Naruto y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.

Advertencias: Rated M, Slash (slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.

-"ABC..."-. Diálogo

-"ABC..."-. Pensamiento


Mangata

Capítulo 4, Los sabores del ramen

Naruto se siente culpable.

Todos los días se despierta más temprano de lo que acostumbra en toda su vida, ya sea por las pesadillas, los recuerdos o porque simplemente no puede soportar la suavidad de una cama que antes puede causarle dolor en la espalda. Se levanta temprano y huye de su departamento en busca de aire limpio…

Y entrena…

Su cuerpo sigue teniendo problemas para adaptarse a su conocimiento y habilidades, tropieza más de lo normal, le duelen los brazos y las piernas como nunca antes y a veces la comida no es suficiente, pero Naruto sabe que progresa rápidamente –mucho más rápido de lo que él mismo espera–, en un frenesí de algo que nadie puede saber o entender.

Entrena más de lo que acostumbra hacer con el cuerpo de un niño de doce años que no obtiene demasiado alimento regularmente y, gracias a eso, su ropa deja de quedarle como debería, más rápido de lo que podría ser sano.

Antes, su cuerpo tiene suficiente con lo que consume –está acostumbrado–, pero ahora Naruto hace el doble de actividad física y, aunque se adapta fácilmente, simplemente hay cosas que no puede modificar, así como así. Naruto es un adolescente que proviene de una guerra, acostumbrado a comer mayores cantidades de comida –o usar las píldoras– y trabajar mucho más de lo que antes lo hacía. No es ningún niño y, aunque su cuerpo es el de un niño, su mente no lo es.

Pero lo ignora…

Porque no puede detenerse.

Sale a entrenar por horas antes de ser capaz de regresar a su propio departamento, porque no soporta el olor a humedad que antes no reconoce, no soporta el silencio y… y no soporta que ese lugar siga existiendo cuando él sabe muy bien que no debería existir. Sale a entrenar y regresa horas después, cuando logra tranquilizarse; regresa a su departamento y come algo para encontrarse con los niños del equipo 7 después.

Incluso el ramen que pasa por su boca le sabe a lodo caliente mezclado con algo de sal, Naruto quiere llorar porque no puede hacer nada por eso.

Encontrarse con ese equipo 7 es difícil; saluda a los dos niños tan amablemente como es capaz de hacer –como lo haría si se tratara de niños de la edad del Konohamaru que deja en su mundo, en los mejores días–. No puede mirarlos a los ojos o intentar entablar una conversación con alguno.

No puede.

No son ellos, no son…

No es lo que recuerda, no es su vida y… y quizá es su culpa, pero no tiene intenciones de repetir todo sólo porque quiere pasar inadvertido. No es lo que recuerda y las cosas cambian más de lo que puede soportar. Ve los rostros infantiles y recuerda que esa época pasa mientras él cree en un futuro mejor… Naruto viene de un futuro… y podría haber sido mejor.

Pero los ve… lo ve cuando hace años que no puede estar cerca de Sasuke apropiadamente, de Sakura y de Kakashi…

Son tres semanas en las que lleva la misma rutina y, mientras que no tiene problema en realizar la mayoría de las tareas que les asignan –han evitado la misión de Tora y eso es un cambio que agradece infinitamente–, Naruto se siente ajeno a su cuerpo y a su vida. Llevan tres semanas en el servicio activo –realizando tareas domésticas con el nombre de misiones– y Naruto, al menos, nota un incremento en el dinero que ahorra. Tiene el dinero suficiente para comprar un mínimo de comida y el resto lo guarda, no sabe por qué, sólo sabe que no le interesa demasiado gastarlo.

Tiene dinero, una rutina, un equipo y la paz que añora… todo está mal… pero al mismo tiempo, todo está bien, mejor de lo que ha estado en mucho, mucho, tiempo.

Lo odia.

Nada de eso es realmente importante porque… porque Naruto se siente culpable por disfrutar esas semanas más de lo que disfruta el recuerdo de su pasado.

Disfruta de despertar temprano y pasar tiempo a solas antes de ver al equipo, se siente bien cuando deja a un clon en casa y puede ser productivo dos veces al mismo tiempo, no se siente tan mal cuando saluda a todos… está casi feliz cuando nadie en su equipo le grita o dice algo sobre su estupidez o tardanza o torpeza…

¿Por qué se siente culpable?

Lo tratan… de acuerdo, no lo tratan bien, pero tampoco puede decir que lo tratan mal… ¿por qué se siente tan miserable?

¿Por qué no encuentra una forma de regresar a casa y olvidarse de ese horrible sueño que sólo lo tortura?

