Naruto y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.

Advertencias: Rated M, Slash (slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.

-"ABC..."-. Diálogo

-"ABC..."-. Pensamiento


Mangata

Capítulo 2, El silencio del pasado

No logra dormir en toda la noche.

Ni siquiera lo intenta porque sabe desde el principio que será imposible hacerlo. El Hokage no entiende lo que sucede y Naruto se siente decepcionado por no verlo preocuparse un poco más por él –se trata de esa pequeña parte en él que sigue esperando la ayuda que sabe que no va a llegar–.

Sin embargo, está mucho más preocupado y desesperado por cuidarse de su propia mente como para fijarse demasiado en las acciones de un hombre muerto.

Todo está mal.

¿Cómo puede pretender dormir en ese lugar cuando ni siquiera debería estar ahí? Quizá ni siquiera debería estar vivo, pero… pero no se siente muerto.

No entiende nada –y eso no es ninguna novedad– y tampoco puede encontrar una manera para solucionarlo que sucede; no confía en el viejo Hokage para hablar con él y resolver sus problemas… y no confía en sí mismo para encontrar una respuesta o hacer algo. Necesita a Kurama urgentemente, pero cuando intenta hablar con él, no responde.

Está preocupado por su amigo, y el pánico casi logra consumirlo dos veces mientras recoge ropa y limpia el suelo a mano.

Kurama siempre responde…

Así que Naruto hace la segunda mejor cosa que puede ocurrírsele para entretener su mente y su cuerpo para no entrar en estado de pánico, de nuevo.

Naruto limpia su departamento a solas, sin ayuda de ningún clon –porque no se atreve a llamar a alguno y traer una imagen de su yo más joven, no puede siquiera verse en el espejo–. Limpia ese lugar obsesivamente, tanto, que le recuerda un poco a Kakashi-sensei… y lo odia.

Se toma toda la noche limpiando minuciosamente. Su departamento termina viéndose tan limpio como nunca en su vida lo está. Se toma el tiempo necesario para revisar toda la comida y tirar toda la comida vencida –algunos vegetales, dos envases con leche y algo que no reconoce, y otras cosas que no es tan estúpido como para abrir y averiguar de qué se trata–. Lava su ropa a mano y se relaja un poco al sentir el agua fría golpearlo.

Para cuando termina, Naruto se siente cansado, pero no lo suficiente como para dormir.

Está amaneciendo cuando Naruto decide que no puede soportarlo y sale de su departamento completamente vestido, dispuesto a olvidar su nombre entrenando en su pequeño campo de entrenamiento privado.

No es privado, no es pequeño… pero es el campo de entrenamiento que menos visitas tiene, un campo que conoce gracias a todas esas veces que se pierde en Konoha intentando evitar a los civiles y hacer algo productivo consigo mismo.

Corre alrededor sin rumbo fijo y se siente torpe. Intenta dar pasos y calcula las distancias pensando en un cuerpo más grande, piernas más largas, extiende los brazos para alcanzar a sostenerse, pero no se da cuenta de qué tan lejos está todo hasta que cae al suelo. Tropieza con sus propios pies y cae varias veces mientras corre; le lleva bastante tiempo lograr adaptarse a un paso medianamente normal y, cuando lo hace, Naruto se siente tan frustrado, que crea un clon para luchar.

No se fija en el rostro de su clon ni en la apariencia, sólo quiere golpear algo.

Y lo hace.

Sus clones desaparecen en cuanto los toca lo suficientemente fuerte, pero es humillante ver que no puede hacerlo tan bien como antes porque su cuerpo no es el mismo. Simplemente no responde con la velocidad a la que está acostumbrado y sabe –por las memorias de sus clones– que sus golpes no llevan la fuerza que deberían llevar.

Naruto logra calmarse lo suficiente cuando nota que su chakra responde tal como esperaría que hiciera durante la guerra –el alivio es tal, que debe sentarse un momento y respirar lentamente–. Sí, su cuerpo requiere trabajo –y no es lo suficientemente estúpido como para no darse cuenta de las debilidades que solía tener–, pero al menos con su chakra intacto, Naruto puede hacer lo que sabe hacer.

Regresa al departamento con la poca fuerza que le trae saberse no vulnerable en un mundo ajeno.

Quiere permanecer en el departamento hasta que no pueda esconderse más, encontrar la manera de comunicarse con Kurama y resolver todo, pero… pero… no puede… no puede levantar sospechas. No sabe si está en un mundo creado por el jutsu de Madara o algo similar, no puede saber si, de algún modo, toda su vida ha sido un sueño y acaba de despertar… no puede saber si… si acaso viaja en el tiempo y…

Todo parece tan real, todo es tan real que duele.

Ya no sabe nada…

Así que debe seguir la corriente de ese sitio hasta encontrar respuestas.

Teme que, si no lo hace, algo pueda sucederle, alguien puede sospechar de sus acciones y quizá hasta llevarlo a Tortura e Interrogación, y no quiere eso. Necesita estar libre para poder actuar, para regresar a casa y… y lo que sea, obtener respuestas… algo que le ayude.

