Sí, se ha hecho esperar, pero aquí vengo con el segundo capítulo, que está basado en los pensamientos de Tia así como en sus recuerdos, lo que permite ir hilando la trama. Simplemente decir que he decidido editar el primer capítulo para darle una forma diferente. Me he permitido una pequeña licencia, que es la de establecer un período de dos años entre cada torneo de la Copa Galactik Football. Así pues, nuestros protagonistas ganaron su primer título con 16 años aproximadamente, el segundo con 18 y al comienzo de la tercera temporada rondan los 20 años. Mayorcitos, sí, pero no demasiado.
Sin más dilación ahí va el capítulo.
Love happens all the time
(to people who aren't kind, and heros who are blind)
[No estoy segura de como sentirme con respecto a esto.
Algo en la forma en que te mueves
hace que me sienta como si no pudiese vivir sin ti.
Esto invade completamente mi ser
Quiero que te quedes]
Tia tuvo que obligarse a sí misma a caminar a un paso normal y no echar a correr hacia su cuarto como una cría aterrorizada. Se quitó la ropa a toda velocidad y se deslizó entre las sábanas, con el corazón latiéndole a mil por hora.
¿Qué demonios había pasado?
Si Micro-ice no hubiera llamado a la puerta, estaba segura al cien por cien de que habría besado a D'Jok.
El novio de su mejor amiga. El chico arrogante, prepotente, competitivo hasta lo exasperante, al que durante tanto tiempo había desdeñado.
El mismo que lograba romper todos sus esquemas y hacer que su mundo entero se tambaleara.
No es que estuviera enamorada de él. En absoluto, se dijo a sí misma. No es que le gustara… Bueno, no estaba segura. Era más bien una especie de atracción poderosa, inexplicable.
Había tratado de olvidarle por todas sus fuerzas. Al principio se había dado cuenta de que era más fácil ignorarle si aprendía a odiarle. Y para ser honestos, no le había resultado difícil hacerlo.
Ella siempre había creído estar enamorada de Rocket. Le amaba con todo su corazón, porque le consideraba todo lo que D'Jok jamás podría llegar a ser. Un chico dulce, gentil y algo tímido, que la trataba con respeto, la cuidaba y la valoraba. El primer chico que la había besado. El primero que la había hecho sentirse bella y atractiva. Sentir que podía gustarle a alguien. Un amor tranquilo, pacífico, que podía despertar una bandada de mariposas en su interior con al acariciarla.
En cambio D'Jok la hacía sentirse turbada, agitada. Peturbada. Despertaba en ella un sentimiento que era incapaz de nombrar y que jamás había experimentado antes. Un sentimiento primitivo, visceral, que le dejaba las piernas temblando y el pecho encogido cuando le miraba. Una pasión tan grande y a la vez tan destructiva e inalcanzable que Tia no podía más que aborrecerse a sí misma y aborrecerle a él.
Y sin embargo esa noche había logrado conmoverla. Por eso era tan peligroso. Como en la época en la que Rocket se marchó por primera vez, y D'Jok le hizo experimentar una ternura desconocida, algo que jamás había creído posible en él. Le había hecho sentirse protegida. Por vez primera se habían intercambiado las tornas, y era Rocket el que le había hecho sentir la cara más oscura y dolorosa del amor.
Se tumbó de lado, tratando de reprimir las lágrimas. La cama de Mei, vacía a su lado, acentuó el sentimiento de culpa. Ella acababa de irse y Tia no había dudado en abalanzarse sobre su (ex)novio. La chica que había sido su confidente, su hermana, en toda la disparidad que dos hermanas pueden llegar a alcanzar. Aunque se alegrara por su mejor amiga a veces no podía evitar que la embargara una honda tristeza que amenazaba con partirle en dos cada vez que los veía juntos. Eran una pareja de ensueño, ambos tan guapos, tan exitosos, tan aclamados.
No obstante sabía de primera mano que las cosas no habían ido muy bien entre ellos últimamente.
Chocaban demasiado. Se querían, pero Mei necesitaba saberlo, necesitaba que él se lo demostrara. Una gota salada le acarició la comisura de los labios. Echaba de menos a Mei, pero odiaba que se hubiera marchado así y herido tanto a D'Jok. Tia había pasado ya por esa situación y le resultaba inconcebible que su amiga hubiera actuado del mismo modo que Rocket.
Rocket.
Apretó los ojos y se enjugó las lágrimas.
Tenía que ser fuerte. Se había prometido a sí misma no volver a hundirse. No dejaría que Rocket volviera a destrozarla. Pero esa noche había mentido a D'Jok, porque no podía negar que no le echara de menos. Que no le hubiera dolido su marcha hasta el punto de hacerla llorar noche tras noche, cuando nadie podía verla.
Despojada de toda esperanza.
Lentamente volvió atrás en el tiempo, rememorando la cadena de sucesos que precedieron a la marcha de su compañera.
