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Hoy tuve un poco de inspiración y decidí aprovecharla. Esta historia está inspirada en la canción Dress de Taylor Swift.
Esta historia es un regalo para Bella Valentia, quien creó en mi el headcanon de Nick usando sus garras para descorchar el vino y me dio permiso de usarlo. Quería ponerlo desde hace mucho en una historia y vi aquí mi oportunidad.
"Judy, te ves preciosa", la halagó la zorra.
Judy se veía en el espejo. El vestido negro tornasol que lucía era muy bello. Tenía unos finos tirantes, se ajustaba en su cintura y luego tenía una caída preciosa que llegaba a sus tobillos. Y el suave brillo contrastaba con su pelaje.
"Gracias, Skye. ¿Crees que a Nick le guste?", preguntó la coneja, con un poco de ansiedad.
"Si no le gusta, es que tiene mal gusto", respondió su amiga.
Una coneja que atendía en la tienda en la que se encontraban las hembras se acercó a ellas. Le sonrió a Judy con amabilidad.
"Se le ve muy bien, señorita. ¿Es para una ocasión especial?"
"Si, es mi aniversario", respondió la coneja, con una sonrisa tímida.
"Estoy segura de que le gustará muchísimo, luce muy bien", aseguró la vendedora.
"Estoy segura de que le gustará más quitárselo", añadió la zorra.
"¡SKYE!", se escandalizó la coneja, sonrojándose. Le dirigió una mirada avergonzada a la dependienta.
La coneja sonrió de forma cómplice.
"Es normal comprar ropa linda para nuestros novios. De seguro es un conejo muy afortunado".
"No es un conejo", respondió Judy.
"Oh, lo siento, no debí asumir nada", se disculpó la vendedora, llevándose una pata a la boca, apenada.
"Descuida, está bien, iré a quitarme el vestido. Lo llevo".
La vendedora asintió y se dirigió al mostrador. Judy le dirigió una mirada irritada a Skye.
"Ya sabes que no me gusta que toques ese tema. Nick y yo no hemos intimado, así que no estoy comprando el vestido para que me lo quite", la reprendió la coneja.
"¡Ay, Judy! Pero es tu aniversario. Muchas cosas pueden pasar esta noche. No entiendo a los zorros rojos, con este asunto del celibato. ¿Cómo lo soportas? La libido de los conejos es más fuerte".
"Respeto a Nick y sus decisiones. Si fuera al revés, no me gustaría que me presionara para tener sexo".
"Te masturbas mucho, ¿verdad? Solo así lo soportas", inquirió la zorra, levantando una ceja, sin hacer caso del discurso de su amiga.
Judy suspiró.
"Si, y también tomo supresores. Realmente quiero respetar el espacio de Nick. ¿Contenta? Ahora, si me disculpas, iré a quitarme el vestido".
Después de pagar, las hembras fueron a llevar el vestido de la coneja a la tintorería. Fueron a comer en lo que estaba listo y después Skye llevó a Judy a su departamento. Le deseó suerte y se marchó.
Judy se dio un baño de burbujas, dispuesta a prepararse para que esa noche fuera especial. Se maquilló de forma sutil y se puso el vestido. Nick la llevaría a cenar al restaurante de un famoso hotel. Pensó en las palabras de Skye y se sonrojó violentamente. ¿Sería que ese día daría ese paso con Nick?
Pronto dio la hora acordada y Judy tomó su bolso y salió de su departamento. Afuera del edificio la estaba esperando el señor Manchas. Judy lo saludó y subió a la limosina. Nick la esperaba adentro. El zorro silbó al verla.
"Wow, luces radiantes, Zanahorias", la halagó.
Judy se sonrojó. Después de un año de relación, que Nick le dijera lo bella que era o cuanto le gustaba era algo habitual. Y ella siempre se sonrojaba, como si nunca hubiera recibido un cumplido.
"Gracias Nick. Luces muy apuesto. Y mira, combinamos", respondió la coneja, señalando la corbata tornasol del zorro.
