—¡Piplup! ¡Pico taladro! — gritó Dawn a su Pokémon tipo agua, al cual, su pico creció exponencialmente mientras emitía un brillante brillo.

El Pokémon de la chica de chaleco rosado y blusa negra, saltó hacía su objetivo, un Blaziken, y comenzó a girar sobre su eje, dando la impresión de ser un taladro como lo indicaba el nombre del ataque. Cuando impactó, el Blaziken había juntado sus brazos para mitigar el golpe del Pico taladro, así que sus extremidades recibieron el golpe, pero, eso no evitó que igual le doliera de cierta forma.

Dawn tenía una batalla en curso, la séptima en lo que iba de la tarde, después de todo, estaba en una plaza de batalla, un lugar dentro de la ciudad donde se reunían varios entrenadores y se llevaban a cabo enfrentamientos sin temor a daños colaterales. Su rival era un chico alto, quizá un poco más que su estatura, no importaba que ahora tuviese diecisiete años y había crecido, por lo regular, siempre había gente que medía uno o dos centímetros mayor que ella. Justo como su novio Ash, quien miraba la batalla a un lado.

—¡Usa Golpes Furia! — dijo el entrenador rival, quien llevaba puesto ropas negras, como su pantalón, su camisa de mangas largas y sus guantes, lo único diferente era su chaleco que era de color azul munsell, lo mismo una línea de sus zapatillas, incluso su cabello, corto y negro, tenía dos mechones, uno a cada lado de su cabeza y cerca de sus patillas, teñido de ese mismo tono de azul. Los tonos que vestía no eran casualidad, pues, al lado suyo, había un Umbreon de colores brillantes, los mismos tonos que usaba el chico en su vestir.

De los tres dedos de Blaziken, sus garras crecieron a casi treinta centímetros, y los usó para dar un zarpazo a Piplup en la cara, y luego un segundo zarpazo, iba a continuar, pero falló el tercer golpe, y fue un alivio para Piplup, pues lo hizo retroceder hacía los pies de su entrenadora.

—¿Estás bien? ¿Piplup? — preguntó la chica de pantalón negro que delineaba su cintura y caderas.

Piplup se levantó de inmediato y se puso firme para demostrar a su rival, y a su entrenadora, que era tan fuerte como aquel Blaziken, aunque le ardían los rasguños en su rostro.

A un lado, vistiendo un chaleco rojo, estaba Ash Ketchum observando la batalla con los brazos cruzados.

—lo hace bien— dijo a su compañero, Pikachu, mientras sonreía al ver lo mucho que había mejorado la chica en combate. Aunque ella era coordinadora, también había estado desarrollando su estilo de combate desde que ellos se habían reencontrado un año atrás, después de todo, ella también era entrenadora, así como él— ya lleva siete de diez—

Por lo regular, era Ash quien se entusiasmaba por las batallas que se llevaban a cabo en plazas como estas en cualquier ciudad a donde iban, donde Dawn podía tener una o dos batallas, Ash combatía hasta diez veces, pero esta vez, los papeles se invirtieron y por una razón. Una apuesta entre la pareja de novios.

—¡Usa Rayo Burbuja! —

El Piplup de Dawn tomó aire, y de su boca salieron decenas de burbujas que impactaron sobre Blaziken, al reventar fueron hiriéndole, pero, no como se esperaría que un ataque tipo agua hiriera a un Pokémon tipo fuego.

La apuesta era simple, Dawn debía ganar diez combates seguidos, no podía perder ni uno solo, de hacerlo, la recompensa por parte de Ash sería gratificante, tomando en cuenta que el chico detestaba gastar lo que costaría una soda barata. Pero, si ella llegaba a perder un solo combate, ella tendría que cumplirle un deseo al chico, lo que él pidiese.

—No lo ha notado, aún— dijo Ash, ella podría haber mejorado en combate, pero todavía hacía falta por mejorar su perspicacia. Sonrió un poco, pues había oportunidad que la batalla la ganase el retador, nunca hubiese deseado la derrota para la chica, pero, en esta ocasión, no quería perder la apuesta, había mucho en juego.

—¡Afilagarras! — ordenó el retador, por lo regular, ese movimiento aumentaba la potencia del ataque y la precisión del Pokémon.

—Ese Blaziken no ha usado ningún ataque tipo lucha ni tipo fuego— volvió a decir Ash— sin contar que, su entrenador no lo ha llamado por su nombre—

La batalla se estaba prolongando más de lo esperado, y Dawn comenzaba a cansarse, pues no se había detenido desde que comenzó. ¿A esto se enfrentaba a Ash todos los días? Con razón él entrenaba a solas a sus Pokémon y su cuerpo, las batallas representaban un desgaste. El resto de sus Pokémon igual estaban cansados, si otro entrenador usaba otro Pokémon tipo fuego, tendría que dejar a Piplup y usar a Rhyperior, pero aquel era su Pokémon más perezoso, a veces ni se movía en medio de la batalla, y de seguro ya se había quedado dormido dentro de su pokeball, sería difícil despertarlo para una batalla.

—¡Usa Pulso umbrío! —

El Blaziken empuñó su mano, y golpeó el suelo donde estaba, y de allí se desprendió un aura oscura que llegó hacía Piplup y le golpeó.

—Oye amigo— dijo Ash a su Pokémon amarillo, con seriedad— dime la verdad. ¿Crees que él sea más atractivo que yo? — preguntó el chico, a veces se preocupaba de lo que su pareja pudiese pensar de otros chicos.

