Aquí llega, el séptimo capítulo de esta historia. Espero que lo encontréis entretenido, la verdad es que me ha costado escribirlo y creo que ha quedado bastante decente. En este capítulo, además, aparece un personaje nuevo que espero que os guste. Apenas he empezado a escribir sobre ella y ya la he cogido cariño.

Sobre todo, gracias por los reviews. Tengo las lectoras más maravillosas del mundo. Cualquier sugerencia es bien recibida, decidme qué queréis leer y yo lo incluiré con gusto :')

Debo decir, además, la que creo que es la clave en este episodio: la dulzura que el amor es capaz de despertar incluso en las personas más frías del mundo. Me he descubierto a mí misma hallando la faceta más profunda de cierto personaje que sé que a la mayoría no agrada, pero que a mí me gusta especialmente, por el hecho de que es el típico antihéroe. Y yo tengo una debilidad por los antihéroes.

Por último, me he alegrado al ver que mi gran somniloque ha publicado un bellísimo fic sobre D'Jok y Tia. Os juro que me arrancó unas lágrimas. Se trata de "Senses", que está en inglés, pero si no lo habéis leído aún os animo, pues es lo más increíble que he leído en años. Ánimo, somniloque, sigue escribiendo así

Let your heart hold fast.

- To believe I walk alone is a lie that I've been told. -

El despertar les llegó lento y pesado, con esa luz blanquecina que coronaba los otoños en Akillian y la sensación pegajosa de quien estuvo hasta tarde (o temprano, más bien) de fiesta y no consigue sacudirse el aturdimiento de encima.

Tia bajó al salón después que algunos, pero antes que la mayoría, oliendo aún a ducha y con el sueño pegado a las pestañas.

D'Jok estaba ya allí, con una camiseta cualquiera y en pantalones de pijama, leyendo las noticias. Thran, a su lado, revisaba unos apuntes repletos de fórmulas y ecuaciones. Ambos se giraron al oírla entrar, arrastrando las zapatillas de estar en casa y con una sudadera gigante que algún día fue de Rocket, aunque de eso ya casi ni se acordaba.

-Buenos días.- se dejó caer al lado de Thran y apoyó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos.

-Buenos días.- contestó éste. – Creo que voy a pasar de preguntarte si has descansado.

-Dame un minuto.- ella sonrió con los ojos entrecerrados. - ¿Habéis desayunado?

-Hace rato.- respondió D'Jok. – Son las doce y media, así que te aconsejo que tomes algo en vez de esperar más y comenzar el día con un plato de estofado.

-Tienes razón. Iré al comedor… cuando recupere el control sobre mis piernas.

-Hablando de comida,- D'Jok cerró el periódico. – Micro-ice aún no ha bajado. Una hora más y me deberás veinte créditos.

-Confío en Micro-ice y el poder biológico que ejerce su estómago sobre él. En cuanto sirvan la comida, caminará a la mesa incluso sonámbulo.

Tia se echó a reír.

-¿Los otros también duermen?

-Menos Aarch, que lleva desde las once haciendo las pruebas con Clamp y Artegor. Se ha presentado bastante gente.

La chica se levantó.

-Vamos a echar un ojo.

-Intentamos ir hace rato, pero nos echaron. Temen que los distraigamos.- respondió Thran.

-En mi caso lo entiendo. Las chicas se aturdirían y ya no habría manera de que atinaran al balón…- repuso D'Jok con aires presuntuosos.

Tia le pegó con el periódico.

-Creído.

-¡Eh! Tiene sentido. ¿Por qué crees que hemos ganado las dos Copas? ¿Por vuestro talento? De eso nada. Mi atractivo distraía a los rivales.

-Entonces no hay por qué entrenar para el partido contra las Rykers.- Thran se estiró en el asiento y dejó los papeles a un lado. – Al fin y al cabo el género femenino sucumbe ante ti.

- Thran, algún día te explicaré exactamente los requisitos necesarios para formar parte del género femenino y por qué las Rykers no los cumplen. Ni tampoco Tia.

La aludida le miró con el ceño fruncido.

-¿Qué has querido decir con eso?

D'Jok rió entre dientes. Era ese tipo de humor casi cruel que sólo el entendía, porque, irónicamente, era excesivamente consciente los atributos femeninos de Tia. Probablemente unas cuantas veces más que ella.

-Te responderé si prometes ponerte un vestido como el de anoche y tomar algo conmigo.

-No, aún estoy intentando procesar el hecho de que me compares con androides a nivel de feminidad, y, créeme que querrás estar lejos cuando lo haga.

-Yo invito.

La chica arqueó una ceja.

-Evidentemente lo haces. A mí, y a Thran. Y pienso ir en vaqueros.- le apuntó con el dedo.

