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Capítulo XLVII:

Estaba despierta desde que llegó al hospital, en medio de una espera que resultaba eterna e impredecible ahí en esa habitación aparatosa y espaciosa, que su padre no escatimaba en pagar. Miró su reloj de muñequera, eran la una de la madrugada cuando decidió dejar la comodidad en los sillones y apagar el televisor —que solo servía para mantener alejado el silencio—, y se dirigió al espacio cerrado por cortinas, donde dormía su hermano. Debía colocarse una mascarilla quirúrgica y estar higienizada para poder ingresar.

Descorrió lentamente la cortina azulada e inspiró. Creía que en esa parte hacía aún más frío. El acondicionador de aire debería reducir la transmisión de virus, decían, y que sabían: sería peligroso si acaso llegaba a contraer Dave alguno que estuviese suelto en el ambiente. Todo aquello que fueron aprendiendo para poder estar con él, aunque fue difícil durante los primeros meses, ya que no podían estar presentes de forma perenne en el área de cuidados intensivos. Volvió a cerrar la cortina, internándose allí y sin dejar de mirar todo a su alrededor; la máquina que controlaba los signos vitales, el sillón alejado de la camilla, luego reparó en su hermano: conectado a un montón de cables, a sueros en el brazo y entubado; una imagen mental que llevaba impregnada en la memoria, y que ciertamente, le resultaba dolorosa.

Gretchen estaba cansada, había tenido un día bastante ajetreado en el trabajo, sin embargo, se sobre exigía para estar ahí con Dave. A la noche siguiente sería Hanji, y luego Mikasa. Como fuera, tenía previsto dormir un par de horas en los sillones. Antes había conversado con Marco, él estaba en un viaje diplomático en Alemania, no sabía muy bien cuando regresaría. Entonces, todavía sentiría su ausencia al dormir, en la cama que compartían. Emitió una risa baja al solo imaginar qué reacción podría tener su hermano, si estuviera despierto, y si así fuera, ¿estaría viviendo con Marco? Dudó: el estado de Dave generó una cadena de acontecimientos en la vida de todos; Hanji se confesó, y Mikasa por consecuencia.

Y aunque Mikasa vivía aparte con su esposo, ella también resolvió salir de casa, con la promesa de que era momentáneo, llevándose a Denisse consigo, quien parecía querer preguntar qué era lo que sucedía. Sin embargo, callaba y se dedicaba a realizar sus labores domésticas, también era una compañía grata.

Gretchen tuvo momentos de reflexión en torno a lo relacionado con Mikasa, creía que las dos hacían el máximo esfuerzo en sus momentos de integración. A veces recordaba la cachetada que le dio aquel día, quería disculparse pensando en que esa situación sería no grata para Dave. ¡Claro!, ¿y su voluntad? Al parecer, su hermano se había convertido en un ser omnipresente, el cual los cubría con su recuerdo y preguntas inquisitivas respecto a lo que él pensaría sobre determinada situación.

Se reclinó mejor en ese sillón, lo observaba a esa distancia prudente. Entrecerró los ojos. Habló bien bajo para que él supiera que estaba ahí. Agitó la cabeza para espantar el sueño y se levantó. Buscó en unos cajones, esa frazada pequeña y ligera; la agarró, la desdobló y la colocó con sutileza encima del pecho de Dave, cubriéndole hasta los hombros. Un par de semanas atrás, después de una revisión y análisis de la clavícula fracturada, le habían retirado el cabestrillo por la inminente mejoría, faltaría la fisioterapia. Le miró la cicatriz en la cara, todavía notoria y que se le extendía desde el puente de la nariz hasta el pómulo, menos mal su ojo no había sido lastimado. Suspiró. Menos mal no tuvieron algo más que agregar a su estado.

Cuando volvió a mirar su reloj, faltaban quince minutos para las dos de la mañana. Inminentemente su cuerpo pedía descanso, lo sentía en el temblor involuntario de sus párpados y el dolor de cabeza. Planificó tomar un vaso de agua con algún analgésico, para luego reclinarse en el sillón mullido de la superpuesta sala. Más tarde llegaría la enfermera haciendo su ronda, seguramente sus pasos poco silenciosos la volverían a despertar. Y si no fuera porque sus ojos se estaban cerrando —entrevía la camilla de Dave— se quedaría allí despierta a esperar a la enfermera.

— Dormez bien, ma belle. —Susurró, deslizando sus delgados dedos desde la sien hasta el entrecejo de Dave.

Escuchaba el pitido del corazón a través de la máquina, por alguna razón no quería moverse de allí. Consideró seguir acariciándole la frente y los cabellos, pero luego sería una irresponsable por no procurar su descanso. Deslizó su dedo en medio de las cejas, allí frotó ligeramente con su pulgar y se sobresaltó al escuchar un murmullo de garganta que no era suyo. Se quedó quieta y las ganas de dormir la abandonaron, sus sentidos se pusieron alerta y buscó con los ojos alguna señal nueva. Procuraría no exaltarse, debido a que no era la primera vez que Dave hacía murmullos.

Pasaron los minutos y un nuevo murmullo hizo que Gretchen espabilara. Se serenó y esperó mientras hablaba sutilmente en su lengua materna. Minutos más tarde otro murmullo la sorprendió, y es que este fue acompañado con un breve movimiento del tórax. Ella se llevó la mano a la cabeza y miró su reloj, eran treinta minutos pasados de las dos. Continuó hablando, llamándolo de forma serena, le tomó los dedos de la mano y se lo estrujó.

La idea de dormir ya era asunto pasado, a saber, qué haría luego. No podía irse y dejarlo, menos aun cuando Dave volvió mover ligeramente el tórax y ahora murmuró más fuerte. Aunque sus ojos seguían cerrados. Ella pensó en que debería llamar a la enfermera pronto. Comenzó a sentirse sudada, quizás era el miedo o la angustia. No, era eso definitivamente; el miedo a que fuera de nuevo un intento por despertar de él. Miró el reloj, los minutos pasaban, ya casi eran las tres de la mañana y ella seguía allí de pie, hablándole a Dave con fina y baja voz.

Y luego Gretchen quiso llorar, porque Dave comenzó a moverse como si quisiera ya despertar, como si quisiera hablar; movimientos lentos que luego no volvían a aparecer tras algunos minutos. Buscó el teléfono fijo y llamó a alguna extensión del hospital para que acuda una enfermera o un médico. Después volvió con Dave, le tomó la mano y se la besó muchas veces; le habló de todo el amor que ella sentía por él, y de ese amor que sus padres y Mikasa también profesaban.

Le habló de todos quienes lo extrañaban y lo esperaban, que Rod no tenía el mismo ánimo, que Jean estaba desanimado; que sus abuelos, la señora Clarisse y el señor Sebastián lo esperaban tratando de guardar la rectitud. ¿De qué no le habría hablado? Quizás había dicho mucho.

¿La hora?, casi eran las cuatro y media cuando volteó a mirar su reloj. La enfermera estaba ahí, ellas se miraron unos segundos en silencio, el ruego interno porque la mujer de blanco dijera algo esperanzador. El brevísimo movimiento de uno de los dedos de él, la hizo girar nuevamente hacia su cara pálida: Dave empezó a mover los párpados, fue allí que ella lo llamó por su nombre y le dijo, en su lengua materna, que deseaba poder mirarlo nuevamente a los ojos.

Comenzó a lloriquear al contemplarlo contorsionar brevemente su pecho, para luego, recaer en sus ojos: sus párpados se abrieron poquísimo, lo suficiente como para que a Gretchen se le escaseara el aliento. Sus párpados volvieron a cerrarse, y que a unos llamados de ella volvió a intentar abrirlos. Las lágrimas empañaron la visión de Gretchen por lo que cerró fuertemente los ojos, luego parpadeó reiteradamente y se limpió el agua, sin dejar de acariciar con su pulgar la mano de su hermano.

La enfermera estaba silenciada verificando los signos vitales.

Gretchen volvió a sollozar, ocultando su cara en su antebrazo unos segundos, se repuso y sorbió su nariz de la viscosidad.

Dave volvió a bajar los párpados.

— Petit frère... Tu m'entends? —susurró, sus manos temblaban.

Con mucha dificultad, y manteniendo los ojos cerrados, Dave le respondió con un murmullo de garganta bastante bajo, lo suficiente para hacerla entender de su estado de consciencia. Y ella se aproximó tanto para decirle que no se preocupara, que quizás se sentiría confundido, pero ya todo estaba bien, que le explicaría luego la situación. Solo quería que se tranquilizara, haciendo un gran esfuerzo ella misma por no sucumbir a un terrible estado de éxtasis. «Merci, merci Dieu» pensó inclinando la cabeza hacia arriba, apretó con fuerza los ojos y los labios, mientras experimentaba un terrible temblor en el cuerpo y el deseo innato por volver a escuchar a Dave.

Fue entonces que la enfermera se apresuró a salir de la habitación, a buscar a un médico de turno. Mientras ella se quedó allí.

— Petit frère, tu as dormi pendant longtemps, il est donc normal que tu te sentes bizarre. —Dijo, al escuchar constantes murmullos de Dave que dejaban a relucir su confusión. Él abrió poco los ojos, ¿volvió a cerrarlos — La lumière vous gêne-t-elle? —inquirió, inmediatamente colocó una mano por encima de los ojos de él, procurando no tocarlo, solo para bloquear la luz artificial.

Con el pasar de los minutos, esos murmullos iban acrecentando. Incluso, su pecho comenzó a elevarse, esa molestia o fastidio que Gretchen creía estaba sintiendo Dave por la sonda que tenía en la boca. Quiso tranquilizarlo con palabras suaves, y ligeras caricias, pero casi no resultaba por lo cual se estaba ella impacientando. No pasó mucho tiempo para que el médico apareciera, Gretchen lo miró de refilón notando el asombro en él.

De repente Dave comenzó a moverse con mayor fuerza y la frecuencia cardíaca aumentó. El médico con las enfermeras, estaban tratando de amarrarlo a la camilla para que no se moviera, seguramente querría el muchacho arrancarse la sonda y el cableado.

—Sal por favor, Gretchen. —pidió el galeno con voz agitada— está entrando en shock.

Ante la brusquedad de lo que presenciaba, para Gretchen no fue posible mantener la actitud. Una enfermera la tomó del brazo para hacerla caminar, ella se resistió unos segundos por el miedo que sentía a abandonarlo.

—Petit frère. —murmuró con la voz quebrada, antes de salir de allí.

Atrás solo escuchaba el rumor del médico y las enfermeras. Tomó su mochila y salió al pasillo. Notó que sus manos temblaban al tomar el teléfono, no podía estar sola en un momento así. No sabía que sucedería con Dave, aunque el médico hubiera dicho que podría ser un shock por la impresión de las circunstancias en que despertaba. Se detuvo unos segundos, todo era muy pesado. Empezó a llorar ¿de alegría o miedo? No lo sabía.

Buscó, con la tecla de atajo, el número de su padre. Trató de serenarse, dio algunas vueltas antes de escuchar la voz del otro lado de la llamada. En ese momento, una de las enfermeras salió al pasillo, y ella comenzó a llorar más.

El Citroën negro casi volaba por las calles en esa madrugada con rumbo al hospital, esquivando autos y sobrepasando semáforos en luz amarilla. Aun cuando Gretchen le había pedido encarecidamente que se tranquilizara para conducir, o que pidieran un taxi; él hizo poco caso. Desenfrenado en lo que sentía, se volcó a querer llegar pronto al condenado edificio. Creía que sus manos se le engarrotarían en el volante, pero no les prestaba atención. Quizás una multa por exceso de velocidad... claro, el exceso de velocidad que podría ser mortal. Quiso bajar la velocidad ante la turbulencia de esos recuerdos malditos. Frenó casi a raya en una calle poco transitada a las cinco de la mañana. ¿Y si él hacía lo mismo?, ¿si llegaba a atropellar a alguien?, terminando por arrebatarle la vida a esa persona. Sacudió la cabeza y estiró el cinturón de seguridad para no sentirse apretado, casi aprisionado con sus pensamientos y el corazón descarriado.

Podría accidentarse con Hanji.

Las pocas personas que por allí andaban, estaban atentos a su auto, debieron haber escuchado los neumáticos derrapando en la calzada. Hanji le dijo que ella podría conducir, pero no quiso. Negó de nuevo con la cabeza y se acomodó el cinturón. Empuñó las manos en el volante, escuchando la voz temblorosa de Hanji (estaba así desde que Gretchen llamó) y sus palabras para hacerlo cambiar de opinión. Pisó el acelerador, ahora procurando mantener una velocidad idónea.

Algunos minutos eternos después, llegaron al hospital. Caminaban a toda prisa sobre los corredores desiertos con las manos agarradas, sentían el nudo en la garganta, un flujo de emociones que antes no tuvieron por la impresión de la noticia; y que entre más se acercaban, más les dolía el cuerpo y las lágrimas brotaban de los ojos porque estaban tomando consciencia de la realidad puesta frente a ellos.

Casi a medio pasillo, allá estaba Gretchen acompañada de Eren. ¿Dónde estaba Mikasa? —como ambos vivían más cerca, llegaron antes que Levi con Hanji—, podrían averiguarlo luego. Cuando Gretchen los vio atravesar el pasillo, enseguida saltó y corrió hacia ellos, sus zapatos deportivos chillaron contra el suelo. Los abrazó, todavía sollozando y ocultando el rostro en el pecho de Hanji. No demoró en alzar la cabeza, en aferrarse a Hanji aprisionándola con los brazos; no tardó demasiado para mostrarles la sonrisa que sostenían sus labios trémulos.

Y no calló más. Habló con torpeza, secándose la nariz. Contó —entre sollozos que Levi la tomaba del rostro para que se tranquilizara—, que ella le habló, que no dejó de hacerlo, susurrándole palabras dulces con la calma que requería el momento. Les contó, con la voz acelerada y gesticulando con las manos, que estuvo contando cuantos movimientos mínimos de los hombros hizo, y de las veces que hizo algún murmullo, del tiempo de intervalo y de la intensidad.

El rostro de Hanji estaba humedecido por lágrimas de alivio, lucía congestionada que nada podía decir. Y Levi, intentaba mantenerse calmado, sin contar por todo lo que había estado pensando en los últimos minutos. ¿Esa era la mejor sensación? Lo era. Unos padres que estuvieron meses en una constante agonía por la sobrevivencia de su hijo único; enfrentando pesadillas y disturbios personales, además de una relación que rayó hacia el borde de la extinción —si acaso no se tomaban decisiones— y una familia derrumbada.

En ese instante Hanji agachó la cabeza, poco se percató que Eren estaba llegando con paso calmo hasta donde estaban. Ella se inclinó con brevedad hacia Levi, él quien correspondió a su abrazo. Dejando salir un pesado suspiro, se regocijaron el uno en el otro; fueron más notorios los sollozos de Hanji, que Levi no se empecinó por tranquilizar.

Gretchen se llevó el pañuelo a la nariz, sintió la mano de Eren posarse en su hombro como un gesto de apoyo.

—Hace poco, el médico salió y me dijo que pudieron estabilizarlo. Desde ese momento no he recibido alguna novedad. —dijo Gretchen, notando como la pareja intentaba separarse, mientras Hanji seguía sorbiendo su nariz.

—Esperaremos —, Levi movió la cabeza, y se pasó la manga del abrigo por los ojos—¿Dónde está Mikasa? —preguntó, dirigiendo su mirada hacia Eren y Gretchen. Pasó su mano reiteradamente por la espalda de Hanji, ella todavía se mantenía sollozando, escondiendo la cabeza en el cuello de él.

Gretchen notó las pestañas húmedas de su padre, que escondían esos ojos vidriosos y el leve color rojizo en la línea de agua.

—Ha dicho que quería estar en la capilla, no demorará. —Respondió Eren.

—¿Sola? —cuestionó Levi, observando como Gretchen daba pasos cortos hacia ellos. Estiró su brazo para poder darle un espacio. Volvió a alzar los ojos hacia Eren, quien solo le reafirmó la pregunta—. ¿Has dormido? — se dirigió a Gretchen.

Ella negó, tendiendo la cabeza en el hombro de su padre.

—Ahí viene —agregó Eren con voz tranquila, entrecerró los ojos tratando de disimular una sonrisa. En el rostro de Mikasa podía leer la calma que ella sentía y la alegría por ver a Levi y a Hanji—. Mikasa.

La mujer apresuró la caminata y fue extendiendo los brazos a una Hanji que pretendía recibirla con el mismo calor que tenía para todos. Salieron unas risillas nerviosas, comentarios de júbilo y besos para reconfortarse. Eren se había quedado a una distancia prudente, solo siendo un observador externo en la alegría de la familia de origen de su esposa. Él sonrió y suspiró. No podía ser menos dichoso por la suerte de ellos, después de todo, eran también su familia.

Todos giraron la cabeza al escuchar una puerta abrirse, enseguida se apresuraron unos pasos hasta alcanzar al médico, quien estaba bajándose la mascarilla, dejando expuesto el bigote en crecimiento.

—¡¿Puedo ver a mi hijo?! —se apresuró Hanji a preguntar, sin dar ningún espacio para el médico que trataba de hablar.

El hombre se frotó la barbilla, emitió una risa nerviosa mientras retomaba su postura.

—No por ahora: requerimos del espacio para realizar algunas observaciones y pruebas con Dave.

—Pe-pero… ¿si está respondiendo? —interrumpió Hanji.

El hombre se tomó unos segundos para retomar bajo la mirada atenta de esa familia.

—Tranquila. Está respondiendo con señales sutiles, como saben: debido a la sonda nasogástrica y el tiempo que la ha tenido puesta, es esperable que no pueda hablar por lo menos unos días, ya que regularmente se lesionan las cuerdas vocales por el uso prolongado.

—Dígame, ¿a qué hora puedo ver a mi hijo? —insistió, pasándose los dedos por debajo del ojo.

El médico miró a todos, alzó las manos para apoyar su habla.

—Escuchen, entiendo cuanto están deseando verlo, pero les ruego, por favor, guarden la calma. Van a tener que ser más pacientes. Es lo único que les pido ¿sí? Por ahora es necesario, como ya les dije, practicar algunas pruebas en él y luego pasará a estado de observación. —miró a Gretchen directo a los ojos —. Posiblemente en la tarde o en la noche, podrán acceder a verlo. No todos a la vez, por favor.

—¿En la tarde? —inquirió Levi.

—Según los resultados de la observación y lo que diga el médico que se encuentre de turno. —agregó el médico,

—Por lo menos ¿Podría decirnos cómo lo ve usted? —dijo Mikasa.

El galeno asintió con la cabeza.

—Por ahora está estable, su corazón se encuentra saludable, además aún tenemos pendiente revisar sus pulmones. —dejó escapar un silbido de aire—. Logramos controlar su inicial estado de shock, que lo presenció Gretchen: puede ser normal debido a la impresión de saberse en un hospital.

—Me sorprendió que se moviera bruscamente. —dijo Gretchen.

—Debido a la segregación de adrenalina ante el peligro al que se sentía expuesto y tenía que huir. Luego, le será difícil mover siquiera la mano. No se preocupen, de todas estas dudas hablaremos después y de todo el proceso de rehabilitación. Por ahora, procuren ustedes tomar descansos. ¿De acuerdo? Los mantendremos informados. Tengan buen día.

El corazón Hanji lo tenía agitado, naciendo en ella el impertinente pensamiento por ir detrás del médico y escabullirse a la sala. Sin embargo, el resoplido pesado de Levi a su lado, tomándole la mano, la hizo retenerse. Respiró hondamente, necesitaba calmar la urgente necesidad que sentía por ver a su hijo. Sentía que sus labios temblaban, sus párpados igualmente. De nuevo inició la plática y los planes que ella no podía poner demasiada atención.

—Ustedes váyanse, nosotros nos quedaremos aquí. — escuchó decir a Levi — Gretchen tiene que dormir, además Eren tiene sus pendientes.

—Pronto amanecerá. —repuso Mikasa.

—No quiero irme —dijo Gretchen con un aire de congoja—, puedo dormir en una silla.

—No —amonestó Levi— ¿Estaría bien si vas con Mikasa y duermes allá? Para que estés más tranquila por la cercanía. — miró a Mikasa, buscando su aprobación antes que la de su hija. Mikasa finalmente dijo que podía hacerlo y Eren insistió a Gretchen para que fuera a descansar al departamento de ellos. Levi respiró hondamente, apretando la mano de Hanji—. ¿Y?

Después de pensarlo unos segundos, Gretchen afirmó.

—Dejé mi maleta, iré por ella.

Cuando Gretchen regresó, empezaron a despedirse, preguntando a Levi si debían dar aviso ya de lo sucedido a los demás. El hombre pidió que mantuvieran la noticia todavía reservada, por lo menos hasta saber que Dave no corría peligro alguno. Aunque Hanji estaba considerando el llamar a sus padres, a esa hora ya su madre debería estar despierta y seguramente le alegraría escuchar algo bueno por la mañana.

—Pasen desayunando. —fue lo último que les dijo Levi, viendo a los tres alejarse por el pasillo.

Luego, el hombre respiró pesadamente, había estado luchando por retener las lágrimas. Se quejó. Se volteó hacia Hanji y ella hacia él, se abrazaron fuertemente agitando sus cuerpos y, sin eximirse en expresar: dejando a relucir un llanto compartido, aunado en la felicidad y la tranquilidad. Se apretujaron y se acariciaron reiteradamente el cuerpo con los brazos. Se dijeron muchas palabras: «¿Es tan cierto? Levi, por favor: dime si acaso no es que ya he enloquecido y estoy alucinando». «¿Qué dices? Cuatro ojos, suenas como una loca. Mierda… es real» después de aquellas rústicas palabras, Hanji se comenzó a reír sin ser capaz de poder detenerse, porque estaba tan feliz y temerosa a la vez que no lograba acertar con una respuesta acorde.

La salida del sol, comenzó a iluminar el largo pasillo dando un aspecto revitalizado a aquel sitio. Pronto el ajetreo comenzó a incrementar allí. Mientras tanto, Levi y Hanji, abrazados de medio lado, aguardaban por su hijo, mirando hacia la inmensidad de un nuevo amanecer; se miraron y encontrando en los ojos del otro, el rastro de amor y genuino perdón como esenciales sentimientos para propiciar un beso de confort; apretaron sus bocas, cerraron los ojos e inspiraron fuertemente.

Se volvieron a abrazar.

Cuando despertó lo hizo asustada, recordando abruptamente a su hermano y si acaso no había sido un sueño. No podía serlo, por algo estaba allí en esa habitación que no era suya; se quitó la frazada que olía al perfume de Eren y se levantó inmediatamente a mirar la hora y si tenía mensajes nuevos de Nifa o su padre. Todavía faltaba una hora para el medio día, y debía ponerse en pie, bañarse y vestirse para reanudar su agenda de trabajo que tuvo que desplazar para primeras horas de la tarde. Se despojó de aquel vestido de seda que Mikasa le ofreció para dormir y que luego dejó en el cesto de la ropa para lavandería. Anduvo por la habitación usando solo ropa interior, mientras revisaba los mensajes de Nifa, y las noticias de Levi: "Todavía no tenemos más información". Comenzó a rememorar la agitada noche sintiendo de nuevo el deseo de acudir nuevamente al hospital.

Después de bañarse y saliendo a la habitación, encontró ropa suya doblada en la cama, se sorprendió. Pensó en irse a la casa de Marco para cambiar su vestimenta. Cuando salió por fin, se encontró con Denisse, ella quien no había peinado su cabello rubio como solía hacerlo. Ella le dijo que la habían llamado para que llevara su ropa hasta ese lugar. Se le notaba que estaba al tanto de las noticias en la familia, debido a su emoción desmedida y la sonrisa agigantada.

Durante el transcurso del desayuno que sirvió a Gretchen, le fue comentando que efectivamente ya sabía sobre Dave, porque Mikasa lo comentó, quien no se encontraba allí debido a que salió a dejar algo que su esposo olvidó y necesitaba en el trabajo.

Gretchen masticaba bien rápido. Le pidió a la mujer que llamara al conductor para que tuviera listo el auto afuera, aquel trabajaba específicamente para Marco, pero tenía otras funciones asignadas con ella.

—Cuando llegue Mikasa, no es necesario que vayas a la casa de Marco, pienso que no voy a regresar allí hasta que él vuelva.

—¿Qué hago? —inquirió.

—Puedes regresar a la casa principal.

—Todo listo, señorita Gretchen. —dijo colgando la llamada. Observó el gesto de gratitud de la pelirroja, alzando el pulgar sin dejar de masticar—. Allá querrán saber más… ¿será que podría contarme unos detalles de cómo sucedió?

Gretchen entendía a lo que se refería, quería saber cómo fue el proceso del despertar de Dave.

—Termino y te cuento, pero muy breve ¿eh?

Mientras aquello ocurría, en el hospital los padres que se quedaron, seguían quietos, esperando en la habitación a tener noticias sobre la observación de los médicos en Dave. Durante el tiempo que esperaban habían conversado de forma fluida, todavía con las manos enlazadas. Por minutos, Levi se había cabeceado por sueño en el sillón. Él tampoco había dormido lo suficiente, pero necesitaba por lo menos un nuevo aviso. Pasados unos minutos después de las ocho, una enfermera acudió a ellos para decirles o tranquilizarlos, de que su hijo se mantenía todavía estable y que dentro de una hora tendrían la visita del Dr. Pixies.

Levi decidió que debían ingerir alimentos, apenas se habían mantenido con agua y café. Pasaron a tomar un ligero desayuno en la cafetería frente al hospital; más café, huevos revueltos con tocino y una tostada de doble de jamón con mozzarella comió Hanji, además de un vaso de jugo de mora. Los rayos de sol alcanzaban la mesa dónde estaban sentados: Levi bebiendo té con unas galletas de avena. «Tengo que comer bien y estar bien para mi hijo» pensó ella, revolviendo con el tenedor los trozos de huevo. El ahínco con el que comía, daba a entender a Levi la disposición que ella tenía para continuar.

Desayunaron y se fueron lo más pronto posible, quizás no tendrían más noticias, pero era mejor estar allá.

