Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.

Donde fuimos invencibles

Ensimismado, limitándose a observar el paisaje urbano a través de la ventanilla del auto a medida que éste se movía, Shinji se cuestionaba por millonésima vez si lo que ocurría era tan buena idea como Misato y Kaji lo aseguraron. Aún así, por más que su constante inseguridad rondara en sus pensamientos, Shinji no pudo hacer más que continuar mudo al dejarse llevar por los acontecimientos.

Usualmente, prefiriendo quedarse en casa realizando los quehaceres domésticos, Shinji, con su inseparable reproductor de cintas llenando de música sus oídos, habría rechazado cualquier invitación a salir; sin embargo, ante la insistencia de Misato, el joven piloto terminó por aceptar. Asuka, por su parte, no se tardó en mostrar una palpable desazón y decepción al oír de Kaji que saldrían todos en "familia".

Un día antes, habiéndose acabado la jornada semanal en la escuela, Asuka y Shinji caminaron de vuelta a casa como habituaban hacerlo, al llegar al departamento, ambos se llevaron la sorpresa de encontrar a Kaji bebiendo algunas cervezas con Misato. Asuka, con el simple acto de verlo, borró su expresión huraña en un santiamén, para sustituirla, de inmediato, por una sonrisa más radiante que el propio sol.

La alemana, todavía negándose a reconocer que su ridícula cruzada por ganarse el corazón de Kaji ya era una batalla perdida desde hacía mucho, saltó a sus brazos aferrándose a él, como si fuese, literal y metafóricamente, una cuerda de salvamento que la mantenía con vida evitando que cayese en un profundo abismo de amargura y dolor, lo cual, de suceder, la llevaría sin remedio a su trágica muerte.

Fue allí, luego de unos minutos de conversación, que Asuka, interponiéndose entre él y Katsuragi, buscó la manera más rápida y desesperada por alejar a Kaji de Misato, quienes, en las últimas semanas, se habían vuelto más y más cercanos desde que Shinji regresó de su pelea con el catorceavo ángel. Soryu, viéndose y sintiéndose desplazada por su tutora, no se demoró en intentar recuperar la atención de Kaji.

Ya que su más reciente paseo fue hace varios meses, la impaciente germana, recurriendo a esa misma táctica para estar con Kaji, creyó que aquello funcionaría una vez más; empero, dándose cuenta que los aires de cambio habían llegado para quedarse, la chica de cabellos escarlata fue azotada por una vigorosa ráfaga de viento que, impregnándola de desilusión y pesadumbre, se estrelló contra su cara.

Shinji, quien estaba de espaldas a la mesa de la cocina, atándose su delantal mientras pensaba en qué prepararía para la cena, aún no poseía la madurez ni el entendimiento necesario para comprender que Kaji no sólo quería cortar con la insana obsesión y dependencia que Asuka poseía con él; sino también, que deseaba que la pelirroja pudiese crecer y disfrutar de su juventud con alguien de su misma edad.

De ese modo, sin que lograse percatarse de ello, Shinji fue el blanco de las contemplaciones de Kaji quien posó su vista en él. Fue entonces, cuando tomaba un par de vegetales para cortarlos y rebanarlos, que Kaji, casi provocando que se cortase un dedo por accidente, tomó con la guardia baja a los allí presentes al proponerle a Asuka la idea de salir de compras junto con Misato y Shinji.

Pensé que saldríamos sólo nosotros dos, Kaji…

Hemos salido de compras varias veces nosotros dos, Asuka. Ya verás que será más divertido ir los cuatro.

Volteándose, dejando de lado sus deberes, Shinji miró los rostros de sus acompañantes encontrando distintas expresiones en cada uno de ellos: Kaji, con su normal semblante relajado, compartía miradas con Misato, quien, gracias al alcohol en sus venas, lucía igual de sonriente que él. Asuka, simplemente quedándose callada, notó dicha complicidad escribiendo otra derrota personal en su ya creciente lista.

Al ver eso, como era común en Shinji, echándose la culpa a él mismo aunque no tuviese responsabilidad alguna, balbuceó que él prefería quedarse en casa, pero Misato, siendo su turno para participar en la conversación, apoyó la propuesta de Kaji diciéndole a Shinji que no desperdiciase esta segunda oportunidad de vivir, luego del incidente que, recientemente, sufrió en su última lucha contra un ángel.

No es saludable para nadie permanecer encerrado en casa todo el tiempo, hay un mundo enorme allá afuera, Shinji. Es bueno que salgas y lo compartas con los demás.

Ante esto, recayendo en su mal hábito de hacer lo que le dijesen no por gusto o decisión propia, si no para sentirse aceptado y abrazado por quienes le rodeaban, el hijo del Comandante de Nerv asintió tímidamente con la cabeza, contemplando, de soslayo, la actitud enfadada de Asuka. Así, al acabarse la cena de esa noche, un silencioso Shinji se fue a la cama preguntándose qué le traerá el amanecer.

– Me sigue sorprendiendo que tengas tiempo para ir con nosotros de compras al centro comercial, normalmente siempre estás ocupada con mucho papeleo.

Viéndose de vuelta en el presente, sentado en el asiento trasero del coche de Misato, Shinji escuchó la afirmación de Asuka, quien, ubicada junto a su tutora, rompió el silencio que los había envuelto a los tres desde que salieron del departamento. Si bien no intentó ser parte de la charla, concediéndole ese punto a Asuka, Shinji también se sorprendió de ver a Misato libre de sus copiosas obligaciones en Nerv.

– El trabajo me ha consumido por completo, tienes razón, Asuka–sin apartar sus ojos del camino, Misato, aprovechando los pocos vehículos en la carretera, se dio la libertad de acelerar–los más recientes ataques de los ángeles nos han tenido muy ocupados a todos, en especial a ustedes por ser quienes arriesgan sus vidas por nosotros.

Mirando a Shinji gracias al espejo retrovisor, Misato, observándolo atentamente por una fracción de segundo, devolvió su atención a la autopista antes de seguir hablando.

– Me duele ver lo mucho que nos hemos distanciado en los últimos meses, quiero que recuperemos la cercanía que teníamos cuando empezamos a vivir juntos los tres.

Al pensar en aquellos días, comparándolos con la actualidad, Shinji se dio cuenta de una realidad que resaltaba ante él al ver las calles y avenidas vacías de Tokio-3. Cuando llegó a la capital, hace casi ya un año, la poca población que contempló quedó confirmada en el reducido número de estudiantes en su escuela, pero ahora, luciendo como una ciudad fantasma, dicha población era prácticamente nula.

Emprendiendo un éxodo masivo, absolutamente irreversible, la gente que aún quedaba en Tokio-3 dejaba todo detrás de sí con tal de hallar un sitio donde su seguridad no se viese amenazada con tanta frecuencia. Los Suzuhara, luego de lo sucedido con Toji, optaron por irse sin que Shinji pudiese decirle adiós a su amigo herido. Kensuke, por más que se negó, se vio obligado por su padre a marcharse con él.

Si bien el consejo de Misato de salir y conocer el mundo era bienintencionado, para Shinji, quien estuvo atrapado en la Unidad 01 durante todo un mes, tal cosa ya era demasiado tarde. Por ende, hundiéndose más en esa tristeza que llevaba consigo, la idea de visitar un centro comercial para gastar dinero en banalidades innecesarias y superfluas, no haría ningún efecto por aliviar y sanar su destrozado ánimo.

– Pensé que Kaji vendría con nosotros, sólo por él acepté venir a esta tontería–de nuevo, remarcando su hostil aflicción, Asuka veía por su ventana sin girarse a mirar a nadie.

– Nos veremos con él cuando lleguemos, debe estar esperándonos–sin caer en el juego de Asuka, todavía esperanzada de reparar su dañada relación con la chica, Misato fue breve al responder.

Sin más plática, avistando su destino no muy lejos, Misato maniobró su automóvil para dirigirlo hacia éste. Así, al cabo de unos minutos, su corto trayecto se terminó cuando se detuvieron en un estacionamiento abismalmente solitario. Shinji, al ver la cara feliz que Misato les dedicaba tanto a él como a Asuka, trató de ser recíproco con ella, al esbozar, en su dubitativa faz, una sonrisa tímida.

Dejando el coche a sus espaldas, Misato y compañía se adentró en el edificio que los recibió con una fría mudez seguida de más soledad. La inmensa mayoría de las tiendas, luciendo sus cortinas metálicas cerradas, daban una muestra más del lento e inevitable fallecimiento que experimentaba Tokio-3. Solamente algunas, brindando leves señales de vida, eran las únicas abiertas al público en aquel lugar.

