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E Iniciamos un nuevo mes...


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Adrinette April

El Real Yo

AU

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Hace mucho tiempo atrás en un lejano lugar, existía una fuerte y valiente superheroina enmascarada que protegía a su gente con gran habilidad del tirano rey que atacaba con magia oscura que solo ella podía repeler.

Sabía que era peligroso, pero ella ansiaba y esperaba que la tierra de sus padres y de todos sus amigos pudiera estar en paz.

Pero, aunque era bastante habilidosa en su labor, no quitara que, sin la máscara, pareciera solo una pequeña doncella pueblerina, de coletas, con una sonrisa inocente en sus labios y una torpeza latente en sus pies, que la hacían visitar el piso más veces de la que ella hubiese querido.

—Lamentamos tanto no haberte hecho con más estabilidad —solía comentarle su madre, pero ella era feliz así, porque protegía mejor su identidad.

Todo iba bien, hasta que un día, en búsqueda de materiales frescos para el trabajo de sus padres, se extravió en un bosque. Si bien, era fácil salir solo invocando el poder mágico que se le habia otorgado, tenía miedo de ser descubierta.

Afirmándose a su capucha, trató de hacer uso de sus recuerdos tratando de fijarse en cuantos árboles había avanzado desde que entró, para regresar sobre sus pies, pero no parecía surtir efecto, porque cada paso que daba, más se hundía en las profundidades del bosque.

—¿Por qué rayos me salí del camino? —protestó. Ah, sí, ahora recordaba. Mientras, buscaba las fresas silvestres, encontró unas bellas mariposas y había querido dibujarlas. Odiaba las mariposas moradas que atacaban su pueblo, pero amaba las coloridas, las que le recordaban que las mariposas son una representación de cambio y no algo para dañar y jugar con los sentimientos de las personas.

Sacudió su cabeza y volvió a caminar, diez pasos hacia la derecha, veinte hacia el frente, once hacia la izquierda y llegó a un árbol que nunca había visto y sintió algo que la hizo voltear y girar en su lugar, antes de que una espada se clavara en ella misma.

Agitada, elevó la mirada para encontrarse con un joven, el sol le daba en la espalda, así que poco podía ver sus facciones, pero parecía como si brillara, y ella se sintió embelesada.

—Éste no soy lugares para una señorita —le dijo, quitando con algo de fuerza, la espalda del árbol—. ¿No ha oído de los animales salvajes que abundan aquí?

Cuando el chico se movió, ella finalmente pudo ver sus facciones, era tan hermoso que sintió que veía una criatura mágica del bosque, más que un humano.

—Sí, pero me perdí —respondió, tomando la mano que éste le ofreció. Fue tan grande el tirón que le dio, que su capucha se cayó, dejando libre su cabellera oscura. Ambos se miraron, sin entender, porque sentían algo recorrerlos completamente mientras sus manos estaban juntas, al menos, hasta que ésta toda apenada, se soltó.

—No debería estar aquí —le volvió a decir, aun observando su mano.

—No debería preocuparse por mí —le indicó, abriéndose la capa, mostrando que, aunque llevaba un bonito vestido, portaba también una espada—. Sé defenderme muy bien.

—¿Espadachina? —dijo, sorprendido, pero alguna razón sonrió, poniéndose en posición—. Nunca he tenido una práctica de espadas con una chica tan bonita —le comentó.

—Le agradezco —respondió—, pero no sé si esté a la altura de un hombre.

—Prometo no ser rudo —le concedió.

Ella lo observó, como si estuviera analizándolo con la mirada, pero no fue hasta que llegó a su sonrisa, que sintió que se perdía totalmente en ese rostro y toda la desconfianza se desvanecía. ¿Qué extraño poder tenía ese sujeto?

—Bueno —afirmó—, pero tengo que admitir que no soy tan buena —ante sus palabras, se quitó la capucha completamente y la dejó junto a la canasta de frutas. Sacó la espada con dificultad, como si no fuera de ella, haciendo un gesto de pesadez.

—Parece que no está acostumbrada a ella —comentó el rubio, haciendo girar la suya como si fuera un bastón y no una afiliada arma.