Recibió una llamada de Paris, recordándole de su reunión en la tarde, a la cual no tenía deseos por asistir. Pensó en una reunión virtual, era una posibilidad. Para ello tendría que pedir a alguien le lleve su laptop y luego vería dónde se acomodaba. Chasqueó la lengua, tenía que revisar algunos documentos también. Quería tener todo el tiempo disponible solo para atender a su familia, lo haría: como lo había hecho hasta el día presente. Suponía que Gretchen no lo tendría nada sencillo, en la tarde la llamaría para saber qué de novedad tuviera su día y si acaso tendría él algo qué comunicar.

Sabía que Hanji habló con sus padres por teléfono. Josh quiso hablar con él también, por lo cual lo escuchó hipar varias veces por esa alegría que también estaban allá sintiendo. Prometieron viajar pronto, pero Levi los convenció de no agitarse y esperar unos días más. Logró convencerlos, dejando la premisa de que los mantendrían al tanto de la situación.

A más de quienes ya lo sabían, Levi prefirió no decir a nadie más.

En unas horas, y no como en la hora que especificó la enfermera, pudieron hablar con Pixies, quien les dio un buen pronóstico, por lo menos en lo correspondiente al corazón de Dave —siendo una de las mayores preocupaciones de los padres, además del trauma en la cabeza y los pulmones—, el DAI cumplía su función, habiendo corregido dos arritmias durante los últimos meses. La visita del cardiólogo les proporcionó un eslabón más de alivio y que por supuesto comunicaron a Mikasa y a Gretchen.

Luego combinó sus obligaciones laborales y familiares por la tarde, Hanji siempre estuvo acompañándolo, porque decía que ella quería ser acompañada más tarde en la capilla. Volvieron a salir por comida, sin demorar en regresar y anticipando una caminata bajo el sol de la media tarde. Querían saber si el médico daba la autorización para entrar a la sala de Dave, después de todo; era lo que más esperaban, entre un pronóstico favorable.

Adelantándose todavía a las circunstancias, fueron discutiendo lo que sería la rehabilitación y qué tanto sabían al respecto. Por lo visto, hasta ese momento no se habían interesado en investigar más allá de lo elemental; porque no pensaban demasiado en eso, si no en el despertar de Dave. Como fuera, podían retomar el tema, una vez tuvieran buenas noticias.

Aún con ese ambiente entre ambos, había una situación que Hanji pensaba hablar con Levi: referido a las situaciones que los acompañaron el día del accidente. Al pensarlo, ella se imaginó una recriminación por parte de su hijo, una invención que le producían los nervios. Se quedó envarada pensando en eso durante unos intensos minutos. Cuando Levi la llamó para que atendiera a lo que le estaba diciendo — según sobre una silla de ruedas— dejó de pensar en aquello, diciéndose que Dave y sus reproches podían esperar (en su mente inventora) lo importante para ella, solo era que su hijo pudiera salir, en la medida de lo posible, bien.

Todavía no eran las seis de la tarde, cuando fueron notificados de que un familiar podría pasar al área de observación, en específico el médico pedía a Gretchen:

—Ha desarrollado un lenguaje sutil para comunicarse; mueve el dedo en horizontal para afirmar y en vertical para negar, de esa manera me ha dicho que quiere verla a ella.

Gretchen no estaba presente aún, según sabían, estaba cercana al hospital.

Ante lo dicho por el médico, Hanji reiteró lo que estaba pensando horas atrás: ¿era un rechazo?, después de todo, sus últimas interacciones con su hijo, en medio de esa disputa con Erwin, creía que fueron de rechazo. Se rumió los labios con los dientes, mientras se hincaba la yema del dedo con la uña. «Soy tu madre —pensó con firmeza, sintiéndose decidida en enfrentar a Dave— no importa qué quieras, he esperado demasiado porque ocurriera esto. ¡¿Cómo se te ocurre?!». Apretó los dientes y las manos, al mismo tiempo que sus pensamientos se intensificaban y sus emociones tomaban un lado más drástico; quería reprenderlo por su osadía, y abrazarlo hasta sentirse asfixiada de su aroma a enfermo.

No quería encubrir que se sentía ofendida y dolida. Cuando Gretchen llegó casi al instante la pusieron en conocimiento de que era requerida. Creía Hanji que desbordaría en lágrimas allí, por eso dijo a Levi que ella entraría.

Mikasa y Gretchen se quedaron silenciadas ante esa aseveración.

Fue Levi quien alzó la mano, para hacer que las dos dejaran de prestar tanta atención. «Siento lo que estás sintiendo, solo tranquilízate. ¿No estamos buscando que esté bien?». «Lo sé, pero no puedo soportarlo más, Levi». «Dejemos la impresión para Gretchen, quizás puede resultar mejor. Y… como estás ahora mismo, no lograrías controlarte ahí dentro». Discutieron otro minuto en voz baja, no era necesario que lo hicieran en alta voz como para que las escuchas se dieran una idea de lo que ocurría.

No había demasiado tiempo, hasta cuando llamaran a Gretchen para pasar a prepararse.

—Me vas a volver loco si no te calmas. —murmuró Levi.

Hanji rezongó.

—No hay manera, Levi; nos vol-ve-re-mos locos. —dijo con un aire de soltura, abriendo de forma exagerada los ojos y meneando las manos en el aire.

En un instante Gretchen se aproximó a los dos, buscando alejar un poco a Hanji de Levi para tener un espacio confidencial con ella. Empezaron a hablar en voz baja, y Hanji comenzó a limpiarse las lágrimas, que eran de enojo, preocupación y a saber que más. Gretchen no iba a hacer cómo si no entendiera, sabía por cuál línea de acontecimientos se estaba rigiendo el estado de Hanji ante la aparente negativa de Dave de ver a sus padres, aunque a Levi parecía no afectarle; con Hanji no podría ocurrir de la misma forma.

—Escúchame, escúchame primero, Hanji— murmuró Gretchen, tomándola de los antebrazos —entiendo que te hiera esto, pero como dijo papá: déjame a mí hacer el primer contacto. — la mujer en frente suyo apretó los labios temblorosos, tomó algunas boconadas de aire. Gretchen se acomodó un mechón de cabello—. ¿Te parece si… me dices qué es lo que crees que Dave pueda sentir o pensar de ti?

Aun con hipidos, Hanji fue enumerando algunas cuestiones.

Cuando Gretchen entró a la sala, lo último que escuchó fue un "Tienes treinta minutos", lo que le resultaba un periodo de tiempo demasiado corto. Se tomó las manos y avanzó, inspiró fuertemente mientras estiraba los labios formando una sonrisa. Pronto divisó la camilla, y los pies de Dave bajo la frazada blanca.

—Toc, toc —imitó el sonido al tocar una puerta. Aguardaba con bastante emoción subiendo la mirada por las piernas que se notaban bajo la frazada—. ¿Dave?

Se llevó las manos a la cara, tratando de ocultar su emoción. Abrió los dedos y lo miró, tenía los ojos medio abiertos y la vista fija en ella; lucía cansado, casi exánime como era de esperarse. Ella mantuvo su andar tranquilo, la sonrisa bien amplia hasta estar cerca de él. Lo vio intentar mover labios, resecos y lastimados después de que se le retirara la sonda nasogástrica. Le dijo, con voz dulce, que no lo hiciera, que no se apresurara todavía. Y ella se contuvo por derramar lágrimas cristalinas de la pura alegría, Dave debió notarlo, porque comenzó a parpadear.

—Estoy bien… —comentó posicionando su mano por debajo de la de él— ¿puedes entenderme? — se limpió el rastro de agua de sus ojos.

Dave movió lentamente el dedo de un lado a otro.

—Merci, frerè. — Se llevó un par de dedos a los labios— ¿Cómo estás? ja, ja, ja, no te apresures, sé que aún no puedes hablar, pero estaremos haciendo lo posible. Después de todo, aun me parece un sueño poder mirarte a los ojos y saber que me estás escuchando. Supongo que el doctor te habrá comentado algo, no te preocupes… lo vas a escuchar por parte de tu hermana. Aunque me dijeron que trate de no agobiarte. ¿Okey?

» Todo estará bien, hermanito. Lo único de lo que tendrás que preocuparte es por mantenerte así hasta cuando pases a otra sala y podamos estar más tiempo todos juntos. Afuera están Hanji, papá y Mikasa esperando por tener noticias de ti. Además de Eren, tus abuelitos y las chicas: casi nadie sabe que despertaste en la madrugada. Y claro, todos tus amigos han estado muy pendientes de ti.

» Cuando despertaste esta madrugada, parecía como si estuvieras desesperado y está bien… porque… creo que para cualquiera sería muy extraño. Me asustaste, pero… ya no importa. Ha sido un día agitado y muy feliz. Haz estado acostado por un tiempo amplio, por eso has perdido movilidad y el doctor asegura que unas semanas podrás recuperarla. Han pasado muchas cosas… y de eso hablaremos después —sonrió bastante — y me has hecho falta casi todos los días, y a todos, por supuesto.

Suspiró y acarició con su mano libre, la frente de Dave; él mantenía sus ojos abiertos y las pupilas fijas en ella, sus labios ahora relajados parecían entornar una ligera sonrisa.

—Tú no tuviste la culpa de lo que sucedió —susurró de repente, manteniendo las caricias— tampoco hay alguien a quien señalar; fue un accidente, doloroso sí, pero eso fue. — vio como Dave intentaba mover sus cejas— Debes saber algo importante, ¿sí? Escucha, hermanito: no hay nada más importante, para nosotros como tu familia, que tu bienestar ahora mismo. —dijo, observando con fijeza las pupilas dilatas de él, mientras no dejaba de acariciarle la piel de la frente y las hebras de cabello que saltaban de nuevo—tal vez recuerdes situaciones que sucedieron antes del accidente, ¿verdad?, de aquello no tienes que preocuparte, recuerda lo que te dije: para nosotros solo importas tú. —dijo con un aire amoroso.

Se distrajo por unos segundos por el goteo del suero, reparó de nuevo en Dave al sentir que movía su dedo y después hizo murmullos intentando nuevamente mover los labios. Ella le susurró para que se tranquilizara y le besó la cabeza. Presumía que él querría decir algo, y en ausencia de su voz, no sería posible.

—No te esfuerces así, ¿te parece si te hago unas preguntas y me respondes con sí o no? De acuerdo, pon atención: si es sí, mueves el dedo una vez, y si es no, lo haces dos veces. ¿está bien así? — sintió el pulgar moverse una vez, ella sonrió y lo felicitó —. Voy a intentar hacer preguntas cortas, no puedo estar mucho tiempo aquí.

Aunque al principio percibió en Dave un visible decaimiento, con el pasar de los minutos pudo notar en sus ojos, un evidente cambio; creía que él le sonreía con los ojos, a más de que intentaba de vez en cuando mover los labios.

—Vamos a empezar, si algo no quieres responder estará bien. —dijo y fijó sus ojos unos segundos en las manos de ambos enlazadas.

Mediante preguntas puntuales, Dave había respondido que recordaba lo que sucedió antes del accidente —sus ojos se humedecieron, por lo cual Gretchen lo tranquilizó— y que se sentía mal por lo ocurrido, porque pensaba en lo que sus padres y su familia tuvieron que vivir en esos meses. Afirmó que quería salir del hospital, ir a la iglesia, regresar a su casa y ver a sus mascotas. Gretchen realizó las preguntas, teniendo en consideración lo que a su hermano más le gustaba hacer, o por lo menos lo que creía que él haría. Se detuvo de seguir haciendo preguntas para contarle un par de cosas: uno de sus gatos había enfermado, pero se recuperó con el tratamiento que mandó el médico, que el señor Peabody le había roído los muebles de su habitación y, además, que se juntaba con los gatos.

Y claro, Dave quería saber de sus perros.

Cuando se dio cuenta de la hora, pronto tendría que salir así que se apresuró a formular las preguntas que necesitaba para los demás. Sabía que Dave recordaba el suceso con Smith y, por ende, también tendría pensamientos y emociones hacia sus padres. Tenía muy presente la grave inquietud de Hanji. «No me quiere ver, porque me odia» le había confiado a ella su pesadumbre. «¿Qué otra explicación puede haber?» Pero Gretchen creía que podría explicarse a su debido tiempo.

—Ya casi es hora de que salga, recuerda todo lo que quieres hacer al salir de aquí, y lo que haremos. Desde afuera estaremos acompañándote, hermanito. — Distinguió la tristeza en los ojos de él —No puedo irme sin un mensaje que me dijeron para ti: "Te amamos, cariño mío". Sabes quién lo dijo, ¿verdad? —el respondió que sí, los ojos se le cristalizaron y ella sintió que sus ojos también se humedecían.

» ¿Extrañas a Mikasa, a papá y a mamá? — respondió él un . Quiso Gretchen puntualizar más en Levi y Hanji —. ¿Amas a papá? —movió el dedo una vez — y… amas mucho a Hanji ¿es cierto? —ella sonrió ampliamente al recibir la respuesta de lo opuesto que Hanji creía.

¿Cómo podría odiarla, Dave? Tenía claro que eso no le diría a él, con las respuestas que obtuvo era suficiente para tranquilizar a las personas de afuera. Cuando estaba despidiéndose, entró la enfermera para apresurarla a salir y ella besó la mano izquierda de Dave reiteradamente mientras se decidía a salir.

Para Dave cada que despertaba de un ligero sueño lo hacía lleno de miedo y angustia; tenía la sensación de que podría haber pasado algún otro tiempo durmiendo; el miedo a dormir y luego despertar, para verse solo o con el personal de salud. Cada que despertaba de un ligero sueño, se quedaba analizando el dolor y el cansancio en su propio cuerpo ¿para qué?, para reiterar que solo durmió un par de horas. Podía mirar su mano derecha con los dedos todavía cubiertos por una gasa. No podía moverse demasiado, hacía un gran esfuerzo por tratar de mover los labios y los dedos, en ese intento por buscar una forma de comunicarse, lo estuvo haciendo pausadamente con la enfermera antes de recibir la visita de Gretchen la noche anterior, la primera persona a la cual quiso ver de entre los demás.

Cuando le explicaron que había estado en coma durante seis meses no supo qué sentir al respecto, siendo que se dejó absorber por la desolación, y los recuerdos fueron apareciendo como en forma de cadena. ¿Qué era lo último que recordaba?, rememoró sus pies a punto de cruzar la calle mientras lloraba, escapando por la vergüenza, seguido de su padre; escuchó un pitido y luego vio una luz blanca para luego no recordar nada en concreto, pasando luego a la voz angustiosa de Gretchen, diciéndole que seguramente estaría confundido —lo estaba, además de sentirse presionado con tantos aparatos y cables en su cuerpo— y unas cuantas líneas más que no lograba recordar.

Haberse comunicado con Gretchen le dio la apertura que necesitaba para el futuro, no estaba seguro de cómo recibir a sus padres en primera instancia; sea porque se sentía culpable de lo que ocurrió y todo lo que supondría como que ellos habrían sufrido por su accidente, y también porque los recuerdos de lo que sintió lo asediaron de nuevo. ¿Qué pasaría con su padre?, aunque Levi trató de convencerlo de que no se sintiera culpable, todavía creía que era un hijo problema. ¿Y su madre?, con ella no tuvo el espacio adecuado y suficiente para hablar, si es que acaso se creía que debía hacerlo. Es decir, ¿cómo lo haría? De pronto recordó a Erwin Smith, torciendo sus pensamientos en torno a él.

Ya estaba, no tenía las suficientes agallas como para mirar a sus padres sin sentirse culpable por hacerlos sufrir y haberse inmiscuido de forma peligrosa en esos temas. Seguramente lo reprenderían, no había más opción, lo aceptaría.

Por un lado, el recordatorio de Gretchen acerca de que era más importante la salud suya por encima de cualquier tema, le daba un poco de paz. Tomó en consideración la reiterada petición, mientras los médicos le practicaban exámenes y lo observaban, conversaban con él sin esperar una respuesta hablada. Claro que, aprovechaba para realizar esfuerzos para responderles, como las señas con los dedos o moviendo los labios, como fuera, estaría bien ya que debía ver a sus padres ese día.

Durmió unas horas, hasta cuando despertó y la enfermera le dijo que era de tarde y que debía asearlo. Esa sonda vesical era igual de incómoda que soportar las curaciones de escaras en sus glúteos. Y la enfermera, una mujer joven, quizás recién graduada, tenía la voz tal dulce y las manos suaves, además de que su trato con él era igual de delicado que sus dedos. Quizás su sonrisa cálida fue lo que le proporcionó confiar en ella, en su habla sobre el clima y los pájaros; pensaba que se parecía a Gretchen, en cuanto a personalidad.

—Ha sido un día bastante soleado, te abriría las cortinas, pero todavía tus ojos están sensibles a la luz.

Imaginar un admirable día soleado era lo que podía hacer para olvidar unos instantes la luz artificial y el frío de esa sala. Cerraba los ojos y se perdía en su imaginación visitando el campo y los caballos, tocando las hierbas y sintiendo el calor del sol en su piel. ¿Cuándo saldría de ese rincón helado y triste? Al pensar en una salida y no tener una respuesta, parecía que la desesperación se apoderaba su pecho, sus ojos se humedecían y volvía a centrarse en el dolor físico como distractor.

Ese día practicó unas pocas palabras con ella —aunque apenas y podía emitir sonidos— como sí y no; quería tener por lo menos un sonido practicado para cuando llegara el momento que viera a sus padres, que sabía, estaban esperando por él. Y claro, pronto sería el momento. Anticipaba que su madre se exaltaría, su padre seguramente se mantendría distante. Cerró los ojos imaginándolos a ellos como si ya estuviesen en la habitación, y aquella imagen que antes pensó se reproducía varias veces con algunos cambios.

Finalmente, la enfermera le dijo que estaban ahí, que ellos estaban afuera y que pronto entrarían. Comenzó a sentir su corazón latir con prisa, sentía los intensos latidos hasta repicar en la garganta y las sienes. Cerró los ojos. Esperó y esperó, escuchó unos pasos ligeros que se volvieron pesados y una angustiosa voz que clamaba su nombre. Sus ojos se humedecieron al escuchar a su madre. Alzó los párpados y no tuvo que buscarlos porque ellos lo observaban con fijeza desde el borde de la camilla.

Y Hanji se llevó las manos a la boca, llenándose sus ojos de lágrimas que no escatimó en limpiarse. Parpadeó varias veces y volvió a contemplar a su hijo a los ojos; la experiencia más feliz para ella en ese momento. Puesto que después de tantos meses sin verlo reaccionar, y ahora que él la miraba, no había más resolución que entregarse a ello. Sollozó bastante alto y no demoró nada en asimilarlo para apresurarse, acercarse tanto y tomarle el rostro entre sus manos, sin dejar escapar ningún segundo para contemplar esos azulados y vidriosos ojos por las lágrimas.

—Mi amor… —murmuró ella con la voz quebrada, meneando los pulgares en esas mejillas —. Mi amor, mi amor… Dave. —susurró su nombre antes de permitirse dejar aflorar su llanto bajo y crónico.

Mientras Levi, quien se había quedado anquilosado, resolvió rodear la camilla para aproximarse. Sus manos temblaban cuando quiso acercarse y tocar a su hijo, casi tendiéndose a un lado de él allí. Todavía le parecía irreal que estuviese despierto, mirándolos a ambos. Buscó la mano izquierda de Dave, la tomó entre sus manos y la alzó para cubrirse el rostro. Se sentía tan indefenso, Levi, que el llanto escuálido de Hanji logró despertar en él —y por medio del sentimiento que compartían— una expresión de felicidad pura a través de sus ojos desbordados en lágrimas que pretendía ocultar. Sin embargo, el temblor de sus hombros y el sonido de su nariz congestionada habrían de decir todo a Dave.

—Cariño… ya estamos aquí.

En cuanto a Dave, estaba procesando la reacción de sus padres —casi tendidos encima suyo y que necesitó demasiado ese contacto— había algo que lo hacía sentir demasiado culpable al verlos a ellos, por su mano puesta en la cara de su padre sabía que él lloraba en silencio, mientras Hanji mezclaba sus palabras con ese hipido, como rastro de un llanto que pendía más a la felicidad. «¿No me van a reprender? Hice todo mal… —pensó mientras entrecerraba los ojos— yo no quería que pasaran por esto, ¿cómo puedo decirles?». De inmediato comenzó a mover los labios, emitiendo sonidos que hicieron que Levi por fin alzara la cabeza. Quería decirles ya sobre todo eso que pensó y sintió desde que despertó, en concreto; ofrecer disculpas por lo que suponía debieron ellos sentir en ese tiempo.

—No te precipites —dijo Levi, bajando la mano de Dave sin soltarla, acercándose un poco más a ese rostro escuálido que tenía su hijo—, no tienes que decir nada, porque tampoco puedes.

Se escuchó a Hanji reír, sorbiendo su nariz de los mocos. A partir de ahí la atmósfera se tornó más relajada, habiendo un quiebre en la tensión con la irrupción del comentario de Levi, acompañado por la risa de Hanji.

—¿Cómo estás, mi amor?... sabemos que te puede doler mucho el cuerpo, además de situaciones que todavía te parezcan confusas. No quiero que pienses en nada más sino en tu recuperación ¿sí?. Allá fuera están tus abuelitos, esperando por verte, y Mikasa también. Estamos ya informándonos sobre todo lo que viene después, de lo que haremos en tu rehabilitación, así que es cuestión de unos días para que puedas estar en sala de nuevo y así estaremos más tiempo contigo. —volvió a sorber su nariz, mientras no dejaba de mover los pulgares por encima de las mejillas de Dave. Se quedó unos instantes en silencio, solo observándolo a él—. ¿Sabes algo?, ¿quieres saber algo?

Dave quería preguntarle si acaso no estaba comiendo bien, ya que sus manos se sentían huesudas y su cara estaba más fina. Eso lo preocupó bastante, también volvió a sentirse iracundo por las secuelas en ella, por su cuerpo que parecía haber perdido peso, lo contrario que pasaba con Levi, porque en él notó una cara más redonda y además estaba ojeroso.

Entendía la razón de esos cambios en ellos.

—¿Quieres saber algo? —prosiguió Hanji, trató de captar todo el interés de los ojos de su hijo, meneando sin descanso sus pulgares. Se humedeció los labios con saliva y estiró la boca, sintiendo como sus párpados temblaban y la emoción por ahora hablar a un hijo que podía escucharla—. Todos estos días lo único que he deseado con más fuerza… es que tú pudieras despertar… ¿es porque eres mi hijo o porque sin ti no podría vivir?

Levi quería decirle que no usara esas palabras.

—Te amo, cariñito. Eres a quien más amo en mi vida, mi dino favorito… tenía mucho miedo de no poder decírtelo y ahora… — no podía articular más palabras, solo se permitió sonreír ampliamente, asperjando con su pulgar, esa lágrima que corrió por la mejilla de su hijo—. Siento tanto haberte hecho llorar, cariñito.

Ella comenzó a peinarle los mechones de cabello que tenía dispersos hasta las cejas, hacia un lado, despejando su frente. Escuchó un murmullo de Dave, ella sonrió sin dejar de mirarlo a los ojos; era esa ternura que sentía y el amor desbocado que la tenía sonriendo, sin cansarse de sentir el dolor en los cachetes.

Ahora parecía ser el turno de Levi, así lo sintió y quiso tomar también un papel de importancia cuantiosa. Estando tan cerca de Dave, casi oliéndolo, entrecerró los ojos y frunció los labios; quería decirle cuanto lo amaba.

—Ahora mismo… es imposible darte la paliza que te mereces por desobediente. ¿Me estás escuchando? —luchaba contra el impulso de querer tomarle un mechón de cabello y halárselo. Relajó los músculos de su rostro al observar la ligera curva en los labios de Dave, y como aún mantenía la mano de él en la suya, pudo sentir ese leve movimiento de los dedos—. Es una advertencia: vuelve a desobedecerme y vas a obtener lo que te estoy ofreciendo de buena manera.

Su tono de voz no acompañaba a esa advertencia dura, era más bien, una voz que delataba emocionalidad; el sentir de un padre que era incapaz de expresar abiertamente lo que le producía ese momento. Dejó de sentir angustia al entender que su emoción fue captada por Dave, y también por Hanji en esa camuflada oración; pues ella lo miró y le dio la razón, tendiéndole una caricia en su hombro como un gesto de apoyo entre padres.

—Tu papá quiere decir: "Procuraré tu seguridad con medidas extremas" y claramente un: "Me tenías demasiado preocupado, y es bueno volver a saber que estás despierto".

Levi besó la frente de Dave, quedándose con los labios pegados a esa piel por unos segundos. Hanji fue retirándose un poco para darle el espacio que requería. Fue en ese momento que él lo tomó del rostro y lo miró fijamente.

—Ya te lo habrá dicho Gretchen, pero ahora no tenemos por qué hablar de ciertos temas. Cuando sea oportuno y estés dispuesto del habla, podremos hablarlo: Hanji y yo… ya no queremos taparlo, si es inútil. ¿Entiendes? —no esperó que le respondiera moviendo ligeramente la cabeza—. Hijo, espero que lo tengas más que claro, solo así vamos a hacer esto bien.

Al instante volvió a besarle la frente, esta vez, de forma reiterada. Insertó su mano por entre la espesura del cabello de Dave y apretó un poco, ahora lo miró a los ojos y dejó escapar un suspiro.

Después de una semana en observación, Dave consiguió ser trasladado a sala mientras determinaban el momento idóneo para darle el alta hospitalaria. Durante esos días, los padres estuvieron informándose a profundidad sobre el proceso de rehabilitación y las adecuaciones que realizarían en su hogar, si es que acaso resultaban estrictamente necesarias. Habían recorrido algunos centros que brindaban los servicios de rehabilitación física y terapia de lenguaje, aún estaban decidiendo a cuál acogerse. Fueron días entre idas y venidas, que nuevamente Levi tenía que combinar con su trabajo; Gretchen se tomó la atribución de representarlo en algunos eventos, para que él tuviera el tiempo para dedicarlo a su hijo.

Así era, indudable, el cambio del tono de la atmósfera que rodeaba a la familia Rivaille; Hanji ya no lloraba cuando despertaba en las madrugadas, y Levi había pasado a dormir más horas. Y aunque el estado actual de Dave no fuera el mejor, con cada día que tenía algún avance era suficiente para ellos como sus padres, y principalmente porque ya no vivían en una penumbra constante.

