Gracias a tod s por el apoyo! Espero que les haya gustado la adaptación!
Nos leemos en la siguiente!
Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Febrero 2015
Me alojé en la casa de la señora Senju en la semana por los meses siguientes, disfrutando de su espíritu luminoso y la forma en que me mimaba. Cuando febrero comenzó a llegar a su fin, me encontré cada vez más triste. La fecha en la frente de la señora Senju se acercaba, y no sabía cómo iba a atravesar los días previos a su fecha de muerte sin decírselo.
Lo extraño era, lo juro, que de alguna manera ella sabía que se acercaba. Los fines de semana, Sasori y yo los pasábamos arreglando nuestra casa, y un fin de semana la señora Senju le insistió a sus dos hijas a que vinieran a cenar, y oímos los sonidos de niños pequeños jugando en su patio trasero y adultos riendo unos con otros. Miré por la ventana, cuando la señora Senju le dijo buenas noches a sus dos hijas, y pensé que las había abrazado más apretadamente.
También vi un montón de visitas a su casa del camión del Ejército de Salvación ese febrero. La señora Senju dijo que simplemente se sentía como que estorbaba en su casa, que siempre había estado llena de cosas, desde muebles hasta chucherías, y poco a poco en el transcurso de ese mes rebajó sus pertenencias gradualmente al mínimo.
El viernes veintisiete, corrí desde la escuela a su casa y la encontré ocupada en la cocina. Había estado cocinando todo el día.
—¡Me sentí con ganas de hacer todos los favoritos del señor Senju! —exclamó. Después, lavé los platos mientras ella se sentaba en la sala de estar bebiendo su té. No se me escapó que después de todo lo que cocinó, la señora Senju apenas había tocado su propia cena.
Terminé de lavar los platos y salí para encontrarla apenas capaz de mantener sus párpados abiertos.
—Oh, cielos —dijo con una risa cuando me vio mirándola con preocupación—. Debo estar más cansada de lo que pensaba.
La ayudé a subir las escaleras hacia la cama y luego volví para llevar su taza de té al lavaplatos. Ahí me hundí en el suelo y lloré tan suavemente como pude durante mucho, mucho tiempo.
A la mañana siguiente estaba acurrucada en una bola en el sofá cuando escuché un suave golpe en la puerta. La abrí para encontrar al agente Uchiha allí. Se veía muy triste. En su mano se hallaba mi cuaderno.
—¿Se ha ido? —preguntó después de darle un vistazo a mi cara manchada de lágrimas.
Asentí, incapaz de hablar. La había encontrado veinte minutos antes, después de despertarme e ir a su habitación. Se encontraba acostada tan pacíficamente, con las manos cruzadas bajo su cabeza y la sonrisa más dulce en sus labios azules.
Uchiha me envolvió en sus brazos mientras lloraba la muerte de mi dulce vecina. Más tarde, llamó al tío Sasori y me escoltó a casa para esperar conmigo mientras se llevaban a la señora Senju. Y luego, una hora después de que Sasori llegara y me meciera hacia adelante y hacia atrás para consolarme, Uchiha regresó a la casa y le tendió un sobre para mí.
—Lo encontramos en su vestidor —dijo.
Tomé el sobre y me di cuenta que iba dirigido a mí. Al abrirlo, vi que era una copia de una carta que la señora Senju había enviado a la oficina de admisiones de Cornell.
En la carta les decía que ella y su esposo siempre habían sido orgullosos ex alumnos simpatizantes de la escuela, y que le gustaría que consideraran muy de cerca mi solicitud de inscripción, ya que me encontraba un individuo ejemplar, y exactamente el tipo de estudiante que encajaría en Cornell. También les decía que adjunt aba un cheque por cien mil dólares a pagar para el fondo de ex alumnos. Esperaba que la institución pudiera encontrar un buen uso para el, tal vez para ayudar a apoyar a un estudiante de primer año, como yo.