—¡Usa Rayo de Hielo! ¡Piplup! —

Del pico de Piplup surgió un rayo de color azul celeste, y al impactar contra Blaziken, no solo logró debilitarlo y poco y hacer que retrocediera, sino que igual sufrió el efecto secundario de muchos ataques de tipo hielo, sus piernas fueron cubiertas por una capa de hielo, dejándolo inmovilizado. Esto, sin duda, fue motivo de emoción para la chica.

—¡Muy bien Piplup! ¡Usa Torbellino! —

Si querían ganar, este era el momento, así que Piplup se esforzó para que, al girar sobre si, pudiese formar un enorme torbellino sobre su cabeza, usando toda el agua de su cuerpo, y así, atrapar al Blaziken en él mientras seguía atrapado por el hielo. Cuando el torbellino atrapó al Pokémon rival, este fue separado del suelo, pues la capa de hielo que atrapó sus piernas se rompió y quedó libre, aunque, debía contener la respiración en el tiempo que estuviese dentro de aquel ataque.

Dawn se veía entusiasmada, una victoria más y solo faltarían dos más para ganar su apuesta con Ash, tantas batallas no eran tan difíciles después de todo, y hasta resultaba divertido, más cuando triunfabas, con razón Ash lo hacía seguido, bueno, igual lo hacía por la bonificación financiera que recibía luego del triunfo, el Meowth de dos patas ese. Pero, mientras veía como Blaziken giraba gracias a las olas del Torbellino, notó algo raro en él, pues comenzaba a desvanecerse.

La imagen de Blaziken cambió, dejó de ser un Pokémon de gran altura y largas piernas, de plumajes rojos y blancos, a ser un Pokémon de color negro con una larga melena con mechones rojos como el vino. Esto sorprendió a la coordinadora, más no a Ash.

—Lo sabía. Un Zoroak usando ilusión— se dijo para sí mismo, y notó a su novia quien estaba conmocionada por lo que acababa de descubrir, pues, sin duda, había caído en la trampa de ilusión de aquel Pokémon. Ash hubiese usado a su Lucario, pues lo llevaba consigo, y si Dawn lo hubiese sabido, hubiese usado a su Machamp, de hecho, él estaba en mejor condición para enfrentarse a él, pues, su última batalla contra un Excavalier, había ganado con solo un par de ataques, pero ella decidió ir rotando a sus Pokémon, guardar a Machamp para otra batalla donde tuviese ventaja de tipo, y usar a Piplup contra un tipo fuego, a pesar que su primer batalla contra un Gligar lo había dejado un tanto Exhausto debido a lo hábil al volar que su rival. Por eso necesitaba practicar con sus instintos como entrenadora, para evitar esas sorpresas.

—¡Zoroak! — gritó el entrenador de ropas negras, pensando que podría tener una última oportunidad para triunfar, pero debía actuar rápido antes que Zoroak pierda la conciencia por estar atrapado en el torbellino que giraba y giraba— ¡Usa Tajo Umbrío! —

El Pokémon siniestro escuchó a su entrenador, y acató la orden. Las garras de su pata derecha crecieron y se tornaron de un tono violeta oscuro. A como pudo, trató de nada hacía el principio del torbellino, hacia el Piplup, preparando su ataque. Le fue difícil, pues no estaba acostumbrado al agua, pero logró alcanzar al pequeño Pokémon, y cuando lo tuvo enfrente, soltó el ataque, golpeando al pingüino justo en la cabeza.

El torbellino se deshizo, y Zoroak cayó al suelo y Piplup cayó hacía los pies de su entrenadora. El Pokémon siniestro logró levantar la mitad de su cuerpo, aunque le costaba respirar, pues el agua había entrado por su boca y su nariz, pero seguía consciente. No se podía decir lo mismo de Piplup, quien estaba desmayado en el suelo, el golpe que le propiciaron fue el más fuerte entre todos, sumado al cansancio que cargaba.

—¡Piplup no puede continuar! — anunció Ash, pues estaba fungiendo como réferi— ¡Zoroak es el ganador! —

Era desalentador, cuando más se emocionaba y presentía que las cosas saldrían a la perfección, el mundo decidía cortarle las alas y llevarla al fracaso. Dawn suspiró y fue a levantar a su amigo emplumado.

—No te preocupes Piplup— le dijo, mientras le sonreía, para animarlo— lo hiciste muy bien—

Una derrota no importaba. Siete victorias fueron un gran entrenamiento para sus Pokémon y para Piplup igual, pero, lo que le importaba era que había perdido la apuesta contra Ash.

Cuando ella se levantó, vio que el chico había levantado del suelo a su Zoroak, lo felicitó por la victoria, y junto a él y su Umbreon, se acercó a la coordinadora.

—Fue una buena batalla— dijo el chico amablemente— realmente creí que iba a perder—

Dawn le sonrió— lo mismo te digo a ti. Me engañaste con tu Zoroak— entonces, ella buscó en su bolsillo y sacó un poco de dinero— toma. Te lo has ganado por la batalla—

Ash, por su parte, había tapado sus ojos con sus manos— ¿Ya se lo entregó? — le preguntó a su Pokémon.

—¿Puedes dejar de exagerar? No es tu dinero, tampoco— dijo Dawn molesta con el chico, pues él detestaba perder dinero, y cuando Dawn era quien debía pagar, decía que prefería no ver la transacción pues sentía que le dolía hasta el alma, a veces ella detestaba sus exageraciones.

El entrenador del Umbreon sonrió y negó con la cabeza— no hace falta. Pero quizá, puedas pagármelo, aceptando a comer un helado conmigo—

A Dawn no le sorprendió esa propuesta, no era el primer chico que hacía ese tipo de proposiciones a ella. Pero, eso desencadenaría los celos de su novio, quien actuaba un poco raro al respecto—¿Un helado? — realmente, la propuesta de su postre favorito sonaba tentador para ella, pero, sabía que la propuesta no duraría mucho.

