¡Hola a todos! Traigo ya el décimo capítulo sin revisión (lamento cualquier burrada que podáis encontrar), pero tenía muchísimas ganas de actualizar. En el anterior, vimos como al fin D'Jok y Tia se besaban… ¿Qué pasará ahora? ¿Asumirán sus sentimientos? ;)

Debo decir que este capítulo está muy centrado en ellos, aunque me gusta ir intercalando diversas acciones. La canción que sirve de hilo conductor es Space bound, de Eminem.

Por otra parte, os invito a que leáis mi one-shot "Nieve".

Os animo además a que dejéis reviews, tanto las que lo hacen normalmente, somniloque y Oukyn, como a otr s que, espero, sigan tras la pantalla: Niove, Nyan-cat, , dejaros ver de una vez, ¿no? Jajaja.

DarkLovely99: bienvenida y muchas gracias por tu review, fue una gran alegría ver que alguien más se animaba a comentar y saber que he conseguido sumarte al ejército D'Jia jajaja. ¡Muchos besos y te dedico a ti este chappie!

Somniloque: thank you so much, darling, I'm so pleased that you liked it :) . The moment of D'Jok's boner was really funny for me to write haha. Oh, and relax, if anything had happened before lying in bed I would have written about it in detail… But I'll promise there will be hot scenes soon! ;) Btw, take a look at my fic in English "To hell with Tia". Hope you'll enjoy it!


I'm a space bound rocketship and your heart is the moon.

And I'm aiming right at you.

~ I would do anything for you
to show you how much I adored you. ~

(Nos tocamos y siento como un subidón.
Nos abrazamos con fuerza, no mucha, pero lo suficiente como para preguntarme qué es lo que nos aguarda.

Es deseo, es tortura. Debes hacer magia porque has hecho lo imposible.
Gánate mi confianza y no juegues conmigo porque correrás peligro si me jodes.
Porque si yo me quemo, entonces te mostraré lo que es el dolor.
Porque a mí ya me han tratado como basura antes de tí.
Y es que el amor está maldito.)

Si preguntaras por ahí, averiguarías todas las cosas que Tia es. Es tímida, reservada y tremendamente inteligente, siempre manteniendo secretos y cómodas distancias. Es independiente, madura y decidida. Es fuerte y especialmente sensible a la vez y es capaz de llevar el peso de todo el mundo sobre los hombros o de quemarse las manos por los suyos. Es algo irreverente, además, y no es porque tenga mucho genio – que lo tiene – sino que está dotada de una ética rebeldía natural. Porque Tia es natural y ética por encima de todo. Correcta y disciplinada y mordazmente digna.

Pero desde luego, hay algo que Tia es por encima de todos los demás. Valiente.

Hasta ese día.

No es que estuviera rehuyendo a D'Jok, no. Ella nunca huye. Sólo prefería evitarlo para ahorrarse encuentros incómodos. Para no tener que preguntarse a sí misma porque se había abalanzado sobre sus labios.

Como si no supiera ya por qué.

Y es que no es lo más normal ni lo más adecuado del mundo besar a un chico y luego fugarte a tu cuarto con excusas atropelladas y las piernas aún temblando. Pero Tia estaba demasiado escarmentada como para no aterrorizarse ante cualquiera que amenzara con ganarse su afecto e internarse en lo más profundo de su pecho, cerca de su corazón. Y D'Jok le estaba llegando cada vez más dentro, peligrosamente dentro. Había llegado a un punto en el que le era imposible seguir mintiéndose a sí misma.

Por eso se dejó caer en el suelo del baño, con la cara entre las manos y suplicando al cielo que todo aquello pasara, como si fuera una enfermedad terminal y no… Lo que fuera que D'Jok era para ella, que provocaba que una descarga eléctrica se expandiera por toda su piel con solo tocarle.