D'Jok compuso una expresión dolorida.

-Chica dura.

-Vaya, tendré que empezar a enseñar yo también piernas para ir de gratis más a menudo.- apuntó Thran mientras Tia subía a cambiarse.

-Te invitaré cada día con tal de que no lo hagas.- exclamó el pelirrojo a un Thran que ya salía por la puerta, dejando el rastro de su risa atrás.

Así pues, tras un largo paseo, varias anécdotas sobre la noche anterior, unas cuantas jarras de refresco y diversos aperitivos, D'Jok se recostó hacia atrás, abrigado por el íntimo calor de aquel restaurante del centro. Tarareó el jazz suave mientras escuchaba a Tia y Thran bromear. En paz.

-Vaya, un mensaje de mis padres. – el chico miró el reloj de su muñeca. – Creo que debería acercarme a verles.

-Huye antes de que descubran que no hay fondos en mi cuenta y nos obliguen a pasar la tarde lavando platos.- masculló D'Jok.

-¿Nos?- Tia le miró con el vaso frío en la mano. Thran se incorporó, poniéndose la chaqueta. – Perdona, esto corre a tu cargo. Como mucho, puedo sentarme a tu lado a mirarte.

-¿En plan cita romántica?- D'Jok le sonrió de lado.

-No sé que entiendes por cita romántica, D'Jok, pero veo que no has tenido muchas.- se sorpendió a sí misma respondiéndole en un tono travieso. Si tuviera que recordar cuándo fue la última vez que lo usó con un chico, probablemente le costaría.

-¿Acaso tú sí? No me digas que nuestra pequeña Tia es una experta en el noble arte de la seducción…

- Sí. Así que mejor procura alejarte antes de que te haga llorar por amor.

D'Jok se echó a reír entre dientes.

-Yo sí que te enseñaría lo que es el amor.

-Ejem…

Thran carraspeó. Les miraba de pie, reprimiendo una sonrisa. Una tan grande como su corazón.

-Gracias por vuestra atención. ¿Puedo dejaros solos sin que os matéis?

-Claro. Ahora somos amigos.- D'Jok sonrió ampliamente, rodeando a su compañera con un brazo.

-No te preocupes, Thran. Está claro que nuestro capitán sabe cuidar de una señorita.

-Lo que me asusta es que la señorita se enfade con el capitán y le arranque los…

-Vale, vale.- D'Jok alzó las manos. – Quizás no sea tan buena idea. ¿Qué decías de ir a ver a tus padres…?

-Vamos, D'Jok. Te las apañarás.- Thran le guiñó un ojo y se alejó.

Una brisa gélida invadió el local al abrir y cerrarse la puerta. Allí dentro la luz era tenue, el ambiente templado, la compañía excelente, las paredes estaban maravillosamente decoradas con todo tipo de cuadros y vinilos y objetos antiguos, extraños. Estaban en la mesa del fondo, cómodamente sentados en el asiento rojo acolchado. ¿Para qué moverse?

-No me movería de aquí en mil años.- repuso Tia, como leyéndole el pensamiento.

-Y yo no presentaré objeción.- D'Jok se acomodó a su lado.- ¿Qué hora es?

Ella consultó el reloj.

-Las dos menos veinte. Tenemos un rato aún hasta la hora de comer, aunque entre unas cosas y otras estoy llena.

-Creo que podríamos saltárnosla, pues.- él le guiñó un ojo.

Tia se giró a mirarle, apoyando la cabeza en la mano. Sonrió.

-¿Propones algo más interesante?

-Tengo muchas propuestas, pero no estoy seguro de si querrás oírlas. Eres una señorita.

Ella se echó a reír.

-Vale. Limitémonos a hablar. Se te da mejor.

-En primer lugar, olvidas que a mí todo se me da bien. Y, por otra parte, es imposible que mejor, porque a mí nada se me da mejor que eso.- repuso D'Jok. Tia se sonrojó con fuerza, traicionada por su imaginación. – Algún día te dejaré comprobarlo.

-Dejémoslo en la lista de actividades pendientes, semental.

-Perdona, que no se diga que no escucho a una chica.- D'Jok hizo una señal de la mano para llamar al mesero. Dos copas más.

-Es que no escuchas.- ella rodó los ojos.

-¡Sí que escucho!- exclamó D'Jok, divertido.

-Sí, los piropos.

-Eh, no especificaste qué.- se giró hacia ella, quedando de frente. Profundamente interesado. – Déjame demostrarte que soy un gran conversador. ¿De qué quieres hablar?

-De cualquier cosa.- afirmó ella. D'Jok asintió.

-De cualquier cosa. ¿Alguna petición especial?- tomó las copas que le traía el hombre con una sonrisa y un "Gracias"

-Sí.- Tia tomó la que le ofrecía. – De todo, excepto del dolor.

