—Bien —dijo, inclinándose hacia delante para apoyar sus codos en el escritorio—. Creemos que hemos encontrado otra pista, Sakura. Y tiene que ver contigo. —Uchiha levantó algunos artículos del desorden de su escritorio, buscando algo, y finalmente apareció con una libreta de aspecto familiar. Mi pulso se aceleró—. Primero, tengo una pregunta para t i.
—De acuerdo... —Me tensé, una vez más temerosa de que me hayan atraído a una trampa.
Uchiha abrió mi libreta de fechas de muerte a la mitad y lo giró a alrededor para que pudiera ver. Tocando uno de los nombres dijo.
— Muchos tienen la letra C en frente de ellos. ¿Puedes decirme qué significa eso?
—Es sinónimo de cliente —le dije, sintiendo un rubor tocar mis mejillas. Nunca había hablado de mi libreta abiertamente con nadie excepto Sasori y Naruto, y se sentía extraño hablar de ello ahora.
Uchiha lo giró y lanzó un gruñido.
—Eso es lo que pensaba. — Después de voltear algunas páginas se detuvo en una página casi al final y dijo—: ¿Recuerdas hablar con una Silvia DeFlorez?
Incliné mi cabeza.
—¿Quién?
—Silvia DeFlorez. Vino a verte en julio. Estaba a punto de someterse a una biopsia y, como el cáncer de mama circulaba en su familia, quería saber a lo que se enfrentaba. Predijiste su fecha de muerte para el veintitrés de junio, del dos mil cuarenta y ocho.
No lo recordaba. Tal vez porque empezaba a realmente preocuparme si tomé la decisión correcta viniendo aquí sin Sasori. Uchiha se hallaba hojeando las páginas de mi libreta, y luego levantó sus ojos hacia mí y su expresión se convirtió en desconcierto.
—¿Estás bien, Sakura? Te ves pálida.
—¿Por qué me estás preguntando sobre ella? —exigí, sintiéndome defensiva porque no sabía a qué quería llegar.
Uchiha ladeó su cabeza.
—Sakura, no te estoy acusando de nada. Si ese fuera el caso, de ninguna manera podría traerte aquí sin tu tío.
Dejé escapar un suspiro.
—Lo siento —dije—. Creo que estoy un poco nerviosa.
—Está bien —dijo Uchiha, regresando a la libreta—. Bueno, resulta que DeFlorez solía ser Silvia Carter. Rob Carter era su hijo.
Me quedé pasmada.
—Espera, ¿qué?
—Silvia DeFlorez-Carter era tu cliente. Su hijo fue asesinado. Sue Yamanaka era tu cliente. Su hijo fue asesinado. Tú y Uzumaki intentaron advertir a Hinata Hyuga sobre su fecha de muerte. Fue asesinada. Cuidabas a los niños para los Murphy. Su hijo fue secuestrado y casi asesinado.
Mi boca se secó, y el enfriamiento familiar comenzó a deslizarse por mi columna vertebral. Le creí cuando dijo que no me estaba acusando, pero también me preguntaba cuál era su punto.
—¿Qué estás tratando de decir? —le pregunté con voz ronca.
Uchiha se me quedó mirando.
—Estoy tratando de decirte, Sakura, que quienquiera que sea este asesino, creo que está obsesionado contigo. Y ahora estoy convencido de que también ha estado acosándote a ti y a tus clientes. Estás conectada a cada uno de estos niños, imprecisamente en un caso, pero aún conectada, y eso me preocupa.
—¿Por qué alguien haría eso? —pregunté. Me estremecí mientras la frialdad salía de mi columna vertebral hasta la parte trasera de mi cuello y a lo largo de mi cuero cabelludo.
—No lo sé. Pero este es un enfermo bastardo con el que estamos tratando, y ahora mismo eres nuestro único vínculo con él.
—¿Verificaron al señor Iruka? —le pregunté. Me hallaba de repente desesperada porque Uchiha averiguara quién era el responsable.
Él asintió.
—Sip. Verificamos a Iruka, Shimura, y Kelly. Iruka admitió ser un idiota contigo —algo que dudo mucho que tengas alguna vez que preocuparte por él de nuevo ya que consiguió una muy buena charla de nosotros— pero jura que no tuvo nada que ver con conducir a tu casa o acosarte. Por supuesto que verificamos sus coartadas, y resulta que Iruka trabaja en el turno de las diez y cincuenta y seis en un bar no muy lejos de aquí. El bar tiene una cámara de seguridad, que lo muestra trabajando en todos los días que los niños fueron secuestrados. Además, tiene un zapato tamaño once.
