Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, ya sabéis!
Antes de todo, disculparme por mi tardanza en actualizar. De saber que la historia iba a ser bien recibida, me habría apresurado en publicar el tercer capítulo. Os informo que ya estoy manos a la obra con el cuarto, e intentaré que no tarde mucho en llegar.
Pero sobre todo gracias por los reviews. Nyan-cat, , somniloque, Oukyn. Leer vuestros comentarios me da ánimos para seguir. Y a todos los que léeis y no os atrevéis a dejar review, hacedlo, no os imagináis la alegría que me traen :)
Por otra parte, me anima ver que la pareja D'JokxTia tiene más seguidores y seguidoras. Pensaba que era la única chiflada que perdía la cabeza por ellos jajajajaja. ¡D'Jia forever! Son mi verdadera obsesión, como habréis visto.
Sin más felicitaros la Navidad, el año y espero que éste 2014 os traiga mucha felicidad a vosotros y los vuestros. ¡Allá vamos con el tercer capítulo!
Why do we like to hurt so much?
(There's only lies, there's only fear, there's only pain.)
Nevaba en Akillian, para no variar, y los ojos cansados de Aarch paseaban por los paisajes de su niñez, atrapados bajo ese eterno manto blanco.
Suspiró mientras se dejaba caer en el sillón tras su escritorio. Había decidido conceder la mañana libre a los chicos. Aunque no se encontraban precisamente en su mejor forma física y perder un solo entrenamiento era un lujo que no se podían permitir, psicológicamente estaban todos demasiado impactados como para centrarse en el terreno de juego. Por no hablar de la insuficiencia numérica. Pensó en Mei, en su ausencia irreparable. Uno de los pilares del equipo acababa de ceder y ni siquiera lograba comprender la causa. Los jugadores eran libres de dejar el equipo si así lo deseaban, por mucho que a él le doliese, pero la marcha de la defensa le había tomado completamente por sorpresa. ¿Se había equivocado en algo con ella? ¿No supo ver las señales? Las implicaciones profesionales y emocionales se mezclaban en su cabeza.
El sonido de unos golpes en la puerta le arrebató de sus divagaciones.
-Adelante.
D'Jok asomó: -¿Quería verme, míster?
-Sí, por favor, pasa.
El chico cerró la puerta con precaución. Sabía por qué le había convocado el entrenador y no estaba seguro de poder (o querer) hacerle frente.
-Siéntate, D'Jok. ¿Cómo estás?
"Genial, allá vamos".
-Bien, señor.
Aarch apoyó los brazos en la mesa y le observó. Conocía al chaval y era consciente de que no le pondría fácil ningún intento de diálogo o tentativa de ayuda, por pequeña que fuera.
-A todos nos afectó mucho la desaparición de Mei, y aún más su fichaje por los Shadows. Imagino que para ti está siendo especialmente complicado.
D'Jok se removió en el sitio. Decidió que sería mejor hacer aquello fácil, y breve.
-Tengo que reconocer que fue más duro no saber dónde estaba. Se fue sin dejar rastro y como es lógico temí por su vida; removí cielo y tierra para encontrarla, todos lo hicimos. Al menos ahora sé que fue decisión propia.- cerró la boca antes de que la ira en su voz fuera demasiado obvia.
Pero Aarch no necesitaba escuchar nada para saberlo, sólo observar sus ojos furibundos. Y a fin de cuentas era D'Jok. Impetuoso. Arrebatado. Pero previsible.
-Es cierto, concuerdo contigo en que no ha estado nada bien por su parte.
-Ha estado de todo menos bien. Jamás habría esperado algo así de ella… Supongo que por fin están todas las cartas sobre la mesa.- se inclinó hacia delante y apoyó los codos en las rodillas. Aarch se levantó y le posó una mano en el hombro, comprensivo.
-Aún quedan muchas cartas por jugar, D'Jok. De momento lo que necesitamos es una explicación.
-Sin duda, señor.
-Por eso quiero que me ayudes, que pienses en cualquier indicio o señal que puedan revelarnos la razón de su marcha.
D'Jok alzó la vista.