Empezó a remover los hielos, sin mirarle a la cara. Pero D'Jok la miró.

La miró y la quiso. Estiró una mano y la posó en su pierna. No, nada de dolor para ella. No más dolor. Ya no.

La miró, buscó sus ojos y su corazón. Y repitió:

-No más dolor.

[No me dejes.

Hay que olvidar
(todo se puede olvidar)
lo que ya se fue.
Olvidar el tiempo de los malentendidos
y el tiempo perdido.

Olvidar esas horas
que mataban a veces
a golpes de porqués
el corazón de la felicidad.]

Lejos, muy lejos. La cara oculta de Génesis. Callejones perdidos, marginales. Contrabandistas. Tugurios. Palabras clave, murmullos. El reservado de un club y en él, el pirata más buscado de la galaxia.

Un marido viudo. Un padre que echaba de menos. Que vigilaba de lejos, siempre de lejos.

En frente, Artie le traía el tesoro más valioso: información.

-Nuestros enlaces se encontraron esta mañana con Stevens, en el paso fronterizo de Menor. Todos los piratas de esta galaxia están pendientes de tu hijo, Sonny. Darían su vida para protegerle con tal de cumplir su deuda de honor. La seguridad de D'Jok está garantizada.

El hombre mantuvo el gesto impasible y las manos enlazadas.

-¿Qué sabéis?

-Los Pirates coincidieron con él anoche, en la fiesta de comienzo de la temporada. Por lo visto, mantuvo una rencilla con Sinedd. Cosas de chicos.

-Mei.- aventuró Sonny. – Imagino que D'Jok no iba a quedarse de brazos cruzados.

-Así es. Se lió una buena. Pidió cuentas a la chica y al final acabaron todos enfrentados, pero el conflicto no fue más allá.

Sonny suspiró, preocupado. Porque había cosas de las que él no podía proteger a su hijo. Y el mal de amores era una de ellas.

-¿Cómo se ha tomado lo de su novia?

-No habían estado bien, y el hecho de que ella se marchara así, pasándose al equipo rival y precisamente en brazos de su enemigo…- Artie sonrió de lado. – Tú mejor que nadie le conoces.

-Tiene orgullo, maldita sea.- pero sonrió. Satisfecho, porque era igual que él.

-Lo superará. Son simples líos de faldas.- Artie alzó la copa. – ¡Tiene diecinueve años! Dentro de un mes ni la recordará. A fin de cuentas, ¿qué sería de nosotros sin chicas bonitas que nos quebraran la cabeza?

Sonny brindó.

-Amén.

Ambos rieron y apuraron sus vasos, allí sentados a la mesa, tras una puerta bloqueada con cajas. Lugar perfecto para planes secretos.

-Hay otra cosa más.- añadió Artie, dejando su copa vacía en la mesa. – Anoche Stevens, en la fiesta, habló con Tia.

Miró al jefe esperando su reacción. Él se rascó la barbilla.

-Sí, Tia. Me gusta esa chica.

-Estaba preocupada por D'Jok. Ha estado cuidándole y quería que usted supiera que ha estado muy… Herido, creo que era la palabra. Que quizás necesitaría verle.

-He estado pensando en ello, sí, y creo que sería lo mejor. Y si Tia nos lo pide, ¿quién soy yo para negarme?- sonrió, abriendo los brazos. – La situación ahora es… Delicada. Andamos metidos de lleno en esta empresa, de modo que tendré que consultarlo.

-Sí, Stevens le dijo que estábamos aquí, en Génesis. – Artie se inclinó hacia delante. - Le habló del multifluido.

Sonny se envaró. Su cerebro procesó la información a toda velocidad, dudando acerca de cómo les afectaría eso.

-¿Cree que nos puso en peligro? ¿Hacemos algo? – la expresión de Artie mostraba una aflicción inequívoca. Porque temía la respuesta de Sonny. Las medidas necesarias.

Éste meditó un momento. Confiaba en Stevens, aunque consideraba que se había ido de la lengua al involucrar a la chica, puesto que cuantos menos supieran acerca del multifluido, mejor. Y sin embargo…

-No.- Artie casi suspiró, aliviado ante la respuesta. – Fiémonos de ella. Sé que no dirá nada. Y si lo hiciera… Bueno, me aseguraré de que no pueda volver a usar esas piernas de futbolista en su vida.

El chico se encogió en el asiento. No negaría que tenía miedo por ella. Porque Sonny la apreciaba, pero era un pirata. Y actuaría como tal.

-Pero en el futuro, espero que Stevens aprenda a no irse de la lengua o volveré a toda la comunidad en su contra, hasta que no haya un solo pirata que no desee ver su cabeza colgada en la pared.

Artie tragó saliva.