Y, para su mala suerte, Naruto tiene cosas que hacer que no pueden esperar a que termine de comportarse como el niño que parece ser ahora.

De acuerdo con el Hokage, Naruto debe tomarse la estúpida fotografía de registro que no sirve para nada. Recuerda ese momento como algo emocionante, pero ahora mismo sólo se trata de un fastidio. Quiere asistir a tiempo, y no como la última vez, para evitarse problemas con el Hokage o las miradas de alguien que pueda ver algo extraño en él –entre menos problemas tenga, se dice, menos personas estarán interesadas en seguir sus movimientos–.

Sí… eso es…

Antes, cuando Naruto busca ser reconocido por cualquier persona en la aldea –cualquiera–, no importa si la atención que recibe es buena o mala, sólo importa que la recibe y que, por un momento, voltean a verlo. Es doloroso recordarlo ahora, cuando Naruto había logrado obtener el reconocimiento de toda la aldea.

Pero ahora, ahora cuando necesita pasar inadvertido, admite que es una mejor idea no llamar la atención que nadie ahí pretende darle –al menos no una atención positiva, piensa con amargura mal disimulada–.

Nadie puede sospechar algo sobre Naruto si simplemente… si simplemente no hay nada mal con él o sus acciones, ¿verdad?

Mantener un perfil bajo… no suena tan difícil.

Quizá sólo un poco.

Bien…

Deja escapar un gemido angustioso que ahoga contra su brazo, antes de dirigirse al baño y tomar una ducha rápida para alistarse y terminar con ese día lo más pronto posible.

El agua helada lo calma tanto como lo hace durante la noche y, para cuando sale, Naruto está decidido a resolver su problema, a pesar de no saber cómo y cuándo… de momento.

Evita su reflejo al salir y sólo se mira cuando se da cuenta que la mayor parte de su ropa sigue húmeda, por haberse lavado esa noche. Es un problema, porque lo único que tiene a la mano es su antigua chaqueta naranja –sonríe un poco al verla–, una remera negra y un par de pantalones oscuros.

¿Desde cuándo Naruto no tiene suficiente ropa?

No recuerda eso.

Antes de salir, Naruto crea un clon y le ordena quedarse en el departamento para meditar en su lugar.

Cualquier oportunidad que tenga debe usarla para contactar con Kurama o, en su defecto, intentar acceder al chakra natural y verificar si todas sus técnicas y habilidades siguen disponibles para él en caso de una emergencia.

Sakura-chan estaría increíblemente orgullosa de él, por haber pensado tanto en tan poco tiempo, se dice… y el buen humor desaparece por completo.

Extraña a todos.

Extraña a Sakura-chan y a Tsunade baa-san… extraña a sus amigos… a Shika y al resto…

Pero, se detiene al ver la calma de los civiles en las calles, no extraña particularmente la guerra y el dolor de todo el mundo… no extraña nada de eso.

Sólo… quiere volver.

Naruto se toma la fotografía en silencio y sin pintura en el rostro –no lo admite, pero olvida por completo ese pequeño detalle de su vida–, el hombre que la toma lo ignora tanto como ignora al resto de los niños que están esperando hacer lo mismo que él.

Con mucho cuidado, evita encontrarse con cualquiera de sus amigos –o quizá no lo son–, por lo menos hasta que debe regresar con el Hokage y entregar todos sus papeles.

El hombre lo felicita por tomarse en serio el registro shinobi –algo que no hace la última vez– y le pregunta cómo se encuentra. Naruto asiente con la cabeza y no dice nada mientras se encoge de hombros; sabe que es una mala elección de respuesta cuando el hombre intenta seguir preguntándole frente a otro shinobi que no reconoce sobre algo que le parece privado…

Pero en ese momento, justo en ese momento, entra Konohamaru.

Entra tal como entra aquella vez.

En su mano sostiene un shuriken sin filo con tanta fuerza que podría lastimarse y de forma torpe entra a la habitación con la idea de derrotar a su propio abuelo y quedarse con el título de Godaime Hokage de esa manera. Konohamaru tropieza con su larga bufanda y se golpea el rostro sin poder usar las manos para detenerse…

Naruto sonríe sin poder evitarlo.

Sonríe por primera vez desde que despierta en su cama y quiere agradecerle al menor por hacerlo sentir ligeramente mejor. Konohamaru es el niño que recuerda, si acaso algo más pequeño, y puede tranquilizarse al verlo porque sabe que, ni siquiera si está en el Tsukuyomi, Konohamaru podría hacerle daño.

Sus planes para ocultarse en su departamento, sin embargo, desaparecen cuando el niño se le acerca para retarlo por haberlo hecho tropezar y, aunque Naruto ríe de buena gana a sus palabras, no se contiene al golpearlo en la cabeza, porque no puede permitir que siga usando el nombre de su abuelo para defenderse. A veces olvida los problemas que Konohamaru solía tener por su familia.

No nota cómo el Hokage lo mira y suspira aliviado.