-Ojalá lo supiera…
-¿Estás seguro? El menor dato puede ser relevante- se apoyó de brazos cruzados en la mesa, frente a él. Meditando. – No es por entrometerme en tu vida, pero piensa que una discusión, un enfado tonto, unas palabras de más…
-¡Le digo que no tengo ni idea!- D'Jok se incorporó de golpe y se acercó al enorme ventanal, tratando de calmarse. Observó a varios niños jugando allá abajo, en la calle.
-Creía que estábamos bien. Si sólo me hubiera dicho que estaba haciendo algo mal, yo…- No concluyó la frase. Se limitó a posar la frente en el frío cristal.
-No pasa nada. Siento si te he hecho sentir incómodo.
El chico guardó las manos en los bolsillos y se giró a mirarle.
-Usted sólo hace su trabajo. Desearía ser de más ayuda.
-No te preocupes, D'Jok. Estaremos bien.
Él asintió. Porque de algún modo, le creía. Porque Aarch no dijo "ella va a volver" o "se va a solucionar", sino que, sencillamente, de un modo u otro, iban a estar bien.
-Sí.
El entrenador le dio un apretón en el brazo.
-Venga. Ahora ve con los otros.
El chico asintió, dirigiéndose a la puerta.
[No hay una sola palabra en todo el mundo
Que pueda describir el dolor del monótono cuchillo cortando de un lado al otro
Y rasgando la piel más suave que jamás ha existido.
¿Cómo ibas a saberlo…?]
-¡Muere!¡Muere!¡Muere!
Micro-ice apretaba enfurecido los botones del mando y observaba con fiereza la pantalla del holotelevisor.
-Por mucho que grites "muere" no vas a matar más zombies, Micro-ice.- se burló Thran, quien estaba tumbado bocabajo en la cama del moreno mientras reparaba el reloj de su prima. Ésta, sentada junto a él, le pasaba las herramientas.
El chico le miró poniendo una expresión cómica.
-No, en realidad le decía a Mark.
Éste sonrió socarrón a su lado.
-Está bien, pero en mi lápida pondrá que di la paliza más grande de la historia a Micro-ice.
-Pues vaya triunfo, todo el mundo sabe que es un manta.- rió Ahito, quien estaba cruzado de piernas en el suelo delante de ellos.
-¡Eh! ¡Vosotros estáis compinchados contra mí! ¡Queréis desconcentrarme para que pierda! Vaya amigos…
-Tienes razón, lo siento. Deja que te compense.- Mark manipuló los botones a toda velocidad. – Te haré un regalo.
-¿Cuál?
-Esta… ¡Supergranadaaaa!
PUM
-Nooooooooooo.
-Hey, ¿a quién están torturando?- en ese momento entró Tia en la habitación.
-A la dignidad de Micro-ice.- se mofó Mark.
-Di mejor a su masculinidad, menuda paliza…- las risas de Yuki fueron demasiado para el chico.
-Pobre…- Tia sonrió.
-Tia, sé que sólo tú me quieres.- caminó hacia la chica extendiendo dramáticamente los brazos.
-Yo sólo quiero a dos cosas en mi vida, el fútbol y mi cámara, pero trataré de hacerte un hueco.
-Siéntete privilegiado.- Ahito le sacudió en el hombro al pasar a su lado.
-¿Vas a algún lado, hermanito?
-Me apetece dar un paseo para despejarme.
-Voy contigo- se unió Tia. –Por cierto, ¿y D'Jok?
-Le ha llamado Aarch, quería hablar con él a solas.- explicó Thran.
-Normal…- su hermano le secundó.
-¿Qué tal le habéis visto?- inquirió Yuki.
-Es D'Jok. Tiene la cabeza dura y la corteza gruesa. Lo superará.
-No sé, Micro-ice, no es tan sencillo…
Nadie dijo nada, pero todos pensaron en Tia y en Rocket, y en la traúmatica separación para la chica. Ella se dio cuenta y prefirió pasarlo por alto.
-¿Se sabe algo de Mei, Tia?- preguntó Mark.
Ella negó despacio.
-Ninguna noticia. Ha cambiado de número, de dirección, todo.