-Sí, señor.

-Ahora vete. Reúne a los demás. Nos veremos en la nave en una hora.- Artie se levantó, y se despidió con un gesto de la cabeza.

Sonny se atrevió a regalarle una sonrisa.

Y una vez a solas, escondió meditabundo la cara entre las manos. Sí. Confiaba en la chica. Porque solo él era consciente de que también ella haría cualquier cosa por D'Jok.

[No me dejes.

Yo te ofreceré perlas de lluvia

venidas de países donde nunca llueve.
Yo escarbaré la tierra hasta después de mi muerte

para cubrir tu cuerpo de oro y de luz.
Yo haré un reino, donde el amor será rey, donde el amor será ley,

donde tu serás reina.
Pero no me dejes.]

Se dio la vuelta. Llevaba todo el día con la mirada perdida y la frente agachada. Y Sinedd supuso que era él quien debía acercarse, quien, de algún modo, debería tratar de hablar con ella. O algo. Pero no tenía idea de cómo empezar.

De manera que aprovechó ese momento, justo al terminar el entrenamiento, cuando todos habían salido ya de la sala, y la retuvo sujetándola del brazo.

-Mei, espera.

La chica de ojos de mar se volvió. Otra vez esa decepción. No lo soportaba.

-¿Qué te ha pasado hoy en el entrenamiento? Estabas absolutamente descentrada.- vale, igual había sonado demasiado duro. Pero eso de tener tacto no era su fuerte. Por no hablar de su importante déficit en amabilidad.

Mei frunció el ceño.

-Como tú bien has señalado, estaba descentrada. La próxima vez lo haré mejor.

-¡No puede ser la próxima vez, Mei! ¡Tienes que esforzarte! Si quieres lograrlo, tienes que trabajar duro.

Sí, definitivamente se estaba pasando. Y Mei no tardó en saltar.

-¡Perdona, si quisiera que alguien me recordara continuamente que no hago las cosas lo bastante bien seguiría en los Snow Kids!

Se giró enfurecida y caminó hacia la puerta con paso airado. Sinedd se mordió la lengua con fuerza. "Maldita sea".

-¡Eh, espera!- ella no obedeció. – Joder, que sí. Lo… lo siento.

Sólo el cielo sabía cuanto le había costado pronunciar esas palabras que bajo ningún concepto pensaba repetir. En ese momento él no lo sabía, pero estaba en posesión de uno de esos pequeños gestos que uno hace por amor. Como pedir disculpas aún cuando no entiendes por qué.

Mei debió pensarlo, ya que se paró en seco.

Dudó un instante.

-Di lo que tengas que decir, Sinedd, pero no lo estropees. – no había acritud, sino cansancio en su tono. El de un corazón harto de tormentos.

Sinedd se acercó a su espalda, algo inseguro. Tomó su mano. Despacio. Qué idioteces tenía que hacer por la chica. Y Mei cerró los ojos derrotada.

-¿Qué pasa? Sé que hay algo que te preocupa.- pausa.- ¿Es lo que pasó anoche?- aventuró.

Ella trató de mantenerse impasible, pues no debería dejar que la afectara, pero su voz la traicionó.

-Claro que es lo que pasó anoche.

Sinedd suspiró.

-¿Es… por D'Jok? ¿Por lo que te dijo?

-Es por lo que dijisteis ambos.- se giró a mirarle. – Él te ataca a ti, tú le atacas a él, y al final, ¿qué conseguís?- bajó la vista. – Sois tan terriblemente iguales…

Él no pudo resistir. Le atrapó la cara entre las manos, con esa intensidad a la que resultaba difícil acostumbrarse. Propia de una persona que finje ser de hielo pero que por dentro se derrite por unas migajas de cariño.

-Yo no pretendo hacerte daño también. Créeme. Ya sabes lo difícil que resulta esto para mí.

-¿Es que es fácil para mí?- sus ojos de vidriaron. – Me siento como un trozo de carne arrojado al centro de vuestras disputas.

-Mei…

-¡Dijiste cosas horribles, Sinedd! ¿Cómo se puede querer a una persona tan llena de odio?- una lágrima cayó y se aventuró por su mejilla.

Ahí fue cuando él llegó al borde de la desesperación.

-¡Trato de cambiar por ti! Yo sí puedo hacerlo.- atrapó sus manos, las llevó a su pecho, sobre su corazón. – Yo…yo… Te quiero, ¡joder!

La soltó, se alejó un poco. Lo había dicho. Por primera vez, él había reconocido sus sentimientos. Por primera vez, Mei había oído esas palabras pronunciadas para ella. Sólo para ella.

Algo se le movió muy dentro.

-No sé si puedo confiar en ti. – tenía el rostro enrojecido y lágrimas secas, y juro que nunca antes había estado más guapa.