Pasa el resto del día en compañía del menor, cuidando de él y jugando a ser shinobi, mientras le explica –o intenta– lo que significa para él ser Hokage… o lo que significaba… o significaría… o algo así.

Es agradable ver qué tan receptivo es el niño y Naruto no puede contenerse cuando lo abraza un par de veces durante el día –eso no es normal, no es algo que haga comúnmente, pero Konohamaru no parece molesto, así que ninguno menciona nada–, porque son cosas que aprende a apreciar después.

Admite que extraña la forma en que Konohamaru actúa a su alrededor –no lo ve desde la invasión y lo extraña también–, quiere llorar en cuanto siente la familiar sensación de su presencia, pero no lo hace porque Konohamaru no es su Konohamaru y ese niño no necesita ver a Naruto llorando por tonterías.

Casi todo sucede como debería haber sucedido –y tiene mucho cuidado de hacer las cosas tanto como recuerda–. Excepto que Naruto pasa quizá demasiado tiempo enseñándole más sobre cómo lanzar un shuriken apropiadamente –y ayudándolo a atar su bufanda sin dejar una trampa mortal arrastrándose por el suelo– que enseñándole su jutsu especial. Y quizá ignora a Ebisu con más esfuerzo que la última vez porque, lo admite, el hombre no le causa confianza en ningún sentido.

No importa nada porque, al final, Naruto no tiene por qué tratar con Ebisu más allá de lo estrictamente necesario y espera resolver su problema antes de volver a hablar con el hombre.

Acompaña a Konohamaru hasta su casa y no se da cuenta que el menor termina mirándolo con la misma admiración de antes y tampoco nota que el niño parece algo más interesado en sus palabras que la última vez.

No tiene cabeza para nada de eso.

Quiere prestarle la atención que merece, porque Konohamaru es un niño y recuerda haber tenido esa misma edad y buscar con desesperación la atención de alguien, de cualquiera, pero… pero… Naruto tiene problemas, Konohamaru no se merece eso de él.

No se atreve a salir de su departamento más allá de acompañar a Konohamaru a jugar o entrenar por su cuenta antes del amanecer, simplemente no puede…

Tiene miedo.

Tiene miedo de enfrentarse a un mundo que es exactamente como su pasado, hasta el más mínimo detalle.

Si todo sigue por el mismo camino que ha tomado hasta ahora, Naruto tendrá que enfrentarse a personas que no está seguro de querer ver.

Y no está preparado para eso.

Busca en medio del pánico poder hablar con Kurama, de cualquier manera. A veces, mientras medita o intenta hacerlo, Naruto cree escuchar algo, pero siempre recibe el silencio como respuesta. Se distrae tanto –mientras busca la manera de fastidiar a Kurama lo suficiente como para obtener una reacción–, que tropieza con sus propios pies o se lastima al entrenar más de lo que está acostumbrado.

Pero sabe que no puede rendirse porque Kurama está ahí. Puede sentirlo tanto como su conexión lo permite, siente su chakra y… y está seguro que debe seguir intentando…

El silencio es horrible, no lo soporta.

Pasan dos días en los que Naruto cree que se ha vuelto loco, lo suficiente como para creer que ha imaginado todo un futuro en el que… en el que, de alguna manera, crea toda una guerra. Pero Naruto no es idiota, no tanto como todo el mundo quiere creer, y sabe los límites de su propia imaginación, sabe que él no es capaz de haber pensado todo un futuro en donde él es, de alguna manera, el salvador del mundo junto con el resto de sus amigos ante la amenaza de Uchiha Madara y asociados.

Puede estar loco, sólo que no a tal grado.

Ríe por su propia estupidez y llora por lo mismo –por favor, como si él fuera capaz de detener el paso del tiempo–; busca excusas para no presentarse a la orientación en la Academia –porque tendrá que ver a Iruka-sensei y al resto de sus… no, al resto de compañeros de clase que alguna vez conoce– y algunas de ellas podrían ser válidas… aunque Naruto sabe que no debe usarlas, que no debe llamar la atención y faltar al día más importante para un recién graduado puede ser considerada una acción fuera de lo común.

Así que despierta temprano esa mañana –en realidad, casi no puede dormir, como las otras noches– y se toma el tiempo para salir a entrenar antes de prepararse para seguir con un día que promete ser el peor en su corta existencia. Tal vez tarda más de lo que debería, se dice mientras se ducha y se viste sin ánimo, distraído.

No desayuna, aunque no es como si tuviera demasiado que comer en ese lugar cuando no se atreve a visitar el mercado y comprar algo.

Duda frente a su protector por un momento, no estando seguro de lo que podría hacer con eso, pero al final, Naruto está tan acostumbrado a usar uno, que realmente no lo piensa demasiado. Su protector es parte de él.

Llega a la Academia con tiempo de sobra, a pesar de su esfuerzo por lograr lo contrario, e ignora como puede las miradas que recibe mientras camina por los pasillos –es una novedad, porque normalmente todo el mundo, antes, intentaría ignorarlo–. No entiende el súbito interés de los niños y algunos profesores, pero Naruto no se toma el tiempo para averiguarlo mientras entra en el salón que, recuerda, fue el suyo.

