Epílogo
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El cielo tan vasto, todavía iluminado por la luz del día, y a pocas horas del ocaso, en conjunto con el rumor del mar, lograban generar un estado de bienestar y calma. A esa hora, la fuerza del viento aumentó dejando un rastro de frescura que era tan necesaria, debido al clima tropical de la zona. Aquel paraíso, como decía Dave, estaba dividido entre la playa de arena blanca con las suites, que, mediante puentes, se conectaban al área de las villas sobre el agua, rodeadas del arrecife.
La familia llevaba apenas dos días recorriendo las diferentes islas de Maldivas, instalándose ahora mismo en Thudufushi, el resort al cual escogieron, como el sitio donde llevarían a cabo un acto especial solo entre ellos. Gretchen, Mikasa y Dave ya se encontraban en la pequeña playa del lado de las suites, recostados en unos sillones de madera dispuestos en la arena, esperando a que sus padres aparecieran, puesto que ellos dos estaban alojados en una suite, que justo era la que estaba detrás de ellos.
Gretchen y Dave ocupaban un sillón, casi arracimados; mientras Mikasa estaba sentada al lado de ellos. Tenían cerca de media hora allí, comentando sobre la isla y de algunos otros temas, como la comida y el clima. Debido al calor, Dave tuvo que buscar la manera de refrescarse para que su piel no se enrojeciera demasiado, usando lociones refrescantes, talco y un abanico y abundante protector solar. Y aunque tenía que lidiar con ello, estaba feliz de poder disfrutarlo con su familia, le agradaba bastante la playa y más este sitio, el cual decidió por todos, debido a una imagen que vio por internet.
—Es bueno estar vivo ¿No? — comentó mirando hacia el mar. Respiró hondamente y cerró los ojos de forma momentánea. Sí, era muy bueno estar vivo. Sentir el sol calentándole la piel, el aire recorriéndole el cuerpo bajo la ropa, la suave arena en sus pies, además de oler la brisa salada del mar: indicadores de la vida en la naturaleza—. Sé que siempre lo estoy diciendo.
«Me gusta estar aquí, con ustedes» pensó en decir, pero calló. Sintió a Gretchen rodearle el abdomen en un abrazo cálido. Como respuesta, le acarició la piel descubierta del hombro y la besó sonoramente en la frente.
Mikasa inspiró, llamando la atención de los dos.
—Está bien, nosotros también lo pensamos. — Se refería al comentario de Dave sobre vivir.
Pasaron unos minutos en silencio, escuchando el rumor del mar y el viento en el movimiento de las palmeras; este último que les llevaba la brisa hasta sus rostros para refrescarlos, de esa ligera capa de sudor en la frente, en la nariz y en las mejillas. Mikasa también se recostó. Se acomodó la falda del vestido y cerró los ojos ante la atmósfera pacífica que los rodeaba. Cada uno estaría inmerso en sus propios pensamientos, y también abiertos a la reflexión ante la falta de diálogo, ya que el comentario de Dave creó, en el imaginario colectivo: un desenlace fatal.
Gretchen comenzó a acariciarlo por encima de la camisa, esos cortos dedos de uñas bastante cuidadas, limpias y cubiertas por una capa de brillo, que le recorrían el pecho en lentos movimientos.
—Hace un año, en estas mismas fechas, todavía creíamos en que despertarías. —Dijo Mikasa, volviendo su cabeza hacia Dave.
Entonces, Dave miró hacia el cielo azul, decorado con nubes relucientes por el sol.
—Cada día me siento más afortunado y no me voy a cansar de decirlo. —Dijo para girarse hacia Mikasa y luego a Gretchen sonriéndoles—. Lo siento si dije todo esto. Solo que… estoy muy ansioso. Creo que pensar en cómo sería la vida de ustedes sin mí, me provoca esto.
—Entiendo a lo que te refieres, hermanito. Y no me agrada pensar en eso— dijo Gretchen dándole unas leves palmadas en el pecho. Aquella condicional que dijo Dave le causó un revoloteo de emociones nada agradables—. Por ahora, quiero que te relajes y disfrutemos de todo esto— agregó para luego bostezar, debido a la tranquila que sentía comenzaba a presentarse el sueño — ¿Qué quieres hacer luego, después de la cena?
Dave estaba pensándolo cuando escucharon la voz de Levi desde atrás, deslizando la puerta de vidrio, por lo tanto, ellos comenzaron a levantarse. Mikasa ayudó a Dave a que se levantara ya que aún necesitaba de una ayuda mínima para lograrlo. Enseguida, los tres se pararon y vieron a los dos adultos caminar hacia ellos, vestidos con ropas blancas en ese mismo material de lino, cuando todos acordaron usar prendas blancas para ese momento.
Lo que captó la atención de ellos fue el ligero maquillaje y peinado de Hanji, aunque sus mejillas todavía quedaron huecas cuando logró subir de peso, su amplia sonrisa era suficiente para adornar su rostro. Su cabello estaba peinado en un recogido sencillo con unos mechones sueltos. En el cuello llevaba una cadena que usaba desde hacía un tiempo atrás, —la cadena que le dio Levi— y ese vestido de playa sencillo. En sus manos portaba un pequeño bulto con, al parecer, florecillas igual de blancas. A su lado, su pareja que la acompañaba, igualmente lucía un atuendo sencillo y blanco. Su cabello ya fino, estaba peinado hacia atrás con un poco de fijador, dejando a relucir su rostro envejecido y serio, guardando una mezcla de aquello que tenían tanto: felicidad.
—Se demoraron— comentó Gretchen al ya tenerlos tan cerca.
—Tu papá quería que todo saliera bien en este maquillaje— se señaló el rostro —Niños, si se me cae el peinado, podrán decirle a su padre que le ponga más empeño. —Dijo y se rio mirando a Levi a la cara.
Con cuidado, Dave se adelantó unos pasos.
—Te ves tan hermosa, mamá.
Dave quiso llevar a Hanji del brazo, así caminaron junto a los demás hacia la orilla del mar. Llevaban los pies descalzos sobre la arena y hasta se metieron un poco más allá en el agua translúcida. Sus ropas no llegaron a mojarse, ya que plenamente escogieron prendas cortas para la ocasión.
Allí donde estaban parados, el viento les movía los cabellos y la ropa con prisa. Hanji alzó las florecillas que llevaba en la mano como queriendo que Levi recordara algo, inmediatamente él tomó un pequeño manojo y, ella hizo lo mismo. Se miraron unos segundos, Hanji decidió dar el primer paso. Se acercó a Mikasa y le acomodó las florecillas encima de la oreja, de forma que no se le fuera a caer. Mikasa se sorprendió ante ese acto, sonriendo al final.