Sinedd trató de recuperar la calma.

-Tienes que hacerlo.- respondió, aséptico. – Si tú lo haces, yo puedo ser mejor persona.- Mei cerró los ojos, pero se acercó. - ¿O no te lo he demostrado ya?

-Anoche lo echaste a perder.

-Trataba de defenderte.

La chica negó despacio.

-No tienes que defenderme ante nadie. Sé lo que siento.

Apoyó la cabeza en su pecho. Sinedd suspiró de nuevo.

-Mei, ¿tú me quieres?

Ella se separó para mirarle con los ojos muy abiertos. Miró sus pupilas del azul recóndito y oscuro del universo. En unos cuantos segundos, recordó los encuentros secretos, noche tras noche. El calor de su regazo y la ternura inimaginable que había hallado detrás de tanto veneno. Se dio cuenta de todo lo que había dejado atrás, - toda su vida – y ella misma descubrió la respuesta. Así de fácil vino. Fácil y rápido, como enamorarse. Curioso lo sencillo que uno se enamora y lo complicado que vuelve todo después. Ese día, ambos lo supieron:

-Sí.

Entonces Sinedd la besó. La besó con fuerza. Era en esos besos cuando Mei sabía que no, que pese a todo, Sinedd no era tan como D'Jok. Porque Sinedd sí le había abierto paso a su corazón. Y cuando realmente te importa una persona, tú persona única en el mundo, te esfuerzas por conservarla. Justo como él hacía

Abrió su boca, recibió su lengua llena de dolor y de devoción, porque así era él. Mientras le besaba abrió los ojos. Le pilló mirándola con esa expresión que había hecho que cediera ante sus armas. Una mirada sin artificio, exactamente lo que a ella le sobraba.

Finalmente fue ella quien se separó lentamente. Murmuró.

-Acepto.

-¿El qué?- Sinedd alzó una ceja, algo aturdido.

-Intentarlo.- estiró la mano y le tocó el rostro duro, anguloso. Y cuando decía intentarlo se refería a todo. A ellos, al equipo. Ya lo había dado todo, y seguiría dándolo.

Sinedd sonrió.

-Juntos seremos invencibles. Iremos al torneo nuevo del que te hablé, a Paradisia. Tú y yo.- se alejó, le pasó un brazo sobre los hombros y la guió fuera. – Vamos a aceptar. Ya verás como será inolvidable.

Mei confió en él mientras le escuchaba hablar de playas inmensas, de fútbol, de lujo, de fiestas junto al mar. Sí.

Realmente Paradisia iba a ser inolvidable.

[Se ha visto a menudo resurgir el fuego de un antiguo volcán que creíamos demasiado viejo.

Hay tierras quemadas que dan más trigo que el mejor abril.

Y cuando viene la noche, para que el cielo arda, el rojo y el negro ¿acaso no se unen?

No me dejes. No me dejes.]

"Buenas tardes, bienvenidos a la última edición de Noticias Génesis, presentadas por Ron Zera.

Nuestra noticia de portada: Galactik Football. A pesar de los continuos retrasos, la Liga pide paciencia a los aficionados y asegura que el Estadio estará listo para el próximo campeonato. La controvertida decisión de celebrar los encuentros de la fase de grupos en los estadios locales sigue levantando ampollas. También llegan los rumores que afirman que una liga de la competencia pueda organizar otro torneo.

Y mientras, a tres semanas del encuentro de los Snow Kids con las Rykers y de los Shadows con las Elektras…"

En todos los lugares de la galaxia cientos de miles de personas miraban con atención sus holotelevisores. En la Academia de Akillian, unos Micro-ice, Mark y Ahito recién levantados no perdían palabra, al igual que Thran, sentado en el salón de la casa de sus padres. Tampoco lo hacían Sinedd y Mei, muy lejos de allí, en su hogar en el Archipiélago Shadow, ni Yuki, rodeada de sus nuevas compañeras. Ni siquiera lo hacía Rocket, en algún lugar perdido, que se había jurado a sí mismo distanciarse del torneo.

Tia miraba el programa sin enterarse mucho, mientras D'Jok, junto a ella, pagaba la cuenta. Entonces él le propuso ir a pasear antes de volver. Evidentemente, dijo que sí.

Le apetecía demasiado estar con él.

Era inexplicable, pero se preguntaba cómo había podido vivir tanto tiempo distanciada de D'Jok. De algún modo le fascinaba oírle hablar, sentirle junto a ella, tan vívido y real. Pero no quería pensar demasiado en ello para ahorrarse preguntas innecesarias.

