Aquí está el capítulo 6, que es en realidad la segunda parte del 5, y que en este caso comienza con un fragmento de una canción de Doble V.
Si os gusta, ya sabéis, comentad. Y si no… También :*
Como advertencia, os digo que este capítulo contiene varias palabras fuertes. No quiero herir sensibilidades.
Como el Sol.
(Si fueras tú la Luna, tendríamos estrellas, cielo, el cielo es una cuna.)
(Le dije: "Monta, que te llevo al Sol", me dijo: "¡Que tontería, arderás!",
Le dije que no pensaba ir de día y se reía,
"Ya verás", le decía, "si te fías de este guía.
Dicen que cuando llegas hay un flash", y me creía,
me daba alas, parábamos a dar caladas en coordenadas desordenadas.
Sentados en el Meridiano de Greenwich dejábamos colgar las piernas,
sabiendo que la búsqueda era eterna;
y que hay muchas paradas a lo largo del camino, y que
lo importante no es llegar sino,
sino el camino en sí. Miramos atrás
y supimos que nadie volvería a vernos mas.
Fuego camina conmigo, Violadores del Verso.)
[Descubrir que nuestra casa ha sido durante mucho tiempo un trono
Dibuja mi línea del tiempo; no tengo nada que perder.
Dame una oportunidad esta noche, dame un momento, algo con misterio]
El enorme salón de celebraciones en la azotea del Hotel Génesis estaba ricamente decorado con cuadros, esculturas y pesadas cortinas. Mesas repletas de comida y bebida y pequeños sillones se repartían aquí y allá. Al fondo, sobre el escenario, una de las bandas más cotizadas del momento interpretaba su repertorio de éxitos. Los camareros pasaban entre la gente vestida de etiqueta; todos ellos jugadores de los veinticuatro equipos que participaban en la Copa, entrenadores, algún periodista autorizado, miembros de la Liga… Micro-ice aprovechó para estirar el brazo y pescar un plato de pequeñas salchichas.
-Micro-ice, es el cuarto de esos que llevas… Te va doler la barriga.- le regañó Tia.
-Y no febá ed údtimo. ¿Cdez que zi voy y le pdegunto ad shef da deceta me la didá?- preguntó con la boca llena. Mark se echó a reír.
-Tú prométele un Mice Delight a cambio, y a ver qué te dice.- le respondió, mientras la chica le sacudía las migas de la camisa reprimiendo una sonrisa.
En ese momento llegó Thran y les entregó a cada uno una copa de vino.
-¡Acabo de hablar con Lune Zaera! ¡Dice que es fan de nuestra serie!
-Es lo bueno de estas fiestas.- entonces llegó Ahito y se incorporó a la conversación - ¡Míranos! Acabo de echarme una foto con Warren.
-De hecho son ellos los que se las hacen con nosotros, Ahito.- le recordó Mark con tono de autosuficiencia.
-Yo en realidad preferiría otro ambiente. Una pizzería y sudadera. Estos trajes, no te creas…- el chico se rascó la espalda.
-A mí me lo vas a decir. Los zapatos me están matando.- Tia se quejó y se apoyó en él. – Creo que voy a sentarme un rato fuera.
-Yo también voy.- se unió Micro-ice, con su bandeja entre las manos. En el trayecto cogió una segunda bandeja de canapés, cuando se cruzó con otro camarero. - ¡Oh! ¡Chucrut de Akillian!- miró sus manos abarrotadas y entonces dirigió una mirada suplicante a Tia, que sacudió la cabeza y alzó las manos
-Oh no, ni si te ocurra.
-Jo.
Fueron hacia un sofá blanco en la amplia terraza repleta de plantas, velas y tenderetes y en cuyo centro discurría una fuente de agua cristalina. Desde allí se podía apreciar el impresionante conjunto urbano de Génesis, un auténtico lujo por la noche, cuando todas las luces se encendían y las calles se abarrotaban de vida. Y ellos estaban allí, en lo alto del más alto edificio.
Micro-ice se dedició a engullir cuando distinguió a lo lejos una cara conocida.
-¡YUKI!
Tia le miró.
-¿No la habías visto? Fuimos antes a saludarla.
-¿Has visto a Yuki y no me has dicho nada?- Micro-ice la miró con ojos como platos, y ella se encogió de hombros.
-Estuvimos más de veinte minutos con ella, pero tú estabas ocupado buscando a Kernor para ver si realmente llevaba falda, o Thran te estaba tomando el pelo.
El chico se dio una palmada en la cara.
-Quién me mandaría a mí…Voy volando.- se levantó rápidamente. - Emh… ¿te importa?
-Para nada, Micro-ice. Tendré que asumir que ella siempre estará delante en tu corazón, por mucho dolor que me cause. – ironizó ella
Mice le puso una mano en el hombro.