Mientras eso ocurría, Levi se acercó a Gretchen e hizo lo mismo, solo que a él se le dificultó encontrar la posición precisa para que no se le cayeran de la oreja. Gretchen rio ante su torpeza, ayudándole también al proceso. Levi culminó ese breve contacto besando a su hija en la frente.
—¿Quién se la pone? —Inquirió Hanji a Levi casi murmurando.
Levi miró a Dave, quién se percató que hablaban de él, por lo cual, trató de disimular hablando con las chicas.
—Pónsela tú —Cedió Levi, emitiendo una breve sonrisa solo a ojos de Hanji.
—¿Seguro?
—Hazlo —dijo con convicción en la voz — Dave, ven aquí.
El muchacho obedeció, se acercó y se agachó al ver en las manos de su madre el manojo destinado a él.
—Dave~ has seguido creciendo —comentó Hanji con ese tono simpático y humorístico que la caracterizaba, mientras le acomodaba las florecillas encima de la oreja. Frunció las cejas, enredándolas en el cabello. — ¡Está listo! —exclamó y estiró sus brazos para agarrar a Dave de los hombros y abrazarlo.
Levi chasqueó la lengua, cruzándose de brazos.
—No paras de crecer.
—Puede crecer hasta que cumpla veintiuno —agregó Hanji quedándose al lado de su hijo, aferrada en un abrazo de costado. — Lo volveremos a medir cuando tenga esa edad.
Todos, excepto Levi, asumieron los comentarios con un tono burlesco, al hacer una comparación con el hombre más bajo. Se quedaron unos instantes hablando acerca de la altura y otros temas que pretendían sacar una risa. Volvieron a hablar de Ryan y a Levi se le escapó llamarlo por el apodo que le había puesto, siendo que sin buscarlo: logró arrancar risas sonoras a su familia. En un primer instante creyó que Dave se molestaría, pero fue el primero en reírse al escuchar "La jirafa" desde su boca.
Acabadas las risas, llegó el momento más grato, eso por lo que sabían estaban ahí. Antes de iniciar con ello, Hanji quiso que todos se tomaran de las manos y así formaron un círculo. Dave tomó, a cada lado, una mano de sus hermanas y ellas hicieron lo mismo con sus padres. Por un instante, él se quedó con la mirada fijada hacia el suelo, los pies de todos estaban inmersos en el agua que iba y venía, rompiendo en los tobillos de su padre. Podía ver todo con tanta claridad; desde la arena que se movía con cada pequeña ola, cruzar por los pies de Gretchen, hasta las piedrecillas alrededor del pie de Mikasa.
Experimentó bastante paz y sosiego, alzó la cabeza cuando su madre le pidió que pusiera atención a lo que tenía que decir. Ella estaba esperando el segundo idóneo para empezar a hablar. El sol le iluminaba el rostro entero, sus grandes ojos cafés los divisó más vívidos, como si le sonrieran y él le sonrió como respuesta, moviendo ligeramente los brazos.
—Sé que no somos la familia perfecta, niños —dijo moviendo los ojos hacia todos — después de todo ¿Existe la perfección dentro de una familia? Claro, concuerdo con ustedes: no existe. Solo existimos las familias imperfectas, conscientes de nuestros fallos y que tratamos de mejorar por el bien de todos. ¿Verdad? — se silenció unos segundos — Todo lo que hemos pasado y logramos superar, han hecho de nosotros lo que somos ahora. Me siento orgullosa de ustedes; aunque Mikasa y Gretchen, ajá, ustedes... aunque no sean mis hijas las considero como tal. Discúlpame Gretchen, no pretendo suplantar a Petra — se apresuró a aclararlo, temiendo que la joven pudiera evaluar mal su comentario.
Gretchen asintió con la cabeza repetidamente.
—Lo sé, no tienes que preocuparte. —Dijo agitando un poco sus brazos.
—Gracias linda. Quería decirles... sin importar que no tengamos un lazo sanguíneo de familiaridad, todo lo referente a ustedes también es y será importante para mí.
Las dos mencionadas parecieron estar cautivadas por sus palabras, los ojos se les cristalizaron apenas.
—Hanji — habló Gretchen — no creo que pueda decir demasiado. Esto es también importante para mí. ¿Bien? No dudo de tu palabra, porque ya me lo has demostrado.
Levi se mantenía callado, escuchándolas cómo se ponían emocionales en esa situación. Él no quería sucumbir demasiado a la exposición de sentimientos, prefería reservarse para sí mismo su sentir.
—Tampoco puedo decir mucho — intervino Mikasa — las precisas palabras serían que estoy agradecida contigo por la comprensión que has tenido hacia nosotros.
Levi miró a Hanji como indicándole que debían proseguir.
—Me conmueve que sean sinceras conmigo, como en su momento también lo hablamos. ¿No es así? Hemos tenido momentos tan difíciles, que ahora lo único que deseo para ustedes y para todos, es una nueva oportunidad. Ya que no somos una familia perfecta, muy probablemente en el futuro, tengamos que sobrepasar otras vicisitudes: por eso, no se olviden de lo que ahora estamos hablando — culminó aquel discurso sin haberlo preparado, solo dejó fluir sus sentimientos. Inclinó brevemente la cabeza y volvió a hablar—: Yo no pude llegar a tener una niña, sin embargo, a ustedes las considero como mis niñas. — alzó la cabeza buscando la mirada de ambas — es algo que siempre quise decirles.
—¿De verdad? — soltó Gretchen.
Mikasa se quedó tranquila, como si ya hubiera anticipado ese momento.
— No es necesario que lo vuelva a repetir — intervino Levi.
La risa de Gretchen retozó un momento.
— Sonó como un bonito ejercicio — dijo Hanji — ¿Hay algo que quieran decir?
Todos se miraron y Levi recalcó en que no sería necesario, creía que podría volver a suceder algo de lo que no quería saber, o como si temiera que la quietud de su familia pudiera desmoronarse de nuevo. Miró a sus hijos y esperó a que, si decían algo, no fuera algo incómodo.
— ¡Yo! Yo tengo algo que decir — se apresuró Gretchen a hablar, apretó sus manos contra la de Dave y Levi. Esperó unos segundos, mientras los veía a ambos para luego reparar enteramente en Mikasa —: Sé que ya no tendría que hablar de esto, es algo que he callado mucho, y que ahora mismo ya no es importante. —dejó salir una gran bocanada de aire—. En el pasado, solía sentirme ajena a papá y a Dave, en cambio tú, tenías todo el amor y una profunda conexión con ellos... Me sentía celosa, eso es la verdad.
Dave trató que ella lo mirara, en un intento por buscar mantener la quietud.
— Pero ya no es así —dijo Dave, estableciendo contacto visual con su hermana.
Gretchen empezó a sonreír mientras negaba con la cabeza.