Por eso Tia, que es valiente, inteligente y fuerte y todo eso pero además es terriblemente lógica, procedió a mantener una conversación de tú a tú consigo misma. O mejor dicho, con su líbido, que andaba algo descontrolado últimamente. Y para una chica cuyas máximas experiencias eróticas habían sido un beso a los catorce y una relación de más de tres años, aquello era decir mucho.

Las conclusiones a las que llegó fueron las siguientes:

Uno: creía sentirse atraída por el exnovio de su mejor amiga, su amigo, su compañero desde hacía años.

Dos: definitivamente, se sentía enormemente atraída por el susodicho.

Tres: tenía razones evidentes para haber llegado a tal afirmación. Entre ellas se encontraban el hecho de haberle besado como si le fuera la vida en ello o la tendencia casi patológica que últimamente había desarrollado a estar cerca de él.

Cuatro: ese deseo no sabía bien cuándo había nacido, pero desde luego, no entonces. Siendo sincera consigo misma (que si no iba a serlo con ella entonces con quién) llevaba años perdiendo la cabeza por D'Jok. Bueno, perdiendo la cabeza no. Sólo le despertaba sentimientos contradictorios. Como el impulso de arrancarle la camiseta o de golpearle repetidamente con un bate de béisbol. Sin piedad.

Cinco: no entendía por qué sentir aquello la asustaba tanto.

Claro, que quizás – muy probablemente – lo que le asustaba era sentir. Porque Tia estaba demasiado acostumbrada a ser moralmente intachable como para reconocer que sentía debilidad por el exnovio de su mejor amiga, lo cual habría resultado un hachazo tajante a su inmaculada conciencia y su aura de niña buena que no va por ahí acostándose con cualquiera y menos si ese cualquiera es D'Jok. Claro, que Mei ya le había engañado antes. Sacudió la cabeza.

Tuvo que repetírselo a sí misma varias veces. Era D'Jok, por todos los santos. El chico arrogante que encarnaba todo lo opuesto a lo que ella había tratado de mantenerse fiel siempre. D'Jok era impetuoso, competitivo hasta lo imposible e insoportablemente insolente, con ese carisma desmesurado y esa soberbia. Pura nitroglicerina.

En cambio Tia era la cordura y el buen juicio, era hacer lo correcto sin cuestionarlo cuando sabía que era lo mejor para ambos. Para él.

Debía alejarle de sí misma antes de que fuera demasiado tarde y lo arruinaran todo. Algo en lo que D'Jok era experto.

(Es como una explosión cada vez que te tengo,
Y no bromeaba cuando te dije que me robas la respiración.
Eres una supernova.)

-Aquí tienes el dinero. Considero que será suficiente para que sigas manteniendo a la chica contigo por el resto de la temporada.

Él observó al individuo tras la mesa con ojos sombríos, su pelo negro destacando contra la pálida piel. Compuso un gesto de indiferencia tras cerrar el maletín lleno de billetes alineados y lo depositó sobre sus rodillas.

-Lo será.

Lord Primus se acomodó en la silla, sosteniéndole la mirada. Se atusó un momento la barba antes de romper el silencio.

-He oído que el otro día estuviste a punto de pegarte con él.

Sinedd se encogió de hombros, sin ningún interés en entrar en detalles.

-Ese bastardo se lo buscó.

-Bien, cuanto más le enfurezcas mejor. Tenemos que llevarle al límite. Pero trata de ser discreto, ¿de acuerdo?

El poderoso hombre se levantó y observó la enorme pantalla tras su escritorio, donde aparecía un esquema cuidadosamente elaborado con información y fotos sobre el chico.

Sonrió de lado, de espaldas a Sinedd, contemplando a la belleza de ojos azules allí inmortalizada, aboslutamente inconsciente de los malévolos planes que se enredaban sobre sus cabezas como una tela de araña.

-La verdad es que sales ganando. Te has llevado toda una joya.

El moreno se encogió de hombros, pero dentro, muy dentro, notó como un nudo se formaba en su garganta. Sabía que todo eso lo hacía por ella.

