No hay beta en este capítulo (o momento) :'D, probablemente lo edite más adelante si mi beta está disponible, avisados están ;;DD disfruteeeeeen
DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: NINGUNO DE LOS PERSONAJES MENCIONADOS (A NO SER QUE SE ESPECIFIQUE) ME PERTENECE
El camino hacia la mansión Graham de Vanily era muy callado, el carruaje en el que la joven muchacha iba era pulcro y brillante, sumamente hermoso a su parecer y aún lo eran más los dos grandes caballos negros que lo impulsaban, trotando en total sincronía. Al asomarse por la gran y espesa cortina que cubría la ventana, pudo apreciar mejor la vista con árboles y flores siguiendo el camino hacia una lejana mansión, hasta en la distancia se podía notar la majestuosidad que desprendía, era conocida en todos lados por su ostentocidad, además de que la vasta familia tenía un gran peso en el círculo social y comercial. Recargada en aquel contorno sobre el mullido asiento, el tiempo pasó demasiado rápido para siquiera contemplar y disfrutar del todo el viaje. La elegante puerta fue abierta rápidamente por el cochero tendiendo una mano para que bajase de este con total precaución.
—Bienvenida a la mansión Graham de Vanily Srita. Dupain-Cheng. El carruaje del Sr. y la Sra. Cheng demorará un poco en llegar, pero todo está en orden, la mantendremos informada— ofreció el cochero después de haber asegurado bien a la joven en el suelo completamente.
Con los ojos viajando para todos lados, la joven dió un pequeño respingo, de pronto consciente de la espera de una respuesta por parte de ella.
—Muchas gracias por todo.— respondió inclinando la cabeza suavemente, agradecida por su atención y paciencia. Con paso calmo, ya que estaban bajando el poco equipaje que llevaba, el sirviente a un lado la escoltó por el camino adentrándose al hermoso y gran jardín que se presentaba, desde el verde y brillante pasto, hasta las estatuas y arreglos florales, todo era sumamente encantador, rosas, orquídeas, lilas, eran demasiadas flores esparcidas para nombrarlas todas.
—Que hermoso jardín— murmuró la joven para sí misma absorta en sus pensamientos y en la espléndida vista para siquiera notar la elegante figura caminando con seguridad frente a ella.
—Me alegro que le guste Srita. Dupain-Cheng— La melodiosa y encantadora voz sacó del pequeño trance a la muchacha, quien saltó en su lugar totalmente exaltada y avergonzada, para después mirar la sorprendente figura y porte de la señora de la mansión. Vestida con un asombroso vestido azul marino ceñido a su figura curvada con encaje beige en los bordes y sobre el torso, si ponías la suficiente atención podrías notar las partículas de oro impregnadas sobre la glamurosa tela, joyas doradas con zafiros adornaban su cuello, muñecas y orejas, la sola vista era deslumbrante, casi temía ensuciar aquella pulcra figura dada su torpeza, y aún así, su mirada era completamente cálida y maternal.
—Sra. Graham de Vanily, un gusto conocerla— rápidamente, aún con las mejillas calientes, inclinó la cabeza con cortesía —Es un encantador lugar el que posee, nunca había visto algo tan perfectamente arreglado, es evidente su amor por ello— habló soñadoramente la más Joven aún apreciando el bello paisaje, y a la mujer misma.
La rubia sonrió detrás del dorso de la mano al notar el sonrojo que cubría las orejas descubiertas de su recién y anticipada invitada, decidiendo ahorrarle más vergüenza, la mujer carraspeó con sutileza llamando la total atención de los ojos campanilla.
—Muchas gracias querida, es un honor para mí escuchar esas palabras, tal vez te interese una pequeña merienda por la tarde, claro si estás de acuerdo, y por favor, llámame solo Amelie.—Asintió entusiasmada, hasta que capturó su ultima petición, haciendo que negara exaltada, la mujer rubia rió para sus adentros mirando entretenida a la joven invitada.
—N-no podría hablarle con tal informalidad, no sería apropiado de mi parte…
—Oh bueno, se intentó. De todas maneras, ¿Qué opinas de esa invitación? ¿Sería apropiado para ti?— Nuevamente y con renovada convicción la muchacha asintió hasta que recordó que debía comportarse como una joven con buenos modales explotando en rosa nuevamente, cosa que esta vez hizo sonreír a la dama presente abiertamente.
—Lo siento…— Tomó un segundo para recomponerse alisando inconscientemente su falda para responder lo más sereno que podía en estos momentos —Sería encantador, muchas gracias— La alta rubia asintió para posteriormente pedirle al joven sirviente que llevara su equipaje y demás pertenencias a la que sería su habitación, para que ella personalmente pudiese guiarla y enseñarle la gran mansión.
Habría dicho que no le impresionaba la mansión por dentro, después de todo con tan solo verla por fuera tenía con certeza que era muy glamurosa, sin embargo, aún a sabiendas de ello no dejó de suspirar y asombrarse por la elegancia de la mansión. Si por fuera te hacía suspirar, una mirada por dentro te enviaba un puñetazo directo al estómago sacándo todo el aire posible de los pulmones. Fácilmente eran miles de millones de dólares ahí dentro, tan solo pisar sobre el pulido mármol teñía de vergüenza el pequeño rostro de la joven al solo saber que sus "sucias" zapatillas podrían arruinar el hermoso acabado.