— Ya no lo siento así, solo que... estando aquí quise dejarlo salir. ¿Estuvo mal? —miró a todos de inmediato.
Mikasa dio un paso hacia adelante.
— No, así estuvo bien. —dijo Mikasa precipitándose a que Levi hablara.
— ¿Todavía te sientes ajena a nosotros? — Inquirió Levi, olvidándose de que quería evitar temas serios. Ahora solo necesitaba saber qué era lo que Gretchen sentía, la verdad puesta en palabras y no en suposiciones.
Aún mantenían el círculo, todos con las manos firmemente agarradas. Gretchen miró a Levi a su diestra, ella le apretó más la mano y luego hizo lo mismo con Dave. Exhaló y miró hacia el vasto cielo para luego recaer en Levi nuevamente.
— Ya no me siento así, papá. Creo que todos tenemos un lugar preciso y una relación especial con cada cual. No me equivoco. ¿Cierto? —Inquirió mirando a todos y luego para reparar justo en Dave, quien respondió con firmeza a su pregunta — como mi relación contigo.
Dave volvió afirmar reiteradamente con la cabeza mientras Hanji se reservaba emitir demasiados comentarios sobre la felicidad que ella sentía al escuchar la sinceridad en ellos. Se aclaró la garganta con la intención de que le prestarán atención.
— Voy a hablar, no solo por mí, sino por su padre también —lo dijo mirando a Levi — los dos conversamos hasta dormirnos sobre cuáles serían esos pilares que nos sostendrían a los dos y llegamos a la conclusión, de que por lo menos como padres que somos, tenemos tres pilates esenciales. Supongo que saben a qué nos referimos, a qué ustedes lo son. Niños, quizás Levi no se los diga mucho, pero él los ama.
Levi inclinó brevemente la cabeza, como si no quisiera la atención de esos tres pares de ojos encima suyo.
—Sí... —Murmuró Gretchen sonriendo al ver el rostro sonrojado de Levi ante aquellas aseveraciones.
— Por favor, no olviden lo importante que son para nosotros y de este gran amor que sentimos hacia ustedes— en ese momento soltó las manos de Levi y Mikasa para acercarse hasta su hijo y abrazarlo — no se enojen, que ya va a haber abrazo para todos. — comentó riéndose contra el pecho de Dave.
Y fue así que pasó eso que Levi dice, no tolera demasiado en público: las muestras de afecto físicas, puesto que luego de que Hanji insinuara que todos tendrían un abrazo, Gretchen se giró hacia él y lo abrazó, colocando su brazo derecho por encima de su hombro y el izquierdo lo pasó por debajo de su axila. Levi reaccionó inmediatamente, correspondiendo a su afecto. Sentía sus mejillas tibias, como si fuera cosa de primera vez. Gretchen le dijo en voz baja, que, a pesar de ser un hombre aburrido, lo amaba con sinceridad.
Levi se quiso reincorporar. En medio de ese abrazo que mantenían, podía apreciar los cabellos ondeantes de Gretchen por el viento. Tomó con su dedo un mechón y se lo llevó a los labios. En ese segundo, apareció también Dave a invadir el momento con su hija, se sumó Hanji también, que luego instó a Mikasa a unirse en ese abrazo familiar que terminó por dejar a Levi encerrado entre ellos.
Pocos minutos después recobraron toda la compostura, Levi y Hanji se posicionaron frente a los tres.
—¿Tienes los anillos? —Inquirió Gretchen cuando Dave le entregó la cámara.
— Sí, no se me han caído —respondió, palpando en su bolsillo la caja.
— ¿Empezamos? —preguntó Mikasa, acomodándose los cabellos que tenía en el rostro.
La pareja frente a ellos asintió, luego se miraron con calidez mutua mientras los hijos se preparaban. Aquel gesto fue observado con disimulo por Dave. Giró su cabeza por solo unos segundos hacia el mar detrás de ellos, para hacer un gesto que no quería que sus padres vieran. Al regresar de nuevo la mirada al frente, ellos estaban tomándose de las manos, esperando a que iniciara el acto.
Gretchen se movió algunos pasos hacia el lado donde estaba Mikasa, para así darle a Dave mayor espacio, ella encendió la cámara y comenzó a grabar.
Dave se aclaró la garganta, sujetando la caja de los anillos a nivel de su abdomen, abrió la caja y se quedó mirando los anillos que poco a poco fue cambiando la mirada hacia sus padres. Sonrió y bajó la caja.
— No me sé de memoria el discurso así que... voy a parafrasear un poco —estaba empezando a sentirse nervioso por pensar que podría decir alguna ridiculez. Miró sus manos sosteniendo la caja, y luego a sus hermanas, quienes le alzaron el pulgar alentándolo a continuar. Se pasó el dedo por la mandíbula, y luego se rascó. Volvió a aclararse la garganta y respiró hondamente—. Bueno, estamos reunidos aquí, en este maravilloso lugar como escenario, para... para presenciar la unión de nuestros padres. ¿Voy bien? Okey, ah... Vamos por ahí.
Levi y Hanji se pararon uno frente al otro, todavía unidos por sus manos. Dave los miró que estaban listos y prosiguió:
— Mamá ¿aceptas a papá de nuevo, para ser tu compañero de vida, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad hasta que deje de amarte o hasta que la muerte los separe?
Hanji estiró sus labios, tenía los ojos puestos solo en los de Levi.
— Lo acepto.
—Muy bien, entonces... —se contuvo de dejar salir un murmullo de felicidad— papá, ¿aceptas a mamá de nuevo en tu vida, para amarla y respetarla, en la salud y la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, hasta cuando se amen o la muerte los separe?
A partir de esa pregunta, hubo unos segundos de espera. Levi no tenía duda alguna, solo se había quedado tan absorto en los ojos de Hanji, rememorando de forma rápida, todo aquello que sucedió en sus vidas, y que les permitió unirse. Ese amor que creía era desmedido y feroz. Amaba a Hanji, tanto como sabía, ella lo amaba a él. Acarició tiernamente los dedos de Hanji con los suyos, ante su mutismo que parecía no inquietar a nadie.
—Acepto a Hanji nuevamente en mi vida —dijo de forma lenta y con la voz ronca.
Hanji sonrió ampliamente. Sus grandes ojos se volvieron húmedos. En aquel momento, escuchó que sus hijos murmuraron, llamando de nuevo su atención.
Ellos giraron levemente, Dave extendía hacia ellos la caja de los anillos. Levi tomó el que pertenecía a Hanji entre su pulgar y su índice. Le agarró la mano sosteniéndola con firmeza, mientras se decidía en hablar, quizás haciendo memoria de sus propias palabras del día que se casó con ella.