Shinji, quien seguía cabizbajo los pasos de Misato y Asuka, se vio tomado por sorpresa cuando sintió una mano muy pesada cayendo sobre uno de sus hombros. Por reflejo, como era natural, Shinji se sobresaltó ladeándose hacia un costado, donde encontró, rápidamente, al dueño de dicha extremidad. Kaji, con esa media sonrisa confiada que tanto hacía suspirar a Asuka, se reclinó sobre él para hablarle.

– ¿Por qué esa cara tan larga, Shinji? –Preguntándole a un pensativo Shinji, Kaji, con meramente hablar, provocó que Misato y Asuka se detuvieran para girarse hacia él–se supone que hoy es un día para relajarse y pasarla bien. Diviértete, te lo has ganado.

– ¡Kaji! –Asuka, persistiendo en librar una guerra perdida, corrió hacia él como ya le era usual hacerlo cada vez que lo veía–sólo por ti estoy aquí, pasaría el día entero contigo si pudiera.

– No lo dudo, Asuka. No lo dudo.

– Siempre haciendo apariciones dramáticas, esa es una mala costumbre que nunca perderás–Misato, sin inmutarse por la conducta de Asuka, miró a Kaji con una seriedad que pasó desapercibida para los niños, pero no para él–y ya que fue idea tuya venir aquí, por dónde comenzamos. Me temo que no hay muchas tiendas abiertas las cuales visitar.

Aún callado, no teniendo idea de qué decir, Shinji pronto se vio abrumado de nuevo por la mirada atenta de Kaji.

– Acompañaré a Shinji a las tiendas de ropa para hombre, ve con Asuka a las tiendas para mujer. Nos veremos de nuevo aquí al terminar–respondiéndole a Misato, quien no se sorprendió por sus planes, Kaji consiguió que ambos pilotos sí se asombraran al mismo tiempo; aunque de distintas maneras.

– ¡Pero Kaji, creí que me acompañarías a mí! –Asuka, con una gigantesca desilusión, protestó con tal fuerza que su voz hizo eco con facilidad en el centro comercial casi vacío– ¡incluso volví a ponerme el vestido de verano que me obsequiaste en nuestro último día en Alemania!

Mirándola, prestándole más atención, Shinji apenas se daba cuenta del atuendo que la teutona había elegido para hoy. Verla con el vestido amarrillo que usó el día en que se conocieron, lo llevó, en el acto, a rememorar ese momento sobre la cubierta de aquel portaaviones. Ese fue su primer viaje fuera de su natal Japón; asimismo, esa fue la primera vez que hacía contacto con alguien del extranjero.

Si bien contabilizaban varios meses viviendo juntos bajo el cuidado de Misato, el conocimiento que tenía el uno sobre el otro era igual de limitado que en aquella mañana soleada en medio del océano. Aquello era un indicio claro que existía un grueso e invisible muro separándolos, lo cual, en consecuencia, provocaba que ninguno fuese capaz de entenderse ni de limar las dolorosas asperezas que padecían.

Como el propio Kaji se lo comentó en una ocasión, los hombres, estando parados en las orillas de un río, veían en la distancia a las mujeres, quienes, ante ellos, se hallaban en la otra orilla. Para Shinji, quien miraba a Asuka en la franja frente a él, las márgenes de aquel arrollo se volvían más y más grandes con el paso de los días, alejándolos, inevitablemente, hasta que ya no pudiesen verse.

De no lograr detener el crecimiento de aquella brecha, el daño causado acabaría por ser irreparable.

– No te angusties, Asuka. Con gusto veré lo que compraste cuando nos volvamos a ver, así será una sorpresa para mí ver la ropa nueva que elegiste–con una paciencia que la mismísima Misato envidiaba, Kaji, con suavidad y gentileza, se liberó del desesperado agarre que Asuka mantenía sobre él–Shinji y yo no nos tardaremos mucho, muy pronto estaremos reunidos otra vez.

La voz y la dulzura con la cual Kaji le habló a Asuka hubiesen sosegado a cualquier otra chica con facilidad; no obstante, siendo aquello como el último clavo en su ataúd, Asuka susurró un escueto "Está bien" sin que realmente creyese en sus palabras. Así pues, al verla desanimada, Shinji se olvidó por un instante de su propio calvario para ver el de Asuka, el cual, agobiándolo, lo hizo sentirse mal por ella.

Shinji no lo sabía, pero aquel sentimiento que percibía al hacer suyo el sufrimiento de Asuka se llamaba "empatía", dicho sentir, brillando como una tenue chispa en lo profundo de una cueva, simbolizaba la sutil esperanza de acercarse a ella. Desgraciadamente, el modo de ser tan reservado y agresivo de Soryu, disuadía, con una rapidez fatal, cualquier intento tímido de Shinji por fraternizar con ella.

Desde que regresó de estar un mes completo en las entrañas de la Unidad 01, Shinji, al observar a Asuka, no necesitó de mucho esfuerzo para notar que su conducta y temperamento habían empeorado. Por ende, viendo como ella y Misato tomaban un rumbo distinto al suyo, Shinji se volteó hacia Kaji quien lo imitó para intercambiar miradas. Antes que Shinji dijese algo, Kaji, soltando un suspiro, se le adelantó.

– Entiendo que todo esto te parezca muy extraño, pero fue la única manera que encontré para hablar a solas contigo, Shinji–Kaji, luciendo más serio de lo que alguna vez Shinji fuese testigo, le comentó mientras le hacía un gesto para que lo siguiera.

– ¿Hablar conmigo? –confundido, no entendiendo nada de lo que sucedía, Shinji le cuestionó.

– Así es, Shinji. Busquemos un sitio tranquilo para charlar.

Sacándole provecho a la ínfima cantidad de personas que recorrían los pasillos de aquel centro comercial, Kaji, guiando a Shinji, lo condujo a una zona desocupada donde encontraron una banca disponible donde sentarse. Allí, poniéndose cómodo, Kaji lo invitó a hacer lo mismo a lo que Shinji accedió, queriendo saber, de una vez por todas, qué ocurría y por qué era necesario tanto secretismo.

– Seré directo contigo, Shinji, así que te pido que me escuches con atención. Hay cosas que te diré que no debes conversar con nadie más, esto te lo aconsejo por tu propia seguridad–Kaji, entrelazando sus manos, reclinó sus codos en sus piernas sin mirar a Shinji–cuando llegaste a Tokio-3 hace casi un año, te dijeron que la meta de Nerv era salvar a la humanidad de la extinción. Nerv, en apariencia, siempre ha buscado verse ante la opinión pública como la salvadora del mundo; pero Nerv es mucho más que eso.

Shinji, ya habiendo visto y presenciado la naturaleza maligna de Nerv, no debatió lo dicho por Kaji.

– Existen personas, que están en las sombras, quienes tienen otros propósitos menos altruistas para Nerv, y tu padre, lamento decírtelo, es uno de ellos–volteándose a mirarlo, Kaji vio como la expresión de Shinji se endureció ante la mención del Comandante Ikari–eliminar a los ángeles forma parte de los planes de estos individuos, cuando el último haya sido derrotado, mostrarán su verdadero rostro. Asuka, Rei y tú no son más que peones a su servicio, al igual que todos los demás miembros de Nerv, como Misato y yo.

– Nunca he confiado en mi padre, no dudo que sea cierto lo que me dices–visiblemente enfadado, Shinji, apretando los puños, quiso plantearle una pregunta crucial a Kaji– ¿pero por qué me estás diciendo todo esto ahora, Kaji?

– Porque ya es tiempo que sepas algunas verdades, Shinji. Después de lo que ocurrió con tu amigo Suzuhara en la Unidad 03, sin mencionar el mes que estuviese atrapado en el Eva 01, sería absurdo que no supieras todo esto–si bien el entorno que los acogía se hallaba tranquilo y despejado, ya teniendo la costumbre de siempre vigilar sus espaldas, Kaji no dejaba de inspeccionar los alrededores con la mirada–lamento mucho lo que pasó con tu amigo. Estoy consciente que te sientes culpable por sus heridas, no hay nada que pueda decirte que te haga sentir lo contrario, pero lo que ocurrió no fue tu culpa, Shinji. Tú no pusiste a ese chico dentro de ese Eva.

