Para quienes se hayan interesado en seguir leyendo: Mi intención era subir todos los capítulos el día 14, pero vi que no iba a tener todo a tiempo... y mi ansiedad me hizo querer comenzar a subir lo que tenía terminado antes :P
Estaré publicando lo que ya tengo a medida que voy terminando lo otro, que ya está en mi mente o que está en revisión de mi editor in cat (mi pololo, que siempre lee lo que escribo antes de que lo publique y es mi fan N°1).
Así que, aunque se demore un poquito, sé que no será mucho y que será dentro de ésta o la otra semana, ya que es una historia corta y está ya totalmente pensada. Van a ser unos cuatro o cinco capítulos en total.
Así que eso... Espero que este capítulo sea de su gusto...
¿Dónde nos quedamos?
Ah, si...
– ¿Entonces, no quieres que te lo guarde para que se lo des al final de la cita? – Pregunta con una suave media sonrisa.
El final de la cita... mmm... creo que no había pensado en eso. Supongo que es un poco fuera de lo normal para mí, pero se supone que es una cita de San Valentín y se espera que sea algo cursi... después de todo, por eso pagó.
– Está bien – Digo continuando mi camino – ¡Al regreso te pago!
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CAPÍTULO Nº2: La cena
Con más ansiedad de la que me atrevería a reconocer a cualquiera, me presento en el gremio antes de que se terminen las dos horas que he prometido, vestido y perfumado para la ocasión.
He retirado el dinero correspondiente a la subasta de esta noche que, en realidad, ha sido más del que esperaba obtener en un inicio por la sola velada. Pero hay algo de toda la situación que no se siente del todo bien... es casi como estarle quitando dinero a una compañera, así que no me siento demasiado cómodo con el intercambio. Por lo que debo recordarme continuamente que esta noche debo tratar a Juvia como a una mujer desconocida más.
Mientras esperaba, encontré a Reedus, quien me dejó el cuadro antes de irse, en una bolsa de regalo negra, en cuyo interior se observa envuelto en un papel de regalo rojo y hasta atado con una cinta de tela blanca... se ve que el tipo puso dedicación en ello.
Veía el tiempo pasar en el reloj y marcando los minutos, pero los sentía eternos en su paso... Juvia estaba retrasada. No demasiado, pero veinte minutos para ella, que no suele retrasarse, ya es decir algo.
¿Acaso le habrá ocurrido algo? Ciertamente esta tarde no se sentía muy bien. Quizás debí insistir en acompañarla a la enfermería para que le revisaran.
A lo lejos comienzo a sentir el ruido de unos tacones que se acercan con prisa, volviéndome a mirar en esa dirección. Hasta el ritmo en que camina me dice que es ella.
Viene caminando ataviada con un vestido que presumo que es celeste, de una tela satinada y muy ajustada, atado en el cuello y con un amplio escote, que realmente resalta todas sus curvas... ¡Y trae un peinado alto! Todas cosas que no suelo verle llevar.
– Gray-sama, lo lamento, le hice esperar – dice Juvia un poco cansada.
– No te preocupes – Digo un poco embobado, muy a mi pesar, fijándome especialmente en su pelo... – Juvia, creo que nunca te había visto con un peinado así.
– ¡Ah, sí! Lucy-san estuvo ayudándonos a todas las chicas con nuestros peinados, por eso me demoré un poco. – Dice pareciendo nerviosa.
– ¿Lucy? – Está bien que tenga buen gusto, pero no tiene tanta destreza como para ayudar a todas en tan poco tiempo, así que parece extraño.
– Sí, su espíritu, Cáncer, dijo que Juvia podría lucir mejor su vestido con este peinado – dijo dándome la espalda brevemente, dejándome ver que el mismo tenía la espalda descubierta hasta la cintura. – ¿Le gusta, Gray-sama?
Verle mostrando tanta piel cuando usualmente va tan cubierta, me es extrañamente interesante. Siempre he sabido que tiene una hermosa figura, vamos, que la he visto en bikini y no soy ningún idiota, pero este vestido es todo lo que un hombre podría desear... muestra lo justo y necesario e insinúa lo demás...
Carraspeo un poco, para quitarme la incomodidad de encima... Recordándome a mí mismo la determinación con la que vine antes de responder.
– Te queda bien – ¡Bien, eso es! Así es como se le debe responder a una mujer hermosa con la que tienes una cita que te pregunta cómo se ve... Métete en la cabeza que esta noche ella no es Juvia ¡Ella no es Juvia!
Juvia parece brevemente en shock con mi respuesta, pero luego sonríe ampliamente. Aunque su sonrisa no llega a sus ojos, como si hubiese alguna preocupación profunda o un cansancio muy grande invadiéndole.