»Shimura también tiene una muy buena coartada. Su madre está en el hospital con neumonía, y él ha estado allí prácticamente todos los días desde que fue suspendido de su trabajo. Antes de eso, tenía varios testigos colocándolo en una variedad de reuniones administrativas o en la escuela en el momento en que ocurrieron los secuestros. Estaba ayudando a pintar el gimnasio en el día que Rob Carter desapareció, así que ha sido eliminado como sospechoso.
—¿Y el hijo del señor Kelly?
—Jack Kelly trabaja para su padre en sus oficinas de abogados en Parkwick. Es una firma bastante grande, y tenemos más testigos presenciales que sabemos qué hacer con atestiguar por él en los días que los niños fueron secuestrados. Además, él y su padre se fueron a Nueva Zelanda justo antes de Acción de Gracias, lo que significa que no podría haber secuestrado a Udon Murphy. Así que Kelly está fuera.
—¿Shino Aburame y Kabuto Yakushi? —Me encontraba agarrándome a un clavo ardiendo ahora.
Uchiha sacudió cabeza.
—También tienen una coartada, Sakura.
Me sentía cada vez peor cuando Uchiha hablaba.
—Entonces, ¿quién podría ser?
Suspiró.
—Tenemos otro avance que todavía estamos tratando de verificar.
—¿Quién?
—¿Conoces a un señor Guy en tu escuela? Parpadeé.
—Es mi profesor de química.
—Él conduce una camioneta gris oscuro —dijo Uchiha—. Lo notamos en el estacionamiento de la facultad cuando fuimos a verificar a Iruka.
Miré a Uchiha como si tuviera que estar bromeando.
—El señor Guy es uno de los pocos maestros que ha sido amable conmigo durante todo esto —le dije a la defensiva.
Uchiha asintió.
—Sarutobi y yo tenemos una cita para entrevistarlo hoy, pero dudo que sea uno de tus maestros.
—Entonces, ¿quién? —repetí.
Uchiha colgaba la libreta de sus dedos.
—Creo que es alguien de aquí.
Me quedé mirando la libreta. Tenía que haber por lo menos un millar de nombres y fechas allí. Lo había guardado durante años y años, y hablé con decenas de clientes y escribí los nombres y las fechas de todo el mundo que alguna vez conocí.
—Así que lo que necesito de ti, Sakura —continuó Uchiha—, es que pienses seriamente. ¿Alguno de tus otros clientes alguna vez se enfadó por lo que les dijiste? ¿Alguna vez te amenazaron? ¿Amenazaron con herirte o vengarse de t i?
Me senté allí tratando de pensar, buscando a través de los más vagos recuerdos que tenía sobre cualquiera de mis clientes que podría haber reaccionado de manera exagerada, pero nadie venía a mi mente que no sea la señora Yamanaka y el hijo del señor Kelly.
—Es probable que hubiera sido un cliente que viste el verano pasado, en las semanas antes que te fueras de vacaciones con tu tío.
Suspiré. Apenas podía recordar los clientes que leí en octubre, mucho menos el verano anterior. Trataba de no mantenerlos en mi memoria, en realidad. Ese era todo el propósito de la libreta, a escribir sus nombres y fechas de muerte abajo para que yo pudiera seguir adelante y olvidarme de ellos.
—No puedo pensar en nadie —le dije al fin. Y esa era la verdad.
Uchiha asintió.
—Bueno. Pero sigue pensando en ello durante el próximo par de días para mí, ¿quieres? Alguien puede venirte a la mente.
Uchiha todavía colgaba la libreta, balanceándola hacia atrás y adelante entre sus dos dedos cuando dijo—: ¿Estás lista para ir a almorzar? Sarutobi se suponía que iba a unirse a nosotros, pero creo que está haciendo un recado o algo...
En ese momento, la libreta se resbaló de los dedos de Uchiha, y golpeó una pila de archivos, que se deslizaron en los marcos de cuadros que tenía en el borde de su escritorio. Ambos llegamos a agarrarlos antes de que llegaran al suelo, y me las arreglé para coger uno que se inclinó hacia mí.
