Naruto y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
Advertencias: Rated M, Slash (slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.
-"ABC..."-. Diálogo
-"ABC..."-. Pensamiento
Mangata
Capítulo 8, La incertidumbre del viaje
No sabe qué hacer.
No es ninguna sorpresa, por supuesto, pero incluso para sus estándares, Naruto no tiene idea alguna de cómo proceder con su pequeño dilema.
-"Pequeño…"- ríe y, si el silbido que imita a una risa es ligeramente más agudo de lo normal, tal vez con una nota de histeria, decide ignorarlo.
Mira hacia abajo, donde la cabeza de Sasuke descansa en sus piernas y sólo el casi imperceptible ronquido del niño interrumpe un silencio tenso –tenso sólo para Naruto, obviamente, porque el idiota de ese Sasuke duerme sin reparo, usándolo como una cama o algo similar–.
¿Qué se supone que debe hacer una persona como él cuando un niño como Uchiha Sasuke elige ese preciso momento para quedarse dormido, sin motivo ni advertencia alguna, encima de él?
Si se tratara de Shikamaru, Naruto fácilmente podría deshacerse de él –Shika tiene el sueño pesado, normalmente se necesita de una razón realmente importante para despertarlo… o la presencia de su madre–. Si se tratara de Konohamaru, Naruto lo dejaría seguir durmiendo, porque el niño es adorable y parece disfrutar de su presencia cuando nadie más lo hace…
Pero no es Shikamaru, no es Konohamaru… no es Ero-sennin… ni siquiera es Kakashi-sensei fingiendo dormir para evitar enseñarle algo o hacerse responsable por lo que debe hacerse responsable.
Se trata de Uchiha Sasuke… y, a estas alturas, Naruto está casi seguro que preferiría tener a Itachi en el lugar de su hermano, si es totalmente sincero.
No se trata de su Sasuke, lo sabe, es por eso que ni siquiera intenta golpearlo la primera vez que lo ve cabecear a su lado. Se trata de un niño que… que actúa como un niño, que reacciona como el niño que Naruto nunca es capaz de ver porque es similar a él, que demuestra tenerle cierta confianza que su Sasuke jamás le tiene.
Sasuke está agotado, puede verlo.
Luce inusualmente pálido, con marcas oscuras debajo de los ojos que demuestran lo mucho que duerme –y quizá es sólo un poco más de lo que Naruto duerme, sólo un poco– y está seguro que no recuerda ver a su Sasuke llevar la ropa en tan mal estado; un ligero olor a sudor y lodo llega a su nariz, si acaso baja la mirada, Naruto observa el cabello de Sasuke enredado, sucio…
Francamente, Naruto no tiene el corazón para despertarlo.
No cuando es obvio que ese niño está durmiendo profundamente por primera vez en bastante tiempo, no cuando sabe exactamente lo que se siente pasar los días con insomnio, funcionando apenas con el mínimo necesario para seguir existiendo.
-"Kurama… espero que te estés riendo de esto"- gime por lo bajo, pero decide, contra todo lo que conoce y sabe, esperar.
No es muy tarde, en realidad.
Apenas puede ver el sol empezar a ocultarse, la luz que tiene todavía es suficiente para ayudarle a observar a su alrededor y decidir que puede esperar un poco más. Cierra los ojos y comienza a respirar tan lenta y profundamente como es capaz, intentando no moverse de su sitio.
Piensa en la suavidad del piso debajo de él, puede sentir la superficie de madera ligeramente pulida, fría al tacto y resbaladiza… no es como su propio departamento, donde la madera es algo más flexible y se hunde bajo la pisada de cualquier persona en ciertos lugares, mientras que en otros las tablas están demasiado astilladas como para poder caminar descalzo. Naruto apenas puede caminar en su propio departamento sin tropezar –eso es antes, Naruto aprende a memorizar los lugares que debe evitar o arreglar–. Su habitación tiene una tabla debajo de la cama, un pequeño espacio donde guarda lo que nadie necesita encontrar.
En su mundo, cuando se gradúa, Naruto tiene la esperanza de ahorrar suficiente como para buscar rentar en cualquier otro lugar.
Sueña con un pequeño departamento blanco, con grandes ventanas y una excelente vista hacia la montaña. Sueña con poner plantas en cualquier superficie posible, cuidarlas y regarlas para… para hacerle compañía.