– ¿Está bien si partimos? – Pregunto para asegurarme de que está bien para continuar con la cita.
– Sí, Juvia está preparada. – Dice soltando una profunda respiración, como si se preparase para darse impulso. – Vamos...
Esta vez no tiene que apegarse a mí, dado que soy yo quien le ofrece mi brazo, (puesto que parece lo correcto), pero su agarre no parece firme como otras ocasiones y me preocupa.
Le miro, recargándose suavemente sobre mi hombro, con los ojos entre cerrados mientras caminamos. Dejo mi vista merodear por su rostro... parece cansada. Quizás debí decirle que hiciéramos esto otro día...
Juvia me mira repentinamente, como si hubiese notado que la observaba. Sus ojos azules encuentran los míos, viéndose muy brillantes y, definitivamente ya no puedo preguntarle si quiere ir a casa e intentar nuevamente otra noche... Hay súplica en esos ojos, una súplica que, si viniese de cualquier otra mujer, no tendría problemas en contestar, pero a pesar de mi autoengaño, sé que ella es Juvia y si respondiera a lo que quiere, le terminaría haciendo daño... por mucho que ella no lo vea así, no estoy con ella por su propio bienestar...
Aparto la mirada, llevándola hacia abajo, tratando de distraerme un poco de la tensión que se había generado repentinamente entre nosotros, logrando darme una panorámica bastante inesperada de su escote, por lo que decido dejar de observar y enfocarme en el camino.
La cena, a pesar de ser deliciosa, me deja un regusto amargo, dado que Juvia parece desanimada la mayor parte del tiempo, lo cual no parece adecuado... siempre parece alegre y a veces hasta parlanchina cuando está a mi alrededor, por lo que verla así me es extraño. Trato de halagarle, al igual que la comida, pero sus comentarios son bastante cortos y lánguidos. No me es usual que me falte su risa...
¿Será porque no fui capaz de besarla más temprano? Bueno, no debería pensar en eso.
– Gray-sama ha estado muy callado esta noche... – Dice con suavidad cuando termina su postre, llevándose el último rastro de su copa de vino blanco a la boca.
– Sí, se puede decir... que he estado muy pensativo – Reconozco – Aunque nunca he sido muy hablador – Digo paladeando el vino... es un buen contraste con el dulzor del postre.
– Juvia también ha tenido mucho en qué pensar... – dijo dando un largo suspiro y haciendo una leve mueca de dolor.
Claro... Debe ser eso, ¿no? Al fin se dio cuenta de que no armonizamos de la manera que a ella le gustaría...
– Em, Gray-sama, espere un momento – dice levantándose de su asiento, aunque sólo logra dar uno o dos pasos antes de parar y dar una larga respiración, lo cual me preocupa y la sigo, dejando nuestras cosas en la mesa.
Sus pasos parecen estables, pero lentos, así que no creo que sea culpa del vino, independiente de que no tenga muy buena resistencia al alcohol. Hay algo mal en todo esto.
Va directo a los baños, por lo que decido esperar afuera, aunque se escucha todo lo que dicen desde el área de los hombres, frente a la puerta.
– ¿Oye, viste quién estaba en esa mesa? – dice un tipo desde el baño, mientras se oye correr agua de los lavamanos.
– No ¿Acaso hay alguien famoso? – Pregunta un segundo con voz de atolondrado.
– Es esa maga, la de pelo azul, la de la portada de la revista de la otra vez... la que te mostré. – vuelve a decir el primero, mientras se corta el sonido del agua y quedan solo las voces.
– ¿Cuál? ¿Juvia? ¿la de Fairy Tail? – pregunta el atolondrado.
– Esa, misma... – Dice con un tono que me hace querer golpearlo – Te juro que cuando la vi en la revista creí que estaba trucada, porque esas piernas no son normales, pero uf… – Me río ante el comentario, ya que, bueno, sí, tiene unas piernas que...
– Yo moriría feliz entre esas piernas – Dijo el atolondrado, cortando mi línea de pensamiento – Esos muslos adornarían muy bien mis hombros. – ¡Ah! ¿¡Qué dijo!? ¿¡Sus hombros!?
– Y eso que no has visto como va vestida hoy... – dijo el primero, haciendo un par de ruidos bastante obscenos, ante los cuales me costó quedarme allí, estático y sin armar escándalo en el local – Yo creo que con ese vestido es imposible que lleve ropa interior, se notaría, porque le queda como una segunda piel – ¡Ay, Dios! A mí no se me había pasado eso por la cabeza... pero dudo que no sea cierto.