-Sabía que lo entenderías.- y echó a correr.
Tia negó, sonriendo, y echó un ojo al interior. La banda, que hasta hacía un rato había interpretado temas marchosos y actuales que consiguieron que casi todos los presentes se arracancaran a menear el esqueleto, entre ellos la propia Tia con los chicos, tocaba ahora piezas lentas, y varias parejas ocupaban la pista, por ejemplo Aarch y Adim. Sonrió más apliamente, mirándoles con ternura. Ahito y Thran bromeaban con Yone, el capitán de los Pullsaurs. Mark charlaba con Cranto y Nesea, de los Sandmen de Menor. Buscó a D'Jok. No le habían visto práctimanente en toda la velada. Se había pasado la noche charlando con unos y otros, tomándose fotos, mostrándose encantador… En definitiva, siendo D'Jok. Hasta hacía un rato estaba rodeado por un corrillo, riendo a carcajadas. La verdadera estrella.
Ella misma se había pasado la noche abrumada por la cantidad de gente que quería hablar con ella. Estaba acostumbrada a manejar este tipo de situaciones debido al trabajo de sus padres, pero aún así le apetecía más sentarse en la terraza y pasar desapercibida, mientras la brisa de Génesis, artificial, pero aire al fin y al cabo, le acariciaba ligeramente el rostro. Habían transcurrido apenas cinco minutos cuando alguien llegó con la misma intención: Warren. Él también parecía cansado de tanto bullicio. Ya le había saludado antes, y no le molestaba su presencia; al contrario.
El hombre rápidamente entabló conversación con ella. Siempre había sido una de los jugadores que más le fascinaban, y el sentimiento era mutuo. Era fácil hablar con Warren. Él le habló de su planeta, de Xzion. De su familia, su pequeña hija, de su juventud, de su trayectoria en el fútbol. Ella también le contó acerca de su infancia en Luna Obia y del modo en que siempre amó ese deporte y que él ya entonces solía ser uno de sus jugadores preferidos. Rieron. Intercambiaron opiniones y halagos y él le dijo lo mucho que le gustaría poder jugar algún día con ella.
-Admiro tu juego y tus valores en el campo. Y como yo, muchos más especialistas y clubes que estarían enormemente interesados en contar contigo.
-Desconocía que tuvieras esa opinión.- ella estaba francamente sorprendida.
-¿De verdad? Eres una de las jugadoras más valoradas de tu equipo y del momento. Podrías ir donde quisieras.
-Mi única ambición, al menos de momento, es permanecer con los Snow Kids. Y sé que seguirá siéndolo. Me gustaría pensar que siempre.
Warren asintió.
-Yo también escogí en su momento no irme de los Lightnings. Pienso que es la mejor decisión que he tomado en mi vida.
Entonces Tia aprovechó para contarle los sucesos más recientes. Le habló de D'Jok, a quien Warren tanto estimaba.
-Procura echarle un ojo, Tia.- le pidió el capitán de los Lightnings. – Tú le conoces tanto como yo, más incluso. Y temo que si soporta tanta presión, se acabe derrumbando.
Se incorporó.
-Ahora, mis compañeros y yo tenemos que irnos. Es tarde, y nos queda un largo viaje a casa.- le tendió la mano. – Ha sido un verdadero placer.
-Lo mismo digo.- ella le sonrió cálidamente. – Cuídate mucho, Warren.
Él le devolvió la sonrisa.
-Seguimos en contacto.
Y se marchó.
Tia decidió volver dentro con los chicos y comer algo. Por el camino se cruzó con Stevens y Kate, de los Pirates, que estaban encantados de verla. Era una imagen un tanto extraña verlos arreglados y a la vez cubriéndose con pañuelos y gafas. Al hablar con ellos, Tia recordó algo.
-¿Habéis sabido algo de Sonny Blackbones y los otros?- preguntó por lo bajo, aprovechando que no había demasiada gente alrededor. Su mirada se desvió rápidamente a D'Jok, de pie cuanto a Mark y Callye Mystic varios metros más allá.
Los dos piratas se dieron cuenta. Se miraron entre sí y entonces Stevens se inclinó hacia ella.
-Nadie los ha visto en Siloh desde hace meses. Pero hay rumores.- giró el rostro a ambos lados. – Dicen que Sonny está aquí, en Génesis.
Kate asintió.
-¿En Génesis?- Tia alzó las cejas. - ¿Y por qué iba a exponerse de tal modo? ¿Anda detrás de algo… o alguien?
Stevens volvió a dirigir una mirada nerviosa alrededor. La agarró del brazo e hizo una señal a Kate, que se quedó en su sitio mirando alrededor para vigilar que nadie se acercara. El pirata la llevó hacia un rincón, gesticulando y sonriendo como si estuvieran charlando animadamente.