Respecto a dar la noticia, Levi y Hanji prefirieron hacerlo una vez estuvieron seguros de que Dave no corriera riesgos de salud considerables. Recibieron noticias agradables, como que pronto no sería necesario que su hijo usara respiración artificial porque sus pulmones estaban trabajando acorde a lo esperado. Y después de recibir otras notificaciones, creyeron que era oportuno hacerlo conocer a sus amistades.

Una vez estuvo Dave en sala, algunas personas querían asistir a visitarlo, pero Levi impuso restricciones; porque decía que su hijo no estaba listo para recibir a nadie —aquello incluía a Ryan— aunque tuvieran deseos por ver a Dave, como Raylee, por lo cual solo permitió que asistieran los abuelos Zöe, y después la señora Clarisse y el viejo señor Sebastián. En cuanto a Mikasa, ella pasaba los días al lado de Dave asistiéndolo y hablándole, practicando el habla y cualquier otra cosa. Junto a Mikasa siempre estaba Hanji, como era de esperarse, no se despegaba demasiado de su hijo, a no ser que tuviera que realizar algo en específico, como las visitas a los centros de rehabilitación con Levi.

A la iglesia no dejaron de faltar, aunque alguien se quedaría con Dave en el hospital: siendo que necesitaban mantener esa conexión con el clero como en forma de agradecimiento, según Hanji, a un ser del cielo.

Trascurrieron dos semanas más entre el ir y venir del hospital; hablar con los médicos e informarse sobre los avances en el cuerpo de Dave. Dos semanas en que no se había hablado acerca de nada que fueran problemas, las paces estaban hechas entre Mikasa y Gretchen, aun así, mantenían una distancia afectiva mientras hablaban y se turnaban para conversar con el hermano menor de ambas. Levi pensaba que en algún momento tendría que hablar sobre algunos asuntos que se quedaron flotando entre ellos, porque también era un asunto que lo inmiscuía.

En confidencia con Hanji, resolvió tratar los temas importantes dentro de algunas semanas más o por lo menos cuando se sintiera lo suficientemente preparado, dígase, respecto a sus hijas, y también al asunto por el cual estaban así. Cuando tenía la oportunidad, le recordaba a Dave, usando un tono de voz calmo, que en el futuro tendrían suficiente tiempo para hablar de lo que él quisiera —porque presentía en sus breves gestos, en sus quejidos: una forma continua de querer redimirse por aquello—porque Levi sabía muy bien que Dave tenía muy presente su accionar de hijo.

Era así que cuando Dave hacía un gesto de perdón (como mirarlo de una forma específica) él le respondía revolviéndole el cabello.

—Cuando puedas hablar mejor, aceptaré todo lo que quieras decir. —le dijo Levi en una tarde soleada—. Si quieres pelea, vamos a pelear.

Y Dave solo se reía ante sus palabras. Verlo sonreír de esa manera, tan relajado y al borde de sollozar… le daban ganas de soltarle otra oración «¿Nos vas a contar acerca de Ryan, también?», solo se detenía porque Gretchen les había pedido a todos no hicieran mención del muchacho. Y como fue evidente, se percataron que ella era la única en saberlo, si no hasta el día en que el propio Ryan soltó la lengua. Para Levi ese no era un tema sencillo de tratar, por lo menos no tan complejo como los demás que tenía pendientes con su familia. Tenía pocas preguntas que hacerle a Dave, pero por parte de Hanji… la situación era diferente; ella aguardaba por el momento preciso para soltar sus preguntas y comentarios sobre la relación que tenía con otro chico.

Fue necesario que él le recordara constantemente que no hiciera preguntas incómodas. Pero, y a todo ello, Levi se preguntaba: ¿estaba aceptando la orientación y la relación de Dave debido a las circunstancias?, porque antes de… ella parecía bastante hermética en cuanto a que su hijo tuviera una vida más allá de la familia, los amigos y la escuela.

Con respecto a esa última esfera, ya habían conversado con Dave sobre lo que sucedería con sus estudios: al estar casi por finalizar el año escolar y la graduación cercana, no tenía el tiempo para nada, por lo cual, su único camino era retomar sus estudios nuevamente en septiembre y repetir el curso. Como pronto recibiría la visita de sus amigos y algunos docentes, ellos como su familia, quisieron que tuviera conocimiento previo acerca de lo que le esperaba en su vida estudiantil, alargada un año más. Claro que notaron el desánimo que la noticia le produjo, por ello hicieron especial énfasis en las prioridades que él debería tener, como ejemplo inmediato; su salud y recuperación.

Días antes de recibir la visita programa de los amigos de Dave —Levi era quien permitía visitas— habían estado practicando palabras como "sí" y "no", incluso él comenzaba a mostrar indicios de llamarlos por el nombre, como a Mikasa, y por parentesco; con bastante trabajo llamó a Hanji "mamá". Sus cuerdas vocales, por ende, empezaban a regenerarse de las lesiones por la sonda. Además, proporcionaron a Dave un teléfono móvil para que pudiera usar el teclado deslizante, ya que tenía buena movilidad en los dedos, y así comunicarse mejor.

Dave se sentía más o menos preparado para esa visita en razón de Ryan, porque sabía que él también estaría ahí. Si antes había pensado en él, ahora eran demasiadas preguntas, como, por ejemplo: ¿se habría terminado la relación que apenas empezaron?, no sabía qué sentir o pensar al respecto. Y, no había tenido la oportunidad de comunicárselo a Gretchen, quizás porque quiso reservar el tema para él mismo o porque su hermana estaba ocupada, y cuando podía verla tenían que trabajar en otros asuntos.

Aunque se le hacía extraño que Gretchen no hubiera mencionado a Ryan en algún momento con él, ya que solo hablaba en forma general: «Tus amigos te mandan un abrazo muy fuerte», «Están ansiosos por verte».

Llegó el día programado, esa mañana su madre lo había aseado en conjunto con la enfermera. Tenía ropa hospitalaria limpia y un abrigo blanco encima. Todavía estaba trabajando en ejercicios para su mano derecha ya que sus dedos que se habían fracturado necesitaban movilidad, y aunque le doliera debía hacerlo. Su pierna izquierda aún seguía enyesada, aunque le habían dicho que pronto ya no necesitaría del yeso. Y aunque quisiera practicar levantarse de la cama, no podía hacerlo porque primero debían cerciorarse que su rodilla estuviera soldada y tratar la recuperación puntual de la misma.

—Bien, así estás bien, cariño. Ya empiezas a pesar más, no es demasiado, pero yo siento que estás agarrando peso. —comentó Hanji con cariño desmedido, terminando de colocarlo en la silla de ruedas.

Él inclinó la cabeza hacia ella, quien se quedó de cuclillas a su lado.

—Ma… —murmuró Dave.

—¿Sí, cariño? Ya estás listos, porque pronto tus amigos llegarán. —Pasó su pulgar por la sien de él, dedicándole una mirada enclaustrada en amor de madre. Ella sabía que Ryan también llegaría, por lo cual se sentía algo emocionada—. Estoy segura que te divertirás con tus visitas, así que… —suspiró y olvidó lo que iba a decir, por lo cual decidió reemplazar el asunto—. Te amo, mi niño adorado. —declaró con la voz meliflua y entrecerrando los ojos.

Dave le respondió sonriéndole.

—Ma…mi.

Cada que ella le escuchaba la voz, no podía dejar de pensar en que eso era lo que esperó por meses, depositando una fe que desconocía tener, en un Dios que hasta ese momento no dejaba de agradecer.

—Escucha, Dave…— se silenció cuando la puerta se abrió dejando ver a Mikasa con Eren—. ¡Oh! ¿Ya están aquí los chicos?

Mikasa asintió. Luego, Hanji empujó la silla de Dave hacia la pequeña sala de la habitación mientras que Eren ayudó empujando la porta suero. Y mientras esperaban, Mikasa se sentó en un sillón al lado de Dave, le puso la mano encima de la de él y lo miró con la misma ternura de toda la vida.

Era aquella una media mañana de sábado soleada, y que, sin dudas, pensaban que despertaría un buen humor en Dave. Después de unos minutos, Gretchen se asomó por la puerta, Dave enseguida captó el mensaje que había tras los ojos de ella: "Él está aquí", seguro. Y como un efecto por entender su mensaje, su corazón empezó a latir más fuerte y un calor cándido le invadió la cara. Solo pensar en que lo vería, le producía nerviosismo, a como si fuera una cita, ¿sería así?, pero estaba también, la incertidumbre acerca de la continuidad de la relación.

—No hablen alto y nada de exaltaciones.

La voz de su padre lo hizo detenerse de pensar.

—Entendido, señor Rivaille.

Jake sonaba militarizado, solo de escuchar su tono de voz le indujo a querer soltar una risa. Al final, ese toque de humor fue necesario para que pudiera desestresarse y recibir a sus amigos; ellos quienes se quedaron unos instantes parados cerca a la puerta, dejando a Levi atrás, resaltando Ryan a sus ojos.

—Por fin están aquí. Dave los ha estado esperando desde muy temprano, háganle mucha plática, pero no esperen que responda a perfección: todavía está aprendiendo a hablar. —dijo Hanji con un tono amable y simpático. —Nosotros… nosotros saldremos un momento para que no haya demasiadas personas aquí. Quedas con tus amigos, cariño.

Levi pidió paso hasta el frente, buscó a sus hijas con la mirada.

—Una de las dos, quédese aquí.

Resolvieron que sería Gretchen y los demás se marcharon. Y como si hubieran estado esperando a que Levi atravesara la puerta, se apresuraron a acercarse, Jake fue más rápido… y afectuoso.

—¡Hombre! Tu papá es bastante estricto, nosotros queríamos estar aquí desde que supimos que despertaste. ¡Demonios, Rivaille! Es increíble… — su voz se volvió más baja— ¿Cómo se te ocurre hacernos pasar por toda esta preocupación?

Jake casi estaba queriendo abrazar a Dave.

—Todo ha estado de locos, Rivaille —comentó Sean, frotándose los ojos.

—Te perdiste la fiesta de navidad, pero no importa… es seguro que la repetiremos en cualquier momento. —dijo Gavin, sonriendo ampliamente. —Aunque no lo creas, si te hemos extrañado —agregó.

Jake torció el gesto y miró a Gavin.

—¿Por qué no nos creería?

Los chicos empezaron a hablar lo que se les ocurriera, aunque todavía no se percataban que Ryan se había quedado un poco atrás, concentrado en Dave; situación que no pasó desapercibida para Gretchen, ella se mantenía silente y cauta al lado de su hermano. Le hizo un gesto a Ryan para que se acercara, para que perdiera el miedo al primer contacto que estaba marcado por la compañía de otras personas, en lo que, lo más idóneo para él hubiera sido estar a solas con Dave.

Y de nuevo, sentía celos… esta vez porque Jake se mostraba afectuoso con Dave, él sin siquiera notar nada.

—Sí, y Ryan… solía venirse solo aquí, es un descarado. —Dijo Jake.

Ryan había perdido el hilo de la conversación que llevaban a cabo los demás, lo que hizo fue reírse y acercase más.

—No sabíamos que eras un bufón de primera —dijo uno —mira, se está riendo. —señaló a Ryan.

Aquella situación provocó que Dave se riera también, quizás era más bien, una risa nerviosa.

—¿Quieres el teléfono? —preguntó Gretchen a Dave.

Respondió con un murmullo de garganta, ahora dedicando atención a Ryan; los dos intercambiaron un tipo de mirada que guardaba, al parecer, un inusitado deseo por querer hablar. Ryan sonrió y Dave supo que todavía tenían algo que compartir, más allá de inquebrantable amistad.

Con el pasar de los minutos, la charla se volvió más amena, los jóvenes bromeaban constantemente, apenas preguntando a Dave para que respondiera con un sí o no. Antes de entrar a la habitación, decidieron no tratar temas sobre la escuela, porque ya habían sido advertidos por Levi de que eso podría hacer que Dave volviera a sentirse decaído, por tanto, tenían la favorable misión de hacerlo sonreír.

Cuando llegó el momento de la despedida, los jóvenes prometieron volver en cuanto Levi dijera que podrían hacerlo. Mientras que Ryan mostraba señales firmes por querer establecer más tiempo ahí para él.

—Me voy a quedar más tiempo, mi hermano mayor pasará recogiéndome en un rato — mintió Ryan en la cara de Levi.

El hombre no dijo nada, solo mantuvo la cara de siempre hasta esperar a que los demás chicos se despidieran de Dave. Pero Levi solo quería pasar por tonto, porque bien que entendía sus intenciones y claro estaba que los demás también: hasta Eren. Levi se giró sobre sus talones, estaban acomodando a Dave de nuevo en la cama con la ayuda de un enfermero. Pronto tendría que salir para pagar el taxi en que se fueran los amigos de su hijo.

—No te sobrepases. —Dijo Levi en un tono de advertencia, pasando al lado de ese muchacho osado.

Los chicos salieron de la habitación después de una efusiva despedida, dejando silencio, y al irse también Levi todos quedaron en una especie de confianza que Dave no sospechaba que existía entre Ryan y su familia. Sin embargo, que todavía siguiera él allí le producía nervios y también ansias por, definir lo más pronto posible, la situación de ambos.

—¿No quieres tomar un café, Eren? —preguntó Mikasa.

—Claro… —respondió enarcando una ceja y dejándose llevar.

—Yo también quiero un café —se apresuró Hanji a caminar.

—¿No me invitan? —inquirió Gretchen con aires de mujer dolida, forzándose —según— a ir tras ellos.

Al notar el comportamiento de su familia, Dave pensó que se estaba imaginando un posible escenario. Cuando por fin la puerta se cerró, y hubo la soledad necesaria, Dave pudo calmar las dudas que tenía; porque Ryan le pidió permiso para acercarse, tocarlo, besarle la cara y la nariz, acariciarle la piel de la frente con los labios tibios más de una vez. Con aquel actuar tan íntimo, dejó la duda en un rincón alejado de la mente. Mas las palabras candorosas que le expresó, le reafirmaron que no se le había desvanecido el interés en su persona, ni el suyo sobre él.

Sonrió contra los labios de Ryan. Escucharlo respirar, jamás le resultó tan elemental como ahora mismo.

De pronto la atmósfera tranquila se rompió cuando la puerta de abrió de forma abrupta haciendo que los dos se sobresaltaran, y de inmediato Ryan se irguió.

— ¡Te dije que no te sobrepases! —exclamó Levi señalando a Ryan mientras entraba a pasos pesados.

Dave abrió bastante los ojos por la forma en que su padre se dirigió a Ryan, más al segundo, la presencia de Eren persiguiendo a Levi captó su atención. Levi rechistó contra Eren, pues lo comenzó a arrastrar hacia atrás. Ambos estaban forcejeando, para luego escuchar un reclamo de Mikasa desde la puerta; haciendo que Levi retrocediera y saliera.

La puerta se volvió a cerrar.

Hubo un poco de silencio entre Ryan y Dave, un poco opacado por el disturbio que se podía escuchar tras la puerta. De manera que, Dave supo que ninguno de ellos había ido por un café, sino que estaban ahí afuera. Lo que sucedió le hizo pensar que su familia sabía algo, y se sintió caliente en las mejillas. No quería preguntar a Ryan, incluso, no quería responder a su tacto cariñoso. Quizás su padre volviera a entrar.

Escuchó el suspirar de Ryan, rodeando la cama. Parecía pensativo, esa postura no hacía más que hacerlo pensar a él también: lo miraba como si quisiera decir algo. Apenas entreabriendo los labios. Se rascó la ceja y miró hacia otro lado.

—Mi familia ya sabe de ti; le he hablado a mi mamá y de lo que te sucedió, lo hice cuando tenías poco tiempo de haber entrado en coma.

Dave entreabrió los labios.

—Y... Ryan —murmuro Dave, queriendo hablar más.

—Mi mamá me dijo que quería conocerte— solo dijo, no tenía deseos de mencionar que seguramente su madre habría notado su estado de ánimo decaído y que por ello aceptó su noticia. Ryan aún quería saber si acaso en otro momento, su madre mantendría su posición amigable —. Y ahora que sabe que te estás recuperando, piensa en preparar una cena... Claro que... no tienes que aceptar por obligación.

Dave tenía que pensar en eso, de cierta manera, la propuesta le dio paz en el sentido de que, para Ryan era una oportunidad de acercamiento con su madre. Sonrió y asintió de forma reiterada con la cabeza. Movió los dedos en el teléfono, buscando las notas para escribir.

—"No le vayas a decir a tu mamá que no como carne, porque con una ensalada me conformo". ¿Qué? Pero... ¿No sería molesto para ti? —Ryan esperó unos segundos para volver a mirar la pantalla —"Está bien que prepare una cena normal, porque ustedes comen carne". Demasiada carne, tienes razón, no puede faltar. O... puedo yo cocinar para ti.

Ryan se inclinó en la camilla, tomó la mano de Dave para que soltara el teléfono y le besó algunas veces el dorso de la mano, girándola hasta que sus labios quedaron en la calidez de la palma. Alzó los párpados captando la atención de Dave, le veía los ojos vidriosos. Aunque lo que dijo sobre su madre no era mentira, si tuvo que usarlo para distraer a Dave de lo que ocurrió hacía pocos instantes.

Después de unos segundos más tarde, Dave volvió a deslizar su dedo por sobre la pantalla. Allí Ryan leyó: "¿Mi familia sabe algo?" Sabía a qué se refería. ¿Debería decirle que no? Cuando el accionar del señor Rivaille daba a entender algo diferente. El suspiro y los ojos acuosos de Dave fueron intensificados por su silencio; debió tardar demasiado para dar una respuesta, que su novio intuyó lo que debía ser.

—Greche— Murmuró Dave, un poco agitado.

—¿Quieres que llame a tu hermana? —Inquirió en medio del nerviosismo que delataban sus manos. Dave asintió y él se incorporó — ya vengo...

Cuando salió, se encontró con la familia de su novio discutiendo en voz baja. Apenas pudo guardar en su memoria los segundos en que vio a Gretchen frente a frente con Levi, al parecer, discutiendo.

—Me mandó a llamarte —dijo dirigiéndose a ella, una vez que tuvo la atención de todos en él. —Tuve que decirle que ustedes ya sabían... porque se dio cuenta.

Gretchen miró hacia el techo y suspiró. Estaba ocurriendo lo que pensó sucedería.

—Vengan solo ustedes, conmigo —dijo, refiriéndose a Levi y Hanji—. Ya no seguiremos el plan inicial. —se refería a aquello que según se sujetarían: "esperar a que Dave hablara sobre Ryan, si quería".

Entraron. Fue Gretchen quién se adelantó a leer lo que ya Dave tenía escrito en el teléfono: «¿Tú les dijiste? ¿por qué?» y Gretchen agitó la cabeza, se llevó los dedos hasta el entrecejo y respiró profundo. Más al momento se acercó tanto a Dave para hablarle en voz baja: «Yo no dije nada, hermanito. Mantuve mi promesa porque sabía que tú no querías hacerlo. No quiero señalar a tu novio, pero fue él quien decidió hacerlo de entero conocimiento para la familia. No te voy a mentir; yo hablé con él y le dije que sabía de su relación para poder ayudarlo, porque me di cuenta que quería estar aquí más que los demás». Y a Dave se le aguardaron los ojos al volver a ver a sus padres que aguardaban al pie de la cama. «Todo está bien, Dave. ¿Quieres que les explique a ellos un poco? Es lo único que puedo hacer ahora».

—Sí —respondió y volvió a escribir en el teléfono.

«Lo siento, hermana. No pregunté nada más a Ryan, y enseguida pensé que habías sido tú». Leyó Gretchen y luego se giró hacia Levi y Hanji.

—Ya no vamos a fingir nada, ¿okey? —inquirió Gretchen con un tono agradable—. Todos sabemos que Ryan tuvo las agallas suficientes como para plantarse frente a mi padre y a ti para declararse como el novio de Dave. Hasta ahí, eh... sucede que Dave no estaba preparado para esto y por ello lo mantenía oculto.

Giró a mirar a su hermano: tenía los labios fruncidos y una visible muestra de querer llorar.

—¿Cariño, que pasa? —inquirió Hanji.

—Para Dave es un tema complicado, porque él todavía tenía puntos que esclarecer respecto a su orientación sexual. ¿Entienden? Y ... — reparó de nuevo en Dave — también tenía él, miedo por decirles a ustedes; porque no sabía lo que dirían o harían respecto a que estuviera en una relación con un chico. Si recién les digo todo esto, es porque quería mantener sus temores solo en mi memoria. —buscó la mano de Dave y se la agarró —específicamente con papá; y papá lo que ha hecho es... llevarlo a su manera, hermanito.

Escucharon un sollozo de Dave. Inmediatamente Hanji corrió a abrazarlo con delicadeza, besarlo en la sien y acariciarle el rostro con los dedos.

—¡Hey! No pasa nada, cariño. —dijo con un tono amoroso.

—No tuviéramos que haber llegado a este momento; si papá no se hubiera comportado como lo hizo —recriminó sosteniéndole la mirada filosa a Levi sin intimidarse — pero a papá...

—Papá solo está celoso de que hay otro hombre en tu vida que es importante para ti —interrumpió Hanji — y que ya no va a ser prioridad.

En medio del silencioso llanto de Dave, aquel comentario lo hizo reír, rompiendo la tensión suya. Escucharon el bien conocido chasquido de lengua de Levi.

—¿Sí? — logró Dave preguntar.

—¡Sí! ¡Vamos! no pasa nada, cariño. Te estabas hundiendo en tristeza cuando lo que tenías que hacer... es confiar en nosotros. ¿Qué te hizo pensar que no podías hacerlo? —preguntó con un tono amable y amoroso.

Levi inclinó la cabeza, relajando su rostro.

—Para Dave es importante lo que papá piense, y también la reputación empresarial de tener un hijo bisexual.

«Bisexual» pensó Levi para luego recaer en lo de la reputación.

—No interesa eso —dijo Levi.

Hanji besó la coronilla de la cabeza de su hijo, limpiándole la cara para luego asegurarse de que él había dejado de temblar.

—Bueno, entonces, ¿Qué más tiene que decir, señor papá? —dijo Hanji estirando la mano hacia Levi, el hombre aceptó ser halado—. Si trata de llevarse bien con Ryan, que no te preocupe nada.

Levi volvió a chasquear la lengua, le pidió a Hanji que se moviera un poco porque quería estar más cercano a su hijo. Levi lo examinó todo, esa cara llorona que amaba ver, aunque llorara por, según él: tonterías. Tenía moco que le escurría de las fosas nasales. Sacó un pañuelo y le apretó la nariz.

—No puedes limpiarte los mocos y andas con otro mocoso. —dijo con la voz temple. Dave le sonrió bastante. Realmente adoraba verlo, y saber que por el momento habían resuelto una inquietud —La reputación que pueda conseguir por la preferencia de mi hijo y su pareja, no es algo que me interese demasiado, no por lo menos como para tomar la situación bien fuerte. Que a ti no te preocupe eso, porque a mí no me quita el sueño; que tú estuvieras en coma, eso sí me quitaba el sueño.

Inmediatamente abrazó a su hijo por los hombros, lo acercó tanto a sí mismo y lo apretó sin llegar a ser exagerado.

—Papi —dijo bajo Dave, tratando de acomodarse al abrazo de su padre.

Levi le besó con cuidado el cabello e inhaló profundamente su aroma a limpio, a shampoo y acondicionador. Casi había olvidado que Hanji y Gretchen lo miraban. Al demonio con ellas, pensó, siendo que al momento solo le importaba consolar a su pequeño mocoso como casi ya no se refería a él.

Un mes después de que Dave despertara del coma, logró conseguir el alta médica con una lista de recomendaciones para su cuidado y posterior rehabilitación. Ese día, estaba hasta Marco presente, prestando su ayuda para trasladar a Dave hasta su casa. Cabía señalar el entusiasmo con el cual el muchacho quería salir del hospital, estar afuera lo hizo sentir libre, respirando el aire cálido de la ciudad, cargado de un ligero aroma a gasolina por los autos, pero ya estaba, era lo que le indicaba que estaba afuera. Camino a casa, fue diciendo que deseaba comer un pastel de chocolate, tanto era su deseo que casi le imploró a Levi porque pararan por una pastelería. Aunque no hubiera necesitado mucho de los ruegos, puesto que el hombre había adoptado una postura demasiado complaciente.

Y Hanji al lado de su hijo, no paraba de sonreír con cada minúsculo detalle de la alegría en el rostro de él; por el pastel de chocolate, por las aves o por el azul intenso del cielo. Cómo fuera, estaban casi todos emocionados por regresar a la casa, con la persona que devolvería un poco de esa luz que perdieron los meses pasados, porque Dave parecía ser el centro de todos ellos.

Seguía siendo el más pequeño, decía Hanji, del hogar.

Cuando llegaron, Marco y Eren se adelantaron a bajar la silla de ruedas para luego ayudar a Levi bajando a Dave del auto. No pasó mucho para que escucharan unos aullidos, la puerta principal se abrió a la distancia dejando entrever la figura esbelta de Denisse bajo su uniforme. Por sus piernas apareció Rod, para inmediatamente salir corriendo por toda la explanada. El canino, corría de un lado a otro, haciendo pequeños saltos y volviendo a correr en dirección a Dave.

—Rod... soy yo —dijo como si el perro ya no lo hubiera reconocido.

Rod seguía corriendo de un lado a otro, aullando y girando como un trompo. Se quedaba quieto unos segundos y volvía a correr.

—Está muy emocionado de verte. —dijo Hanji, empujando la silla. —Ven, ven aquí chiquito, Dave ya llegó.

El perro obedeció, parándose y colocando sus patas delanteras en las piernas de Dave, él quien lo acarició y sonrió bastante.

El recibimiento de Rod, solo fue la apertura, pronto Margarita y Becka salieron también a la puerta. Y aunque antes ya habían visitado a Dave en el hospital, era una emoción diferente a recibirlo en casa. Le llevaron a los otros dos perros y a los gatos a la sala, dedicándose a acariciar a sus mascotas que estuvo tanto esperando por hacerlo. Pidió algo de comer, como frutas que Margarita le llevó en trozos, para luego querer regresar a su habitación, porque decía que estaba cansando. Allí venía la dificultad, tal vez debieron adecuar una habitación en la planta baja, pero Dave ante la idea se mostró tozudo, quería estar en su habitación.