Mientras la cogía, mi ojo pasó a mirar la imagen. Era una foto de Uchiha y Sarutobi, sus brazos echados sobre los hombros del otro mientras compartían una cerveza juntos en lo que parecía una barbacoa.
La foto me pilló con la guardia baja, y por un largo momento lo único que podía hacer era mirarla, con la boca abierta.
—¿Sakura? — dijo Uchiha—. ¿Qué es?
Le mostré la foto y señalé a Sarutobi.
—Él... sus... ¡sus números están todo mal! —A través de la frente de Sarutobi se hallaban los números 06-12-2014.
La frente de Uchiha se arrugó.
—¿Qué números?
Pero me encontraba tan sorprendida que apenas podía hablar. Extendí la mano y agarré la libreta de fechas de muerte. Volteando una de las últimas páginas, me desplacé hasta la línea marcada agente Sarutobi 07-08-2051, la fecha que recordaba haber visto desde la primera vez que nos vimos. Girando la página alrededor le mostré la línea, y luego señalé la foto. Una vez más, no pude contener un jadeo. Ante mis ojos, la fecha de muerte de Sarutobi pasó de 06-12-2014 a 07-08-2051 de nuevo... y luego de vuelta otra vez—. ¡Se mantiene cambiando!
Uchiha se inclinó hacia delante y miró hacia atrás y hacia adelante entre la foto y el nombre en el cuaderno.
—Sakura —dijo con firmeza—. No entiendo. Por favor, respira y trata de decirme lo que estás viendo.
Miré seriamente a la imagen de Sarutobi. Las dos fechas de muerte se mantenían cambiando de ida y vuelta entre 2014 y 2051, y no podía darle sentido. Nunca había ocurrido antes.
—Yo... ¡no sé cómo explicarlo!
—Por favor, intenta —dijo Uchiha. Podía escuchar la preocupación comenzar a arrastrarse en su voz.
Me levanté y fui alrededor de su escritorio, todavía sosteniendo la foto.
—La fecha de muerte del agente Sarutobi debería ser siete de agosto, del dos mil cincuenta y uno. Pero ahora ha cambiado. ¡Está mostrando algo diferente!
—¿Qué muestra? —preguntó Uchiha, mirando la foto en mis manos como si estuviera tratando de ver lo que solo yo podía.
—Se está cambiando hacia atrás y adelante entre esa fecha y hoy, agente Uchiha. ¡Hoy!
El rostro de Uchiha palideció.
—¡Hijo de puta! —Apoderándose de su teléfono, lo marcó rápidamente. Esperó unos segundos antes de decir—: Asuma, soy yo. Llámame al segundo que escuches este mensaje.
Luego colgó y marcó de nuevo, esperando antes de colgar e intentar una tercera y una cuarta vez.
—¡Maldita sea! Puede que no responda a mi primera llamada si se encontraba en el medio de algo, pero nunca dejó una segunda o una tercera llamada pasar.
Continué mirando la imagen. La fecha de muerte de Sarutobi se mantuvo alternando, y tenía una terrible sensación de que, en este mismo momento, el agente Sarutobi o se cernía cerca de la muerte, o estaba en un terrible peligro.
Uchiha se puso de pie y pasó a mí alrededor. Corriendo hacia el pasillo, me indicó que lo siguiera. Llevé la imagen, y fuimos a la zona abierta donde se hallaban todos los cubículos. Uchiha silenció a la habitación con un penetrante silbido ruidoso.
—¡Necesito saber si alguno de ustedes sabe dónde está el agente Sarutobi ahora mismo!
Cada persona en la habitación simplemente lo miró con los ojos muy abiertos. Nadie ofreció nada. Pero luego una mujer, sentada en el otro extremo de la habitación, levantó su mano.
—Lo pasé en el camino —dijo ella—. Le pregunté si se dirigía a casa por el día, y me dijo que iba a comprobar una pista.
—¿Qué pista? —exigió Uchiha.
Ella sacudió su cabeza.
—Lo siento, señor. No me lo dijo.
Uchiha volvió y señaló a un hombre con gafas en la esquina opuesta.
—¡Steve! ¡Te necesito!
Puso una mano sobre la parte superior de mi brazo para llevarme con él. Caminé a su lado, sin dejar de mirar la foto.
—¿Qué es lo que dice? —preguntó Uchiha, mientras nos dirigimos de nuevo hacia su oficina.