-Mira, Tia, sé que Sonny confía en ti, y yo también lo hago. No hay secretos entre los piratas, pero si traicionas nuestra confianza…
La miró amenazadoramente. Ella no se achantó y negó con presteza.
-Jamás. Le debo mucho a Sonny.
Entonces Stevens se acercó un poco más a ella, de modo que absolutamente nadie pudiera oírles.
-¿Has oído hablar… del multifluido?
[Se le nota en la voz, por dentro es de colores. Y le sobra el valor que le falta a mis noches.
Y se juega la vida siempre en causas perdidas...
Es capaz de nadar en el mar más profundo.
Igual que un superhéroe, de salvar al mundo.]
-… y fabriqué mi propio robot, modelo SX7 con funciones propias que podría ser muy útil en el campo.- le explicaba Thran a Callye. –Oh, mira, por ahí viene Tia.
La chica, pensando en sus recientes pesquisas, se acercó al corro formado por la presentadora, Thran, Yuki y Mark.
-¿Qué tal todo, Tia? ¿Disfrutando de la fiesta?- preguntó la presentadora.
-¿Eh? Oh, sí… ¡menudo ambiente! ¿Y tú, cubriendo la exclusiva?- le sonrió.
-No, esta noche nada de entrevistas, lo juro.- rió Callye.
-¿Dónde te habías metido?- preguntó Mark.
-Estuve con Warren.- se apresuró a decir. –Y luego fui al baño a refrescarme. ¿Fue Micro-ice a buscarte, Yuki?
-Oh, sí, me pidió que le concediera un último baile cuatro veces, y cuando se arrodilló con una rosa entre los dientes decidí que estaba pasando de castaño a oscuro…
Se echaron a reír.
-¿Han venido tus compañeras, Yuki?
-Sólo Zyria y yo . Hectonia está lejos… Tendremos que quedarnos a dormir.
-¿Dormir?- Callye le guiñó un ojo. – Génesis no duerme, querida.
-Creo que Ahito no se ha enterado de eso. - Mark señaló al portero soltando una carcajada. Se encontraba recostado en un sillón en el extremo opuesto del salón con la cabeza apoyada en el pecho.
-Iré a despertarle, a ver si logro que me saque a la pista.- Callye les guiñó un ojo y se marchó.
En ese preciso instante llegó corriendo Micro-ice, con la pajarita torcida y algo despeinado.
-¡Eh! ¡Eh! Psst.
Casi se resbaló al frenar y Tia tuvo que sostenerle del brazo.
-¡Frena! ¿Dónde está el incendio?
-Mice, por última vez, como me pidas que bailemos otro tango te tiro por el balcón.- Yuki se escondió detrás de Thran.
-No, no, no es eso. ¿Habéis visto quiénes han llegado?- compuso un gesto airado. – Mister Repugnancia y la Traidora Conspiradora.
Yuki y Mark le miraron sin comprender y Tia alzó una ceja de manera escéptica ante apodos tan ridículos, pero Thran murmuró "Mei y Sinedd".
La rubia entendió, y le lanzó una mirada reprobatoria.
-No hables así de Mei. Sigue siendo una compañera.
-Excompañera.
-Vale, pues una amiga.- rodó los ojos.
-Mía desde luego no. Y tú deberías tener cuidado con los amigos que eliges. Podrían clavarte un puñal en la espalda.
-Me atendré a las consecuencias.- se alejó. Micro-ice se encogió de hombros y se giró hacia Thran y Yuki.
-Venga, vamos a tomar algo. Ya he digerido los aperitivos.
Tia, por su parte, se movió como pudo entre la gente hasta localizarla, pero no resultó fácil debido a todo el grupo de conocidos que la rodeaban. Al final la detectó.
Estaba tan espectacularmente guapa que se sintió insignificante de golpe, pero con Mei siempre sería así. Llevaba un vestido rojo, largo y vaporoso, deslizándose por sus curvas, y el pelo recogido en suaves ondas. Incluso a ella le arrebataba la respiración.
Entonces sus ojos azules ahumados en negro se posaron en ella. Por un instante se quedó paralizada. Pero Tia le sonrió.
-Tia…- murmuró.
Su amiga caminó hacia ella. Y Mei caminó hacia Tia. Deslizándose entre la gente.
Tia estiró los brazos, y la chica tuvo que reprimir las lágrimas cuando la abrazó.
Ya llegaría el momento de los reproches y las disculpas. Ahora le bastaba con tener a su mejor amiga consigo.
[Si volviera a nacer, si empezara de nuevo, volvería a buscarte en mi nave del tiempo.
Es el destino quien nos lleva y nos guía, nos separa y nos une a traves de la vida…
Como un pajaro de fuego que se muere en tus manos,
un trozo de hielo deshecho en los labios,
la radio sigue sonando, la guerra ha acabado,
pero las hogueras no se han apagado aun.]