No es como si fuera a tener contacto con la mayoría de las personas que se empeñan en mirarlo, no realmente. De todos los alumnos de la Academia con los que comparte clases, Naruto sólo puede recordar los rostros de los ocho novatos con los que comparte generación… y a los chicos del equipo Gai, por supuesto.

Sabe que, si en ese lugar las cosas se desarrollan tal como en casa, entonces sólo nueve de los chicos ahí –incluyéndolo– crecerán para ser parte de las fuerzas shinobi de élite.

Toma asiento al final de la clase, junto a una de las ventanas –puede que no quiera llamar la atención de otros, pero no es lo suficientemente idiota como para querer repetir ese momento de su vida al sentarse junto a un Sasuke que todavía no está ahí–.

-"Naruto, ¿qué haces aquí?"- alza la cabeza y voltea a ver a Shikamaru, no su Shika, el chico que se vuelve parte esencial de Konoha por su gran intelecto, sino el mismo niño con el que juega algunas bromas en la Academia –"Este lugar es sólo para los graduados"-.

Suspira sin darse cuenta –"Soy un graduado, Shikamaru"- no recuerda lo mucho que duele escuchar esas palabras y ese tono de voz de alguien que consideró un amigo, pero decide que no debe darle tanta importancia ahora porque todo eso lo recuerda, tanto como que sabe que ya lo ha vivido.

Naruto no es muy inteligente, pero tampoco es tan idiota como para darle más importancia de la que tiene.

Explicarse frente a un chico que, incluso a esa edad, es un genio, no promete ser divertido –no confía en sí mismo como para lograr mentirle a Shikamaru–, así que se gira en su sitio y deja descansar la cabeza entre los brazos, evitando que la luz entre en su campo de visión.

Demasiado preocupado por evitar una conversación más, no se da cuenta cómo Shikamaru se encoge en su sitio e intenta llamar su atención de nuevo antes de detenerse y dirigirse a un asiento en la siguiente fila –donde toma asiento la última vez–, mirándolo fijamente en todo momento.

Escucha los murmullos sin mucha atención y el movimiento a su alrededor por lo que le parecen horas interminables –en algún punto alguien toma asiento a su lado, una sorpresa, seguro– y se pregunta cómo es que logra soportar todo eso sin generarse un dolor de cabeza como aquellos que Iruka-sensei tiene cuando lidia con él.

No es hasta que escucha los gritos de Ino-chan y Sakura-chan que Naruto levanta la vista mira sin ver realmente hacia las dos niñas que se dirigen… directamente hacia él…

No, espera…

No van hacia él, él jamás ha llamado la atención de esas dos y está seguro que no es su presencia la que buscan…

Cuando voltea a su derecha, se da cuenta que Uchiha Sasuke está ahí.

Uchiha Sasuke, el bastardo que insiste en fastidiarlo desde que se conocen, está ahí, a su lado. Sentado como si nada extraño sucediera en el mundo.

Y, para ser honesto, no le sorprendería… sino fuera porque recuerda ese día casi a la perfección.

Recuerda llegar algo más temprano de lo normal, recuerda llegar a un salón donde su asiento usual está ocupado por Sasuke y el asiento a la derecha está libre. Recuerda tomar asiento por costumbre y para fastidiar al otro… y recuerda lo que sigue después de eso.

Ahora, sin embargo, Naruto se asegura de tomar un asiento al fondo del salón, en la esquina que da a la ventana, donde nadie querría sentarse si es que Naruto está cerca… y… y Sasuke está a su derecha…

No puede evitar el gesto de fastidio en su rostro –"¿Por qué no se va de una vez?"- no está de humor, no le importa si se trata de niños, si comienzan a fastidiarlo más de lo que ya está, Naruto no va a tocarse el corazón.

-"Naruto, muévete"- escucha decir a Sakura-chan.

-"Ah… cierto"-.

¿Por qué no lo sorprendía esa actitud?

Es deprimente pensar que, de no haber huido Sasuke, la relación entre el equipo 7 no habría cambiado mucho. Naruto la ignora y se gira en su sitio, porque es eso o gritar algo de lo que se puede arrepentir –esa Sakura no tiene el entrenamiento de su compañera, pero eso no significa que quiera soportar el golpe de una niña con la mano pesada–, pero no se atreve a ocultarse entre sus brazos, no confía, no va a confiar.

Eventualmente, Sakura termina por ignorarlo en favor de centrar toda su atención en el niño a su lado y eso, por primera vez en su vida, está bien para él.

-"Buen día, Sasuke-kun"- oh, tanta amabilidad… ¿cómo es que llegan a creerle? Sakura puede ser muchas cosas, pero definitivamente no así de amable –"¿Te molesta si me siento junto a ti?"-.