Una cama grande y…
Muchas mantas y almohadas, con un sofá de una sola plaza en color verde o quizá rojo. Quiere una lámpara con una pantalla de un amarillo pálido.
Quiere unas grandes cortinas traslúcidas, por las que la luz pueda entrar, pero por las que nadie pueda ver dentro…
Sabe que no es posible, por supuesto.
Nadie va a rentarle al niño demonio, no a menos que esté dispuesto a pagar el triple de lo que es justo. E incluso si alguien está dispuesto a rentar un departamento para él, Naruto no es capaz de vivir en un lugar abierto, con tantos puntos débiles donde cualquier persona puede entrar o ver si acaso está dentro –aprende su lección muy temprano en la vida–. No es seguro, no es factible, así que se olvida de ese sueño en particular.
No vale la pena pensar en cosas que no tienen solución.
Justo así recuerda que intenta meditar, así que suspira profundamente y comienza a concentrarse en el chakra a su alrededor.
Lo primero que puede sentir, por supuesto, es a Sasuke.
Su chakra tiene esa sensación burbujeante que sólo puede comparar con agua mineral… de esa que acostumbra tomar con Ero-sennin… eh, sí… el chakra de Sasuke es fresco, como el aire durante una tormenta eléctrica y, Naruto se dice, es casi obvio.
Excepto que sabe que el chakra de Kakashi-sensei es diferente, algo más complicado que eso; tiene un sabor a tierra húmeda de las calles principales de Konoha, se siente algo más como estática bajo sus pies…
-"Lo estás haciendo de nuevo, Naruto"- se dice sin humor.
Es normal dejarse llevar, tanto que sabe que no es normal, pero es difícil cambiar ciertos hábitos, mucho menos si nadie excepto él sabe exactamente a qué se refiere.
Respira de nuevo, lentamente.
-"¿Kurama?"- llama en un susurro y, cuando abre los ojos, sabe dónde se encuentra.
Es la misma prisión en la que conoce a Kurama, el sonido de agua pasando por tuberías y el olor a humedad le dice suficiente. Exactamente el mismo sitio que odia por su amigo, que le hace odiar a su padre un poco más cada vez porque recuerda todo lo que sufre Kurama por los errores de otros…
Puede ver la gran reja roja que contiene a un buen amigo como si se tratara de una bestia como Obito o Pain… cuando Kurama es más considerado y mejor que ellos dos.
Cuando ve ese espacio –no es su mente, no es su sello, se rehúsa a considerarlo como tal–, Naruto desea tener a su padre frente a él y golpearlo… verlo encerrado tal como encierra a alguien sólo porque cree que es lo mejor.
No hay respuesta.
-"Kurama… sólo quiero… verte"- siente las lágrimas inundar sus ojos –"¿Estás bien? ¿Estás aquí?"- se lleva las manos a los ojos y se cubre –"Por favor, puedo sentirte"- niega con la cabeza.
Puede sentirlo, sabe que está ahí… pero no sabe cómo se encuentra, si está débil, si necesita algo… si hay algo que Naruto pueda hacer por él…
Pasa un mes desde que aparece en ese lugar y Kurama simplemente… simplemente no responde a nada de lo que intenta.
Eventualmente, cuando Naruto está seguro que no va a recibir respuesta, se concentra en su presente, y la situación en la que está su cuerpo –con Sasuke usándolo como almohada– y regresa derrotado a su primera intención: meditar.
Tranquilizar su corazón conectando con su alrededor es mucho mejor que intentar cualquiera de las estúpidas técnicas que escucha de Kakashi-sensei para no tener ningún ataque de pánico. Nada es mejor que saber exactamente la naturaleza de lo que lo rodea.
Y no es tan complicado respirar ahí –se da cuenta–, con ese Sasuke. Con el niño que es un Sasuke, pero que tiene tantas diferencias del Sasuke que conoce, que Naruto simplemente puede pensar en él como una persona diferente –"Quizá como si se tratara de otro Uchiha"-.
Lo cierto es que… entiende por qué ese Sasuke no actúa como recuerda al suyo.
Naruto simplemente no es la misma persona tampoco, ¿verdad?
Tiene al menos cinco años de ventaja sobre todos ellos y está en medio de una crisis que va más allá de los problemas que cualquier ahí puede tener. No tiene tiempo para dedicarle a insignificantes rivalidades que realmente no trascienden hasta que Naruto se obliga a hacer que trasciendan. El Sasuke de ahí no ve a Naruto como el mismo niño que conoce desde la Academia, porque Naruto no es el mismo niño que conoce.