-¡Oh, lo siento tanto!
Tia le ofreció un pañuelo y Mei hizo un esfuerzo por enjugarse el llanto sin echar a perder el maquillaje. Estaban sentadas en el suelo, en el rincón más alejado de la terraza, ocultas tras unas macetas de hojas enormes.
-No es conmigo con quien tienes que disculparte. Le has hecho daño a D'Jok.
-Era o él o yo, Tia.- sollozó. – No podía más.
La chica le frotó la espalda.
-No deberías haberte ido así. ¿Sabes lo preocupados que nos tenías?
-No podía hacerle frente a una despedida, a las caras de odio, a los reproches. Vi lo que pasó con Rocket y sé que no habría podido soportar una escena así.
Tia suspiró, llena de sentimientos contradictorios. Por una parte se sentía mal por su amiga, pero por otra estaba irritada con ella. Trató de ser paciente.
-Yo solo quiero hacerte ver cuál habría sido el modo correcto de hacer las cosas. Me cuesta entender que hayas elegido a los Shadows, pero lo acepto. Los demás lo habrían hecho. Lo doloroso es que no confiaras en ellos.
-De acuerdo, soy una cobarde, ¿es lo que quieres oír? Una cobarde enamorada.
Se rodeó las piernas con los brazos y clavó la mirada en el suelo, como una niña enfadada. Tia le puso una mano en el hombro.
-Escucha. Lo último que quiero es dicutir contigo. Reconozco que cuando me dijiste lo que sentías por Sinedd, no te creí. Porque no puedes querer a dos personas a la vez sin que una salga herida, y menos si esas dos personas se odian. Pero tarde o temprano tendrás que contarle la verdad a D'Jok… O lo haré yo.
-¿Serías capaz?- giró el rostro hacia ella de golpe.
-No estoy dispuesta a seguir viéndole sufrir.
-¿Por qué no lo has hecho aún entonces?
La chica dudó.
-Porque no puedo romper mi palabra contigo.
Mei la miró con los ojos entrecerrados.
-Y porque sabes que él te odiará por no haberlo hecho antes, y porque será peor, mucho peor. Habrás herido su orgullo, Tia, y el orgullo de D'Jok siempre estará por encima de su corazón.- se levantó. – Créeme, sé de lo que hablo.
Tia la imitó, aún dudando. Se sentía entre la espada y la pared. Culpó a Mei mentalmente por haberle contado sus planes. Habría sido mucho mejor vivir en la ignorancia.
-Además.- la castaña prosiguió. - ¿Qué hay de mí? Yo soy feliz con Sinedd. Más feliz de lo que él logró hacerme nunca.
-Estoy absolutamente segura de algo. Y es de que, si D'Jok hubiera sabido qué era lo que tan infeliz te hacía, se habría desvivido por cambiarlo.
-¡Es D'Jok, Tia!- respondió exasperada. – Siempre le ha dado igual lo que yo pudiera sentir. Bien, pues es hora de que tome un poco de su propia medicina. Pienso jugar a su mismo juego.- se sacó un espejo del bolsillo para comprobar que seguía perfecta. – Es hora de que mire más por mí.
Sin embargo su amiga la miraba tremendamente severa.
-Aún no puedo creer que le estés haciendo esto.
-Para ti es fácil decirlo.- apretó los puños. - Contigo siempre ha sido diferente. Siempre sintió debilidad por ti. Y en cambio, ¿para qué estaba conmigo? Ni siquiera él lo sabía. Nunca me quiso y nunca me querrá.- Se dio la vuelta y se apoyó en la barandilla, alzando la vista a las estrellas con el ceño furncido. - No pretendas comprenderlo.
-¡Sí, lo comprendo perfectamente! ¡Sé lo que es perder a alguien sin ninguna explicación a cambio!
-Esta discusión no nos va a llevar a ningún punto.- Mei se giró a mirarla con los brazos cruzados.- Hablaré con él cuando me sienta preparada. Hasta entonces, te pido que respetes mi privacidad.
-Me pides que mienta por ti.- Tia la miró con amargura. – Que le oculte cómo le engañaste durante meses.
Mei le dio la espalda de nuevo para que no viera sus ojos empañados.
-El también me engañaba a mí. Porque, estando conmigo, siempre te quis…
La melodía del holófono de Tia la interrumpió. Un mensaje de Thran. "¿Dónde estás?"
-Lo siento, los chicos me buscan.- le explicó la rubia. – Será mejor que vuelva dentro.
Mei no se giró a mirarla. Tia dudó. Sólo alzó la mano, y la posó en su espalda.
-Por favor, Tia. Me apetece estar a solas.
Asintió, aún sabiendo que no podía verla, y se marchó.