Divertida por el creciente entusiasmo y los más largos suspiros que había escuchado de una joven, la señora de la mansión comenzó a explicar cada una de las reliquias de su hogar y como habían pasado por las manos de sus fallecidos familiares. Durante toda la charla, más por parte de la Sra. Amelie que de la joven, quien solo se animaba a preguntar más detalles, sus pasos dieron lugar hasta llegar nuevamente al salón principal. Una vez concluída casi toda la historia de la familia Graham de Vanily, la Sra. Amelie se dió cuenta que la joven simplemente la había dejado hablar, no intentó forzar nada sobre ella durante la conversación, cosa que no pasó desapercibida por ella. Con renovado interés sobre la animada y dulce chiquilla se plantó frente a ella dispuesta a sacarle unos cuantos detalles, sin embargo la joven se le adelantó dejándola con el fantasma de una pregunta sobre la boca.
—Muchas gracias por compartir sobre su familia y su hogar, definitivamente muestra su gran afecto y apreciación por ellos— comentó la joven inmersa en sus propios sentimientos sobre su pequeña familia, cosa que pudo notar la mujer frente suya.
—Escuché que son tus tíos los que manejan la famosa pastelería ¿Cómo es que se llamaba? Tom & Sabine Boulangerie Patisserie.
—Uh bueno, ellos eran mis padres, después de su muerte la tía Shu Yin y el Tío Zhou decidieron dejar su nombre tal cual en honor a ellos, realmente han estado trabajando muy duro por sacarla adelante.— murmuró tomando sus manos sintiéndose cohibida de pronto no tan acostumbrada a hablar sobre ellos y su repentino deceso. La suave y cálida mano se posó sobre ellas calmando un poco de la creciente ansiedad de la muchacha, quién al alzar la vista se cruzó con un par de cálidos ojos verdes. Nuevamente, antes de que pudiera decir algunas palabras reconfortantes, una voz fría y autoritaria sonó sobre el gran salón.
—Srita. Dupain-Cheng, me complace que haya aceptado la invitación. Es un gusto tenerla aquí ¿Sus familiares llegaron con bien también?— El significado de las palabras no concordaba con la forma de expresarlas ni con la inexpresiva y fría mirada del más grande.
—Sr. Agreste— intimidada por la presencia autoritaria, inclinó su rostro mirando totalmente al suelo incapaz de poder sostener la penetrante mirada del mayor. —Muchas gracias por su cordial invitación, ha sido una grata sorpresa. Mis tíos tuvieron una demora con su carruaje, no creo que deban tardar mucho más en llegar.
—Mhm… Amelie, porqué no le pides a tus sirvientes que le muestren la mansión a la Srita. Dupain-Cheng.— El hombre le dirigió una rápida mirada a la rubia.
—No se preocupe Sr. Agreste, ya tuvieron la amabilidad de darme un recorrido por su bella morada— El hombre soltó un suave "Hmp", en muestra de disgusto hacia su "necia cuñada".
—Por lo visto, alguien ignoró mis palabras e hizo el trabajo destinado a la servidumbre, pero da igual ahora ¿no es así Amelie? Después de todo es tu mansión— La señora de la mansión se abstuvo de rodar los ojos con irritación hacia su cuñado volviéndose hacia su invitada ignorando deliberadamente al enfurruñado Agreste.
—Debes estar cansada ¿No es así? tu equipaje ya está en tu habitación haré que un-
—Nathalie, lleva a la Srita. Dupain-Cheng a su respectiva recamara, que descanse un poco, fue un largo viaje desde milagrosa hasta aquí, me imagino. la esperaremos para la cena— interrumpió de nuevo con su voz autoritaria. Entonces a un lado del hombre se movió la forma de una mujer. Ni siquiera sus pasos se habían escuchado, era imposible no haberla notado antes, pero ahí estaba completamente quieta y en silencio. La Sra. Amelie suspiró a un lado de la joven pelinegra.
—Por aquí Srita. Dupain-Cheng— La más pequeña la miró sorprendida por la voz tan monótona y carente de emociones de la Sra. Nathalie. Aún sorprendida giró hacia el Sr. Agreste y la Sra. Amelie asintiendo hacia ellos.
—Muchas gracias por su hospitalidad, con su permiso— antes de poder seguir siquiera a la asistente del Sr. Agreste, fue detenida nuevamente por la melodiosa y calma voz de la señora de la mansión Graham de Vanily.
—Si no es ningún problema, tomaré una pequeña merienda antes de la cena en los jardines de la parte trasera, por si gusta honrarme con su presencia Jovencita Dupain-Cheng— con una pequeña sonrisa y una mirada de complicidad se alejó siendo escoltada por dos sirvientes a su lado. Con una última sonrisa cordial hacia el estoico hombre, la Sra. Nathalie la llevó por los galantes pasillos de mármol donde antes no había pasado, piedras preciosas, infinitos cuadros familiares, reliquias sumamente caras y grandes muebles de roble la saludaban a cada paso que daba, dejando aún más cautivada a la joven pelinegra, hasta llegar casi a la parte final del interminable pasillo de colecciones, la mujer con ojos azules y fríos cuál hielo se paró frente a una gran puerta muy bien detallada.
—Esta será su recámara durante su estancia aquí, esperamos que sea de su agrado y comodidad, si necesita algo habrá una sirvienta justo fuera de su puerta por favor diríjase a ella en lo que necesite, no debe tardar en llegar, si hay algún problema no dude en hacérmelo saber. Eso sería todo Srita. Dupain-Cheng, con su permiso— Y así sin más, la seria mujer desapareció por los pasillos con su rápido y constante paso.
