Naruto y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.

Advertencias: Rated M, Slash (slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.

-"ABC..."-. Diálogo

-"ABC..."-. Pensamiento


ADVERTENCIA: Ambigüedad temporal (Naruto es el narrador, él mismo no sabe qué sucede), distorsión de la realidad, descripción vaga de ataques de pánico, entre otras.


Mangata

Capítulo 1, El rojo en la Luna

Naruto despierta en una cama.

No sabe en qué momento es que pierde la consciencia, pero puede adivinarlo fácilmente.

Despierta en medio de la noche, en su cama, con el frío de su propio sudor haciéndolo temblar y a punto de ahogarse con su propia saliva mientras evita gritar.

Es tan difícil respirar, que le toma más de una hora darse cuenta del entorno en el que se encuentra y, para ese punto, Naruto vacía el nulo contenido de su estómago justo a un lado de una cama que no debería siquiera existir.

No debería existir, se dice intentando respirar profundamente.

Sale de la cama y se golpea con la mesa de noche, resbala con el desastre que causa antes y sus piernas tiemblan tanto que no pueden sostenerlo más de dos pasos antes de caer sin ceremonia al suelo. Cierra los ojos con fuerza, pretendiendo no ver lo que ve.

No tiene idea de qué hacer o qué sucede con él porque, de pronto, Naruto no se encuentra en el Valle del Fin, acompañado de su… de Sasuke después de su última pelea. No escucha el sonido del agua cayendo detrás de él y tampoco puede sentir la presencia de Sasuke.

Estaba muriendo, lo sabe.

Y lo sabe porque Kurama es lo suficientemente amable para hacérselo saber cuando Sasuke y él terminan de hablar.

-"¿Kurama?"- no hay respuesta –"¡¿Ku-Kurama?!"- intenta respirar por la nariz, pero lo único que logra es tomar pequeñas cantidades de aire, usa su boca, pero no sirve de nada –"¡KURAMA! ¡Ku…!¡Kurama!"-.

El silencio le lastima los oídos más de lo que espera.

Estaba muriendo, eso lo recuerda.

Se lleva una mano al rostro, pero no puede sentir la hinchazón sobre su ojo y tampoco las pocas heridas que Kurama no logra curar rápidamente. Luego se lleva esa misma mano al brazo opuesto… esperando encontrarse con el vacío… pero no es así.

Naruto tiene ambos brazos.

Recuerda su vida desvanecerse, lo recuerda porque la voz de Sasuke y el pánico agudo siguen en su mente como si se tratara… si cierra los ojos puede… puede ver una imagen borrosa del adolescente a su lado… recuerda los susurros de Sasuke pidiéndole algo, pero no recuerda exactamente lo que está pidiendo. Recuerda sonreír y reír por algo, pero también recuerda haber tenido la boca llena de un líquido caliente y de sabor familiar.

Pero ahora nada de eso está ahí… porque ahora está en Konoha.

Está en Konoha, en medio de una noche silenciosa, escuchando a la nada y esperando… esperando escuchar algo.

No está en el departamento que le construyen después de la invasión de Pain, lo sabe porque reconoce fácilmente el piso laminado, las manchas negras y los muebles de ese lugar. Lo reconoce porque, a diferencia del departamento que el capitán Yamato construye para él y que no usó demasiado, es ahí donde pasa la mayor parte de su vida –toda su infancia, al menos–.

Es el mismo departamento que compra gracias al préstamo del Sandaime y que, pasando días y noches de hambre y frío, logra pagarle al ahorrar la mayor parte del dinero que recibe por ser un huérfano más –y el dinero de sus misiones, después–.

Pero cuando mira hacia el estante y nota su reloj, Naruto lo ve.

-"No… n-no… eso no es… no…"- niega con la cabeza hasta marearse.

Porque no encuentra respuesta lógica ante su problema.

No es Shikamaru, él no sabe qué… cómo…

Tal vez está muerto, piensa.

Quizá, se dice sin creerlo realmente, muere desangrado después de la batalla contra Sasuke –gana, o eso cree–, en un vano intento de hacerle entender que es un imbécil de primera por haberlo… por haberlos abandonado, muere en el Valle del Fin y eso no es…

Una muerte así no le parece la peor que podría haber tenido.

Casi de inmediato lo niega.

No se siente muerto, no sabe cómo es eso, pero algo en toda esa situación le dice que no puede estar muerto.

Quiere pensar que podría estar muerto, dispuesto a descansar en lo que podría ser el paraíso –o quizá el punto en su vida donde todo estaba casi bien y no lo sabía–. Encontrarse con sus padres y con su maestro, hablar con ellos y conocerlos… eso es lo que quiere.

¿No se suponía que morir significaba terminar con todo su dolor? Es más, si estaba muerto, ¿cómo es que no estaba acompañado de sus padres? ¿Dónde estaban ellos? ¿Y Ero-sennin? ¿Acaso estaba completamente solo, de nuevo?

