Página#2: Muchas cosas que corregir
Pequeñas gotas de agua cayeron sobre la falda de su vestido en lo que recordaba a su prometido. Que irónico era el enterarse de la muerte del padre de su hija en el mismo día en que su hija fue asesinada.
No sabia todos los detalles, pero estaba segura que era el emperador el responsable de la muerte de su amado.
Era por eso que anhelaba cada vez más su propia muerte.
Con cuidado de no arruinar el vestido, se arrodillo enfrente de una ventana que mostraba el bello cielo nocturno. La luna estaba en lo más alto del cielo para iluminar la oscura y espaciosa habitación en donde tras el escándalo que hizo ahí abajo, la habían encerrado y era fuertemente custodiada por guardias de alto rango.
Acomodo su larga cabellera adornada de perlas y se quito las extensiones de cabello que le habían puesto horas antes de la boda.
Una vez que pensó que estuviese lista, después de todo quería estar arreglada para cuando volviese a ver a su dulce prometido y su linda hija, se preparó para acabar de una vez con su vida.
De un movimiento sin vacilación de su parte, enterró la delgada daga en el lado izquierdo de su pecho.
Su cuerpo se encorvó hacia delante mientras enterraba la daga lo más profundo que pudo y por fin pudo sentir como su consciencia se desvanecía.
En el mismo momento en que el emperador hacia su entrada.
No escucho el momento en que entro a la habitación, lo único que pudo hacer era sentir como ese hombre la sostenía en sus brazos mientras que su vida se escapaba de sus manos.
- …Y-yashiro… ugh… Hanae… - Murmullo con la poca fuerza que le quedaba los nombres de su amado e hija antes de que al fin yacía sin vida y con los ojos abiertos, derramando sangre por uno de los costados de su boca.
El emperador sostuvo su cadáver por un largo tiempo hasta que su mano se movió para acomodar su flequillo al mismo tiempo que inspeccionaba ha detalle su rostro.
Su mirada se enfocó en el inusual color de ojos de la joven y se acercó más de cerca a su rostro para poder observar mejor sus rasgos.
Su mano se detuvo alrededor del borde sus ojos.
Unos grandes iris ambarinos en forma de luna creciente.
- ¿Qué demonios está ocurriendo? – Preguntó el emperador Tsukasa entre dientes con enojo.
Su cuerpo entero temblaba y las venas del cuello se resaltaban por la creciente ira que sentían tras descubrir su reciente hallazgo.
Los ojos que poseía la joven, solo eran pertenecientes a la familia imperial.
No cabía duda sobre eso.
Un rasgo que es solo transmitido a la familia imperial y un atributo necesario para ser considerado en la lista de sucesión, en otras palabras, por tradición el trono del emperador sólo podía ser ocupado por aquellos con ojos de luna creciente.
Fue por eso que no tuvo dificultades en ascender al trono, al ser el único príncipe en poseer esos ojos de luna creciente.
Ahora aparecía una joven misteriosa con esos ojos ambarinos en forma de luna que demostraban que eran familia.
Su majestad Tsukasa abrió los ojos a más poder y depositó el cadáver de la joven sobre la cama para después caminar hasta la puerta con pasos fuertes y decididos hasta que los guardias abrieron la puerta sin que tuviera que detener su marcha.
- ¡Manden a los caballeros imperiales a la mansión del marqués y que no vuelvan hasta encontrar todo lo relacionado con la emperatriz! – Ordenó de manera gélida el emperador Tsukasa sin detener su caminata.
Los guardias cerca de él afirmaron en voz alta a la orden de su alteza y se fueron para acatar sus órdenes.
Mientras tanto el emperador se dirigía a los calabozos para interrogar a los integrantes del marquesado y obligarlos a hablar incluso si tenía que recurrir a la violencia.
En el trayecto al calabozo, su cabeza no dejaba de pensar en los nombres que mencionó su inesperado hermano antes de morir y el escándalo que ocurrió hace menos de una hora.
Todo indicaba que tenía una sobrina ahí escondida y él necesitaba encontrarla cuanto antes.
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Un joven pelinegro con una sudadera morada detuvo su lectura de su teléfono móvil para suspirar del cansancio.
Lo que se encontraba leyendo era el borrador de una escena que escribió su bella novia para la novela romántica que escribía en sus ratos libres. La historia ya contaba con 142 capítulos publicados y pronto entraría en su último arco.
Por lo que su novia ha aprovechado esta oportunidad para aclarar las dudas de sus lectores sobre el misterioso pasado de su protagonista femenina como algunas cosas que aún no se habían explicado de la trama de la historia.
Por lo que era entendible que su novia estuviera nerviosa por el final de su novela.
Ella quería que el final y el epílogo fuese del agrado de todos sus lectores, lo que significaba que sus borradores eran su máxima prioridad en estos momentos, cualquier cambio o incoherencia en la historia tenía que ser revisada y corregida para estar en relación a la trama.
Ahí es donde entraba él.
Cuando empezó a escribir su historia y a publicarla en una plataforma online de lectura y escritura, él estuvo a su lado cada vez que escribía un capítulo o cuando buscaba referencias en otras obras para una escena en específico.
Incluso sacó a relucir su talento y vio miles de tutoriales para crear la portada de la novela a través de un programa de edición de imágenes como muestra de apoyo a su talento.
Se podía decir de algún modo, que él era parte de la creación de la novela de un modo indirecto.
Por lo que se sentía bien en ayudarle en revisar los borradores de los capítulos antes de publicarlos en la plataforma.
Al terminarlos de leer, él le comentaba que partes no entendía de la trama o le ayudaba con las correcciones del capítulo.
Como lo que hacía en estos momentos.
Su vista fue al resultado de búsqueda del documento y noto que había 14 resultados de su búsqueda.
Tenía que buscar cuales de esos resultados tenía que corregir, antes que el maestro llegará al salón de clases.
Un suspiro se escapó de sus labios al pensar lo fastidioso que sería reemplazar las palabras por otras del borrador.
Sobre todo, cuando tenía que intercambiar la palabra "ella" por "él" en el documento.
…
Curiosidad que escribo#2
Nuestro protagonista aceptó la petición de su novia de intercambiar la palabra 'ella' a como se refería a la emperatriz sin que se revelara su identidad, por 'él' dando a entender que la emperatriz seria cambiada de género.
Por lo que el hermano del penúltimo párrafo de la novela no es un error gramático.