Fue Eren quien lo subió en su espalda, después de todo, Dave pesaba menos que antes. Pero ahí se lo logró el cometido, quiso estar en su habitación, no demoró demasiado para dormirse, apenas y Levi le cambió la ropa por un pijama. Luego bajó las cortinas y salió de la habitación, dejando encendido el Walky talkie, que ya su hijo sabía que el aparato estaba ahí, en caso de que requiera a alguien: Hanji tenía el otro aparato.

Por otro lado, Levi se había encargado de adecuar la habitación de Dave, dígase; implementó un purificador de aire, hizo cambios en el sistema del agua tibia y cambiaron el colchón por uno anti escaras nuevo dónde ahora estaba dormido Dave. Le acomodó la frazada, y la almohada. Cada vez que lo veía dormido rememoraba una angustia que compartía con Hanji, porque ella le había dicho lo mismo un día. No quería salir de la habitación, pronto iría Hanji para quedarse allí en esa especie de miedo circundante que los rodeaba. Pero no importaba, podían manejar el miedo y continuar. Si ya Dave había salido de lo más riesgoso, ahora lo que quedaba era un extenso y duro camino en rehabilitación. Miró el reloj, apenas era medio día, suponía que Dave dormiría hasta media tarde.

Tendrían que ser pacientes hasta cuándo su ciclo de sueño se regularice, pero por ser su primer día en casa lo dejaría descansar, luego ya vería que estarían ocupados con tantas actividades.

Esa noche, Hanji y Levi durmieron desde temprano y en paz como en meses anteriores no lo habían hecho; después de todo, los demás les habían pedido que descansarán que ellos se ocuparían, incluso Margarita decía que podía cuidar a Dave.

...

Cómo era de esperarse, muchos querían acudir a visitar a Dave ahora que estaba en casa. Pero Levi se mostraba receloso, diciendo que su hijo aún tenía que descansar y no podía recibir tantas visitas a la vez. Hanji por su parte, quería convencerlo de que sería bueno para Dave socializar, así practicaría el habla y al ver a sus amigos se le subiría el ánimo. Pero era Ryan quien se aparecía todos los días por ahí, haciendo a Levi rabiar en silencio: dándose cuenta de que al parecer sí sentía celos, aquello que Hanji dijo parecía empezar a tener sentido para él.

Las terapias de rehabilitación empezaron en el mismo fin de semana que Dave salió del hospital, Mikasa y Hanji por lo general siempre estaban con Dave, mientras Levi y Gretchen a veces no podían asistir.

Los primeros días en rehabilitación física fue un enorme suplicio para Dave, sus lágrimas de dolor hacían que Hanji sufriera. Cuando veía a su madre en ese estado, se decía que no debía llorar, que, aunque doliera, debía hacerlo para alcanzar una mayor movilidad de sus brazos. Aun haciendo el intento, siempre terminaba con una cara de extenuación increíble. Ya le habían dicho lo que sucedería con su cuerpo, seguramente con el pasar de los meses y los avances que tuviera, dejaría de experimentar tantas molestias en la terapia. «Puedes hacerlo, puedes hacerlo... —se decía Dave en medio de las instrucciones del terapeuta— piensa en lo que hubiera pasado si... ¡No! Mamá no puede sufrir más». Aparte de tener que realizar rehabilitación física, de forma general para recobrar su movilidad, debía en otros momentos, centrarse en la rehabilitación de su pierna y la clavícula: al haber tenido fracturas y dislocaciones.

En esa primera semana Gretchen había decidido quedarse en su casa originaria porque quería pasar una cantidad de tiempo con Dave después del trabajo y eso lo sabía Marco. Entonces, llegó el día en que Gretchen le dijo la verdad: que ella desde hacía unos meses atrás vivía con Marco y ahora ya debía irse, pero que todos los días estaría ahí con él.

Y Gretchen no esperó que Dave reaccionara tan tranquilo, aunque sabía que estaba triste —porque se le enrojeció la cara y los ojos se le humedecieron— ya que antes pensaba que él haría otra escena de celos, como aquella el día del accidente, cuando le dijo a Marco que "no se la quitaría". Al final lo hizo, y lo más seguro era que Dave tuviera un cambio de pensamiento al respecto. Después de todo, tenía demasiadas cosas en qué pensar y preocuparse.

—Te amo, hermanito. ¿Te parece si preparamos galletas el sábado? —susurró de cuclillas al lado de la silla de Dave.

—Sí, ga... lletas, está bien— respondió tratando de limpiarse la cara.

Y ella se marchó con Marco a las diez de la noche, ese hombre que tenía una cara tan dulce que él estaba comenzando a detestar, incluso cuando lo veía en las noticias. ¿Qué era eso? Se sentía vacío, por una parte, pero entendía que no podía adueñarse de Gretchen, que la prioridad de ella sería —si acaso se daba— su futura familia. Aunque Mikasa también llegaba y se quedaba algunos días con Eren, ellos volvían a su casa. Tenía ganas de preguntarle a ella, si acaso pensaban vivir nuevamente en Nueva York. Si eso era así, entonces estaría bastante feliz porque podría verla de nuevo más seguido.

Las graduaciones se acercaban, Dave sabía que en la primera semana de junio todos sus amigos se graduarían, Raylee, Gaby... Jake, Sean.. todos ellos se graduarían y tendrían su baile de graduación, a la cual pensaba asistir con Ryan. Pasarían como que no tenían pareja para asistir y estarían la noche juntos, los planes que hicieron apenas comenzaron a ser novios. Pero ahora, solo fue un espectador. Ese día, las autoridades de su colegio lo invitaron a asistir a la gala, pero Levi prefirió desistir, porque decía que no estaba preparado para estar en un lugar como ese cuando recién salía del hospital.

Las graduaciones pasaron, las fotos de la ceremonia llegaron a ojos de Dave, Gaby le envió las fotos a su teléfono, así mismo lo hizo Ryan. Observó las fotografías de sus dos grupos de amigos, sintiéndose feliz por la meta de ellos, y triste porque no pudo, por lo menos, ya que él no se graduaría, estar allí con ellos. Luego también pasaron los bailes de gala. Esa noche, en que había pasado con la siempre compañía de su familia, además había estado en conversando con Raylee por chat (ese había sido su segundo contacto). La felicitó y le dijo que lucía muy linda con ese vestido que escogió para la gala, igualmente algunas otras cosas que quería decirle o preguntarle. Y ella se mostró muy abierta, bromeando y mandándole fotos de las botellas de licor, de los dulces y las luces en la pista de baile. Al final llegaron a la conclusión de que querían verse, seguramente ella iría con los demás chicos muy pronto.

Por lo menos usando el teléfono, solo con el dedo, podía mantener una conversación bastante fluida. Sonrió y pensó en que debía pedirle a alguien que preparara las fotografías reveladas de Raylee para entregárselas. Las había visto en su escritorio una noche, y recordó las emociones que estaban relacionadas a todo eso.

Por otra parte, estaba Ryan, quien aparte de frecuentar su casa, decía que podía llevarlo a sus sesiones de terapia de lenguaje, pero Levi siempre desistía de la oferta, porque quería reafirmar que era responsabilidad de ellos como su familia. El hombre no quería darle un poder figurado, sentía que ese muchacho estaba ahí para arrebatarle a su hijo, sabiendo, de todas formas, que eran impresiones suyas erradas e inequívocas. Además de que tenían pensado llevar a la casa un profesional en hidroterapia, como tenían la facilidad con la piscina, ahí Levi dijo que Ryan podría acompañar a Dave.

Cómo fuera, todavía podía estar con su hijo y su familia: como en la misa dominical. Dave había dicho que quería ir a la iglesia, y ellos no se lo negaron. Básicamente no le negaban casi nada, porque sus peticiones solían ser sencillas; que lo llevaran a ver a los gatos, a recorrer el jardín, a salir de casa a algún sitio tranquilo, ir hasta el campo dónde estaban los caballos —quería ver a Cody— y a otros animales, recorrer una carretera corta era una buena idea. O ciertas comidas o dulces, aunque pedía más fruta que cualquier otra cosa. Y Josh era quien llevaba las canastas de fresa y durazno desde su granja.

Así transcurrió el segundo mes luego de que Dave despertara.

Durante los primeros días en casa, trató de habituarse a la ayuda constante que necesitaba, aunque ya podía mover mejor sus brazos, no podía ser independiente para desplazarse por la habitación. Por ello, requería llamar a alguien, que por lo general Mikasa y Hanji siempre estaban con él, en su habitación o en cualquier lugar que quisiera estar. Con Mikasa y Hanji practicaba el habla como un extra a sus terapias de lenguaje. Por la noche veía a Gretchen y a su padre, en esa misma rutina de todos los días, aunque estaba feliz de poder hacerlo, de ver la sonrisa de su madre: en sus pensamientos más lejanos y fríos llegaba la idea del: "¿Qué hubiera pasado si...?" Una vez vio las fotos que tenían de él en días posteriores al accidente en el área de cuidados intensivos, se vio a sí mismo irreconocible que no volvió a tomar eso por el terror que suponía la posibilidad de la muerte. Y cómo eso hubiera repercutido en las personas que amaba: en su madre, en su padre, en sus hermanas y sus abuelos. Tembló del puro miedo, quizás no tanto por morir sino por el dolor que podría causar a los demás, cuando lo que menos quería era dañar.

En esos días pasó bastante tiempo analizándolos, notó el cansancio en Hanji cubierto con amor y el buen trato de Levi hacia ella, cuidándola con el mismo esmero que lo cuidaba a él en las madrugadas. Esa minuciosidad con que los observaba le dejó también otra sensación, una inquietud que necesitaba saciar. Por ello, cuando Gretchen, tarde en la noche todavía estaba junto a él, le dijo con bastante lentitud:

—Pa... parece que evitan mirarse, Mikasa y tú... Tengo esa impresión —tomó aire —¿Sucede algo?

Ella negó con la cabeza, esbozando una sonrisa. Sacó de su bolso la caja de los anillos que Dave reconoció de inmediato.

—Quizás es una impresión tuya, hermanito. Porque no sucede nada en especial, además han sido momentos muy difíciles y... las dos estamos cansadas, puede ser que sea eso.

Ella sacó el anillo de Dave para colocárselo.

—Mi... anillo.

—Ahora que vas a dormir puedes usarlo, pero no sé si para las terapias debas quitártelo. En hora buena, está mano no se vio afectada. Yo guardé tu anillo y seguí usando el mío.

Él se llevó la mano cercana al rostro, ahora invadido por el sueño quería recostarse con algo más en su cuerpo que era significativo. Ni siquiera supo cuando Gretchen se marchó esa noche. Y aunque ella le hubiera dicho que sus impresiones podían ser erradas, luego insistió en el asunto con Mikasa, al siguiente día le preguntó a ella, obtenido la misma negativa, pero con un comportamiento evasivo, distinto al de Gretchen.

No quiso pensar más en el asunto, tal vez solo eran ideas sueltas producto de un continuo ajetreo mental que lo inducía a buscar una explicación más a allá sobre alguien o sobre cualquier cosa en su entorno. Más los días pasaron en continuos ajetreos físicos y mentales, el dolor y las revisiones médicas. Y como si lo hubiera estado esperando, llegó una noche en que su hermana se notaba afligida junto a él.

—He tenido un día muy agotado, no, es más. —dijo queriéndose esconder en medio de las sábanas.

—¿Es por Marco?

Y Gretchen se sentó en la cama, negando nuevamente.

—¿Por qué... siempre asumes que puede ser Marco? —sus labios temblaban —No... hermanito, ya te dije que he tenido un día agotador, tengo que atender muchos asuntos y solo estoy poniendo un orden a cada cosa. Venir para ayudarte y estar contigo es una de las partes del día que más espero.

Gretchen se dio cuenta que ya había dejado salir la voz quebrada, que sus ojos se humedecieron y sus párpados temblaban: no había manera de ocultarlo más, por lo menos no frente a Dave.

—¿Gretchen? —se voz demostraba preocupación.

—No pasa nada —dijo secándose los ojos.

—¿Sucede algo?

—¡No! —casi gritó.

—Gretchen... puedo ayudarte, soy tu hermano. —intentó acercarse para abrazarla, pero ella se mostró decidida a su respuesta evasiva —¿Por qué estás así? ¿No... no puedes contarme?

Y ella se desmoronó, había perdido el control de sus emociones. ¿Cuántas veces? ¿Cuántas veces lo hizo bien? Es decir, controlando lo que sentía para no desbordarse y ser el sustento de Levi y Hanji, de Dave en otros momentos. Parecía que había llevado bastante tiempo en un estado de alerta que ahora resultó imposible de contener. Y lo peor, es que le ocurrió allí con su hermano, él preocupado porque parecía que no sabía cómo proceder.

Ella solo se recostó a Dave.

—Lo siento... —murmuró él tratando de inclinarse hacia ella—. Lo siento. ¿Dije algo mal?

Y Gretchen negó con la cabeza, se había apretado la cobija contra la cara en un intento por silenciarse que le llevó unos minutos. Le pidió a Dave que no dijera nada hasta que no sea oportuno al mismo tiempo que intentaba serenarse, siendo atendida con torpes caricias en el cabello. Pasaron los minutos y ella comenzó a apaciguar su desborde, a respirar con más calma, sacándose la cobija de la cara. Pensó que en cualquier momento podría entrar Hanji. No quería que la vieran en ese estado, por lo cual se fue a la lavar la cara dejándole a Dave la promesa de que ella le explicaría al regreso.

Todavía tenía la cara roja e hinchada cuando volvió con Dave, él quien la recibió entre sus brazos y con un beso escandaloso. Se reclinó en su cuerpo y cerró los ojos. Escuchaba la respiración de él, y hasta su corazón latiendo. No había palabras. Dave no decía nada, a lo mejor respetando su espacio y tiempo mientras se cumplía la promesa.

—¿Puedo ayudarte?

Gretchen abrió los ojos y miró hacia arriba.

—Creo... creo que sí. Pero debes prometer que mantendrás esta conversación en secreto. ¿Crees que puedas?

No preguntó por qué le hacía esa pregunta, asumía que se trataba de algo que no podía hablar con más personas. Lleno de convicción afirmó, esperando al habla de Gretchen.

—Soy tu hermano, puedes confiar en mí.

Gretchen lo sabía, solo que no era eso que la detenía.

—Lo sé, lo sé... hermanito —comenzó a enderezarse —últimamente he estado pensando mucho en un asunto, y he estado también ocupada con mis propias responsabilidades, además de suplantar a papá en ciertas reuniones, situaciones de ese tipo. Estoy agotada. Y siento que he llegado al límite de no saber manejar esto que estoy sintiendo desde hace mucho. —su voz se tornó escuálida— Durante el tiempo que estuviste en el hospital, cosas sucedieron con nosotros, con papá, Hanji y Mikasa.

El menor la escuchaba asintiendo de vez en cuando para que supiera que estaba siendo escuchada.

—Bueno... Dave, no sé hasta dónde puedo decirte porque esto es algo que involucra a otra persona y yo... no quiero formar más problemas.

—¿Es una persona cercana?

Gretchen asintió.

—Muy cercana a ti también. Por eso... es que te pido que guardes este secreto o de paso; lo único en que me puedes ayudar es escuchándome.

—Ya te dije que sí. —reafirmó con el mismo tono comprensivo de voz—sea lo que sea, quiero ayudarte. —comprendía ese sentir que clamaba por ayuda pidiendo también silencio —te prometo que no diré nada.

Gretchen se tomó unos minutos más, recostándose al lado de Dave, mientras él seguía reclinado en un montón de almohadas.

—No es necesario que hagas algo más que solo escucharme, ni juicios de valor; porque es una persona cercana. —Dave no le iba a demostrar que esa afirmación lo estaba inquietando—. Dave, antes que todo tendría que explicarte algo que sucedió antes; tú y yo sabemos lo que sucedió en el matrimonio de Hanji y papá, es decir, la razón del por qué se divorciaron —observó la sorpresa en los ojos de él —lo siento, fue demasiado directo. Ya lo sabemos, solo nosotros, nadie más. Verás, Hanji también llegó a un punto en el cual su culpa no le permitía vivir y por ello confesó a nosotras lo que sucedió.

» Mikasa y yo no dijimos nada en concreto, en realidad, preferimos no seguir escarbando en ese asunto. Y luego, en ese mismo día, papá se enteró por la misma Hanji, que nosotras estábamos al tanto de lo ocurrido en el pasado. Hasta ahí, todo era muy intenso y difícil de procesar, aunque lo intentamos.

» Pero sucedió algo más, y había alguien más... que se sentía culpable de sus acciones muy… muy pasadas. Con esto, esta persona quería ponerse en el lugar de Hanji, comprendiéndola desde la carne propia por la culpa de tu estado. —sus ojos de nuevo lagrimearon—. Como si ya no hubiera sido suficiente, Mikasa también desbordó y la entiendo, ahora la entiendo: confesó que no le agradaba mi madre, que insistió tanto hasta cuándo padre terminó con ella, cosas de niña, no sé. Dijo que lamentaba lo que hizo, porque cree que si no hubiera sido de esa manera; mi madre hubiera tenido otra vida, y por consecuencia yo también.

Se tomó unos segundos, permitiéndole a Dave procesar lo que le estaba confiando.

—Ese día no volví a hablar con Mikasa, incluso, llegue a… —titubeó — la abofetee frente a papá. No quiero excusarme por eso, pero fue lo que me sucedió. Ahora podrías comprender por qué ella se fue a vivir a otro lugar, y por qué también me fui yo: necesitaba estar lejos, para pensar.

No esperaría una respuesta, después de todo, le había dicho que solo necesitaba ser escuchada. Podía leer en la cara de su hermano, la confusión y una tristeza compartida que se ponía de manifiesto en su cuerpo, la instó a que se recostara en sus piernas para así poder peinarla con los dedos.

—¿Te parece que exagero?

Dave se movió un poco.

—No.

—Dave, por favor, no comentes nada sobre esto.

—No lo haré.

Movió la mano en el muslo de él en forma de respuesta. La forma en que le acariciaba el cabello podría adormecerla en cualquier momento.

—Hay muchos negocios que han resultado en un fracaso para mí, los accionistas pueden ser bastante duros. Y aunque me he repetido que puedo hacerlo, siento que no estoy a la altura del conocimiento y en el manejo que tenía papá. —se sorbió la nariz— Yo… no lo entiendo. Estudio y pregunto, pero sencillamente pareciera que no es mi área.

—O quizás solo es una mala etapa.

—No sé.

—Te gusta lo que estudiaste.

—Sí.

—Quisiera poder ayudarte con esto, pero yo tampoco entiendo mucho.

Gretchen sonrió.

—Está bien, a lo mejor es como dices y solo es un mal momento. O puede que estos tipos de negocios no son para mí.

—¿Puedes descubrirlo?

—Seguro.

Cerró los ojos, sintiéndose ahora más tranquila, no porque tuviera una respuesta a su vida, sino por lograr hablar y llorar como consecuencia de su sostenida pesadumbre.

—No quiero verme como incompetente con papá, seguramente habrá notado algo. No quiero… decepcionarlo. Solo quiero ser competente con mi trabajo y dar resultados.

Hasta ese momento, Dave supo sobre la realidad profesional de su hermana, cuando antes había creído que siempre tenía éxito. Entonces, ella supo ocultar sus inseguridades, maquillándolas con esfuerzo tras esfuerzo que él no supo identificar.

—Si hablas con papá de cómo te sientes, podrías pedirle que te ayude.

Sabía que no era tan sencillo como lo decía, pero era la forma en que sabía podría su hermana obtener ayuda.

—Gracias, hermanito. —se reincorporó, quedando sentada al lado de Dave—. ¿No quieres ir al baño? —él negó— Bien, entonces, te colocaré la crema para las cicatrices.

Mientras le colocaba la crema en las cicatrices del rostro, se percató que él no dejaba de mirarla directamente a los ojos.

—¿Te sientes mejor? —Dave la observó sonreír.

—Por ahora, sí. — Cerró la crema y la guardó —. Gracias a Dios, tengo la dicha de poder hablar contigo. —se dejó abrazar, se pegó a su cuerpo y allí se quedó—. No quiero que pienses o veas diferente a Mikasa, no te conté todo esto para ponerte de mi lado.

Con lentitud, Dave la besó en la frente.

—Comprendo.

—Gracias. —exhaló aire— todavía tengo mucho en que pensar, pero espero solucionar esto pronto. No pienso hacer nada contra Mikasa o Hanji, ya te dije cual había sido la resolución respecto a tu mamá.

—Ajam.

El propio Dave estaba procesando todo lo que había escuchado sin invadir a su hermana con preguntas para ahondar en el asunto que hasta ese momento fue ignoto para él. Aunque Gretchen hubiera resumido la historia de Mikasa —así sonó— no dejaba de ser un tema bastante difícil de superar. Habiendo visto el dolor y el desconcierto en Gretchen, podía acentuar lo verdaderamente complicado que fue para ella. Hubiera deseado poder estar allí en ese momento, para consolarla y no permitirle avanzar a otro estado como el que ya evidenció.

Y aunque fuera tarde, era mejor ahora. Sintiendo ese sentir casi como suyo, se dedicó a decirse a sí mismo que haría todo lo que ella le pidió; guardaría silencio y llevaría una relaciòn normal con Mikasa. Que asumía, su prima también debería estar atravesando un escenario similar, pero no podía forzarla a hablar.

—Je t'aime. —dijo Gretchen.

Dave sonrió.

—Je t'aime plus. —respondió.

Gretchen se sorprendió porque solo lo había escuchado hablar en inglés, tenía la creencia que su hermano hubiera olvidado los demás idiomas. Se rio y se abrazó más a él.

Unas horas más tarde, después de que Gretchen se retirara, en la habitación principal de la casa, dos personas aún estaban despiertas. Mantenían la lámpara de mesa encendida, hacía poco que habían dejado a Dave durmiendo. La rutina de cada noche, asearlo, ayudarle con su vestimenta y recostarlo en su cama. Todavía no era capaz de movilizarse solo y de hacer algunas tareas por cuenta propia, y ante esa situación él mismo mostró frustración que trataba de disimular. Al final, Levi le hizo saber que no importaba cuánto tiempo tomaba su recuperación. Y Hanji decía lo mismo, pero el muchacho se estaba comenzando a desestabilizar por depender de ellos. Y aunque lograron hacer que entienda, temían que pudiera seguir pensándolo.

—¿Estamos listos? —preguntó Hanji acomodándose en el pecho de Levi.

—Creo que es buen momento, después de todo, ahora puede hablar mejor: podemos conversar y sé que él también está tratando de suprimir muchas cosas que se relacionan. Quizás al llevar a cabo esta conversación, él deje de sentirse tan tenso.

Ella suspiró y cerró los ojos, dejándose acariciar los hombros.

—Puedes tener mucha razón — entreabrió los ojos —pareciera que nada más allá del accidente hubiera ocurrido, Dave estará pensándolo igual, pero no nos dice nada porque no sabe cómo hacerlo.

—Tomar la iniciativa y conducir esto, es nuestra responsabilidad.

—Lo sé.

—Vamos a hacerlo, todo estará bien, Hanji. —susurró y le besó la frente.

—Podemos discutir... ¿Cómo lo haremos? Siento que te estoy pasando la responsabilidad de efectuar el guion.

Levi se reclinó en la cama.

—No lo sé aún, déjame dormir y mañana lo pensaré.

Hubo un momento de silencio, la noche podía ser tan maravillosa.

—También podemos discutir luego... ¿acerca de lo que te dije el otro día? —preguntó aguardando con inocencia en sus gestos faciales.

Levi inclinó la cabeza hacia ella.

—¿Quieres discutir los detalles? Quizás después de hablar con Dave, podemos hacerlo con él también. —estiró los labios para besarla—. No te excedas.

Y ella solo afirmó, sabiendo que no haría caso.

Esa noche, Mikasa estaba al pendiente de Dave por eso, ellos podían dormir sin interrumpir el sueño.

Dave y Raylee, el retorno a la cotidianidad.

El día que habían acordado con Raylee llegó y pronto ella llegaría hasta su casa con Max. Por razones que recaían en sí mismo —que desconocía— quiso que la visita fuera de esa manera, sin otros amigos que irrumpieran la fragilidad. Quería volver a sentir el gusto y la seguridad de estar a solas con Raylee sin una presencia extra que menguara los recuerdos, quería sentirse pleno y en confianza nuevamente con ella; y así mismo que ella también lo sintiera.

Para esa visita, le pidió ayuda a Denisse para preparar bocadillos y bebidas que sabía a Raylee le gustaban. Además de que acomodó la consola de videojuegos para ser usada, creía que podía jugar y ganar si solo necesitaba usar sus dedos y concentrarse. ¡Genial! Le avisaron que Raylee llegó y estaba abajo conversando con Hanji, por consecuencia, esa noticia hizo que se sintiera nervioso.

Cuando la puerta se abrió se sobresaltó, pero lo disimuló sin que ellas, su madre y Raylee, se hubieran percatado. Max entró corriendo a la habitación, sin intenciones de dañar se lanzó a la cama para trepar por las piernas de Dave en lo que él chilló —queriendo disimular— porque le tocó la rodilla. Antes que saludarlo, Raylee prefirió agarrar a su hermano y bajarlo de su regazo.

—¿Qué te dijeron mis papás? —inquirió la joven, agarrándolo del brazo para que bajara de la cama.

El niño hizo un mohín. Raylee le acomodó la tira del overol.

—Nada.

Hanji soltó una carcajada.

—Los niños tan inocentes —comentó Hanji sin querer ser escuchada. Ahora reparó en Raylee—. Mi amor, si necesitan algo; me llaman, si Dave quiere ir al baño; me llamas que enseguida yo vengo. ¿Sí? Bueno, tenle paciencia a Dave porque habla despacio, pero lo hace bien. Ya mismo o… cuando ustedes quieran pueden pedir los bocadillos que ya están preparados para ustedes. Raylee, si quieres comer algo más o el pequeño Max, no tengas vergüenza de pedir. ¡Eh!... Diviértanse.

La mujer se marchó haciendo bastante ruido. Y ahora que ya no estaba el silencio reinaba, excepto porque Max quería volver a subirse a la cama. Era ya necesario que Raylee se volteara hacia Dave.

—Hola —dijo ella.

Dave tenía una sonrisa nerviosa.

—Hola.