– Misato me dijo que todos mis compañeros de clase eran candidatos a ser pilotos, simplemente eligieron a Toji, pudo haber sido cualquiera de ellos–evocando la conversación que tuvo con Misato cuando tomó la decisión de marcharse de la ciudad, Shinji, sacando sus propias conclusiones, aún llevaba mucha rabia consigo por lo que le ocurrió a Toji–yo pude haber hecho algo más, Kaji. Tuve la oportunidad de haberlo salvado, pero no lo hice. Fue mi culpa que mi padre tomara el control; fue por mi culpa que Toji salió lastimado.

– Yo sabía que él fue elegido desde días antes que pasara el incidente en la prueba de activación, incluso preparé el papeleo requerido para ingresarlo a los sistemas de Nerv–suponiendo que Shinji le reprocharía por haberle ocultado un hecho como ese, Kaji creyó que el piloto de la Unidad 01 lo confrontaría con enojo; sin embargo, se encontró de frente con una inesperada mudez por parte de Shinji–como tú mismo lo dijiste, todos en tu escuela eran candidatos a ser pilotos. Nerv y la organización que la controla en secreto no han dudado en usarlos para su conveniencia sin importarles el sufrimiento que padezcan, esa es una de las causas que me llevó a tener esta plática privada contigo.

Shinji, manteniendo su silencio, sostenía su vista clavada en las tiendas vacías y cerradas que los rodeaban. Kaji, por otro lado, soltó otro suspiro al disponerse a tocar otro tema de importancia para él.

– Saber lo que te he contado me ha hecho pagar un precio muy alto; tan alto que es muy probable que esta sea la última vez que podamos conversar, Shinji.

Sin que fuese necesario pensar demasiado, Shinji, abriendo sus ojos con asombro, entendió con claridad lo que Kaji quiso darle a entender.

– Misato también está enterada de esto, es por esa razón que he pasado mucho tiempo con ella recientemente. Lo más lógico sería que me mantuviese alejado de ella para que Misato no corra ningún peligro, pero mi corazón no me lo permite, quiero estar cerca de Misato hasta que dé mi último aliento–al unísono, en tanto Shinji se volteaba para mirarlo, Kaji dirigió su atención al techo encima de ellos–Misato; a pesar de los riesgos, me ha concedido este pequeño capricho. No sabemos cuándo pasará, tal vez sea hoy; tal vez sea mañana, pero ambos sabemos que nuestro tiempo se está acabando.

Pese a lo delicado y crítica de la situación que se cernía para él, Kaji, sin arrepentimiento alguno sobre sus hombros, no borró la expresión tranquila de su cara. Shinji, conservando su sorpresa esculpida en su faz, no se movió ni un milímetro.

– Pero como supongo que ya lo puedes imaginar, Misato no será la única persona que sufrirá cuando yo ya no esté.

– Asuka…

Siendo una conjetura demasiado fácil de realizar, Shinji no conocía a otra persona, además de Misato, que estuviese tan unida a Kaji como lo era Asuka. Tal cercanía le quedó muy en claro desde el día en que se conocieron, cuando Asuka, orbitando a Kaji como lo hacía la Luna con la Tierra, no se alejaba de él por ningún motivo. Si no fuese por la enorme diferencia de edad, cualquiera diría que eran un matrimonio.

Dicho pensamiento lo hizo revivir, una vez más, aquella mañana en el portaviones que transportó a la Unidad 02 a Japón desde Europa. Asuka, luego de aquella repentina ventisca que levantó su vestido a la vista de todos, nunca perdió tres cosas fundamentales que definían su personalidad: su semblante indomable, su confianza absoluta y su hegemonía como una de los mejores pilotos de Eva en el planeta.

Shinji, al hacer la comparación mental de esa Asuka en medio del océano con la Asuka de la actualidad, constató que aquellos tres elementos que constituían a la germana, simple e increíblemente, ya no existían. Su rostro reflejaba una debilidad apabullante, una marcada desconfianza la nublaba y su estatus de élite que la llevó a jactarse como un pavorreal, yacía por los suelos al estar destruido.

Era completamente otra chica, como si la energía y la vitalidad que emanaba a raudales hubiesen sido robadas, hasta convertirla, trágicamente, en un cascarón vacío y moribundo.

– Sé que Asuka me odiaría para siempre si supiese lo que voy a decirte sobre ella, pero por todo el cariño que le tengo, estoy dispuesto a correr ese riesgo–apeteciendo un cigarrillo, aprovechando cada segundo de privacidad con Shinji, Kaji quiso discutir la sensible cuestión que tenía a la teutona como protagonista– ¿alguna vez Asuka te ha contado de su vida antes de venir a Japón, Shinji?

Tenía el conocimiento, por obvias razones, que Asuka era originaria de Alemania; no obstante, más allá de eso, Shinji ignoraba cómo fue su estilo de vida en aquel país antes de viajar a Japón. Soryu, cuando su moral se elevaba por las nubes, solía presumir de su duro entrenamiento para aprender a pilotear a la Unidad 02. Shinji, al pensar en todo aquello, se asombró por lo poco que sabía de ella realmente.

– Una vez me dijo que obtuvo un título universitario, luego de eso, Asuka no me ha dicho mucho más.

– Eso es verdad, yo la conocí poco antes que se graduara. Hasta el día de hoy me sigue sorprendiendo que alguien tan joven haya logrado algo así–aseverándole, Kaji recordó cuando la vio con su diploma en mano sonriéndole al mundo entero con un orgullo insuperable–Asuka es una jovencita talentosa y brillante, ha llegado tan lejos por su propio esfuerzo y dedicación, pero aún sigue siendo una niña.

Shinji, sin querer admitirlo, se sintió avergonzado al ser un estudiante con calificaciones comunes y nada sobresalientes.

– Y eso es algo que Asuka no ha querido entender, ella piensa que ser vista como una niña es malo. Tal vez nunca lo hayas pensando, Shinji, pero ustedes dos son más parecidos de lo que imaginan.

Fue allí, gracias a las palabras de Kaji, que Shinji Ikari se dispuso a conocer, por primera vez, a la auténtica Asuka Langley Soryu. Así, los varios misterios y enigmas que poseía sobre ella desde que empezaron a vivir juntos, fueron mostrando, uno tras otro, signos de querer revelarse. Kaji, habiendo logrado capturar su atención, continuó con su narrativa depositando sus esperanzas en Shinji.

– Algunos detalles no los comentaré porque considero que lo más correcto es que sea la propia Asuka, cuando tenga la confianza y madurez suficientes para hacerlo, quien sea la encargada de decírtelos.

No tener a su mamá consigo siempre fue una de las heridas más dolorosas que Shinji acarreaba en su alma, dicha herida, justamente, era la raíz de los demás males que le hicieron convertir su vida en un martirio desde muy pequeño. Y sin que lo supiese, viviendo un tormento casi idéntico al suyo, Asuka también libró su propia lucha interna, por enfrentarse, ella sola, a un mundo de adultos indiferentes.

Kaji, por respeto a la intimidad de Asuka, no le detalló a Shinji la forma en cómo Asuka se enteró de la muerte de su madre; sin embargo, no dudó en recalcarle la gravedad de tal suceso para la germana, quien, tal y como le ocurrió a Shinji, se halló lastimada por el abandono de su padre a pesar de vivir con él. Así pues, irremediablemente, los Evas hicieron su aparición en la convulsa infancia de Asuka.

Shinji, imaginándola, vio cómo Asuka era reclutaba por Nerv al quedar patente su extraordinaria sincronización con la Unidad 02. Este hallazgo, consecuentemente, propició que ella tuviese que superar un extenuante entrenamiento que la llevó desde memorizar cada centímetro del Eva 02, hasta repetir, una y otra vez, agotadores movimientos de pelea en simulacros y simuladores.

No obstante, por más que la carga era en demasía pesada para una chiquilla como ella, agradecida por la atención y el reconocimiento que recibía por sus progresos, Asuka no vaciló en continuar cargando ese excesivo peso en sus hombros. Por ende, con los años, ligando su existencia misma con el acto de pilotear, Asuka fue creciendo al nutrirse de la superficial y banal aprobación que obtenía con el Eva 02.

– ¿Ahora comprendes porqué ser piloto significa tanto para Asuka, Shinji? –Planteándole esa pregunta, Kaji pausó su relato sobre Asuka.

– Yo siempre he odiado pilotear porque me lastima y me horroriza, pero seguí haciéndolo al ver que los demás me veían como alguien valioso para ellos–respondiéndole, Shinji ya no sabía cuánto tiempo llevaban allí conversando; empero, le plática le estaba resultando muy terapéutica–Asuka también lo hace por la misma razón, piensa que ser piloto es la única manera en la que su vida tiene sentido.