Entrando con lentitud por el detallado umbral de la puerta la joven suspiró de cansancio no reconocido, ni siquiera sabía cuánto tiempo había pasado dentro de la mansión, pero el agotamiento social junto con el largo viaje había pasado factura en la pelinegra.
Pasando su delicada mano sobre la tela del mueble adjunto a la cama, notó la calidad de este preguntandose cuantos miles de dólares costaba ese solo sofá, estaba agobiada de saber que si rompía algo, prácticamente tendría que pagarlo con su vida. Claro, no es como si los Dupain-Cheng no tuvieran el suficiente dinero para pagarlo, pero aún así era mucho más de lo que podrían darse el lujo, además conociendo a sus tíos, no dudarían en pagar por los destrozos cometidos por su mano, pero sería demasiado injusto que tuvieran que hacerlo por su propia torpeza.
Probó la cama, y tal como imaginaba era muy suave, casi podría jurar que así se sentirían las nubes si te acostaras en ellas, el juego de cama eran obviamente de la tela más fina, de lino fino tal vez, no lo sabía con certeza aún, y es que ella adoraba las telas. Aún con el regaño de su tía ella misma confeccionaba sus vestidos algunas veces deleitándose con el olor de las telas y los colores con los que combinaba sus prendas.
Se quitó las zapatillas con suavidad y subió a la cama sintiendo completamente la suavidad de esta y como cubría su cuerpo rogándole un merecido descanso. Sin embargo, el constante ajetreo en su mente se lo impedía por una cosa nada, parecía que el día de hoy había escuchado su apellido más veces que en sus 18 años de vida, no es que le molestara que la llamaran, en absoluto. Pero, aún le parecía que el viaje había sido muy apresurado, no hace más de un par de semanas atrás sus tíos le habían avisado sobre la reciente invitación a la mansión Graham de Vanily, en ese momento estaba emocionada, después de todo era una invitación para su familia y ella de nada más y nada menos que del Sr. Agreste y la Sra. Graham de Vanily, aunque ahora que lo pensaba mejor, era un poco extraño… Después de todo ella nunca tuvo un acercamiento o una introducción como tal hacia su familia, no los conocía hasta el día de hoy, al menos no personalmente.
El Sr. Agreste era conocido en el mundo de los negocios, tenía muchas empresas, además de contar con su propia fábrica de ropa la cual manejaba junto a su difunta esposa, la Sra. Emilie Agreste hermana gemela de la Sra. Amelie Graham de Vanily, sin embargo con la muerte de su esposa el negocio fue compartido con su cuñada, siendo ella quien maneja la empresa casi en su totalidad.
Acomodándose mejor en la cama, la joven deseó que sus tíos llegasen pronto para poder resolver sus dudas. Con mucho que pensar y sin nada más que hacer, mis ojos cansados por tanta belleza se fueron sintiendo pesados, la rica tela abrazaba su cuerpo tan perfectamente manteniéndola adormilada en la misma posición atrayendo al dulce y esperado sueño.
Hubieran parecido minutos, incluso segundos después de haberse acostado cuando se escuchó la puerta tocar y una voz amortiguada por la gran y pesada puerta de madera sonó en el pasillo.
—¿Señorita?— Tallando su ojo perezosamente, se levantó de la cama aún adormilada arrastrando sus pies, como una jovencita no debería hacer, juró escuchar la voz de su tía reprendiendole por su falta de modales. Abrió la pesada puerta para encontrar a una joven no más alta que ella, de cabellos cortos y rubios sonriéndole avergonzada con sus ojos tristes y expresivos.
—Lamento haberla interrumpido de su sueño, pero los señores Cheng llegaron hace casi dos horas ya— Con los ojos abiertos a tope y la vida volviéndose de pronto a su cuerpo peinó su cabello hacia atrás sorprendida.
—¡Santo cielo! ¿Cuánto tiempo estuve dormida?— preguntó agraviada la joven pelinegra, a lo que la pequeña doncella sonrió entre avergonzada y divertida por la reacción de la que se supone iba a ser su "señora" por los próximos días.
—Aproximadamente cuatro horas me temo.
—Mi tía me matará, que descortés de mi parte. Lo lamento mucho ¿me has llamado con anterioridad?— preguntó con total temor.
—Unas tres veces me parece ¡P-pero no se preocupe señorita!— tranquilizó la más joven, notando el creciente pánico de la pelinegra —Todo está bien, aún está a tiempo, apenas han de juntarse la Sra. Cheng y la Sra. Amelie en los jardines— así, el alma en pena volvió al cuerpo de la joven escandalizada, sin embargo un segundo después volvió a entrar en pánico puesto que ahora los vestidos con los que había llegado estaban arrugados y su cabello desordenado, madre en el cielo y la tía Shu Yin no la dejarían vivir en paz sabiendo que se presentó ante la Sra. Amelie luciendo tan desaliñada. Con rapidez volvió dentro de la habitación dejando a la doncella totalmente desconcertada.
—S-sólo dame cinco minutos, estaré lista pronto— habló tan coherentemente como pudo mientras rebuscaba en el gran armario.
—Oh, por favor Señorita permítame ayudarla.
—No te preocupes, no quiero molestarte— La joven doncella se quedó quieta en su lugar sorprendida por las palabras de la muchacha, acostumbrada a que siempre le mandasen y la tuvieran a un lado de ellas ordenando que y que no hacer. Sonrió con gracia y amabilidad hacia ella.