Incluso así, Naruto está solo, en un departamento que llega a odiar por lo que representa en su vida, en medio de su propia basura y… y no ve a sus padres. Todo le parece enorme, más grande de lo que recuerda haberlo visto la última vez que pone un pie ahí. Incluso si ignora la proporción de su habitación, no puede ignorar el dolor de cabeza que amenaza con romperla a la mitad, o el dolor de estómago que simplemente no puede ser su imaginación.

No siente el dolor fantasma de las heridas que ya no tiene… sino… el dolor con el que está acostumbrado a lidiar desde que tiene memoria.

No logra darse cuenta del momento en que su respiración comienza a fallarle y tampoco nota cómo todo se vuelve borroso y desaparece.

Cuando despierta, Naruto tiene la cabeza más clara de lo que recuerda haberla tenido.

Cree que está olvidando algo importante, eso que logra tranquilizarlo hasta el punto en el que está ahora, pero –por todo el amor que tiene a su aldea y todo lo sagrado– no puede recordarlo y, cada vez que lo intenta, eso se aleja de su alcance. Al darse cuenta, Naruto se talla los ojos y limpia la humedad en sus mejillas.

Está en medio de su departamento, después de un ataque de pánico que debería haber evitado, solo y…

Le toma algo más de media hora lograr ponerse de pie y tomar el valor para mirarse en el espejo.

Viste su antigua ropa de dormir, es la imagen de un Naruto más pequeño, un niño… un Naruto diferente a sí mismo lo mira con una expresión de horror en el rostro y debe tomarse del borde de la encimera para no caer de nuevo.

Cierra los ojos.

-"Kurama… por favor, ¿dónde estás?"- no sabe qué hacer y justo en ese momento el consejo de su amigo sería un consuelo –"Kurama"-.

Pero nadie responde.

Mira el calendario en la pared y reconoce sus propias anotaciones, mira la encimera y puede ver su protector –el protector que Iruka-sensei le regala, el protector de su sensei–… mira por la ventana y deja que las lágrimas corran por su rostro.

Dolorosamente lento, Naruto se viste con lo primero que puede tomar, un par de pantalones y una remera, y sale del departamento.

Se siente desnudo si no usa su protector, pero no se atreve a tocarlo.

Konoha es su hogar, no importa cuántos sitios haya visitado antes, Konoha le parece bellísima… pero durante la noche… durante la noche puede quitarte el aliento.

Todo parece en paz, la iluminación de las calles es tenue… existe un silencio suave, interrumpido por las cigarras en verano y el susurro del viento en otoño. Los civiles duermen tranquilos y, si se esfuerza, Naruto puede escuchar a algunos shinobi entrenando cuando se acerca a los campos de entrenamiento.

Pero eso es antes.

La guerra termina con eso.

La noche en Konoha se vuelve un momento de tensión donde sólo pocas personas pueden dormir, los niños están en riesgo constante y los guardias en toda la aldea mantienen el control con un toque de queda que hace que el silencio sea horrible…

El silencio de la noche en Konoha vuelve paranoico a cualquier shinobi que haya visto el horror del campo de batalla… y Naruto no sabe qué hacer.

Sólo sale de casa para buscar respuestas, pero no está preparado para encontrarse con lo que encuentra.

El monumento a los Hokages está… está ahí, sólo que… sólo puede ver cuatro rostros.

Senju Hashirama.

Senju Tobirama.

Hokage-jiji…

Y su padre.

No está el rostro de la vieja Tsunade, no está el rostro de su Hokage, la mujer a la que él sirve.

Quiere llorar, pero…

-"¿Kurama…?"-.

Naruto camina lentamente por las calles –escucha los murmullos que lo siguen de aquellos civiles que simplemente no pueden irse a casa de una vez y siente la presencia de un shinobi en los techos, observándolo– y evita deliberadamente pasar cerca de Ichiraku. Llega a la Academia demasiado pronto y mira por fuera el edificio vacío.

La Academia sobrevive el ataque de Pain, sobrevive… aunque no por completo.

Recuerda muy bien la expresión de felicidad en Iruka-sensei cuando ve por primera vez las mejoras que agregan a la Academia… mejoras que no están ahí.

-"Algo pasa… necesito ayuda"- el problema…

Su problema es que no sabe en quién confiar o…

-"¡¿Se tratará del Tsukuyomi?!"- recuerda haber derrotado a Kaguya, recuerda haber luchado contra Sasuke, pero…

Pero no debería confiar demasiado en su propia memoria cuando sabe exactamente lo que puede suceder con él dentro de un genjutsu, incluso uno débil.

Naruto mira a la Luna y quiere relajarse cuando no ve el rojo cubriéndola como si de sangre se tratara, sin embargo, no es fácil relajarse cuando puede recordar años de una vida que no parece haberle pasado encima. Si Naruto está en medio de una Konoha en tiempos de paz, con un cuerpo que no es el que recuerda haber tenido unos momentos atrás, entonces no puede simplemente confiar en mirar a la Luna y pretender que todo está bien.