-No está mal. Algo insulsa.

Lord Primus rió por lo bajo.

-Cualquier punto débil de D'Jok debe convertirse en nuestro objetivo.- repasó las líneas que partían de la foto de D'Jok hacia Mei, Sonny, Maya, todos y cada uno de los Snow Kids. – Lástima que sea tan ambicioso y tan voluble. Esa será precisamente su perdición.

Sinedd se inclinó ligeramente en el asiento. El sol brillante de Paradisia irrumpía por el ventanal a su derecha, golpeándole en la cara.

-Si me permite la pregunta, ¿por qué D'Jok? ¿Qué le hace tan interesante como para que quiera… Destruirle?

El hombre se giró lentamente, clavando la mirada en la suya.

-¿Y quién dice que yo quiera destruirle? – se acercó a él y se inclinó sobre el escritorio, acercando su repulsivo rostro al del chico. – En cualquier caso tú no estas aquí para hacer preguntas, sino para cumplir con nuestro trato. ¿O vas a decirme que tienes remordimientos de conciencia a estas alturas y no quieres que haga daño a tu amiguito?

Esbozó una sonrisa macabra que hizo que Sinedd endureciera el rostro.

-Está usted loco de atar. - masculló despectivamente. – Pero mientras me pague y mantenga su palabra, por mí como si se dedica a jugar a las muñecas con el imbécil de D'Jok y sus penosos compañeros.

Entonces se incorporó ante la mirada del hombre.

-Y ahora, si me disculpa, Mei me espera para recorrer sus maravillosas playas.- tomó el maletín y se despidió con un gesto de la cabeza. – Gracias por su generosidad.

Sus palabras destilaban veneno y mentiras.

(Nadie me conoce, estoy frío, camino por esta carretera y todo está solo.
De nadie es la culpa excepto mía, es el camino que elegí seguir.
Helado como la nieve, no muestro ninguna emoción.

Tengo un hoyo en mi corazón, soy una especie de montaña rusa emocional.)

-D'Jok y Tia, al holoentrenador.

La chica alzó la cara como si hubiera recibido una bofetada ante las palabras del míster.

D'Jok la miró, esperando desafiante a que se atreviera a objetar alguna excusa.

Era evidente que desde la noche anterior había hecho lo posible por evitarle, lo cual no hacía más que reforzar sus ganas de provocarla y llevarla al límite. ¿Cómo se atrevía siquiera a ignorarle?

En el desayuno, se sentó frente a ella, pero la chica apuró a toda velocidad su zumo y salió del comedor pegada a Ane. Más tarde Ahito la invitó a bajar al Planet Akillian y Tia declinó la oferta cuando supo que él también iría, a pesar de que en un primer momento aceptó con ganas. A la hora de comer mantuvo la vista fija en su plato sintiendo los ojos de D'Jok clavados en ella, y cada vez que él insistía en hablarle, le respondía con monosílabos antes de girarse hacia Mark, que estaba a su derecha. Incluso en la sesión de ejercicios para calentar se apresuró a formar pareja con Micro-ice antes de que D'Jok pudiera pedírselo, lo cual, por supuesto iba a hacer, pues no iba a consentir que siguiera fingiendo que no existía aunque tuviera que empotrarla contra la pared. La sola imagen logró que casi se le subiera la sangre a las mejillas y a otro sitio más.

Así que, cuando Aarch le ordenó que entrara en el holo con él, por un instante D'Jok pensó que protestaría. Pero era demasiado responsable para ello.

-Sí, míster.

De manera que se levantó con los puños apretados y caminó resuelta a mantener su fachada de hielo. Él caminó tras ella, desenfadado. Tia casi podía ver la sonrisa burlona en su rostro, imaginar sus andares cargados de esa estúpida insolencia. Demonios, no le soportaba. Y D'Jok optó por mirar con descaro el balanceo de sus caderas.