El entrenador asintió— Pudiéramos platicar un rato y…—

—¡Y bien! ¡Eso fue todo por hoy! — Ash se interpuso entre él y Dawn, sonriendo exageradamente mientras decía eso. Volteó al chico y comenzó a empujarlo por la espalda levemente— gracias por no aceptar su dinero— sus empujones iban aumentando— pero ya tienes que irte—

—oye… No hablaba contigo— dijo el chico quien no podía evitar que el entrenador de la gorra roja lo empujara, era más fuerte de lo que parecía. Había visto al chico, pero no sabía que tipo de relación tenía, realmente, con la chica.

—a la próxima vez, yo seré tu rival— aunque nunca dejó de sonreír, aquello ultimo pareció más una amenaza que un gesto amigable. Por último, Ash empujó fuertemente al chico para alejarlo de él y de Dawn, y después se despidió una última vez— hasta luego. Adiós. Buen viaje—

Fue rara la actitud del entrenador, pero si estaba junto a la bella chica de cabellera azul, entonces tenía motivos para actuar así. El entrenador rival dio la vuelta y se fue alejando con su Umbreon y Zoroak junto a él.

Mientras el chico se alejaba, Dawn se le quedaba viendo, y dijo— debería conseguirme uno de esos—

—¿Un Zoroak? ¿O un nuevo novio? — preguntó Ash, cruzado de brazos mientras se acercaba a ella.

Dawn le sonrió, esquivó la mirada y alzó los brazos con ironía— un poco de ambos— bromeó. Después de todo, ciertamente consideraba atractivo al chico que se había ido.

Aunque no perdió dinero, perdió su apuesta, y era hora de pagarle al chico. Pero lo que Ash le pidió fue que le cumpliera cualquier tipo de cosa que él le pidiese, cualquier cosa, e hizo preguntarle a la chica que podría ser, tratándose de un pervertido como él.

—bien— inició, dudosa— es tu momento Ash. ¿Qué es lo que quieres que haga? —

Ash le sonreía. No era su típica sonrisa despreocupada, ni su sonrisa burlona. Era una sonrisa satisfecha y victoriosa, como si sonriera por las cosas que estaba viendo dentro de su cabeza, y si las cosas dentro de su cabeza le gustaban a Ash, seguramente le desagradarían a Dawn.

¿Qué otra cosa podría pedir un pervertido como él? Pues él llevaba meses pidiéndole acostarse con ella para satisfacer las necesidades de su entrepierna, usando la suya. Ya podía verlo, le iba a pedir que tengan sexo apenas anochezca, o quizá desde ese momento hasta el amanecer del día siguiente, y quizá más allá de eso, quizá ni siquiera le deje descansar, beber agua, comer, bañarse, absolutamente nada.

Sería como en esas novelas de los licántropos, aquellos que son mitad humano y mitad Lycanrock. Apenas Ash obtenga lo que tanto anhela, abandonaría todo raciocinio y se convertiría en una especie de bestia, desesperada por satisfacer sus deseos, obedeciendo a su libido y olvidándose de cualquier otra cosa.

—y… ¿Y bien? —

Era obvio que Ash aprovecharía una oportunidad como esa para, finalmente, tener sexo con ella, pues no podría negarse, después de todo, cuando hizo la apuesta, ambos dieron su palabra para cumplir con el premio acordado. Y ella respetaba mucho sus promesas.

—vamos. Sígueme —

Ash iba a comenzar a andar para alejarse de la plaza de combate, y realmente, Dawn temía cualquiera que fuera su petición. Después de todo, ya estuvo en su casa, y entre su colección de comics del Super Wake y de Gliscorman, tenía un libro de posiciones eróticas para practicar en pareja… o incluso solo. Seguramente había leído ese libro cientos de veces, y seguramente se imaginó a ambos en aquellas raras posiciones aprovechando la flexibilidad de la chica. Si quería evitar hacer esas cosas, debía encontrar algo para distraerlo, algo que le diera tiempo a ella de idear un plan para no cumplir con su parte del trato, o que hiciera que Ash olvidara la apuesta, o que mínimo le diera tiempo de resignarse y mentalizarse para las cosas que tendrá que hacer. Solo pedía cualquier cosa, una batalla, un Dunsparce, o incluso una voluptuosa chica, suplicaba a las deidades para que le ayudasen.

—Disculpen — una voz femenina se escuchó.

Dawn miró al origen de la voz, una voz aguda y dulce, la cual pertenecía a una chica, quizá de la misma edad que Dawn, y cuya mirada se veía el entusiasmo de una entrenadora que le apasionaban los combates. La chica era un tantito más alta que ella, y llevaba unos leggings de color gris oscuro, con una franja azul en las pantorrillas, sobre ellos llevaba un short gris más claro. Tenía puesta una sudadera de color azul rey, encima de una camiseta de mangas hasta sus codos. Era mucha ropa, pero Dawn sabía que se veía bien. Su cabello estaba recogido en una cola de Ponyta, y tenía puesta una gorra de media visera de color rojo.

—Los vi en una batalla hace rato. Y me preguntaba, si ¿Quisieran tener una batalla conmigo? — dijo la chica, mientras sobre su hombro aparecía un Pokémon pequeño y amarillo palido, con mirada impasible y unas pequeñas alitas, un Dunsparce.

Era justo lo que Dawn necesitaba, una linda chica que quería una batalla y tenía un Dunsparce. Era la enviada de las deidades para salvar su castidad del malvado Ash que solo pensaba con su pene.