—¡Es lo mismo! Se mantiene cambiando de ida y vuelta.
Uchiha nos llevó más allá de su oficina por el pasillo hasta otra puerta, que se encontraba cerrada. Se detuvo y me puso a un lado y le dijo al hombre siguiéndonos—: Ábrelo, Steve. Ahora.
Steve se agitó nerviosamente, pero Uchiha se le quedó mirando hasta que sacó una tarjeta llave y la deslizó a través de una ranura justo por encima de la manija. Había una luz verde y luego Uchiha se hallaba girando la manija y pasando a la oficina. Después de encender las luces miró alrededor del escritorio de Sarutobi que se encontraba tan desordenado como el suyo. Se movió detrás del escritorio y movió el ratón y le pidió una contraseña.
—Necesito entrar —le dijo Uchiha a Steve.
El rostro de Steve se sonrojó.
—Señor, no tengo la debida autorización para…
—¡Al diablo con la debida autorización —rugió Uchiha—. ¡Tengo que ver en qué pista estaba trabajando Asuma antes de irse!
Pero Steve no cedió.
—S-s-s-señor —balbuceó—. Necesito al director para autorizar eso.
—¡Entonces, ve a llamar al director!
En ese momento, otro agente asomó la cabeza en la oficina.
—¿Escuché que estás buscando a Sarutobi?
Todos giramos nuestras cabezas hacia él.
—¿Sabes dónde está? —preguntó Uchiha.
—Tal vez. Dijo que estaba hablando con un par de personas en Konoha que dijeron que notaron un camión de reparto aparcado en la calle de la casa de Murphy el día anterior que el niño fue secuestrado. Sarutobi dijo que coincidía con una declaración similar tomada por alguien en el barrio del chico Hyuga, por lo que iba a ver qué entregas se hicieron a cualquier persona en la zona en aquellos días.
—¿Mencionó el nombre de la compañía de entrega? ¿Era UPS o FedEx? —preguntó Uchiha, su voz esforzándose por mantener la calma.
El hombre se rascó la cabeza.
—Ninguno de los dos. Creo que era una tienda de muebles.
Puse una mano en mi boca.
—Dios mío...
—¿Qué? ¿Qué? —Demando Uchiha.
Volví a mirar la foto de Sarutobi. El parpadeo de ida y vuelta fue desapareciendo, y de forma alarmante, la fecha 12-06-2014 fue empezando a instalarse más y más tiempo entre los flases.
—La señora Senju… mi vecina —dije mientras comenzaba a temblar—, consigue muebles nuevos, todo el tiempo. Siempre son los mismos chicos quienes los traen. Ese chico, Orochimaru, es muy aterrador, y la última vez que fue a su casa, de alguna manera me miró maliciosamente.
—¿Cuál es su apellido? —Me preguntó Uchiha. Negué con la cabeza; no lo sabía—. ¿Cuál es el nombre de la tienda de muebles?
Volví a negar con la cabeza. Había visto ese camión una docena de veces, y nunca había registrado su nombre. Y entonces tuve una idea.
— ¡Llame a la señora Senju! ¡Ella lo sabrá!
Uchiha me preguntó por el número mientras cogía el auricular del escritorio de Sarutobi. Me incliné y marque para él. Después de unos segundos, supe que ella había contestado, porque Uchiha dijo—: señora Senju, soy el agente Uchiha del FBI. Tengo a Sakura Haruno conmigo, y tenemos una pregunta muy importante que hacerle. ¿Podría decirnos por favor el nombre de la tienda donde compra sus muebles?
Uchiha agarró un bolígrafo y escribió sobre una nota adhesiva.
—Muebles Culligan —dijo—. Lo tengo, gracias. —Colgó a la señora Senju y marcó el 411, solicitando el almacén de la compañía de muebles. Puso el altavoz del teléfono para que todos pudiéramos escuchar ya que comenzó a sonar.
—Almacén Culligan —dijo la voz de un hombre viejo.
—Necesito hablar con uno de sus repartidores, su nombre es Orochimaru. —dijo Uchiha, sin ni siquiera presentarse.
—No está aquí —dijo el hombre, claramente molesto.
—¿Está fuera repartiendo? —presionó Uchiha.
—No.
Uchiha suspiró con impaciencia.
—¿Entonces dónde está?
—No sé —respondió el hombre—. Pero no soy su servicio de respuestas.