20/06/2015
—El camión de la mudanza está aquí, Sakura —gritó mamá.
Me encontraba arriba pasando por viejos cuadernos de la escuela, tratando de averiguar cuáles mantener y cuáles tirar. La escuela nos había dejado salir unos días antes, y estaba harta de mirar el montón. Casi había olvidado que una nueva familia iba a mudarse a la casa de la señora Senju.
—¿Sakura? —gritó mamá de nuevo.
Sonreí. Ya no gritaba por las escaleras con impaciencia, y ya no teníamos clientes yendo al cuarto de atrás. Mamá lo había convertido en una oficina para sí misma. Comenzó a tomar algunos cursos para volver obtener su certificado de enfermería, y pasaba mucho tiempo allí estudiando.
—¡Lo veo, mamá! —respondí después de levantarme y echar un vistazo a través de las cortinas.
—¿Por qué no vas y te presentas? —preguntó mamá.
Me di cuenta de que había subido las escaleras y me hablaba desde la puerta de mi habitación.
—¿Por qué no lo haces tú? —le pregunté en broma.
En estos días me encantaba mirarla. Su piel brillaba ahora que había terminado con la bebida y los cigarrillos. Incluso había tomado clases de yoga y se había vuelto vegetariana. El centro de rehabilitación la había transformado por completo. De hecho, de acuerdo con la nueva fecha en su frente, 16-08-2065, en realidad le salvó la vida.
Ella sonrió.
—¿Yo? —dijo, mirándose—. Oh, cariño, ¡he estado en el patio y luzco horrible! —Había estado tratando de hacer algo con el jardín en el patio por días, pero gran parte de lo que sucedía era que una gran cantidad de malas hierbas hacía su camino al cubo de basura—. Ve tú primero y me dices si son agradables —insistió.
Tuve la sensación de que no iba a dejarlo ir hasta que le dijera que sí. Rodando los ojos, me rendí.
—Está bien, pero envíame un mensaje en diez minutos en caso de que no pueda escapar.
Mamá se echó a reír, y yo sonreí por reflejo, nunca me cansaba de escuchar su felicidad. Una vez afuera, me quedé cerca de la casa mientras caminaba hasta la puerta de entrada. Esperaba poder clasificar a los vecinos desde lejos antes de caminar hasta ellos. Escuché el sonido de una pelota de baloncesto rebotando en el pavimento, pero no podía ver quién jugaba con ella a través de los pinos que separaban nuestras propiedades.
Tomando una respiración profunda me moví más allá de los árboles y busqué la entrada. Lo que vi me congeló en el lugar. Había un chico apuntando a la canasta encima de la cochera de la señora Senju. Estaba sin camisa, sus hombros eran anchos y sus brazos musculosos, y llevaba un halo de suaves rizos negros. Me detuve, incapaz de moverme por varios segundos mientras él lanzaba la pelota y esta caía justo por el aro sin tocar el borde.
—Buen tiro —escuché decir a alguien. Una voz que reconocí.
Giré la cabeza y vi al agente Uchiha bajando las escaleras de atrás de la casa de la señora Senju. Él me vio, y su sonrisa se ensanchó.
—¡Sakura! —dijo alegremente—. Me encontraba a punto de venir a presentarte a mi hijo.
Mi boca se abrió, pero las palabras no salieron. Tragué saliva y luego dije—: ¿Usted vive aquí ahora?
Kakashi se rió y le hizo señas al chico con la pelota de baloncesto para que viniera.
—La compré al segundo en que salió a la venta. Necesitaba un lugar bastante grande para Sasuke y para mí. —Girándose hacia su hijo, Uchiha dijo—: Y este es mi hijo, Sasuke.
Mi cabeza giró de nuevo y vi que Sasuke me sonreía, también.
—¡Te conozco! —dijo—. Nos conocimos en el parque el otoño pasado.