Y no lo culpa.
Ese Sasuke es un imbécil, tanto como el suyo; es irresponsable, grosero, ensimismado, orgulloso… Sólo que, porque Naruto no reacciona a sus comentarios o a todo él en general, Sasuke no tiene forma de reaccionar en respuesta.
Es un dolor de cabeza y quiere deshacerse del dolor cuanto antes, pero…
Pero no puede, porque tiene a un Sasuke en las piernas, durmiendo, y él… él es débil cuando se trata de un niño vulnerable, de alguien que necesita un poco de paz por unas horas, como él.
¿Cómo puede pensar en su Sasuke, ese que lo abandona, cuando ve al niño que le regala una caja llena con material sólo porque cree que es lo correcto?
-"Sasuke… me la debes, idiota"- a pesar de sus pensamientos, Naruto coloca una mano en la cabeza del niño.
Permanece ahí, inmóvil, por tres horas, doce minutos y algunos segundos. Medita cuanto puede y reúne el chakra fácilmente varias veces, para después dejarlo ir; no sabe exactamente por qué lo hace, sólo que es natural.
Pasan tres horas, doce minutos y algunos segundos cuando Sasuke despierta lentamente.
Despierta lentamente del mejor sueño que tiene un mucho tiempo y, de inmediato, sabe que algo extraño sucede con él.
Porque él no duerme bien, apenas puede descansar unas horas sin tener que lidiar con recuerdos incómodos o pesadillas innecesarias.
Por supuesto, despierta con dolor en el cuello, el suelo es incómodo bajo él porque la calefacción no está encendida y no cree recordar el momento exacto en el que pierde la consciencia… ese tipo de desorientación no es agradable, pero… pero Sasuke siente que puede dormir toda la noche en esa misma posición sin siquiera moverse.
No es la primera vez que Sasuke se queda dormido en el suelo de su departamento –no cree que sea la última–, sin embargo, es la primera vez que Sasuke recuerda ser tan descuidado como para olvidar el momento en que se duerme en medio de su comedor. Tiene puesta la misma ropa que usa todo el día, su cabello no está húmedo y siente la punzada familiar del hambre en la boca del estómago.
Recuerda invitar a Naruto a su departamento, para deshacerse de cosas que no usa y que probablemente el rubio puede usar –no le interesa realmente, pero es un desperdicio de material shinobi como para tirarlo a la basura–. Recuerda haber pasado algo más de dos horas en compañía del menor que, sorpresivamente, puede llegar a ser una no tan mala compañía.
Durante un minuto, Sasuke considera seriamente volver a dormir, considera simplemente cerrar los ojos y preocuparse de todo en la mañana.
Sólo recuerda que no está completamente solo cuando la suavidad de una pierna bastante delgada bajo su cabeza no se asemeja a una almohada y una mano pequeña sobre su cabeza comienza a moverse en su cabello.
-"Sé que estás despierto, -ttebayo"- susurra la voz aguda de Naruto sobre él.
El problema es… es que Naruto ni siquiera está haciendo un drama de la situación, como acostumbra… como acostumbraba.
Sasuke conoce a Naruto.
En otra vida, es sólo una presencia pasajera que no asimila como algo relevante o digno de ser mencionado… parte de una gran pintura que sólo adorna el fondo de su vida, supone.
Sin embargo, se trata de una presencia que es imposible ignorar –sin importar qué tanto lo intenta–.
Suspira –"Puedes golpearme"- se lo merece, sustituye en su cabeza.
No es lo suficientemente idiota como para no saber que, aunque puede culpar al rubio, Naruto realmente no hace nada malo ahí… excepto permanecer inmóvil, sirviéndole de almohada.
De hecho, Naruto casi nunca hace algo malo.
En algunas ocasiones, el idiota busca llamar la atención de todo el mundo a costa de todo y tiene un especial talento para lograr su cometido. Otras veces, Naruto es simplemente raro, muy raro. Pero la mayoría del tiempo, la existencia de Uzumaki Naruto obliga a cualquier persona a girar la cabeza en automático y prestarle la atención que demanda simplemente con pasar.
No lo entiende.
Las personas –los civiles– hacen un esfuerzo deliberado por ignorarlo –un gran esfuerzo–, pero no logran gran cosa cuando deben enfrentarse a las consecuencias de sus bromas. No lo entiende, pero la vida es así.