"No es coincidencia. Skye me mandó un mensaje cuando compraste el vestido, para asegurarse que hiciéramos juego".
"Esa traidora, yo quería que fuera una sorpresa", se quejó la coneja, cerrando la pata en un puño.
El zorro se acercó a ella y le susurró en la oreja.
"Solo me dijo el color, no me dijo como sería tu vestido. Estoy gratamente sorprendido", dijo con voz sedosa, y acto seguido, le dio un suave mordisco en la oreja.
Judy se sonrojó furiosamente. Nick jamás la había mordido. Sus besos siempre eran suaves, dulces y tiernos. El mordisco del zorro no la lastimó, pero encendió su cuerpo de una forma que nunca había sentido.
La coneja no logró articular palabra y pronto llegaron al restaurante. Ambos se bajaron, agradeciendo al señor Manchas, quien les pidió le avisaran cuando pasara a recogerlos.
Se dirigieron con el anfitrión, quien revisó la reservación de Nick y los condujo a su mesa. Nick había reservado una pequeña sala privada, y Judy lo agradeció. Su relación era pública, y siempre atraían las miradas indiscretas de los mamíferos. En su aniversario, Judy no estaba dispuesta a soportar las miradas de repulsión de mamíferos intolerantes.
Nick retiró la silla para que Judy se sentara. Judy sonrió y se sentó. El mesero les dejó el menú y preguntó que deseaban tomar. Nick vio a Judy.
"Me gustaría tomar una copa de vino blanco", respondió la coneja.
Nick enarcó una ceja. Él sabía que la coneja no solía tomar vino. Pero Judy estaba en un restaurante lujoso, con su maravilloso novio. Era una adulta. Y los adultos toman vino. Además, estaba segura de que todos los platillos del menú se disfrutarían mejor con vino. Y como no era fan del vino rojo, el blanco parecía una opción segura.
"¿Podría traernos una botella de Riesling dulce, por favor?", dijo el zorro.
El mesero asintió y los dejó revisar el menú.
"¿Riesling?", preguntó la coneja.
"Tiene poca cantidad de alcohol. Sé que no estás acostumbrada al vino, así que es una opción segura. Y si me permites una recomendación, pide algo que tenga queso. El vino realzará el sabor".
"No sabía que conocías de vinos", dijo Judy. Tenía ya un año de relación con el zorro y aún había mucho que no sabía de él.
"Aprendí cuando trabajaba con Mr Big. Si quieres, podemos ir juntos a una cata de vino. Es muy divertido. Habrá un evento en algunas semanas".
Judy asintió y revisó su menú. El mesero regresó con el vino y un par de copas unos momentos después.
"Gracias, yo abriré la botella", dijo de pronto el zorro.
El mesero asintió.
"¿Están listos para ordenar?"
Ambos mamíferos asintieron y le indicaron al mesero sus respectivas órdenes. El mesero apuntó todo y se retiró.
Nick tomó ambas copas y el vino. Sacó una de sus garras. Judy lo veía como en un trance. Nick solía ser muy cuidadoso con sus garras y casi nunca las usaba en su presencia. Nick usó su garra para descorchar el vino y después sirvió las copas. Judy tragó saliva. ¿Era ella o de pronto hacía más calor? ¿Por qué Nick tenía que ser tan condenadamente sexy? Santas Galletas con Queso. ¿Por qué justo ese día había olvidado tomar su supresor?
Nick, ajeno a todo el conflicto interno en la mente de la coneja, le dio su copa de vino.
"Zanahorias, Pelusa, Judy. Me gustaría brindar por nosotros. Cuando te conocí, jamás cruzó por mi cabeza lo valiosa e importante que serías en mi vida. No sabes lo dichoso y afortunado que me siento que hayas decidido darme una oportunidad, y estar contigo en este momento".
"Oh, Nick. Yo también estoy muy contenta de estar a tu lado. Eres un mamífero excepcional y te amo como jamás creí amar a nadie".