Caminaron uno al lado del otro, deslizándose por la nieve y calentándose las manos dentro de los abrigos. Tia reía entre nubes blancas, sonrosada, mientras que D'Jok la observaba. El chico la guió hacia la zona alta de su viejo barrio allí en Akillian, el parque donde solía jugar con los demás cuando eran unos niños pequeños que medían la felicidad en carreras.

-Esto es precioso.- extrajo la videocámara del bolsillo, maravillada por el paisaje nevado.

-Es sorprente lo poco que conoces esto, para haber nacido aquí.- D'Jok la siguió, deslizándose por entre los pinos.

-Padres diplomáticos, ya sabes. A veces siento que no pertenezco a ningún lugar. Apenas pisé mi planeta natal un par de veces hasta los quince años.- hizo un gesto señalando a su alrededor.

-Yo, en cambio, siempre soñé con escapar de él. Tampoco yo pertenezco a ningún lado, ¿sabes?- se sentó en un banco de piedra, con las manos en los bolsillos. – Pero tengo que reconocer que he sido feliz en Akillian. Tardes enteras jugando justo en este parque, con Thran, Ahito, Mice y los demás. Siempre haciendo de las nuestras.

Sonrió casi con nostalgia. Ella se quedó suspendida en ese gesto.

-Hasta que un día creces y empiezas a sentirte atrapado entre tanto rencor, tanta sordidez, tantas viejas heridas que no acaban de cerrar. Miro a todos los adultos que se quedaron aquí estancados y llenos de miedo, sin progesar jamás.

-No sabes cómo te entiendo.- murmuró Tia. – Yo me juré a mí misma que nunca sería como mis padres. El problema es que siempre me educaron para pensar como una adulta, con una moral férrea, de manera que antepusiera lo correcto a mi propio corazón. E hicieron un buen trabajo. Ya no sé discernir mis deseos de mis obligaciones. Creo que por eso nunca voy a lograr perdonarles del todo.

Él se giró a mirarla. Extendió los dedos y le rozó la mejilla, y Tia sintió su alma arder.

-Desearía que pudiéramos ser niños de nuevo, sin preocupaciones, sin obligaciones, sin sentir que toda la galaxia está pendiente de cada cosa que hacemos. Poder querer a quien nos apetezca sin pararnos a pensar si es adecuado o no.

A ella su voz le llegaba como de lejos, porque la sensación de sus dedos recorriendo la línea de su mandíbula era demasiado vívida.

-Yo nunca he sido una niña.- sonrió apenada.

-Imagina que te dieran la oportunidad. Imagina empezar otra vez de nuevo, conmigo, con nosotros.- D'Jok deslizó las manos hacia su pelo y sonrió burlón. – Uno más del grupo.

Tia fingió ofenderse.

-Oye, pasáis por alto que soy también una mujer demasiado a menudo. Empieza a ser preocupante.

-Jamás lo hago.- juró él. Honestamente. Ella no añadió nada, pero le sonrió con labios temblorosos. - ¿Tienes frío? – preguntó D'Jok.

-Sí. No estoy inmunizada a esta cubitera gigante como vosotros.

-Menuda floja. Ven aquí.- sus dientes blancos brillaban incluso en la nieve.

La cobijó bajo su brazo.

-En realidad jamás podría sobrevivir aquí. No entiendo cómo lo soportáis.- se quejó mientras él le frotaba el brazo. – Echo tanto de menos la luz, el sol. Es lo único a lo que no podré acostumbrarme.

-Estamos habituados. Necesitamos hacerlo tras la glaciación, para poder sobrevivir.- Tia cerró los ojos, arropada por su voz y su ardor. – Yo no conozco nada que no sea esto. Jamás de pequeño vi un cielo despejado.

-¿Nunca?- preguntó sorprendida.

-Nunca. No conocí el verdadero sol hasta que no salí de aquí.- acarició su hombro con las yemas de los dedos.

-Yo no vi la nieve hasta que no vine aquí.

-¿Y qué te parece?

-Fría.

D'Jok rió contra su pelo. Ella se movió con su cuerpo que se estremecía, y sonrió.

-Más que en las películas. Jugaba a imaginármela, ¿sabes? A que hacía peleas de bolas de nieve, muñecos. Me preguntaba como sería tocarla.

-También yo jugaba a imaginar el sol.

Tia alzó la vista.

-¿Cómo era?

-Bueno, hacia los dieciséis años lo más parecido a él que vi eras tú. Me preguntaba cómo sería tocarte.- deslizó los dedos por su brazo.

Lo soltó así, sin más. Justo así. Como si hubieran caído en un universo paralelo en el que D'Jok sabía decir palabras dulces que a Tia le agitaban el alma y le erizaban la piel. En el que Mei se enamoraba de un Sinedd bueno. En eso debía consistir el amor, aunque por aquel entonces ninguno lo tuviera muy claro ni se atreviera siquiera a evocar esa palabra. Por eso se limitaron a quedarse allí sentados, entre copos de nieve que caían a su alrededor y se fundían con el tiempo. Sólo los dos.