-¿Cómo ha podido largarse así?- el chico apretó los puños. – Cada vez que lo pienso…
-Debía de tener sus razones- interrumpió Yuki.
Era obvio el rencor en las expresiones de casi todos, pero unos se esforzaban por ocultarlo más que otros.
-Eso no es excusa.- protestó Micro-ice.
-Bueno, sea como sea, todo se aclarará antes o después- Thran, incómodo, decidió atajar. – Vamos. Tia, Ahito, voy con vosotros.
Se levantó de la cama justo en el momento en el que se abría la puerta, y D'Jok hacía acto de presencia. Miró los rostros de todos. No necesitaba preguntar para saber de qué estaban hablando.
Tia se acercó a él.
-D'Jok…
El chico la interrumpió: -Aarch quiere que vayas a verle, Tia.
-Vaya, hoy es el día oficial de los sermones.- observó Mice. - ¿Tan mal os habéis portado?
D'Jok no tenía ganas de bromear, pero se esforzó en sonreír de lado.
-Tia sabrá qué ha liado. Creo que hay una faceta de chica mala que nos oculta.
Ella le devolvió el gesto y le miró significativamente
-Esa me la reservo, por si fuera necesaria. Voy cuanto antes. Luego os veo.
-¿Te esperamos?- preguntó Thran.
-No, iros sin mí. Os buscaré más tarde.
Desapareció por el pasillo.
-Lo cual será en unas… Siete horas.- concluyó Micro-ice. – Las charlitas de Aarch pueden ser mortales.
D'Jok se dejó caer en la cama.
-No lo sabes tú bien.
[Y yo odio ver tu corazón roto,
odio ver tus ojos oscurecerse según se cierran,
pero ya he pasado por eso antes.]
-Estoy preparando café. ¿Te apetece?
-Sí, por favor.
Tia se sentó cómodamente en el lugar que un rato antes ocupó D'Jok. Aarch servía dos tazas en la mesa del rincón.
-¿Qué tal ha visto a D'Jok, míster?
-Como esperaba. – se giró hacia ella, entregándole la bebida. – Si está mal, no va a demostrarlo.
-Es verdad. Pero sé que está dolido. Tiene que estarlo. – se estiró para cogerla.
-Está indignado, más que nada. Ya sabes que es orgulloso.
Tia removió el azúcar con parsimonia.
-Lo sé. De todos modos quiero ayudarle…
Dejó la frase suspendida, pero Aarch veía en sus ojos el recuerdo fresco de una situación semejante, y la convicción de estar en deuda con D'Jok.
-Siento mucho lo que ocurrió con mi sobrino, Tia. Creo que nunca he tenido oportunidad de decírtelo.
-Muchas gracias, señor. Por suerte está todo superado.
-Pero recuerda que este caso es bien distinto. De algún modo, aquella situación tuya era más… dura.
-Cualquier situación es dura cuando la persona que amamos nos abandona. Pero además Rocket era mi mejor amigo.
-Tienes razón.
El hombre apuró el café de su taza.
-Ni usted ni su hermano han sabido de él tampoco, ¿no?
Aarch negó: -Se supone que él volvería cuando estuviera preparado.
-Sólo espero que le vaya bien. Entiendo que esta vez tuviera que alejarse, nuevamente.
-Sí, tenía que poner en orden su vida, la verdad. Después de todo lo que pasó…
Tia bajó la vista, algo apenada.
-Incluso cuando volvió del Netherball, nada volvió a ser lo mismo. Las cosas habían cambiado demasiado, sobre todo entre nosotros, para mi pesar. – su voz denotaba una profunda amargura. – Siento no haber podido hacer más por él.
-Le sacaste de allí. Nos lo devolviste, a riesgo tuyo. Es más de lo que nadie jamás hubiera podido hacer. – Aarch se inclinó hacia ella.
-Pero no pude traerle de vuelta a mí. Nuestra relación cambió tanto…
-Es natural, no es culpa tuya. Nada lo fue.
Ella asintió poco convencida. Recordando el incidente en el parque. Cómo él se la jugó para salvarle la vida.