Calor quemó mis mejillas cuando mil pedacitos se deslizaron en su lugar. Uchiha en el juego de Suna, sentado en las gradas; no vigilándome a mí, sino en las gradas para ver a su hijo. Las botas en su escritorio, y el recuerdo de verlas antes; había comprado un par para Sasuke. Las conversaciones con su ex esposa... todo se juntó en un momento de sincronización que me hizo querer temblar de emoción. Pero entonces me di cuenta de que Sasuke y su papá me miraban con curiosidad.
—Uh... hola —dije, tratando de recuperar mi compostura.
—¿Ustedes se conocen? —preguntó Uchiha con curiosidad.
Sasuke asintió, sin apartar los ojos de mí. Y luego dijo—: Oye, papá ¿ese es tu teléfono?
Lo oí sonar a lo lejos, y Uchiha palmeó sus bolsillos y dijo—: Debo haberlo dejado adentro. Discúlpenme.
Se fue y luego Sasuke y yo nos quedamos solos.
—Entonces ¿tú eres la famosa Sakura Haruno? —dijo.
Sentí una risita borbotear dentro de mí, y fui incapaz de contenerla.
—No creo que sea famosa —le dije.
Las cejas de Sasuke se dispararon.
—¿No? Bueno, mi padre dice que eres increíble, y él generalmente tiene razón en cosas como esas.
El calor en mis mejillas aumentó. Sasuke dribló el balón, y luego pareció pensar en algo.
—¿Es cierto que puedes decir cuándo van a morir las personas?
Eso me confundió, pero Sasuke tenía una sonrisa y una amabilidad en sus ojos en la que pensé que podía confiar.
—Sí —le dije—. Es cierto.
Ladeó la cabeza.
—¿Incluso la mía?
Tragué saliva.
—Sí.
Sasuke frunció los labios, mirándome con juguetona fascinación.
—¿Me lo dirías?
Empecé a negar con la cabeza, pero él metió la pelota bajo su brazo y juntó sus manos.
—¿Por favor? Puedo soportarlo. Lo prometo.
Me eché a reír y luego casi no pude parar.
—¿Qué? —preguntó, pero aún tenía esa sonrisa juguetona.
Inhalé profundamente y luego lo dejé salir. Sentí en mi corazón que podía decirle.
—Tu fecha de muerte es el seis de julio del dos mil ochenta y cuatro.
Y luego sonreí tan grande que tuve que apartar la mirada.
—¿Qué? —preguntó de nuevo, sabiendo que había más.
Levanté mi barbilla para volver a mirarlo. Era un secreto la razón de que mantuviera para mí misma la fecha de muerte de Sasuke y por qué se había sentido como magia cuando vi por primera vez al hermoso chico con el 06-07-2084 en su frente.
—¿Qué? —repitió con una sonrisa, tratando de convencerme.
—Es el día después de la mía —confesé.
La expresión de Sasuke cambió de juguetona a algo un poco más asombrado.
—¿Crees que todavía nos conoceremos en el dos mil ochenta y cuatro? —preguntó, su sonrisa volviéndose tan grande como la mía.
Me sentí ligera como el aire. En algún lugar muy dentro también sentí un conocimiento tan fuerte que no pude describirlo. Sin embargo, sólo me encogí de hombros y dije—: Tal vez.
En ese momento, una suave brisa pasó dulcemente por el camino, levantando ese halo de rizos suaves que rodeaban la frente de Sasuke, y en un instante mágico, vi una serie de números bailando a través de su piel. Aparecieron en el espacio entre nosotros como si fueran tanto para mí como lo eran para él. Detrás de cada nueva fecha había un destello de comprensión. Había fechas para películas y bailes, graduaciones, matrimonio y niños, aniversarios y mucho más.
Y en ese momento encantado, mientras veía las fechas saltar ligeramente a través de la frente de Sasuke, en lugar de muerte, todo lo que vi fue...
Vida.