—Yo, Levi Rivaille, te elegí a ti, Hanji Zoé, de forma plena y consciente, aún con tu poco orden e higiene, para ser mi compañera y amiga, además de amante, por el resto de años que así tú también quieras.
Los hijos estaban estupefactos ante ese discurso tan sincero y conmovedor, escuchar a Levi hablando de esa manera, era quizás, el instante que no imaginaron que podría suceder. Él colocó el anillo en el anular izquierdo de Hanji y esperó a que ella también tomara el otro anillo. Dave cerró la caja y se la guardó nuevamente. Hanji le pidió a Levi le entregara su mano, ella agachó un poco la cabeza.
— Yo, Hanji Zoé, reconozco a la persona que eres, que elegí y a quien hoy prometo, delante de nuestros hijos, seguir amando todo aquello que ya conozco de ti, y que hoy en día no me canso de amar. Te prometo, Levi, amarte y respetarte, tanto como tú lo has hecho. Por favor, acepta este aro como señal de mi amor por ti.
Ella le colocó con calma el anillo y luego le apretó la mano con la suya. Sonrió y esperó unos segundos a calmar toda emoción que pendía en querer salir de ella. Escuchaba el rumor de las chicas, las pequeñas olas rompiendo en los tobillos de todos y las gaviotas en el cielo.
—Si todo es así, no me queda más que declararlos, oficialmente ante nosotros: unidos por ese amor que dicen sentir. ¿Está bien así? —dijo Dave, sabiendo lo que tenía que hacer para finalizar, apretando la boca, dijo —: ha llegado el momento, puedes besar a mi mamá.
Levi no esperó demasiado y acortó la breve distancia con ella, la agarró de la cabeza y aproximó sus rostros entre sí. Se quedaron quietos unos segundos hasta cuándo ambos buscaron a sellar el compromiso con un beso sincero y extenso. Cerraron los ojos y movieron los labios de forma lenta, pero superficial. Escucharon el berrinche de Dave por verlos besarse, mientras que Mikasa y Gretchen exclamaban: "Vivan los esposos" y luego aplaudieron reiteradamente, a la vez que le hacían bromas a su hermano.
Al culminar su beso, sello de todo lo que se dijeron, volvieron a quedarse unos segundos mirándose entre sí, con las narices tocándose. Se separaron al escuchar carraspear a su hijo, él se acercó a ambos para tomarlos de la mano. Agachó por unos instantes la cabeza. Movió los brazos y luego alzó la mirada hacia ellos.
Entonces, ellos lo vieron casi al borde de derramar lágrimas, sus ojos estaban comenzando a humedecerse, además, su nariz y sus labios se estaban volviendo rojizos.
—Lo único que quise y quiero para ustedes… es que sean felices y que estén bien— declaró con la voz entrecortada por la emoción. Subió cada mano que sostenía de sus padres hasta su boca y las besó en el dorso.
—Cariño… no llores. —Dijo Hanji conmovida, inmediatamente buscó acariciarle el rostro.
Levi se mantenía callado, esa reacción tan natural en su hijo le provocaba a él gratos sentimientos.
—No es nada malo, mamá —dijo, mientras sonreía disipando su sollozo. Sus hermanas se acercaron y se posicionaron a ambos lados — solo... estoy muy feliz de que ustedes se amen, de que estén juntos y que también nos amen. ¿Verdad, Gretchen?
La mencionada comenzó a agitar la cabeza, tratando de no sucumbir a la emoción de su hermano.
—Dave — quiso intervenir Levi.
—Ah sí, yo... yo quería decir algo más — agregó y dejó sueltas las manos de sus padres — Quería decir que yo los amo, a cada de uno de ustedes y que soy bastante feliz de que sean mi familia. Mamá y papá, a ustedes les debo mucho. Mikasa, de ti aprendí mucho. Gretchen, tú dijiste algo antes y bueno, quería decirte que a pesar que no estuvimos siempre tan juntos como ahora: a más de ser mi hermana, eres como mi mejor amiga.
Gretchen se le quedó mirando en todo el momento en que su hermano empezó a hablar tan rápido.
—¿Yo?
—¿A quién más le estoy hablando? Ja, ja, ja. Creo que solo, quería decirles también lo importante que son para mí, y que... voy a ser alguien de quién estén orgullosos en el futuro.
—Ya estamos orgullosos de ti— mencionó Hanji, dirigiendo rápidamente su mirada a todos — ¿Qué dicen ustedes?
—Lo es — dijo y asintió Levi.
— No tengo la mínima duda, jamás hemos dejado de estar orgullosos de ti — agregó Mikasa.
Dave sonrió ampliamente, limpiándose las lágrimas de alegría que aún le resbalaban por la mejilla.
—Lo siento, lo siento, en serio, aún no finaliza la ceremonia. ¿Ajá? —se sacudió y saltó, haciendo que el agua salpicara sobre el pantalón corto de su padre. Se tapó la cara riéndose por eso, como estaba emocionado quizás no fuera reprendido. De todas maneras, terminarían mojándose. Escuchó las risas y el chasquido de Levi. Se tranquilizó— Yo, Dave, en nombre de mis hermanas quiero agradecerles; por enseñarnos a amar y perdonar sin guardar rencores. ¡Sí! Ahora... ¡Vivan los novios!
Con la última exclamación los chicos volvieron a aplaudir ante el beso corto y cariñoso entre Levi y Hanji, para luego recaer en un recurrente abrazo familiar que propició al jugueteo entre ellos, saltando en la orilla del mar, salpicando el agua que Gretchen esquivaba por cuidar la cámara fotográfica. Justo los alcanzó una ráfaga de viento que les alborotó el cabello y los vestidos, y que las florecillas a Dave se le desprendieron y fueron a caer a algunos metros lejos de ellos. Aunque Dave quiso recuperarlas, su madre le dijo que podría darle algunas de las suyas con tal de que no se mojara completamente por internarse más en el mar.
Desde su posición, Dave vio el manojo de florecillas flotando, siendo arrastradas por la ligera corriente. Sintió a su madre ya a su lado, colocándole las nuevas florecillas encima de la oreja. Le sonrió. Le tomó la mano para besarle los nudillos Y regresar a la celebración sucinta con los demás, sobre la orilla del mar.
Después de tomar algunas fotografías, dieron por finalizada la privada ceremonia, para regresar a sus habitaciones y lavarse los pies. Todavía tendrían una cena, y algunas actividades que realizar por la noche, como compartir tiempo después del buffet en el bar.
[insertar conclusión] 1
"Hay momentos en que una mujer o un hombre miran dentro de sí y se dan cuenta de que llevan mucho tiempo caminando por la cuerda floja. La vida los ha transformado y, abocados a la tragedia o quizás a la felicidad, ya no son quienes creían ser".