A veces, cuando terminan una misión y esperan recibir el pago en la Torre del Hokage –evitando de cualquier manera a Iruka-sensei o al Hokage mismo–, Naruto olvida por momentos que el Sasuke que comienza sus discusiones diarias no es su Sasuke, que sus comentarios sobre su desempeño no tienen la misma fuerza a la que está acostumbrado –y le responde–. Olvida a veces que esa niña, esa Sakura-chan no es la misma que él conoce, la que disfruta de gritarle o jugar bromas con él cuando tienen el tiempo. Pero, por encima de todo, olvida por largos ratos que el Kakashi-sensei con el que interactúan no es el hombre que Naruto conoce, porque el hombre es constante, no cambia… excepto que cambia, y es tan diferente que le duele verlo a los ojos.

Cuando se da cuenta de sus errores, Naruto intenta ocupar el menor espacio posible y no habla con ninguno a menos que sea realmente necesario.

Nadie nota esos momentos –quizá porque no lo conocen–, o eso se dice… por lo menos hasta que recibe la familiar atención de Iruka-sensei sus preguntas incómodas que lo dejan sintiendo un calor en el pecho que… que disfruta.

Iruka-sensei los espera en el escritorio donde trabaja todos los días para recibir su reporte –escrito por Sasuke, sorprendentemente–. Tienen una misión rango D bastante similar a otra que vive con su equipo, así que Naruto sólo espera regresar al departamento y encerrarse ahí en cuanto Kakashi-sensei les dé la oportunidad de retirarse.

Entra decidido a no mirar a Iruka-sensei, pero sus planes no funcionan cuando el hombre lo llama desde el escritorio para preguntarle sobre la misión. Su pánico inicial disminuye cuando ve la expresión del hombre; Iruka-sensei es de las únicas presencias estables en su vida, en ese extraño mundo y en el propio, no importa lo que suceda, siempre es el mismo… y Naruto estaría ofendiéndolo si no dijera que aprecia todo lo que hace por él.

-"Naruto, ¿podemos hablar?"- sabe que no es una pregunta así que sólo asiente con la cabeza y espera a que el hombre tome cierta distancia del equipo –"¿Cómo te trata la vida de un genin?"-.

No nota la mirada de Kakashi-sensei en ellos y tampoco nota la forma en la que Sakura-chan y Sasuke se detienen detrás de su sensei.

Naruto se encoge de hombros –"Aburrido…"- aunque aburrido es lo último que piensa sobre su experiencia esas últimas semanas –"Creí que tendríamos mejores misiones"-.

Como Iruka-sensei no parece convencido, insiste –"¿Y qué tal tu equipo?"-.

Ese equipo, duele admitirlo, funciona mucho mejor que su equipo.

Es decir, Kakashi-sensei continúa ignorándolo por encima de Sakura-chan y Sasuke, el hombre llega tarde a las reuniones y no parece dispuesto a enseñarles más de lo que pretende hacer con el famoso trabajo en equipo, pero al menos está lo suficientemente interesado como para no burlarse de alguno ellos –o de él– cuando tropiezan, arruinan algo o se quejan. Y eso es un avance.

Sakura-chan apenas le dirige la palabra, demasiado preocupada por llamar la atención de Sasuke como para considerar hablar con el tercer miembro en ese equipo. La niña tampoco parece esforzarse por seguirles el ritmo en las misiones a menos que Sasuke la vea, evidentemente dándole más importancia a su ropa, o algo así, que a terminar pronto la misión. Pero supone que es mejor que ser golpeado al menos dos veces al día cuando no hace mucho por ganarlo… sí, eso es mejor que nada.

Y Sasuke…

-"Bien"- responde cortamente, sin sonreír.

Iruka-sensei frunce el ceño –"Ya veo… ¿todo bien con las misiones, entonces?"- no entiende lo que intenta hacer, no sabe si el hombre busca una respuesta más elaborada o si quiere decirle algo él mismo –"¿Por qué no me cuentas todo mientras vamos por ramen?"-.

No quiere aceptar.

Pero no tiene otra opción, ¿verdad?

-"¡Ramen!"- grita con más emoción de la que siente –"Tiene siglos que no voy a Ichiraku"- y mientras más habla sobre eso, menos ve al equipo detrás de él.

Iruka-sensei es seguridad, es un pequeño espacio en donde no tiene que cuidarse demasiado, sabe que el hombre lo acepta y que no se mete demasiado en sus problemas cuando piensa que puede resolverlos. Ahora mismo él no sabe cómo resolver su problema, pero al menos Iruka-sensei no tiene que preocuparse por eso.