—¡Hola! ¡mucho gusto! — trató de ocultar su entusiasmo de conocer a la joven, pero fui inútil— yo ya estoy cansada. Pero, aquí— señaló a Ash— su nombre es Ash, y es un entrenador experimentado que ha viajado por varias regiones—

—¿Enserio? — el entusiasmo de la chica iba en aumento, pues quedó fascinada al descubrir que se había topado, por casualidad, con un entrenador con experiencia en combate— ¿Podrías tener una batalla conmigo? —

Era la oportunidad perfecta, para Dawn, de librarse, pues sabía que Ash no se negaría a coquetearle a una linda e inocente chica como ella, ganar una batalla y recibir el dinero como recompensa de su triunfo, y acariciar a un lindo Dunsparce para mitigar el dolor de nunca haber podido capturar a uno. Un momento, ¿Estaría dispuesta a que su novio le coquetee a otra chica, solo para evitar cumplir con la apuesta? ¿Estaba ofreciendo a esa chica en sacrificio a la bestia sexual de su novio? Lo pensó un momento… pero si lo haría, luego vería la manera de salvarla a ella, aunque tuviese que encontrar a otra chica para sacrificar.

—Lo siento. Pero no puedo— dijo Ash, sorprendiendo a la chica de cabello azul.

Dawn nunca hubiese imaginado, luego de reencontrarse con Ash, que él negara una petición así, todo era perfecto, sus tres grandes fantasías se juntaban en una sola persona, y él lo negó.

Ash tomó la mano de Dawn, y dijo— tengo una cita con mi novia ahorita mismo. Pero…— señaló al camino por el cual tomó el chico que había combatido con Dawn— el chico del Zoroak, se fue por allí, él también es un buen entrenador y muy guapo, también—

Fue tan dulce, de su parte, priorizarla a ella antes que una batalla, pero ¿Por qué tenía que hacerlo en ese momento tan crucial? Solo vieron a la chica, aceptando eso y yendo a buscar al chico con el que combatió hace poco rato, mientras Ash se despedía de ella. Pareciera que él estaba comprometido con el premió que recibiría.

Ash dirigió a Dawn por todo el camino, y ella se fijó que no era la dirección del hotel donde se hospedaban. No creía que la llevase a un motel, ¿Con qué sentido? Si ya tenían una habitación disponible. Pero… ¿Y qué tal si tenía planeado otro lugar donde hacerlo? ¿No será que Ash tiene fantasías de hacerlo en lugares públicos, escondido de las personas? Seguramente planeaba llevarla a algún baño público donde tendría que contener los gemidos de su boca, para que la persona que orinaba al lado suyo no los escuchara. O, quizá a un edificio abandonado, el cual se ha llenado de basura y los Rattata corren libremente, iba a estar sujeta a un pilar, y de pronto un Rattata pasaría sobre su pie. Esos lugares suenan asquerosos, seguramente mucha gente va allí y tiran sus condones usados por todas partes; o quizá la llevaba a un barrio baldío, con cacharros abandonados, y seguramente un extraño hombre estaría observándolos desde la distancia.

El lugar donde Ash la llevó, realmente fue una plaza tranquila, lleno de arbustos, bancas y una fuente en el medio. Un lugar tranquilo y lleno de gente que llegaba allí a relajarse y conversar con otras personas, pero eso no tranquilizó a la chica.

¿Y qué tal si planeaba tocarla sobre una banca, discretamente? Las personas pasarían frente a ellos y ella estaría haciendo muecas extrañas por la incómoda situación, y quizá alguno que otro pensaría que estaría enferma, pues seguramente estaría roja de la vergüenza y la excitación, mientras contenía las ganas de correrse. ¿Y qué tal si planeaba esconderse entre los arbustos y hacerlo allí? No era mucho mejor que la idea anterior, su ropa se llenaría de tierra y hojas, sin contar que seguía siendo mucho más expuesto que el barrio baldío del pensamiento pasado.

La joven volteó a ver a todos lados de la plaza, observando toda esa gente que podría mirarla a ella y a Ash siendo tan indecentes como nadie lo sería, y fue allí cuando vio la distracción perfecta.

—Mi… mira Ash— llamó la atención del chico, y señaló a un puesto que había cerca— un puesto de helados— finalmente el chico volteó a ver el lugar que ella le indicaba— ¿No te gustaría uno? —

Ash volteó a ver el puesto de helados, y era justo el segundo tipo de helado que más le gustaba a Dawn, no era tan caro como los que siempre debía comprarle cuando se enojaba con él, pero si lo eran los tópicos agregados, y ella, en definitiva, nunca escogía un solo tópico— no realmente —

Allí se volvía a ir la esperanza de Dawn— yo lo invito—

Ash lo pensó por un momento, y volvió a mirar el puesto de helados, luego volteó a ver a Pikachu— ¿Tú quieres uno amigo? — y la respuesta de su amigo fue afirmativa— De acuerdo. Vamos—

Dawn se alegró, al menos, la tacañería de su novio no lo abandonó en esa situación. Aunque, ella pagaría esa ocasión, pero no quitaba él hecho que ella escogió el helado de cono que quiso, mientras que a Ash le escogió el más pequeño y económico.

Mientras iba comiendo su helado, Dawn debía pensar en alguna forma de librarse de Ash, pero, estaba disfrutando tanto su helado, que se estaba dejando de lado ese detalle. Pero, al menos, sentía un alivio que se detuvieran un momento antes de llegar a donde quiera que Ash quería ir, quizá, pudiera retenerlo allí, hasta hacerse de noche, y así Ash dejaría la idea de hacerlo en un edificio abandonado o en un barrio baldío.