—Escucha —dijo Uchiha, su tono era afilado como una navaja.
—Soy el agente especial Kakashi Uchiha. Estoy investigando una serie de asesinatos, y necesito saber…
—Sí, claro que eres un agente especial —interrumpió el hombre con un resoplido. Me di cuenta de que no le creía a Uchiha—. ¿Quién eres, un doble idiota? —Y luego volvió a resoplar y colgó.
La cara de Uchiha se volvió carmesí, apretó su mano libre en un puño y golpeó el escritorio. Steve, que había estado de pie junto a mí saltó y murmuró—: Voy a llamar al director para obtener su autorización, señor.
Y con eso salió corriendo por la puerta. Uchiha me miró. Señalé la foto de Sarutobi.
—¡Está empezando a instalarse más y más hoy! —susurré.
Uchiha agarró el teléfono de nuevo, volviendo a llamar al 411, pero esta vez preguntó por la dirección del almacén de la tienda de muebles. Después de colgar, se giró hacia el otro agente que estaba todavía en la puerta y dijo—: Necesito que pongas un rastreador en el teléfono de Sarutobi.
—Me llevará al menos una hora —dijo el hombre.
—¡Hazlo! —gritó Uchiha, entonces me agarró por el codo y dio marcha atrás hacia su oficina para coger su abrigo. Me lanzó el mío, hizo una pausa y dijo—: ¿Vendrás conmigo y seguirás mirando la foto?
Asentí, y salimos por la puerta corriendo.
Uchiha conducía como un loco, tejiendo dentro y fuera del tráfico tanto que empecé a tener nauseas.
—¿Está aún con vida? — preguntó Uchiha, tomando un giró tan rápido que los neumáticos chirriaron.
Miré hacia abajo. Los números continuaron parpadeando yendo y viniendo, pero más lentamente. Era casi como un pulso cada vez más y más lento.
—Sí, está vivo —le dije—. Pero no estoy segura de por cuánto tiempo más.
Momentos después, llegamos al almacén Culligan. Uchiha se detuvo en la puerta de la gran bahía y me ordeno permanecer en el coche. Entonces corrió hacía un hombre doblado por la edad, que estaba de pie en la entrada. Bajé la ventana para poder oír, vi como Uchiha mostraba su placa extendiéndola hasta la vieja cara del hombre, le señalo y gritó que iba a arrestarle por obstrucción a menos que le dijera dónde podía encontrar a Orochimaru. El anciano agitó mucho los brazos, claramente sin miedo de Uchiha.
—Te lo dije por teléfono, colega, ¡no sé dónde demonios esta ese miserable! No se ha presentado a trabajar hoy, ¿Vale? ¡Y la otra mitad de su personal llamó enfermo! Dijo que tenía dolor de pecho… Mi tía Fanny, ¡tiene dolor de pecho! —Mi mente me mostró el recuerdo de Madara sentado a mi lado en el sofá de la señora Senju, la fecha de su muerte se exhibió flotando por encima de su frente, y se sorprendió al darse cuenta de que hoy era el día del aniversario de su muerte. Con una punzada, sabía que Madara tenía razón; que sería su corazón el que dejaría de funcionar en él—. ¡Siempre hay algo entre ellos dos! —El anciano continuó con ira—. ¡La mayoría del equipo que tengo no es fiable!
Uchiha apretó sus manos en puños y parecía que estaba listo para coger al hombre y sacudirlo para obtener información. Sentí que tenía que hacer algo así que salte fuera del coche y corrí.
—¿Sabes dónde vive Orochimaru? —pregunté, tratando de distraer a Uchiha de la violencia.
El anciano se giró hacia mí
—Vive en la calle Trece —dijo, agitando la mano en la dirección de la calle de detrás de nosotros.
—¿Cuál es el número de la casa? —Ladró Uchiha.
—¿Cómo demonios voy a saberlo? Si quieres que saque su expediente, me tomara un tiempo. Están en la sede de recursos humanos.
—¿Cuál es el apellido de Orochimaru? —gruñó Uchiha.
—Miller —escupió el anciano.
Y antes de que Uchiha pudiera alejarse pregunté—: ¿Sabes qué tipo de coche conduce Orochimaru?
El anciano giro sus grandes e impacientes ojos hacia mí.
—Están contratando gente muy joven en el FBI —dijo, pero luego añadió—: Conduce una camioneta. Un Ford F-150.