—No es ninguna molestia para mi, Srita. Dupain-Cheng, mis servicios para con usted serán de lo más grato, se lo aseguro— acercándose a ella, le ayudó a escoger un vestido para la ocasión, puesto que aunque iría a tomar el té en los jardines, aún asistirá a la cena con los señores presentes. El suave y amable trato de la doncella calmó el apresurado y ansioso corazón de la pelinegra manteniéndola tranquila en el agradable trabajo que le brindaban.
Con rapidez y esmero quedó lista no mucho después luciendo otro vestido con flores bordadas y de colores cálidos y claros, uno de los favoritos por el tío Zhou quién decía le hacía recordar a su madre cuando era joven. Y gracias a la doncella, su cabello estaba semi recogido adornado con una horquilla dorada.
Ahora estaban caminando por los pasillos hacia los jardines traseros cuando la pelinegra observó con atención a la doncella, no parecía mayor que ella, tal vez un par de años más joven si pudiera adivinar. Aún atrapada en sus pensamientos sobre si era razonable preguntarle su edad, no se percató de la alta figura entrante, sino hasta que la tierna voz de la doncella la sacó de su trance.
—Bienvenido de vuelta Joven Felix, es un gusto volverlo a ver.— saludó cordialmente la pequeña escondiendo su rostro de pronto, cosa que intrigó a la joven pelinegra prestando entonces su atención a aquel joven.
Con el cuadro de aquel gran espacio en el que se encontraban la vista de aquel alto y apuesto joven, el cual estaba prestando atención hacia el gran retrato pegado a la inmensa pared, apenas echandole un vistazo sobre su costado, con una postura impecable tal como su peinado arreglado hacia atrás y sus pulcras y arregladas prendas, la joven creyó haber visto la perfección en persona. El joven más interesado en el cuadro volteo con pesar, pudo notar, inclinando su cabeza hacia ella con una ceja alzada.
"¡Espera que te presentes niña! ¡Reacciona!" Una voz sonó dentro de la cabeza de la muchacha y saliendo de su total trance, de pronto su rostro se volvió como el color de las flores bordadas en sus vestidos, abrió y cerró su boca un par de veces antes de tomar una profunda y no tan disimulada respiración, dió un pequeño paso en frente e inclinó la cabeza con respeto.
—Rose— incluso su voz era impecable, pensó la joven. Era baja y bien controlada, si no hubiera visto los retratos de antes, incluso hubiera pensado que era el hijo del Sr. Agreste, tan similar con su porte estoico y reservado, sin embargo era totalmente parecido a su madre en aspecto.
—La señorita Bridgette Dupain-Cheng, sobrina de los Cheng, mi Señor— El joven solo se giró completamente a ella, dándole una simple y casi inexistente inclinación con la cabeza.
—Los invitados "especiales" de mi tío. Ya veo… En fin, me presento como Felix Graham de Vanily. Espero que su estadía en la mansión sea… Placentera— habló con tanta calma y profundidad que parecía estar recitando un poema ahí mismo, pensó Bridgette. Su corazón dió varios saltos dolorosos sobre su pecho teniendo el repentino impulso de tomarlo entre sus manos y apretarlo para evitar el creciente sonido y velocidad.
—Si me disculpa, tengo asuntos más… Que tienen la urgencia de ser atendidos— con una minúscula inclinación, giró sobre sus pies y con paso firme, abandonó rápidamente la estancia yendo por los pasillos adyacentes.
La elegancia y firmeza con la que se movía lo hacía todo aún más fluido, era como un viento fuerte azotando cualquier cosa por la que pasaba, hizo que las mejillas de la Joven Bridgette se tiñeran de rojo, era apuesto de eso no había duda y aquella seguridad que portaba el joven lo hacía ver más radiante a los ojos nublados de la pequeña muchacha, tal como en sus libros, como un príncipe.
Tuvo que obligarse a respirar otra vez, puesto que el poco oxígeno que sostenía estaba atrapado entre las paredes de la faringe forzandose a salir. Llevó ambas manos a sus mejillas sintiéndose de pronto muy calientes por el reciente encuentro, tal vez era la vergüenza por cómo actúo frente al joven, o la mirada tan penetrante que cargaba ¡No lo sabía! la tenía tan confundida ¿Que clase de mala jugada era esta? su cerebro la traicionó cuando envió órdenes a sus manos golpeando sus mejillas volviendolas aún más rojas, si eso era posible.
La saliva quedó atascada en la garganta de la pequeña doncella que observaba el comportamiento de la Joven a su lado, se forzó a jadear para preguntar por su estado.
—Srita. Dupain-Cheng ¿Se encuentra bien?— la preocupación en la voz y rasgos de la doncella a su lado la hizo volver a la realidad una vez más
—S-si, estoy bien, muchas gracias eh…— En todo esta interacción había olvidado completamente su nombre, dicho por el Joven Felix.
—Rose, si usted gusta, puede llamarme Rose— su pequeño y adorable rostro fue adornado por una pequeña y ligera sonrisa que llegó a sus tristes y transparentes ojos, Bridgette le sonrió agradecida.
—Muchas gracias por tu preocupación, Rose— Con esa última interacción y con la joven Bridgette aún preguntándose qué edad podría tener la doncella a su lado, pronto llegaron al jardín trasero dónde estaban su tía y la Sra. Amelie esperándolas en una agradable y amena plática podría notar.
—Oh, bienvenida de vuelta Bridgette ¿Puedo llamarte así?— preguntó cordialmente la señora de la mansión mirándola sobre su pequeña y delicada taza de té.
—Por supuesto Sra. G- la mirada antes suave se volvió aguda para ella. Ahora se había dado cuenta, tarde, pero lo hizo, la realización golpeó sus sentidos.