[Podría estar enfadada, pero no vale la pena la lucha
Y además, estoy siguiendo adelante
Conté hasta diez, y ahora me siento bien.]
-¿Me buscábais?
Thran, Micro-ice y Ahito estaban de pie observando a la banda. Se giraron cuando llegó su amiga. El portero le sonrió.
-Temíamos que te hubieras desvanecido, como Cenicienta a medianoche.- miró el reloj. – O más bien, a las tres de la madrugada.
-Dice Aarch que nos iremos en una hora. Podremos echar una cabezada en la nave, y nos dará la mañana libre para descansar.- le explicó Thran.
-Aunque algunos ya están más que descansados.- Micro-ice le dio un codazo a Ahito.
Tia sonrió, y aceptó una copa de la bandeja que le ofrecía un camarero. Entonces Micro-ice se rascó la cabeza y la miró.
-Esto… Tia, no es que me importe mucho, pero… ¿has podido hablar con Me… la víbora esa amiga tuya?
Ella rodó los ojos, pero sonrió.
-Sí. Y me manda recuerdos para todos.
-Bien… Aunque, me da igual claro.
-Claro, Micro-ice. – Tia le dio su copa a Thran. - Ahora deja las palabras, que no son lo tuyo, y enséñame lo que sabes hacer en la pista de baile.
Micro-ice la miró un poco sin poder creérselo. Entonces lentamente sonrió, observó primero a Thran y luego a Ahito, y agarrándola de la mano tiró de ella.
-¡Es lo que llevo esperando oír toda la noche, nena!
Tia se echó a reír mientras el moreno exclamaba "¡Música, maestro!" y, sosteniendo sus dos manos, se arrancaba a bailar salsa.
Giraron, dieron vueltas, menearon las caderas, Micro-ice hizo el payaso mientras todos les observaban y Tia se tapó la cara con las manos, dividida entre lo hilarante y lo bochornoso de la situación. Rió tan fuerte que le dolió la barriga. Entre los dos consiguieron tirar de Thran y Ahito que se unieron al corro improvisado de danza estilo libre, donde la única condición era dejarse llevar e improvisar los movimientos más absurdos. En una de esas Ahito sostuvo a Tia de la espalda y echó su cuerpo hacia atrás, como en las películas. Así, del revés y con el mundo dando vueltas, fue cuando le vio.
Supo que algo iba mal.
La sonrisa se le congeló en la cara y su rostro adquirió una expresión consternada.
Ahito tardó en darse cuenta de que algo ocurría. La chica se incorporó y se separó un poco, ansiosa. Thran también se había dado cuenta.
-¿Qué es lo que…?- Micro-ice se detuvo al ver que sus amigos observaban paralizados la escena que tenía lugar en la terraza.
Entonces Thran echó a correr. Tia le siguió.
-¡D'Jok!- murmuró Micro-ice.
La rubia se abrió paso entre la gente absolutamente descompuesta con los demás siguiéndola de cerca y el defensa apenas medio metro por delante. Se le hizo eterno el espacio a recorrer hasta la puerta de cristal. Pero incluso a varios metros logró discernir los gritos.
-¡Déjame en paz, he dicho que no quiero hablar contigo!
Mei chillaba a su exnovio completamente fuera de sí, tratando de zafarse del agarre pétreo sobre su codo.
-¡Y yo he dicho que no voy a irme de aquí esta noche hasta que no me des una explicación!
-D'Jok, te pido que no me montes una escena aquí. ¡Nos estás dejando en evidencia!
-¡La única que se deja en evidencia eres tú, demostrando lo ambiciosa, manipuladora y fría que puedes llegar a ser! ¿No te cansas de usar a la gente?- le gritó en la cara y ella se encogió. -¡Responde! ¿Ya te has aburrido de mí y ahora tienes que ir a exprimir la fama de otros?
Varias personas empezaban a asomarse, curiosas, cuando Thran llegó sin resuello junto a él.
-D'Jok, para…- le agarró del brazo pero él se libró con violencia, casi tirándole al suelo.
-¡Vete de aquí, Thran, esto es asunto nuestro!- le miró de lado, fuera de sí.
-No, no hagas esto.- el chico volvió a la carga e intentó que soltara a Mei. – Aquí no.
-¡Suéltame! ¡Quiero una maldita explicación!
En ese momento apareció él. Alto, oscuro y absolutamente enojado.
-Quítale las manos de encima a la chica, D'Jok. ¿No la has oído? No quiere hablar contigo.
Sinedd. Y también Ahito y Micro-ice, que consiguieron junto con Thran apartarle de la castaña.
-Tú lárgate de aquí. No pintas nada. Esta fiesta no es lugar para perdedores.- escupió D'Jok, con el rostro contraído por la rabia. Mei se había escondido detrás del delantero de los Shadows.