—Viktor Frankl—
El hombre en busca de sentido
Casi como otras veces, Mikasa dijo que se hacía responsable por Dave y Gretchen —según decía, por ser la mayor — pues era una costumbre suya de hacerlo o decirlo, como si los otros dos no fueran adultos. Y, sin embargo, Hanji reiteró esa responsabilidad, pidiéndole el favor de que los cuidara por lo que restaba de la noche. Ya decían todo eso, y todavía seguían juntos ahí, en los sillones blancos de la terraza del restaurant sobre el agua. Después de comer, y beber con sutileza un poco de licor, decidieron quedarse en el lugar: a contemplar el mar y cielo nocturno, estrellado y claro por la luna; y a conversar sobre ellos, a bromear o contar anécdotas. También, estuvieron planificando lo que harían al día siguiente; Gretchen propuso bucear e ir al spa, Dave dijo sobre ir al karaoke la noche siguiente, Mikasa planteó hacer algún otro tipo de deporte acuático del que ya dijo su prima.
Tenían aun otros cuatro días más para explorar la isla, hasta cuando arribaran Eren, Marco y los padres de Hanji directo a Amilla Fushi; donde Levi ya había reservado una villa familiar con playa privada, para los siguientes cinco días.
Levi había dejado de prestar atención a la conversación que mantenían sus hijos con su, hacía pocas horas, proclamada esposa; Hanji, quien tenía una mano puesta en su pierna, como un gesto de proximidad. Sabía que Dave hablaba acerca de que tenía suficiente rollo disponible para su cámara, mientras durara la estadía en Maldivas. Se quedó contemplando el cielo. Cruzó sus piernas y puso su brazo por detrás de la espalda de Hanji. Al instante empezó a escuchar murmullos, cuando ella se fue aproximando más hacia él, solo para estar más unidos allí sentados.
En aquel rato, Dave se levantó del sillón de enfrente, y buscó hacerse un espacio en medio de sus padres. Colocó sus brazos a ambos lados, por encima de los hombros de ellos, como atrayéndolos a él. Frotó los antebrazos de ambos e inspiró mirando hacia arriba.
—Ya nos vamos al bar—mencionó, bajando la voz como si no quisiera que sus padres supieran—. De ahí, regresamos a la villa.
Levi giró la cabeza hacia él.
—¿No fue suficiente la copa de vino que te tomaste? —inquirió Levi. Escuchó a Hanji reír. Dirigiéndose a Mikasa y Gretchen dijo con voz seria—: ¿Qué dijimos sobre eso?
Se aclaró Mikasa la garganta.
—"No exceso con bebidas alcohólicas" Solo vamos por una piña colada o un cóctel. —Respondió Mikasa buscando apoyo en Gretchen.
—Eso sería todo. ¿De acuerdo? — dijo Gretchen mirando a Levi directo a los ojos —y luego, tal vez, a la sala de juegos —inclinó la cabeza hacia un lado y entrecerró los ojos — aún es temprano, supongo que ustedes también podrían hacer algo por su cuenta. —Agregó mientras gesticulaba con las manos en el aire.
El hombre resopló, pensando que aún quería mantener el poderío sobre ellos, que precisamente, no era lo más saludable; quizás por situaciones pasadas. Respiró pesadamente. Hizo gestos faciales dando a entender que lo estaba pensando, para darles luego la razón.
—No quiero interrupciones por lo que queda de la noche —dijo señalando con el dedo a sus hijas. Distinguió una mirada de conspiración en ellas, como si ya supusieran por qué les advertía sobre ello—. Apenas estén en la villa, a cualquiera de los dos: envían un mensaje. Ya les dije, no quiero interrupciones, a no ser que sea algo muy necesario.
Dave se tapó la cara con las manos.
—Sí, ya entendimos —repuso Dave, todavía con las manos en la cara. Sintió un abrazo de su madre de medio lado, por lo cual bajó sus brazos para devolverle el gesto.
—Cariño, no te olvides de tomar suficiente agua. —Dijo, y le estampó un beso sonoro en la mejilla.
Dijo que lo haría, para que su madre estuviera tranquila. Se levantó del sillón alisándose la camisa blanca. Gretchen y Mikasa también se levantaron acomodándose los vestidos de lino. Enseguida la pelirroja se adelantó unos pasos para agarrarse del brazo de su hermano. Ella se inclinó hacia arriba, palpándole el pecho y la cruz de hierro que le colgaba del cuello. Él la miró. Escucharon que Mikasa se estaba despidiendo de sus padres. Dave sonrió y se inclinó hacia ella, le tomó el rostro con la mano y la besó superficialmente en los labios.
Cuando volvió la mirada a sus padres, Levi tenía las cejas fruncidas y la boca contraída. Intuyó que procedería un reclamo, o una llamada de atención.
—¿Por qué hacen eso? —reprochó Levi, moviendo la pierna.
La atención entonces, recayó en ellos.
Dave alzó una mano, tratando de explicarse. Mantenía su brazo en el hombro de Gretchen, ella quién estaba tranquila a su lado, atenta a las miradas de los demás, acomodándose el cabello detrás de la oreja debido al viento.
—Es cariño —Dijo Dave alzándose de hombros, como si fuera bastante corriente besarse. Aunque entre ellos sí tuvieran esa concepción—. ¿Qué? —inquirió dudoso ante el silencio.
Levi mantenía la cara arrugada, evaluándolos. Por su parte, Hanji y Mikasa no decían algo, y sus caras no delataba nada.
—¿No lo sabían? —preguntó Gretchen, porque estaba segura que sí lo sabían desde años atrás, pero no decían nada.
Entonces, la risa escandalosa de Hanji rompió el ambiente de tensión.
—Yo que supiera: Levi sí lo sabía. —Dijo la mujer girándose hacia él.
«¿Quieres dejarme en evidencia?» Pensó Levi sosteniéndole la mirada a Hanji.
Dave se soltó de Gretchen y agitó los brazos para que sus padres le prestaran la debida atención. Miró de soslayo, había otra familia a unos cuantos sillones de distancia. Antes de hablar, un fugaz recuerdo lo llevó a ese pasaje de su vida cuando habló con Raylee sobre el tema.
—Es cariño o amor. ¿Qué pasa con eso? — sentía la necesidad de explayarse. — Sólo es una forma de expresión — comenzó a carcajearse, quizás sentía pánico de que se tergiversara la situación.
Levi todavía no decía nada, sólo lo escuchaba. Hablaba de los tipos de amor (como si no supiera), de lo importante que era Gretchen para él (como si ya no lo hubieran notado), y una leve justificación para darse un beso (como si ya no hubiera sido suficiente). Su discurso disperso y lleno de carcajadas, fue finalizando con una pregunta extraña, para Levi: «¿No sucede nada si los beso a ustedes? ¿Sí o no?». Y Hanji respondió que no. Levi alzó una ceja. Sabía que Dave no haría algo como eso. ¿O sí? No, por supuesto que no.