—Sería apropiado entonces que también me llamaras, Amelie… ¿No lo crees?— una sonrisa se dibujaba sobre su fino y delgado rostro, luciendo complacida. Con una risa muy pequeña, Bridgette asintió aceptando el nombre más informal.
—Muchas gracias por su confianza, Sra. Amelie— Con una inclinación de su mano, la invitó a unirse a la mesa junto con su tía quien le preguntó cómo se encontraba después de tan largo viaje. Así, las tres mujeres pasaron la última hora hablando y expresando distintas opiniones.
Nada parecía fuera de lugar, todo se sentía tan natural para ella, era agradable y cálido, se dió cuenta, el tiempo pasó volando en un abrir y cerrar de ojos, el té pasó de caliente a tibio, los pequeños y casi cómicos bocadillos fueron desapareciendo mientras la charla se alargaba, pronto llegó la hora de la cena, por lo que las tres mujeres fueron escoltadas de vuelta dentro de la mansión dónde los varones las esperaban ya en la sala. El Sr. Agreste hablando con el Sr. Cheng, era un escenario extraño y tal vez algo tenso, notó Bridgette de pronto, o tal vez era el contraste de personalidades entre los dos hombres mayores frente a ella, después de todo, no tenía porqué haber tensión si no había un problema ¿Cierto?
—Sra. Graham de Vanily, un placer conocerla al fin— El Sr. Cheng se inclinó respetuosamente hacia la dama de la mansión tomando con ambas manos una de las enguantadas y delicadas de la señora de la mansión, para después sonreírle a su adorada sobrina.
—Sr. Cheng, el placer es todo mío, su esposa y sobrina son un total encanto, me hablaron mucho de usted.
—Cosas buenas espero— sonrió el hombre mayor guiñando un ojo hacia su amada familia, haciendo que el círculo pequeño de personas se riéra en voz baja, a excepción claro, del Sr. Agreste.
—Por supuesto que sí, pero no nos demoremos más, solo falta que llegue-
—Madre— Nuevamente, la presencia de aquel apuesto joven llenó la sala. La estoica expresión pronto se volvió un poco más suave al acercarse a su madre. Tomó su mano entre las suyas y besó el dorso con cariño sosteniendo un poco más sus manos juntas.
—Que pronta y agradable llegada hijo mío. Me alegro que hayas llegado con bien, y antes de lo esperado— La joven madre miró tiernamente a su hijo colocando una cálida mano en su delgada mejilla sonriendo con afecto.
—No me perdería un gran suceso como este madre. Tío…— El joven Felix volteó sus fríos y calculadores ojos al más grande de los Agreste, quien también compartía la misma mirada adjuntando una sonrisa ladina en su rostro.
—Sobrino, cuánto tiempo, los mares del sur te trajeron con bien, espero— La postura del hombre era relajada y parecía que tenía en poco la presencia de su único sobrino.
—Lo hicieron— La madre al notar la tensión y la clara incomodidad de su unigénito para con su cuñado, soltó un suave carraspeo para aliviar un poco de la concentrada mirada de ambos hombres.
—Me complace presentarte a los Cheng, dueños de varios negocios importantes dentro del reino de Milagrosa ¿Cierto Sra. Shu Yin? Entre ellos una fabulosa y prestigiosa pastelería, a la cual debemos ir pronto, si no es problema.
—En lo más mínimo Sra. Amelie.
—Y por supuesto a su encantadora sobrina, la Srita. Bridgette— De pronto la presentación de la mujer rubia pareció un empujón directo hacia el centro, pues la chica tropezó con sus propios pies logrando recibir más atención de la que hubiese querido nunca, miró hacia el suelo totalmente avergonzada.
—Un placer, Sr. y Sra. Cheng, Srita. Dupain-Cheng— El joven asintió hacia los tres Cheng con cortesía, o al menos toda la que pudo reunir debido a la tensa situación. Por acuerdo de la Sra. Amelie todos avanzaron hacia el comedor, donde ya estaba servido un gran banquete sobre la mesa. La cantidad de comida era ridículamente exagerada, sin embargo ellos ya estaban acostumbrados a tales tratos.
Entre pequeñas conversaciones, el sucesor de la mansión miró desdeñosamente a su tío quien no dejaba de sostener una dura mirada hacia su sobrino.
—Entonces ¿Qué hace usted aquí tío? Si no mal recuerdo, solo viene por asuntos de negocios, dudo mucho que quiera venir a tomar el té mientras presencia el baile ¿No es así?— La mujer rubia casi incinera a su propio hijo con la mirada mientras hacía una nota mental para reprenderlo más tarde.
—Me temo sobrino que no tengo tiempo para cosas tan triviales como bailes y tomar el té, aunque ¿No son esos tus pasatiempos? Después de todo es donde pasabas cada fin de semana. En fin, tienes toda la razón, esta no es una visita de formación personal. Después de todo tengo muchos asuntos que atender.
—¿Oh si? ¿Y se deberían saber estos motivos tan importantes?
—Bueno sobrino, al parecer no ha cambiado nada desde tu niñez, aún no corriges esa impaciencia tan infantil. Pero tranquilo, después de todo debería ser una cena informal y agradable para sus invitados— Aún con la tensión en el aire la cena continuó sin ningún otro "incidente" por parte de ambos hombres, sin embargo, por otra parte, la Sra. Amelie y la Sra. Shu Yin hablaban animadamente, aunque moderados debido a los "modales", de vez en cuando se incluía el Sr. Cheng.