-Él único que debería irse eres tú. Siempre tienes que llamar la atención, ¿no? - Sinedd se burló con los ojos cargados de odio.
-Y tú me tienes tanta envidia que siempre tienes que quitarme lo mío… ¿La quieres?- señaló a Mei. – Quédatela. No la queremos en los Snow Kids. Ahora está corrompida.
Ella le miró dolida desde detrás de Sinedd.
-Tú eres quien corrompe todo lo que le rodea.- le reprochó la castaña. – No tienes ningún derecho sobre mí. Vete.
-Eso, vete, pardillo.- Sinedd se encaró con él, bravucón. - Das vergüenza ajena. Mira a tus amiguitos.- les señaló con un gesto de la cabeza. – Les resultas tan patético como a todos los demás.
-No me hables de amigos, Sinedd, tú no sabes lo que es eso.- Sinedd le miró con rabia, pero D'Jok prosiguió – Oh, perdona, ¿te ha molestado? Ve y llórale a tus papás. Ah, no. No tienes.
Sabía que se había pasado, sabía que había cruzado la raya y que al día siguiente se odiaría a sí mismo por esas palabras. Pero la furia le cegaba. Tanto como a Sinedd, que alzó un puño dispuesto a partirle la cara.
-¡Te voy a matar, hijo de puta!
-¡No, Sinedd!- Mei tiró de él.
-Ven, ven a ver qué sabes hacer. ¡Cobarde!- gritó el pelirrojo mientras Ahito y Micro-ice le retenían.
-¡Mejor unos padres muertos a una madre que me abandona y a un padre criminal! ¿Me oyes? ¿Un fugitivo? ¡Bah! ¡Del único del que huye es de ti, para no tener que aguantarte, igual que Mei, que estaba harta de tus estupideces de crío insportable…! No te das cuenta de lo solo que te estás quedando, D'Jok.
Ahito y Micro-ice le sostuvieron con más fuerza.
-¡Cierra el pico!- D'Jok estaba fuera de sí.
-¡Y tú abre los ojos! ¡Todos esos de ahí dentro piensas exactamente lo mismo! ¡Eres su mascota de feria, el capitán pringado, el niñato del que reírse, el patético y egocéntrico crío de Akillian que cree saber jugar al fútbol y al que todos desean perder de vista!
D'Jok consiguió librarse de sus amigos y se lanzó hacia Sinedd, sin importarle que decenas de personas se hubieran asomado tratando de escuchar, de enterarse de qué ocurría.
En ese momento llegó ella y le sujetó.
-D'Jok, no, déjalo.- suplicó Tia.
-Sí, D'Jok, hazle caso a la chica y déjalo.- se mofó Sinedd. Mei le sujetaba, detrás de él. - ¿Es tu nueva novia o qué?
D'Jok, aún furibundo, se giró a mirar la expresión suplicante de la rubia.
-Por favor.- le pidió ella.
El efecto fue instantáneo. Notó los duros músculos de sus brazos relajarse poco a poco. Pero Sinedd no le dio cancha.
-D'Jok necesita que venga la nena a defenderle, ¿no?- se echó a reír. – La verdad es que ahora me encaja todo. Hacéis una pareja formidable. De ti también se hartaron, ¿no, Tia? ¿Qué tal está Rocket? ¿Sigues llorando por las noches porque él te ha vuelto a abandonar? ¿O tienes debilidad por los capitanes y ahora te follas a D'Jok?
Tia le ignoró, pero Sinedd consiguió exactamente la reacción que quería. D'Jok se dirigió de nuevo a él con ira renovada.
-¡QUE TE CALLES!
Alzó el puño para pegarle, pero entre Tia y Thran lograron con todas sus fuerzas retenerle.
-¡NO TE ATREVAS SIQUIERA…!- bramó absolutamente fuera de control.
Incluso Mei, paralizada hasta el momento, había llegado al límite. Reaccionó ante los ataques a su amiga.
-Basta, Sinedd
Él se giró y buscó su mirada azul. El resultado fue semejante al que se desarrollaba justo delante de él, con Tia murmurándole palabras a D'Jok.
-No vale la pena…- sintió cómo lentamente volvía a calmarse. – No pierdas los nervios por él, no te manches las manos… Está bien…
Su respiración acelerada lentamente volvía al ritmo normal, justo cuando Aarch se abría paso y llegaba a ellos, con gesto entre preocupado y escandalizado.
-¿Se puede saber qué pasa aquí?
Alternó la mirada entre D'Jok y Sinedd, pero ninguno le respondió. Sinedd seguía mirando a Mei. Hasta que finalmente miró a su antiguo entrenador y se encogió de hombros.
-Debería vigilar más a sus mascotas. Podrían acabar haciéndose daño de verdad.