Raylee movió los ojos por toda la habitación buscando el puff, lo arrastró hasta dejarlo cerca a la cama y se sentó encima, pensaba pedirle a su padre que le comprara uno para su habitación. Se entretuvo con la conversación simpática entre Dave y su hermano, el niño le hacía preguntas sobre por qué tenía esas marcas en la cara. Dave sabía cómo responder a esas preguntas terminando con una lección del por qué los niños no deben jugar en las escaleras. Mientras tanto, Raylee secundaba a Dave en sus aseveraciones, provocando que el niño repitiera muchas veces que no lo haría, que no jugaría en las escaleras.

—Vi tu fotografía en la sala, la señora Hanji me dijo que era la más grande que mandaron a hacer para ti.

Dave se cubrió la cara con las manos de Max.

—¿Juegamos? —inquirió Max lleno de inocencia.

Dave no quería arruinarle la emoción, pero solo se tapó la cara porque sentía vergüenza de lo que decía Raylee, sin comprender por qué exactamente.

—¿Quieres? —esperó la confirmación del niño, para luego decir algo a Raylee—: me acuerdo que el día que sucedió el accidente, con mi papá fuimos a la imprenta a cambiar las dimensiones del retrato porque mi mamá quería que tuviera ese tamaño.

—Se nota bastante la emoción, parece muy orgullosa de ti. —dijo Raylee.

Dave pensó en eso durante mucho rato, quizás todo el tiempo que estuvo jugando con Max unos juegos con manos. Más tarde Margarita les fue a dejar los bocadillos con unos licuados. Dave aprovechó para pedir que le llevaran a Mike, su cachorro dóberman crecido. El niño curioso quiso acercarse al animal, que lucía tranquilo y amistoso, siguiendo las sutiles órdenes de Dave.

Pasado un buen tiempo después de comer y hablar del perro, Raylee preparó la consola de videojuegos. Se quedó en el puff y Dave seguía reclinado en su cama, su espalda contra una torre de almohadas. Allá quedaron Mike y Max en una esquina jugando bajo la supervisión de Raylee, mientras ella se dedicaba a mantener una conversación con Dave y jugando.

Cuando retozaron las bromas, los jóvenes comenzaron a sentirse más cómodos, incluso, ella aceptó sentarse al lado de Dave, se sacó los zapatos y se subió a la cama, cruzó las piernas y apoyó los codos sobre los muslos. Ambos estaban concentrados en el juego, hasta cuando de repente uno rechistaba porque perdió. Pero luego volvían a retomar otra partida, y volvían al ciclo por unas cuentas veces más.

—¿Se siente algo en particular cuando se está en coma? — Fue la inquietud de Raylee en medio de otra partida.

Dave dejó salir un resoplido de aire, hizo unos ruidos para dar a entender que estaba pensando, sin dejar de mirar a la pantalla del televisor.

—No lo sé, es como si... me hubiera dormido y luego desperté muy asustado. Aunque a veces he creído que tengo recuerdos de ese tiempo, como si hubiera tenido una larga pesadilla.

—Ujum

—Es extraño, como si no hubiera estado viviendo o... espera, sería como cuando Fry despertó en el futuro, en el año 3000. —se rio, acompañado por la afirmación divertida de Raylee —pero yo desperté seis meses en este futuro.

Ella se quedó mirándolo con cierta fascinación, segundos después se distrajo con la palanca en sus manos.

—Suena bien loco.

—Sí. Recuerdo que tenía que hacer tarea para cuando regresaremos del descanso por el día de acción de gracias, y después, ya todos ustedes se estaban graduando: si lo quiero ver así, es como si hubiera saltado en el tiempo, y claramente tú sigues siendo más vieja que yo.

—Siempre.

—Pero ojalá mi cuerpo se hubiera mantenido como el de Fry. —empezaba a bajar el ritmo de su habla.

Raylee puso pausa al juego. Se escuchaba los ruidos del perro con Max en la habitación.

—¿Cómo? Acaso es por la edad.

—No. Me refiero a que mi cuerpo cambió, y no me gusta. Adelgacé bastante y siento que... he perdido algo que me costó.

Ella comprendió a lo que se refería.

—Puedes volver a hacerlo.

—Sí. Aunque ahora no.

—Primero tienes que aprender a caminar. ¿Te importa mucho tu bajo peso? —inclinó la cabeza hacia un lado, girándose hacia él.

Se tomó un par de segundos para pensar su repuesta. Agachó la cabeza, recayendo en las manos de ella, no solo parecían suaves, sino que en realidad lo eran.

—No lo he dicho, pero sí me importa.

Raylee entrecerró los ojos, escrudiñando en su habla y su postura.

—¿Y por qué no lo has dicho?

—Porque pienso que no es importante, es decir, si se lo dijera a mi madre… tal vez se molestaría porque para ella lo más importante es que yo esté con vida.

—Pienso igual —acotó ella— no me mal entiendas, creo que es normal, después de todo; el cabello crece, la piel se renueva y tú puedes volver a recuperar tu físico. Claro, claro... te va a tomar más tiempo, pero tienes la oportunidad.

Dave dejó de mirarla y se reclinó mejor en sus almohadas. El aroma de Raylee era sutil, dulce y hasta empalagoso, creía que olía a algodón de azúcar.

—Sí, la oportunidad.

—No te desanimes, entiendo por qué me lo dijiste: porque no quieres que tu familia sepa que te importa tu físico.

—Es exactamente eso, no quiero sonar como si no me importara nada más.

—Okey. Pues… gracias por decírmelo. —suspiró, sintiéndose dichosa por poder aguardar una quejumbre de él. Quería tocarle los dedos de la mano derecha —¿Puedes moverlos?

Dave reaccionó al toque sobre sus dedos.

—Todavía no con tanta agilidad, pero sí puedo. —dijo tratando de formar un puño. —¿Ves?

Max se subió a la cama con el Mickey Mouse, seguro debió agarrarlo de encima del mueble del televisor. El niño buscó acomodarse en medio de ambos.

—Querrá llevárselo de nuevo. —susurró Raylee. Dave solo miró al niño y sonrió —y... ¿Tienes algo más que no dices a tu familia, porque no quieres herirlos?

Como si ella hubiera leído sus suspiros, y sus ojos, hizo una pregunta demasiado precisa. Max estaba sacudiendo al ratón.

—Al-gu-nas... por ejemplo, todo lo que ellos han pasado por esto.

Raylee le dio la razón quitándose al ratón de la cara porque Max se lo lanzó. Dave se rio porque ella hizo un gesto de malestar. Agarró el muñeco, y se lo quedó mirando.

—Recuerdo que ese día, acompañé a mamá al hospital. No sé si lo sabías, pero la señora Hanji lo quería de inmediato. Todo era muy confuso, ni siquiera entendíamos muy bien qué era lo que había sucedido, tu mamá estaba muy diferente. —narró sin ver a Dave— Normal, fueron momentos intensos. ¡Ah! Lo vuelvo a recordar y es muy feo, porque todo era incertidumbre.

Le devolvió el muñeco al niño.

—Lo sabía... me lo dijo Mikasa, que mamá no se desprendía de él. Supongo que tendré que buscar uno similar para Max, porque ya mamá me dijo que aquí se va a quedar. —comentó con gracia.

Raylee se tapó la boca.

—Se podría enojar si intentas regalarlo de nuevo. —secundó.

—No, no, no —agitó la cabeza —no quiero pasar por el enojo de mamá.

En voz baja, Raylee le había dicho que ella también se preocupaba por su aspecto físico, así que podría ser algo normal, aquella sensación de pérdida, después de que hubiera invertido esfuerzo en entrenar. Max se había vuelto a bajar de la cama, corrió por la habitación con el perro detrás de él y se cayó, Raylee solo lo miró, puesto que el niño se levantó de inmediato como si no se hubiera estampado la cara contra el suelo.

—Parece que no se golpeó fuerte.

—No, no parece. Si no, estuviera llorando. —afirmó ella.

Más tarde, Dave preguntó si quería hacer otra cosa, tal vez una película; algo infantil para que el niño se quedara tranquilo y no asustarlo con cortos de terror. Raylee bajó a buscar helado que había en el congelador, un tarro de helado de vainilla con moras. Subió el tarro con unas cucharas y un vaso para Max. Ya eran las cinco de la tarde, se suponía que su padre pasaría recogiéndola cuando saliera del trabajo, que sería en unas tres horas aproximadamente. Al estar en la puerta, solo la empujó, allí dentro todo olía a Dave, era un aroma que durante mucho tiempo había añorado. Parecía que estaban llevando su amistad de la mejor manera, ella estaba feliz; como le había dicho a él, que estaba de acuerdo con que lo más importante era que él siguiera con vida.

Nuevamente, Dave insistió en que se sentara en la cama, a su lado. Ella sostenía el bote de helado, y cada quien agarraba a cucharadas una parte.

—¿Cuántas cicatrices tienes?

Dave se quedó mudo, pero aquella pregunta le resultaba poco usual, en el sentido de que ella parecía interesada en cicatrices. Alzó los hombros, dándole a ella la cuchara para que la deje en la mesita de noche.

—Las de la cara, aquí en la cabeza —se señaló el lado derecho dónde tuvo el golpe más fuerte —por el cabello, obvio que no se nota. Eh... pues, son pequeñas las que tengo en el abdomen. En la pierna sí tengo una cicatriz más grande y... aquí en los dedos.

—Solo si los veo bien de cerca —le alzó la mano para mirarle bien los dedos—. Puedo ver algo extraño y feo en ellos.

Dave movió la mano, como si quisiera agarrarle la cara, pero ella lo imposibilitó.

—Esas son las que se ven. —dijo Dave, movió la mano para tomar el control de la situación. Raylee dejó de luchar y cerró el puño con el suyo—. ¿Quieres comer algo más?

Raylee no quería poner demasiada atención en el puño formado por ambos.

—Estoy llena, ya no creo que coma algo más. El helado me hace sentir llenura.

—¿Un té?

—Mmm, bueno, puede ser.

Terminaron de ver la película con Max en medio de ellos, estaba sentado y bien despierto, riendo. Dave y Raylee se miraron, ella dijo que prefería ver algo de suspenso, él le secundó dando por el momento el privilegio al pequeño. El teléfono sonó. Raylee habló con su padre.

—¿El señor Mike?

Ella dejó el teléfono en la cama.

—Ya está en camino hacia acá, dice que se va a quedar porque va hablar con la señora Hanji.

Más tarde, cuando llegó Mike, ellos se habían dedicado a jugar cartas con música de fondo. El pequeño Max salió hacia el pasillo cuando escuchó a su padre. Así, ellos se quedaron solos, quizás no mucho tiempo, por ello, Dave se apresuró a sacar el sobre que tenía en la mesita de su lado. Era un sobre grande, blanco y pulcro que le extendió a Raylee.

—Te lo debía.

Ella tomó con sorpresa el sobre, lo abrió y sacó las fotografías; allí se vio a sí misma, la Raylee de aquella noche que confesó sus sentimientos, movida por un ambiente cálido que envolvió a ambos. Las fotos que le tomó Dave en la terraza, esas luces… casi podía rememorar el frío y el olor del licor, el rastro del tabaco y la colonia. Miró otra foto, allí estaban los dos, parados cerca a la gigante mesa de los dulces.

—No sabía si querías enmarcarlas, por eso solo las revelé. Pensaba dártelas antes, incluso ya las tenía aquí, pero no pude.

Raylee volvía a mirar las fotografías, repasándolas con la intención de captar algún nuevo detalle. Tenía ella en la boca una tierna sonrisa, una muy evidente que era imposible que fuera invisible a ojos de Dave.

—Y han estado aquí todo este tiempo.

—Ajá.

—Mamá se ganó unos portarretratos por colaborar con una entrevista de mercadeo, creo que era. Se los pediré. Mmm, solo puedo escoger dos fotos para eso. —sentía las mejillas tibias, era un sonrojo demasiado escandaloso —. Cuando las tenga en los portarretratos, te voy a enviar una evidencia.

Dave guardó en su memoria aquella delicadeza con que Raylee acomodaba las fotos para volverlas a guardar en el sobre, esa sonrisa dulce y las mejillas coloradas que no engañaban a nadie.

A los lejos, escuchó el sonido de un vehículo acercándose.

—Es mi papá.

—Ahora se van a quedar más tiempo conversando. —dijo Raylee sin anticipar que se equivocaba.

Mike entró a la habitación para saludar a Dave, le tendió la mano y lo observó de reojo como si le dijera con la mirada que lo tenía al pendiente. Max ahora pasaba pegada a las largas piernas del hombre, y desde su distancia se despidió de Dave con la mano en el aire. En la puerta estaba Hanji, llamando a Mike para, según ella, no irrumpiera a los muchachos y también porque Levi había llegado y seguramente querría saludarle.

Los adultos se marcharon. Mike dejó el aviso a su hija para que bajara en menos de quince minutos.

—No lo tomes enserio, a papá ya se le olvidó lo que sucedió: creo que solo lo hace para molestar. —se acomodó el cuello de su sudadera, luego se sentó en el puff para colocarse los zapatos.

—Eso espero. —murmuró Dave bien bajo, temiendo al recordar los ojos de Mike.

Se terminó de amarrar los cordones de los zapatos y se levantó. Agarró el sobre de las fotografías y su pequeño bolso. Tenía que despedirse de Dave y a la vez, quería preguntar por algo en específico.

—Dave.

—¿Sí?

—No estoy segura si debo preguntar, pero tengo mucha inquietud.

Él carraspeó.

—¿De qué se trata? — se quitó la frazada de encima de las piernas.

Ella se dio varias vueltas en esa circunferencia, pensando y sintiendo el calor arremetiendo en sus mejillas.

—Tu… —tartamudeó. No. En definitiva, no iba a estar bien si no preguntaba —¿tu novia sabe que me tenías de visita?

Casi estaba arrepintiéndose. Tenía el corazón acelerado que sentía la otra necesidad por querer segar la pregunta. Observó a Dave mirándose las manos, el piso, parecía aturdido en medio de ese silencio espantoso.

—Se lo comenté ayer. —dijo enarcando una ceja— ¿Por qué?, ¿te preocupa?

—Digamos… que sí, porque…

—Tú eres mi amiga, y puedes visitarme cuantas veces quieras, a excepción que sea lo contrario y no quieras. —dijo con bastante calma— lo siento, te interrumpí.

—Lo hiciste.

—Lo siento, amiga mía. — se frotó el entrecejo — Escúchame: mi pareja y yo nos tenemos bastante confianza, así que… todo está bien.

Llegados a ese punto, Dave no tenía bien claro si lo que estaba diciendo podría afectarla.

—De acuerdo.

En un impulso, él le pidió que no se fuera aún, que tenía hablarle de algo más preciso. Entonces le dijo que su pareja precisamente no era una mujer, aquello bastó como para Raylee se diera una idea a lo que quería llegar. Después de eso, notó sorpresa y emoción en el rostro de ella, que incluso se aproximó nuevamente hasta él.

—Claro… claro, asumo que por ello jamás vi a una chica desconocida por aquí o en el hospital. —dijo bajando la voz —discúlpame, Dave. Vaya, no sabía que eres gay.

Sin perder demasiado tiempo, ella lo abrazó aguardando delicadeza en su trato, mientras Dave intentaba corresponderle.

—No creo que sea gay, porque aún me gustan las mujeres. —murmuró con el mentón puesto en el hombro de ella. Olía demasiado bien y se sentía cálida. Ella le propinó unas palmadas suaves en la espalda—. ¿Puedes guardar mi pequeño secreto? Aunque no es un secreto, porque papá y mamá ya lo saben.

Un llamado de Mike, hizo que Raylee se despegara de Dave. Quería seguir conversando con él, pero seguro sería mediante el chat. Lo volvió a abrazar y le besó la mejilla. Se despidió y le dijo que le escribiría más tarde.

—Si no te respondo es porque me he dormido, mañana voy a viajar con mis padres.

Ella desde la puerta, asintió, para finalmente marcharse, dejando no solo la puerta abierta, sino un corazón tranquilo, que durante mucho tiempo se aceleró al pensar en ella.

Arribaron durante la media mañana a Cold Spring, deteniéndose en un pequeño café que tenía sillas y mesas en la parte externa. Decidieron tomar una mesa allí afuera; el lugar estaba arreglado con flores en sus respectivas macetas, un piso rústico y unos parasoles. Desayunaron con bastante calma. Después del jugo y las frutas, Dave parecía más despierto y animado, puesto que habían salido temprano de Nueva York —como una regla impuesta por Levi— en ese inopinado viaje para los tres, que sería de apenas un día.

Hanji lucía unas gafas de sol, los labios los llevaba pintados de un color carne y el cabello se lo había dejado suelto, vestía una camiseta básica blanca de tiras finas, con un camisón de cuadros encima que llevaba sujeto al cinturón del pantalón. Se sentía serena, desayunando en compañía de aquellos hombres que eran de gran importancia en su vida.

A lo largo de la mañana visitaron diferentes lugares, las maletas todavía seguían en el auto esperando al desembarque. Mientras Levi conducía, su copiloto, quien era el hijo, iba hablando despacio y en voz baja sobre lo divertido que fue dar de comer a los patos en el lago. Entre tanto, a los padres les resultaba reconfortante saber la alegría de él puesta en pequeñeces; fotografiando a los patos, a las flores y a los árboles, las hojas caídas y cualquier forma de vida, incluyéndose a ellos mismos.

Si iban a salir de viaje, Dave no podía dejar su cámara en casa, no importaba que tuviera movimientos torpes todavía en sus extremidades: era impensable no documentar esos momentos.

A primeras horas de la tarde, buscaron un sitio para comer —las maletas seguían en la maletera— a gusto de Dave, y que Levi se encargó, a su vez, de que sirvieran comida saludable. Después de la comida, por fin se fueron a su villa, que estaba ubicada en las inmediaciones del pueblo, allá en más contacto con la naturaleza. La villa había sido limpiada a profundidad desde días atrás, cuando Levi dio aviso de que iría con su familia. Llegaron. Pidieron a dos personas del servicio que se encargaran de las pocas maletas, mientras ellos se hacían cargo de bajar y acomodar a Dave en su silla de ruedas.

Allí no había perros, pero podía sentir, Dave, un aire a calor de hogar. La casa, si bien mucho más pequeña que la mansión, por ser una villa para vacaciones, estaba construida en base a troncos y madera. Tenía una pequeña explanada antes de la entrada, y numerosas flores en la fachada delantera, que dejaban ver el buen manejo del jardinero al mantenerlas podadas y regadas.

Por dentro estaba bien amueblada y decorada, con tonos cálidos de tierra y cuadros de naturaleza. Una cocina amplia y ordenada, una sala igual espaciosa con sillones cómodos, una chimenea y un televisor. Había un olor a canela, o algo similar, muy dulce que podía encender el buen humor de Levi al hallar todo limpio y ordenado.

Dave dijo que quería dormir un par de horas, estaba bostezando en la cara de ellos, que solo tuvieron que acceder a su pedido: llevarlo a una habitación y ayudarle con el cambio de ropa.

En ese tiempo que estuvieron solos, decidieron tomar alguna bebida caliente en la mesita que estaba fuera de la casa. Conversaron en voz baja, tocándose los dedos, compartiendo las últimas inquietudes que mantenían, y estando atentos al teléfono ya que Dave podría necesitarlos.

Hanji había dejado de usar sus lentes, esos reposaban sobre la mesita. Creía no necesitarlos ahora, estaba en paz solo con la compañía de Levi allí, dejándose, —más bien los dos— refrescarse con el viento aromatizado por las flores. Las galletas de mantequilla se acabaron, el plato quedó vacío en medio de las tazas. Y ellos solo se quedaron a hablar ya casi de nada. Seguían acariciándose las manos con sutiles toques de los dedos, sin mucha necesidad de hablar, escuchando el silencio entorpecido por el rumor de las copas de los árboles, el cantar de algún pájaro y el sonido de algún insecto.

—Deberíamos venir más seguido. —mantenía ella sus ojos cerrados.

Levi inspiró.

—Por lo menos más de dos fines de semana por mes.

Parecía que todo estuviera dicho, muy bien consabido y consensuado. Sabían a cabalidad lo que harían y dirían más tarde, cuando Dave estuviera dispuesto a escucharlos.

—Unas veces solos...

—Estaría bien...

Algunas horas más tarde, después de que Dave despertara y terminara de realizar sus ejercicios de estiramiento, fue abordado por Levi teniendo que aplazar la petición de él por salir a pasear a pie por los alrededores. El padre prometió que lo harían cuando primero terminaran un asunto que tenían pendiente, entonces Dave lo comprendió: había llegado el momento para el cual se preparó cada noche, inventando una conversación en su mente con sus padres, sabiendo que en cualquier instante podría ocurrir.

Fue así que Levi lo llevó hasta su habitación, allí ya se encontraba Hanji. La estancia estaba preparada con dos amplios sillones y una mesita de vidrio en el medio, una vela aromática encendida y algunas fotografías que Dave reconoció y eran de esa misma mañana.

Hanji tomó asiento, unos segundos después Levi la imitó, mientras Dave prefirió seguir en su silla de ruedas. Hubo un instante de puro silencio. El menor intuía que sucedería allí, de repente lo invadieron los temores y los nervios. Su padre debió notarlo, puesto que se apresuró a hablar:

—Antes de empezar con nuestra conversación, vas a tener en cuenta que a partir de este momento nosotros tenemos la palabra. Es preferible que escuches todo lo que tenemos que decir antes de que quieras argumentar algo. —dijo Levi con voz calma—. Tendrás también tu espacio para que puedas decir lo que piensas.

—Decidimos hacerlo de esta manera, para que sea más ordenado. —agregó Hanji.

Dave corrió la vista de uno al otro, tratando de apaciguar su acelerado corazón.

Levi puso sus manos en sus rodillas, inclinándose un poco hacia adelante comenzó a explayarse:

—Supongo que entiendes a qué tema queremos llegar. Creemos que hemos esperado el tiempo necesario para hacer esto, que tú pudieras salir del hospital y recuperar el habla y algo de movilidad. Primero, Dave, no vamos a negar lo que sabes sucedió como un detonante de nuestro divorcio años atrás. Y tú… tú no tenías que saberlo, pero lo hecho ya está.

» Tampoco vamos a ahondar en ese tema porque no es necesario, no tienes que saber más de lo que ya sabes. ¿Comprendes nuestra postura? —esperó por obtener una respuesta—, es exactamente lo que necesitábamos para seguir, que comprendieras tu nivel de alcance en este asunto.

» Además de lo que ya sabes, quizás el tema más difícil aquí es esa cercanía con ese sujeto. En ese tema… Hanji nunca estuvo de acuerdo conmigo para prohibirte que mantengas contacto; solo porque consideraba tu autonomía. Ahora, no te voy a increpar sobre ello, aunque en momentos era molesto, entendí que tampoco era mi criterio. Como sea, sigue siendo una decisión tuya.

» Preferiría no decir más, pero estoy seguro que no estarás tranquilo. Sí, yo lo supe. Me enteré. Y de eso tampoco vamos a hablar; pero es necesario mencionarlo para recalcar, que es una situación superada; un tema que quisimos dejar en el olvido, y si no es por ti, seguiría muerto. Espero haber sido bastante claro en cuanto a mi postura en este asunto, que, de todas formas, no es tan simple solo por cómo lo digo.

El hijo escuchó con atención cada palabra, remorando rostros y escenarios.

—Gracias, Levi, por decir todo esto. Incluso para mí todavía resulta doloroso. Y nada es más cierto que para mí es difícil de manejar el tema, porque de cierta forma te has visto inmiscuido… y esta persona que solía ser cercana a ti; terminó por tomar un rumbo pesado. Y… nuestra paz ha sido posible por varios intentos fallidos, discusiones, distancias y trabajo personal.

—Dave... creo que es un poco tarde para esto, si bien Levi ya dijo que no te va a incitar a nada... yo por lo menos, quiero pedirte que dejes de comunicarte con él.

Dave alzó los ojos, se rumió los dedos con los dientes unos segundos antes de buscar distraerse con cualquier cosa en esa habitación: como con las fotografías que estaban dispuestas en la mesa de forma desordenada, la mañana había sido tranquila y maravillosa, casi podía rememorarlo en cada foto que podía alcanzar a ver.

Tomó aire por la boca y dijo sin mirar a nadie:

—No pensaba volver a hablarle, tampoco ha intentado algo y espero que no lo haga. —su voz, a pesar de ser calma, guardaba una pizca de pesadez— todavía me molesta la forma en la que estaba molestando a ti, mamá.

Levi y Hanji se miraron.

—Dave

—Sí papá, ya sé. No quieres que me altere... solo que... de verdad todavía... —comenzaba a balbucear, sus ojos y su nariz se tornaron más rojos— todavía me siento confundido con todo esto. Mi profesor era una persona a quién yo admiraba y tenía la confianza para contarle ciertas cosas.

Levi detuvo a Hanji de moverse del sillón. «Déjalo que termine» le susurró.

—Y aun cuando sucedió... lo del divorcio y todo eso en casa, yo se lo conté a él. —seguía sin mirar a nadie — Me dio mucho apoyo que ahora creo fue falso, porque ha de ver estado feliz con esa noticia. O no sé, no sé qué pensar de él. Solo sé que estoy confundido, y no quiero volver a verlo nunca más.

Se quedó recostado casi de lado en la silla, como si quisiera acurrucarse allí.

Por su parte, Hanji asimiló esas palabras con rapidez, hasta le parecía que escuchaba hablar a Levi; de forma tajante y filosa. Esa forma de ver el comportamiento de su hijo, quizás la hizo temblar, su pareja tuvo que haberlo notado porque la tomó de la mano, le propició caricias que ella agradeció. Ya sabía que resolución tenía Dave con Smith, ahora quería saber qué pasaba con ella. No quería tener más incertidumbres, necesitaba escuchar todo lo que su hijo tenía que decir, así fueran piedras. Pero él era tan considerado, su Dave, que prefería no hacer referencia a su persona como otra involucrada directa en el asunto. Tomó la decisión de levantarse del sillón, solo le pidió a Levi que la dejara. Rodeó la mesita de centro y se acomodó cerca a la silla de Dave, él pareció mirarla. Hanji se puso de cuclillas para poder hablar mejor, sin que él la evadiera.

Tragó saliva antes de hablar.

—¿Y de mí? ¿Qué tienes qué decir de mí?

Él desvió la mirada a un punto incierto, tenía una expresión de constricción en el rostro. No quería pensar en cómo responder a la pregunta tan incómoda que ella hizo. Verle los ojos tan preocupados y la cara afligida le hacían detenerse de cualquier cosa que tuviera para decir.