– Si el día de mañana le arrebataran a Asuka su puesto como piloto, sería como arrancarle las alas a un ave. Tal cosa acabaría por ser una sentencia de muerte para Asuka.

A Shinji, desde que comenzó su faceta como piloto, nunca le importó sobresalir ni ser señalado como el más valioso de Nerv; por el contrario, para Asuka era crucial demostrar su valía, día tras día, para que el castillo de naipes que la sostenía no se desplomase debajo de ella. Ante ese razonamiento, Shinji fue uniendo más piezas del rompecabezas, creyendo entender, al fin, el reciente mal carácter de la pelirroja.

Kaji, casi como si pudiese leer sus pensamientos, confirmó sus sospechas al afirmarle que Asuka no toleraba las derrotas en el campo de batalla, ya que éstas, socavando su reputación y confianza, la enrumbaban a sentirse como una inepta que no era necesitada ni apreciada por nadie. Tal mentalidad, asustándolo aún más que su inminente muerte, era un escenario de horror absoluto para Kaji.

– Desde el día en que Asuka fue informada que vendría a Japón, ella pensó que se convertiría en una heroína amada por todos; creyó que ganaría siempre sin importar las adversidades. Y tú Shinji, mejor que nadie, sabe que eso no sucedió.

En su primer encuentro, cara a cara, contra un ángel, Asuka se vio en la necesidad de aceptar la ayuda de Shinji para vencer a aquel monstruo marino que estuvo a punto de devorarlos. En su siguiente contienda, queriendo lucirse y remarcar que podía controlar la situación por sí misma, Asuka se llevó una vergonzosa y humillante paliza que, de nuevo, la hizo necesitar el respaldo de Shinji para ganar.

Fue en tales circunstancias, que Misato, empleando de nuevo su ingenio para formular estrategias, les dio la misión de coordinar sus esfuerzos hasta llegar al grado de moverse como una sola entidad. Tal orden, forzándolos a utilizar métodos poco ortodoxos, los hizo entrenar como nunca antes lo habían hecho; sin embargo, como el propio Shinji lo reconocía, los resultados fueron más que contundentes.

Su victoria en conjunto en esa lucha, teniendo una esencia única e inigualable; pese a haber ocurrido hacía ya varios meses, continuaba revoloteando en su memoria hasta hoy. Con aquella dulce música de orquesta bridándoles un ritmo armonioso, su modo de caminar, hablar y de comportarse alcanzó una simbiosis inaudita y apoteósica, la cual, por un breve instante, los condujo a brillar con una misma luz.

Asimismo, sin olvidar la noche cuando Asuka se tumbó en su cama, Shinji, todavía arrepintiéndose por no haberla besado, dirigió su mirada al suelo al pensar en el desastroso beso que, tiempo después, ambos protagonizaron en la cocina del departamento de Misato. Aquellos dos eventos, poseyendo resultados muy opuestos, lo indujeron a cuestionarse qué hubiera pasado si hubiese actuado distinto.

¿Asuka se hubiera enfadado con él por haberla besado mientras dormía?

¿Hoy en día su relación sería diferente de haber tenido más valentía en esa oportunidad?

Empero, sin importar las respuestas a esas preguntas, Shinji sabía que el pasado ya no podía cambiarse; por ende, le gustase o no, no tenía más alternativa que enfrentar el presente que sus actos construyeron al usar sus decisiones como ladrillos. Esa sentencia, adentrándolo en sus remembranzas, reafirmó una verdad que había pasado inadvertida para él, pero que en definitiva, no lo fue para Asuka.

Una vez que Ayanami se unió a ellos, el trío de pilotos, ahora peleando como un equipo, se apoyó el uno en el otro para seguir cosechando triunfos ante los cada vez más poderosos y excéntricos ángeles. Shinji, aliviando por contar con la colaboración de Asuka y Rei, se sintió más seguro al no pelear en solitario; en contraste, deseando ser la estrella del espectáculo, tenerlos a ellos dos fue un revés fatídico para Asuka.

Un ángel a la vez, una decepción tras otra, los deseos y sueños de Asuka por los que trabajó tan duro desde el principio, acabaron, ante sus ojos llenos de lágrimas, por desmoronarse como arena entre los dedos.

– La gota que derramó el vaso fue su última batalla hasta la fecha–sacándolo de sus meditaciones, Kaji, haciéndolo voltearse hacia él, le habló nuevamente–después de lo que pasó con la Unidad 03 y de tu renuncia a seguir piloteando, Asuka creyó que sería su momento para brillar, pero no fue así. El ángel fue demasiado fuerte para ella sola, la Unidad 02 recibió graves daños que casi la envían al depósito de chatarra. Sin olvidar, por supuesto, que Asuka estuvo a punto de morir.

Si bien la experiencia psicológica y sobrenatural de haber estado atrapado dentro de la Unidad 01 acaparaba gran parte de sus recuerdos, Shinji, sin ningún problema, podía viajar en retrospectiva hasta llegar a ese punto en concreto. Casualmente, casi como un acto orquestado por la providencia, fue Kaji quien le dio el empujón final para atravesar el campo de batalla para pilotear el Eva 01 otra vez.

Minutos antes, sintiendo las explosiones que castigaban a Tokio-3, Shinji, al estar en un refugio, no imaginaba que Asuka, al mejor estilo de un duelo de pistoleros del viejo oeste, le plantaba cara a esa bestia incontrolable que se abría paso en las instalaciones de Nerv. Con gran valor, ansiosa por demostrarles a todos y a sí misma de lo que era capaz, Soryu disparó contra su enemigo sin fallar un tiro.

Para su desdicha, sus disparos no causaron ni el más insignificante daño en su oponente, quien, al utilizar sus serpenteantes extremidades como filosas navajas, le amputó ambos brazos. Así, habiéndola debilitado y vencido en menos de un santiamén, el ángel, humillándola al hacerla ver como una mocosa indefensa e inútil, acabó por decapitar a la Unidad 02, sacándola, por completo, de la confrontación.

Shinji, sorprendiéndose al ver la cabeza gigante del robot rojo de Asuka cayendo en el búnker donde se guarecía, jamás podrá olvidar, por más que lo intentara, aquella imagen dantesca de su mente.

– Creo que ya entendiste el punto, Shinji. Para Asuka ser piloto lo es todo, no haber sido la heroína mundial que tanto deseó la ha destrozado por dentro–levantándose, metiendo sus manos en sus bolsillos, Kaji debió luchar con todas sus fuerzas por no encender un cigarrillo ahí mismo–sé que es injusto de mi parte pedirte ayuda, tú también tienes tus propios pesares y tormentos con los cuales luchar, pero no hay nadie más que pueda ayudarla, Shinji.

– ¿Ayudarla? –Abrumado por tal petición, Shinji, inconscientemente, también se puso de pie–yo no sabría qué hacer, Kaji. Quizás Misato podría ayudarla mucho mejor que yo.

– Shinji, necesito que cuides de ella cuando yo ya no esté. Sin nadie a su lado, me temo que Asuka caería en un pozo tan profundo que nadie conseguiría sacarla–avergonzado, sintiéndose como un incompetente por no haber hecho más por Asuka, Kaji le imploró a Shinji–Misato ha intentado acercarse a Asuka, pero las cosas entre ellas dos parecen ser irreconciliables. Asuka está molesta por mi relación con Misato, varias veces intenté hacerle ver que sus fantasías conmigo están equivocadas, pero eso solamente empeoró su dependencia hacia mí.

Kaji, mirando la expresión de desconcierto y miedo en Shinji, se odió a él mismo por colocar una carga tan pesada en los hombros de un niño con problemas similares a los de Asuka.

– Asuka te necesita tanto tú a ella, Shinji. No voy a obligarte a hacer nada que no quieras, pero te lo ruego, no la dejes sola. Sé que en el fondo la quieres y estimas, ella es importante para ti. No la abandones cuando más necesita de una mano amiga.

Enmudeciendo, uniéndose a la afonía que reinaba en aquel centro comercial moribundo, Shinji no encontró modo alguno para refutar lo afirmado por Kaji. Asuka, hasta hace menos de una hora, era un total acertijo para Shinji, ya que ella, en su negativa de comunicarse con los demás, prefería escudarse con su usual mal carácter y pésimo temperamento para aislarse sin que mostrase debilidad alguna.

Sin embargo, gracias a Kaji, quien seguía manteniendo su vista sobre él, Shinji ahora poseía un mejor y más claro entendimiento de la teutona que compartía su hogar. Así pues, despertando de nuevo, la empatía que experimentó unos minutos antes cuando la vio triste y abatida, tuvo la fortaleza suficiente, como para que pensase con claridad, en todo lo que ha vivido con ella desde que se conocieron.