Pasó junto a él tras dirigir una última mirada llena de rencor a D'Jok, que le miró marcharse aún con gesto irritado. Mei le dirigió una mirada suplicante a su antiguo entrenador antes de seguir a su nuevo compañero. Aarch se cruzó de brazos.
-Ni una escena más, D'Jok. Ni una escena más o quedas suspendido.
-Señor, Sinedd le provocó…- saltó Thran.
-¡Se merecía una paliza!- exclamó Micro-ice.
-¡No me importa lo que hiciera Sinedd!- interrumpió bruscamente y se dirigió al pelirrojo. –Eres el capitán de los Snow Kids. Tendrás que aprender a morderte la lengua.
D'Jok le miró fijamente, casi desafiante. Notó la mano de Tia presionándole el brazo. Y entonces asintió lentamente.
-Ahora vete. Ya hablaremos de esto.
El entrenador le dirigió una última mirada, larga y seria, y regresó al interior. El puñado de personas que aún estaba con la nariz pegada al cristal comenzó a dispersarse, murmurando.
-Será posible…- comenzó Ahito.
Pero Tia sencillamente tomó la mano de D'Jok.
-Venga. Vamos a bailar.
Él la sostuvo firmemente y la guió al interior.
Tia notaba su pulso acelerado con tanta claridad como las miradas de la multitud al pasar entre ellos. El jugador les ignoró olímpicamente y la llevó al centro absoluto de la sala, cuando ella hubiera preferido quedarse en la periferia y preferiblemente cerca de la salida. Pero, a fin de cuentas, él era así.
La pista estaba casi vacía y la banda interpretaba un hermoso bolero. D'Jok depositó una mano grande en su espalda desnuda y la guió con delicadeza, casi sin moverse. A Tia aquella situación le parecía demasiado irreal, con su cuerpo grande rodeándola en todas partes a su alrededor, caliente, desprendiendo un olor masculino, almizclado. Calor y su perfume, y él tan atractivo en su traje negro. Tan intenso y lleno de furia. Era como si alguien la hubiera sacado de su cuerpo y la hubiera metido en una película de las que tanto gustaban a Mei. Tuvo que reprimir el deseo de pellizcarse.
-¿Todo bien?- se atrevió a preguntar tímidamente, buscando su mirada.
D'Jok asintió despacio y cerró los ojos, lentamente. Los párpados le temblaban.
-No dejes que me pierda, Tia.
Fue una especie de súplica. No podía asegurar si lo había dicho, porque había sido un susurro ronco y gutural y ella tenía la sensación de haberlo leído en lo más profundo de su mente. Sintió de nuevo como si estuviera a punto de dejarse caer por un precipicio sin mirar atrás y un súbito calor anidó en su pecho.
-No voy a hacerlo.- susurró.
Y él apoyó su cabeza contra la de ella, como si tenerla cerca sirviera para calmar toda esa rabia. Como si le hiciera sentir que todo iba a estar bien. En cierto modo funcionaba.
La música se enredaba en torno a ellos, perezosa y sensual, dibujándose por sí sola en el aire. Las notas fluían, ordenándose y desordenándose, abarcándolo todo y de pronto desvaneciéndose como humo, pero Tia sólo sentía el latido de sus corazones.
-No sabía que supieras bailar.- murmuró, sonriendo de lado, como para cambiar de tema.
-Yo tampoco.- D'Jok rió por lo bajo. – Es como el fútbol, ¿no? Sólo saber moverse en el espacio.
-Procura no soltar ninguna patada por error.
-Sólo puedo prometer que, de hacerlo, no sería a tí.
De nuevo el tono oscuro y peligroso en la voz. Ella le apretó la mano.
-Nada de lo que ha dicho era cierto, D'Jok, así que no le des la menor importancia. No malgastes tu tiempo ni tu odio con quien no lo merece y sólo desea verte caer. El mayor dolor que puedes causarles es hacer que se traguen sus palabras.
-Da por hecho que lo haré. La venganza es un plato que se sirve muy frío. Pero su vuelve a mirarte siquiera juro que le mataré.- bajó la vista y la miró. – En fin. No voy a dedicarles mi atención teniendo a una chica tan guapa delante.
-Aprovecha mientras puedas, por ahí hay gente haciendo cola...
Él sonrió. Una sonrisa limpia. Y apoyó su cabeza en la de ella.
-Qué sería de mí sin ti.