-Pero ahora tenemos que seguir adelante, y defender éste equipo.- Aarch apretó los puños, vehemente.
-Por supuesto. Lo primero es lo primero.
La chica dejó la taza sobre la mesa y se acomodó en el asiento.
-¿Qué vamos a hacer con el jugador que falta, míster?
-De momento nos tendremos que apañar. Quizás Yuki pueda adaptarse bien como jugadora de campo, ya trató de jugar de central, pero una posición defensiva es mucho más asequible para ella. Tenemos que ser prácticos. Hay cientos de chicos que querrían jugar en los Snow Kids. No creo que resulte difícil encontrar al menos uno que reúna las condiciones.
-¿Va a organizar unas pruebas?
-Tengo una lista con varias personas que me convencieron en las primeras. Aún guardo las repeticiones de sus jugadas y sus señas, no me costaría contactar con ellos si hay alguno que me convence.- como corroborando sus palabras, se levantó y se puso a revisar la estantería de la pared izquierda, donde había varias hileras de discos de almacenamiento repletos de vídeos y secuencias.
-Entonces usted tampoco cree que Mei vaya a volver, ¿no?
Aarch se mantuvo de espaldas a ella, dubitativo. Tras unos minutos de silencio respondió.
-En estos momentos debo limitarme a ser práctico.
Tia se levantó, dispuesta a marcharse.
-Si quiere saber la verdad, yo tampoco. ¿Entrenaremos esta tarde?
-Sí. Haz el favor de comunicárselo a los demás. Nos vemos a las cinco en la sala de entrenamiento.
-A las tres retransmiten el sorteo de los equipos que se enfrentarán en la primera fase.- recordó ella de golpe.
-Bien, así tendréis un par de horas para iros mentalizando.- sonrió el entrenador. –Oh, Tia. Espera. Se me olvidaba la razón por la que te había llamado.- la chica se detuvo. - Quiero que si recibes cualquier noticia de Mei o sabes algo que pueda ayudar me lo cuentes. ¿Vale?
Ella tragó saliva, a punto de alcanzar la puerta. Se lo temía. Era lo que llevaba días temiendo, en realidad. ¿Qué debía hacer? ¿Contarle que ella siempre supo la verdad? ¿Que Mei ya le había confesado su voluntad de marcharse? ¿Qué llevaba semanas tratando de disuadirla, y realmente creía haberlo logrado?
-Sí, míster.- se mordió la punta de la lengua, esperando.
Pero él le sonrió ampliamente.
-Confío en ti. Eres una buena chica.
"Joderjoderjoder…". Desearía echar a correr, esconderse. Jamás supo mentir. Por suerte el hombre no podía ver su expresión, su rubor, sus ojos cerrados fuertemente.
Apenas llegó a proferir un: -Gracias, señor.
Y salió.
[Por todo el aire que hay en tus pulmones,
Por todo lo bueno que está por llegar
Por todas las cosas que aún estas vivo para sentir
Deja que el dolor te recuerde que los corazones pueden sanar.]
Llegó al bar de la madre de Micro-ice cuando eran bien pasadas las dos, sepultada bajo una enorme bufanda que le tapaba la boca y un abrigo igualmente grueso. Los otros estaban sentados en la mesa del rincón, frente a sus platos rebosantes.
-Justo a tiempo, Tia, acabo de serviros la comida. – le sonrió la dueña.
Ella le correspondió: -Muchas gracias, con este frío se abre el apetito…
Se sentó junto a ellos. Estaban todos excepto D'Jok, quien supuso que había ido a ver a Maya. No pudo evitar lamentar su ausencia.
-Mira, una que ha acudido al olor de la comida…- bromeó Micro-ice, sosteniendo su hamburguesa de tres pisos.
-Deberías controlarte, Micro-ice, o esta tarde tendremos que echarte a rodar en el entrenamiento.- la chica cogió su plato de ensalada y pollo, que le alcanzó Thran.
-Ya que como jugador deja bastante que desear, al menos podrá servirnos de balón. – se burló Mark.