Era cierto, Dawn disfrutaba su helado, hasta que volteó a ver a Ash, y notó que él la miraba un tanto extraño. Ya había visto esa mirada, un tanto picara en él, y justo cada vez que comía un barquillo de helado, y fue cuando ella se dio cuenta del error que había cometido, y de inmediato se ruborizó de la vergüenza. Estaba lamiendo la bola de helado en la punta del barquillo, seguramente Ash estaba imaginándola a ella lamiendo, de la misma forma, la punta de su virilidad, completamente desnuda.

—co… ¡Como te atreves! ¡Eres un degenerado! — le gritó, enfadada y avergonzada. Ash ya había hecho esa broma antes, pero esta vez, no era una broma, seguramente estaba imaginando lo que le pediría hacer.

Por su parte, el chico de gorra roja le sonrió divertidamente— pero, si no dije nada— dijo, pero sabía la razón del enfado de la chica y disfrutaba eso.

—Felicidades, Ash Ketchum. Haz arruinado mi golosina favorita— dijo, y Ash se apresuró en tomar su helado.

—no te preocupes si no lo quieres, Pikachu igual puede comerlo— dijo Ash, para probar del helado de Dawn y luego darle a su Pokémon amarillo.

Dawn se estaba muriendo por dentro, entre más tiempo pasaba, solo alargaba la espera para el, inevitable, desenlace donde ambos terminaría sobre la cama del hotel, con ella apoyándose sobre sus cuatro extremidades, mientras su novio sujetaba sus caderas e iba empujando su miembro dentro de la intimidad de ella. Y el pensar en eso la desesperaba, pues por un lado quería negarse, como siempre lo hizo, pero, por el otro lado, debía cumplir con su parte de la apuesta… si, era eso por lo cual lo hacía, no por nada raro.

Al acabar el helado, Ash volteó a mirar a un callejón— es allí— y volteó a ver a Dawn— espera aquí. Ahora vuelvo— y con eso, se dirigió al callejón.

Un callejón. ¿Y si li gran fantasía de Ash era hacerlo en un callejón? Desnudarla y que paseen por allí, esperando a que no aparezca nadie que los viese, pero emocionados porque eso pasara. Seguramente fue a ver qué tan oscuro era, o cuántas personas había allí, cuantos sitios había para esconderse, como un contenedor de basura o alguna otra cosa grande, o no tan grande. No podía quedarse con esa duda, así que se dirigió a dicho callejón para saber lo que su novio tramaba.

Dentro del callejón, no era uno desolado, había unos cuantos comercios a los lados, incluso era transitado, porque muchas personas llegaban a dichos comercios, y otros salían. Bueno, la idea de pasearse desnuda por el callejón quedaba descartada… era un alivio, claro estaba.

Revisó por todo el callejón, y no veía a Ash, y no había tanta gente como para que se escondiera entre ellos, así que, seguramente entró a alguno de los comercios. Había una tienda que vendía artículos de repostería, y su logo tenía el rostro de un Slurpuff. ¿Qué haría allí? Ash disfrutaba comer pasteles, no hacerlos, de hecho, la última vez que intentó cocinar, quemó su chaleco azul, y tuvo que cambiarlo por uno rojo que encontró de oferta. O quizá, iba a comprar lo necesario para preparar un pastel, más precisamente, para que ella le preparara un pastel. ¡Por supuesto! Eso debía ser lo que iba a pedirle, algo tan inocente como un pastel que él pudiera comer entero sin compartir con nadie y sin gastar demasiado. Todo ese tiempo, la respuesta más fácil podría ser la correcta y no las cosas que ya se había imaginado… a menos que, realmente iba solo por la crema pastelera.

Quizá Ash tenía planeado dejarla acostada sobre la cama, completamente desnuda mientras cubría las partes íntimas de su cuerpo con la crema para pasteles, sus pechos parecerían pequeños muffins con una cubierta de chocolate y una cerecita encima. Adornaría a la chica como a un dulce pastel, para al final devorar aquellas partes que cubrió, pasando su lengua por todo su cuerpo y disfrutando el sabor, mientras que ella se sentiría como una pequeña galleta de jengibre que sería devorada poco a poco.

La chica negó con la cabeza, con fuerza, como queriendo que así, aquel pensamiento saliera por sus oídos— eso es ridículo. Es ridículo. Completamente ridículo. Desde ahora, dejaré de ver esos concursos de pasteles antes de dormir— se dijo a sí misma, y decidió ver la siguiente tienda.

El siguiente puesto, era una tienda de disfraces. ¿Qué iba a hacer allí? El ultimo Halloween, ash se disfrazó de Vampiro porque le robó la capa a un maniquí que encontró en la calle, y los dientes fueron un premió que obtuvo de un Delibird que se había extraviado. Era imposible que gastara dinero en un disfraz. A menos que… la fantasía de Ash, sea realmente verla a ella como su súper heroína favorita, Gligarwoman. Ash siempre dijo que se veía muy sexy con su traje purpura. Quizá Ash tenía una fantasía con un personaje ficticio de voluminoso cuerpo. Quizá había escrito el guion para un comic, donde él era el compañero contra el crimen de Gligarwoman, y ambos noqueaban criminales por las noches y se comportaban como amantes con sus verdaderas identidades. Quizá quería volver esa fantasía realidad vistiéndola a ella con ese traje purpura.

Ya podía verse a ella misma, usando un traje que se ajustaba a su figura, y resaltaba sus glúteos, mientras alzaba sus brazos para extender la capa, y su cierre iba bajando lentamente y por si mismo dejando medio descubierto su pecho. Tendría que recitar, exactamente, cada palabra del guion que había escrito. Quizá había confeccionado su propio traje de superhéroe, con un cierre, justo donde su entrepierna para usarlo mientras ambos tenían sexo junto a un muñeco, tirado en el suelo, que simulaba ser un villano derrotado.