—¿Por qué... me haces esa pregunta? —dijo apretando la boca.

—Porque no es sorpresa que algo estarás pensando de mí por mi comportamiento idiota. No soy ciega, uso lentes, pero veo muy bien sobre ti. Cariño, durante este tiempo hemos priorizado tu recuperación... es verdad. Pero también está la parte en que necesitamos resolver este asunto. Has sido muy considerado conmigo, porque... una vez ya vi tu comportamiento con Levi, ah y... tuve miedo por mucho tiempo.

» Lo siento, por ese lado no ha sido lo mejor que he hecho en mi vida y desearía no haber... supongo que me entiendes. Como te decía, creo que has sido considerado... pero ya no más Dave, no más: dime todo lo que crees de mí, lo que sientes. No puedo estar en este limbo, sin saberlo. No quiero que te lo guardes, ahora soy yo la responsable y estoy aquí para tomar responsabilidad.

Levi pensaba detenerla. Dave tomó a Hanji de la mejilla; los ojos de su hijo se volvieron más rojos, aunque trataba de disimular.

—Mamá... ¿Cómo te digo? Pues, sí... sí pienso cosas sobre ti. Ahora creo que debí hacerte caso, pero fue mi culpa, ese día, cuando insistí a él que me dijera la verdad —parecía cansarse —Eso fue muy extraño, ¿no?, ¿Cómo podría imaginar eso... que él y tú? —se calló abruptamente, elevó tanto los iris que sus ojos quedaron en blanco unos segundos. Se rascó la cabeza con fuerza y prefirió no mirar más a su madre—. Cómo sea, lo que fue después... las peleas mías con papá porque te hizo daño esa noche. Sí, eso es otro tema, pero ahora está relacionado.

—Desde luego.

—Y... mis peleas con papá fueron por algo similar, cuando yo lo acusé de algo. Mira mamá, creo que... en parte de todo esto, no comprendo por qué no me dijiste algo como: "No Dave, eso no fue" cuando dije que papá tendría alguna amante. —volvió a rascarse la cabeza— pudiste haberlo hecho, es decir, lo hiciste, pero fue más tarde cuando hice otro lío con Nifa. Agh, ¿Puedes sentarte, mamá?

—No, aquí estoy bien.

—Te van a doler las piernas.

—No importa.

—Mamá— suspiró, sabía qué pretendía ella— ahora yo no tengo algo qué decir muy específico. Solo que... eso, eso... ¿me entiendes?. ¿Por qué lo permitiste?, ¿por qué dejaste que sea un mal hijo? —agitó la cabeza, reconsiderando lo que estaban diciendo— lo siento, lo siento mucho, mamá. De todas maneras... no es como si... yo no supiera lo que hacía.

—Oye— intervino Levi.

—Muchas veces preferí a mi profesor, incluso era mucho más agradable para mí conversar con él... Y lo más seguro, fuera que papá lo sabía y callaba.

—Lo siento —dijo Hanji— si yo te hubiera prohibido que tengas contacto con tu profesor. ¿Qué hubieras pensado? Creo que... fueron pequeños temores como ese que me detuvieron a hacerlo. Y al final, fue peor.

Dave se tapó los ojos con las manos, sus labios temblaban.

—Creo que deberíamos terminar. —dijo Levi.

—No —acotó Dave— después no podré hacerlo de nuevo. Mamá, solo levántate, por favor. —pidió, restregándose los ojos con los puños.

Ella se echó hacia atrás, resignada a ceder. Entonces se levantó, se sentó en el sillón cercano a Dave, para de esa manera quedarse cerca de él.

—¿Así está bien?

—Sí... solo quiero que estés bien.

—Cariño.

—Mamá.

—¿Sí?

Madre e hijo se sostuvieron la mirada.

—Es difícil no pensar... en lo que hiciste, es decir, aunque quiera no imaginarlo es peor —aun cuando lo decía, se imaginaba a Smith con su madre. Volvió a poner los ojos en blanco y se rascó la cabeza—: yo... yo no quiero hacer un juicio para ti. Creo que me duele y me molesta porque eso dañó a papá, obviamente, es como si papá te lo hubiera hecho a ti. ¿Me entiendes? Y aunque me duela, no quiero hacer tu vida más tormentosa. ¿Puedes dejarme solo con mis pensamientos? Yo puedo arreglar eso.

» Y pues... lo que en realidad me molesta de mí mismo es cómo rechacé a papá —se quedó mirando sus manos, no tenía las agallas suficientes para alzar la cabeza— creo que pudiste haberme regañado por eso, para corregirme, ¿no lo crees?. No sé si te hubiera obedecido, no sé... no sé... parece que no soy un muy buen hijo como tú dices.

» Y a pesar de cómo fui con papá, no dejó de ayudarme con ciertas situaciones. Ni ahora mismo... ¿Qué tan fuerte puede ser amar a un hijo, como para evadir que ese hijo ha sido... digamos rebelde? —hizo una pausa, ya comenzaba a sentirse agitado — ese amor... incondicional. ¿Sabes, mamá? No tienes que preocuparte por lo que yo piense de ti, ya te dije que no quiero agobiarte más. Sé que ha sido muy difícil para ti toda esta situación aún más por mi accidente.

Hanji se pasó la mano por la cara.

—Gracias, cariño.

Levi permanecía atento.

—No, mamá, creo que es lo mínimo que debo… para hacer las cosas bien. —sentía la nariz congestionada. Cerró momentáneamente los ojos—Perdón papá, mamá... no debí insistir, en involucrarme... perdón por hacerles esto, por... todo lo que tuvieron que pasar por mi culpa y...

Por alguna razón que desconocía creyó que iba a recibir una bofetada en la cara cuando sintió que Levi se levantó del sillón.

—Levi

Levi no lo dejó seguir hablando, lo agarró de la cabeza y lo hizo pegarse a su pecho, en un instante de debilidad en que Dave se dejó abordar, no se opuso a su contacto y que más bien, se aferró a su cuerpo con los brazos. Levi se inclinó hacia Dave, el muchacho lloraba contra su pecho, lamentándose algunas veces más, pidiendo perdón como si no hubiera sido ya suficiente. Levi prefirió no responder nada, se dedicó solo a sostenerlo mientras no cesaba de llorar. A Hanji se le cristalizaron los ojos, estaba muda y quieta allí sin saber muy bien si debía interceder. Aún sentía la entera culpa, como si Dave la hubiera incriminado a totalidad. Sin embargo, entendía que de nuevo era la paranoia suya, que Dave, más bien, había llegado a la resolución más adecuada para ella y él.

Y que, en ese instante, todo era reproche hacia él mismo como hijo.

—Es-está bien si-si me... castigan. —dijo sollozando.

—No. Ya es suficiente para ti también, hijo. —acordó Levi, acariciándole la cabeza sin detenerse.

Ocurrió que Hanji se precipitó también a ser parte de ellos, invitada por la mirada de Levi, ella estiró sus brazos y se unió a ellos. Dave giró la cabeza hacia ella. Ya había cesado su llanto más fuerte, ahora solo tenía los rastros de lo que fue, esos hipidos y quejidos aún con la cabeza pegada al pecho de Levi.

Cuando se hubo calmado más, Hanji se separó un poco. Levi tomó la cara de Dave entre sus manos y lo hizo alzar la barbilla, tenía la frente, la nariz y los labios rojos. Movió sus pulgares encima de esas mejillas húmedas, ese rostro que expresaba todo arrepentimiento genuino.

—¿M-me perdonas?

—Sí.

Creía que no tenía necesidad alguna de poner en palabras un perdón, para él no era necesario; sin embargo, volvía a repetirse el escenario en que el otro pedía por sus culpas. En este caso, al parecer, para su hijo era muy necesario obtener redención de esa forma, ya lo había comprendido, y solo por su bienestar y dejarlo avanzar: aceptó lo que pedía sin hacer mayores esfuerzos.

—Pa-papito —murmuró, recibiendo un beso en la frente.

Levi comenzó a peinarle los cabellos hacia atrás y a secarle el rostro de las lágrimas, el sudor y los mocos con unos paños húmedos que Hanji le facilitó. «Podría hacerlo yo mismo», pensó Dave, dejándose limpiar la cara y el cuello, convencido de que la sensación era gratificante.

—Tienes que dejar de ser tan llorón. —dijo Levi, tratando de buscar un escape a ese silencio.

—Sí quiero, pero es difícil —tenía la voz más suave y tranquila—. Mamita… perdón por causarte sufrimiento en estos meses. No había querido decir nada… tu cuerpo se ve muy diferente, ya sabes, has bajado de peso y creo que se puede explicar.

Hanji se volvió a sentar en el sillón, al lado de su hijo.

—Oh… Dave, estoy comiendo bien, no deberías preocuparte.

—Lo que dices es cierto, debes saber que también estoy al pendiente de su alimentación — Se sentó en el mismo sillón que Hanji— ahora está comiendo mejor, es cuestión de esperar.

Dave inclinó la cabeza.

—Perdón mamá… entonces, seguiremos comiendo juntos, quiero ver que lo hagas. —comentó con la voz avivada.

—No, mi dino Dave: perdóname tú a mí.

—No, mami —imitó el tono altivo de Hanji— si es a lo que creo que te refieres… papá dijo algo así como que prefirieron olvidar y… eh… no quiero seguir hablando de eso; si papá dijo eso es porque al parecer ya lo habían solucionado y si es así, no creo que mi palabra haga falta. —giró la cabeza hacia Levi— ¿verdad?

Levi, dueño de sí mismo, con una increíble calma respondió que era como él decía: todo ya había sido solucionado de forma encubierta por los dos. Aunque, como también muy dueño de sus palabras, no iba a hablar de nada más respecto a la crisis de meses anteriores. Así como estaban, era lo correcto, sin decir más de lo que necesitara el hijo saber.

Al cabo de unos minutos, Dave prefirió sentarse en el sillón, en medio de sus padres porque era más cómodo, decía. Lo que quería era sentirse protegido y amado en medio de ambos, en ese abrazo que propició la cercanía y las emociones, en los besos tiernos que le dieron, contándose alguna anécdota que fuera buena. En ese espacio Dave sacó a relucir cuando Levi se arriesgó a ir tras Hanji, en medio de la tormenta Sandy: esta vez hizo énfasis en agradecer a su padre con voz alta.

Poco a poco, Dave comenzó a arrimarse hacia su madre, a que lo resguarde en su regazo y en sus brazos.

—Hoy has hablado más que cualquier día —comentó Hanji, moviéndole los cabellos de la frente.

Levi se frotó la barbilla.

—¿No quieres hablarnos de Ryan? —prosiguió Hanji.

Dave negó con la cabeza, hundiéndose más en su madre.

—Estoy cansado de hablar. —se excusó tratando de ocultar la risa nerviosa y el terrible sonrojo.

—¿Seguro? —intervino Levi.

—Ajam…

—Bueno, puede ser después. Quisiéramos saber un poco de la historia por tu propia cuenta— comentó Hanji.

Dave se ruborizó de inmediato.

—Lo sabrán —se rascó la nariz.

Levi y Hanji habían estado intercambiando mensajes ocultos en sus miradas, eso a que ambos querían anunciar si acaso todo salía como esperaban: dándose la situación como lo planificaron, llegaba el momento de subir el peldaño. Y como si fuera la buena suerte de ambos, su hijo hizo un comentario que los podría conducir por el sendero que necesitaban.

—Aunque no me crean, lo que dijiste tú, papá, me da tranquilidad. Es decir, si ya antes había notado que ustedes se llevaban bien, que incluso se los dije en Brasil, ¿recuerdan?, puedo estar con ustedes dos y estamos bien. —se dejaba acariciar el rostro por su madre —hoy ha sido un buen día.

Hanji tenía en su mirar, la necesidad de decir lo que ambos tenían en mente.

—Esto de llevarnos bien, o de convivir ha sido un proceso de años… asimilación y trabajo arduo. Entre otras cosas, tu madre y yo hemos retomado algunos matices.

Dave giró la cabeza hacia él.

—Me siento preparada para esto —comentó Hanji irguiéndose de nuevo en el sillón con Dave—. Hay algo importante que nos gustaría compartir contigo, cariño.

El suspiro de Levi hizo que Dave reparara completamente su atención en él.

—No fue una decisión apresurada, requirió tiempo para procesar la idea, y también algunos inconvenientes que manteníamos. Aun así, en esta decisión, los dos lo hicimos tomando responsabilidad.

—¿De qué se trata?

Hubo unos segundos de silencio, los necesarios en que Hanji prefirió abandonar su sitio junto a Dave para acomodarse detrás de Levi, para abrazarlo por los hombros y besarlo en la mejilla.

—Ahora somos felices juntos de nuevo —dijo Hanji, manteniendo sus labios estirados en una sonrisa— además de padres, somos pareja; retomamos nuestra relación pocos meses antes del accidente, y… esa noche, ¿recuerdas la cena?, esa noche lo íbamos a anunciar a todos.

El muchacho se quedó impávido ante ellos, los observó besarse una vez en la boca, para luego Hanji volver a retomar el lugar al lado suyo. Aún no había respuesta por su parte, seguía tieso allí como cuando recién despertó del coma, o por lo menos esa sensación tenía.

—¿Qué pasa?, ¿no te alegra la noticia?

Espabiló, regresando a examinar a su padre y luego a su madre.

—Mamá no es eso, es… ah, pues… no lo esperaba. —admitió sonrojado.

Hanji rio.

—Nosotros tampoco, y sucedió después, como dice tu papá, de mucho trabajo, comprensión y diálogo entre ambos. —dijo con voz calma, mirando a Levi —¿No vas a felicitarnos?

En ese momento, Dave pareció tomar control de la situación, agitó sus brazos en el aire.

—Pues… si es lo que quieren —dijo manteniendo la miraba baja, esta vez sus ojos lagrimeaban ya no por tristeza sino por la alegría que nació en él — antes, antes… había notado que se llevaban bien y eso era suficiente para mí. Pero si ahora están de nuevo juntos… se siente extraño ¡quiero decir! Sí es extraño, porque después de todo lo que sucedió… da igual, espero que sean felices —dijo con la voz ya quebrada, arrimándose ahora a Levi.

Hanji no pudo evitar los deseos por abalanzarse hacia ellos. Lo hizo. Los abrazó con fuerza que Levi tuvo que decirle que aflojara su agarre, que tuviera cuidado con Dave respecto a los movimientos bruscos. El muchacho no paraba de reír y sollozar, como si siguiera nervioso.

—Gretchen y Mikasa ya lo sabían, solo faltabas tú.

—¿En serio? No entiendo como no me di cuenta. —soltó otra carcajada.

—Eso ya no importa— intervino Levi.

Minutos más tarde, siguieron conversando entre los tres acerca de cómo tomaron Mikasa y Gretchen la noticia y de quienes más lo sabían: al parecer, Marco, Eren y las chicas del servicio. Dave les hizo preguntas también; porque quería saber por qué exactamente estaban de nuevo juntos como pareja, descubriendo que había amor en ambos.

Por otro lado, Dave prefería reservarse para sí mismo algunas cuestiones como: "¿De qué manera sobrevivió amor con todo lo que sucedió?" Quizás era algo joven para comprenderlo en su totalidad.

Ya casi eran las cinco de la tarde, y el sol empezaba a bajar su intensidad. Dave preguntó si podían asistir a la misa, a lo cual los padres accedieron casi de inmediato. Los planes serían; después de la misa ir a caminar como antes quiso el muchacho, ya verían luego por dónde, cerca al río sería mejor.

Cuando estuvieron en la misa, Dave muchas veces miró de refilón a sus padres, sentado en medio de ambos, podía sentir el calor corporal que emanaban y el sentimiento más regocijante lo envolvió. Miró al frente, el cura estaba dando su sermón después de leer el Santo Evangelio. «Gracias por mi vida y mi familia». Pensó, mirando al Cristo crucificado, tanto era su agradecimiento que hasta podía sentir el dolor reflejado, de una escultura, donde se enmarcaba el sacrificio del hijo de Dios por la humanidad. En ese momento, comenzó a pensar que su vida tendría que algún significado, algún propósito que poco a poco iba descubriendo; tenía que hacer más por el prójimo, esa sería la única forma de agradecer por el milagro que cree sucedió con él, y gracias a la intervención de los médicos.

Se sintió en paz con él mismo y con sus padres cuando salieron de la iglesia, incluso se los dijo.

A partir de salir de la iglesia, se dedicaron a caminar por las calles menos transitadas del pueblo. Comieron helado y unas galletas de Levain, gigantes galletas con chips de chocolate que Dave adoraba comer: esa sonrisa tierna y tranquila que tenía mordiendo la galleta, provocaba en Levi el deseo por perpetuar su paternidad, por cuidarlo, consentirlo y amarlo.

Aún faltaba para la puesta de sol, por lo cual decidieron buscar el camino para llegar a las orillas del río Hudson. Hanji decidió que quería empujar la silla de Dave, para que Levi tuviera un descanso.

—Hemos estado pensando con tu papá, que queremos hacer una fiesta, algo pequeño, no tan rimbombante, para conmemorar tu recuperación y tus dieciocho años. ¿Qué dices?

Dave todavía no se tragaba la galleta que estaba masticando.

— ¿Por mí? —tragó — si es algo sencillo, creo que es mejor. —volvió su mirada al frente, ya casi llegaban a la calle del río.

—Pensamos que te agradaría —prosiguió Hanji sonriendo — ¿Quieres hacerlo de una temática en específico? —ella quería insinuarle usar dinosaurios —¿Ah, Dave?

—¿Les parece si es algo como… un picnic? —inquirió, montando una expresión de confusión.

Levi hizo un murmullo de garganta.

—¿Lo quieres así?

El muchacho agitó la cabeza, sus mejillas se volvieron coloradas y su expresión facial se relajó.

—Puedes ir pensando en tus invitados y lo que vas a querer para la comida —dijo Levi —será para dentro de dos semanas, así que tienes tiempo de pensar eso y para que me des la lista de invitados, para enviar las invitaciones: tienes hasta mañana para hacerlo, pero puedes hacerlo cuando lleguemos de nuevo a casa, no tienes que apresurarte esta noche.

Dave reiteró que lo haría. Cada vez se sentía más feliz que volvían sus ojos a humedecerse y que trataba de ocultarlo a sus padres ya que no lo veían mientras estaban caminando. Ellos iban conversando sobre los posibles invitados, en dónde harían la fiesta picnic y más o menos el tipo de comida ofrecerían. Levi decía que dos semanas era suficiente tiempo para adecuar todo, mientras debía cumplir con una agenda dentro del país por reuniones, lo que Dave entendía que no estaría en casa.

—Dame un beso, Levi. —Pidió Hanji sin descaro alguno.

Dave abrió bastante los ojos ante la abrupta petición que ella hacía. Prefería no mirarlos, aunque lo hiciera feliz que ellos se amaran. Puso los ojos en blanco cuando los escuchó besarse, más al instante estaba tapándose la cara ocultando su risita, sus dedos olían a la vainilla de la galleta que antes comió.

Vieron la puesta del sol, siguieron tomando fotografías de la naturaleza porque Dave quería. Fue el hijo quien los retrató con su cámara, abrazados y serenos que era casi impensable que allí hubiera existido una infidelidad.

Dave sonrió bastante, bajando un poco la cámara, creía que el sol era maravilloso, los colores y el olor de la vida podían ser muy bien puestos como alicientes de su propia existencia, sumado a la felicidad de experimentar la propia felicidad, que sus padres tenían por sobre su restaurada relación.

Vieron juntos el anochecer, se abrigaron y partieron a seguir caminando por el pueblo, hasta regresar a la villa para descansar juntos, en esa primera noche donde se quitó el telón, la máscara de todo lo que no se habían dicho, y ahora podían respirar y amar sin tensión.

Cuando regresaron de Cold Spring casi era el mediodía del domingo. Previamente Levi se había comunicado con Mikasa y Gretchen para que estén en la casa para recibirlos, dejando el aviso instaurado de que tenían que conversar un par de situaciones que incumbían a los cinco como familia.

Por su parte, Gretchen había maquinado un plan: citar en casa a Mikasa, horas antes de la indicada por Levi. Y aunque se estuviera equivocando prefería continuar con su decisión. Le pidió a Marco que cuando llegara Mikasa la dejara a solas, y así lo hizo el hombre: Mikasa y Eren llegaron con un pie de limón que se guardó en la nevera y Marco le indicó a Mikasa que su novia la esperaba en su habitación.

Mikasa acató la indicación, sin temor se encaminó a la habitación de Gretchen. Llamó a la puerta, se percató que no estaba cerrada con seguro por lo tanto asomó medio cuerpo. Había mucho silencio allí, con Gretchen sentada en su sillón, revisando documentos. La llamó suavemente para no espantarla, ella le pidió que cerrara la puerta y se acercara.

Aun sin darle demasiado tiempo para buscar un sitio en donde sentarse, Gretchen habló:

—Todo lo que dijiste ese día sobre mi madre, me hirió, Mikasa. Solo de pensarlo me hace preguntarme: ¿te hizo algo mi madre?, y a la vez es… es inútil pensar en lo que no fue, porque también duele. —dejó de lado los documentos para ponerse de pie. Mikasa se había quedado silenciada, con una expresión de impavidez—. Perdón por golpearte ese día, fue… fue un impulso que no supe contener.

Ella resopló aire.

—Me lo merecía. —su voz denotaba una mezcla entre aflicción y pena.

—No. Quizás, quizás… sí y todo pudo haber sido diferente: no te lo voy a negar, pero eso también es responsabilidad de mis padres; padre porque… quiero pensar que no tuvo más opción, y mi madre por callar su embarazo. —luchó por no llorar — tú eras una niña y ellos dos adultos. Y aun cuando todo sucedió de esta manera, no tienes responsabilidad de lo que le ocurrió.

Una frente a la otra, se sostenían la mirada adolorida por las razones que guardaban en su ser.

—Llevo… desde que existes para mí, pensando en esto, en mi memoria de antaño colmado de una malcriadez. —apenas pudo decir con la voz que le temblaba— es… es demasiado para soportarlo.

Gretchen se movió por la habitación con pasos lentos.

—Me imagino.

—No puedes saber cuánto…

—Puede que no, pero haré una estimación y he llegado a la resolución de que no tienes que seguir cargando con eso. En todo caso… si es por la muerte de mi madre, hay una cúpula de personas a quienes no puedo señalar y, que al igual que los familiares de otros miles: solo debo resignarme, como ya lo había hecho. —sentía que su rostro temblaba — y si es porque no crecí con mi padre y mi hermano: también ya lo resolví.

Mikasa agachó la cabeza, no tenía un libreto en mente para después. Pero por lo menos, en esos minutos intensos y con pocas palabras, dejó expuesto uno de sus peores malestares frente a ella: de aparente voz temple y nervios rígidos y que en medio de su andar flojo, fue a recaer justo a su regazo.

—¡No quiero llevar una eterna relación de este tipo! Fría y estúpida. ¡Ya no puedo cambiar nada de lo que pasó! —lloriqueó — ¡solo puedo hacer esto! ¿Lo comprendes, Mikasa?

—¡No tienes que forzarte!

—No lo voy a hacer… no voy a forzar nada, solo no quiero que todo esté tieso, aunque comprendo que es muy seguro que no podré volver a retomar una amistad.

Gretchen había llegado a la resolución de perdonar a Mikasa por una razón que ya había palpado: "Eres mi familia, inevitablemente te voy a seguir viendo por muchos años". Y entonces convino en que era lo mejor que podía hacer. Después de un minuto en silencio, calmando las emociones, fue Mikasa quien se animó a hablar.

—Voy a hacer todo cuanto sea posible cuando necesites de mí.

Gretchen aceptó lo que decía.

—Mikasa, no quisiera que volvamos a tratar de esto en un futuro. Ya te dije lo que pienso y siento… es mi verdad. Durante estos meses hemos seguido hablando, viéndonos a la cara: pienso que es lo que debía hacer para seguir.

En un santiamén Gretchen agarró a Mikasa por los brazos, tuvo el impulso de sacudirla —sin pretender que fuera un acto de maldad— para hacerla moverse o, quizás era su propio nerviosismo haciéndola actuar de forma tosca.

—No sé cómo responder. —titubeó.

Gretchen le dio un abrazo rápido, se separó y volvió sobre sus pasos hacia el sillón mullido.

—No hay necesidad, quien sabe, así puede ser mejor. —dijo Gretchen buscando un pañuelo para sonarse la nariz.

Ambas aguardaron unos instantes antes de romper la conexión visual, y una difícil sonrisa que asomó en ambas, propició un retiro sereno que contrastaba con el tono rápido e intenso de la conversación mantenida. Cuando se vio nuevamente sola en su habitación, dejó escapar el aliento y se dejó caer en el sillón sin importar los documentos: sentía un gran alivio, y la paz que tanto precisaba como una necesidad que debía conseguir.

Su relación con Mikasa muy seguramente no volvería a ser la misma, porque después de todo: ¿Cómo podría esperar que fuera la misma con tantos cambios? Suspiró. Se quedó tendida allí hasta cuando volvió a escuchar la puerta, alguien tocaba.

—Adelante.

Marco entró con cautela, examinándola con calma. Ella rio y le pidió que se acercara, quería sentirlo junto a su cuerpo, brindándole amor y algo de calor.

—¿Todo bien?

Ella inspiró. Movió los ojos de un lado a otro, mientras hacía sus piernas hacia un lado para que él se pudiera sentar.

—Eso parece, — permitió que Marco le acomodara el vestido para que sus piernas no lucieran desnudas—. Ya no siento como si estuviera en estado de alerta por ella. ¿Puedes creerlo?

—Puedo —dijo casi tendiéndose sobre ella— hasta tu sonrisa parece más liviana.

Gretchen enredó los brazos en el cuello de Marco, quería forzarlo a acercarse más, hasta cuando su nariz se tocará con la suya. Casi respiraba su mismo aire, tibio y ese olor a colonia que se desprendía de su cuerpo. Le acarició los cabellos cortos una y otra vez hasta casi despeinarlo.

—¿Te parece si esta noche dormimos aquí? — extrañaba su habitación.

—Si deseas… por mí está bien.