—¿Es un color oscuro como el gris o el carbón? —Presioné, la adrenalina corría por mis venas haciendo que mi corazón latiera con fuerza.
—Sí —dijo—. Es negro. Por qué, ¿tú lo has visto?
No respondí; Uchiha, simplemente se giró y corrió hacia el coche. Lo puso en marcha y salimos disparados de allí.
—¡Abróchate el cinturón! —grita Uchiha, mientras me tiraba hacía la derecha por la fuerza de la curva cerrada.
Mientras me esforzaba para conseguir atarme, Uchiha pulsó un botón del salpicadero. Una voz de mujer se puso al teléfono.
—FBI de Grand Haven, habla con la agente Butler.
—¡Christine! —gritó Uchiha—. ¡Necesito la dirección de Orochimaru Miller de la calle Trece en Grand Haven!
Escuchamos a sus uñas tecleando el teclado después—: Seis, ocho, seis, calle Trece y, ¿señor?
—¿Sí?
—Orochimaru Miller tiene antecedentes. Condenado por tres cargos de asalto sexual y dos cargos de violación en veinte diez. Sentenciado a seis años en Sing Sing. Parece que él solo cumplió tres años y medio.
—¿Cuándo salió exactamente? —gruñó Uchiha, enseñando los dientes mientras serpenteaba entre el tráfico.
—El diez de julio del dos mil catorce, señor.
Uchiha me echó un vistazo, y luego agarró el volante con más fuerza.
—Christine, necesito que envíes a todos los agentes que puedas a esa dirección. Código diez - setenta y ocho y un posible diez - cincuenta y nueve. ¡Dile a todo el mundo que tenemos un ANA!
Se oyó un gritó ahogado, y después dijo,
—¡Estoy en ello, señor! — la línea se cortó y Uchiha volvió a pulsar el botón para finalizar la llamada.
—¿Qué es ANA? —pregunté, sintiéndome impotente y ansiosa.
—Asistencia a un agente —dijo distraídamente—. Solo lo usamos cuando uno de nuestros chicos está en serios problemas.
Volví a mirar la foto. Se está demorando más y más tiempo para la fecha de 2051 para volver a la frente de Sarutobi. Me preocupaba que no fuéramos a llegar a tiempo.
Uchiha chirrió hasta detenerse en un destartalado vecindario en una mala sección de Grand Haven. Él saltó fuera del colche casi antes de que llegara a detenerse completamente y corrió hacia el maletero. Sacó un chaleco antibalas y lo lanzó por encima de su cabeza, cerrando las cintas de velcro. Se movió otra vez hacia la puerta abierta y se inclinó dentro del coche, sobre mis piernas y abrió la guantera. Sacó una caja de balas y un cargador de pistola, después cerró la guantera de nuevo y comenzó a cargar el arma.
—Tu quédate aquí, Sakura —dijo, su tono de voz era firme—. Bajo ninguna circunstancia debes salir de este coche. ¿Entiendes?
—Entiendo —dije, tan asustada que estaba temblando.
A lo lejos pude escuchar las sirenas. Muchas de ellas. Parecían venir de todas direcciones. Uchiha terminó con la pistola, echó hacia atrás el cañón para cargar la cámara, y con un último vistazo hacia mí, cerró la puerta.
Tuve el impulso de llamarle para que parara, sentía un mal presentimiento, pero él ya estaba al otro lado de la calle, corriendo hacia una casa blanca con la pintura desconchada y contemplándolo un pórtico destartalado. Lo vi cuando subía las escaleras facilitando su camino hacia la ventana mientras sujetaba el arma con las dos manos. Uchiha se asomó por la ventana, entonces hecho la cabeza hacia atrás. Se agachó, por debajo del panel y se levantó al otro lado y volvió a mirar.
Las sirenas se acercan y susurré—: Por favor, por favor, por favor… ¡Espéralos! —Pero no lo hizo. Uchiha se movió más ágilmente de lo que hubiera esperado, y se deslizó sobre la barandilla de la hierba marrón. Entonces se movió rápidamente al otro lado de la casa, y lo perdí de vista.