Volvió a negar, fuertemente, con la cabeza— esa idea también es ridícula. Ash no sabe confeccionar trajes, ni siquiera arregla los agujeros de su ropa— se dijo.

Revisó el último puesto, y era al que tanto temía: una tienda erótica, la cual no temía en mostrar que lo era. Su logo tenía la palabra "SEX" con luces de neón rojo, y en su vitrina tenía maniquíes vestidos con lencería erótica, la cual cubría muy pocas partes de aquellos cuerpos de plástico.

Era el lugar más lógico al cual habría entrado Ash. Seguramente iba a comprarle algún conjunto que tuviese descubierto su abdomen y sus glúteos; o algo vergonzoso como un par de pezoneras. ¿Sabrá sus medidas? No vaya a ser que traiga una talla más grande que le quede holgada, y prácticamente no la pueda usar, o una talla más chica y termine quitándole la respiración. Y para colmo, Ash tenía el peor gusto que hubiese visto en alguien, pareciera que solo veía las cosas de un solo color, seguramente compraría el que dejara más partes de su cuerpo al descubierto, sin pensar si el color la iba a favorecer o si al menos combinaban. Ya estaba pidiendo, nuevamente a las deidades, que al menos consiguiera un conjunto color neutral como el blanco, pues se vería bien junto a su piel.

O quizá sea peor, la lencería sería la menor de sus preocupaciones, pues ella siempre se veía bien con cualquier cosa que usara. Pero, ¿y si buscaba algo más dinámico? Seguramente iba a comprar múltiples objetos sexuales para ir despertando su sensibilidad al tacto y para dilatar sus cavidades.

Seguramente iba a experimentar con varias cosas, ganchos para sus pezones, ataduras y mordazas, ¿sería masoquista? O vibradores de diferentes tamaños y colores, hasta le daría a escoger el que quisiese como si fuese a elegir un sabor de helado. Volvía a implorar para que, por lo menos, escogiera un tamaño de vibrador pequeño y no uno enorme, detestaría pensar que su virginidad fuese arrebatada por un pedazo de plástico.

—¿Qué haces? —

Dawn había estado tan inmersa en sus pensamientos, que ni siquiera se dio cuenta cuando Ash había salido, de donde quiera que estuviese, y ya estaba justo frente a ella— ah… ya llegaste— dijo nerviosamente.

El chico la miró extrañado, puesto que ella actuó muy inquieta con solo verlo. Cabía destacar, que en su mano llevaba una bolsa de compra, de cartón reciclado, al menos, su novio tenía conciencia ecológica.

—Ash… ¿Qué llevas allí en la bolsa? — preguntó, tratando de tranquilizarse para no parecer tan nerviosa.

Ash recuperó su sonrisa picaresca— es una sorpresa—

A Dawn no le pareció esa respuesta— que… ¿Qué clase de sorpresa? —

—lo sabrás en el hotel. Sé lo mucho que te gustan las sorpresas— el chico conocía muchas cosas de ella, y Dawn siempre dudaba que fuera así, pero al parecer, si lo hacía, solo desearía que no estuviese demostrándolo justo en ese momento en el que la angustia la iba carcomiendo poco a poco.

Ash volvió a tomar la mano de Dawn, y volvieron a caminar, y esta vez, si tomó la dirección hacía el hotel donde se hospedaban.

Al llegar, y entrar al edificio, Dawn casi planta los pies en el piso para evitar que Ash la siguiera dirigiendo a su habitación, así que, prácticamente estaba arrastrándola, jalándola de su brazo. A diferencia de ella, él estaba más que dispuesto en llegar a su habitación, y claro que lo estaba, él estaba ansioso pues llevaba más de un año esperando este momento.

A Dawn solo le quedaban unos metros de oportunidad para salvarse. Podía gritar allí mismo que la estaban secuestrando, entonces, las personas del lobby detendrían a Ash, llamarían a la oficial Jenny, y sería llevado lejos de ella, arrestado, y ella evitaría haber tenido que acostarse con él. Claro, él tendría que pasar una noche o dos tras las rejas, luego ella tendría que admitir lo sucedido, y quizá su relación no sería la misma… y viéndolo así, es mucho drama para solo una petición sexual.

Se acercaron a su habitación, y Dawn comenzaba a despedirse de su virginidad y sus sueños de casarse de blanco como toda una casta señorita. Aunque, realmente, si había una última opción. Podía decirle a Ash que no iba a hacerlo, aunque había prometido que sí, y aunque ella sabía lo que pasaría si perdía aquella apuesta.

No era tan difícil, debía decirle que NO, y listo. Él tendría que entender que, si ella no estaba dispuesta a hacerlo, si no se encontraba lista o simplemente le desagradaba la idea, él, simplemente debía entender. Después de todo, si él no entendía y se desataba una discusión por ello, su relación tomaría un vuelco y desde allí se demostraría si eran tal para cual como habían estado pensando.

Al entrar a la habitación, Ash cerró la puerta y se colocó justo enfrente de la puerta, sellando la única forma de salir de allí. Dawn suspiró, y trató de relajarse, pues ya sabía lo que tenía que hacer, y debía prepararse para enfrentar su reacción.

—de acuerdo. Dime de que se trata—

Ash le hizo entrega de la bolsa de cartón, y ella la tomó. Al abrir la bolsa, sus ojos se abrieron de la impresión pues no alcanzaba a creer lo que era. Solo dos objetos, una diadema con orejas grises y la punta blanca, y un cinturón con una cola enrollada, igual gris, con la punta blanca y afelpada. Claramente, eran dos artículos de disfraz parecidas a la de un Glameow.

—¿Qué es esto? — preguntó confundida por tan extraños artículos.

