Disclaimer:

Todos los personajes aquí mencionados pertenecen a Koyoharu Gotouge, mangaka creadora de Kimetsu no Yaiba, mas la idea y narración son mías.

Dicho esto, espero disfruten de este one-shot.


El cielo de sus ojos ensombreció al ver aquella sonrisa. Y si hubiera sido la de Tanjiro, quizás estaría feliz, quizás nada sería diferente; pero fue la de Kanao.

Fue la sonrisa de Kanao la que la hizo caer en cuenta de la situación: Aoi estaba de más.

Porque cuando se dispuso a buscar al joven Kamado para pedirle que la acompañase a recolectar algunas plantas del bosque, parte de sus intenciones eran pasar más tiempo con él, conocerlo, pues en estos últimos días ella había sentido su mente algo inquieta cuando pensaba en él. Sentía que tal vez, que él apareciera en sus pensamientos con tanta frecuencia se debía al inicio del florecimiento de nuevos sentimientos y, tal vez, de un emocionante capítulo de su vida.

Pero no fue así. Tan pronto como su ilusión llegó a nublarla, el golpe de la realidad la trajo de vuelta.

Los había encontrado charlando en el patio, nada fuera de lo común, a excepción de algo: La sonrisa de Kanao era sincera, era de ese tipo de sonrisas que ella casi nunca había expresado en su vida. Y fue ahí cuando, sin que ellos se dieran cuenta de su presencia, entendió que Kanao también estaba despertando sentimientos por aquel joven de cálida sonrisa y buen corazón.

¿Y quién era ella para arrebatarle a la pobre Kanao aquel momento? Parecía que el chico también la estimaba. No quería ser egoísta, no cuando a su amiga se le dificultaba tanto acercarse a las personas y mucho menos cuando le costaba sentir emoción alguna. No quería quitarle lo único que tenía, debía sentirse feliz por Kanao. Así que retrocedió con una sonrisa amarga y volvió con sus dos cestas vacías en dirección al bosque.

Pensó, ¿cuándo llegaría su turno? ¿Cuándo llegará su momento de amar? ¿Cuándo podrá querer a alguien sin temor? Porque, no la malinterpreten, si bien Aoi le tenía estima al joven Tanjiro, deshacerse de esos sentimientos no iba a tomar mucho tiempo, pues Kanzaki logró detener el veneno mortal del amor justo antes de que llegara a su corazón. Así que, por ahora solo se dispondría a esperar, o aterrizar y centrarse en su trabajo.

Fue cuando llegó a la entrada del bosque que sus pensamientos cambiaron. ¿Estaba bien ir sola? Ella sabía que necesitaba recolectar muchas hierbas y que aquello llevaría tiempo, por lo que podría volver al anochecer. Y eso era algo que la aterraba. Temía lo que aquello significaba, así que dudó si ir o quedarse a salvo en la finca, a cuestas de que la medicina de los enfermos demore más en estar lista.

Y justo cuando su cuerpo empezaba a temblar por la indecisión, una voz la cortó.

—¿Ah? ¿Sayoi?

De forma tosca, Inosuke se acercó y le quitó una cesta, sabiendo Dios de dónde salió.

—Inosuke, ¿qué haces aquí? Se supone que no debes salir de la casa —dijo molesta, tratando de quitarle la cesta.

—Tch, si Monitsu y Kentaro ya están bien, ¡entonces yo estoy de maravilla! —gritó, tosco. Y tras recibir un silencio y la mirada reprobatoria de Kanzaki, agregó:— ¿Qué haces aquí sola?

—Me dirigía al bosque por unas hierbas que necesito —dijo cortante, mientras seguía con su tarea de recuperar la canasta—. Regresa a tu cama antes de que Shinobu-sama te encuentre.

—¡Te acompaño! —dijo empeñado, y la tomó de la muñeca mientras daba los primeros pasos.

—¡No! —gritó ella.

No era extraño que Aoi gritara, especialmente a él, pero esta vez su tono sonó diferente. Inosuke la había estado buscando por horas y esa no era la reacción que esperaba. Desde hace días sentía que lo estaba evitando y esto solo le hizo creer que sus sospechas eran ciertas.

Él soltó su muñeca, se quedó quieto, con una mirada que ella no pudo entender. Había tensión en el ambiente y Aoi recién lo había notado. Normalmente, él se pondría terco como siempre, pero últimamente Inosuke había bajado su intensidad con ella. Se podría decir que era más atento y Aoi no entendía el porqué de este cambio.