No es difícil pretender ignorar la presencia del niño cuando estás ocupado en cuestiones de mayor importancia, después de todo.
Sasuke tiene seis años cuando lo conoce oficialmente.
Lo recuerda.
Llega muy temprano para la Ceremonia de Inauguración, al Auditorio de la Academia, y ve a unos cuantos niños ahí. La mayoría están acompañados de sus padres –civiles–, pero hay uno que resalta por encima del resto.
Está sentado hasta el frente, completamente solo.
Sabe que es él porque reconoce su descripción gracias a un problema que le provoca a la Policía Militar –algo sobre pintura, pegamento, una tienda de té y un niño rubio con marcas en las mejillas siendo el sospechoso–.
Desde ese momento, Sasuke y el niño comparten grupo en la Academia… pero sólo eso.
Se trata de un niño más en la Academia que no puede lograr el mínimo requerido para seguir el ritmo de clases básicas que él puede tomar a solas en su habitación o con la ayuda de su madre –cuando todo está bien, cuando el mundo gira como debe hacerlo–.
-"¿Por qué te golpearía?"- la genuina confusión no hacen más sencillo explicarle que Sasuke es quien hace algo inapropiado y Naruto tiene derecho a reclamar su espacio personal.
A pesar de la situación, una parte de su mente le pregunta por qué no se mueve del sitio.
Naruto no es especial. Es un huérfano del ataque del Kyūbi, aprende, sin amigos o familia. Es torpe, idiota, no sabe leer o escribir, no piensa lo que dice y, francamente, su elección de carrera –piensa– lo va a llevar a una tumba prematura por jugar con algo que es real. Sasuke, por supuesto, ignora el hecho de saber que antes, él tampoco toma muy en serio la Academia y lo que significa ser un shinobi, jugando a esconderse, riendo mientras sueña con ser un héroe.
Uzumaki Naruto sonríe… siempre.
Sonríe cuando hace una broma y termina mal, sonríe de lado cuando no hay nada divertido en la clase, sonríe incluso cuando frunce el ceño por un segundo o cuando pretende tratar con situaciones importantes… incluso cuando el mundo le grita o habla a sus espaldas sobre lo mucho que lo odian.
Se mete en problemas innecesarios con los profesores, los civiles, la aldea entera, con el Hokage, la Policía, el resto de los estudiantes… es ignorado, se ríen de él –Sasuke se ríe de él–, algunos niños se atreven a golpearlo porque no hay consecuencias… y él… él sonríe.
Sasuke cree firmemente que Naruto no entiende las convenciones sociales por las que se rige el mundo y, eso, es una desventaja –es triste, piensa vagamente–.
Es ruidoso –parece que no lo sabe, no lo nota o se fuerza por serlo–, estúpido, no sabe lo que significa la prudencia –el tampoco, pero eso es antes, mucho antes y nadie tiene por qué saberlo o recordárselo tanto como lo recuerda él mismo–. Vive en una burbuja de optimismo fabricado, algo que no puede explicar con palabras porque sabe que no es posible vivir así.
No es posible que exista una persona como él.
Quiere odiarlo.
Naruto es, básicamente, inútil.
Vive sólo porque respirar es instintivo del cuerpo humano, un reflejo, y no porque tenga la capacidad de sobrevivir en el mundo…
Su mera presencia significa una extraña contradicción y un fastidio –una pérdida de un tiempo ya perdido en su día a día durante la Academia–, porque cada que logra un mínimo de paz mental, de alguna manera llega él para sacudirlo y despertarlo, obligándolo a no olvidarse del mundo real.
Un mundo real que es caótico, cruel y… y todo lo que Sasuke no está preparado para enfrentar, pero que de cualquier forma enfrenta.
Lo quiere odiar porque le recuerda a sí mismo, a ese niño que muere con el resto de su clan y que vive una completa mentira porque se obliga a hacerlo, y lo hace sentir como un anciano en el cuerpo equivocado.
El rubio vive gritando a todo pulmón sobre un sueño imposible, no presta atención a las clases, los profesores o a sus compañeros.
-"Naruto"- dice con cuidado, lentamente –"No debí haberme quedado dormido"- no pretende disculparse y se muerde la lengua para no decir algo innecesario a un niño que lo mira desde arriba, fijamente, con los ojos tan abiertos que los hace ver imposiblemente grandes.
-"Ah… bien, pero al menos dormiste un poco, ¿no?"- la pequeña sonrisa en su rostro es casi imperceptible.