[Tuviste mi corazón en tu mano
(algún día desearás no haberme conocido)
e hiciste con el lo que quisiste.]
-Mei, date prisa, no vamos a un concurso de belleza
La voz de castaña llegó desde el baño, donde llevaba encerrada media hora.
-¡Ya va, ya va!
Tia bostezó, tirada en la cama, y escuchó el sonido de varios botes y el de la cremallera del neceser cerrarse antes de que su amiga saliera al fin. Tan guapa como de costumbre.
-Pero Mei, si no vas maquillada…
-Claro que sí, pero la idea es precisamente que no se note.
-No lo entiendo.- la rubia sacudió la cabeza. –Además, sólo vamos a entrenar.
Ambas caminaron hacia la puerta.
-Tia, nunca aprenderás, ¡una debe ir mona siempre, incluso en un entrenamiento de fútbol!
-Sólo conseguirás que los chicos se desconcentren y no atinen al balón, lo cual, como estrategia, no suena mal…
Mei se echó a reír, entrando en el ascensor.
-Me basta con desconcentrar a uno.- comentó con gesto pícaro.
-Vaya, vaya, con que todo esto es por D'Jok.
Mei suspiró.
-La semana que viene hacemos tres años y medio. Tengo pensado ir a cenar con él.
Tia alzó las cejas.
-Guau. Parece mentira cómo pasa el tiempo.
-¿Verdad que sí?
-De modo que quieres reavivar la pasión o algo así…- bromeó la chica.
-Precisamente.- Mei bajó los ojos.
Tia le tocó un brazo.
-Explícate…
-Es sólo que esto no es como esperaba, Tia.
-¿En qué aspecto?
-Han pasado casi cuatro años y nuestra relación sigue en el mismo punto que cuando teníamos dieciséis. Necesito compromiso, necesito pruebas. Y D'Jok no parece dispuesto a dármelos.
-¿Has hablado de esto con él?
-No sé cómo abordarlo.
La puerta del ascensor se abrió.
-Mi consejo es que esperes a la cena, es una noche especial para vosotros y seguro que se crea una buena atmósfera para que podáis hablar tranquilamente.
-Tienes razón, es que a veces siento que se ma agota la paciencia, y no es fácil tener una buena comunicación, ya sabes cómo es.
Al fondo del pasillo se encontraban D'Jok, Thran y Ahito. Las saludaron con un gesto de la mano.
-Ya verás como todo mejora.
-¿Y si no lo hace?
Tia la miró. Se estaban acercando a ellos cada vez más.
Mei le devolvió la mirada, tensa.
-Entonces tendrás que tomar una decisión- susurró.
Los chicos les sonrieron.
-Buenos días, chicas.
-Buenos días- saludó Tia. Se giró hacia Mei, que tenía la mirada perdida. Ésta levantó la cabeza como sacudiéndose un mal pensamiento y besó a D'Jok en los labios.
-Hola- sonrió contra su boca.
-Hola, guapa. Venga, Aarch está ya en la sala de entrenamientos.- y echó a caminar por el corredor.
Tia le dirigió una mirada que parecía decir '¿Ves como todo va bien?'. Pero Mei sólo torció la boca. Insatisfecha.
[Sólo sabes que la quieres cuando la dejas marchar…
La ves cuando cierras los ojos, tal vez algún día entenderás por qué todo lo que tocas muere.]
-Entonces, D'Jok, ¿qué vais a hacer Mei y tú el sábado?
D'Jok levantó la cabeza de la revista que sostenía, consternado, y miró a Thran. Estaban en el salón, y los dos hermanos probaban un nuevo videojuego.
-Eh…
-El sábado. Tú y Mei.
El pelirrojo enarcó una ceja.
Micro-ice rió, tirado en el sofá con la cabeza colgando.
-Sé lo que no van a hacer, no sé si me entendéis, porque yo no pienso dormir otra noche más con Mark, y Tia dudo que esté por la labor de venirse aquí y dejar que yo me haga pasar por ella y duerma con Yuki.
Ahito le pegó con un cojín.
-Cuidado con mi prima.
-No sé de qué demonios estáis hablando.
Thran alzó las cejas.
-De que Mei y tú hacéis tres años y medio. No para de hablar de ello.
El chico se golpeó la frente.
-¡Claro! Es verdad. Me dijo que había reservado en un restaurante.
-Vaya un novio estás hecho.
-Cualquiera puede tener un despiste. Me pondré un traje de chaqueta y le llevaré flores.
-Mei te querría aunque fueras en chándal y con un ramo de puerros.- exclamó Micro-ice.
-Inexplicable, pero así es- intervino Thran.
-No exageres, es "Fashion victim" Mei, si fuera en chándal le pegaría- afirmó Ahito.
-Eh, como novio soy lo mejor del mundo, pero casi ha empezado la temporada, y estoy pendiente a demasiados asuntos.
Se levantó con las manos en los bolsillos.
-Le daré alguna sorpresa, le gustan esas cosas. Quizás algún regalo.