-Mark, hoy me estás minando mucho la moral…
-Shh, dejadlo estar. – Yuki les paró los pies.- ¿Qué tal ha ido con Aarch, Tia? ¿Qué quería?
-Sólo hablar de Mei.- comentó ella. No quería debatir más sobre el tema. – ¡Ah! Y esta tarde entrenamos a las cinco.
-Bien, ya echaba en falta un poco de acción.- exclamó Mark.
Thran sacudió a Ahito, que dormitaba con la cabeza colgando.
-Hermanito, se te enfría la comida.
-¿Eh? Ah, sí, sí.- se incorporó y pinchó con fuerza una patata.
Continuaron almorzando entre risas y bromas. Tia permanecía más silenciosa de lo habitual, inmersa en sus propios pensamientos, que viajaban a una velocidad de mil por hora. Pensó en Aarch, en su fe en ella, en su culpabilidad y su propia encrucijada moral entre la fidelidad a su amiga y la lealtad a su equipo, en D'Jok, en Mei, en los Snow Kids, en la Copa. En Rocket. Sintió una punzada en el pecho. Los acontecimientos recientes le habían devuelto a su memoria, más fuerte que nunca. Recordó los meses posteriores a su regreso y a la victoria contra los Xenons. Cómo trató de engañarse a sí misma, pensando que algún día volverían a ser los mismos de antes. Pero no pudieron. No lo lograron. Y eso sólo incrementaba el dolor. No pudo volver a estar con él de la misma forma, no sólo como novia, sino también como amiga, como compañera. Porque temía mirar a sus ojos y encontrar el reproche, el odio, y saberse de nuevo responsable de todos sus males, los males de ambos, y de aquellos a los que habían perjudicado con sus actos. Del mismo modo que perdió por completo la confianza en él, para desesperación suya. La había dejado rota, partida en dos. Convencida de que lo único que necesitaba para estar de nuevo completa era su regreso. Se dio cuenta de su error. Había sido una estupidez pensar que toda su felicidad, todo su bienestar, pudieran depender de él. Supeditarse a él de tal modo, subestimar su propia fuerza y capacidad de superación, como si ella no fuera lo suficientemente capaz de seguir viviendo sin él como lo había hecho durante diecisiete años. Sonrió con tristeza. Diecisiete. Sólo una cría. ¿Cómo iba a saber entonces lo que era realmente el amor? Miró a sus compañeros, a sus amigos. Jóvenes, alegres. Había descuidado lo que tenía por centrarse sólo en él. Rocket, Rocket y más Rocket. Ahora su amistad con todos los demás se había regenerado y crecía intensa como nunca.
Sí, podría haber salido adelante. Inevitablemente esos pensamientos le llevaron a D'Jok. Él en gran medida la había ayudado a curarse la aflicción. Y se sentía inevitablemente ligada a él, más que nunca, como la víctima a su salvador. Y para siempre.
-Tengo que irme.
Tia, recostada en su hombro, se incorporó y levantó la vista hacia él. Su perfil se recortaba contra el cielo anaranjado del atardecer, allí sentado en lo alto de la azotea, Sus aliento se escindían en volutas de vaho.
Mil pensamientos se atropellaron amenazando con salir de sus labios, y un miedo ya viejo la paralizó. Sólo atinó a murmurar una pregunta débil.
-¿Ya?
Rocket suspiró y cerró los ojos abatido, aún sin mirarla. Porque temía que si lo hacía su voluntad se quebraría.
-No dijo a casa, Tia. Digo lejos.
-Lo sé.
Lo sabía. Lo supo desde antes que él, que tarde o temprano la acabaría abandonando de nuevo, que tendría que irse sin que ella pudiera –sin que ella debiera – hacer nada para impedirlo. Y sentía miedo. Y sentía resignación. Y sentía culpa. Pero ya no había nada que hacer para evitarlo. Inevitablemente sus vidas habían discurrido paralelas a ese punto de no retorno, al que habrían llegado antes o después. Era hora de que divergieran.
-No tienes que hacerlo.- mintió ella.