¿Por qué no se levanta?
Bien… no, no es… es una mentira, Sasuke no odia a Naruto.
Es decir, al principio –admite sólo para sí mismo–, Naruto le parece interesante.
Tiene una lengua afilada –cuando decide usarla para algo relativamente inteligente–, sus respuestas son rápidas, lógicas y generalmente graciosas; el niño tiene una capacidad para convencer a otros o simplemente dejar en ridículo a las personas con un comentario porque sabe observar.
Es pequeño, ingenuo y gracioso, llama su atención porque nadie en la aldea es exactamente como él.
Piensa que Naruto no pertenece… no hay una sola persona en la aldea que luzca, actúe o piense como el menor, tiene algo que le llama, algo que no puede explicar.
A pesar de todo, Uzumaki Naruto es… predecible –hasta cierto punto–.
Es una de las pocas personas que pueden brindarle un poco de color a un sitio aburrido y lleno de civiles, que sonríe aun cuando no entiende, finge prestar atención a un cuaderno en blanco, que apenas sabe sostener el bolígrafo y que aprende todo en menos de dos meses.
Sasuke no se molesta en dirigirle la palabra porque… porque en aquellos momentos de inocencia e ignorancia, todo lo que le importa está en casa, con su madre, su padre y… y él. Nada más le interesa, porque su vida es perfecta; así que no le interesa saber por qué Naruto, que responde correctamente la mayoría de las preguntas que le hacen, que parece practicar el doble que él, que es pequeño y débil y nada preparado para hacer un daño real, es castigado en el pasillo o enviado con el Hokage –qué tan grave puede ser lo que hace, se pregunta, pero no hace nada por responderse–.
No, no le interesa Uzumaki Naruto porque no hay nada interesante más allá de las particularidades que lo hacen ser una pequeña luz que todos dan por sentado y que nadie quiere admitir.
No le interesa –se siente avergonzado por sentirlo, por admitirlo–, porque Uzumaki Naruto y él –el segundo hijo de Uchiha Fugaku y Uchiha Mikoto, heredero del clan Uchiha, shinobi en entrenamiento– no tienen nada en común.
Excepto que lo tienen.
Después de esa noche, Sasuke y Naruto tienen más en común de lo que jamás querría tener con alguien.
Ambos son huérfanos… no los únicos en la aldea, cierto, pero… pero sí los únicos que viven por su cuenta, recibiendo la atención que no desean de civiles y shinobi –Naruto el odio y desdén de Konoha, Sasuke la lástima y el terror convertido en algún tipo de admiración que no entiende, no quiere–.
Sasuke, que no sabe vivir por su cuenta, ve en Naruto un alma… Naruto puede entenderlo.
Ve a Naruto luchar contra la timidez que oculta tan bien en su día a día, lo ve intentar hablar con él, acercársele –recuerda una de esas ocasiones en las que el niño lo consigue y le sonríe, pero las emociones están mal, la sonrisa está quebrada, Naruto lo entiende, pero Sasuke no quiere ser comprendido en ese momento–, pero también se ve a sí mismo alejarse cuanto puede.
Tiene una misión que no requiere de otros, así que no le provoca ningún problema seguir ignorando la existencia de Naruto… pero es justo por esas similitudes –y porque Naruto es insistente– que Sasuke comienza a notarlo realmente.
Lo odia.
No… no lo odia.
Odia la facilidad con que consigue acercársele, con la que toca su orgullo, incluso si no puede ganar ninguna de sus falsas peleas, odia que pueda fastidiarlo sólo con su presencia y su eterna sonrisa, su ingenuidad en un mundo que está lleno de sangre. No importa lo que hace o lo mucho que se esfuerza por ignorarlo como antes, cuando pelean, discuten, cuando Naruto exige su atención, cuando lo llama rival…
No importa nada de eso, porque cuando Naruto consigue su atención, Sasuke puede respirar profundamente y, por un momento, olvidarse de metas lejanas, mientras se concentra en un presenta banal que puede disfrutar.
La furia de sus ojos azules lo entretiene, la incapacidad que parece tener al insultarlo realmente lo hace reír –lo puede ver, Naruto no quiere lastimarlo, porque podría hacerlo, si es lo que quiere, pero no lo hace… y se lo agradece–, su frustración le hace sentir mejor porque, si el eterno optimista puede sentirse mal, entonces él no puede estar mucho peor… ¿verdad?
¿Verdad?