Su historia mutua no era un lecho de rosas, habían pisado las espinas miles de veces hiriéndose el uno al otro; pese a eso, todavía existía la posibilidad de enderezar el rumbo y elegir un sendero más cordial para los dos.

– ¡Kaji, Kaji!

Apareciendo repentinamente, interrumpiendo cualquier respuesta que Shinji pudiese dar, una muy agitada Misato corrió hacia ellos al verlos, la cual, mostrándose angustiada y desesperada, no lucía como la Misato firme y decidida que Shinji acostumbraba ver en el cuartel general.

– ¿Qué ocurre, Misato? –Desviando su atención de Shinji, Kaji, acercándose a Misato, se apresuró a indagar el motivo de su abrupta aparición– ¿dónde está Asuka?

– ¡Desapareció! –sin rodeos, Misato le respondió.

– ¿Desapareció? –Olvidándose que su vida tenía los días contados, Kaji, ya no preocupándose por él mismo, sólo pudo pensar en Asuka– ¿cómo fue que desapareció?

Shinji, quien se mantenía sin hablar, expresó su sorpresa en su cara. Misato, mientras tanto, se esforzó por recuperar la calma y la elocuencia.

– Fuimos a una de las pocas tiendas abiertas que encontramos. Intenté que nos lleváramos bien al hablar de vestidos, maquillaje y zapatos, todo parecía ir normal–respondiéndole, Misato resumió su tiempo con Asuka en tanto Shinji y Kaji conversaban entre ellos–ambas escogimos un par de vestidos para probar y entramos en los vestidores. Cuando salí del mío, ella no estaba por ninguna parte.

Shinji y Kaji, compartiendo una mirada silenciosa, se dieron cuenta que la crisis que creían prevenible, en realidad, ya había comenzado.

– ¿Cómo pude ser tan descuidada y estúpida? –Sujetándose a Kaji, Misato, realmente conmocionada por lo que sucedía, se sentía totalmente culpable–debí haberla vigilado mejor, todo esto es mi culpa…

– ¡La encontraremos, no debe estar lejos! –Kaji, asumiendo su cuota de responsabilidad, lamentaba que su obsesión por saber la verdad oculta tras Nerv, lo distanciara, tan irreversiblemente, de Asuka–sé que Asuka está molesta conmigo, pero nunca sería capaz de hacer una locura. Debemos mantener la calma y buscarla.

– Podría pedirle ayuda a la Sección 2, pero si el Comandante Ikari se entera que uno de los pilotos ha desaparecido, posiblemente sospecharía de nosotros–sin importarle que Shinji estuviese parado justo junto a ella, Misato, ya sabiendo la auténtica finalidad de Nerv gracias a Kaji, temió que fuesen arrestados por los agentes de Nerv–no sé qué hacer, nunca me había sentido tan desorientada como ahora.

– Yo les ayudaré a buscarla.

Shinji, con un tono de voz serio, que contrastaba con su vacilación y ansiedad más habitual, no se tardó en causar que Kaji y Misato se voltearan a mirarlo. Misato, en especial, al fin notaba su presencia arrepintiéndose de lo dicho segundos antes; empero, suponiendo que Kaji aprovechó su tiempo a solas con Shinji para explicarle la situación, Misato no tuvo el valor de hablarle del mismo modo de siempre.

Devastada, sintiendo cómo se rompían los lazos que tejió con Asuka y Shinji, Misato veía como la familia artificial que conformó con ellos yacía hecha pedazos ante sus pies. Unos días antes, luego de haber pasado otra noche con Kaji, reviviendo, en la habitación de un motel, su amorío universitario, Misato le externó su miedo de haber fallado estrepitosamente como tutora y protectora de ambos pilotos.

Fue precisamente allí, al estar rodeada por los brazos de Kaji, que idearon el plan de salir de compras con los niños como una excusa para acercarse a ellos y cerrar la brecha que los separaba. Ahora, sin tener el coraje para ver a los ojos a Shinji, Misato, sin olvidarse de la desaparecida germana, se vio tentada a caer arrodillada al suelo para llorar sin consuelo hasta inundar Tokio-3 con su llanto.

– ¡Iré a buscarla!

No obstante, teniendo iniciativa propia, Shinji no le dio la oportunidad de derramar ni una sola lágrima al correr sin mirar atrás. Kaji y Misato, pidiéndole que esperase, no fueron capaces de detenerlo al verlo alejarse más y más de ellos. Shinji, por su parte, corriendo deprisa como lo hizo en su última pelea contra un ángel, no tenía idea de hacia dónde se dirigía, pero eso no fue motivo para detenerse.

El eco de sus pisadas, reverberando en los solitarios pasillos de aquel centro comercial, llenó de inmediato sus oídos al toparse con solamente tiendas cerradas y vacías. Su búsqueda repentina, al girar en una esquina, lo hizo entrar en el área de restaurantes que parecía ser un pueblo fantasma, la cual, en tiempos normales, estaría repleta de personas comiendo y ocupando las muchas mesas allí colocadas.

Al no ver a nadie allí, desplazándose a otro sector, Shinji ingresó en un largo corredor repleto de salas de cine fuera de funcionamiento, más adelante, no hallando más que soledad, Ikari pensaba dar la vuelta cuando notó algo que fue una pista crucial para él. La puerta de un gran salón de juegos, con numerosas consolas y demás máquinas recreativas llenando sus rincones, se encontraba sospechosamente abierta.

Shinji nunca fue un chico que creyese en milagros, ni tampoco en presentimientos; sin embargo, sin más opciones que echar un vistazo allí dentro, decidió acercarse al creer que Asuka posiblemente estuviese ahí. Así pues, al no haber actividad en las afueras, Shinji se aventuró a explorar aquel sitio que lo recibió con una negrura espesa, ante esto, avanzando con cautela, el chico debió recurrir a sus otros sentidos.

Extendiendo sus brazos, cegado por la falta de iluminación, Shinji fue palpando y evitando obstáculos con los que hubiese chocado; asimismo, haciendo el menor ruido posible, el piloto del Eva 01 seguía atento ante cualquier sonido que le indicase que no era el único ahí. Aún así, al cabo de lo que sintió como una eternidad, frenando su avance, Shinji comenzó a pensar que tal vez Asuka no estaba allí.

Pero al ser guiado por una corazonada, ignorando el impulso de marcharse a buscar en otro lugar, Shinji logró escuchar un sutil sollozo no muy lejos de él. De inmediato, orientándose al enfocarse en ese constante gimoteo que llegaba hasta sus orejas, Shinji fue aproximándose a una zona más iluminada en la parte trasera de aquel recinto, donde vislumbró, con alivio e inquietud, a quien buscaba.

Sentada en el frío suelo, con las piernas encogidas y flexionadas, Asuka reclinaba su frente en sus rodillas, mientras su cabello rojizo, ocultando su rostro, funcionaba como una cortina de acero que impedía que sus mejillas empapadas fueran vistas por quien sea.

– Asuka…

Si bien susurró su nombre, al hallarse en una habitación casi vacía, su voz reverberó a tal grado que para Asuka fue imposible no darse cuenta de su llegada. La germana, reaccionando, levantó la cabeza viéndolo directamente al estar parado a unos pocos metros de distancia. Soryu, con urgencia, se ladeó a un costado tratando de esconder su tristeza al no querer exhibir ni el más pequeño atisbo de debilidad.

– ¿Qué estás haciendo aquí? –Sin divagaciones, con una marcada agresividad que empleaba como mecanismo de defensa, la germana le cuestionó– ¡déjame sola, lárgate de aquí!

– Misato y Kaji están muy preocupados por ti, te fuiste sin decir a dónde ibas.

– ¿Preocupados por mí? –Enfadada, levantándose de aquel helado piso, Asuka dibujó un semblante endurecido–a ninguno de ellos les importo en verdad, nunca les he importado. Fui una grandísima estúpida en ponerme este maldito vestido para Kaji, ni siquiera me prestó atención.

Si hace un día hubiese tenido esta misma charla con Asuka, Shinji, careciendo de la información que Kaji le facilitó sobre ella, no habría tenido la valentía para proceder cómo lo hizo. Shinji, metafóricamente, se lanzó a la corriente del tormentoso río que los separaba, atreviéndose; pese a sus miedos, a acercarse a la otra orilla donde Asuka yacía. Así, caminando hacia ella, Shinji redujo a la mitad la brecha entre ellos.