No duró demasiado la privacidad, pronto supieron que llegaron quienes esperaban y tuvieron que dejar el aposento y lo demás para la noche. Bajaron. Se precipitaron a salir para encontrar a Eren ayudando con las maletas. Mikasa no estaba por ahí, a saber. Gretchen pasó a empujar la silla de ruedas hasta la casa, Dave le iba contando que tenía muchas fotografías que enseñarle y unos dulces que compró para casi todos.

Pasado el recibimiento, los saludos y repartir dulces, Levi pidió a Eren y Marco que fueran a hacer cualquier cosa porque necesitaba espacio con Hanji y sus hijos. La misma petición acataron Margarita y Denisse, yéndose a la cocina a comer los dulces y pasar a una conversación cotidiana.

La familia se encerró en la sala donde solían recibir visitas —y que Levi dejó de usar después de su enfrentamiento allí con Erwin— buscando un espacio de privacidad. Gretchen buscó tomarle la mano a Mikasa, acto que fue notado por los demás, sabiendo que en la relación de ambas estaba superpuesto una situación delicada.

Sin sentarse, Gretchen quiso adelantarse a hablar, no quería añadir circunloquios, y, al parecer, Mikasa parecía igual de dispuesta que ella.

—Usé el tiempo necesario para tomar una decisión y estoy tranquila con eso. Hace poco… no ha pasado mucho desde que Mikasa y yo conversamos y llegamos a un acuerdo: no va a necesario que tomes la palabra, padre. No por lo menos en este tema. —miró a todos inclinando la cabeza— Estén tranquilos.

Levi reparó en ellas dos, que luego se abrazaron frente a ellos. Hanji y Dave sonrieron sin atreverse a decir nada que pudiera perturbar el momento.

—Me ahorraron mucha plática. —dijo Levi dejándose caer en el sillón. —tal vez algo tendré que hablar con Mikasa y Gretchen, pero eso lo quiero hacer en privado con cada una. No te tienen que alterarse, les estoy avisando.

—Como quieras. — regresó el torno burlón de Gretchen. Casi se lanzó sobre el mueble, para retomar a sentarse adecuadamente ante los ojos de Levi.

Pasaron unos minutos más de conversación, porque Dave volvía a hablar de lo bonito que el resultó el viaje —quizás porque estaba más emocional— dejando la opción de realizar uno nuevamente, pero con sus hermanas a la villa.

—Si me baso en forma general, creo que no tendría mayores temas a tratar, aunque ya para nadie de aquí es una duda sobre nuestra relación —hizo énfasis en él y Hanji —porque Dave ya lo sabe. Y solo me interesaba que fueran ustedes los que tuvieran conocimiento.

Los tres se quedaron callados, con cara de que querían reír, a saber, por qué exactamente, quizás era la cara de Levi que les resultaba cómica bajo esas circunstancias.

—¿De qué se quieren reír? —inquirió Hanji.

Aquello fue el detonante de una risa colectiva que al final no explicaron a qué se debía. Levi gruñó y ni así dejaron de reírse frente a ellos.

—¿Es… felicidad? —se atrevió Dave a añadir, secundado por sus hermanas.

—Definitivamente lo es. —intervino Gretchen arreglándose el vestido.

—¿Hay algo malo en ello? —terció Mikasa alzándose de hombros.

Con meticulosos argumentos cómo podría Levi negar lo evidente, pensó Hanji aferrándose a él por los hombros para besarlo en la mejilla rasposa. Escucharon una ovación ante ese gesto de cariño, que luego el hombre se sonrojó y prefirió levantarse diciendo que esperaba a Mikasa en su estudio. Todos sabían a qué la llamaba, sin embargo, no había ningún temor en ello.

Mientras Levi se encontraba con Mikasa, los demás pasaron a otras actividades incluyendo ahora a Eren y Marco. Margarita y Denisse no querían sentarse con ellos a mirar la película porque decían que podrían ser reprendidas por el jefe. Ante esa aseveración, Dave les pidió que lo hicieran, que se quedaran con ellos, como hacían cuando el cabecilla no estaba en casa. Si llegaba la situación inesperada de que ocurriese lo que ellas temían: él se haría responsable, pero las quería ahí con ellos, que se integraran por lo menos en esa actividad.

Pronto Gretchen con Margarita prepararon las palomitas de maíz y algunos sándwiches para empezar la película sin Mikasa. Eren, naturalmente había preguntado por esa ausencia, y estaba muy al pendiente de cuando su esposa saliera. En un momento Hanji se le acercó y le explicó la naturaleza de esa conversación, aunque casi nada se tranquilizó el hombre, ya que conocía de primera mano el asunto. Aun así, Hanji trató de hacerlo calmar hasta cuando Mikasa apareció sin rastro alguno en la cara de que hubiera sufrido.

Claro, duraron más de una hora dentro del estudio.

—Levi quiere que vayas ahora. —le dijo Mikasa a Gretchen en el oído.

Gretchen con la boca rebosada en palomitas de maíz, rechistó porque creía que podría perderse una buena parte de la película. Marco le besó la frente ante la mirada atenta de un Dave que no disimulaba en nada. Ella se levantó y abandonó la sala. La película culminó sin ella, y Marco comentó que la volvería ver con Gretchen en la noche.

Pasaron las horas y nadie salía del estudio de Levi. Marco se atrevió a espiar para regresar con la noticia de que allí dentro estaban hablando de negocios lo cual relajó a todos. Nadie podía intuir que Dave recordó la conversación tan frágil que tuvo con su hermana aquella noche, donde le recomendó hablar con su padre sobre sus inquietudes. A lo mejor había recordado su consejo y lo llevó a la práctica.

Mientras todavía esperaban a que Gretchen se desocupara, Marco y Eren se pusieron a cocinar, una actividad que no solían hacer en esa casa. Claro que estaban Margarita y Denisse facilitándoles utensilios de cocina.

Mikasa y Hanji estaban en el jardín, ayudando a Dave a caminar, sujetándolo ambas de los hombros. Rod se movía a cada pocos centímetros que lograban avanzar en esa caminata ligera, y aquello causaba risas en Dave. Una vez pidió descansar, no quiso volver a su silla de ruedas, por lo cual, lo llevaron igual caminando hasta el columpio de madera y acolchonado que Levi compró recientemente.

Allí sentaron a Dave, Mikasa a su lado mientras Hanji se excusó en ir al baño.

Mikasa comenzó a impulsar el columpio con los pies, una velocidad suave que no permitiera a su hermano marearse, solo el suficiente impulso para moverlos y generar el viento que les movía las briznas de cabello. Dave buscó recostar su espalda al respaldar, Mikasa colocó el brazo para que él pudiera reclinar la cabeza como soporte.

Conversaron en voz baja, respirando el aire aromatizado del jardín.

Creían que habría transcurrido alrededor de un cuarto de hora cuando Gretchen asomó al jardín. Se acercó a ellos, y pidió un espacio para ella, claro allí entraban los tres. Dave le miró la cara, su hermana parecía tranquila y por ende él también. Volvió a mirar al frente, allá donde Rod jugaba con su hijo y con Mamina. Tomó la mano de ambas en las suyas, las apretujó con cariño y luego se llevó a los labios cada mano para besarlas.

—Ahora puedes mover mejor los brazos. —dijo Mikasa.

—No tardarás demasiado en poder caminar sin apoyo. —agregó Gretchen.

Aquellos comentarios y la sensación de paz calaron muy en el fondo del significado de su existencia. Se quedó callado analizando aquello nuevamente, se sentía pleno y agradecido.

—No sé cómo exactamente logré sobrevivir, es decir, pude haber muerto ahí mismo, o en la ambulancia. —Gretchen puso un par de dedos sobre sus labios, buscando silenciarlo—. Dios, los médicos y ustedes: me salvaron. —dijo y mordió levemente el dedo por lo cual su hermana agitó con exageración la mano.

—¿Te has vuelto una piraña?, ¿eh? — inquirió Gretchen combinando una expresión seria y risueña mientras se miraba la mano—. Por supuesto, hermanito, hay bastantes implicados en tu vida. —A su distancia, Mikasa sonreía mirándolos a ambos—. Pero no me agrada que hables así, siento miedo.

—Lo siento, es algo que no puedo evitar pensar. — quiso encogerse en medio de ambas.

—Te entiendo—, intervino Mikasa con voz calma— es inevitable. Aun así, podemos hacer algo al respecto, mm… olvidé decirte que preparé mochis de fresa esta mañana, te gustan mucho.

Dave abrió bastante los ojos.

—Más si los preparas tú. ¿Puedo comer ahora?

Gretchen miró al cielo.

—Yo preparé creme brulee con fresas y arándonos como te gusta, hermanito. —dijo con voz meliflua.

Él reparó su atención ahora en Gretchen. Todavía no soltaba a ninguna de la mano.

—¿En serio? ¡Agh! No voy a escoger, quiero comer ambas cosas. —comentó mientras sonreía, podía hasta imaginar los sabores en su boca.

Continuaron hablando de dulces y sobre lo deliciosos que resultaban para su paladar, aun cuando lo que era más importante no nombraban: el amor depositado en cada ingrediente, en cada paso requerido en la preparación de aquellos alimentos; uno de las tantas formas en que ellas tenían para materializar su desbocado ser.

Desde la distancia, Levi y Hanji los observaban manteniendo el silencio. Él la rodeó con el brazo por la cintura, haciéndola apegarse más a su cuerpo. Ella dijo algo referente a los hijos, que los amaba y palabras similares.

Los dos se miraron unos instantes hasta cuando la risa escandalosa de Gretchen los distrajo.

El viento movía los globos y los pompones que servían de decoración para la fiesta en el jardín, durante esa mañana soleada de agosto. Una mesa larga de picnic de madera estaba lista; con dos bouquet de flores blancas, vajillas, servilleteros, vasos y muchos bocadillos en bandejas, dispuestos a lo largo de la mesa, junto a jarras de jugo y un pastel de confeti en el centro. Denisse todavía no terminaba de arreglar los cojines de la cama balinesa en el área de la piscina, cuando escuchó muchas voces y miró hacia el jardín; estaban trasladando la palomera, la máquina para preparar algodón de azúcar más otras cosas que ella no podía anticipar para qué eran. Siguió realizando su trabajo, acomodando los sillones cercanos a la piscina: porque sabía que seguramente los jóvenes podrían decidirse a nadar.

Muy pronto todo el jardín comenzó a invadirse de aromas dulzones y agradables, mientras algunas personas —que eran contratados para asistir en la preparación de la comida— se encargaban de montar los puestos de comida; la temática era el de una feria estatal a elección del agasajado. Pronto Margarita comenzó a dar vueltas por el sitio, quería estar segura de que todo estaba preparándose acorde su jefe exigió. Se acercó a Denisse y le preguntó si sabía si ya habían llegado invitados, por lo cual la otra respondió que no sabía y que de eso se encargaría Becka y el señor Sebastián, es decir, del recibimiento y las indicaciones.

Y como en todas las celebraciones que se llevaban a cabo en esa casa, ellas dos, aparte de vestir su uniforme regular, llevaban el cabello peinado y adornado con flores blancas, además de una manicure discreta y maquillaje sencillo. Se dedicaron a conversar allí unos instantes, hasta cuando se dispersaron por la entrada de Mikasa, Gretchen, Eren y Marco cargando cada uno con un bouquet de globos de helio que dejaron dos arreglos, cerca de la mesa principal y los restantes cercanos a los puestos de feria que todavía se estaban montando. Ellos ya lucían acicalados, usando ropas sueltas y ligeras para una celebración que pretendía sencillez.

Pronto se supo que algunos amigos de Dave ya habían llegado y permanecían en la sala, ya que aún faltaban adecuaciones en el jardín.

Por otro lado, los abuelos Zoe salieron de su habitación, más adelante se unió el tío de Levi; el extraño, casi ermitaño y rústico Kenny, quien al parecer tenía una relación de amistad con Josh Zoe; se hacían bromas, aunque uno era más rudo sabían llevar la conversación.

—Viejo enclenque, ¿cuándo hacemos una comparación entre tus cultivos con los mías? —inquirió Kenny, manteniendo una sonrisa bastante amplia mientras apretaba el cigarrillo entre sus labios resecos.

Didi lo miró de reojo.

—Sería muy divertido, ¿cuándo crees, tú? —dijo Josh manteniendo el buen humor que lo caracterizaba. Antes de esperar respuesta, se acercó más a Kenny, mirando de reojo a los jóvenes en los muebles—. Cuidado te escuchan, los niños aprenden el mal vocabulario más rápido.

Kenny alzó una ceja y se quedó mirando a los jóvenes.

—¡Bah! Como si fueran unos verdaderos niños. A esa edad, puede que hayan hecho de todo y tú preocupante de sus oídos.

Josh volvió a reír, dándole unas palmadas a Kenny en el hombro.

—¿Te parece si vamos afuera? A Levi no le gusta que fumen dentro de la casa.

Pronto, Becka dijo a todos los jóvenes que podían pasar al jardín, allí ya estaban los viejos que antes habían visto en la sala. En ese grupo de chicos, que ya se conocían, todavía faltaba Raylee de llegar y Ryan que se quedó atrás con la justificación de que quería ayudar a Dave.

Como ya conocía muy bien el camino a la habitación de Dave, se adelantó. Tocó a la puerta y el señor Levi respondió de mala manera, porque decía que todavía Dave no estaba listo. Entonces tuvo que decir que era él, que iba a ayudar. Luego de ello, la puerta se abrió y el hombre no reparó en su presencia, solo se dirigió nuevamente hacia lo que hacía. Siguiéndole el paso, pudo ver a Dave sentado en la cama ya vestido con una camisa impecable por su blancura y el corbatín negro.

—Hola —dijo Ryan.

Dave prestó su atención, mientras le indicaba a su padre que zapatos quería usar, eligió los vans.

—Hola, ¿no has llegado muy temprano? —dijo Dave con un tono amigable.

—La mayoría casi ya han llegado— respondió, mientras decidía si acercarse más —faltan pocos, pero han sabido ser puntuales hoy.

Levi escuchaba esa conversación que consideraba solo eran rodeos tontos. Le ayudó a colocarse los zapatos a su hijo y luego buscó el perfume y un cepillo para el cabello.

—Papá, puedo peinarme. —le recordó Dave quitándose la toalla de la cabeza, tenía algunos cabellos parados que se fijarían con algo de cera. Como haciéndose el sordo, el hombre no prestó atención, abrió el frasco y metió sus dedos para tomar poco producto. Después comenzó a mover sus manos por todo el cabello de Dave, peinándolo también con los dedos—. Bueno, bueno... cuando seas viejito yo te voy a cuidar.

Levi chasqueó la lengua, ante ese tono de voz tan amable y ese ofrecimiento que nunca pidió.

—No tendrás que hacerlo —aseveró Levi con voz firme.

—A ti y a mamá; yo los voy a cuidar.

—¿Qué te hace pensar que voy a necesitar de tus cuidados?

—Porque algunos abuelitos sí requieren cuidados, ¿verdad?

—Sí, pero ese no voy a ser yo. Ni tu mamá, me voy a encargar de que lleve una vida saludable y se prepare para la vejez.

Dave sonrió de medio lado.

—Me parece bien, pa... pero sí llegaran a necesitarme... ya sabes que seré yo.

Levi resopló, observando la sonrisa que tenía Dave. Le pidió a Ryan que fuera por la silla de ruedas y la llevara a la planta baja. Aunque el muchacho parecía que quería tener otros planes, no importaba: podía derribarlo. Tomó el cepillo para el cabello y repasó los mechones más rebeldes. Hanji adoraba lo largo que tenía el cabello Dave, y a él no le molestaba en nada. Lo tenía largo, hasta más abajo de las orejas, como un peinado para niños del 90.

—No tienes que sentirte obligado, no te cuidamos porque quisiéramos tener de ti un beneficio en el futuro. Por ahora, solo espero que podamos tener una vejez, en lo posible, saludable: dónde los dos podamos ser autosuficientes, así como Kenny y tus abuelos.

Le roció el perfume y le dio el bálsamo de labios para que él mismo se lo colocara.

—Ya está —dijo Dave —aun así, no me siento obligado, porque son mis papás y los amo— agregó, observando la espalda de Levi mientras dejaba todo en su sitio.

—De acuerdo. —respondió con aires de resignación.

Dave se apoyó en la fuerza de Levi, agarrándose a su hombro con el brazo mientras él intentaba caminar.

—Tu peso sigue siendo tolerable —comentó Levi, una vez estuvieron cerca a las escaleras. Escucharon el rumor de las personas, parecía ser la voz de Nanaba—. No te había preguntado antes: ¿Está bien tu amistad con Raylee?

Iban bajando los escalones con calma, Ryan estaba allá abajo esperando.

—Sí, todo está bien. Solo fue un malentendido y lo solucionamos. —dijo con una sonrisa que denotaba su tranquilidad.

Una vez estuvo en su silla de ruedas, Ryan se ofreció a llevarlo. Levi tuvo ahora que hacerse a un lado, siguiéndolos hasta la sala: allí estaban sus amigos, no se había equivocado, Nanaba y Mike estaban ahí conversando animadamente con Hanji.

—Aquí hay algo para ti —dijo Nanaba entregándole una funda grande de regalo —aunque Raylee trajo su propio regalo.

Entonces supo que Raylee también estaba ahí, seguramente en el jardín. Tomó el regalo y agradeció.

—Pueden ir ya a la fiesta, tus amigos te están esperando, cariño. —posó su mano amorosa en la mejilla de su hijo—. Hay manzanas acarameladas y botes de canguil ya listas.

Iba conversando con Ryan sobre lo que habría en la fiesta, cuando se quedaron solos camino al jardín: no desaprovechó para besar a Dave en la boca y en la cara.

—¿Estás listo? —susurró Ryan.

Dave se distrajo mirándole los labios a Ryan.

—Ah... —balbuceó — ¡Sí! Ya sabes cómo lo quiero hacer. —murmuró recobrando la plena atención. A lo lejos podía escuchar música y el rumor de las personas que estaban en el jardín. —¿Recuerdas que te dije que invité a Raylee?

Ryan se puso de cuclillas, aun así, quedaba a la misma altura de Dave; inclinó la cabeza varias veces emitiendo un suspiro. Recordaba claramente la noticia y a cómo respondió, y ahora le tocaba mantener sus palabras.

—Lo recuerdo. ¿Aceptó?

Dave meneó la cabeza.

—Creo que... está afuera, si aceptó mi invitación puede ser por otros factores: como por la invitación de mis padres a los suyos, por ejemplo. Aun si no fuera así, me gustaría que tuvieras presente lo que te dije...

—Que ustedes lo arreglaron —interrumpió Ryan — y ahora siguen siendo amigos.

—Lo más importante: ¿Confías en mí?

Ryan puso especial atención en esa pregunta, mantuvo el contacto visual con Dave durante unos segundos.

—Lo hago —respondió con un tono decidido.

—Gracias —susurró inclinando la cabeza hacia un lado. Pronto Ryan le tomó la cara con ambas manos— solo quería que lo tuviéramos presente, los dos.

Sin duda, aunque en meses anteriores hubiera tenido experiencias de vida dolorosas, debía aceptar lo que aprendía de ellas; como ejemplo, las charlas de su padre en torno a la confianza y el respeto en una pareja. Suspiró antes de permitirse ser besado nuevamente, esos labios tibios que le proporcionaban alivio y confort. Ryan le fue peinando el cabello detrás de las orejas, mientras mantenía el lento contacto entre ellos por medio de sus labios.

—Está bien. —se separó ligeramente de Dave—. Confío en ti.

Dave rechistó, deseando que le siguiera acomodando el cabello hacia atrás. Cerró los ojos, casi quería volver a dormir en ese momento. Entreabrió los ojos, dispuesto a decirle a Ryan que salieran porque quizás alguien pudiera verlos, pero luego se corrigió a sí mismo: porque era necesario practicar lo que decía: "No lo voy a ocultar, tampoco a vociferarlo".

—Me gustas, me gustas mucho. —declaró Dave, sintiendo cómo sus mejillas se calentaban.

Sus palabras llenas de convicción hicieron que rememorara sus propios pensamientos; al principio, días posteriores a cuando despertó del coma, había llegado Ryan a sus pensamientos ajetreados y como tenía pendientes que consideraba más importante, respecto a la carga emocional —como la situación con sus padres— lo había dejado para atenderlo luego. Cuando se dio cuenta que Ryan lo esperaba, que no había dado por terminada su relación; decidió no decir nada respecto a lo que sentía: porque creyó no sentir nada por él. Sin embargo, con el pasar de los días y el tiempo que Ryan dedicó para estar a su lado, lo hicieron salir de sus dudas respecto a sus emociones. La chispa avivó, con mayor fuerza en esa convivencia, —como si hubiera estado en un letargo— mientras lo acompañaba a sus terapias, mientras le hacía compañía en su habitación algunas veces, conversando o viendo una película hasta que Levi dijera que tenía Ryan que irse a su casa.

Es decir, poco a poco fue recobrando las emociones que antes sintió. Para él mismo se guardaría la inquietud referida a: "¿Y si le hubiera pedido que fuéramos solo amigos, cuando lo vi por primera vez?" ¿Sería acaso que el rumbo de la vida de ambos fuera diferente ahora? Aun así, parecía no arrepentido. Y ahora estaba tan feliz de no haberlo rechazado, de dejarlo acercarse y mostrarse atento.

Por eso, quiso hacerle saber cómo se sentía en ese momento, mirándolo a sus ojos grises.

Ryan resopló y le puso los dedos sobre una mejilla. No quería que él hiciera alusión a su rubor. En cambio, se rio, moviendo los ojos de un lado a otro, como examinándole toda la cara.

Y Dave, tímido, le preguntó

—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? —dejó salir una risa nerviosa.

Ryan repasó con el índice la cicatriz más grande que tenía en el rostro, lo hizo con lentitud y delicadeza.

—Tu cicatriz me distrae mucho, no sé si mirarte a los ojos a la cicatriz —comenzó a mirarle los ojos y luego la cicatriz.

Dave estaba riéndose, tratando de controlarse, porque después de todo: ¿En qué momento se le ocurrió a Ryan decir aquello? Con el sentido del humor que tenía se le hacía un poco impensable.

—¿Qué quiere decir eso?

—¿Qué será? — se acercó a besarlo en labios, no dejaba de peinarle los cabellos hacia detrás de la oreja—No sé, quizás... que estoy pensando en que esa cicatriz ahora es muy parte de ti, al igual que tus pecas, que suelen los demás confundir con acné.

Dave quería decirle que el elogio, como creía que era, le resultaba tierno y que no sabía cómo responder, por supuesto tenía que decirle que no sabía cómo responder a eso.

—La primera vez que te vi, pensé eras un chico bastante apuesto y no voy a negar que, en parte, por ello te hice conversación en la clase de matemáticas de Mr. McFarland. Las clases más terroríficas que he tenido. —prosiguió Ryan— y luego me di cuenta que... no sólo eras un chico apuesto.

Dave comenzaba a sentir la cara aún más tibia.

—¿Y la otra parte?

—Mmm.

—Dijiste "en parte" o ¿escuché mal? —dijo, sonriendo, porque no sabía qué puntualmente sería, y la curiosidad se mezcló con miedo.

—Escuchaste bien. Cuando te vi en la formación de inauguración del año, parecía que no conocías a nadie. Y no me equivoqué, otra vez, estabas tan solo que tenía el impulso de acercarme.

—¿Se podría decir que fue compasión?

Ryan pareció pensar.

—¿Te molesta?

—No, que bueno fue que me tuvieras compasión —dijo expulsando aire de la boca —odiaba estar solo de nuevo, y creo que no soy muy bueno buscando socializar. Y... ja, ja, ja, me salvaste de un día a solas.

Quizás aquello impuso el recuerdo de que pronto Dave tendría que iniciar un nuevo ciclo escolar sin sus amigos, lo cual se vio reflejado en su rostro. Ryan le tomó la mano y la apretujó, buscando ser atendido.

—No tienes que preocuparte, después de todo, también hicimos amigos de los ciclos anteriores. Creo que ahora podría ser menos difícil ya que conoces el colegio. ¿Ves?

Dave asintió varias veces para espabilar. La conversación se extendió demasiado que incluso escucharon las pisadas fuertes de alguien acercándose, por lo cual Ryan se apresuró a levantarse y llevar a Dave hasta la salida al jardín. Ambos iban riéndose de quién los estaba siguiendo, como una costumbre, Levi siempre andaba supervisándolos. «Tu papá parece un policía» dijo Ryan, volteando hacia atrás.

Dave solo se rio, dándole la razón sin prestar mayor atención.

Desde la distancia, observó a Raylee en el puesto de manzanas acarameladas pidiendo una que luego le entregó a Max. Mientras Ryan seguía empujando la silla de ruedas, él alzó la mano para saludar a Raylee, puesto que ella había alzado la mirada, como atraída a la suya, contestó el saludo, alzando la mano y sonriendo.

Cuando todos lo vieron aparecer, enseguida sus amigos varones se aproximaron a saludarlo. Unos ladridos se escucharon, Dave giró la cabeza para ver a sus perros deambular por el área, Rod tenía puesto un traje para perros al igual que Mike, mientras Mamina lucía un lazo amarillo en el cuello. Al ver a Rod, los amigos de Dave comenzaron a correr, y como si lo hubiesen provocado, el dóberman también corrió tras ellos. Tuvo que llamar a Rod por un chiflido para que regresara hasta su lado.

—Está jugando, no los va a morder. —dijo Dave, observando a Rod sentado cerca de él, manteniendo el porte altivo de la mascota de la familia—. Si se comportan bien, claro está. —Aclaró con la voz más grave.

Pronto comenzaron los chicos a comer las palomitas de maíz, las manzanas acarameladas, los Hot-dog, y las papas mientras conversaban, hacían bromas y le decían a Dave que abriera sus regalos.

La mañana todavía estaba fresca, el viento era generoso con todos ellos. Y Dave, quien gozaba de compañías agradables, no pudo evitar pensar lentamente en todo lo que tenía a su alrededor, el esplendor de la vida (potenciado en la naturaleza) y la calidez de las relaciones (señalado en sus amigos y familia). Una hoja verde cayó en su regazo, la tomó entre sus dedos y la miró como si fuera algo exótico que pronto se marchitaría, naturalmente, pensó.

—¿Manzana? —inquirió Gaby, extendiéndole la fruta cubierta de caramelo con grageas como decoración.

—Sabes que no me voy a negar.