Pero lejos de preocuparse, la chica sonrió.

En cuanto las espadas chocaron, el joven descubrió que la muchacha era una pequeña mentirosa, porque era casi tan buena como él. Se movía con tanta gracia a pesar de su vestido, que éste no dejaba de tomar forma de campanilla cada que ella giraba para evitar un ataque.

No pudo evitar sentirse atrapado en el fuego que emanaban sus ojos celestes.

—Creo que me ha mentido —comprendió-

—¿Usted cree? —respondió divertida, aprovechando la sorpresa del rostro masculino, para pegarle en la punta de la espada y desarmarlo—. Agradezca que no soy una villana, o hubiese perdido la cabeza.

—Y agradezca también que no lo sea, o mi padre le hubiera hecho perder la suya.

—¿Su padre? —dijo, guardando la espada en su funda.

—El rey —confesó, guardando también su espada.

—¡Es el príncipe! —dijo, apoyando ambas manos sobre su boca por la sorpresa—. Yo no debería estar haciendo esto —rápidamente tomó su capa y la canasta y salió corriendo de ahí.

—¡Espere! —exclamó, pero, aunque trató de seguirla, se mareó rápidamente entre tantos árboles y malezas. La chica había desaparecido por arte de magia.

La muchacha le dio de comer una fresa al diminuto ser que tenía en su mano izquierda. La pequeña criatura en forma de mariquita observó a su portadora que parecía perdida entre sus pensamientos.

—Si me hago su amiga, ¿podré encontrar la debilidad de su padre?

—Estás segura que quieres volver a acercarte a él por eso y no por qué te ha gustado —la chica no respondió, pero sus mejillas sonrojadas lo hicieron por ella.

—Tikki —protestó la joven usando el nombre de aquel diminuto ser que habia acabado de comer—, no es eso. ¡Es solo profesional!

—Sí, profesional —se burló Tikki, poniendo a su compañera de un tono similar al de ella.

—Ya, vámonos —le dijo, estaban cerca del hogar de ésta. Solo quería refrescarse e irse a dormir temprano.

Batalló mucho por decidir que hacer, pero se decidió finalmente a ir en su encuentro, una vez más.

Atando pequeños lazos entre las hierbas y ramas de los árboles, la jovencita de cabellos oscuros avanzó hacia lo más espeso del bosque en busca de aquel claro donde se había encontrado con el príncipe por primera vez.

Fue una vez, pero no lo encontró. A la tercera tampoco. No fue hasta que pasó una semana que volvió a encontrarse con esos ojos verdes con destellos dorados que la habían hechizado.

—Supongo que viene una vez a la semana a entrenar.

—Lamentaría oír que estuvo toda la semana averiguando eso —le respondió, tomando su mano derecha para darle un suave beso sobre los nudillos—. Creo que la última vez no nos dio tiempo a presentarnos, soy Adrien, príncipe de este reino, ¿puedo saber su nombre?

—No —respondió.

—¿Por qué no?

—Mi nombre es algo que tendrá que ganarse, M' lord —contestó, con una reverencia de cabeza.

—Entonces, la llamaré M'lady, mientras me gano ese derecho.

Ambos se miraron y sin saber bien por qué razón, comenzaron a reírse como un par de locos.

Una vez a la semana, ambos dejaban de lado sus responsabilidades, él su entrenamiento, ella la recolección de frutas silvestres, y se acostaban en el verde prado del claro a ver las formas de las nubes, a contarse sobre sus vidas. La de ojos celestes cada semana se enamoraba un poco más del solitario príncipe y empezó a sufrir, porque era el hijo de su enemigo.

—Si solo pudiera liberarme de mi padre —exclamó una vez el príncipe, haciendo que la chica observara al muchacho con sorpresa.

—¿Por qué?

—Sé lo que le hace al pueblo —confesó, abrazándose a sus piernas—. Le he dicho que debe parar, pero no me escucha.

—Marinette…

—¿Qué?

—Ese es mi nombre —le respondió, imitando la pose del príncipe, se abrazó a sus piernas y miró el cielo sobre ellos.

—Oh, es un bonito nombre.

—¿De verdad quiere calmar a su padre? ¿Quiere que la paz en el reino sea posible?