Aclarado todo, Levi todavía tenía algo que decir, pero se le adelantó Dave.
—Ya nos vamos —Dijo con prisa, aún carcajeándose. — Ciao, ciao.
Dave se inclinó hacia su madre, buscando besarle la mejilla para despedirse. Ella le dijo que se cuidara, que estaría impaciente por bucear con él y con todos al día siguiente. El muchacho se irguió, se quedó ahí unos segundos mirándola con los ojos entrecerrados. Entonces, a pesar de moverse rápido Hanji reaccionó levantando los labios. Sabía que lo haría por lo cual no dijo nada.
Levi se quedó atónito. «El maldito lo hizo», pensó mientras lo miraba en medio de esa carcajada acercándose hacia él.
—Ya váyanse —se apresuró a decir, mientras le rehuía a Dave.
—Sí, sí… — murmuró Dave, buscando que Levi se dejara besar en la frente.
La cruz de hierro impactó contra la punta de la nariz de su padre. El hombre dijo un improperio y se sobó allí. Dave se rio y aprovechó la leve distracción para tomarlo de la mandíbula. Logró su cometido, aunque recibió unos manotones en el rostro, nada duros, por Levi. Sobándose la mejilla corrió hacia sus hermanas, y marcharse con ellas, todavía riéndose por lo que acababa de hacer.
Una vez ellos dieron la vuelta en la terraza, perdiéndose ahora sí, a la vista de los mayores. Levi relajó su expresión facial, y se dejó de restregar los labios. Hanji lo miró mofándose de él.
—¿Quieres un beso mío? —preguntó Hanji, entrecerrando sus ojos amorosos, y buscando su mano.
El hombre asintió en silencio. Quería escuchar el rumor del mar, mientras ella lo besaba brevemente en los labios. Cuando se separaron le quitó los lentes, quería apreciar mejor sus ojos levemente maquillados: conservando los colores y el rímel. Le acarició con sus dedos el puente de su nariz y luego delineó sus labios con la yema de su pulgar, para volverla a besar.
Habrán pasado un cuarto de hora más allí en la terraza del restaurante, casi abrazados conversando en voz baja, mientras apreciaban el cielo y el mar. Decidieron volver a su suite en la playa. Se levantaron del sillón y caminaron tomados de la mano, bordeando el restaurante hasta llegar al puente que los llevaría de nuevo a tierra.
—Por eso es peligroso que vengan niños. —Comentó Levi, mirando hacia abajo, mientras caminaban sobre el puente.
Hanji hizo un murmullo de garganta.
—Podrían caer —secundó ella, mirando hacia los lados del puente.
Caminaron sin prisa rodeando la playa hasta llegar a la suite. Levi buscó las llaves de la puerta en su bolsillo y procedió a abrirla. La habitación estaba iluminada vagamente por la luz natural que se colaba por las cortinas del ventanal. Era una habitación bastante silenciosa, amplia y acogedora. Hanji estaba maravillada por la ducha, ya que era al aire libre y las paredes tenían piedras incrustadas, desde allí podría ver las altas palmas sin temor a que alguien pudiera espiar.
Levi estaba dejando sus objetos personales sobre la mesa de noche, al lado de la cama matrimonial; su reloj, las llaves, el teléfono y unas mentas. Se sentó en la cama, esperando a que Hanji terminara de ocupar el sanitario. Habrá pasado no mucho tiempo, cuando pudo entrar para desocupar su vejiga del líquido. Se lavó las manos, los dientes y la cara. Buscó una loción que dejó en el gabinete y se roció una cantidad generosa en el abdomen sobre la camisa de lino.
Salió del baño, dispuesto a entregarse a lo que sea que le propusiera Hanji.
—Vamos a playa —dijo ella, guiñándole el ojo.
Levi prefirió dejar encendidas las dos lámparas de escritorio. Hanji abrió el ventanal, por lo cual entró una ráfaga de viento fresco. Por ahí mismo salieron a la terraza, había una mesa con dos sillas y más allá, en la arena, los sillones de madera y una hamaca en medio de dos palmeras. Ambos dejaron sus sandalias en la terraza, para caminar descalzos sobre la arena fría hasta un poco más allá, a respirar profundamente el uno al lado del otro.
Volvieron unos pasos hacia atrás para encajonarse en uno de los sillones, Levi acunó a Hanji en medio de sus piernas, y ella solo murmuró su deseo porque siempre pudieran estar así; rodeados de paz y el ruido de las palmeras moviéndose con el viento.
A esa distancia, el cielo y el mar parecían, en esa noche, casi como unidos: la señal de un comienzo y un final infinito.
Ella comenzó a acariciarle los brazos, usando las yemas de sus dedos. Sintió la barbilla de Levi en su cabeza, y las caricias que él le devolvía sobre sus brazos, en silencio, con un ritmo lento que a ella le producía deseos por dormir allí mismo. No porque estuviera aburrida, sino por ese bienestar que sentía, al estar rodeada por unos brazos en los cuales se sentía segura y que la sujetarían aún en las peores circunstancias de la vida.
—La verdad, Levi: me gustaría poder quedarme aquí. —Dijo sin abrir los ojos, casi sin pensar demasiado.
El hombre acercó sus labios hasta su hombro y la besó reiteradamente.
— En otras islas, hay residencias que están en venta. —Agregó Levi.
—No lo dije porque quisiera que compraras una residencia. —indicó con un tono amistoso, incorporándose ahí mismo—. Aunque, no estaría mal, este lugar es tan de mi agrado. —Comentó con la voz suave. Sintió a Levi posar las manos en sus hombros—. Pero debo regresar a América.
Levi acercó su rostro para descansar la barbilla en su hombro, respirar hondamente y morderle sutilmente la piel. Ella apenas se rio, encorvándose como respuesta.
—También podemos regresar aquí cuando quieras. Todo será cuestión de que estemos disponibles para viajar. —Dijo apretando el cuerpo de Hanji con sus brazos. Ella echó la cabeza ligeramente hacia atrás—. ¿Qué tienes que decir?
La aludida movió la cabeza de un lado a otro. Hizo unos murmullos de garganta y giró la cabeza hacia el rostro de él.
—¿Me estás diciendo que podemos regresar varias veces más? —inquirió musitando.
Levi le dio la razón.
—Podemos recorrer varias islas, ya te dije. —Apretó los labios—. Para tu cumpleaños ya hice reservación en Santorini, pero seremos solos tú y yo. Después de todo, es allá donde querías ir.
Era como lo decía Levi, y que, por el accidente de Dave, tuvieron que dejar de lado los viajes planeados como ir a esquiar y el posterior viaje a Santorini.