El zorro sonrió y ambos chocaron las copas. Bebieron el vino y Judy tuvo que admitir que Nick había escogido uno bueno.
Comenzaron a charlar y la noche transcurrió de forma amena. La cuenta ya estaba pagada y Judy estaba comiendo su postre, embelesada con el sabor del chocolate.
"Judy, me gustaría saber si…", empezó Nick, pero de pronto guardó silencio.
La coneja parpadeó, confundida.
"¿Te gustaría saber si…?", lo animó a continuar.
El zorro tomó aire y viéndola a los ojos, habló:
"Sé que solo hemos tocado este tema una vez, cuando empezamos nuestra relación. Te dije que los zorros no éramos tan físicos como los conejos y que íbamos lento. Tu lo aceptaste y respetaste eso. Y lo agradezco. Pero me gustaría preguntarte si…bueno, también reservé una habitación, si tu quieres…podemos solo charlar si no quieres, o no tenemos que usarla…"
Judy se sonrojó. Después sonrió. Solo había visto a Nick así de nervioso una vez, y fue el día que la invitó a salir por primera vez. Y ahora le estaba diciendo que quería estar con ella. De forma física. La coneja colocó su pata sobre la de Nick. El zorro dejó de balbucear y vio a su novia.
"¿Estás seguro?", preguntó.
El zorro asintió.
"Tengo algún tiempo pensándolo. Investigué también sobre tu fisiología y sé lo difícil que es para ti no tener intimidad".
La coneja frunció el ceño.
"No debes tener sexo conmigo solo para hacerme un favor", dijo de forma tajante.
"No, no me malentiendas. No lo hago por que tenga que hacer nada. Quiero estar contigo y…creo que fue mala idea sacar el tema en este momento, tal vez debió ser de forma más natural. Solo que pensé que sería lindo estar en un lugar bonito y que fuera especial y, perdón, no salió como esperaba. ¿Regresamos a casa?", preguntó de forma angustiada.
La coneja se mordió el labio. Nick solo estaba siendo él mismo. Considerado con ella en todo momento. De pronto, tuvo una idea.
"Siento haberme exaltado. Tienes razón, debió de ser de forma más natural. No creo que sea buena idea hacerlo en este momento. Pero ya que hiciste la reservación, sería tonto perder ese dinero. ¿Qué te parece subir a la habitación y ver una película en una bonita habitación de hotel?", sugirió la coneja.
El zorro suspiró, aliviado de que su novia no estuviera ya molesta con él, y asintió. Ambos se levantaron y fueron a la recepción del hotel. Nick indicó su nombre y la llave de su habitación fue entregada. Subieron al ascensor y Judy lo tomó de la pata, recargándose en su novio. De reojo vio como la cola del vulpino se movía de forma animada y la coneja sonrió con ternura. Siempre le había parecido muy tierno como la cola del zorro demostraba sus sentimientos.
Llegaron a su piso y salieron del ascensor. Caminaron hasta llegar a su habitación y Nick abrió la puerta. La coneja admiró la sobria pero elegante decoración. Nick se aflojó la corbata y tomó el control remoto.
"¿Te gustaría pedir otra botella de vino? ¿Crees que encontremos una buena película?", inquirió el vulpino, mientras se recostaba en la cama y encendía la televisión.
Judy volteó a verlo. Se veía increíblemente apuesto esa noche. Se acercó a la cama y levantando un poco su vestido, se sentó a horcajadas sobre él.
"Tal ves después", susurró y luego lo besó con intensidad.
El zorro la tomó por la cintura y profundizó el beso. La coneja sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo. Se separaron.
"Judy…", suspiró el zorro.
La coneja sintió como si el mundo se hubiera detenido. Solo eran ellos, en esa habitación.
"Solo compré este vestido para que me lo pudieras quitar. Es una treta, tesoro".
El zorro sonrió y volvió a besarla. La noche prometía cosas muy interesantes.