De veras se lo preguntaba a menudo. Se preguntaba qué habría sido de todos ellos sin Tia. No de un modo abstracto, sino siendo objetivos, porque D'Jok no pensaba (más bien estaba seguro casi de un modo empírico) que hubieran podido llegar a a algún lado sin ella. Bueno, igual habrían encontrado a algún otro jugador que hubiera logrado labrarse una trayectoria prometedora, pero no quería ni pensarlo. No quería ni imaginar un mundo sin ella. Porque no habría valido la pena sin Tia, la superheroína, la chica que parecía hacer magia cada vez que se elevaba entre una explosión azul, como un ángel, y que tenía el don de la omnipresencia, pues parecía estar en todo lugar en el momento en el que fuera necesario. Sí, Tia, la que ahora se mecía entre sus brazos, debería haber sido la auténtica joya del equipo, la delantera estrella, tan determinada y llena de pasión. D'Jok se dio cuenta desde el momento en el que la vio, que esa chica tenía madera, la suficiente para llegar más lejos de lo que cualquiera de ellos podría soñar siquiera, para construir su nombre en letras doradas en la historia del Galatcik Football. Pero no tuvo jamás esa ambición de los que erigen su figura en solitario, como él o como Aarch. Tia era jugadora de equipo y por eso siempre se quedó atrás, como en segundo plano, haciendo al equipo brillar siempre por detrás de otros – de D'Jok, de Rocket. Y si detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, él lo había comprobado, porque no habría logrado llegar hasta allí sin esa chica cubriéndole las espaldas, sosteniéndole cada vez que le veía caer. Siempre lo había dicho: cuando uno conoce a Mei se encuentra irremediablemente perdido. En cambio Tia te salva. Ella, origen, principio de algo nuevo, tierra prometida, un fin en sí misma. No es que pensase eso de un modo romántico; no, era algo literal, porque para D'Jok ella siempre fue el aparte que va detrás de un punto, la respuesta a todos los por qués y todos los cómos; alguien de quien aprender que las cosas esenciales son las que no se ven, que la belleza más especial es también la más discreta, la que no precisa de halagos.
De ella aprendió sobre todo que el orgullo es el lenguaje de los poderosos, pero la humildad es el de los fuertes. Aprendió la importancia de amar a otros con todo el alma y sin mirar atrás, la actitud de entrega, aprendió que el compañerismo y la cooperación son tan importantes como el éxito individual y que el trabajo duro y las ansias por hacerlo bien no tienen sentido si no hay con quién compartir los triunfos. Tia nunca tuvo una vida fácil, pero él tampoco, y por eso comprendía la importancia de las pequeñas cosas como verse las caras día tras día y año tras años en el entrenamiento, los mismos de siempre, o la suerte de ser ellos mismos, justo ahí, justo así, de compartir su día a día con las mismas personas y llamarles familia. D'Jok solo conoció lo que era un hogar cuando ella le mostró que hogar también puede ser una persona, o siete, y en este caso D'Jok podía decir que lo había encontrado. Y se negaba a abandonar a los Snow Kids porque eso supondría abandonar una parte de sí mismo, esa a la que le debía todo, incluso ser quien era y tener un motivo para tratar de superarse cada día, la que le había impulsado mucho más lejos de lo que cualquier chico de veinte años de Akilian podría concebir. No, no iba a traicionarlos, no como otros, como si el nombre Snow Kids no tuviera significado, como si fueran dos simples palabras y no comprendieran todo lo que implicaba. Lealtad, gratitud, éxito y lucha, y muchos años de trabajo común. De amistad verdadera. Habían crecido juntos, joder. Se habían convertido en las personas que ahora eran.
Tia se removió un poco y entonces comprendió que la música se había detenido. Pero no iba a separarse tan pronto. Aspiró profundamente el olor de su pelo, olor dulce y a ella, lejano, frutal. Y pensó que no importaría mucho si se concedían otro baile más, o los que hicieran falta. Incluso pasarse así toda la noche.
Y fue ahí cuando se dio cuenta de la bestia ansiosa que rugía en su estómago, propagando un verdadero incendio a lo largo de su cuerpo y ronroneando al sentirla respirando en su cuello, apretada justo contra su pecho. Y supo que jamás tendría suficiente.
[Cómo hablar, si cada parte de mi mente es tuya, y si no encuentro la palabra exacta; cómo hablar.
Cómo decirte que me has ganado poquito a poco, tú que llegaste por casualidad.]
Se dejaron caer extenuados en los asientos de la nave.
-¿Estáis todos?- preguntó Aarch echando un ojo.
Tia murmuró un vago "Sí" mientras lanzaba lejos los tacones y se recostaba en el hombro de Micro-ice, que ya había empezado a roncar. D'Jok se quitó la chaqueta y la arropó antes de tumbarse al otro lado de su amigo. Mark dijo algo pero no le entendió, porque bostezaba sonoramente, y Thran, que había tenido que cargar a su hermano a caballito, se tiró bocabajo en el sillón. Extenuado.
Aarch reprimió una sonrisa.
-¿No queréir volver a la fiesta?
Todo lo que obtuvo por respuesta fue un sonoro ronquido de Micro-ice.