Poco a poco, la sonrisa en su rostro se siente menos dolorosa.

-"A menos que tu equipo y tú vayan a celebrar el final de una misión juntos…"- sugiere el hombre y Naruto aparta la mirada.

Eso no sucede.

Incluso en su equipo, los tres rehúyen de su presencia la mayoría del tiempo.

-"Ah… no, no vamos a hacer eso"- luego, como parece que está hablando por todos cuando no es lo que debería hacer, se gira y pregunta a nadie en particular –"Terminamos la misión, ¿verdad? ¿Podría irme ahora?"- conecta la mirada unos segundos con Kakashi-sensei y el hombre sólo atina a asentir.

-"Mah, supongo que por hoy fue suficiente"- supone que le sonríe y alza una mano para despedirse o quizá para llamarlo, pero la guarda antes de hacer cualquier gesto –"Nos vemos mañana a las siete en punto, Naruto… no llegues tarde"-.

Naruto no llega tarde…

Idiota.

Frunce el ceño y se cruza de brazos mientras lo ve irse por el pasillo. Sakura-chan y Sasuke lo siguen no mucho después y Naruto no hace nada excepto verlos hasta que se pierden a la distancia. Naruto sólo duerme un par de horas por la noche y se despierta muy temprano, no es posible para él llegar tarde.

-"¿Todo bien, Naruto?"- pregunta Iruka-sensei –"¿Kakashi-san es… es un buen sensei?"- Naruto asiente de inmediato –"¿Contigo?"-.

Eh…

-"Claro que lo es, Iruka-sensei"- le sonríe de lado mientras ve al hombre guardar algunos papeles de su escritorio y despedirse de una de las secretarias cercanas –"Aunque lo único que hace es leer su libro y observarnos mientras terminamos con las misiones"- añade en voz baja.

Es algo que no cambia.

Kakashi-sensei es apático y Naruto no lo entiende.

No entiende muchas cosas, obviamente, pero su sensei está dentro de la gran lista.

Sabe que al hombre le importan sus estudiantes… la mayoría del tiempo… sabe que se esfuerza por hacer algo por todos ellos, mucho más justo después de los exámenes de rango. Lo sabe porque lo ve, puede ver la desesperación del hombre cuando Sasuke se va –y es una de las tantas razones por las que promete llevarlo a Konoha–, sabe que sus estudiantes son importantes para él. Sabe que carga con una culpa que no debería tener, pero que es parte de su personalidad y está tan integrado en ella que es difícil separarlo.

Y Naruto es capaz de experimentar un poco de eso cuando regresa de entrenar con Ero-sennin, cuando puede pasar algo de tiempo con él y con el capitán Yamato…

Pero…

Kakashi-sensei no es un buen sensei… al menos no el suyo.

Y, por lo que ve en esas semanas, tampoco el Kakashi de ese mundo.

El hombre pasa más tiempo preocupado por los otros dos –más prometedores, con talento, inteligentes– que por él y, si está preocupado por Naruto… no es porque Naruto sea Naruto, sino porque Naruto es el hijo de Namikaze Minato. Su poca paciencia termina fácilmente cuando debe enseñarle algo a Naruto y lo sabe por su tono de voz, muy parecido al tono que los profesores en la Academia usan, exasperado y confundido por la estupidez que Naruto presenta.

Lo entiende, Naruto tampoco podría tenerse demasiada paciencia… es por ese tipo de cosas que reconoce que Ero-sennin se convierte en su maestro, porque a pesar de todos los problemas que tienen al principio, el hombre en verdad intenta enseñarle… cuando viajan… la mayoría del tiempo… casi siempre… eh, bien… de vez en cuando.

Llegan a la calle principal en silencio y entonces Iruka-sensei se atreve a seguir hablando –"He escuchado que es un sensei muy estricto"-.

Sobre el trabajo en equipo, quizá –"Pues… sí, supongo"- se encoge de hombros.

Estricto… ¿cómo es ser estricto?

Kakashi-sensei no tiene problemas con verlos trabajar todo el día sobre una misión sin sentido, se encoge de hombros si alguno de ellos tiene un problema menor… les dice que deberían relajarse un poco y tomarse las cosas con calma… aunque el hombre no cree ni por un segundo las palabras que salen de su boca.