Meses atrás se habían vuelto más unidos, sí. Se podría decir que se habían convertido en buenos amigos: hablaban seguido y él la buscaba con excusas algo tontas todas las tardes. Tenía que admitirlo, ella disfrutaba de su compañía e Inosuke también. Pero cuando el trío problemas tuvo que ir a otra misión, se distanciaron y el tiempo hizo que Aoi olvide un poco aquella relación de amistad que tenían. Cuando regresaron, la atención de la chica de ojos como el cielo se alejó de él por completo y se dirigió hacia el joven Kamado.

Y no culpen a Aoi por ello, no lo hizo adrede, Inosuke le había llegado a agradar, pero era el pelirrojo quien llamaba su atención. Así que desplazó a Inosuke sin darse cuenta de las miradas que este le lanzaba o del cambio de su voz hacia ella cuando le ofrecía su ayuda en las tareas domésticas. La pobre Aoi fue tan tonta que no pudo darse cuenta de todo ello por mirar siempre en la dirección equivocada.

Es por todo eso que se perdió que ahora mismo no entendía por qué Inosuke la veía de esa manera, como… ¿dolido? ¿Traicionado? Y él no entendía por qué ella lo trataba así, ¿acaso ya no le agradaba? Él sólo quería saber por qué lo ignoraba tanto desde que llegaron, quería que todo sea como antes, pero no sabía cómo pedirlo ya que era un asco con las palabras.

—Yo… lo siento, no quería gritarte —Se disculpó ella—. Es solo que aún falta un poco para que te cures al cien por ciento y no quiero que te esfuerces ahora.

Él cambió su mirada por una más común y le respondió:

—Mujer, solo vamos por hierbas, no exageres —Y tiró con un poco más de fuerza, aunque sin lastimarla. Apartó su mirada de ella, se puso su máscara y caminó hacia el bosque.

—Inosuke, no…

Pero no la escuchó y siguió tirando. Entonces Aoi ya no pudo negarse y solo se dejó hacer, no quería hacer el momento más incómodo.

...

Ya estaba demasiado oscuro como para reconocer el camino y, aunque Inosuke le dijo que recordaba la ruta a la perfección, ella seguía asustada.

—No lo entiendes, no lo entiendes —dijo mientras jalaba de sus coletas—. ¡Está oscuro y nos pueden atacar en cualquier momento!

Estaba asustada, aterrada. Él sintió eso.

—¡Pues Inosuke-sama te protegerá cuando eso pase! Ya cálmate mujer, me desesperas.

Inosuke se adelantó unos pasos y ella lo siguió de inmediato por miedo a perderse. ¿Cómo podía ese animal ver con tremenda máscara?

—¡No podemos tomarnos esto a la ligera! Inosuke, creo que…

—¡Ya cállate si no quieres que esas bestias nos encuentren! —Y seguido, trató de cubrirle la boca con sus manos, sin tomar en cuenta la enorme fuerza que poseía y que aquel gesto empeoraría todo de manera inmensurable.

La oscuridad le había impedido a la chica ver la colina que estaba tras sus pies y, tras tratar de retroceder y alejar a Inosuke de ella, no pudo evitar resbalar y caer. Al escuchar el grito de la joven, desesperado intentó agarrarla y ella también trató de aferrarse a él, por lo que terminaron rodando los dos cuesta abajo de forma brusca.

—Mierda… —susurró él cuando dejó de rodar—. ¡Mira lo que hiciste, mujer!

De inmediato se dio cuenta de que tanto su máscara como Aoi no estaban junto a él. Y para empeorar las cosas, ella no le había gritado de vuelta.

Asustado trató de buscarla. Agradeció que aquella zona estuviera más iluminada por la luna y fue ahí donde escuchó sus sollozos.

—¿Mujer? —preguntó. A pesar de estar preocupado, mantenía cierta distancia.

Ella estaba arrodillada, llorando y con las piernas raspadas, su cuerpo no era tan resistente como el suyo y el idiota de Inosuke recién se acordaba de ello.

—Oye, ¿qué te pasa? Levántate, no es hora de llorar.

Pueden llamarlo bruto, porque es lo que es, pero el rey de la montaña en realidad estaba muy nervioso y no sabía qué hacer para que parara.

Aoi no sabía de eso.

—¡Idiota! —gritó desde el suelo— ¡Este día no puede ser peor! Te dije que no me acompañaras, ahora tienes más heridas y de seguro un par se te habrán abierto. Todo lo que recolectamos se ha caído y es de noche. ¡Un demonio nos puede comer en cualquier momento!