– Ah, ya me dieron ganas de ir a mirar… quizás deje caer algo bajo su mesa, para ir a comprobar – Dijo riendo, el de la voz idiota.
– Naaa, no te lo recomiendo... – dijo el que ha llevado la conversación – Anda con ese otro mago del gremio, el de hielo, el del pelo pinchudo. – ¡Ja! Así que soy el del pelo pinchudo... ya quiero ver al par de idiotas, para ver qué nombres les pongo yo.
– Entonces por eso anda sin ropa interior – dijo divertido el segundo.
– En realidad, no creo que haya nada entre ellos... Tengo entendido que el tipo es un princeso y que no le ha tocado un pelo, pero se ve peligroso, así que yo no me acercaría con él allí. – Así que ahora soy, además, un princeso... Siento como me late la vena en la frente oyéndolo...
– No lo sé, a mí me parece sospechoso. Yo no me compro eso de que no se la haya cogido. Yo creo que es una estrategia de los medios, para que ella siga dando esa apariencia sexy, pero ingenua. Si se supiera que tiene novio y que además se la anda empotrando cada vez que se quedan solos, eso no le haría bien a esa imagen.
Empotrando... esa palabra me hace eco en la cabeza... Juvia sigue encerrada en el baño de mujeres, por lo que decido ir a hacerles una visita breve a los idiotas.
– Oi, si trataran a las mujeres con más respeto, en lugar de andar hablando de empotrárselas por ahí, quizás podrían soñar con estar con alguien como ella... – Los veo quedarse helados mirándome, pero siento que es un desperdicio de energía el golpearles... son sólo una manga de estúpidos.
Tras eso, se callan y salen del baño, pasando junto a mí. Ambos son más bajos que yo, por lo que ni siquiera tengo que mirarles con enojo para que se encojan del susto. Una vez que salgo, veo a Juvia salir cabizbaja de la puerta del frente.
– ¿Juvia, estás bien? – Digo abrazándola y dándome cuenta de su calor corporal. Usualmente su temperatura es mayor a la mía, pero ahora está muy por sobre lo normal. – ¿Te sientes enferma, no?
– Juvia había estado esperando tanto por esto... – dice comenzando a llorar amarga y lentamente – no se supone que pasara esto hoy.
Pongo mi mano en su frente, corroborando que está caliente... Entonces su decaimiento del día de hoy no era sólo emocional.
– Bueno, Juvia, parte de la cita es que tengo que llevarte a casa sana y salva, así que te tengo que llevar a un médico – Le digo casi al oído, ya que está recargándose cada vez más sobre mí.
– Juvia ya vio a uno esta tarde, pero sólo le dio medicamentos y le envió a descansar... – Entonces ella ya sabía qué tenía.
– ¿Y tomaste vino a pesar de estar tomando medicamentos? – le pregunto preocupado.
– Es que Juvia no se tomó el medicamento, porque quería disfrutar completamente de su cena con Gray-sama – No me gusta que se haya puesto en riesgo por esto.
– Juvia, te llevaré a casa. Ahora debes descansar. – La oigo sollozar un poco, pero asiente en mi pecho. Casi parece una niña pequeña con esa actitud...
Le ayudo a ponerse a mi lado, abrazándola para que no pierda la compostura hasta que salgamos. Vamos por nuestras cosas que quedaron abandonadas y pido la cuenta con rapidez, para salir de allí. Antes de que la camarera se haya retirado, Juvia me abraza con un gesto de dolor en el rostro y siento que se afirma de mí, con lo que instruyo a la joven para que no traiga el cambio y me retiro, afirmando a Juvia, sintiendo su piel escocer bajo mis dedos.
Una vez fuera, damos un rodeo al edificio y le pido que se afirme contra la pared para mirarle. Sus ojos me observan, vidriosos y perdidos.
– Juvia, te llevaré en mis brazos, porque no creo que puedas llegar caminando hasta Fairy Hills – le digo inclinándome hacia ella, ya que no parece fijarme bien la mirada. Asiente, pero se ve insegura... – Tendrás que sujetarte bien.
Me agacho un poco, sintiendo su brazo sujetarse en mi hombro, viendo la marca del gremio en su muslo a través del corte en el vestido antes de tomarla en mis brazos. Me siento una desgracia para mi género al estar de acuerdo con los estúpidos de allá dentro, pero le concedo a uno de ellos eso de que yo también moriría feliz entre sus piernas...
– G-gray-sama – le escucho jadear, mientras reposa su frente en el costado de mi cuello.
– Tranquila, ya iremos a casa – Me preguntó cómo haré para entrar... tendré que ser cauto para dejarla en Fairy Hills.
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