...

Hasta el mediodía, los jóvenes se dedicaron a comer cuánto quisieron, entre hamburguesas, el aclamado hot dog, y porciones de pizza. Justo ahora, lo que tenía Dave en la mano era un algodón de azúcar que comía compartiéndolo con el pequeño Max, sentado en sus piernas. Poco a poco el niño se habituó a compartir el espacio con ellos, desprendiéndose de su hermana mayor por ratos. Zofía y Gaby habían jugado con él varias veces, siendo que estaban forjando una relación más llevadera. Mientras los adultos se mantenían a un lado, decían que no querían importunar a los jóvenes por el momento. Aunque Gretchen y Mikasa andaban por todos lados, para ver si alguien necesitaba algo.

Un grupo de tres chicos, liderado por Jake, se tomaron la atribución de solicitar permiso para usar la piscina. Se acercaron con sigilo hasta dónde estaba el señor Levi junto a los abuelos.

—Las reglas son simples; quien quiera usar la piscina primero debe ducharse. —dijo Levi, bebiendo soda.

Con el triunfo en las manos, Jake se sometió a las demás reglas de Levi: "No comer dentro de... ", "No juegos rudos". "No salir y luego entrar con los pies sucios" para eso debían usar sandalias. Prometiendo que seguirían las reglas, los delegados volvieron con el grupo a contar las buenas nuevas. Jake pasó la mano por encima de la cabeza de Max que se fue corriendo hacia sus padres. Sean le dio un ligero golpe en el hombro para captar su atención —mientras los demás decían que debían bañarse para meterse a la piscina— le señaló con la mirada hacia un punto es específico, él miró: aunque disimulara, Ryan, parecía que estaba tomándole la mano a Dave, ahí sentados en la mesa conversando mientras el algodón de azúcar aún no se lo terminaba de comer.

—¿Qué crees, hombre? —Inquirió refiriéndose nuevamente a Dave y Ryan en medio de su inusual toque.

Jake se dio la vuelta.

—Mmm... Se ven raros tomándose de la mano —musitó entrecerrando los ojos —no pasa nada, hombre. Vamos a cogernos todos de la mano y ya está. ¿Quieres? — dijo con una voz aguda hacia su amigo.

Sean de inmediato hizo una mueca y se adelantó a ir por más bocadillos. No dijo nada de su propuesta, ni un solo comentario más. Entendía a qué quería llegar con sus atrevidas observaciones, que, si bien estaban a la vista de todos, lo hacía demasiado evidente. Aunque Jake también estaba pensado en eso, porque había estado observando a Ryan y a Dave desde hacía un poco menos de unas semanas atrás, llegando a una idea precipitada. Básicamente a Ryan no le agradaba que intentara besarle a Dave la cara o que lo abrace en forma de camarería. Se ponía iracundo, y a los demás empezaba a fastidiar ese compartimento; el mismo Ryan decía que todos eran empalagosos con Dave.

Aún si lo que estaba pensando fuera cierto, quería que fueran los mismos involucrados que dijeran algo respecto y no hubiera especulaciones sueltas. Y el tiempo transcurrió y la interacción entre esos dos fue más notoria, Jake alzaba la ceja mirándolos con disimulo mientras comía su hamburguesa, esa forma de mirarse, los roces con los dedos y aparte que no se separaban; cuando Dave quería ir al baño siempre lo acompañaba Ryan.

A pesar de notar tan fuerte esos comportamientos, prefería, todavía, mantenerse callado.

Por otro lado, en los pasillos de la casa, Ryan y Dave regresaban del baño, según ellos, cuando en realidad buscaron un espacio para hablar con la privacidad requerida para el momento. Todo estaba decidido, no obstante, Dave decidió no hacer de su novio una gran noticia que supieran todos, quería hacerlo saber a personas en específico. Aquello lo había conversado con su padre la noche anterior, y como Levi le dijo, que a más de estar de acuerdo con la decisión que tomara, también lo apoyaría o, si es que fuese necesario, lo defendería.

Dave no se había percatado que había estado siendo observado con cautela por un par de ojos que todo cuestionaban, llegando a la reprobación.

—Es ahora, mis abuelitos están juntos. —indicó Dave a Ryan, llamando a su madre con la mano.

Ella acortó la distancia, aproximándose con el ánimo tan vívido.

—Dime, cariño. ¿Necesitan algo?

Dave alzó la mirada hacia dónde estaban Didi y Josh.

—¿Podrías llamar a mis abuelitos? Quiero hablar con ellos... de Ryan. —dijo y esbozó una sonrisa.

Hanji miró a Ryan y luego a Dave, se colocó la mano bajo el mentón simulando que estaba pensando la petición. Sabía de antemano que su hijo lo haría, y ahora estaba segura de que podría ser un momento importante en el cual ella quería estar presente, a su lado, como le dijo que haría siempre.

—¡Yahoo! ¿Estamos listos, Dave? ¡Bien! ¡Bien! Solo... dame un momento. ¿Quieres hablar solo con ellos, ¿verdad? —él asintió, sus mejillas empezaron a enrojecer— ¿Me esperan unos segundos? ¿Sí? Vayan hacia allá —señaló hacia la mesa redonda en la explanada del jardín.

Dave asintió de forma frenética, sentía el corazón latir demasiado fuerte como señal de los nervios que le producía lo que quería hacer, pero aún mantenía en la cara una sonrisa tiesa para encubrir su estado alterado. Quería hacerlo, todavía sentía miedo, sin embargo, sabía ahora que contaba con el apoyo de sus padres y sus hermanas. Entonces ocurrió, vio a sus abuelos con Hanji dirigirse a la mesa en la explanada del jardín, algo alejado de la fiesta picnic para comodidad. Ryan le apretujó los hombros y luego preguntó si ya estaba listo, acordó que sí.

De reojo vio a su padre aproximarse también al sitio, dejando a Kenny solo.

Hanji colocó una canasta de mimbre con varios bocadillos en el centro de la mesa. Empujó la silla hacia atrás para que Didi se sentara, al igual que lo hizo Josh. Después ella sacó una silla para que Dave pudiera tener mayor comodidad de acercar su silla de ruedas, por consecuencia Ryan se sentó a su lado. Josh fue diciendo que los dulces estaban buenísimos, mientras Didi mantenía la boca cerrada intercalando su mirada en el nieto y Hanji, ella quien se quedó parada a un lado de su madre.

—Levi dice que aún faltan invitados por llegar —comentó Josh, introduciéndose un alfajor en la boca y viendo a Levi acercarse también, hacia ellos.

—Sí, son unos amigos míos del club que vendrán por la tarde. Y unos amigos de mi papá— se refería a Farlan e Isabel. Se frotó las piernas por debajo de la mesa, sentía el calor arremeter su rostro, produciéndole hasta una sensación de náuseas.

—Hanjisita dice que querías decirnos algo —agregó Josh, pasándose una servilleta por los labios arrugados.

Pasaron los segundos, y Didi no decía nada.

—Ah, sí sí... —se frotó más fuerte las piernas. Sentía la nuca sudorosa y la frente húmeda.

Dave tuvo el impulso de querer pasarse la mano por la frente, pero en ese instante Ryan le tomó la mano por debajo de la mesa. Alzó la mirada, dejando de lado a sus abuelos: Hanji le sonrió ampliamente y le hizo una seña con la mano, Levi solo asintió. Suspiró, dejó salir el aire que llevaba contenido; era grato saber que podía tener a sus padres como un soporte.

—¿Qué pasa? —se asustó Josh ante tanto silencio —¿No me digan que...? ¿Estás bien? —se dirigió a Dave— Pero si... ustedes dos dicen que Dave está mejorando con la rehabilitación.

Enseguida Hanji entendió su inquietud, colocó la mano por encima del hombro del viejo.

—No, papá. Dave está bien, los últimos exámenes que se le practicaron indican que todo va bien. No tiene anemia, y está subiendo de peso gradualmente. Su corazón está saludable... cómo ves, tu nieto es fuerte.

El viejo suspiró, colocándose la mano en el pecho.

—Qué bueno es escuchar eso.

Dave sabía que debía hablar.

—Siento mucho que te asustaras... abuelito.

—Oh, menos mal.

Hubo un momento de silencio.

—Sí, yo quería decirles algo —reparó su atención en los dos viejos— es importante para mí que ustedes lo sepan primero. Ah, yo... — con nerviosismo, se giró hacia Ryan, los labios le temblaban mientras intentaba seguir hablando. Volvió a poner su atención en sus abuelos — Quiero que conozcan a Ryan Hopper, nos conocimos en el año que me cambié de Instituto y... eh, pues... ahora y desde antes del accidente es mi pareja.

—¿Pareja de estudio? —inquirió Josh con aire ingenuo.

—No, no pareja de estudio, aunque eso era también. En otras palabras, Ryan es mi novio.

Josh abrió bastante los ojos, mirando hacia todos lados mientras asentía el mentón de forma lenta.

—Oh... es decir, una pareja emocional. —agregó Josh.

Ante el tono amigable de Josh, Dave se relajó apenas y hasta cuando Didi puso las manos en la mesa de forma tosca.

—Hanji, quiero hablar contigo. —fue lo único que dijo y se levantó.

Hanji le hizo a Dave una señal de que no demoraba, mientras él se había quedado casi anquilosado, frío del miedo ante la ida de su abuela. Josh se percató de lo que sucedía. Se adelantó a extenderle la mano a Ryan y apretarla en forma de saludo.

—Es un gusto, Josh Zoe, aunque antes ya te habíamos visto por aquí. —se dio cuenta que Dave seguía con los ojos abiertos por el miedo. Se mojó los labios con saliva y pensó en algo que preguntar—. ¿Si te gustan los duraznos, Ryan? Porque cosechamos demasiados en la temporada, y si te gustan podría enviar unas cajas más para que lleves a tu casa. O, ¿qué frutas te gustan?

Levi con bastante parsimonia se sentó en la silla que dejó desocupada Didi. Intentaba buscarle los ojos a su hijo, pero él estaba quieto, sin despegar la mirada aturdida por donde se fueron las mujeres.

—Me gustan los arándanos frescos. —respondió, preocupado por la expresión de vacío que tenía su novio.

Mientras Josh intentaba aminorar la tensión, con más preguntas o comentarios divertidos para Ryan, en la cocina que colindaba al jardín, Hanji pidió a Margarita salir y dejar lo que estaba haciendo por un momento. La respiración pesada de su madre en conjunto con las muecas que hacía, la estaban haciendo sentirse amenazada. «Debí anticipar a mi madre de esto, hubiera sido más fácil para Dave» pensó, viendo como la mujer se servía un vaso con agua.

Aún de espaldas, la mujer mayor dijo:

—No pareces sorprendida, Hanji. ¿Ya lo sabías?

—Sí —respondió con un aire divertido.

—¿Y Levi?, ¿también?

—Sí

La mujer resopló pesadamente, dejando el vaso sobre el mesón.

—¿Qué pasa con ustedes dos? ¿Cómo permiten tal cosa? Llevo ya rato observando a ese muchachito con Dave, andan para todos lados como si no tuvieran vergüenza de lo que hacen. ¡¿Es eso lo que ustedes permiten?! —elevó el tono de voz volviéndose hacia Hanji, quien alzó la barbilla con aires de desafío, aquella postura provocó en Didi más molestia—. Como padres, ¿no tienen vergüenza de tal aberración? Que Kenny y tus amigos también los estén mirando. ¿Qué van a decir?

—Mamá —dijo con voz pesada.

—Tu deber como madre es encaminar a tu hijo por el camino correcto —dijo señalándola con el dedo— y no lo estás haciendo bien. Me sorprende de Levi, él siempre tan correcto y estricto, pero me va a escuchar también. — se giró según a sostenerse del mesón— ¿Sabes por qué Dios creó al hombre y a la mujer? Para que la mujer sea la compañera del hombre y juntos procreen y mantengan su creación. ¡Es así como debe ser! ¿Qué van a hacer dos hombres?, ¿o dos mujeres? ¿Lo entiendes? ¿Entiendes que así no es como Dios lo quiere?

—¡Mamá!

—Dos muchachos descarriados andan en la vida por ahí, mi nieto como si no tuviera padres que lo corrijan. Y… si ni tú ni Levi van a hacerlo, ¡lo voy a hacer yo!

Hanji detuvo a su madre de salir de la cocina.

—No tienes que hacer nada, mamá, porque no te lo voy a permitir. —dijo con voz firme— Levi y yo estamos muy felices porque Dave esté viviendo según como considere mejor. Lo apoyamos y sabe que tiene nuestro consentimiento para que su novio lo visite y esté aquí. Entiendo que tienes tu ideología y que esto no iba a ser bueno para ti, pero como hablamos de la vida de Dave, entonces no tienes por qué tomar decisiones arbitrarias.

—¿Te revelas contra mí?

—Si es por y para mi hijo: sí.

—Fallé en criarte a ti.

—No, mamá. Lo hiciste muy bien: mírame, soy una madre que está dispuesta a guerrear con quien sea por la felicidad de su hijo: incluso si es contigo. Desde tu posición de madre, creo que estarías en la capacidad de comprender mi posición. No es tan difícil, si lo tomas por ese sentido.

—No te entiendo, alma descarriada.

—Hoy es un día muy especial para mí, porque celebramos la recuperación de Dave y … ¿Quieres saber más? Dave quería compartir con sus abuelos lo enamorado que está, que conocieran a su novio y darles espacio en esa parte de su vida, ¿por qué?, porque los ama.

—Y yo también lo amo, es mi galletita, y por eso mismo… Hanji, yo me voy a encargar de corregirlo así tenga que pasar por encima de ti y de Levi.

—¡Ya basta! Comprendo que puede ser extraño para ti, lo único que te pido es que te comportes. Mamá, solo te voy a decir: si estás incómoda y no deseas ser parte de este día tan especial para tu nieto, entonces puedes retirarte cuando desees. —aquello le resultó bastante difícil de decir— No quiero exponerte a una situación desagradable para ti y por eso mismo te digo que puedes irte. ¿Sí? Y si deseas quedarte, te pido, mamá: no hagas comentarios hacia Dave de este tipo mientras tú lo procesas. No voy a permitir que llames a Dave para hablarle de esto o a Ryan. Y, por último, para que tengas bien claro: no hay nadie que esté por encima de mi hijo, ni siquiera Levi.

La mujer se quedó muda, con la boca entreabierta.

—Iré a rezar a mi habitación —anunció, acomodándose la ropa. No quería admitir rendición frente a Hanji, sin embargo, la postura con la cual la había enfrentado no hizo más que ahondar en su sentir herido.

Hanji solo convino en estar de acuerdo.

—Como gustes, mamá —dijo y la vio caminar hacia la salida —te aviso cuando vayamos a cortar el pastel.

Al final sonó cortés, quería que fuera una invitación para su madre, que ella dijera que sí iría. Y como se lo dijo antes, si no se sentía cómoda entonces no la obligaría a compartir ese espacio, porque no sería nada bueno para Dave tampoco. O, por lo menos, Hanji quería creer que el tiempo en su habitación la ayudaría a despejar el pensamiento. La siguió con la mirada hasta cuándo la perdió. Decidió volver al jardín, no sin antes llevar un par de sándwiches que había en el mesón. Margarita ya tenía lista y ordenada la vajilla para la hora de cortar el pastel, que no sería mucho tiempo más.

Fuera el panorama era distinto, Josh estaba de muy buen humor compartiendo bocadillos con Levi y Ryan.

—¿Y mi abu...? —preguntó con un hilo de voz al verla acercase.

Hanji sonrió para tranquilizarlo, se percató que su padre y Levi también pusieron atención.

—Está un poco cansada, se fue a la habitación. No se preocupen, dijo que necesitaba descansar un momento. —mintió. Entregó los sándwiches a todos ellos—. Solo tengo que avisarle cuando vayamos a partir el pastel. Y bueno, ¿cómo estamos aquí?

Todos se miraron.

—Bien, bien... estamos conversando, hija. Ryan nos está contando sobre su pasatiempo en el boxeo.

—¿En serio? Vaya, creo que no sabíamos eso. Pero si tienes porte de un atleta que dedica tiempo a su físico.

La conversación se volvió cómoda, aunque Dave todavía parecía distraído. Pero Hanji le dedicó un gesto para dejar de sentirse tenso. Retozaron unas bromas y alguna anécdota de la juventud de Josh, él hablaba de los buenos recuerdos que tenía a la edad de los jóvenes frente a ellos, les dijo que disfrutaran esa etapa de la vida de la forma más sana posible. Que no hicieran nada a escondidas de sus padres, o por lo menos que no fueran situaciones graves. Inculcaba la comunicación y el afecto, entre ellos, con sus padres, amigos y demás familiares. Aquella conversación Dave la tomó con mucho respeto, hurtando palabras específicas para rememorar siempre.

Más tarde, los jóvenes volvieron con su grupo de amigos. Levi, Hanji y Josh se quedaron en la mesa a atender el asunto que quedó suelto con Didi.

Al final, ninguno sabía si ella iría finalmente cuando la llamaran.

—Sabes cómo es tu mamá, ella siempre tan estricta y buena. Hanji, debes comprender que... venimos de otros tiempos y que los dos tenemos formas diferentes de tomar el asunto. Yo, muy feliz por mi nieto. Te lo digo en serio. —colocó su mano en la de Hanji —iré a hablar con ella.

Ellos se quedaron solos.

—¿Qué sucedió? — preguntó Levi.

Hanji suspiró y se volvió hacia él.

—Supongo que tienes derecho a saber.

Y ella le contó la plática fuerte que mantuvo con Didi en la cocina.

...

La mesa principal se acomodó de manera que por lo menos la gran mayoría pudiera estar sentado. Contaban los asientos y comparaban el número de invitados, no cabrían todos. Al final algunos resolvieron quedarse parados. De todas maneras, sería un momento. Gretchen comenzó a halar el pastel hacia un extremo, allá donde estaba ya sentado Dave, con sus dos padres a los lados.

—¡Ya está aquí el pastel! —exclamó Gretchen. Besó a Dave y luego se fue a sentar.

Marco y Eren eran uno de esos que decidieron quedarse de pie.

—La fosforera —dijo alguien.

Hanji estaba un poco distraída ya que sus padres todavía no aparecían, aun cuando fueron avisados algunos minutos atrás. Se estaba poniendo nerviosa, pero ella más que nadie, quizás, quería que ellos estuvieran ahí. Buscó algo que hacer, así fue que le colocó un gorro de cumpleaños a su hijo encima y lo mejor fue que él no rechistó, solo tocó la punta del gorro.

Levi estaba colocando las dieciocho velas encima del pastel. Pensó en que hubiera sido mejor comprar dos números, ahora tendría que encender todas las velas en un tiempo prudencial y que el clima no ayudaba. Ya eran casi la una de la tarde, y el sol empezaba a quemar por tanto decidieron adelantar ese momento, para que así los jóvenes pudieran prepararse para la piscina.

—¿Comienzo a encenderlas? —Mikasa tenía el encendedor listo en la mano.

Levi miró los asientos vacíos.

—Espera un momento —respondió Levi.

Quería hablar con Hanji en voz baja, pero que Dave estuviera en medio de ambos dificultaba las cosas.

—Ya vienen tus abuelos, Rivaille —. Comentó uno de los amigos de Dave.

Aquello hizo que Hanji dejara salir un resoplido de calma, tratando de disimular girando la cara para que Dave no la viera. Didi y Josh se acercaron a la mesa, ella en su intento de no mirar con desagrado a Ryan, y él emocionado porque pronto cantarían a Dave.

Hanji agarró la tira de los globos que estaban a su lado, creía que eran unos globos brillantes que se movían demasiado.

—Esperemos a se calme un poco el viento. —dijo Margarita.

Levi accedió y mientras tanto los demás podían seguir conversando o comiendo en la mesa. Hanji aprovechó para acercase más a su hijo, quería saber cómo estaba pasando y si estaba disfrutando de su fiesta con temática de feria estatal.

Se escuchaba a Max reír con fuerza, encima de los hombros de su padre.

—Estoy muy satisfecho, tengo lo que quería... personas que aprecio y muy buena comida. Por cierto, mamá. ¿Crees que mi abu Didi está enojada?

Hanji negó, acariciándole los cabellos.

—No, no... oye, tú sabes a lo que me voy a referir; a tu abuela le resultó una noticia bastante fuera de lo que un día pudo haber pensado. Lo único que tienes que saber es que ella te ama, no lo dudes. Y está aquí porque quiere ser parte de este momento.

—¿Sí?

—No te preocupes, podremos hablarlo con más calma después. Ahora, espero ya tengas listo tu discurso.

—Pero te dije que no podía hacer eso —sus mejillas se tiñeron de rojo.

Dave miró rápidamente a su alrededor, la mesa larga de madera iba presentando a los suyos; sus hermanas con sus respectivas parejas, sus abuelos, la señora Clarisse, el señor Sebastián, Becka, Denisse, Margarita, sus amigos, Raylee, Ryan, el viejo Kenny se quedó lejos porque decía que no le gustaba los cumpleaños, aun así, comía el pastel que se le brindaba. Se sintió mareado de solo pensar en hablar y que todos lo escucharan.

Estaba decidido a no hacerlo.

—Es ahora, enciende las velas, Mikasa.

Poco a poco las velas quedaron todas prendidas.

—Aunque es mi no cumpleaños —dijo lo que pensó, inmediatamente quiso corregirse.

—Sí, es cierto. Cariño, que emoción que puedas soplar tus dieciocho velitas.

Cantaron y luego aplaudieron al mismo tiempo que Dave soplaba las últimas velas que quedaban encendidas, pues el viento ayudó a apagarlas más rápido, solo quedó el rastro del humo, dispersándose con igual rapidez. Se ajustó el gorro de cumpleaños, estaba pensando en la persona a quien daría la primera rebanada de pastel.

—Dave quiere decir unas palabras para todos. —alzó las manos para obtener más atención. Escuchó a su hijo refutar al lado suyo—. Unas palabras de agradecimiento.

Y Levi la miró como diciéndole que no siguiera diciendo aquello. Por su parte, Dave escondió el rostro en sus manos. No quería hablar en público y mucho menos decir cosas emocionales.

—Vamos cariño, anímate, ¿no crees que un agradecimiento para todos es necesario? —La intención de Hanji estaba orientada a propulsar a su hijo en cuanto a hablar en público. Lo rodeó con el brazo encima del hombro y le besó la mejilla—. Sé que puedes hacerlo.

Para ese momento Dave mostró duda, ahora no era un irrefutable no a su madre. Alzó la cabeza, recorrió a todos con la mirada: siendo que esa atención igualmente lo estaba mareando.

—Yo… —tartamudeó varias veces más. Se quería aflojar el corbatín y la camisa en medio de esa aceleración del corazón, los recuerdos y las emociones que había experimentado en los últimos años. Sentía el recuerdo agolparse en su boca, el agradecimiento que no podía expresar porque las emociones tomaron control: se sentía desbordante de felicidad y amor que podría fácilmente echarse a llorar por sentirse querido por todos quienes estaban ahí— no sé qué decir.

Y las lágrimas le empañaron la visión, al segundo se vio a si mismo buscando refugio en Levi, quien no dudó en recibirlo en su hombro para que nadie lo viera llorar. Luego se escuchó el murmurar de todos y unos aplausos rompieron el momento de confusión. Hanji sonrió con ternura posando su mano en el hombro de Dave.

—No lo puede decir fácilmente, pero solo es necesario que sepan que cada uno de ustedes que ha sido invitado representa una parte importante para Dave y… que pudieran asistir ha sido una verdadera alegría para él, porque sabe que lo consideran como para invertir este tiempo aquí.

Aquel discurso improvisado y lleno de verdad, ahondó firmemente en el sentir de Didi Zoe, aunque fuera dirigido para todos los asistentes.

—¡Todo sea por nuestro Dave! —exclamó Jake, alzando una lata de soda.

Los chicos hicieron un grito de júbilo, alzando también cado uno su soda.

Levi palmeó varias veces a Dave en la cabeza, que su gorro de cumpleaños ya lo tenía colgando del cuello. Le dijo algo en voz baja, pero Dave se rehusaba a querer alzar la cabeza. El hombre suspiró de resignación, buscaba ayuda en Hanji; ella que solo se reía y no pensaba hacer nada. Escuchó el rumor de Gretchen y Mikasa, al parecer nadie pensaba ayudarle en nada.

Ya estaban preparando los platillos, el cuchillo y la espátula para usar.

Sucedió que Levi buscó tocar a Hanji con el pie, dos tocadas y ella lo regresó a mirar, se aproximó bastante, casi quedaba pegada a Dave: estiró el tórax y buscó a Levi, realmente no fue tan difícil conseguir besarlo frente a todos ahí. Los aplausos y los murmullos de alegría hicieron espabilar al joven en medio de los dos; abrió los ojos como espantando, se alzó y miró con extrañeza a sus padres que se alejaban también.

«Pues… funcionó», pensó Hanji retomando su postura.

—Pe-pero ¿qué hacen?

—¿Qué pasa?, ¿hay algo de malo? —intervino Gretchen, ocultando la sonrisa burlona.

—No, no hay nada de malo. Es más, como ya ven todos aquí presentes, creo que en esta familia tenemos mucho amor por todos. —lo dijo mirando a Levi— ¿Verdad, Levi?

El mencionado se alzó de hombros, mostrando una actitud relajada.

—Lo que es obvio, mejor no pregunten: es para ustedes. —dijo señalando a Mike y Nanaba.

Poco a poco los comentarios fueron subiendo, ahora era de conocimiento para todos que estaban nuevamente en una relación; y fue la apartada Didi quien se mostró muy alegre que casi había perdido cualquier rastro de molestia. Al igual que Josh ante las buenas noticias.

Una relación restaurada, un hijo con vida saludable y feliz junto con las dos hijas y los demás. Podían ambos cerciorar lo innegable: aun cuando todo pareció empeorar en sus vidas llegó un momento en que todos los factores se alinearon para crear el gran momento de armonía y bienestar como lo era ese. Fue arduo, difícil, y lo seguiría siendo, pero esta vez sabían que tendrían otra manera de abordar las futuras situaciones en la vida.

Separados demostraron que podían ser un equipo genial de padres. De nuevo unidos, y con el amor rebosando, seguramente todo sería más llevadero: amar, proteger y cuidar.

Seguramente.

...

Publicaciòn: 27/05/2022