– Asuka, Misato y Kaji te aprecian. Yo también te quiero, eres mi amiga–habiendo descubierto que ambos padecían de pesares similares, Shinji, sin considerar las consecuencias, le aseguró a Asuka–sé que te sientes mal por haber perdido contra el último ángel, pero no fue tu culpa. Ese ángel era muy poderoso, hiciste todo lo que pudiste para vencerlo.

– ¡Cállate, no te me acerques! –Ya no importándole permanecer oculta, gritando con rabia, la alemana le apuntó con un dedo al querer mantenerlo lejos de ella– ¡tú no me conoces, no sabes nada sobre mí!

– Antes no sabía casi nada sobre ti, pero ahora te comprendo mejor. Creo saber quién eres; creo que sé cómo ayudarte…

– ¿De verdad crees que me conoces? –Más encolerizada, sin saber cómo Shinji pudo descubrir algo que creía privado, Asuka lo confrontó– ¿Piensas que me puedes salvar? ¿Quieres ser mi caballero de brillante armadura?

– Sólo quiero ayudarte, sé que te sientes lastimada. Yo también lo estoy, sé lo mucho que duele no tener a un padre y una madre.

Petrificándose, incrédula por escucharlo hablar de tales temas, Asuka colocó más barreras frente a ella, para protegerse, como siempre lo ha hecho, cuando alguien se le acercaba demasiado.

– ¡Eres tan arrogante, no te metas en mis asuntos! –Pasando a la ofensiva, con una mirada endemoniada que haría temblar al mismísimo Comandante Ikari, Asuka redujo a casi nada el abismo en medio de ambos– ¡yo puedo cuidarme sola, siempre he sabido cómo hacerlo!

– Por favor, Asuka. Volvamos con Misato y Kaji.

– ¡Cállate!

Enceguecida por un arrebato de furia, rechazando la oferta de ayuda que, en secreto, era justamente lo que deseaba oír, Asuka lo empujó con todas sus fuerzas, haciéndolo chocar, sonoramente, contra una de las consolas de juegos que se ubicaba a espaldas de Shinji. Ikari, tomado con la guardia baja por la rapidez de la pelirroja, no pudo hacer más que cerrar los ojos antes de sentir el impacto en su cuerpo.

Acabando Shinji tumbado en el suelo, el golpe que recibió no sólo le provocó un punzante dolor, sino también que, por accidente, encendió la máquina con la cual se estrelló. En consecuencia, iluminando las cercanías con luces multicolores que parpadeaban, dicha máquina de baile, al emitir una alegre música que resonó en los oídos de los pilotos, rompió el hostil silencio que se apoderó del ambiente.

Aquella música, sacándola del embrujo que su cólera había inducido sobre ella, la hizo pestañear al recuperar gradualmente su lucidez. Así, dando un paso hacia atrás, Asuka se vio tentada a escapar una vez más, para encontrar, como un conejo asustado, otro sitio donde esconderse. No obstante, impidiéndole marcharse, Shinji, al soltar un quejido, propició que Asuka se mantuviese allí con él.

Shinji, con lentitud, fue irguiéndose con palpable torpeza ante la mirada firme y conmocionada de la teutona, quien, habiendo liberado un ápice del enojo acumulado en ella al empujar a Shinji, se veía igual de agitada que él. Ikari, sin decir nada después de la agresión que recibió, se limitó a recobrar el aliento en tanto no retiraba su vista de la pelirroja frente a él, la cual, más calmada, fue consciente de sus actos.

– ¿Qué demonios haces aquí? –Asuka, con voz agónica, le cuestionó al ver que su ataque no ahuyentó a Shinji como creyó que sucedería– ¡será mejor que te largues!

– Ya te lo dije, quiero ayudarte–sin mencionar lo que sucedió, Shinji, envalentonado con una determinación que únicamente solía mostrar al combatir con la Unidad 01, le replicó tajante–no me voy a ir; no te dejaré sola.

Soryu, alejándose una pizca más, simplemente no entendía qué ocurría con Shinji ni tampoco le hallaba explicación para aquel cambio de comportamiento. Ciertamente las circunstancias eran atípicas, como si el universo, por capricho, hubiese invertido los papeles de ambos: Asuka, con temor y vacilación, se negaba a abrirse. Shinji, con valor y seguridad, persistía en salvar a la germana de su autodestrucción.

Empero, estando el camino hacia el infierno pavimentado con buenas intenciones, salir de aquel callejón no sería nada sencillo para ninguno de los dos. Y Asuka, sin creer en sus palabras, volvió a exaltarse:

– ¡Tú no vas a ayudarme! –Si bien ya no se veía tan rabiosa como lo estuvo un minuto atrás, Asuka, luchando por no volver a llorar, le exclamó a Shinji con reproche– ¡jamás harías algo por mí!

Sin que fuese necesario que él dijese algo, la mente de Asuka, haciéndole ver la falsedad de sus alegatos, la llevó a recordar cómo Shinji, varios meses atrás, al encontrarse atrapada bajo toneladas de ardiente magma en aquel volcán en el Monte Asama, fue quien le tendió una mano salvadora que le permitió surgir de tales profundidades. De no haber sido por él, Asuka, sin duda, hubiese muerto carbonizada.

Ante esto, persistiendo en no reconocer que se equivocaba, Asuka se encogió sobre sí misma, al escuchar, en su interior, a su propia voz dándole las gracias a Shinji por haberla rescatado de una muerte horrible al terminar calcinada por la lava. Soryu, habiéndose prometido ser independiente, se odiaba a sí misma por su ineptitud, de no haberse liberado, sin la intervención milagrosa de Shinji, de aquel aprieto.

– ¡No te necesito para nada! –Una vez más, recurriendo al mismo mecanismo de defensa, Asuka alzó la voz para hacer una rabieta infantil; no obstante, sin que pudiese evitarlo, un gran secreto guardado en su alma se le escapó de los labios– ¡ni siquiera te atreviste a abrazarme, te quedaste parado sin hacer nada!

– ¿Qué? –muy confundido, susurrando sin que Asuka lograse escucharlo, Shinji no tenía la menor idea de a qué se refería con eso– ¿abrazarte?

Así pues, del mismo modo en que la memoria de Asuka la encaró al desmoronar sus mentiras, la de Shinji, haciéndolo regresar a un día que fue clave para ambos, lo condujo hacia aquella tarde en la cocina del departamento de Misato, donde, a raíz del "aburrimiento" de Asuka, acabó por tener su primer beso. Un beso que, a diferencia de los cuentos de hadas, no fue ni mágico ni maravilloso.

Más allá de sentir los labios de Asuka sobre los suyos, para Shinji, el recuerdo que más resaltaba a la vista, era el de su nariz siendo obstruida por la alemana, la cual, con dicha acción, le impidió respirar por casi un minuto. Aquello, en consecuencia, fue la razón que llevó a Shinji a quedarse estático como una piedra al luchar por no caer desmayado. Aunque Asuka, por otra parte, lo consideró como un rechazo.

Tan pronto como el torpe y desastroso beso concluyó, Asuka, alejándose de Shinji, no volvió a mencionarlo por ningún motivo desde entonces. Shinji, también olvidándose de lo ocurrido, tampoco habló nada al respecto. Por ello, viéndola dolida y despechada por lo acontecido aquella vez, sumado a lo que sabía de ella debido a Kaji, Shinji apenas se percataba de lo relevante que fue ese beso para ella.

– ¡Misato se olvidó de mí, Kaji me abandonó! –Todavía sin ser consciente de lo que decía, Asuka, cada vez más harta de reprimirse, llevó sus manos a su cabeza para sujetar con fuerza su cabello– ¡todos me han abandonado, tú también lo harás!

Explotando la represa, al ser demasiada la presión sobre sus endebles hombros, los ojos de Asuka no hicieron más por contener el llanto que se derramó por su rostro. Escucharla llorar con tanta amargura fue muy impresionante para Shinji, quien, acostumbrado a verla brillar con un fulgor impoluto, jamás imaginó que la vería comportarse como lo que era en realidad: una niña lastimada y herida.

El impulso de huir de allí, tentándolo con fugarse como siempre lo había hecho, se manifestó en Shinji al seguir observándola sufrir justo frente a él. Los sollozos de Asuka, teniendo más poder que la música de la máquina de baile detrás de ellos, taladraban sus tímpanos haciéndole evocar su lejana niñez, cuando, al ser dejado por su padre en aquella estación de trenes, lloró desconsolado al sentirse abandonado.