En ese momento entró Yuki.
-¿Qué hay, chicos?
-D'Jok va a regalarle un anillo de compromiso a Mei.
Yuki miró a Micro-ice con los ojos como platos, y luego a D'Jok. Este saltó encima de su compañero.
-¡Ehh!
-Si algún día me caso, será sólo contigo, Mice.- hizo como si fuera a besuquearle.
-Así no se hacen las cosas D'Jok, tienes que pedirle la bendición a su madre.- rió Thran.
-Tú al altar conmigo sólo como padrino, el día que me case con Yuki.
Pero la chica ya no le escuchó, porque había salido de la sala.
[Donde hay deseo, hay una llama
Donde hay una llama, uno de los dos saldrá quemado]
Cuando ella regresó era bien pasada la medianoche. Tia estaba tumbada en la cama y Yuki miraba los dibujos animados.
Mei se apoyó en la puerta mientras sus amigas corrían hacia ella.
-¡Cuéntanos!
-¿Qué tal ha ido?
-¿Cómo ha sido?
La castaña suspiró y se quitó los tacones.
-Ha estado bien.
Yuki y Tia se miraron.
-¿Bien?
-El restaurante era precioso, y el estaba guapísimo con su traje de chaqueta. Me regaló flores. Hablamos y brindamos, nos besamos y logré que me sacara a bailar tras mucho insistir.
-¡Qué romántico!
-Sí, ha sido una velada especial.
Mei estaba sonrosada y sonreía.
-Me está esperando en su habitación. Ya sabéis, la noche aún no ha terminado…
Yuki dio saltitos de emoción.
-Cámbiate rápido y ve con él. Yo me voy ya, pero mañana tienes que contarme con todo lujo de detalles.
-¡Claro!
-Hasta mañana, Yuki.- sonrió Tia.
-Hasta mañana, chicas.
-Buenas noches.
Mei se levantó y se quitó lentamente el vestido morado, para ponerse en su lugar el pijama de seda.
-De modo que estarás contenta, ¿no?
-Estoy satisfecha, sí…
Se retiró las orquillas del peinado frente al espejo.
-Habréis podido hablar tranquilamente…
-Era una broma.
Tia la miró sin entener.
-Lo de pedirme matrimonio. Sólo bromeaban.
Agachó la cabeza, intentanto contener el disgusto. Los ojos de Tia adquirieron un cariz de comprensión. Se levantó y se acercó suavemente a ella.
-Yo me he reído, pero en realidad me he sentido como una tonta.
Las lágrimas salieron de sus ojos.
-Cuando me lo dijo Yuki, yo me emocioné tanto. Empecé a encontrarle un sentido a esto, y sólo ha servido para llevarme una decepción.
-No, Mei…
Tia la abrazó.
-¡Pero parecías tan contenta!
-Ha sido una noche maravillosa, pero no es suficiente, Tia.
Se enjugó los ojos.
-Mira, Mei, sabes que D'Jok es un chico fantástico. No deberías exigirle tanto a él ni a vuestra relación, está visto que lleváis ritmos diferentes y tenéis una concepción distinta del amor. Pero no te equivoques como hice yo con Rocket; yo le perdí por no saber hablar de nuestros problemas, pero tú tienes a ese chico ahí, esperándote en la habitación de al lado.
Mei sollozó.
-Ya lo sé, y me siento una estúpida.
-No te sientas así, estás atravesando una crisis, todo el mundo las tiene. Todos nos despertamos a veces y no sabemos quiénes somos ni qué queremos, pero tienes que intentar ordenar tus pensamientos y ser sincera contigo misma, darte cuenta de qué es lo que necesitas, y qué te hace feliz. Y entonces toma una decisión. Haz lo que tengas que hacer, Mei.
La chica se secó los ojos y se levantó.
-Tienes razón, Tia, como siempre. Prometo reflexionar sobre ello.
-Eh, ya era hora de que fuera yo la que tuviera que apoyarte a ti. Siempre soy la de los problemas. De modo que lávate la cara y tira para su cuarto.
Su amiga rió.
-Gracias, Tia. Pase lo que pase seremos amigas. – la abrazó – Pase lo que pase. Siempre.
Tia le sonrió, sin entender el significado completo de sus palabras.
Sin saber que dos días atrás, Mei se había topado por casualidad con un viejo compañero, y que una tarjeta con el emblema de los Shadows estaba en el bolsillo delantero de sus vaqueros.
Cuando su amiga se lo contara varias semanas después y le relatara cada uno de los encuentros con Sinedd, lo comprendería. Trataría de sacarle la idea de la cabeza y pensaría que lo había logrado. Hasta esa noche.
Haz lo que tengas que hacer, Mei. La decisión ya había sido tomada.
[No pasa nada, encontraré alguien como tú.
No deseo nada, salvo lo mejor para tí.
No me olvides, te lo suplico. Recuerdo que dijiste: "A veces el amor dura, pero otras en cambio duele"]