[No me dejes.
Yo inventaré para ti palabras sin sentido

que tu comprenderás.
Yo te hablaré de esos amantes que han visto por dos veces

arder sus corazones.
Yo te contaré la historia de un rey que murió

por no haber podido encontrarte.
Pero no me dejes.]

La tripulación estaba reunida en la cabina de mando, algunos murmurando con las cabezas juntas, cuando las pisadas de Sonny Blackbones hicieron el silencio. Apareció escoltado por Corso, viejo pirata, eterno compañero.

-¿Estamos todos?- tomó asiento en su sillón.

-Estamos todos, Sonny.- se apresuró a responder Artie.

-Bien. Ahora quiero que prestéis atención y calléis.- enlazó ambas manos, mientras sus hombres le esperaban con expectación y respeto. – Como sabéis, alguien ha estado saboteando la construcción del nuevo Estadio. – pulsó varias teclas en la pantalla y un holograma de Génesis se proyectó en el aire, ante los ojos de todos. – En el último año se han producido doce explosiones que no dejan de ralentizar las obras y despertar recelos contra la Liga.- señaló los puntos en rojo en el plano virtual en tres dimensiones, que indicaban los lugares exactos. – Os preguntaréis en qué nos afecta esto, ¿verdad?

Los piratas se miraron entre sí.

-Sencillo. – continuó. – Un gato.

-¿Cómo?- preguntó Bennet con estupor.

-¿Un gato?- repitió el hombre a su derecha.

-Exacto, un gato.- manipuló un par de botones más y ahora fueron varias fotografías las que se proyectaron. Los cuatro últimos lugares en los que habían tenido lugar las explosiones. En todos ellos, un pequeño gato negro.

-Corso y yo estudiamos minuciosamente los planos de Génesis y señalamos los lugares donde estallaron las bombas. Gracias a simples cálculos, descubrimos que no eran puntos al azar, sino estratégicamente situados para sabotear las obras del estadio. Ocho explosiones en ocho calles colindantes a éste, trazando un círculo. De éste modo pudimos predecir dónde tendrían lugar las siguientes. Y cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que en todos ellos había un elemento común: este pequeño.- señaló al animal.

Entonces Artie cayó en la cuenta. Miró a Sonny con los ojos como platos.

-¿No es el gato de Bleylock?

-Así es, amigo mío.- sonrió triunfal.

-Pero Bleylock está muerto.- masculló uno de los piratas.

-Parece que, o bien no está tan muerto, o bien dejó tras de sí a un sucesor. Y eso sólo puede significar una cosa: ese hombre, sea quien sea, tiene el multifluido.

La verdad cayó sobre ellos como una losa. Nadie habló durante unos instantes, mientras daban vueltas a la información revelada.

-Entonces, ¿qué debemos hacer, Sonny?- habló Bennet.

-Quiero que os despleguéis por toda la galaxia y averiguéis todo lo que podáis sobre la construcción del Estadio y esa supuesta nueva Liga de la que hablaban en las noticias, que tanto se beneficiaría con la paralización de las obras. Recabad hasta el más mínimo dato. Vosotros,- señaló a Artie, Bennet y dos o tres hombres más –, Corso, y yo mismo, nos encargaremos de dar caza al felino. Pero antes iremos a Akillian. Hay algo que debo hacer allí.

Pensó en D'Jok. Al fin vería a su hijo.

[No voy a llorar.
No voy a hablar.
Me ocultaré para mirarte bailar y sonreír,
y escucharte cantar y después reír.
Déjame volverme
la sombra de tu sombra,
la sombra de tu mano,
la sombra de tu perro.]

Pasaban, al menos, las cinco de la tarde, cuando Aarch dio por finalizadas las pruebas de selección. Había encontrado a quien andaban buscando.

En cuanto a los Snow Kids, aquel día les pesaba hasta el aliento. Sólo pensar en una sesión de tres horas de entrenamiento hacía que se echaran a temblar, como aseguró Micro-ice, tumbado en el sillón de la sala común con la cabeza colgando hacia abajo y las piernas apoyadas en el regazo de Tia, quien releía por décima vez un libro que le había prestado Keira. Nadie le contradijo. Ahito estaba ocupado dormitando apoyado en su hermano, que miraba algún programa barato sin enterarse mucho de lo que decían. Mark tenía los auriculares puestos y los ojos cerrados y estaba sentado en el suelo, y D'Jok se entretenía (o se aburría, más bien) lanzando una pelota al aire para después cogerla.

