Disclaimer: los personajes pertenecen a JK Rowling.
Día cinco: Máscara.
Toda la comunidad mágica ya sabía que el Señor Oscuro había vuelto para por fin instalar su nuevo régimen; que se hubiese enterado antes de lo previsto adelantaba por varios meses su plan por lo que las reuniones de mortífagos muchas veces eran repentinas. Fue en ese escenario que una nueva reunión lo pilló con la guardia baja. Lucius se encontraba dándose un baño cuando sintió que la marca en su brazo comenzaba a arderle lo que indicaba que el Señor Oscuro estaba llamándolos.
Salió lo más rápido que pudo de la ducha y se adentró a su dormitorio mientras buscaba ropa para poder ir al encuentro. Con un hechizo verbal, se secó y caminó hasta su armario para vestirse de negro, como indicaba la norma. Una vez vestido, buscó su varita y máscara, pero no las encontró dentro de la habitación. ¡Él las había dejado en su velador y ahora ya no estaban!
−¡Narcissa!
Salió furioso de la habitación para ir a cantarle las cuarenta a su esposa. Odiaba cuando ella tomaba sus cosas; después de tantos años de matrimonio ella aún no entendía que no debía tomar sus cosas y ahora iba tarde a reunirse con su Señor. "¡Esto es un castigo seguro!" pensó. Y todo por culpa de su siempre entrometida esposa.
−¡Narcissa! −gritó nuevamente a la vez que entraba al salón esperando encontrarla pero ella no estaba ahí. −Maldita mujer−
Salió del salón esperando si encontrarla en su salón privado. Por suerte al entrar ahí, sí estaba.
−Narcissa, te he dicho un millón de veces que no debes tomar mis cosas.
Ella lo miró sin comprender.
−Mi varita y máscara estaban en el velador y no están. El Lord nos está llamando y voy con retraso por culpa tuya.
Su esposa enarcó una ceja. "Oh oh, creo que ella no las tomó"
−Quizás deberías revisar mejor porque yo he estado durante más de una hora en mi salón leyendo tranquilamente mientras tú te dabas tu ducha de dos horas, querido.
−¡Pues te estoy diciendo que las dejé en el velador y ahora ya no están!
−¡No me alces la voz! −respondió a la vez que se levantaba de su sitial.
Lucius retrocedió dos pasos. A veces, sinceramente, no sabía si le temía mas al Señor Oscuro o a su esposa. Rendido volvió corriendo a la habitación buscando la maldita varita y máscara. Buscó y se dio cuenta que sus cosas sí estaban en el velador pero en el apuro no las vio y siempre las tuvo delante de sus narices.
−¿Decías? −le dijo su esposa en el marco de la puerta− Ahora lárgate y mañana iremos a un medimago para que te arregle el problema de visión que acarreas hace un tiempo. Y Lucius, no estoy dispuesta a recibir un no por respuesta.
Sabiendo que había cometido un error, se acercó a ella y le besó la mejilla mientras asentía. Con varita en mano y la máscara por fin en su rostro, se desapareció para ir a su reunión diez minutos tarde.
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Gracias por leer.