Así prosiguió la noche, unos cuantos comentarios aquí y algunas anécdotas por allá. Bridgette podría decir que sus tíos se lo estaban pasando muy bien, hacía tiempo que no los veía tan relajados y animados, entonces para ella también era una buena noche.
De camino de regreso a las habitaciones, el sonido de los grillos y animales nocturnos parecían traspasar los gruesos muros de la mansión mientras los pequeños y silentes pasos de las dos jóvenes avanzaban. Estaba a punto de preguntarle su edad a la pequeña doncella cuando al doblar un pasillo casi choca contra el cuerpo del joven Felix para total sorpresa de ambos.
—¡Lo siento mucho! No era mi intención-
—Deberías ver por dónde…— interrumpió en voz baja y profunda en el medio del pasillo. No queriendo, por razones ajenas, mirarla a la cara. Segundos después en el sórdido silencio dejó escapar un suave y casi inexistente suspiro rodeándola por completo —Con su permiso— caminó como siempre a paso rápido y preciso, dejando escapar a su paso un suave aroma… Sándalo, pensó la joven pelinegra.
—Buenas noches…— susurró a la nada la franco-china viendo por dónde se había ido el joven.
Parecía tener una cara tan decepcionada y confusa, pensó la doncella en forma de hada, tomando sin pensar mucho su brazo izquierdo, devolviéndole al mundo real, del cual muchas veces escapa, pensó mentalmente Rose.
—No se preocupe por el Joven Felix, solo es un poco… Reservado— murmuró jugando con sus manos. Bridgette le dió una pequeña sonrisa agradecida, mientras retomaban el camino hacia su respectiva habitación.
Con su suave y cómodo camisón de seda, procedió a sentarse en el gran tocador de cedro peinando su largo y brillante cabello negro azulado atándolo en un simple moño. Rose casi le había rogado permitirle ayudarla a prepararse para la cama, sin embargo, la pequeña sobrina de los Cheng le había dicho que no tenía porque desvelarse más de lo necesario mandándola directamente a descansar. Con una pequeña sonrisa al recordar la cara resignada de la pequeña hada, dejó su cepillo acostándose en la enorme cama, cubriéndose con las finas sábanas. El colchón abrazó totalmente las extremidades de Bridgette hundiéndola en un profundo sueño con constantes, profundas y brillantes miradas verdes sobre la oscuridad.
Pasaron así, dos días en los cuales la pequeña hada estuvo para ella en todo momento. La peliazul se había acostumbrado totalmente a su presencia, era totalmente diferente a Mylenne en casa, siendo aquella más tímida, la personalidad alegre y siempre optimista de Rose hacía sonreír sin falta a Bridgette, por supuesto que amaba a Mylenne, como no hacerlo, después de todo estuvieron juntas desde la infancia y ella la consideraba su amiga. Sin embargo, algo en la brillante personalidad de Rose llenaba felicidad a la Dupain-Cheng.
Sin embargo, aquella felicidad era opacada por la creciente tristeza que sentía al ser ignorada por el sucesor de la mansión, oh bueno, más bien al ausente sucesor. Después de aquella vergonzosa introducción, la joven decidió hacerse amiga de aquel joven, fue aquella primera mañana en la mansión, cuando recién despertó de su sueño con aquellos fríos ojos verdes que tomó una fuerte decisión, sin importar cómo, se acercaría al Joven Félix y se harían amigos.
Su plan era sencillo, encontrarlo, entablar una conversación con él, civilizadamente por parte de ella, y hacerse amigos. Pero para su total desgracia, poco sabía ella que el primer paso iba a ser el más difícil de conseguir, el muchacho se escurría como un gato por la mansión, más aún añadiendo el hecho de que era como un pez fuera del agua ya que ni siquiera conocía del todo la mansión, era todo un laberinto, miles de pasillos, sinfín de conexiones y aún el doble de puertas y habitaciones. Su plan era todo un desastre, bajando totalmente su estado de ánimo, que pendía de un solo mechón, literalmente.
Agotada por su fallido intento de encontrar al joven por cuarta vez en el día, medio día mejor dicho, la joven fue escoltada por la doncella hacia los jardines, a petición de la pequeña hada. Ya que sin querer, se dió cuenta que al estar en contacto con las flores y el paisaje verde, la vitalidad volvía a su pequeño cuerpo recobrando fuerza a su alocado mechón, sus ojos se volvían brillantes y la sonrisa regresaba a su rostro, si tan solo supiera del lago y los animales que poseía la señora Amelie, seguro se volvería loca.
—No he visto a la Sra. Amelie desde la tarde de ayer… ¿Estará bien? Tal vez esté ocupada, después de todo tiene muchos negocios en sus manos ¿Cierto? ¿Crees que sería imprudente de mi parte pedirle una tarde de té? Por supuesto que es imprudente, que tonta debe estar muy ajetreada. ¿Tal vez mañana? No, posiblemente-
—Señorita, vuelva por favor.—la suave risa de la doncella llegó a los oídos de la peliazul, volviendo a la realidad después de darse cuenta de su vómito verbal.
—Lo siento ¿Hablé demasiado? Debo ser la peor invitada que hayas tenido que soportar.— murmuró la joven jugando con el olán de su vestido totalmente avergonzada. La doncella abrió sus ojos arrepentida al instante, debió tomar su risa como burla.
—Me disculpe usted por mi total falta de respeto. Créame cuando le digo que es la mejor señora con la que he tenido el gusto de pasar mis días.— inclinada sobre su cabeza, pronto fue arribada por los delgados brazos de la Joven Dupain-Cheng.