Iruka-sensei suspira, como derrotado y lo lleva hasta Ichiraku por los callejones, sólo que antes de llegar al negocio de Teuchi, Iruka-sensei lo detiene del hombro y se arrodilla a su lado como suele hacer cada que piensa hablar con Naruto de algo importante –"Naruto, por favor, sólo dime qué sucede"- cuando Naruto no responde, el hombre continua –"Entiendo que después de Mizuki y lo que sucedió en el bosque las cosas… cambiaron para ti"- oh, incómodo, así que eso es lo que creen que pasa –"¿Crees necesitar una consulta en el hospital?"-.

Naruto baja el rostro y evita ver al hombre a los ojos.

Morderse el labio no sirve de nada para calmarlo y cómo desea decirle todo lo que sucede… excepto que Naruto no sabe cómo hacerlo y no sabe cómo podría tomarlo. No quiere mentirle, pero tampoco quiere decir la verdad.

-"No necesito ayuda"- sabe que Iruka-sensei se refiere a una consulta del ala psiquiátrica del hospital, ese lugar al que ningún shinobi que se respete podría ir voluntariamente –"Estoy bien"-.

Ni siquiera en sus oídos parece ser una mentira convincente, así que no se molesta demasiado cuando bufa y lo golpea suavemente en la parte trasera de la cabeza –"¿Por qué no me explicas la falta de naranja en tu ropa?"-.

En ese momento, Naruto mira su ropa y la toma entre las manos.

No sabe qué tiene de malo, todo el mundo tiene años rogándole abandonar el naranja, ¿por qué ahora parece ser algo importante?

Sólo está usando ropa de segunda mano que, a su parecer, luce más como la ropa reglamentaria de un shinobi en entrenamiento. Esa remera y ese pantalón negro es sólo ropa que Naruto logra rescatar de la basura y arregla para poder usarla en una emergencia… que le guste más el naranja que el negro no tiene nada que ver con nada, pero ahora mismo… no se puede ver al espejo o ver su reflejo con la chaqueta naranja de su infancia porque… porque no puede.

Porque ese cuerpo no es suyo y porque Naruto simplemente no puede.

-"¿Esto está mal?"- pregunta sin poder evitarlo –"Creí que…"-.

-"¡No, no! No…"- Iruka-sensei se lleva una mano al rostro –"No es eso a lo que me refiero, Naruto, es sólo que… no te comportas como…"- dejó salir el aire y tomó su rostro –"Dime que estás bien… que no crees ninguna de las palabras de Mizuki… de Konoha"-.

Naruto abre la boca… y la cierra.

Intenta decir algo, pero…

¿Cómo puede mentirle al único adulto en ese lugar que parece preocuparse por Naruto y no por el hijo del Yondaime o el jinchuriki de Kurama? ¿Cómo podría?

-"N-No…"- y, cuando las lágrimas caen, Naruto no intenta detenerlas.

No puede decirle la verdad, la verdad completa, no puede hacerlo… pero tampoco puede mentir.

Iruka-sensei lo abraza.

Lo sabe porque, de pronto, Naruto no puede respirar otra cosa que no sea la extraña mezcla de olores que son únicamente de Iruka-sensei. Acero, tiza y algo más que no alcanza a identificar en ese momento. Iruka-sensei lo abraza tan fuerte, que Naruto sólo puede corresponder con toda la fuerza que logra imprimir en el gesto –no es mucha, ni de cerca a lo que es capaz con su verdadero cuerpo, pero lo suficiente para hacer que el hombre suspire en su cabello–.

Naruto no sabe, hasta ese momento, lo mucho que había necesitado ese abrazo.

Es agradable… Iruka-sensei es especialmente cuidadoso cuando lo abraza, cuida su fuerza, pero tampoco es demasiado delicado; no hay duda cuando lo toca y tampoco la incomodidad a la que Naruto está acostumbrado.

Es natural.

Se escucha a sí mismo llorar en el hombre y se pregunta qué piensa de él, se siente culpable de hacerlo creer que la situación con Mizuki es algo importante, pero…

Pero sabe que podría involucrarlo en algún problema si acaso menciona algo sobre su verdadera identidad.

-"Naruto"- dice el hombre después de un momento en silencio donde nadie se atreve a hablar –"Sabes que puedes buscarme cuando lo necesites, ¿verdad?"- se separa de él un poco, lo suficiente para verlo al rostro –"A veces estoy ocupado, pero… pero estoy aquí… para ti"- y sonríe.

Y la pequeña sonrisa que el hombre le dedica es casi suficiente para tranquilizarlo.

Porque Iruka-sensei siempre dice la verdad… y Naruto sabe que puede contar con él, sin importar lo que suceda.

Naruto le sonríe tanto como puede –"Gracias"- no sabe qué más decir.

A partir de ese momento, el ramen sabe a lo que debe saber.


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Hasta el siguiente capítulo!