Durante unos segundos no pasó nada, esperé y miré con la respiración contenida. Entonces, casi como si una cortina hubiera sido retirada, todo tipo de coches con luces intermitentes, aparecieron en la calle. Los neumáticos chirriaron y las sirenas cortaron casi al instante, pero las luces estroboscópicas continuaron parpadeando. Los policías salieron de sus vehículos con el arma desenfundada y los chalecos puestos. Descendieron como un enjambre azul oscuro en la casa, y me encont ré agachándome en el asiento. Unos pocos agentes fueron hacia la puerta, otros se quedaron en el césped y, otros se fueron para la derecha e izquierda de la casa.
Por un momento, nadie se movió excepto para hacer contacto los unos con los otros, las señales iban y venían con sus manos. En esa pequeña oportunidad de silencio, se escuchó un ligero zumbido saliendo del salpicadero, y cuando pude aparatar la mirada fuera de la escena, miré hacia abajo y vi una radio de policía colocada debajo del salpicadero. Rápidamente me estire para subir el volumen, mi pulgar e índice se pusieron en mando del picaporte, todo el mundo en el césped de Orochimaru voló a la acción. Echaron la puerta a abajo y varias personas se precipitan dentro. Mis dedos giraron el mando y en el interior del coche estallo el sonido. Era como si todos estuvieran gritando a la vez. —¡Diez cincuenta y dos, diez cincuenta y dos, diez cincuenta y dos!
Y entonces en la puerta de la casa, todos esos agentes y oficiales que había entrado, salieron corriendo fuera como si la casa estuviera en llamas. De repente, en medio de todos los gritos escuche, —... ¡gas!
¡GAS! ¡SALGAN! ¡SALGAN!
Puse la mano sobre mi boca cuando el sonido más antinatural resonó dentro de la casa justo antes de que una gigantesca bola de fuego saliera disparada, las ventanas y una parte del techo literalmente estallan en una enorme y ensordecedora explosión que quebró el vidrio de la puerta del conductor del coche de Uchiha. Los oficiales y agentes se habían tirado al suelo, y me sumergí hacía abajo en el asiento también. Trozos de escombros golpearon el techo del coche, y yo grité con cada golpe. Los gritos de la radio fueron ahogados por uno o dos segundos antes de que subieran de nuevo, esta vez eran el doble de intensos. Encontré el coraje para levantar la cabeza y miré sobre el borde de la puerta por la ventana, la escena era caótica. La casa estaba envuelta en llamas, uno de los coches patrulla estaba en llamas. A su alrededor los agentes y oficiales luchaban por ayudarse los unos a los otros para alejarse de la casa. La gente de las casa vecinas, empiezan a correr fuera de sus casas para ver que estaba pasando, y los agentes y oficiales de la escena tratan en vano hacer que se echaran para atrás.
Esperé y observé, incapaz de creerlo con mis propios ojos, temiendo lo peor por el agente Uchiha. ¿Y si hubiera estado en la parte de atrás de la casa cuando explotó? Si lo huera estado, probablemente estaría muerto. Sin apartar los ojos de la escena, palpé alrededor por la foto de Uchiha y Sarutobi. Eso sería lo que me haría saber si los dos hombres estaban todavía con vida, pero no estaba a mi lado ni debajo de mí. Se había debido caer al suelo cuando me sumergí para cubrirme.
Y entonces, como si una oración hubiera sido contestada, Uchiha apareció con la camisa chamuscada, llevando a Sarutobi con otros dos agentes. Vi un montón de rojo en el pecho de Sarutobi, agarré la foto, que tenía, de hecho, yacía en el suelo. La cojo, y me doy cuenta de que aún sigue parpadeando de ida y vuelta… pero el 2051 estaba haciéndose cada vez más enfocado. Todavía estaba vivo, y pensé que lo lograría si conseguían llevarle al hospital a tiempo.
Como si hubiera sido una señal, una ambulancia llegó y Uchiha les gritó a los dos hombres que lo ayudaban, quienes también estaban un poco chamuscados, que avanzaran hacia allí. Dos paramédicos saltaron fuera, y en cuestión de segundos tenían a Sarutobi en una camilla y lo colocaron dentro de la ambulancia aparcada.
Más sirenas sonaron en la distancia y supe que los camiones de bomberos estaban en camino. En el momento en que la ambulancia se fue, Uchiha camino hacia mí y abrió la puerta.
—¿Qué dice la foto? —Demandó, su cara, su ropa y su pelo estaban manchados con hollín.