Ese fue exactamente el panorama que se encontró el míster cuando les sacudió a todos de su sopor antes de añadir un:

-Os quiero en cinco minutos en la sala de entrenamientos. ¡Vamos! El nuevo fichaje os espera.

Así que no les quedó otra que arrastrarse hacia sus habitaciones, ponerse la equipación y bajar de nuevo con el mismo entusiasmo que una familia de babosas, mientras se preguntaban unos a otros cómo sería el nuevo jugador.

-Por favor, que sea una chica guapa, que sea una chica guapa, que sea una chica guapa…- Micro-ice tenía los dedos cruzados.

-¿A ti qué más te da? Pensaba que estabas enamorado de Yuki.- Mark le revolvió el pelo.

-¿Y? Tendremos que alegrarnos la vista de vez en cuando.

-Gracias. Yo hago lo que puedo.- Tia, que caminaba delante de él, no se giró a mirarle.

-Tia. Tú no me alegras la vista. Tú me alegras todos y cada uno de mis sentidos, me alegras la vida e incluso me alegras el pit…

-¡Vale, vale! Sabes qué, realmente espero que sea chica, necesitas una pero ya.

-¿Es eso una proposición?- corrió hacia ella, quien huyó a toda velocidad con su risa y un "¡Ni lo sueñes!", mientras el resto prorrumpía en carcajadas.

El deseo de Mice pareció materializarse al abrir la puerta.

Una chica les esperaba, lista para saltar al campo. Era de estatura media, aproximadamente como Tia, de complexión fina y formas menos esbeltas, pero ágil. Una larga cabellera castaño claro con flequillo y las puntas teñidas de rosa enmarcaba su cara redonda y alegre, en la que un puñado de pecas subrayaban sus ojos, redondos y del color de dos avellanas.

El míster les recibió junto a Artegor.

-Chicos, os presento a Day…

-¡Ane!- exclamaron todos al unísono mientras se apresuraban a abrazarla francamente sorprendidos.

-¡Vaya, cuánto tiempo!- Micro-ice alucinaba.

-No sabía que jugaras al fútbol.- añadió D'Jok, regalándole una sonrisa.

-¿Cómo estás?- Thra le posó una mano en el hombro.

-Hola, chicos.- sonrió ella tímidamente.

-¿Os conocíais?- Aarch no daba crédito a sus ojos.

-¿Qué si nos conocíamos?- respondió D'Jok. – Ane ha vivido siempre en nuestro barrio. Incluso íbamos al mismo colegio, aunque ella estaba en la otra clase. Sus padres tenían una pequeña tienda en mi calle. ¿Qué tal les va?

-Genial, mandan miles de saludos para esos granujas que siempre se las apañaban para llevarse dulces en los bolsillos.- la chica le sonrió cruzada de brazos, alzando una ceja.

Ellos se echaron a reír.

-Es increíble.

D'Jok extendió un brazo hacia Tia y la atrajo.

-Mira, Ane, esta es Tia.

-Lo sé de sobra, ¡es un auténtico honor conocerte!- exclamó Ane con admiración.

Tia rió y la abrazó.

-Bienvenida a los Snow Kids, Ane. Y gracias por venir a echarme una mano con todos estos chicos.- le guiñó un ojo.

-Yo las temería.- Thran las señaló con el dedo.

-Ahora se pasarán el día murmurando, soltando risitas y poniéndonos verdes.- Micro-ice se llevó una mano a la frente.

-Más o menos lo que ya hacían el míster y Artegor.- bromeó D'Jok mientras todos se echaban a reír.

-Vamos, Snow Kids.- Aarch abrió los brazos con una sonrisa. – Reservaos esos buenos ánimos para el campo. Ahora quiero que entréis en el holo y le deis caña a vuestra nueva compañera.

-A ver qué sabes hacer…- el capitán echó a andar con sus típicos aires y una sonrisa torcida hacia el holoentrenador.

Y, realmente, debía reconocer que la chica era buena. Rápidamente se adaptó a su posición, y a pesar de no tener aún el espíritu, rindió a la perfección. El equipo funcionaba de nuevo. Cuando Ane consiguió despejar por cuarta vez un chute de Luur que se dirigía con violencia hacia portería, Aarch supo que habían tenido bastante.

Salieron cansados, sudorosos y muy animados. Ane estaba especialmente agotada por tener que adaptarse al alto ritmo de los demás.

Así que esa noche, después de una ducha bien caliente y deslizarse en su suave pijama, los demás fueron los que se deslizaron dentro de la habitación que ahora compartía con Tia para darle el recibimiento que merecía. Estuvieron allí sentados charlando y riendo hasta que, a medianoche, un enfurecido Artegor en albornoz y pantuflas les echó a cada uno a su cuarto.

Tia supo que iban a ser buenas amigas.

Se avecinaban tiempos increíbles.

[No me dejes.]