De haber tenido su inseparable reproductor de cintas consigo, el Shinji que todos conocían, encerrándose en una burbuja al ignorar el mundo real, se hubiese resistido a decir algo que consolase a la chica rota que le acompañaba. Igualmente, al nunca haber recibido consuelo fraterno, ese Shinji simplemente no hubiera sabido cómo aliviar el sufrimiento de otro ser humano en desgracia.

Como Asuka, él era un niño; un niño sin padres, sin familia y sin alguien que pudiese ponerse en sus zapatos. Fue allí, al revivir sus tormentos y solitarias noches llorando bajo las sábanas, que Shinji, cansado del frío de la soledad, tuvo la osadía de acercarse a ella con cautela. Asuka, sumergida en su tragedia, no lo notó, continuó sollozando sin ver al chico que se aproximaba con mesura y serenidad.

A medida que se le acercaba, tal y como lo ha hecho con la Unidad 01 en sus muchas batallas contra los ángeles, Shinji sintió el helado y duro muro invisible que impedía que se acercasen los unos a los otros. No hubo brillantes barreras octagonales que titilaran; empero, estando allí presentes, Shinji, peleando por no someterse ante la voz de sus temores que le ordenaba rendirse, extendió una mano hacia Asuka.

No podían rehacer todo lo malo que habían hecho; sin embargo, sí poseyendo la capacidad de avanzar, si lo intentaban, ambos podrían descubrir una gran verdad: no estaban solos.

– Misato y Kaji no se preocupan por mí, sólo les importa ellos mismos–hablando entre lágrimas, aún sin ver lo cerca que Shinji se hallaba de ella, Asuka apretaba sus párpados cerrados–durante todo el mes que no estuviste, lo único que hicieron fue hablar de ti y nada más. No significo nada para ellos, nada…

Percibiendo una calidez inusitada, un calor que no recordaba haber recibido nunca, Asuka, levantando la cabeza, se vio rodeada por los brazos de Shinji, quien, dándole el abrazo que ella quiso recibir de él en el pasado, le robó las palabras de la boca. Shinji no dijo nada, pero tampoco era necesario que lo hiciese, en un momento como ese, un silencio amistoso era más conciliador que cualquier disculpa o plática.

Soryu, reclinando su mentón en uno de los hombros de Shinji, se cansó de explotar en rabia y simplemente se dejó seducir por el confort que Ikari le ofrecía. Desconocía qué había sucedido con el Shinji pusilánime y patético que vivía con ella en el apartamento de Misato, pero olvidándose de él, no vaciló en abrazarlo, sabiendo, sin duda, que este era el mismo Shinji que la salvó de morir en el volcán.

El mismo Shinji que; pese a sus negativas por reconocerlo, era quien llegó a enamorarla en secreto.

– No hice nada aquella vez porque no podía respirar, me tapaste la nariz…

Luego de una sana eternidad donde no se oyó ningún grito ni reclamo, Shinji, sosteniéndola junto a él, sintió como el témpano que había crecido en su interior, al alejarse de todos, se derretía poco a poco. Tal cosa, haciéndole ver que no era tan malo estar cerca de otro, lo motivó a sincerarse con Asuka sobre el beso infructuoso que compartieron. No le reprochó ni la increpó, solamente fue honesto con ella.

Asuka, no hallando otro modo para responderle que volviendo a llorar, se estaba acostumbrando rápidamente a la cercanía de Shinji, tanto así que, ya ni siquiera pensando en Misato ni en Kaji, meramente reflexionó sobre la ambivalente relación de amor y odio que mantenía con Shinji:

Era un cobarde, tan cobarde que poseyó la valentía para salvarle la vida cuando lo creía imposible.

Era un mocoso inseguro, tan inseguro que se encontraba allí con ella abrazándola con total seguridad.

Era un grandísimo idiota, tan idiota que tuvo la pericia justa para hacerla reír en una ocasión como esa.

Shinji, sorprendiéndose de nuevo, pero esta vez por las carcajadas de Asuka, se separó levemente de ella para girarse y mirarla. La pelirroja, quien pasó de la ira irracional a una felicidad espontánea, a duras penas podía contenerse, al carcajearse, sin control, mientras continuaba aferrándose a Shinji como si soltarse fuese una sentencia de muerte. Así pues, arqueando una ceja, Shinji y Asuka se miraron.

– ¿No podías respirar? –Entre risas, teniendo dificultades para hablar claramente, la germana le preguntó– ¿por qué no me lo dijiste en ese instante?

– Tampoco podía hacerlo, me estabas besando–con franqueza, también con mucha inocencia, Shinji le respondió sin rodeos–tenía la boca ocupada…

Como si hubiese dicho algún chiste, Asuka, partiéndose de la risa con su contestación, no sólo se carcajeaba porque le pareció graciosa la respuesta de Shinji; sino también, al comprender que él tenía toda la razón. Se había concentrado tanto en la inacción de Shinji en aquel beso que, increíblemente, no se detuvo ni un segundo a meditar sobre sus acciones en aquel lejano momento.

Shinji, por otro lado, más relajado por verla de buen humor, se contagió de éste comenzando a reírse con ella. Era absurdo y bastante tonto; no obstante, siendo una medicina muy efectiva para levantar el ánimo, la comedia era tan poderosa que era capaz de borrar hasta las remembranzas más atroces. Así, riéndose hasta quedarse sin aliento, ambos pilotos fueron recuperando la tranquilidad y la paz.

– Ven conmigo, debemos volver.

– No creo poder verlos a la cara otra vez, aún sigo molesta con ellos.

– Kaji y Misato te quieren, Asuka. Entiendo lo que sientes, pero ninguno de los dos te ha olvidado.

– Pues no lo han demostrado lo suficiente.

Recordando cómo Kaji y Misato reconocieron sus fallas con respecto a Asuka, Shinji, no teniendo argumentos para impugnar la desazón de la teutona, sabía que su compañera no se equivocaba. Asuka, de manera metafórica, era una niña sedienta que acabó por ser arrojada a un desierto donde padeció más sed. Aún así, sabiendo de la aflicción de Misato y Kaji, Shinji mantenía vivo el anhelo de un cambio.

– ¿Esa maldita máquina escandalosa no te recuerda algo? –rompiendo los pensamientos de Shinji, Asuka, cambiando el tema, le indagó al apuntarle con un dedo la consola de baile.

– ¿Máquina escandalosa? –despistado, Ikari se volteó para echarle un vistazo a la máquina con la que se estrelló gracias al empujón de Asuka.

– Me había olvidado por completo de ese ridículo entrenamiento de sincronización, es increíble lo rápido que pasa el tiempo–Asuka, separándose con suavidad de Shinji, caminó hacia aquel artefacto que continuaba encendido.

Como si se prendiese una bombilla en su cabeza, Shinji, casi dándose una palmada en la cara por su torpeza, finalmente comprendió a qué se refería Asuka. Mirando con más atención aquel aparato de entretenimiento, acercándose a este para verlo mejor, Shinji examinó la plataforma en el piso, que resaltaba, fácilmente, gracias a las ocho flechas multicolores que parpadeaban con el ritmo de la música.

Dichas flechas, centellando al unísono por turnos, apuntaban en cuatro distintas direcciones: arriba, abajo, derecha e izquierda. Una gran pantalla, colocada ante el escenario donde se posicionaban los jugadores, era la encargada de mostrar el orden en que debían brillar las flechas, las cuales, para alcanzar un buen puntaje, era requerido pisarlas exactamente como la máquina misma así lo ordenase.

Shinji, leyendo la mente de Asuka, pensó en el entrenamiento de sincronización al que se vieron forzados a realizar, al ser ese, por encima de cualquier otro, el único método efectivo que idearon para vencer al séptimo ángel. Al principio, fracasando una y otra vez, Shinji creyó que aquel plan no funcionaría; sin embargo, con el pasar de los días, la confianza mutua creció hasta más allá del cielo.

Llegada la hora de combatir, durante el minuto que duró la operación, al moverse como un sólo ser en perfecta sincronía, ambos fueron invencibles. Cualquier obstáculo, sin importar lo complejo que fuese, no sería nada para ninguno de ellos. Asimismo, tratándose de la cima de la montaña, aquel instante fue la cumbre de su relación, luego de eso, desgraciadamente, todo fue una caída estrepitosa y catastrófica.

Así pues, atesorando los buenos recuerdos que aquella batalla le traía, Shinji palpó sus bolsillos encontrado algunas monedas; enseguida, avanzando hacia la ranura donde se depositaba el dinero para poner en marcha el juego, Shinji insertó el efectivo necesario para iniciar una partida. Asuka, sorprendida por los actos de Shinji, se limitó a girarse con incredulidad hacia él sin saber qué decir.