—Te agradezco por ser tan paciente conmigo.—Sorprendida por la esporádica muestra de afecto, la pequeña hada se sonrojó con fiereza tartamudeando en el proceso. Torpemente le devolvió el abrazo, no sin antes cerciorarse de que nadie estuviera viendo, después de todo, no quería que aprendieran a la joven invitada por estar abrazando a la servidumbre.
Así, las jóvenes pasaron un rato más caminando por los agradables jardines de la señora de la mansión, con cada paso la joven con ojos campanilla se acercaba a las flores oliendolas y asegurándoles ser bellas y saludables, cosa que pareció divertir y entrañar a la doncella. Siguieron caminando hasta entrar al segundo segmento del jardín encontrando inesperadamente a la Sra. Amelie quien parecía tener una discusión bastante acalorada con el Sr. Agreste. Teniendo un mutuo acuerdo, accedieron a irse lentamente sin llamar la atención de ambos adultos, sin embargo, la aguda y rápida mirada del Agreste mayor las percibió, deteniendo en seco cualquier movimiento de las jóvenes mujeres. Con una última mirada y un último murmullo hacia la rubia se alejó con rápido paso hacia las temerosas muchachas.
—Con su permiso.— murmuró entre dientes pasando de largo. El aire estaba atascado en ambos pares de pulmones, siendo expulsado abruptamente al sentir la tensión desvanecerse en el aire. Mirándose avergonzadas por interrumpir aquella discusión voltearon hacia la mujer mayor, quién ya se había acercado lo suficiente, dispuestas a disculparse por la intromisión.
—Sra. Amelie yo-
—No te preocupes por eso querida. Todo está bien, solo charlas entre familia política, nada de qué preocuparse.— Insegura aún, la peliazul asintió mirando aún avergonzada el suelo, obligándose a encontrar la tierra como la cosa más fascinante que haya visto. Amelie al notar aún la culpa en su invitada, se inclinó un poco para llamar la atención de sus ojos campanilla.
—Díme Bridgette ¿Te gustaría conocer a Duusu?— Eso llamó completamente la atención de Bridgette, animándose notablemente ante la posibilidad de conocer a alguien nuevo. Fue así como Amelie, satisfecha con la reacción, llevó a ambas muchachas con ella hacia los grandes establos al final de la segunda sección del jardín, donde residían varios de sus pura sangre. La joven miraba asombrada hacia todos lados maravillándose, y temiendo, sobre todo temiendo ser aplastada por alguno de esos grandes y majestuosos corceles. Apartado del resto, estaba un establo, justo enfrente de las grandes puertas de madera, estaba escrito.
—Duusu… —murmuró la joven yendo a solo unos centímetros detrás de la Sra. Amelie. Al adentrarse al gran espacio, miró como la mujer sonreía enternecida hacia el majestuoso corcel, el cual, al escuchar pasos se acercó sacando su gran cabeza con curiosidad. con gran afecto, la mujer rascó sobre las orejas del gran animal haciéndole mimos, cuando de pronto miró hacia la joven maravillada. Sonriéndole le indico suavemente que se acercara, la joven rápidamente negó con la cabeza perdiendo un poco del color en sus mejillas notablemente nerviosa de estar tan cerca de un animal de esa magnitud.
Amelie se acercó con suavidad a ella tomándola de la mano y guiándola de nuevo con el caballo. Con total tranquilidad llevó su temerosa mano hacia la cálida y suave frente del animal tratando de aliviar su ansiedad.
—Duusu ha estado con nosotros durante 24 años, es dócil, gentil y sobre todo, es un llorón mimado, todo lo que busca y quiere es afecto.— Como si pudiera entender, soltó un pequeño relincho mientras sacudía su cabeza de arriba hacia abajo, asustando en gran manera a Bridgette. La rubia rió abiertamente ante tal acción volviéndo a rascar, esta vez en la garganta, del gran equino.
—Olvidé mencionar dramático.— murmuró con una sonrisa, mientras que el caballo resplandecía en toda su gloria asombrando de nuevo a la joven Bridgette.
—Es hermoso.
—Lo es, Emilie lo llamaba su hermoso bebé.— los ojos de la joven Dupain-Cheng se abrieron como platos ahora mirando a la Sra. Amelie cayendo en la realización.
—Se entristeció demasiado cuando ella se fue, es por eso que Gabriel lo trajo de vuelta cuando falleció. Dijo que no podía hacerse cargo de todo y que no quería un caballo moribundo a su cuidado. Cuando me vió empezó a saltar y a relinchar como loco, temían que se hubiese desquiciado. Sin embargo, pude entenderlo después de un tiempo, al verme la veía a ella, y aunque sabía que no era ella, la sola idea de que mi imagen fuera la misma que la suya, lo hizo sentir como en casa y por ende, lo hizo feliz. Profundo para un caballo ¿No crees?— la mujer rió suavemente aún mimando al gran corcel.
La joven no sabía como reaccionar hacia tales palabras, sentía que eran muy íntimas y se sentía tan tocada por el acto de total confianza hacia ella.
—¿Sabes cabalgar Bridgette?
Y aquí se encontraba ella, aferrándose a su vida en forma de correa sobre Duusu. En algún momento entre la emoción y la intimidad, la Sra. Amelie la había convencido de montarse en Duusu, a pesar de que la joven tenía nulo conocimiento de caballos y el cómo cabalgar ¡Por el amor de Dios, ni siquiera sabía cómo montar uno! Pero ella le había asegurado que estaría a su lado en todo momento. Entonces cuando lo montó, con un montón de ayuda de Amelie, le dijo que esperara mientras ella iba a montar de otro ¡Primer error! el caballo tan entusiasta como era, no perdió el tiempo en correr en cuanto Amelie lo soltó llevándose consigo a la pobre Bridgette como trapo.