Quiere golpearlo por perder de vista el punto de toda esa conversación, pero Sasuke decide que no puede demostrar un argumento si sigue acostado en las piernas de Naruto, así que se levanta sin mucho ánimo y se sienta frente a él.
-"¿No te molesta?"- decide preguntar.
Naruto, para su eterna sorpresa, se toma un momento para responder –"Me duelen un poco las piernas y tengo un poco de frío"- admite –"Pero no…"- se encoge de hombros –"Estabas cansado, ¿o no?"- y, de nuevo, Sasuke puede ver la pequeña sonrisa tímida que no ve muy seguido en el rubio.
No sabe cómo lidiar con esa nueva actitud que el menor tiene.
No es lo que conoce.
No desde su graduación.
Antes, se siente relativamente cómodo con su antigua rutina y, aunque está feliz por haber dejado la Academia atrás –junto con el resto de compañeros que sólo estorban y roban aire–, le parece extraño pensar en no volver a verlo.
Porque Naruto, por tercera vez, no es capaz de pasar el examen.
Está bien, se dice.
Es suficiente con lo que vive en la Academia, acepta el tiempo ahí como una etapa que termina.
Naruto vive en su mundo y él tiene otro completamente diferente, algo que Naruto no es capaz de comprender porque… porque él es un huérfano, pero jamás conoce a su familia, no sabe lo que significa perderlos, Naruto no puede entender la necesidad que lo embarga cuando piensa en la venganza.
Es mejor para él.
Necesita más entrenamiento, necesita aprender más y… y tiene tiempo, él tiene tiempo para hacerlo. Tal vez después, cuando sea capaz de terminar con su venganza, Sasuke puede hablar con Naruto y realmente conocerlo, hacerle las preguntas que ignora… algo.
Pero cuando lo ve ahí –ese día– cuando no debería estar, sabe que algo está mal.
Sasuke mira al aula y encuentra el lugar prácticamente vacío; un segundo después, su mirada viaja automáticamente su asiento –es normal, se repite, porque así es como distingue si debe evitarlo o si puede sentarse sin repercusiones–. Naruto, como espera, no está ahí…
Excepto que, cuando su mirada sigue la luz que refleja desde las ventanas, Sasuke centra toda su atención en la única persona que puede encontrar en medio de una multitud sin esfuerzo alguno.
No debería estar ahí.
Es justo por eso que se sorprende cuando está.
Naruto está sentado lejos de su asiento usual al centro del aula –ese asiento que comparte con Sasuke por cuestiones que sólo el rubio conoce y que Sasuke aprovecha porque necesita algún tipo de beneficio por ese arreglo–. Está sentado tan lejos como le es posible de la entrada y esconde el rostro entre sus brazos.
Observa algo raro en el menor, pero al principio no puede identificar qué es.
La respiración del niño es regular, lenta… duerme sin preocupaciones, así que Sasuke se esfuerza por no prestarle atención, tanto como el idiota hace con él.
Se detiene por un segundo para evaluar la situación: por un lado, puede tomar su asiento normal, ignorar al rubio y fingir que no existe –no sabe qué demonios hace ahí, excepto por la evidente explicación–; por el otro lado, Sasuke tiene años usando a Naruto como escudo humano para evitar todo el contacto con las niñas de su clase y con otros imbéciles que insisten en acercársele.
Sasuke realmente no lo piensa e ignora la mirada que lo sigue –Nara es especialmente fastidioso cuando cree que es sutil– y se sienta a la derecha de Naruto.
Naruto ni siquiera alza la mirada cuando Sasuke decide sentarse a su lado, no hay reacción, no hay gritos –el descaro– y Sasuke se pregunta vagamente si acaso Naruto está enfermo, si olvida que no puede estar ahí…
Sólo alza el rostro ligeramente cuando Haruno y Yamanaka entran gritando y comienzan a discutir sobre un asiento y varias niñas les siguen el juego.
El rubio lleva un protector gastado en la frente, con la banda deslavada…
Y el fastidio en su mirada es tan evidente, que Sasuke no puede evitar alejarse un poco.
De alguna manera –no tiene curiosidad, ni siquiera le importa–, Naruto consigue pasar el examen que no pasa antes y obtener un lugar entre los veintinueve… no, entre los treinta graduados de esa generación.
Pero Naruto no sonríe.
Todo está mal, mal.
Porque Uzumaki Naruto sonríe, es algo a lo que está acostumbrado, sonríe… siempre, pero ahí…
No se ve feliz.
