He estado sin ganas de escribir por bastante tiempo y tenía este fanfic por ahí abandonado y sin terminar, así que decidí terminarlo para poder darle un cierre adecuado, por lo menos y que así deje de acecharme en las noches cuando se acerca cada San Valentín (cada año pienso ¿xq no lo subí?).

Espero que sea de su agrado :)

Sin más: ¡comencemos!

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CAPÍTULO Nº1: Evento

¿¡Cómo llegué aquí!? Bueno, sé la historia, pero no parece real. He tenido suficiente tiempo como para repasarla y aun así no parece tener sentido ¿Cómo terminó un simple compromiso del gremio complicándose tanto? Bueno, mejor parto contándolo por el inicio...

Cada año, cuando se acerca San Valentín, uno de los gremios de la ciudad debe hacerse cargo de la festividad y, como era de esperarse, este año le correspondió al nuestro. El maestro nos lo anunció con dos meses de anticipación, indicándonos que debíamos estar a la altura del desafío y dejar en alto el nombre del gremio, pero no nos advirtió que debíamos hacer sacrificios por ello...

¿Oi, Gray, qué pasa? – pregunta molesto Gajeel.

¿Cómo? – le devuelvo

¡Estás distraído, despabila! ¡Nos vas a hacer perder clientes! – Dice trasportando instrumentos hasta el escenario principal.

Hacerse cargo de atender las mesas vestido de ángel no era mi ideal para el día de hoy, pero tampoco tenía otros planes. He estado toda la tarde acarreando pedidos y tratando de no chocarme con la gente a mi alrededor, porque el gremio está abarrotado el día de hoy.

Son pocos los que están realmente disfrutando de esto. Locke parece feliz, ya que le tocó estar en la cabina de los besos, Reedus está haciendo retratos a las parejas y claro, Gajeel está preparando el show musical de cierre (no por su talento sino por su insistencia). Pero claro, aún ni siquiera comienza el evento principal...

¡Queridos asistentes a la subasta de San Valentín de este año! – indica el maestro desde el escenario – en breves momentos iniciaremos las pujas por las citas con los cinco solteros y solteras más codiciados de nuestro gremio.

Odié esto cuando el maestro lo propuso en un inicio, pero como un tercio del dinero que se recaude en la subasta va a ir directo al bolsillo de quien sea ofertado... pocos pudieron decir que no. El resto irá por partes iguales a las arcas del gremio y la alcaldía.

Se supone que una vez que termine la subasta debemos ir a cambiarnos, dado que la cita debe ser esta misma noche. Tenemos que ir vestidos de gala si así el comprador lo desea, llevarle a cenar, tratarle bien, ser amable y luego llevarle hasta su casa, sin desvíos y sin pasarse de la raya. Las chicas también tendrán que hacer lo mismo, pero cada una llevará una especie de chaperón que les vigilará a la distancia, para evitar que cualquiera de los ganadores trate de propasarse con ellas, aunque dudo que Erza o Mirajane necesiten de ese resguardo, varios temían que Lucy estuviese en algún apuro.

Comenzaremos con los chicos – dice con desparpajo – los solteros con los cuales alguna de las afortunadas de aquí podrán tener una cita son: Locke y Gray. Ambos fueron los más votados y aceptaron formar parte de esta subasta. Démosles un gran aplauso.

Aceptaron… ¡Ja! Claro, porque los demás no quisieron participar. Freed tuvo una buena votación, pero dijo que no quería exponerse... porque cualquier loca puede llegar con un montón de dinero y participar de la subasta.

En el caso de ambos, la subasta comenzará desde los 30.000 jewels –dice el maestro ante el micrófono mientras nos acercamos al escenario.

¿30.000 jewels? ¡Eso es casi lo mismo que hacer una misión de búsqueda! – Digo en son de reclamo.

Si venden la cita por ese monto, terminaré gastando más en la cena de esta noche que lo que me quedará en el bolsillo, ya que tuve que hacerme de un nuevo traje porque el último lo perdí... y ya hice una reservación en uno de los restaurantes, sólo para ser precavidos, ya que en esta fecha están atiborrados.

Tranquilo, Gray, se supone que ese precio irá subiendo. – Me dice Locke mientras subimos al escenario – Además, ya tienes una compradora segura –indica apuntando hacia el público.

La chica vestida de ángel en la primera fila destaca no sólo por su cabellera azul sino por su aura asesina hacia el resto de las chicas. Es una lástima, si no fuese por sus ojos de locura, se vería bastante adorable.

