Carly y Freddie quedan de verse un lunes por la mañana en la entrada del salón para su clase con la señorita Briggs. Carly llega por un lado del pasillo y Freddie del lado opuesto. Se topan de frente en el aula 203 que permanece cerrada. Ambos amigos se miran con una cara de desgano de tan siquiera pensar que deben entrar ahí y pasar las siguientes dos horas escuchando a su docente parlotear pura teoría, ver un documental aburrido y hacer veinte ejercicios en el libro y cuaderno, los cuales serán a su vez su guía de estudio para el examen de la semana entrante.

—Hola. -Dice la joven, fingiendo sus mejores ánimos.

—Hola. Responde Fredie con cortesía, pero sin ganas.

—¿Has visto a Sam hoy?

—No desde el viernes.

—Que extraño. Tampoco vino a los ensayos para iCarly

—Ni tan extraño. Ya conoces a Sam. Puede faltar a sus deberes con tal de ir a comerse un bote de KFC.

Al terminar de decir esto, Freddie abre la puerta y ambos chicos se topan con un escenario poco convencional. Los compañeros de su grupo están alborotados haciendo fila desesperados por adquirir cupcakes para el tentempié entre clases. Nada más y nada menos que Sam Pucket era quien organizaba las ventas con un megáfono en mano alentando a que le entregarán a ella todo el dinero y a cambio ella daba los pastelillos. —¡Aprovechen! ¡Bara, bara! ¡Aún quedan de fresa y frambuesa! ¡Muévete tú, ya compraste un cupcake! -Empuja a uno de luz chicos.

Carly y Freddie quedan boquiabiertos. Esto es típico de Sam, simplemente no esperaban que ocurriera un evento extravagante esta mañana. Se miran incrédulos y se le acercan con esa seguridad y confianza por ser sus amigos más cercanos, y entonces se percatan de todas las ganancias que ha adquirido. ¡Y apenas son las 8 am! —Sam, ¿dónde estuviste el fin de semana y que es todo esto? -Cuestiona Carly.

—Oh, hola, Carlangas, Fredward. Hice un trato con la señorita Briggs. A cambio de reunir fondos para la caridad, ella prometió exentarme en el siguiente examen

—¡Vieja tramposa! -Expresa Freddie sin pensarlo.

—Tranquilo Benson, es por una buena causa. ¿Entonces que, me ayudan comprando un cupcake?

—Lo siento no traje dinero hoy. -Dice su amiga.

—Ah, cierto. Hoy no compras comida chatarra. Solo comes fruta. Es "el día saludable de Carly". -Comenta Sam graciosa entre comillas en sus dedos. —Como lo llama Spencer.

—Spencer no invento el día saludable de Carly. Yo lo hice. -Menciona con una sonrisa pícara.

—De acuerdo y que tal tú, Fredward. Sabes que tu dinero estará en buenas manos. -Le extiende su mano derecha esperando que de buenas a primeras él le soltara algún dólar porque sí.

—Gracias, pero no, gracias, dudo mucho de que lo que dices sea cierto.

—Bien, no me creas a mí, pero créele a Briggs. Ella podrá decirte más al respecto. Imagina que alguien le dijera que cierto alumno suyo no quiso cooperar para llevarle ropa calentita y cobijas a un niño desamparado en los albergues de Seattle. –"Ya empezó con su chantaje emocional" pensó Freddie.

—Ah, ¿por eso desde el viernes desapareciste? ¿Planeaste hacer todos estos cupcakes tú sola? -Preguntó Carly. —Te hubiéramos ayudado a prepararlos si nos hubieras contado

—Nah, descuida, y ni hablar. Aún tengo buena relación con mi ex chef Sonia, le pagué para que ella hiciera todos ellos.

—¿Y entonces por qué no ensayaste con nosotros para el programa?

—No tenia ganas, niña. ¿Y que hay que ensayar? Todo sale mejor cuando improvisas. -Le da unas palmaditas a Carly sobre el hombro y esta se limita a rodar los ojos. —¡Ya, Freddie! ¡¿Qué esperas?! ¡Cómprame un cupcake! Sabes que lo quieres.

Freddie tuerce los labios en señal de desagrado. Pero los cupcakes de verdad se ven bien, y además están hechos por Sonia, por eso están siendo un éxito. —¡Oh! Aún quedan unos de frambuesa. -De inmediato los cupcakes de ese sabor llaman di atención. Está bien, tal vez si está un poco hambriento y no le vendría mal comprar uno. —¿Qué precio tiene el cupcake grande?

—Cinco dólares. -Responde la rubia.

—Na-ah. -Niega de inmediato. —¿El cupcake mediano?

—Tres dólares.

—¿Y a cuanto vendes el chiquito?

—Solo un dólar.

—¡Uy! Que barato, con razón te va tan bien.

—¡NO TE BURLES DE MI, FREDDIE! -Sin pensarlo, Sam se abalanzó sobre el joven y solo podemos imaginar como Carly y los demás observan la violenta paliza que le da ella a él en tanto intentan detenerlos y separarlos.

Freddie sale de la enfermería mientras Carly lo espera. Sale con un brazo inmovilizado con gazas y férula y con unos cuantos vendajes a en la cabeza. —¿Estas bien? -Cuestiona ella.

—¿Me veo bien? -Pregunta con sarcasmo y la cara hinchada le dificulta hablar. Cree que puede tener un diente roto también.

—Quise decir si te sientes mejor.

—Eso creo. No sé qué le pasó a Sam ¡esa chica está loca! ¡Yo no sé qué cosa mala dije y ella se comportó como salvaje!

—Bueno... - Carly dudó. —Veras Freddie, sé que no fue tu intención, pero es de mal gusto que un chico le pregunte a una chica "cuánto cuesta el chiquito". Sam se lo creyó, luego lo captó, se enojó y se te fue encima.

—¿Qué? Espera, ¿a qué te refieres? Sigo sin verle nada de malo.

—¿No viste? Hasta lograste hacer que se sonrojara. No estoy segura si por la pana o por el coraje. En fin, se lo tomó peor cuando expresaste que el precio era "muy barato". Hasta te reíste al decirlo.

—¿Qué? -Pregunta con credulidad una vez más. —Pero no entiendo, ¿podrías explicarme? Sigo sin comprender por qué Sam se enojó conmigo.

Carly suspira. —Ay amigo, te falta entender más a las mujeres, y aprender más sobre los albures. -Caminan fuera de cuadro, Carly guiandolo por los hombros.

Fin