-Los dos sabemos que sí, para que ambos podamos encontrarnos a nosotros mismos.- contempló el cielo prendido en llamas del ocaso, la silueta de la ciudad blanca recortada contra el horizonte, para absorber cada detalle en su retina. Sabiendo que sería el último atardecer que contemplaría en Akillian durante mucho tiempo. – En mi cabeza todo esto sonaba mucho más fácil.- reconoció.
-Nunca es fácil decir adiós. – murmuró Tia.
-Escúchame.- y por fin se giró hacia ella, y sus ojos dorados ardían como jamás antes ella había visto. – Esto no es por tí, Tia. Yo te quiero. Te he querido desde siempre. ¡Sería imposible no hacerlo! – atrapó su rostro entre las manos con desesperación, mientras ella sentía en sus ojos arremolinarse las lágrimas. – Pero no es justo para ninguno que sigamos engañándonos y fingiendo que estamos bien, que lo hemos superado. Hasta que no estemos lejos el uno del otro no podremos… respirar.
Ella luchó por dominar sus emociones. Reunió todo el coraje que le fue posible. Y su voz sonó firme.
-Pero yo te necesito.
- Tia. Por favor.- suplicó él, apartándose. – Tomémonos un tiempo. Aprendamos a vivir el uno sin el otro.
La chica se apartó despacio, y esta vez fue ella la que se giró a observar el cielo.
-¿Dónde vas a ir? ¿Qué vas a hacer? Este es tu hogar. Somos tu familia.
-No lo sé, y no sé por cuanto tiempo, y aunque lo supiera no os lo diría. Quiero averiguar quién soy, encontrar mi propósito en la vida. Limitarme a desaparecer.- confesó.
-¿Otra vez?
No pudo contener el reproche, la fiera rabia agolpada en dos simples palabras.
Rocket se incorporó despacio.
-Sí. Otra vez. Y no voy a pedirte que me esperes, porque sería egoísta hacerlo.
Le tendió una mano.
Tia la observó. Durante minutos. Ella sólo podía actuar de una manera: acceder. Firmar su rendición sería la prueba de amor más grande que sería capaz de entregarle.
Y finalmente tomó su mano.
Rocket tiró para ayudarla a levantarse.
-¿Se lo has dicho a alguien?
-No, quería que fueras la primera.
-No voy a olvidarte así como así.
-No pretendo que lo hagas.
Suspiró, cerrando los ojos.
-Gracias por entenderlo. Significa mucho para mí.- susurró él.
-Es todo lo que puedo hacer.- le acarició el rostro con la punta de los dedos. Rocket, su Rocket. ¿Dónde estaba ahora? ¿Qué les había pasado? – Cuídate, ¿de acuerdo?
El chico no respondió. Prefirió ahorrarse las palabras y acabó con la distancia entre ellos. Atrapó su boca, besándola como jamás antes lo había hecho. Con pasión, con rabia. Y con una ternura profunda y casi dolorosa. Un beso violento, febril. Un beso que sabía a despedida.
…Y luego la reacción de los Snow Kids cuando les reunió para comunicárselo. Y el estupor. La sorpresa. El enfado. Los intentos de disuasión. Las distintas reacciones. Mark paralizado, Yuki atónita, Mei furiosa, Micro-ice colérico, Thran apaciguador, Ahito más despierto que nunca. D'Jok abalanzándose sobre el capitán como un animal herido mientras los otros luchaban por agarrarle. Los gritos, las amenazas. Palabras que se dicen sin parase a pensar. "No puedes hacernos esto", "¿a qué estás jugando?", "sabía que volverías a traicionarnos", "deja de hacerle daño, hijo de puta". Tia sin levantar la vista del suelo. Y sin lágrimas. Sólo un dolor apesumbrado…
-¡Tia! ¡Tia!
Una voz llegada de muy lejos, como del otro extremo del universo, sacudió su conciencia.
Una mano se sacudía frente a sus ojos.
-¡Tia!- pestañeó perpleja y reconoció a Micro-ice, que estaba inclinado hacia ella y tenía una mano posada en su hombro. Le miró como si nunca le hubiera visto -¡Eh! ¿Dónde estabas?