Inosuke quiso pretender ser un árbol y desvío su mirada. Mas a Aoi le valió un bledo y continuó:

—¿Y tú me preguntas qué me pasa? Este viaje ha sido un fracaso, estamos perdidos, lo que recolectamos ya no está y además, él no vin-

Paró un momento al darse cuenta de lo que iba a decir.

"Él no vino conmigo".

Aoi estaba explotando y ni siquiera se daba cuenta de las cosas que decía ni a quién se las contaba. Iba a hablar del joven Kamado aunque él no tenía nada, o tal vez todo, que ver con que estuvieran así en este momento.

"Tonta, tonta". Se decía a sí misma.

Inosuke no podía estar más que confundido. ¿Qué tiene que ver Gonpachiro en esto? Porque él sabía que Kanzaki se refería a él. Vamos, que él no es tonto, ¡la había estado observando todo el tiempo! Y pensó que el acompañarla era buena idea, que tal vez todo volvería a la normalidad y entendería de una vez por todas por qué ella le importaba tanto. Pero ahora Aoi estaba llorando. Se le veía tan frágil y la luz de la luna solo hacía que sus lágrimas se iluminaran y la hagan ver más hermosa de lo que ya era.

Extraño. Eso es lo que era. Inosuke sentía que esto era extraño porque, al mirar su rostro frágil y empapado, él creía que era hermoso y de repente, dentro de todas las dudas que acaparaban su bruto cerebro, encontró por fin una certeza:

Quería protegerla y, ¿eso implicaba algo más? Días atrás había escuchado a sus compañeros hablar sobre algo como el acor, ¿sapor?, no, amor. No estaba seguro en realidad, solo sabía que debía hacer caso a sus impulsos, como siempre lo había hecho.

Así que se acercó a ella, se arrodilló y quedó a su altura, para luego quitarle las manos sucias de la cara y acercar su rostro al de ella.

Se veía tan confundida.

—¿Q-qué haces? —preguntó Aoi, mas no se movió.

No le dijo nada, solo la miró firmemente por un tiempo. Luego de un rato, él pegó su frente a la de ella y, cuando el chico cerró sus ojos, Aoi sintió paz dentro de toda esa rareza. Él estaba tratando de consolarla, a su manera, pero vaya que estaba dando resultados. Poco a poco la joven reguló su respiración y la acompasó con la de él, parecía como si le estuviera enseñando a respirar y calmarse correctamente, algo irónico viniendo de Inosuke.

Suspiró y ella lo imitó.

—Lo siento —dijeron al mismo tiempo, lo que les hizo abrir los ojos con sorpresa y mirar al otro.

—Yo… —trató de hablar Aoi.

—Ya cállate mujer —dijo algo inquieto, ahora evitando su mirada.

—¡Déjame hablar! Yo… fui muy grosera contigo, lo siento. Es solo que… Este día ha sido horrible para mí —Se explicó—, y sé que eso no es excusa para tratarte mal, pero… —Sus ojos se humedecieron de nuevo, su mente se estaba nublando y tenía miedo de verse frágil frente a él.

Mas Inosuke se dio cuenta de eso al instante y solo le provocó más dolor, su certeza haciéndose cada vez más grande. Por lo que, antes de que ella pudiera retomar la palabra, hizo caso a sus instintos y la besó.

Fue rápido y torpe, pues él ni siquiera sabía lo que estaba haciendo, pero ella claro que sabía, así que abrió sus ojos lo más grande que pudo.

¿Era algo que ella esperaba? Por supuesto que no. Si su primer beso había sido cómo ella siempre lo soñó, eso tampoco lo sabía. Nunca se había tomado el tiempo de pensar en cómo quería que fuese, por lo que no podía asegurar si esto era del todo imperfecto. Mas sí estaba segura de algo. Inosuke sabía cómo darle paz.

—Tonta, ya cálmate de una buena vez. El gran Inosuke está y siempre estuvo contigo —dijo luego de separarse y le regaló una sonrisa.

Entonces Aoi pudo ver al fin que la persona indicada ya estaba junto a ella.


N/A:

Si llegaste hasta aquí, te lo agradezco mucho. Es mi primer fanfic publicado, por lo que puede contener errores; aún así, espero que lo hayan disfrutado. Un detalle que no mencioné es que el título se lo debo a la canción de Mon Laferte, con la cual me llegó la idea a la mente. Sin más que decir, cuídense mucho.