Naruto mira de reojo a Sasuke y nota una expresión de asco bajo la máscara indiferente que suele usar –como un niño, Sasuke no tiene la misma habilidad que su versión mayor para ocultar sus emociones–. Sonríe un poco sin poder evitarlo –"Tal vez debería disculparme… no"- quizá Sasuke tiene ciertas razones para no querer la compañía de Sakura-chan, pero Naruto sabe que Sasuke es un imbécil y puede rechazarla, y a todas las otras niñas, con un poco más de delicadeza.

Escucha la discusión de todas las niñas del grupo y la pelea para tomar el último asiento junto a Sasuke, pero no presta atención.

Suspira definitivamente aliviado cuando Iruka-sensei entra al aula y nada sucede entre él y Sasuke, pero al mismo tiempo siente el impulso por llorar cuando no puede ver ahí al mismo Iruka-sensei que recuerda. La persona que cuida de él incluso durante una guerra.

No está preparado para eso y está decidido a evitar cualquier confrontación por el mayor tiempo posible.

-"Tomen asiento, por favor"- y definitivamente recuerda ese discurso.

Iruka-sensei habla sobre lo que se espera de ellos en su nueva carrera shinobi, comenta algunas cosas sobre el tipo de misiones que pueden esperar –convenientemente dejando de lado las misiones de rango D– y les habla sobre los equipos genin. Iruka-sensei lanza algunas miradas en su dirección y Naruto intenta sonreírle un poco, pero no sirve de nada cuando el hombre frunce el ceño.

-"De acuerdo, ahora llamaré a los equipos"-.

La conmoción por ser parte de un equipo en específico es graciosa hasta cierto punto. Naruto, que ya sabe el resultado de todo eso, no se muestra mínimamente sorprendido por la extraña selección de los primeros seis equipos. Poco después, escucha los nombres que conoce.

Equipo 7, Haruno Sakura, Uchiha Sasuke y Uzumaki Naruto…

Es la victoria en la voz de esa Sakura-chan la que hace que Naruto se despierte por completo y sienta cierta punzada en el pecho que prefiere ignorar. Es de esperarse esa reacción, sabe lo que sigue y sonríe internamente al verla bajar la cabeza en derrota cuando escucha su nombre al final.

No importa lo mucho que puede emocionarle escuchar sobre el equipo 7 de nuevo, no cuando se recuerda que esos dos niños no son su equipo. Son niños sin el entrenamiento que sabe que tendrán, son niños sin experiencia y con sueños que distan de lo que sabe que sucede en el futuro… en su futuro.

Nada hay ahí para él que sombras de lo que puede llegar a ser, remordimientos y una brecha… una brecha que no quiere admitir que existe.

Son el peor equipo posible.

Naruto no se molesta en escuchar el resto –aunque se da cuenta que los niños comienzan a gritarse entre ellos, algo que no sucede la última vez, y eso lo confunde– y esconde de nuevo la cabeza en sus brazos.

Tal vez, se dice, tendría que haber comido algo.

Porque esperar a Kakashi-sensei… va a ser un martirio, en especial para él porque no se siente capaz de enfrentar a otro rostro conocido que no cambia a pesar de los años que transcurren. Quiere regresar a su departamento de una buena vez y fingir que… que está durmiendo junto a Sasuke en medio del Valle del Fin…

Tendría que haber comido algo.

No alza la mirada de nuevo, incluso cuando Iruka-sensei anuncia la hora del almuerzo y la campana suena. Por lo menos hasta que todos los niños se van, Naruto decide ignorar su existencia lo mejor posible para evitarse un problema o… o tener que ver a los ojos a alguien como Sakura-chan o Sasuke.

Afortunadamente para él, todo el mundo se va y lo deja solo casi de inmediato –no piensa en la ligera presión del pecho cuando se da cuenta qué tan importante es para todos ahí–. No se sorprende cuando, al ver por la ventana, nota a Sakura-chan mirar hacia todos lados intentando buscar a Sasuke para almorzar con él.

No se arrepiente en ningún momento cuando sale de la Academia y se dirige a Ichiraku con el poco dinero que todavía tiene sin siquiera mirar un poco a la niña que busca desesperada por algo que no va a suceder, no se arrepiente de no repetir la humillación que significa ser rechazado por Sakura-chan mientras finge ser Sasuke –de acuerdo, él se lo busca, pero sigue lastimando su orgullo y no pretende repetir ese tipo de cosas sólo por no llamar más la atención–.

Camina en silencio hasta Ichiraku y se sienta.

No espera ver la inmediata preocupación de Teuchi oji-chan –"Naruto, ¿estás bien?"- pregunta el hombre mientras se inclina hacia él –"Pensé que hoy tenías que estar en la Academia"-.

Ah… sí.

Naruto asiente con la cabeza e intenta sonreírle –"Eh… sí, pero… no comí nada en la mañana"- luego agrega –"Desperté muy emocionado y lo olvidé…"- ríe, pero incluso para sus oídos, la excusa es simplemente ridícula.

El hombre no dice nada mientras le sirve un plato de ramen.