—Es lo que más me gustaría.

—Pues yo tengo una forma —le dijo, buscando en el bolsillo de su capucha algo que mantuvo encerrado en su mano, mientras se debatía si debía o no hacerlo. Confiando en la mirada del chico, confiando en que todo iba a ser para bien, le entregó el anillo—. Ayúdame a derrocar a tu padre, Adrien, y después seamos libres.

El príncipe aceptó aquella misión para acabar con el terror que sembraba su padre sobre todo el reino. Fue duró, pensó muchas veces que no podía, pero la sonrisa de aquella doncella que encontró dentro del bosque, le dio la fuerza suficiente para romper las cadenas que lo ataban y ser feliz.

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—¿Y qué más pasó después? —preguntó una pequeña niña de ojos verdes, aferrándose a la manta morada que la cubría.

—Pues —el hombre acostado junto a ella, pensó un poco las palabras. Sentía que la mano que sostenía su cabeza estaba muy acalambrada, pero no podía decirle que no a esos hermosos ojos que lo miraban—, el príncipe encarceló al rey, tomó el poder sobre el reino y convirtió a la bella doncella es su esposa. Y ambos protegieron a todos.

—¿Y la reina era tan bella como mamá?

—Solo tú eres más linda que tu mamá —le dijo, a modo de secreto, llevando su dedo índice a los labios—, pero no puedes decirle eso.

La pequeña sintiéndose en complicidad con su padre, cerró los ojos con una enorme sonrisa.

—Buenas noches, papá.

—Buenas noches, mi princesa Emma.

Se levantó de la cama, sacudiendo su mano izquierda, a la par que con la derecha prendía la luz de noche, que iluminó con estrellas toda la habitación. Mientras salía del cuarto volvió a mirar una vez más a su hija. No había caso, llevaba cuatro años en su vida y aun no podía creer que existiera.

—Wow, no dejas de sorprenderme —ante la voz, dio un sobresalto completamente asustado.

—¡Marinette! —protestó, bajando la voz, para cerrar la puerta del cuarto de su hija— ¿Cuándo llegaste?

—No aguanté las ganas de llegar a casa, así que tomé tu jet privado —le respondió con una sonrisa, abrazándolo—. Te extrañe tanto, las galas de Milán son horrible, sin ti ahí.

—Alguien tenía que quedarse con ellos —respondió, mirando a su esposa— Emma se portó tan hiperactiva como siempre. Y Hugo se portó de maravillas, a diferencia de Emma a su edad, Hugo parece que no existiera a sus cuatro meses.

—Eres tan buen papá —dijo emocionada—. Incluso, estás hecho todo un experto en contar cuentos.

—Bueno, a Emma le gustan los cuentos donde tu y yo seamos los protagonistas, eres mi inspiración —Marinette lo volvió a abrazar, con fuerza— Hey, ¿qué pasa? ¿Tanto extrañaste a este gato? —preguntó divertido.

—Amo estar en casa con ustedes —respondió.

—Y nosotros te amamos a ti —afirmó—. Ahora, tienes que contarme todo lo que pasó en la gala —le dijo, separándose de ella, y tomándole la mano, mientras iban caminando hacia su habitación.

Marinette lo observó e inmediatamente, explotó en gestos, pantomimas y miles de palabras que Adrien tenía que procesar con rapidez.

Sonrió más y más, mientras la veía.

Amaba tanto a esa mujer, que lo único que pedía, era que, como en un cuento de hadas, su felicidad con ella también durara para siempre.

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Oh sí, empecé por el final xD Muajajajaj xD

¡Volví con un fic sin orden cronológico porque los extrañaba! Aunque al igual que el Ladynoir July de 2019, el capitulo final me quedo como capitulo introductorio.

Al menos ya saben que el fic terminará bien, aunque haya algo de drama en algunos capítulos

¡Los quiero!

¡Gracias por acompañarme otro mes!

Y Gracias a mi queridísima Meimi por betearme la parte del cuento, es que quería que quedara genial y sabía que ella era la indicada, ¡nomás lean sus fics y verán de lo que hablo!

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Aquatic~

1 de Abril 2022