—Eso es perfecto, Levi. —dijo acercándose a él para besarlo en los labios. —¿Sabes algo? —preguntó en voz baja contra sus labios tibios.
—¿Qué? —susurró.
Ella parpadeó, sonriendo. Pensó en cómo le diría aquello, mientras abría muy bien los ojos.
—Esperarte ha sido una de las decisiones más importantes, que he tomado en los últimos años. —Declaró de forma pausada, manteniendo la sonrisa cálida.
Levi inclinó la cabeza hacia ella, respiró hondamente. Pensaba que ella no tendría por qué ser la única en aceptarlo, es decir, sí lo esperó, mientras él también hizo su parte.
—No lo voy a decir para sonar egocéntrico. —colocó la palma de su mano en el rostro de ella—. Cuando pensé en que podría dejar de lado todo lo sucedido, y… tomar una decisión personal al respecto: también fue demasiado… demasiado importante. —Dijo manteniéndose sereno, se acercó a Hanji y la besó de forma profunda.
Una vez se separaron, ella lo volvió a besar de manera corta, le acarició la mejilla y se volvió hacia el frente, dejando su espalda descansar en el regazo de Levi. Posicionó sus manos nuevamente por encima de los antebrazos de él, que le rodeaban la cintura. Reclinó la cabeza de nuevo hacia atrás, encima de su clavícula y cerró los ojos, dejando los hombros relajados.
Podía oler la loción de Levi, reteniéndola en los pulmones y en la memoria, ese aroma varonil y suave.
—Oh, gracias, pensaba quitármelos. —Dijo mientras Levi le sacaba los lentes.
—Olvidas que tienes que dejar descansar tus ojos. —Mencionó dejando el armazón debajo de ellos, en la arena, porque seguramente ahí no les pasaría nada.
Hablaron acerca de los besos de Dave, y de lo extraño que fue para Levi todo el asunto, mientras ella se reía por su cara desencajada. Así mismo platicaron sobre las obligaciones que aún tenían por su hijo, aunque tuviera una movilidad aceptable del cuerpo, debía mantenerse acudiendo a las terapias de rehabilitación física, además de la terapia de lenguaje y otras actividades que lo ayudaban a seguir teniendo progresos, que eran muy necesarios para su vida estudiantil y su vida en general.
—Cuando regresemos, inmediatamente tengo que prepararme para la conferencia. —comentó ella.
Levi escuchó con atención.
—Vamos a asistir con Dave, Gretchen aún tiene que confirmar.
La mujer se estremeció en sus brazos.
—¡Tengo que hacerlo de lo mejor! —exclamó alzando el índice— las diapositivas, el contenido, las posibles preguntas. ¡Todo! Uh, creo que llevaré fotografías de mis viajes a Machu Picchu, La Gran Pirámide de Cholula, La Pirámide de Nohoch Mul, las pirámides de Giza y la Muralla China. ¡Ah! Tengo que buscarlas. Si vamos a hablar sobre civilizaciones antiguas, entonces tendría que anexar algo más. —reflexionó poniéndose el índice por debajo de la nariz —Tendré que preguntarle a mi papá si aún conserva fotografías de mi viaje al Éufrates.
Ella interrumpió su discurso al percibir un sonido grato procediendo de la garganta de su acompañante, sólo lo regresó a ver para confirmar que estaba sonriendo con naturalidad. Su rostro, ahora relajado, proyectaba un aura de confort.
—Es así como tienes que ser —, murmuró Levi, colocando su mano en la cabeza de ella — inquieta por naturaleza.
Lo escuchó con atención, casi como sorprendida de sus palabras. Luego reaccionó y afirmó con torpeza con las manos. Suponía, que Levi, pensaba en esa Hanji que volvió a ser ella, no como aquella que casi pierde toda motivación de vida. Sonrió, giró su cuerpo hacia él y se apegó. Recibió un beso cándido en la mejilla, que luego se fue direccionando hacia su mandíbula.
—¿Crees?
Levi reiteró que sí, deslizándole la tira gruesa del vestido hacia un lado, dejando la piel del hombro descubierta; tocó y acarició con sus labios aquella piel tibia, madura y todavía suave. Cerró los ojos, subiendo la mano por la espalda, igualmente, acariciándola sobre la tela. Pensó en todo lo que fue antes, en como Hanji no tenía interés por la ciencia y sus constantes rechazos a hacer algo. Claro, sabía que era un indicador esperable por los momentos que estaban atravesando. Aún cuando fue difícil hacer que ella tomara otros intereses (como preparar postres, aprender latín y lenguaje de señas), que no fuera estar en el hospital con Dave: supuso una tarea que requirió gran cantidad de paciencia como amor.
Cuando finalmente Hanji retomó su quehacer profesional —Dave ya era capaz de caminar usando muletas — lo hizo aceptando, gradualmente, invitaciones a participar como ponente en conferencias y congresos referidos a su rama. Que debía puntualizar, Levi, las invitaciones y propuestas a ella no le faltaron.
Verla incorporarse de nuevo a su profesión, le produjo más alivio del que imaginó. Además de una felicidad compartida, distinguiéndola en medio de su realización como una mujer de ciencia. Como él decía, así tenía que ser.
—¿Aún no decides si vas a estudiar una maestría? —preguntó él.
Con un pequeño suspiro, Hanji se sentó, en medio de las piernas de Levi y con el cuerpo hacia él, siendo que sus pies tocaban la arena. Quería mirarlo y adorarlo frente a frente.
—Quizás cuando Dave se gradúe, o el año siguiente. —Respondió, estremeciéndose por las caricias sutiles que recibía en su espalda —No pensé que fuera necesario advertir a los chicos sobre no interrumpirnos. —Comentó con un tono burlesco.
Levi cambió su expresión facial, como rememorando viejas memorias de una interrupción.
—Para que lo tuvieron claro. Por eso, los mandé a dormir sobre el agua —se refería a las villas. Vio a Hanji hacer una expresión graciosa, dándole la razón. Poco a poco ella se fue acercando más a él, casi rozándole los labios con los suyos. Respiró hondamente, con fuerza y bravura. —¿Quieres entrar ya?
Hanji dejó salir unos murmullos desde su garganta, dándole cortos besos por las mejillas y el cuello, tendiéndose nuevamente sobre él.
—Unos minutos más —pidió. Se relamió los labios pensando en algo —: si esta es nuestra segunda luna de miel, de todas maneras, los chicos estuvieron con nosotros. ¿Recuerdas?
—Sí.
—Como sea, Levi, igualmente somos felices con ellos.
En medio de la ligera oscuridad allí, apenas iluminados por la luna y por la farola en la terraza detrás de ellos: se contemplaron segundo a segundo, rememorando los pasajes anteriores de la vida que compartieron como pareja, amigos y padres. Aun cuando cada suceso fue deteriorándolos más, pudieron hallar el punto exacto para no caer, para volver a empezar.