Es lo que la guerra le hace a una persona, no sabe por qué le sorprende.

-"¿Naruto?"-.

Su mano va directamente al kunai que lleva escondido y lo alza para enfrentar esa voz, pero se detiene en seco cuando ve a la única persona que definitivamente no debería existir.

Es sólo un segundo, pero el abuelo nota la postura de Naruto y entrecierra los ojos –"¿Sucede algo?"- pregunta.

Toma aire un par de veces –"Yo…"- baja la mirada cuando la sonrisa que intenta mostrarle simplemente no es más que una mueca –"Yo… no lo sé"-.

Suceden muchas cosas, responde en su mente.

Nota de reojo cuando el hombre se le acerca y se arrodilla frente a él, tal como solía hacer cuando era sólo un niño más. Su mano sigue sosteniendo el kunai y, afortunadamente, el hombre no intenta quitárselo de la mano.

Es difícil respirar cuando no recuerdas cómo se hace.

Recuerda cómo atacar si el Hokage intenta atacarlo, eso sí puede recordarlo.

-"Naruto, escúchame… por favor"- lo hace, lo hace –"Estás en Konoha… ¿recuerdas eso?"-.

Quiere reír, porque sabe que está en Konoha, el problema es que no debería estar en Konoha, él debía estar…

-"Sí…"-.

-"Respira conmigo, Naruto, respira"- intenta imitar las grandes bocanadas de aire que toma el abuelo, pero apenas puede tomar un poco de aire antes de intentarlo de nuevo –"Respira lentamente, mírame, sólo mírame…"-.

Nunca en su vida… no, eso es mentira… hubo un momento en su vida en que pierde el control de su cuerpo de esa manera.

¿Por qué recuerda todo eso cuando es obvio que no hay alguien ahí que lo recuerde con él?

-"Quiero… quiero respirar"- piensa mirando con desesperación al hombre frente a él, espera que el hombre lo sepa.

-"¡NARUTO!"- Naruto abre los ojos y de inmediato siente de nuevo la humedad en su rostro, abre la boca, pero no sale ningún sonido –"¡Naruto…!"- se esfuerza por abrir la boca y respirar de esa manera y, a pesar de saber que no es muy útil, escucha las palabras del Hokage cuando lo felicita en susurros por hacerlo –"Muy bien, bien, Naruto…"-.

Mientras hace eso, decide que no puede ver ese rostro de nuevo, no tan pronto… no ahora y nunca, si puede evitarlo.

Porque la última vez que lo ve, su Hokage-jiji viste ropa apropiada para luchar en la guerra contra Madara y pelean lado a lado con el resto de los shinobi. En aquella ocasión, Sarutobi Hiruzen es sólo una sombra del hombre que recuerda… del hombre que está frente a él.

-"Naruto, escúchame"- y lo hace, sólo no es capaz de verlo a los ojos –"Estás en Konoha… ayer te graduaste, ¿lo recuerdas? Ayer te convertiste en genin… ¿recuerdas eso?"-.

Por supuesto que lo recuerda…

Pero de eso hace más de cuatro años.

Cuatro años.

Esas palabras no lo tranquilizan como el hombre espera, en lo absoluto.

-"¿Ayer?"- pregunta en un suspiro –"¿Eso… e-eso…?"- niega con la cabeza y siente las manos húmedas contra su ropa –"¿Eso…? ¿Eso fue…? ¿A-Ayer?"-.

El hombre suspira y espera un tiempo que le parece eterno antes de volver a hablar –"Mizuki se acercó a ti engañándote para robar algo de mi oficina, ¿lo recuerdas?"- Naruto asiente –"¿Recuerdas lo que te dijo?"- asiente de nuevo –"Mizuki está en prisión, no puede hacerte daño… Iruka está en casa, no tiene ninguna herida…"- de nuevo, asiente –"Mañana vas a tomarte la fotografía de registro… es muy tarde y deberías dormir, ¿crees poder regresar a casa?"-.

Naruto escucha sin escuchar al hombre mientras le describe los sucesos de sus últimos días y, sin notarlo, ambos regresan al departamento de Naruto.

Quiere calmarlo, lo sabe porque Kakashi-sensei intenta hacer algo similar en algún momento que no recuerda…

No lo logra.

Obtiene respuestas, por supuesto, pero no lo logra.

Naruto abraza con poca fuerza al hombre y no puede sonreírle tan bien como quisiera. Le promete en voz baja que se irá a la cama cuanto antes. Deja que cierre la puerta después de un momento en incómodo silencio cuando se despiden y agradece a cualquiera que pueda escucharlo cuando se da cuenta que no hay preguntas sobre su extraña conducta.

Mira a la Luna…

Por supuesto que no está en un sueño eterno donde todos sus deseos se convierten en realidad… eso es demasiado para él.

Uzumaki Naruto está en una pesadilla… y no cree que pueda despertar de ella.


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Hasta el siguiente capítulo!