Partiremos por el chico que estuvo toda la tarde en la cabina de los besos, démosle la bienvenida a Locke – dice el maestro, mientras mi amigo da un paso adelante, junto a él, saludando a la audiencia y llevándose aplausos y gritos femeninos del público – la puja inicial es de 30.000 ¿Quién da 30.000? Ya tengo 30.000, 50.000 por allá, 60.000, 100.000, 150.000 la señorita de rojo allá al fondo, 200, 230, 250, 300.000... ¿no hay más ofertas? Muy bien, 300.000 a la una, a las dos y a las tres, vendido a la señora del vestido verde por 300.000.

Okay, eso fue bastante rápido. Miro hacia el público para ver cuál es la señora del vestido verde y me doy cuenta inmediatamente de que mi amigo está en problemas... definitivamente esto no es una buena idea. Veo a Locke darse la vuelta para bajar del escenario, pero no se ve molesto porque lo haya comprado una señora de al menos 60 años, de hecho, se le ve tranquilo... no sé si yo soy demasiado selectivo o si él no lo es lo suficiente...

¿Qué hago si la oferta la gana una señora como ella? ¿O un hombre? Ese pensamiento no se me había venido a la cabeza, pero con él la imagen de Ichiya se me pasó brevemente por la mente y un escalofrío me recorrió la espalda... Tengo un mal presentimiento de todo esto...

Ahora vamos con la subasta de nuestro mago de hielo, el señor Gray Fullbuster – dice haciéndome avanzar.

Esto fue una mala idea... – digo sin querer, mientras doy un paso al frente, hasta llegar junto al maestro.

Recuerda la recompensa... – dice el maestro por lo bajo, antes de volver al micrófono – Comenzaremos con 30.000, 30.000 por acá – veo a Juvia ofertando desde la línea del frente – 50.000 por allá – al fondo, una mujer de unos 20 levantando su cartel – 75.000 por acá, 100.000 la señorita de morado allá al fondo, 110, 120, 125, 150 – nuevamente Juvia encabeza la puja – 180, 200, 220, 225, 250.000 – quedan Juvia y la mujer del fondo. La tensión entre ellas dos es palpable – 280 acá al frente, 300... – veo a la joven del fondo con una sonrisa socarrona, cuando ve que Juvia parece complicada – ¿no hay más ofertas? Muy bien, 300.000 a la una, 300.000 a las dos y…

¡400! – grita Juvia al frente, dejando en silencio la sala.

¡400.000! – Repite el maestro, mirándome, sorprendido – ¿Alguien ofrece más? 400 a la una, 400 a las dos, y 400 a las tres, vendido por 400.000 a la señorita Juvia Lockser – indica mientras Juvia acribilla con la mirada a la joven de morado al fondo del salón.

Muy bien, parte de mí tenía la esperanza de que eso no ocurriera, pero supongo que esto es mejor que el terminar cenando con una señora de 60 años y hablando con ella de sus gatos... O con Ichiya-dono y lo que sea que le guste...

Juvia se ve contenta, pero hay algo extraño en su gesto, cuando me mira, al terminar de bajar la escalera… se le ve algo cabizbaja. Se dirige a mí, a pesar de que se supone que faltan un par de horas aún para la cena.

G-g-g-gray-sama... – Dice nerviosa, parando a un par de pasos de mí, llevando sus manos frente al pecho y removiéndose en su lugar antes de continuar – Juvia ha esperado mucho por esta noche... – Su tono es suave y soñador. Casi un susurro en medio de todo el ruido del gremio.

¡Genial, ahora además tengo que cumplir con las expectativas inalcanzables de Juvia también! Creo que nunca seré capaz de entregarle lo que ella quiere. Yo no soy lo que ella quiere... Soy sólo una idea fija en su cabeza.

Aunque eso no significa que no podamos divertirnos juntos... menos con la cantidad de dinero que acaba de gastar esta noche.

Bueno, iré a casa a cambiarme y te recogeré aquí, en la entrada del gremio en dos horas – dije apuntando hacia la puerta – Porque imagino que no querrás que vayamos vestidos así...

Serían un interesante par de angelitos... – nos dice Cana, llamando nuestra atención, haciéndonos notar que todos alrededor nos están mirando – pero deberían tener esa conversación en otro lugar, ya que están tapando la escalera...

Cerca de mí están Erza, Mira y Lucy esperando su turno para subir al escenario. Casi olvido que la subasta sigue en curso y faltan todavía ellas. Les hago espacio para que suban y voy fuera del salón del gremio, seguido de cerca por Juvia.