A pesar de todo lo que puede estar sucediendo con su vida en ese preciso momento, Naruto no puede evitar sentirse ligeramente mejor al ver cómo Teuchi oji-chan lo trata con el mismo cuidado con el que lo trata desde siempre –nada en el hombre cambia, es una constante y, está seguro, Ayame-chan también será así–. Agradece que personas como ellos existan, y que existan en su aldea y justo en ese momento, porque Naruto siente que puede ahogarse si no tiene cuidado.

La mano en su cabeza llama su atención y sube la mirada –"No has comido mucho"- y, en efecto, su plato no ha bajado tanto como debería –"¿Qué sucede, Naruto?"- normalmente, el hombre no lo presiona para hablar, sólo lo escucha paciente.

Naruto sonríe un poco –"Hoy anunciaron los equipos…"- y no tiene el mejor equipo que podría tener, para ser honesto.

Aunque no dice más, el hombre parece entender y asiente con la cabeza –"¿Qué sucedió con tu ropa?"- pregunta para cambiar de tema a algo menos importante.

Naruto debe bajar la mirada para observar a qué se refiere.

Oh.

Bien, tampoco es la gran cosa, supone.

Usa un pantalón negro algo más grande de lo que debería usar –de esos que recuerda comprar en la tienda de segunda mano y que es lo único que le permiten tomar– y una remera gris casi tres veces más grande que él. Lo único que reconoce de su apariencia es el protector que siente en la frente y el familiar peso de su bolsa con kunai.

No sabe qué decir, así que simplemente se encoge de hombros y sonríe un poco –interiormente, Naruto se siente un poco más confiado al usar ropa sin mucho color, porque no está llamando la atención que normalmente busca atraer–.

Paga su almuerzo y le promete al hombre visitarlo pronto para contarle todo lo que pueda contar sobre su nuevo equipo –Naruto sabe que no hay mucho que pueda contar sobre el equipo 7, a menos que se traten de todas las discusiones que se crean–.

Le parece inútil regresar a esperar por horas la llegada de un hombre que conoce un poco mejor de lo que todos pueden imaginar, pero de todos modos lo hace porque prefiere eso a lidiar con un reproche del Hokage, de Iruka-sensei o la estúpida mirada de condescendencia de Kakashi-sensei. Al menos, se dice, tiene la oportunidad de planear una broma mejor a la última que realiza en el hombre.

Como espera, pasan horas en las que Naruto se oculta en sus brazos o mira por la ventana, horas en las que el resto de los jōnin aparecen y buscan a su equipo.

Ve a Kurenai-sensei y luego ve a Asuma-sensei –un hueco en el estómago aparece y Naruto suspira e intenta controlarse al ver a un hombre que, en teoría, debería estar muerto–.

Y pasa la primera hora…

Y el resto de los estudiantes se van.

Sólo Sakura-chan y Sasuke permanecen ahí con él.

Así que Naruto decide usar su tiempo en algo importante, y comienza a meditar para llegar a la prisión de Kurama –no quiere llamarle prisión, pero sabe que no es otra cosa–.

Kurama sigue sin responder, pero Naruto se tranquiliza al sentirlo cerca, al saber que está ahí, que su chakra está ahí –caliente, escaldando su piel–.

Pasan dos horas… y Naruto comienza a pensar que Kakashi-sensei simplemente es un imbécil y no sólo un hombre con problemas para superar la muerte de sus compañeros.

Sasuke es el primero en perder la paciencia y no Naruto.

Se le acerca por detrás e intenta averiguar qué es lo que hace, mientras Naruto se tranquiliza con respiraciones profundas y la sensación de Kurama en él; busca ser discreto y en realidad podría haberlo logrado porque sus pasos son silenciosos, pero Naruto puede sentir sus movimientos y su chakra responder al ambiente a su alrededor. Siente su curiosidad y también un desdén por todo lo que significa Naruto, así que lo ignora.

Pasan tres horas para que Naruto decida que, no sólo Kakashi-sensei es un imbécil de primera, sino que es evidente lo mucho que le importa el estúpido futuro de Konoha, su trabajo o los niños que, impacientes, esperan de alguien que pueda guiarlos.

¿Siempre fue así?

Si así fue, ¿por qué Naruto tarda tanto en verlo?

Todo intento de cualquier tipo de broma queda en el olvido cuando siente el familiar chakra de Kakashi-sensei frente al Monumento a los Héroes, alejándose lentamente en dirección a la Academia. No sólo porque no tiene tiempo de hacer una buena trampa que sirva contra el hombre, sino porque Naruto no es tan insensible como para fastidiarlo después de visitar… de visitar a quien quiera que visite ahí.

Y, entonces, las cosas cambian.

Naruto está sentado al fondo del salón cuando sucede.

Sasuke y Sakura-chan están al frente.

Y Hatake Kakashi entra.

Es exactamente el mismo hombre que recuerda, con la misma expresión de fingido aburrimiento y pereza. El protector cubre su ojo izquierdo, donde sabe ahora que tiene el sharingan de Obito, su cabello es quizá algo más largo, pero Naruto reconoce al hombre con el que va a la guerra y al que llega a respetar como un compañero y no precisamente un sensei.