—Póntelo — fue lo único que dijo Ash, pues era obvio que Dawn sabía lo que era, así que no era necesario responder la pregunta— por haber perdido la apuesta. Debes ponértelo—

Ash se notó bastante serio al hacer la petición, y fue cuando la imaginación de Dawn volvió, y esta vez, se espantó.

El verdadero fetiche de Ash, ¿siempre había sido tener sexo con ella mientras vestía y actuaba como un Glameow? ¿A su novio le fascinaban las chicas disfrazadas de Pokémon peludos y tiernos? No podía creerlo, él nunca había dado indicios de ello.

Iban a estar en pleno acto sexual, y le iba a pedir que maullara como un Glameow real, y entonces sus movimientos se harían más bruscos y sería la prueba que se excitaba al pensar que realmente era un felino. Luego iba a morderle el hombro, pensando que él era una especie de chacal… ¿un chacal?

¿Y qué tal si él también tenía su disfraz de Pokémon? ¿De un Lucario? Iba a sacar su disfraz de cuerpo completo, e iba a actuar como si fuera uno, e iba a aullar y a gruñir como uno. Quizá ambos iban a colocarse sobre sus cuatro extremidades e iban a gatear y a hacer los sonidos de los Pokémon. Y luego iban a hacer todas las posiciones de su libro vestidos de Pokémon, e iba a ser tan raro.

¿Qué iban a decir sus hijos? Cuando entren a su habitación se iban a traumatizar porque vieron a sus padres, no desnudos, sino vestidos con trajes peludos mientras se apareaban como caninos. Se iban a traumar cuando abrieran el armario y encontraran una cabeza de disfraz Lucario y una cabeza de disfraz de Glameow.

—¿Y bien? ¿Te lo vas a poner? —

Dawn, ciertamente, estuvo muy nerviosa al imaginar lo que pasaría una vez se ponga la diadema y el cinturón. Y la pregunta de Ash, realmente era la que había estado esperando, pues le abría la puerta para negarse a hacerlo. Pero en ese momento, su determinación a negarse la traicionó, y en cambio asintió. Al parecer, la curiosidad de ver lo que pasaría era más fuerte en ella.

No le había pedido que se desnudara, solo que se pusiera los artículos, entonces, eso iba a hacer. Primero se colocó el cinturón, alrededor de las pretinas de su pantalón negro. Se sorprendió que la cola tenía la forma de resorte, justo como la de la Glameow de su madre, e incluso se mantenía así y se alzaba en lugar de caer. Luego, llegó el momento de colocarse la diadema. Las orejas eran suaves y felpudas, justo como las de una verdadera Glameow, Ash realmente escogió artículos que se asemejaran a un verdadero Pokémon.

Dawn se había colocado los dos artículos, y buscó el espejo de la habitación para mirarse con detenimiento. Al verse, debía admitir que era un tanto lindo el usar dicha diadema con orejas, pero el cinturón con cola era exagerado, tanto así, que se ruborizó por la vergüenza que pasaba en ese momento. ciertamente, nunca antes hubiese usado algo semejante, y si dependía por ella, nunca lo habría hecho.

Se escuchó un sonido por parte de Ash. Bien, era el momento de proseguir con lo que tenía en mente. Dawn iba a voltearse, pero fue cuando escuchó una risa que provenía de su novio. Al voltear a verlo, allí estaba, riéndose a carcajadas.

—¡no puedo creer que lo hicieras! ¡Nunca creí que aceptaras! ¡Pero lo hiciste! —

Esta vez, Dawn no entendía lo que estaba pasando, realmente era una situación confusa, pues esa no era la reacción que ella hubiese esperado por su parte. Quizá una mirada extraña y un intento de acercarse a ella, o quizá una erección en sus pantalones y que no tratase de ocultarlo, pero no que se riera.

Ash se sujetó el vientre, había reído por un buen tiempo y tan fuertemente, que su interior comenzaba a dolerle— no puedo, no puedo soportarlo. ¡Te ves ridícula! —

Allí se dio cuenta. Se estaba burlando de ella, no como lo había hecho en otras ocasiones, aquellas veces fueron burlas tan inocentes porque la situación ocurrió por accidente, incluso ella se reía a veces, esta vez, se burlaba de algo que él mismo provocó, pues él le pidió usar eso, solo para reírse de su apariencia y su vergüenza. Por supuesto, esto enfureció a la chica, si ya estaba sonrosada, ahora era doblemente mayor el sonrojo pues la vergüenza se combinó con la ira.

—¡Piplup! ¡Usa Picotazo! — inmediatamente sacó a su Pokémon azul, quien usó dicho ataque sobre Ash.

Las risas de Ash se detuvieron, y fueron remplazadas por quejidos de dolor, pues el punzante picoteo de Piplup lo golpeaba en varias partes del cuerpo. Desde las piernas a la cabeza, no podía detenerlo.

—¡Eres un idiota Ash! ¡Primero me obligas a usar esto! ¡Y luego te burlas! ¡Eres el peor novio del mundo! — reclamó la chica a gritos.