Suerte que los demás estaban demasiado ocupados mirando a otro lado.

Se internaron en el holoentrenador y el campo de juego se materializó a su alrededor. Tia fuertemente cruzada de brazos, D'Jok intentando reprimir la risa. Era casi cómico.

-Uno contra uno. El que más veces marque en la portería contraria, gana.

-¿Qué gana?- D'Jok alzó el rostro, apelando a Aarch.

-El placer de la victoria.- respondió llanamente el entrenador.

El pelirrojo se relamió y miró a su compañera.

-Me gusta. Vas a tener que hacerlo bien.

Ella, por supuesto, fingió no escucharle. Entonces D'Jok se acercó a su oído.

-Aunque también podrías premiarme con otro beso.

Estaba jugando con fuego y lo sabía. Tia le miró por un instante, indignada, antes de apartarse sin mediar palabra. Y a D'Jok le gustó lo que había en sus ojos.

Llamas.

Porque se habían retado el uno al otro sin palabras. Ella estaba decidida a alejarle. Él a que le fuera imposible hacerlo. Solo podría ganar uno, y el fútbol era como una bonita metáfora de ello.

El balón salió despedido hacia arriba y ambos saltaron con fuerza a por él.

A partir de ahí comenzó un combate descarnado en el que ambos pelearon con eso que tanto les sobraba, orgullo. D'Jok no era el único que sabía ser competitivo.

Tenía que reconocer que la chica era buena. Si hubiera sido cualquier otro, probablemente lo habría tenido sustancialmente más fácil. Pero Tia no le dio respiro.

Corrieron el uno tras el otro, dejándose la piel y las fuerzas. Se presionaron, se arrebataron el balón en un puro espectáculo futbolístico lleno de acrobacias y juego creativo. Primero marcó uno, luego otro, peleando por desequilibrar la balanza de una vez. Era un verdadero reto, una lucha de leones en la que ambos iban a ganar, con una rivalidad limpia que Aarch pocas veces había podido contemplar.

Cuando D'Jok encajó el cuarto gol en contra jadeó, y con las pocas fuerzas que le quedaban, sonrió, mirando el culo de Tia alejarse. Hacía tiempo que no le planteaban un reto así.

Tia se dio la vuelta, sudorosa y roja y a punto de desfallecer, pero no dejó que nadie se diera cuenta. Puso los brazos en jarras y alzó una ceja.

-¿Cansado?

-Jamás.

El equipo les observaba en la pantalla, sentados en las escaleras. Thran profirió un silbido y Mark agregó "La va a destrozar". Ane se giró a mirarle, con su melena sacudiendo el aire.

-Ella a él, querrás decir.

Artegor rió por lo bajo inclinado sobre su teclado.

D'Jok se acercó a la chica, erguido en su estatura, y ella todavía se atrevió a observarle con gesto desafiante.

-Creo que estás un poco bajo de forma, D'Jok.

-Por favor, Tia, soy un caballero. Te estoy dejando ganar. Si estuviera jugando al cien por cien, te habrían sacado de aquí en camilla hace rato.

-¿Insinúas que no soy lo suficientemente buena?

Apretó los puños y le taladró con sus pupilas verdes. "Ahora, justo ahora es cuando le mata" murmuró Micro-ice tapándose los ojos.

-No para mí.

"Uhhhh" profirieron los chicos.

Tia inclinó la cabeza hacia el lado.

-Veamos si es verdad. Ahora olvida que soy una chica.- le dio una pequeña patada al balón, pasándoselo a él.

-Me será fácil.

Ella le miró caminar hacia el centro del campo.

-Capullo.- masculló.

Y claro, a D'Jok no le hizo falta ni hablar para que ella le leyera la mente. Anoche no pensabas eso.