Bueno, supongo que aquí no molestamos a nadie... – Digo frenando repentinamente, siendo impactado en la espalda por mi compañera, quien parece un poco fuera de sí – ¿Hey, Juvia, estás bien?

Sí, Gray-Sama, Juvia está bien... sólo un poco mareada... – dice con la mirada un poco perdida. Realmente parece mareada.

¿Necesitas que te lleve a la enfermería o algo? – digo tomando su mentón por instinto, para mirar sus ojos más directamente, ya que me rehúye un poco la mirada y realmente me preocupa.

¡No! ¡No es necesario! ¡Juvia está bien! – dice repentinamente, después de varios minutos de silencio, como si tratara de convencerse a sí misma en lugar de a mí – Juvia verá a Gray-sama en dos horas con su traje elegante para la cena – indica con firmeza.

Bueno, está bien... – En su mirada aún no se refleja la seguridad de sus palabras, pero quizás haya sido sólo la acumulación de gente dentro del gremio lo que la hizo sentir así de mareada, me digo a mí mismo para sentirme más calmado. – Te veré aquí en dos horas – Digo, soltándola, al darme cuenta de que sigo sosteniendo su rostro de la misma forma.

Dicho eso, Juvia volvió a entrar, ya que aún tenía que hacer todo el trámite en el gremio respecto al pago. Yo no pude hacer más que suspirar... es como si hubiese algo malo en toda la situación. No lo sé. No sé si esto es lo que llaman presentimiento o lo que sea, pero hay algo en todo esto que me hace sentir profundamente mal y no logro identificar qué es.

Miro hacia un lado y veo a Reedus sonriéndome allá lejos, desde detrás de su atril, de manera muy alegre, por lo que le miro extrañado, ante lo que le veo dar un par de pinceladas rápidas a lo que sea que esté haciendo y levantarse de su asiento para tomar el cuadro recién terminado desde el borde del bastidor para mostrármelo: Dos ángeles, uno frente al otro, mirándose profundamente... Espera, no. Me acerco para ver mejor. Es la escena de recién, somos Juvia y yo, frente a frente. Sigo acercándome y consigo ver más detalles... Reedus es un genio en cuanto a la pintura, con muy buen ojo, pero a la vez no sabes nunca cuánto de lo que plasma en sus obras es lo que ve y cuánto es lo que imagina... En este cuadro estamos Juvia y yo, frente a frente, con nuestros trajes de ángeles muy bien plasmados, mi mano en su mentón y por la postura de ambos en la pintura bien pareciera que estamos a punto de besarnos.

Oi, Reedus, quizás deberías esconder ese – digo un poco avergonzado por la imagen ¿En realidad nos habremos visto así?

Pe-pero, si se ven tan bien... – dice volviendo a mirar su obra con una mezcla de orgullo y ternura, como quien mira un hijo.

Es que... quizás no lo sabes, pero Juvia acaba de ganar la subasta por la cita conmigo. – Reedus me mira confundido, sin saber cómo eso puede tener algo que ver con su obra – No podemos dejar que el resto de las personas que vayan saliendo del salón vean ese cuadro y piensen que todo el asunto estaba arreglado, o lo que sea...

¡Oh, Oui! – dice algo espantado escondiendo el mismo detrás de una pila de lienzos en blanco. Asiento a su entendimiento y le doy una rápida despedida con la mano para retirarme.

Debo apurarme, ya que todo este tipo de cosas elegantes o lo que sean, son anticlimáticas para mí y, si bien acepté hacerlas, no es que se me den del todo bien... pero bueno, es Juvia, ella me conoce y sabe que estas cosas no se me dan.

¿Espera, estaría comportándome de la misma manera si la subasta la hubiese ganado la mujer de morado? No, supongo que no. Supongo que tengo que olvidarme de que conozco a Juvia y que ella me conoce a mí, y tengo que comportarme como si fuese cualquier otra mujer que hubiese ganado este servicio por parte del gremio... Sí, eso haré.

¡Hey, Gray! – Me dice Reedus cuando ya estoy un poco más lejos.

¿Sí? – Digo volteando

¿Entonces, no quieres que te lo guarde para que se lo des al final de la cita? – Pregunta con una suave media sonrisa.

El final de la cita... mmm... creo que no había pensado en eso. Supongo que es un poco fuera de lo normal para mí, pero se supone que es una cita de San Valentín y se espera que sea algo cursi... después de todo, por eso pagó.

Está bien – Digo continuando mi camino – ¡Al regreso te pago!

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Siguiente Capítulo: La Cena