Disclaimer: los personajes pertenecen a JK Rowling.
Día seis: Grito
Hermione había tenido un agotador día de trabajo; su día había comenzado con problemas en el y se habían mantenido durante toda la jornada. Por lo que lo único que quería era llegar a casa, servirse una copa de vino, quejarse al lado de Ginny y olvidarse del mundo entero hasta el lunes próximo.
Todo podría haberse desarrollado así si no fuera porque cuando estaba llegando al departamento, se dio cuenta que había un hombre esperando en la puerta de este, con un ramo de rosas en su mano. Sabía que no era una cita de Ginny, ella jamás le haría algo así a Harry. Lo que significaba que…
"Maldita Ginny", pensó Hermione mientras se ocultaba detrás de un pilar cuando escuchó como la pelirroja abría la puerta e invitaba a entrar al desconocido.
Se quedó ahí con los ojos cerrados, maldiciendo a su amiga que estaba empecinada en hacer de Cupido; un fracaso total, por cierto. Ahora estaba obligada a pasar un par de horas vagando por la ciudad esperando que el desconocido se aburriera de esperar y decidiera marcharse. Suspiró. ¿Era mucho pedir tener una compañera de piso y amiga que no quisiera ser un intento de Cupido?
Sin más remedio, comenzó a bajar las escaleras. Al llegar a la calle, volteó a su derecha para comenzar a caminar sin rumbo cuando chocó con alguien lo que hizo que diera un grito de sorpresa. Chocó con algo duro e inamovible; al levantar la vista se dio cuenta que era Malfoy y su traicionero corazón dio dos latidos más de lo normal.
−Granger− le saludó.
−Malfoy… ¿qué haces por acá?
−Potter me pidió unos documentos y como andaba en el sector, se los vine a dejar en persona. Está arriba, ¿no? −preguntó.
Hermione no lo sabía, ni siquiera pudo saber si Harry también estaba adentro. Quizás era una cita doble y ella escapó antes de siquiera saber. Después de todo, se notaba que era lista, nadie en su sano juicio se queda en una cita a ciegas en su propio departamento.
−Muy cierto, Granger− dijo Malfoy mientras soltaba una carcajada.
Hermione abrió sus ojos sorprendida dándose cuenta de que eso había sido un pensamiento en voz alta y el rubio había sido su espectador principal.
−Entonces… asumo que no quieres llegar a casa.
Ella asintió.
−Ya que Harry está ocupado en una cita doble, tú no quieres llegar a casa y yo estoy justo acá, ¿te parece si vamos a beber algo?
OOOoooOOO
Continúa en el siguiente capítulo. Gracias por leer.