– ¿Quieres jugar?

Adelantándosele, no dándole la oportunidad de responder, tan pronto como la máquina aceptó el pago realizado por Shinji, una nueva y pegajosa melodía, acompañada de más luces de colores, recalcó que el juego estaba a punto de comenzar. Así pues, apareciendo en la pantalla de la consola un letrero enorme que decía: "¿Están listos?", Asuka, sin más alternativa, se vio involucrada en el desafío de baile.

Bajando la mirada, viendo como las flechas bajo sus pies parecían hechizarla para que aceptara, Asuka, ya ni siquiera pensando en Kaji ni en Misato, se dejó llevar por los recuerdos de aquella semana de entrenamiento dibujando una gran sonrisa en sus labios. Por ello, volteándose a mirar otra vez a Shinji, hablándose con la mirada, con la misma complicidad en que lo hacían Kaji y Misato, la pelirroja asintió.

Después de otro mensaje de la máquina que exclamó un vigoroso: "¡A bailar!", una cascada de incontables flechas apareció en el monitor de la consola, a las cuales, con un poco de torpeza al comenzar, tanto Asuka como Shinji no se tardaron en pisar en la plataforma por debajo de ellos. Gradualmente, al intensificarse la música, tales flechas fueron aumentando su velocidad.

El contador de puntaje, subiendo como la espuma, fue sumando más y más puntos con cada movimiento correcto de los pilotos, tal cosa, reflejándose con rótulos de: "¡Perfecto!" y "¡Genial!", los impulsó a ser más veloces con sus acciones a medida que la partida se acercaba a su final. Así, al llegar el cronómetro a cero, para los dos el juego se terminó demasiado rápido quedándose con ganas de más.

– ¿Qué? –Alzando la voz, Asuka, mirando el puntaje final que obtuvieron, no ocultó su disgusto– ¡8,000 miserables puntos, esta maldita cosa tiene que estar descompuesta!

– No me parece que sea tan malo, Asuka. Es un buen puntaje.

– ¡Pero podemos hacerlo mucho mejor, no olvides que matamos a un desgraciado ángel bailando! –Comportándose con la normalidad esperable de ella, las lágrimas amargas que minutos antes habían empapado sus mejillas, simplemente ya no existían– ¿tienes más monedas, estúpido Shinji?

– Sí, creo que sí…

Escudriñando otra vez en sus pantalones, el hijo del Comandante de Nerv, ante una ansiosa germana, encontró algunas monedas más que usó para iniciar una segunda partida. Por ende, la máquina seleccionó una canción distinta a la anterior comenzando la cuenta regresiva antes que apareciese el cartel de "¡A bailar!". Previamente a empezar, ladeándose hacia Shinji, Asuka volvió a mirarlo.

– ¡Esta vez haremos más que sólo 8,000 puntos!

– ¡Sí!

Sin más demoras, pisando las flechas que resplandecían tal y cómo la pantalla de la consola lo ordenaba, Asuka y Shinji se concentraron por completo en superar su primer puntaje. Ya no eran dos niños entrenando para tener una pelea a muerte contra un monstruo gigante, ni tampoco tenían que cargar en sus espaldas el destino del mundo; simplemente eran dos niños jugando y divirtiéndose juntos.

Del mismo modo en que sucedió en su ya distante batalla contra el séptimo ángel, Shinji y Asuka, moviéndose con rapidez y destreza, demostraron su casi perfecta combinación al efectuar una impresionante danza sincronizada que, de haber sido una competencia olímpica, sin duda hubiesen ganado la medalla de oro. No obstante, más que una medalla, tener paz entre ellos valía mucho más.

Fue tan grande su dedicación y empeño en superarse a sí mismos, que ninguno se percató, en lo más mínimo, de los dos pares de ojos que los observaban desde una razonable distancia. Tanto Kaji como Misato, ocultos en las sombras sin querer interrumpirlos, continuaban sintiéndose culpables por no haber sido más cercanos a sus protegidos. Aquello, dolorosamente, era un pecado que pagarán caro.

Ambos, conociendo la verdad que se tejía detrás de Nerv, sabían que solamente era cuestión de tiempo para que Seele, la organización que controlaba todo tras bambalinas, hiciese su jugada final. Kaji, habiendo aceptado su inminente muerte, al menos tenía como consuelo la seguridad de saber que Asuka ahora estará en buenas manos. Shinji; pese a sus tragedias personales, no la dejará sola.

Misato, compartiendo un sentimiento similar al ver a los chicos bailar, aceptó también su propia caída; aunque no sin pelear, para asegurarse, personalmente, que Shinji y Asuka sobrevivirán al apocalipsis para que pudiesen tener, luego de incontables injusticias, la vida que se merecen. Así, sujetando la cruz que su padre le dio al sacrificarse por ella, Misato planeaba hacer justamente lo mismo por los pilotos.

Por ende, deseando darles más minutos de normalidad y diversión, Kaji y Misato se dieron la vuelta para retirarse por el pasillo que usaron para llegar hasta allí, gracias a la música que, con suma facilidad, se expandió en el casi vacío centro comercial. Entretanto, volviendo a encontrarse solos, Shinji y Asuka acabaron de dar los últimos pasos de baile que les exigió la máquina al terminarse la segunda ronda.

– ¡100,000 puntos! –Viendo la sumatoria total de los puntos que obtuvieron, Asuka, jadeante y sudorosa, alzó sus brazos al celebrar su logro mutuo– ¡sabía que podíamos hacerlo mucho mejor!

Shinji, igualmente agotado y empapado en sudor, se ladeó hacia Asuka sonriéndole como respuesta a su júbilo, a lo que la chica, acercándose a él, tranquilizó su exaltación y agachó la cabeza con evidente vergüenza.

– Perdóname por el empujón de hace un rato, no debí haberlo hecho.

Transcurrido casi un año desde el día en que se conocieron en aquel portaaviones, Shinji, muy sorprendido, podía jurar que esta era la primera vez que escuchaba a Asuka disculpándose con él o con alguien más. La soberbia, arrogancia y petulancia que caracterizaban a la teutona, cayéndose a pedazos ante él, reveló a una Asuka que no quería regresar a aquella burbuja de soledad que ella misma creó.

Shinji, sin utilizar palabras, asintió al percibir en su interior una felicidad casi sobrenatural por el simple acto de perdonarla, ya que, inconscientemente, se estaba perdonando a él mismo. Ambos, por igual, aún tenían una larga lista de dificultades y pesares que faltaban por resolverse; sin embargo, al ser este un grandioso y sanador avance, sin saberlo, tenerse el uno al otro, les hará sobrevivir a lo que vendrá.

Pero hasta que ese momento llegue; hasta que sea la hora de luchar por un nuevo futuro, Shinji, hallando la última moneda que traía consigo, se la mostró a la pelirroja que no se demoró en sonreír otra vez.

– ¿Quieres jugar una vez más?

Escuchándose otra canción llenando los rincones de aquella sala de juegos, bailando por tercera vez, el dúo de pilotos no quitaba su vista de la pantalla, a su vez que, elegantemente, pisaban las flechas en la plataforma. Mientras danzaba, Asuka, dándole una mirada fugaz a Shinji, acabó por borrar toda insana fantasía que alguna vez soñó con Kaji, al entender, al fin, que nada de eso llegará a consumarse nunca.

– Gracias por no haberme abandonado…

Tal vez Shinji no alcanzó a oírla en tanto bailaban; no obstante, teniendo ahora el genuino deseo de vivir para descubrir lo que el porvenir les guardaba, Asuka le demostrará su eterna gratitud por haberla salvado en todas las formas en las que alguien era capaz de salvar a otro.

Fin

Hola, les agradezco por haber leído esta historia. Cuando comencé a escribir pensé que sería algo corto y pequeño, pero como ya es mi costumbre, terminé por alargarme al sentirme a gusto escribiendo. La idea de este fic nació con una premisa que sé que otros ya han usado: ¿Qué hubiera pasado si la relación de Asuka y Shinji hubiese mejorado antes de la llegada de Arael? Pero, de todos modos, quería usarla.

Igualmente, deseaba reutilizar el baile sincronizado que vimos en el capítulo nueve, una escena que, sin duda alguna, nos encanta a todos los amantes del Asushin, para incluirla como una forma de sanar las heridas que Asuka y Shinji se habían ocasionado mutuamente. Por otro lado, últimamente se me ha acortado el tiempo libre para escribir, pero intentaré usar cada minuto disponible que pueda tener.

Me despido por el día de hoy, muchas gracias por leer y hasta la próxima.