A la señal de Aarch, el juego se reanudó. D'Jok echó a correr hacia la portería, pero una vez más, Tia se interpuso en su camino. Trató de regatearla, pero la chica le tenía cubierto. Se movieron el uno frente al otro, en una especie de baile, tan cerca que llegaban a rozarse. D'Jok daba dos pasos atrás y ella hacía lo mismo, luego hacia un lado, hacia delante, dándose la vuelta. Ninguno cedía.

Y, claro, D'Jok sería competitivo, pero Tia estaba furiosa. Y si cabreas a Tia, y no sólo pasas por alto su talento, cosa que llevaba siendo obviada demasiados años, sino que además lo cuestionas, en ese caso, amigo, tienes todas las de perder.

Así que el chico nunca sabrá explicar bien cómo, pero de repente Tia se escurrió y golpeó el balón hacia la izquierda, corriendo hacia él. D'Jok se dio la vuelta y se apresuró a seguirla. Fue a toda velocidad tras la rubia, que jamás en su vida había corrido tan rápido. Notaba las piernas propulsándola en la carrera, tan rápido que no las sentía, como si estuviera volando. Saboreó la adrenalina en la punta de la lengua. Y sabe Dios que era exactamente el mismo sabor que el de los labios de D'Jok.

Alejó aquellos pensamientos. Porque iba a ganarle. Por una vez en su vida, iba a ganarle. Iba a darle la lección con la que llevaba años soñando.

Elevó el balón y luego ascendió tras él. El Espíritu se propagó por su cuerpo. Fue alto, más alto de lo que jamás había subido. Y con la misma jugada que hacía ya cuatro años, cuando se presentó a las pruebas para el equipo de Aarch, chutó.

D'Jok volvió a pensar que le faltaban un par de alas en la espalda, porque viéndola así, desprendiendo magia y esa corriente azul, era lo más parecido a un ángel que jamás habría imaginado. Por un instante viajó en el tiempo, hacia ese momento. Y supo que, probablemente, fue ahí cuando se enamoró de Tia. De la chica que era demasiado maravillosa para ser real, y a la vez tan desalentadoramente imperfecta.

Avanzó rápidamente hacia portería, tratando de desviar el balón. Se lanzó hacia él, pero sólo logró rozarlo. Este entró en la red con velocidad y potencia y aún desprendiendo el Espíritu. Y D'Jok se arrastró por el suelo.

Con unas cuantas volteretas, Tia cayó limpiamente sobre el terreno de juego, a casi una veintena de metros. Sonrió triunfal.

D'Jok nunca jamás se había sentido tan humillado como cuando la chica de sus sueños le dio una paliza.

-De modo que eso es todo lo que sabes hacer.

No debería habérselo dicho, debería haber cerrado la boca y regodearse en su victoria sin palabras, sabiendo que el orgullo de D'Jok estaba ya demasiado herido y no le convenía atacarle. Pero llevaba demasiados años tragando su superioridad, su comportamiento despótico y exigente. Ahora le tocaba a ella.

Lo trágico es que ambos necesitaban desesperadamente una victoria, por pequeña que fuera, tras tantas derrotas y tantos golpes.

-¡Vamos, D'Jok, espabila!- exclamó Artegor. Aarch debería haberle detenido, decirle que ya habían tenido suficiente, que lo habían hecho increíblemente bien. No tuvo tiempo a pararles.

-Sí, D'Jok, espabila.- Tia se acercó a él y le miró desde abajo, con una mirada más propia de cuando ganó a Rocket en el Netherball. Con su mirada de sentirse imparable y poderosa. Su mirada más fiera.

D'Jok, por su parte, apretó los dientes y la observó con una mirada que normalmente reservaría para Sinedd.

-¿A qué juegas?- escupió.

Tia mantuvo los ojos clavados en los suyos.

-A fútbol, aunque tú no puedas decir lo mismo.

Fue demasiado para un chico que llevaba muchos días aguantando mucho.

-Ya está, hemos term…- comenzó Aarch.

-No, esto acaba de empezar.- D'Jok caminó a grandes zancadas hacia la portería y rescató el balón, pasándoselo a ella con fuerza. - ¿Cuánto tiempo llevamos?