Tal como lo hicieron ellos.
Y es que todo lo que tenían se resumía en momentos, felices y no tan felices, por ello estaban concentrados en ese presente; en lo asombroso que resultaba que tuvieran la oportunidad de restablecer sus vidas, cuando sabían que pudo no haber sido así. Probablemente, tendrían todavía que manejar algunas cuestiones difíciles en el futuro, pero estaban seguros, y en base a todo lo aprendido, que podrían buscar soluciones.
—¿Has imaginado… la posibilidad que ahora tuviéramos un bebé? —la pregunta fue repentina. Vio a Levi quien tenía la cara confusa, mientras ella se reía poniéndose la mano en la boca.
—Un bebé —soltó Levi como perdido en la historia que estaba imaginando.
Ella le dio unas palmaditas en el pecho. Rápidamente ella se empujó hacia atrás, con las piernas cruzadas y la atención fija en su esposo. Iba a decirle que lo del bebé era solo una fantasía suya, y que en el fondo podría ser que se arrepentía de no haber tenido otro hijo, después de que perdieron uno.
Pero él parecía bastante pensativo, mirando hacia el mar.
—Dave querría cuidarlo. —continuó la fantasía, al mismo tiempo que imaginaba lo que decía.
Si bien, cuando ellos mismos le dejaron claro a Dave esa situación (cuando él decía que quería un hermano menor, como si fuera sencillo o solo de agarrarlo de un stand), porque parecía empecinado, para ellos estuvo muy claro, que en ningún otro momento volvieron a hablarlo.
—Oye… Hanji.
Ella meneó las manos en forma de negación.
—No lo tomes en serio, solo fue un impulso. ¿A esta edad tener un bebé? Creo que sería muy cansando.
—Y peligroso —agregó Levi— justamente ahora, te estás recuperando —se refería a la depresión que ella atravesó, por lo cual perdió peso. Él meneó la cabeza y la atrajo hacia él, en un abrazo —¿Qué pasa? ¿Por qué dices algo como esto de repente?
Se estaba tomando el tiempo para responder, entre que lo seguía pensando y analizando la postura de Levi referidas a su salud física.
—Tienes razón, apenas podía conmigo. —lo que decía no era coherente con la desolación que sentía. Escondió sus ojos de Levi. De forma discreta se pasó el dedo por el ojo— A esta edad, lo más seguro es que pronto fuéramos abuelos.
Levi suspiró y se arregló el cabello de nuevo hacia atrás. Por el tono de voz de ella, podía intuir que sí le afectaba su respuesta, aun cuando ella también se negó diciendo que era una fantasía.
—¿Qué sucede? —insistió con voz calma, enredando sus dedos en los cabellos de ella. Esperó pacientemente, mientras la escuchaba sorberse la nariz—. ¿Quieres decir algo?
Después de hacerle la última pregunta, se comenzó a inquietar ante el silencio de ella. Tanto así que ya no sentía frescura sino un terrible azote de calor en su piel. ¿Cuándo fue? ¿Cuándo fue que Hanji visitó al ginecólogo? ¿Qué le dijo? ¡Ah! Sí, que le retiraron el DIU. Pero no había después usado preservativo, rigiéndose por el porcentaje bajo de fertilidad a esa edad, cuarenta y nueve tenía ella, pero aún menstruaba. Así que sería muy nefasto de su parte, pensaba Levi, por irresponsable, por no prever que, en ese cinco por ciento de probabilidad, ellos podrían también entrar.
¿Y ahora, qué?
—¿Estás embarazada? —preguntó ante la desesperación y el arrollamiento de sus miedos.
Ella se rio contra su cuello, inspiró hondamente y se volvió hacia atrás para poder mirarlo mejor.
—No —respondió con voz firme—Lo siento si te asusté, Levi. Creo que… ahora pienso en eso; sí hubiera querido otro bebé ¿sí? Pero cuando éramos más jóvenes. Es decir, ahora lo siento de esa manera. Y, por otro lado, lo siento también, no te di la oportunidad de hablarlo, solo fue un "No quiero volver a embarazarme".
Levi la escuchó y comprendió lo que sentía.
—Si antes te dije algo como: "te hubiera obligado a lo que tuvieras y luego… podrías desentenderte de él" no lo iba a hacer con otro. ¿Entiendes que eran circunstancias diferentes? Si tú no querías embarazarte, no te iba a obligar. —dijo pasándole el dedo por debajo del ojo.
¿Qué sucedía con ella? Parecía estar muy sensible respecto al tema.
—Ahora mismo, no te lo pediría porque quiero que te enfoques en ti y te recuperes bien. O, hay otras opciones, las conoces.
—Otras opciones para no poner mi salud en peligro —aseguró— ¿Te parece si lo hablamos luego? O quizás debería enfocarme en lo que me dices… y en nosotros.
Levi correspondió al beso, ella estaba casi abalanzándose encima de él.
—Enfócate en ti, y en nosotros por un tiempo — lo calló con un beso más profundo— aún tenemos que viajar a todos esos lugares que quieres conocer —usó la voz más ronca —¿Qué piensas?
No hubo más palabras, solo besos acuosos y caricias por debajo de la ropa, en la piel madura que empezaba a calentarse y a sudar.
—Te amo, Levi —declaró, quedándose quieta sobre él, apoyándose con sus antebrazos en los hombros. Le acarició con extrema dulzura esa cara de facciones envejecidas y duras. Lo contempló, volviendo a acercarse a su rostro. Con voz baja y amena, le dijo—: Y sé que me amas también, aunque no lo digas con la boca; lo haz hecho de otras formas. —le vio la cara roja —eres muy guapo con canas.
Y entonces Levi se movió, agarrándola de la cintura, se levantó del sillón.
—Muy fuerte para tu edad, pero cuida tu espalda— siguió bromeando. Miró que la playa quedaba de nuevo en soledad. Giró su cabeza para besar la sien de Levi.
Escuchó las puertas de cristal deslizándose. Levi alzó la cabeza hacia ella y le dijo lo que sabía sentía y que no era, como muchas otras veces, capaz de decir directamente. Lo hizo y le buscó los labios para besarlo con prisa mientras entraban a la suite, Levi manoteando para no tropezar con alguna silla hasta llegar a la cama.
La noche, las estrellas, el mar y el viento, el calor y el jugueteo que dejaban relucir, desde el fondo de la gentilidad, el renacer de dos almas, como dos jóvenes en su primer viaje de enamorados.
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No hay cabida para el final, todavía. Todos a los que conocimos en esta historia continúan su vida, solo que llegó el momento en que todo dejó de ser contado.
—Diana—
Publicaciòn: 28/05/2022