No duele tanto como sabe que debería, pero eso es probablemente porque pasa tres horas dentro de su mente, empapándose en el chakra de algo familiar en vez de lidiar con su nueva realidad… si es que es la realidad y no un sueño.

Kakashi-sensei los observa por diez segundos, y Naruto cree que exagera, cuando habla por primera vez hacia ningún lugar en particular –"Mi primera impresión de ustedes es… ¿cómo puedo decirlo fácilmente?"- Naruto abre los ojos y lo mira fijamente, esperando lo que va a decir –"Los odio"- así que no tiene nada que ver con su pequeña broma la primera vez, eso es… ¿bueno? Supone que puede ser peor –"Los veo en el patio superior"- señala el techo y desaparece.

Naruto suspira y sale del salón sin ánimo.

Puede hacerlo.

Puede hacerlo…

Puede pasar unos diez minutos más con el equipo 7 en una parodia total de su pasado.

Sólo algunos minutos…

Y podrá huir.

-"Puedo hacerlo…"- cree que puede hacerlo.

Escucha los pasos de Sasuke y Sakura-chan detrás de él, pero se asegura de no voltear a verlos en ningún momento. Siempre que parece que van a alcanzarlo, Naruto decide caminar ligeramente más rápido.

Al final, aunque no es lo que quiere, llegan al patio al tiempo que Kakashi-sensei se apoya en la baranda y los mira… no… los examina…

Kakashi-sensei mira desinteresado a tres niños que caminan hacia él, excepto que el hombre no está sólo mirándolos aburrido, sino que analiza sus movimientos… la forma en que interactúan, seguramente, todo.

Naruto suprime una mueca y no puede evitar encogerse cuando la mirada del único ojo visible se posa en él. Desvía la mirada ligeramente hacia la izquierda, donde no hay nadie y sólo puede ver la copa de los árboles.

-"Siéntense"- dice cuando llegan lo suficientemente cerca de él –"Muy bien, ¿por qué no se presentan?"- sugiere cuando los tres están sentados en los escalones, con Naruto un poco más alejado de los otros dos.

-"¿Presentarnos?"- pregunta Sakura-chan –"¿Qué deberíamos decir?"-.

-"…"- prácticamente puede escuchar a Kakashi-sensei llamarla idiota por preguntar algo así, al menos no es una actitud limitada a Naruto –"Lo que les gusta, lo que no les gusta… sus sueños para el futuro… pasatiempos"- Naruto inclina la cabeza hacia el hombre –"C-Cosas así…"-.

¿Uh?

Nadie dice nada más, y Naruto no está dispuesto a preguntar de nuevo por todos ahí algo sobre el hombre; con cierta satisfacción que no es necesaria, Naruto cree que los niños son los que deben preguntar si quieren conocer a su sensei.

-"¿Por qué no se presenta usted?"- pregunta Sasuke al final, quizá molesto, seguramente molesto.

Es impaciente… casi tanto como Naruto… le alegra saberlo, a pesar de comprenderlo casi cinco años después.

-"¿Yo?"- el hombre finge pensarlo –"Yo soy Hatake Kakashi"-.

-"Shinobi de rango S, con una reputación en todo el mundo por sus habilidades… conocido como Kakashi del Sharingan…"- Naruto presiona los labios juntos.

-"Lo que me gusta y no me gusta… no tengo interés en decirlo"- se encoge de hombros –"Mis sueños para el futuro… nunca había pensado en eso"- Naruto arquea una ceja, pero no interrumpe –"En cuanto a mis pasatiempos… tengo muchos pasatiempos"-.

-"Sí… como leer novelas eróticas de una pésima calidad…"- supone que, al menos, el hombre no comenta nada de sus malos hábitos.

Sakura-chan frunce el ceño y mira hacia Naruto y Sasuke –"Eso fue totalmente inútil"- sí, eso es verdad –"Lo único que nos dijo fue su nombre"- bien, podrían buscar su entrada en el libro Bingo, suponía, no es como si no fuera posible hacerlo, ¿verdad?

Ahora que son genin, tienen acceso a otro tipo de documentos… o eso dice Shikamaru.

-"Muy bien, ahora es su turno"- y Naruto gira la cabeza justo a tiempo para ser señalado –"Tu primero"-.

Abraza sus piernas –"Mi nombre es Uzumaki Naruto, -ttebayo"- se muerde la lengua –"Me gustan las plantas y los entrenamientos al aire libre"- y pasar el tiempo con Iruka-sensei –"No me gusta… no tengo nada en particular que me desagrade"- se encoge de hombros porque no cree que sea prudente mencionar lo que no le gusta –"Mi sueño es… convertirme en Hokage"- y terminar con el ciclo de odio –"Mis pasatiempos son la jardinería, meditar y entrenar"-.

Su presentación es distinta a la que da la última vez, pero no puede decir que le importa demasiado, después de todo, no es como si alguien ahí lo conociera como lo conoce su equipo 7, ¿verdad?

Además, sabe que sólo Kakashi-sensei está escuchándolo, así que no le preocupa decir algo extraño.

