Proteger

NANATSU NO TAIZAI © NAKABA SUZUKI

Sinopsis: Era de familia ser reyes avaros que todo lo querían proteger, pero también existían ocasiones en las que podían fallar y, de alguna forma, había que reponerse.

Nota de la autora: Mientras estaba acomodando algunas viejas historias pensé en esto. Se me atravesó, no lo sé, es un camino posible, ya que es algo que Ban y King comparten.

Es corto, pero creo que tiene fuerza.


Capítulo único: Proteger


No lo estaba esperando. Sus ojos se estrecharon sobre él, como si estuviera esperando a que cayera una rama. O que se fuera apenas lo viera. Pero también sabía que iba a suceder. Se había acostumbrado a tener su ojo encima.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, calculando sus palabras—. No deberías estar en este lugar—añadió con un tono visiblemente amenazante.

El Rey Hada llegó flotando a su lado. Lo único que producía de ruido era su pausada respiración y la agitación en sus alas. Si bien eran partes de su cuerpo que podrían apreciarse como hermosas, con el tiempo había aprendido a entender que podían transmitir emociones. Si se agitaban, era claro que había nervios presentes.

—¿Por qué no puedo? Es un reino libre después de todo —le dijo, su voz llena de un humor vacío. Como si Ban incluso tuviera paciencia de soportar eso. Estaba devastado y él lo sabía—. Es la tercera noche, ¿no?

—Tercera de este mes —explicó Ban como si el concepto fuera normal para él. Como si desvanecerse cada noche y mirar ese punto específico no fuera un trabajo. Sabía que la situación era delicada y dejó que su condición se viera reflejada en los últimos tiempos. Por supuesto, el Rey Hada intervendría tarde o temprano. Era un hecho—. Esta vez creí que sería diferente.

King permaneció en silencio, abriéndose camino hacia la pradera. Ellos habían estado gritando el nombre de su sobrino por mucho tiempo, ninguno parecía demasiado consciente de que nada en el ambiente cambiaba ante esa acción. Respiro y sintió la naturaleza a su alrededor, rompiendo esa costumbre de no indagar en las memorias para saber qué había sucedido, pero no le importó.

—Es algo que todos creemos —aseveró, mirando a Ban y su vista desviada del paisaje—. Y siempre será así —concluyó—. Deberías comer algo, ¿no? —preguntó como si le estuviera dando una opción.

Ban cruzó los brazos sobre el pecho a la defensiva.

—¿Comer? —respondió él—. ¡No puedes venir y decidir qué haremos Elaine y yo! —argumentó, como un niño con una rabieta. Pero todo era para mostrar sus emociones, unas que siquiera podía encontrar una explicación.

King lo miró por un segundo, pero cedió a su estúpida, aunque justa, rabieta.

—¿Crees que no sé lo que sientes? —inquirió secamente, sabiendo ya la respuesta—. Ni tengo que leer tu corazón para entenderlo.

—Tu hijo no desapareció.

—¡Pero desapareció alguien de mi familia! —rugió King. Se sacudió, agitando la naturaleza y provocando que retrocedería la hierba detrás de él. No estaba controlando sus emociones y no tenía ninguna intención de frenar, eso no importaba ni un poco. No iba a contenerse con Ban. No importaba su actitud. Él no iba a detenerse—. ¡Me había jurado protegerlos y Lancelot desaparece! —contestó, alborotándole el pelo—. ¿Crees que ellos no están afectados también...?

Ban cerró la boca con frustración. La desaparición de Lancelot había sido un suceso devastador y aunque sus primeras acciones no tuvieron un control, comenzó a mantener sus sentimientos ocultos, interpretando a un padre preocupado, convincente. Se tomaba su trabajo en serio. Asustó a todos. Sin embargo, no podía durar mucho cuando veía a sus sobrinos.

Estaba fuera de su alcance no quebrarse con ellos.

—¿Y si ellos...? —preguntó, sin levantar la vista hacia el Rey Hada, pero aun así vio su asombro ante su pregunta. No pudo evitar soltar un quejido—. Mi hermana pequeña me seguía a todos lados cuando se fue.

—Eso no pasará —argumentó King, pero Ban escuchó la determinación vacilar en su tono—. Estaremos juntos para protegerlos y también para recuperar a Lancelot. Incluso, aunque sea difícil —admitió, sin molestarse en mentir.

El otro titubeó, aunque fuera por un instante. Cerró los ojos. Visualizó el cielo despejado de la noche, la tranquila superficie, el interminable campo de hierba.

—Mi error —suspiró y se frotó los ojos—. Lancelot me regañaría por no cumplir mi deber.

King murmuró una ligera carcajada y dio un vistazo a Ban con un humor algo mejorado.

—No lo dudes —afirmó. La vacilación fue fatal. Lo peor, quizás. Pero cuando Ban asintió y se dio la vuelta para caminar de regreso, sintió la necesidad de asegurarse—. Y nunca lo olvides.

—¿Qué cosa? —siseó Ban y dejó de caminar. Sin fallar, cada miembro de su cuerpo se estremeció ante la frase de King.

—El tipo de rey que siempre debes ser.

El efecto del comentario fue inmediato. Ban se giró, lo que provocó que King chocara con él y se tropezara. El otro rey retrocedió y cayó al suelo, con el corazón latiendo. Entonces lo expulsó.

—Un rey avaro.

Entonces, Ban tragó saliva y se levantó, algo más seguro. Después de todo, era algo que con el paso del tiempo había descubierto que compartían. Por mucho que adoraba burlarse de King, no podía negar que los unía.

—Adelante —dijo Ban—. Hay cosas que hacer.

Haría lo que tenía que hacer y esperaría que King lo apoyara. Era lo que sus posiciones exigían de ellos. Los reyes tenían que ser avaros a la hora de proteger, y él lo haría así.