Luce cansado.
Es en ese momento que Sasuke recuerda la curiosidad que no puede ignorar por completo a pesar de sus esfuerzos.
No está acostumbrado a la apatía del rubio, ni a su cansancio y… y el fin de su optimismo.
Sabe que es mejor así, pero…
Cuando Umino llega para anunciar que los genin deben ser puestos en equipos de acuerdo a sus habilidades, Sasuke cree que no puede tener peor suerte; incluso si quiere saber qué pasa para que Naruto pueda pasar un examen, Sasuke no cree poder soportar estar en un equipo con él y con Haruno.
Naruto es débil, es pequeño, no sabe escuchar instrucciones, necio… y no sabe hacer mucho más, pero Haruno es mucho peor que él… y no tiene tiempo de cuidar de ninguno mientras entrena.
Está preparado para escuchar las protestas del rubio, que va a gritar a todo pulmón lo mucho que detesta la simple idea de tener a Sasuke en su equipo –lo conoce; Sasuke a veces presiona un poco, demasiado, la poca paciencia del menor, sólo para conseguir una reacción y, como resultado, Naruto realmente no quiere tener mucho que ver con él–.
Nada pasa.
Naruto permanece en su sitio, mirando sin mirar al frente, escuchando sin prestar atención al resto de los equipos… ignorando a todo el mundo cuando todos salen para almorzar, ignorando las estúpidas y molestas miradas de Nara… y Sasuke no se permite investigar, así que sale y se aleja porque todo es demasiado extraño.
Y espera…
Y espera, pero no importa el tiempo, la expresión de Naruto y la aparente apatía no desaparecen.
Es como ver a un completo extraño habitar el cuerpo de una persona con la que se ve forzado a convivir diariamente. Pero a la vez no es así, porque son los mismos manierismos, la forma de moverse, de alejarse, cómo inclina la cabeza o cómo desvía la mirada.
En aquel momento, nota a Naruto salir de la Academia y, aunque no tiene intención de seguirlo, se sorprende por la facilidad con la que logra perderlo de vista. Sin embargo, cuando regresa, Naruto está sentado en el mismo lugar que ocupa desde la mañana.
Mentón apoyado en la palma de su mano derecha, mirando al frente y ligeramente hacia la izquierda.
No mucho después comienzan a llegar los jōnin que se vuelven los responsables de todos los equipos, de todos excepto el equipo 7 –porque Sasuke tiene excelente suerte, por supuesto–. Se presentan y muchos de ellos lanzan miradas hacia el rubio, pero Naruto simplemente permanece en su sitio, suspirando de vez en cuando, distraído por algo que Sasuke no quiere saber.
Pero miente, porque quiere saber.
No reconoce esa pequeña obsesión como algo extraño y, aunque pretende no darle más importancia y dejar de prestar atención, lo cierto es que Sasuke simplemente no se da cuenta de cuán interesante se vuelve Naruto.
Pasa una hora y… y luego una más, cree que es posible no distraerse con Naruto si el menor no hace nada excepto existir a su lado, pero entonces ve a Naruto sentado encima del pupitre, cierra los ojos y medita.
O cree que medita…
No lo sabe.
Naruto actúa extraño y evidentemente todo el mundo lo nota –por muy estúpidos que puedan ser, por mucho que quieran ignorar al rubio, no es posible no notar el cambio–. Es decir, viste de negro, por el amor a todo lo sagrado.
Negro.
Sin embargo, a pesar de sus deseos por saciar la curiosidad que no debería tener, Sasuke no tiene oportunidad de responder ninguna pregunta.
Hatake Kakashi se presenta ante ellos y Naruto no reacciona; no grita que quiere ser Hokage, no habla sobre su obsesión con el ramen… más bien… más bien susurra una presentación vaga, menciona ciertas cosas sobre sí mismo y regresa a una posición donde pretende no ocupar mucho espacio.
El primer momento en que se sorprende realmente –positivamente– es cuando usa un jutsu de tipo tierra sin esfuerzo alguno, sólo para sacarlo de un estúpido agujero en el que cae por un error de novato –sí, de acuerdo, él es técnicamente un novato, pero eso no es relevante–, cuando Naruto explica el verdadero examen que Kakashi les hace usando sólo el sentido común… algo que él pierde de vista.
Naruto parece ansioso al explicárselo, pero lo hace… y pasan el examen.