Una vez que Piplup se detuvo, Ash estaba tirado en el suelo, y trató de hablar, aunque, entre el dolor en su interior debido a sus intentas carcajadas, y sumado al dolor de los picotazos, su voz se escuchó un poco débil y cortada— no te obligué… tu dijiste que harías lo que fuera… si perdías la apuesta…—

Pasó un minuto entero, cuando Ash logró recuperarse por completo. Solo se sentó con sus piernas cruzadas— bien. Ya me reí, y ya sufrí en solo unos minutos. creo que ya puedes quitártelos, si quieres—

El asombro no dejaba a Dawn. Recién se había puesto los artículos, ¿Y ya le daba la opción de quitárselas? — ¿Tan rápido? Quiero decir. ¿No ibas a pedir algo más? —

—¿Quieres regalarme cinco minutos más de risa? —

—Me refiero a, no ibas a pedirme algo extraño. ¿Cómo desvestirme, subirme a la cama y tener relaciones contigo mientras uso estas cosas y finjo ser una Glameow? —

Ash casi volvía a reírse, pero se detuvo al pensar que podía volver a ser atacado, pero fue muy divertido haber escuchado esa "sugerencia" por parte de la chica—¿Por qué pediría eso? ¿No fui suficiente con eso? —

—quizá lo pedirías, porque eres un pervertido que solo piensa en mancillar mi cuerpo—

—tengo la sospecha, que tienes una mala idea sobre mí— dijo Ash mientras se levantaba— oye. Solo quería bromear contigo. ¿Fue una broma pesada? Si ¿Merecía los picotazos? También. Pero, al final, es algo de lo que nadie más se enterará. Solo quedara entre tú y yo—

—que dulce— dijo la joven chica, pero realmente, estaba fingiendo— pero eso no quita el hecho, que esté enfadada contigo. No sabes todas las cosas estúpidas y perversas que creí que me iban a pasar solo por tu "bromita"—

—¿Perversas? — la pregunta de Ash fue de absoluta perplejidad, pues, por un segundo no comprendió a lo que la chica se refería.

—No te finjas demencia— realmente, Dawn estaba comenzando a tener dudas si, por algún momento, Ash tuvo verdaderas intenciones de iniciar su vida sexual en pareja— me has dado muchas razones para pensar que querías tener sexo conmigo, y seguramente tienes muchos fetiches y gustos secretos, de los cuales me dan miedo pensar—

Ash, al darse cuenta de lo que Dawn se refería, volvió a surgirle una pequeña risita, pero, esta vez se contuvo, pues había algo que debía explicar antes que fuera golpeado, nuevamente— espera, espera— dijo, entre sus risas contenidas— ¿me estás diciendo que te imaginaste en cientos de situaciones donde todo terminaba en resultados sexuales? — el sonrojo de la chica, que volvió y fue más allá de sus mejillas, le dio la respuesta afirmativa.

Realmente, a Ash le causaba risa saber eso de, la siempre correcta y puritana Dawn, quien siempre le había reprochado por su comportamiento para intentar convencerla, y por sus bromas de doble sentido. Pero, era obvio que la chica ya estaba muy avergonzada, y no era del mismo tipo que cuando le hizo aquella broma con las orejas de Glameow, era una el cual podría entristecerla. Al sentir que ella estaba incomoda con él y consigo misma, decidió controlarse, y dar una explicación.

—oye. Sé que insisto mucho en ese tema, y que hasta ahora te has negado— la chica le asintió, no quería hablarle, al parecer— pero no pienso aprovecharme de una situación así, para algo tan importante para ambos, y sobre todo para ti—

Dawn se tranquilizó un poco, pues las palabras de Ash sonaban sinceras, aun así, no descartó que fuese otro truco del chico, así que, prefirió estar preparada para otra broma, pero finalmente le dijo una palabra en respuesta— continúa—

—te hago bromas y muchas veces puedes pasar vergüenza, pero no dejan de ser algo inofensivo— nuevamente, recibió una mirada furtiva por parte de su novia— de acuerdo, me pasé esta vez. Pero puedes estar segura de una cosa—

Ash se acercó a Dawn hasta quedar justo enfrente de ella. La chica ya no estaba tan apenada como antes, pero seguía con su mirada de seriedad y enojo.

—nunca te obligaría a tener relaciones conmigo mientras no quieras—

Era justo lo que Dawn había querido escuchar durante todo el día, o más bien, lo que necesitaba escuchar para tranquilizarse. Quizá eran una pareja con problemas y desacuerdos, pero al menos, se mantenían respeto mutuo, y Ash estaba demostrando que mantenía ese respeto hacia su decisión. Entonces ¿ella debía tener más confianza en él y en lo que haría?

—vaya…— finalmente le iba a volver a hablar— realmente… no me lo esperaba—

Ash le sonrió, tomó la diadema y la quitó de su cabeza— si ese día llega, será porque finalmente decidiste hacerlo. Mientras tanto, esperaré—

El sonrojo en las mejillas de Dawn desapareció, y finalmente sonrió, pues era un alivio ver que el chico tenía intenciones, completamente distintas a las que ella había pensado— gracias. Creo que me dejé llevar por el miedo— mostró su mano y acercó sus dedos pulgar e índice— solo un poquito—

—anda. Quítate el cinturón— dijo Ash, feliz de haber resuelto aquel dilema que pudo haber escalado a algo peor— te invito un nuevo helado, y sin caras raras—

Dawn negó con la cabeza— tengo una mejor idea—

La chica volvió a tomar la diadema para volver a colocársela sobre la cabeza, y esta vez, sin pena y confiada, le dijo al entrenador— te regalaré, un minuto más de risas. Sin que Piplup te muela los testículos a picotazos— esta vez estaba segura de lo que hacía. Un pequeño gesto así no era ningún problema.

—Creo que yo tengo una mejor idea—

Ash se acercó a su novia, tomó su cintura y la acercó para juntar sus labios en un tierno beso, el cual fue correspondido y Dawn lo sujetó de los brazos, con fuerza, para que no se alejara y continuara. Allí, con la chica vistiendo una diadema con orejas de Glameow, y un cinturón con cola de dicho Pokémon, ambos volvieron a demostrar su amor y afecto. Y si, por un momento, ambos chicos pensaron en subir a la cama y quitarse la ropa, pero era algo que no iban a dejar que el otro lo supiera.