Ni siquiera pasa por su mente que, mientras Naruto se presenta, la atención de los dos niños está en él y en su inusual forma de hablar –su voz no se alza por encima de la inexistente voz de alguien más, se dirige al hombre frente a ellos y no a todo el mundo–.

-"Bien…"- Kakashi-sensei tarda más de lo normal en continuar –"Siguiente"- y apunta con el dedo a Sakura-chan.

-"¡Yo soy Haruno Sakura!"- dice la niña en una voz aguda y suave, la misma que usa cuando está junto a alguna autoridad o frente a Sasuke –"Lo que me gusta es… quien me gusta es…"- y mira a su izquierda.

Naruto rueda los ojos, pero oculta una sonrisa cuando nota que Sasuke se remueve en su sitio y pretende alejarse un poco de la niña –"Bien… te lo mereces"- piensa sin mucho humor.

-"¿Y lo que no te gusta?"- es casi como si Kakashi-sensei no quisiera escuchar la respuesta, pero es ridículo, el hombre ni siquiera quiere estar ahí.

-"¡Naruto!"-.

Naruto arquea una ceja, pero no dice nada.

¿Qué puedes decir cuando una niña parece odiarte tanto que eres la primera respuesta en su mente cuando la pregunta se hace? Sabe que, con el tiempo, Sakura-chan aprende a aceptarlo… o quizá sólo a soportarlo lo suficiente para trabajar juntos. Al final, no pasan demasiado tiempo juntos después de la separación del equipo, y sólo comparten cuando deben lidiar con las misiones del reformado equipo 7.

Sabe que, si se trata de una opción para ella, Naruto ni siquiera es contemplado como buena compañía… lo sabe y lo acepta… ¿qué más puede hacer?

-"Ah…"- Kakashi-sensei carraspea, incómodo –"¿Y tú?"-.

Sasuke no se mueve de su sitio y su voz es amortiguada por sus manos, pero Naruto se sabe ese discurso como sabe el camino que el niño toma para matar a su hermano –"Mi nombre, Uchiha Sasuke"- luego suspira –"Me disgustan muchas cosas y no me gusta nada en particular, mi sueño no es un sueño, es una meta… reestablecer mi clan… y matar a cierta persona"-.

Naruto quiere tomarlo en serio, en verdad quiere ver la amenaza y la promesa detrás de las palabras de Sasuke, quiere hacerlo porque sabe que es verdad que es… prácticamente una profecía. Sasuke, lo recuerda, es un niño que intimida a cualquier otro de su edad, por la forma en la que habla, por la apatía que demuestra… pero ahora…

Incluso si sufre de un trauma como el que sufre, incluso si Sasuke realmente cree todo lo que dice y el ansia de matar a Itachi es lo que mueve todas sus acciones de una forma deprimente. Aunque Naruto lo entiende y sabe lo que significa una soledad como la que Sasuke soporta después de la masacre de su clan, Naruto lo sabe… lo entiende… pero declarar sus metas así… ¿por qué no simplemente decide no responder?

Naruto se siente mal por pensarlo, pero… ahora que lo escucha, con cuatro años de ventaja sobre los tres ahí… Naruto cree que Sasuke es demasiado dramático para su propio bien.

-"De acuerdo…"- Kakashi-sensei parece no estar de humor para decir mucho más –"Mañana tendremos nuestra primera misión, un ejercicio de supervivencia"-.

Naruto sabe lo que sigue.

Escucha con vaga fascinación cómo Sakura-chan y Sasuke se indignan al saber que, probablemente, tengan que regresar a la Academia. Están asustados, o quizá molestos, y no los culpa, Naruto lo siente la última vez que hace eso –la única diferencia es que, ahora mismo, nada le importa demasiado como para reaccionar–. Escucha claramente la diversión en Kakashi-sensei y, si no se equivoca, el fastidio de tener que seguir lidiando con ellos.

Sí…

Kakashi-sensei no es un hombre fácil de entender y tampoco parece particularmente feliz por convivir con ellos más de lo estrictamente necesario. Conociéndolo, el hombre prefiere mantenerse a solas, en algún lugar, lejos de cualquier interacción humana que requiera un esfuerzo…

Les explica las posibilidades de aprobar y se despide dándoles la espalda –"Campo de entrenamiento 3, a las cinco de la mañana… no lleguen tarde… ah, y les sugiero no comer nada, porque sólo van a vomitar"-.

-"Grandes palabras… Kakashi-sensei"- se dice mientras se levanta y ve al hombre desaparecer.

Nada cambia.

Naruto mira a los otros dos, incómodo por permanecer ahí más tiempo de lo que iba a hacerlo –"Eh… supongo que nos vemos mañana, -ttebayo"- se despide antes de decir o hacer alguna tontería más.

Hablar con ellos no está permitido, no puede hacerlo porque simplemente no hay razón para ello. No puede perder de vista el gran problema en el que está, no puede… no puede involucrarse con nadie ahí.

Ya está cansado de salir herido.


¿Reviews? ¿Qué les pareció? Comentarios y críticas son muy bienvenidos.

Hasta el siguiente capítulo!