Gracias a Naruto…
A un Naruto que parece más capaz de lo que él piensa originalmente.
Después del examen, las cosas no mejoran.
Kakashi llega tarde a los entrenamientos –no hay entrenamiento, Sasuke pierde todo su tiempo–, así que Haruno, Naruto y él deben esperar por horas para ver a su jōnin aparecer. Mientras él y Haruno pierden su tiempo –la niña quiere hablar con él, Sasuke intenta evitarla, pero es difícil–, Naruto se sienta lejos de ellos y medita.
A veces hace algún estiramiento, otras veces practica alguna kata y, si Haruno se burla abiertamente del rubio, Naruto los ignora tanto como… tanto como él es ignorado por años.
Claro que se hace evidente cada que el rubio escapa de ellos en cuanto terminan todas las misiones que hacen, primero solo y después con la excusa de esperar a su antiguo sensei de la Academia –y, vamos, Iruka no es desagradable, sólo está demasiado involucrado en el bienestar de sus estudiantes para su gusto–.
No es sino hasta que Kakashi detiene a Naruto y básicamente lo obliga a convivir –aunque al mismo tiempo obliga a todos a convivir entre ellos–, que Sasuke tiene una oportunidad para responder algunas preguntas.
Y las respuestas no le agradan.
Que una parte de la aldea lo ignore es reprobable, que esa misma parte de Konoha decida que es buena idea abusar del menor es sólo el siguiente paso, que Naruto no tenga amigos es raro, pero que la aldea entera decida sabotear y negarle la satisfacción de necesidades básicas es… inaceptable. Sasuke está seguro que no es lo único que sucede con su vida –las únicas personas amables son un antiguo maestro y dos personas que venden ramen–.
Naruto ni siquiera parece preocupado.
Es normal, piensa Sasuke con horror.
El idiota de Naruto piensa que es normal recibir ese trato… ¿y por qué sólo él es capaz de verlo?
Haruno lo ignora, pero cuando no lo ignora, la niña desdeña su existencia; no hay ninguna razón, porque Naruto no hace nada para merecerlo.
Y Sasuke sabe que no debe entrometerse en asuntos ajenos, no cuando tiene cosas más importantes con las cuales lidiar. Sabe que es irrelevante, porque Naruto sobrevive perfectamente bien sin su presencia… pero vamos, ¿cómo es que Kakashi, el jōnin que debe responder por su bienestar, simplemente no lo ve?
-"Eh…"- ni siquiera cree que ser capaz de responder coherentemente –"Sí, supongo que sí"- admite y desvía la mirada cuando siente que el calor en la habitación es demasiado –"Igual… no es apropiado"- tiene que decirlo, tiene que hacerlo porque Naruto realmente no entiende muchas cosas.
Pero el rubio simplemente inclina la cabeza de nuevo y sonríe suavemente, diferente a las sonrisas que regala antes a todo el mundo que intenta arrastrarlo hacia su crueldad –"No te preocupes por esas cosas, -ttebayo"- y la forma en la que habla es diferente, Sasuke no puede evitar pensarlo, habla con una persona completamente distinta –"Pero ya es tarde, creo que debería irme"-.
El hecho de saber que Naruto propicia en gran medida la misión de rango C que planean llevar al día siguiente es suficiente prueba que… que Sasuke… que quizá lo subestima, como todo el mundo alrededor.
Naruto los manipula –todavía está sorprendido por ese hecho– para completar una cantidad excesiva de estúpidas misiones de rango D y sólo cuando uno de ellos exige una mayor responsabilidad es cuando Sasuke comprende las acciones del menor.
Porque Naruto, aparentemente, conoce más sobre las regulaciones que él.
Invitarlo a su departamento es más bien un impulso, pero puede convencer al niño que su intención es simplemente regalarle algunas cosas inservibles –planea hacerlo, pero no justo en ese momento–, cuando en realidad busca la manera de responder a más preguntas.
Hablar sobre su repentino interés en la meditación no es lo que busca hacer, pero funciona… hasta cierto punto.
Quedarse dormido encima del rubio… no, no es algo que planea.
Sasuke observa al menor tomar la caja que organiza, con todo lo que entrega y siente cierta satisfacción que no puede identificar con nada en particular.
-"Quédate"-.
Al final, decidí la pareja principal (advertencia: slow burn): ItaNaru.
¿Reviews? ¿Qué les pareció? Comentarios y críticas son muy bienvenidos.
Hasta el siguiente capítulo!