—Creo que lo encontraste a tiempo. Sus números son todavía parpadeantes, pero la fecha dos mil cincuenta y uno está un poco más fuerte ahora.
Uchiha salto dentro del coche, y sin decir ni una palabra lo puso en marcha y se dirigió en la dirección de la ambulancia.
Miré detrás de mí.
—¿Realmente debemos irnos?
—Pueden encargarse de ese desastre por ahora —dijo Uchiha, presionando su pie en el acelerador.
Cuando llegamos al hospital, el teléfono de Uchiha sonaba repetidamente. Él lo ignoró. Después de aparcar en una zona ilegal, le mostró la placa a un trabajador del hospital, quien parecía que iba a protestar, y me llevo hacia la ambulancia, la cual estaba estacionada con las puertas traseras abiertas. Uchiha fue directo hacia la camilla donde Sarutobi estaba siendo descargado, y corrió junto a ella cuando fue llevado dentro.
—¡Asuma! —gritó—. ¡Colega, tienes que luchar! ¿Me escuchas? ¡Tienes que luchar y quedarte con nosotros!
Avancé deprisa detrás de la camilla pero pronto quedé al margen por el personal de emergencias del hospital. Uchiha fue finalmente alejado por una mujer con bata, que lo agarró por el codo y trató de mirar el mal corte de su brazo.
—Está bien —dijo malhumorado, tratando de quitársela de encima.
Ella levanto su codo.
—Tienes que dejarles trabajar en tu amigo sin que estés en su camino. Y, por si no te has dado cuenta, necesitas algunos puntos de sutura. —Le tiró de regreso al pasillo conmigo—. ¡No me hagas sedarte! —gritó cuando se resistió.
Tuve que esforzarme para reprimir una sonrisa. Uchiha me llamó la atención y me hizo señas con su barbilla. Lo seguí y a la enfermera hacia una zona separada por cortinas. En cuanto se sentó en la camilla dijo—: Va a necesitar sangre. Soy O negativo; puedo donarle a cualquiera. Conécteme y déjeme ayudarle.
La enfermera frunció el ceño.
—Oh sí, el chico del FBI sabe cómo dar órdenes, ¿no?
Uchiha estaba mirando alrededor como un loco. Sabía que estaba preocupado por Sarutobi. Levanté la foto, que había traído conmigo y la observé.
—¿Qué es lo que dice? —Oí que me preguntaba.
Los números de Sarutobi parpadeaban con menos frecuencia y colocándose por periodos más largos en 07-08-2051.
—Lo está haciendo mejor —dije. Levantando mi mirada, vi a la enfermera mirarme curiosamente, pero continuó agarrando el brazo de Uchiha y preparando los puntos de sutura.
Esperé con él mientras lo cosían, y cuando la enfermera finalmente le dejó responder una llamada, me acerqué a su lado. Había estado vigilando la foto de Sarutobi, y no la había visto cambiar en al menos dos minutos.
— ¿Nada? —me preguntó.
Giré la foto para que pudiera verla.
—Creo que puede poner esto de nuevo en su escritorio, señor. Él lo va a lograr.
Uchiha dejo salir un gran suspiro y agarró la foto para abrazarla mientras giraba su cara lejos de mí.
—Él es mi mejor amigo —dijo después de unos minutos, levantando la mirada hacia atrás para mirarme—. Y tú has salvado su vida, Sakura.
—¿Yo? Tú eres el que lo encontró.
—Nunca hubiera ido a buscarle si no hubieras visto la foto. Tenía una herida de bala en el pecho. Ese hijo de puta le disparó.
Lo supuse por toda esa sangre.
—¿Crees que Orochimaru Miller estaba dentro de esa casa cuando explotó?
Uchiha se pasó una mano por el pelo. Se desprendieron los pelos negros chamuscados. Miro a la palma de su mano con cierto grado de sorpresa antes de contestarme.
—No tengo ni idea. Tienen que apagar el incendio primero y luego ir a buscar el cuerpo, pero dudo que estuviera dentro. Su camioneta no estaba estacionada o en la calle, por lo que probablemente se esté dirigiendo a la frontera con Canadá por ahora. Si yo fuera él, ahí es a donde me dirigiría.
—¿Puedes cogerlo?
Uchiha levantó el teléfono y tecleó en la pantalla, haciendo una mueca cuando su brazo lesionado se movió.
—Oh, lo atraparemos — dijo—. O moriremos en el intento.