Los chillidos y gritos alarmados de la pequeña hada fue lo segundo que escuchó después del galope y los suyos. Lamentablemente y para consternación de Amelie, los demás caballos estaban siendo acicalados, y el que esperaba estuviera libre no estaba en su establo.
Entonces como un borrón, una mancha de velocidad pasó a su lado, levantando tierra y haciendo volar sus cabellos.
El fuerte galope por el entusiasta caballo marrón iba en dirección hacia los árboles con la joven asustada y casi al borde del colapso.
—¡Sujetate fuerte!— gritó una fuerte y autoritaria voz detrás de ella. La conocía, conocía esa voz, quiso abrir los ojos y comprobarlo por ella misma, sin embargo era más fuerte su temor por morir lo que la mantuvo obedeciendo la orden logrando enterrar sus uñas en sus palmas y obtener nudillos totalmente blancos debido a la presión ejercida sobre la correa. Entonces vino un segundo obstáculo, ramas. Llenando de raspones y cortadas a la pobre muchacha quien solo pedía que terminara aquél suplicio, un segundo galope se escuchó no muy lejos de ella, forzándola a abrir los ojos, pudo apreciar una enorme masa de músculo con pelaje negro y brillante.
Una serie de "Joa" y mandos fuertes y autoritarios se escucharon a través de sus oídos sordos. Hasta que pudo ver la mancha frente a sus ojos, ahí detrás de la sedosa crin ondeante, se elevaba en toda su elegancia ordenando al caballo para que parase. Tan aturdida como estaba aflojó su agarre ¡Segundo gran error! El joven Félix apenas tuvo tiempo de detener al caballo con el cabestro haciéndolo pararse sobre sus fuertes patas traseras relinchando en inconformidad por privar su libertad cuando notó el descenso de la figura a la que trataba de guardar con seguridad.
Con una velocidad inhumana y un gran equilibrio, sólo los dioses en el cielo supieron cómo logró atrapar a la joven con un solo brazo resguardando su cuerpo entre su pecho. Ambos pares de ojos se abrieron con temor y sorpresa, uno por ver como casi moría y el otro, por lograr inesperadamente evitar un gran y doloroso golpe del valioso invitado de su madre.
En una posición de lo más extraña posible, el cuerpo de la joven quedó dividido, sus piernas colgado del lomo de Duusu, mientras que su torso y brazos eran sostenidos por el pecho de Felix, definitivamente no era la manera más cómoda, pero al menos nadie salió lastimado… No tanto.
Aturdida y aún mirando a los intensos ojos que ansiaba volver a ver desde hace días, la adrenalina apenas desvaneciéndose por su cuerpo y el letargo consecuente de toda aquella odisea la dejó en un estado de asombro momentáneo donde tuvo apenas unos segundos para mirar su rostro, casi tan sorprendido como el de ella, fue la primera emoción que logró vislumbrar en él después de haberlo conocido. Sus ojos eran verdes, había notado cuando lo conoció, pero esta vez frente a una luz más cálida, bajo los rayos solares pudo ver leves matices de marrón y amarillo haciéndolos más cálidos, más humanos y no tan inexpresivos y agudos como solía pensar.
—Tienes unos ojos muy bonitos…—murmuró sin pensar, casi como si las palabras hubiesen sido obligadas a salir por su boca, y entonces, el cansancio invadió su cuerpo dejándolo colgar como peso muerto entre los brazos del joven que salvó su inminente caída.
(EDITADO)
Primer capítulo arriba ;D
Hola! después de casi dos meses por fin pude editar el capítulo, culpo totalmente a la escuela y trabajos escolares. Ya tendré tiempo de editar capítulos siguientes y todo eso. Como podrán apreciar cambié casi un cuarto de capítulo porque el anterior me pareció muy rápido, y queremos que esto se entienda bien, además de que quiero mostrar el avance del enamoramiento de Bridgette antes de los sucesos que siguen, probablemente también alargue un capítulo más el gran suceso porque quiero poner en contexto algunas cosas y preparar personajes y así.
nota: muchos personajes de la historia original aparecen como si Bri y Felix fueran Marinette y Adrian, sin embargo vuelvo a recalcar que en esta historia, Marinette es representada solamente como LadyBug, ya que aquí no hay alter egos, Adrien sigue siendo nuestro bello solecito y y Marinette es literal la representación de Ladybug. Aún no sé si agregaré algo de Chat pero ajá, vemos. Por el momento es todo, si puedo actualizaré antes de los quince días, sino, pues por favor sé un poco paciente.
PD: ¡Mantente a salvo por favor! Bebe agua y consume verduras :D Nos leemos!
Si ves faltas de ortografía o tienes alguna crítica/comentario, por favor no te lo guardes y hazmelo saber, estaré muy agradecida de saber lo que piensas sobre la historia. Por favor recuerden que es un romance muy lento, y habrá mucha angustia, después de todo, es Felix de quien hablamos :'D
las publicaciones serán cada diez a quince días aproximadamente debido a mis horarios de estudio, por favor sean compresivos soy estudiante TuT.
Recuerda ser respetuoso en los comentarios, si no te gusta algo puedes comentarlo con total libertad, solo te pido que no seas grosero conmigo u otros lectores ¡Gracias!
Bonito día UuU