Echó un vistazo alrededor. La madre del chico retiraba los platos vacíos. Todos seguían sentados en sus sitios, excepto Yuki. La televisión estaba encendida y reconoció la sintonía de deportes Arkadia.
Se tapó la cara con las manos, avergonzada.
-Lo siento, me he quedado bloqueada.
-Ya me he dado cuenta. Bienvenida a Akillian.- rió él.
-¿Decíais algo?
-Que el sorteo está a punto de empezar.
-¡Vamos, primita!
Thran llamó agitando un brazo a la chica, que estaba alejada atendiendo una llamada.
-¿Quién era? ¿Algún novio secreto?- preguntó Ahito alzando una ceja cuando se sentó de nuevo su lado.
-Si te lo dijera dejaría de ser secreto, primo. Esa es la gracia.
Micro-ice frunció el ceño.
-Menudo idiota.
-¿Sabes acaso quién es su enamorado?- Thran le pegó en el brazo.
-No. Pero sea quien sea, es un idiota.
-Shhh, callad.- Mark les silenció. – Escuchad…
-…en grupo A, los Snow Kids, los Shadows, las Rykers y las Elektras…- retransimitía Nork.
-La primera en la frente.- masculló Micro-ice. Todos le chistaron al unísono.
-Parece que la cosa no va a estar demasiado fácil para los bicampeones de la Copa, ¿verdad Nork?- preguntó Callie Mystic en su habitual tono jovial.
-¡Va a echar más chispas que una Ryker, Callie! Cualquiera de los tres es un rival extremadamente peligroso en la fase de grupos, pero especialmente los Shadows, con su nueva y prometedora adquisición, la exjugadora del equipo de Akillian, Mei.
-Sin duda todos estamos deseando ver cómo será el encuentro, que se ha convertido ya en un clásico, ahora que Mei se ha unido a Sinedd y los suyos.
-El espectáculo promete. Pero tampoco debemos menospreciar al nuevo equipo, las Elektras.
-¡Debo confesar que siento auténtica debilidad por esas chicas!- exclamó Callie emocionada.
-¡Está claro que el equipo revelación de este año, capitaneado por Zyria, piensa ir a por todas! ¡Que tiemblen los pesos pesados del torneo!
-Yo no las tengo ningún miedo. Las derrotaremos, como hacemos con todos.- Mark puso expresión de suficiencia.
-No debemos subestimarlas…. –comentó Tia.- Tengo ganas de ver de qué madera están hechas.
Yuki se cruzó de brazos.
-Escuchad.
-Parece que el primer encuentro se disputará… ¡entre los Snow Kids y las Rykers!- anunció Callie.
-El enfrentamiento tendrá lugar el día 28 a las 19:00 en Unadar, y será retransmitido en directo por este mismo canal.
-Y las Elektras y los Shadows se verán las caras un día después, el 29 a las 20:30, en Hectonia.
-Es pronto para hacer predicciones, pero…
La imagen se cortó. Tia había apagado la tele.
-¡Eh!
-No necesitamos saber más.
-Pero...
-No. No vamos a dejar que nos influyan.- afirmó con resolución. - Preocupémonos por las Rykers y dejemos las predicciones a pitonisas y a comentaristas deportivos.
Thran rió.
-Vaya, así se habla.
Ella le sonrió y revolvió el pelo a Micro-ice, que tenía expresión de derrota.
-Venga, ahora volvamos.
Se incorporaron, dispuestos a regresar a la Academia.
-Vamos, Yuki. Que te quedas dormida.
Ella sacudió la cabeza y levantó la vista hacia Thran, que se había quedado rezagado esperándola y la miraba con expresión suspicaz.
-Ah, sí, sí. Voy.- dijo apresuradamente mientras se levantaba.
-¿Pasa algo?
-No. Sólo pensaba…
Se dieron prisa para alcanzar a los otros, que les esperaban en la puerta, aún bromeando acerca del próximo partido
Pero la chica de pelo naranja seguía sumida en sus pensamientos. Aún guardaba una expresión extraña. Consternada.
[La razón por la que aguanto, porque necesito que este agujero se vaya.
Es gracioso que tú seas el roto, cuando yo era la única que necesitaba ser salvada]