-Veinticinco minutos.- respondió Artegor.

-Jugamos a treinta. El desempate. - y por su tono de voz, no dejaba lugar a objeciones.

Tia se encogió de hombros y caminó hacia el centro del campo.

El juego volvió a empezar.

No obstante, esa vez era D'Jok el que estaba completamente fuera de sí e iba a por todas.

Tia trató de diblarle, pero el chico parecía estar en todas partes. Logró apartarla con tal violencia que cayó hacia atrás. D'Jok corrió con fuerza hacia portería y ella se apresuró en levantarse y seguirle, pero era imposible. Había despertado a la bestia.

Reuniendo el Espíritu, disparó potentemente a red. Tia dio un último empujón, un último esfuerzo, colocándose en la trayectoria del esférico. Logró despejarlo de una patada, sin calcular que D'Jok saltaría y remataría de rebote con tal rabia que el balón pasó silbando al lado de la cabeza de la chica y perforó la red. Salió despedido fuera del campo y D'Jok cayó en cuclillas. Tia le miró inmóvil, con los ojos muy abiertos. Él sólo la observó, despectivo, y se dio la vuelta.

-Cinco a cuatro. Yo gano.

El campo se desvaneció a su alrededor.

Ojalá no estuvieran ambos tan empeñados siempre en salirse con la suya.

(No estaba buscándote pero me topé contigo, debe haber sido el destino.
Pero es que hay mucho en juego, ¿qué más te hace falta para decidirte?

Prométeme que si me hundo, me rompo y dejo mis sentimientos al descubierto,
no estaré cometiendo un error.)

Los Snow Kids y Aarch corrieron a rodearles y llenarles de halagos. D'Jok, mucho más calmado, sonrió con jactancia y se atrevió a girarse hacia ella. Tia no le miró, mantuvo la cabeza gacha. Porque había vuelto a perder una vez más.

Abrió el agua caliente y la dejó correr sobre su cuerpo y mezclarse con unas cuantas lágrimas. La mayor facultad de Tia era llorar sin que nadie la viera, como si fuera algo vergonzoso mostrar la debilidad que a veces resquebrajaba toda su fortaleza. Era una de las cosas a las que su relación con Rocket la había obligado, a ser la fuerte de los dos.

Al final se había convertido en una mala costumbre, eso de no desmoronarse. Ni siquiera cuando estaba tan perdida como en aquel mismo instante.

Sin embargo, se recordó a si misma que el momento más oscuro viene justo antes del amanecer mientras salía y se secaba.

Estaba totalmente exhausta, pero no tenía ganas de estar con Ane y los demás. Decidió ir a dar un paseo y buscar algo bueno que grabar, desaparecer un rato, alejarse de todo e incluso de sí misma.

Y de D'Jok.

Pero claro, él no tardó en acorralarla en un pasillo de la planta baja, como si hubiera estado esperándola.

-¿Vas a decirme qué te pasa?

La abordó sin piedad, poniendo las manos en sus hombros. La pilló totalmente por sorpresa.

-No sé de qué me hablas.- respondió la chica tratando de zafarse.

-Sí que lo sabes. ¿Cómo puedes ser tan cobarde?

Tia apartó la vista e intentó alejarse de él, pero D'Jok no se lo permitió.

-Te digo que no sé de qué vas, pero me gustaría que me soltaras.

-No hasta que me escuches.- él la agarró por la muñeca y, abriendo una puerta cualquiera de la derecha, la empujó al interior de un almacén.

-¿Sabes que esto es retención involuntaria y podría denunciarte?- Tia liberó su muñeca y se la frotó, fulminándole con la mirada.

-Me importa una mierda.- bloqueó la puerta y se giró hacia ella, cabreado. La chica se encogió un poco. Sólo un poco. – Y ahora vas a explicarme a qué juegas tú.

-Mira, D'Jok, no sé en qué estás pensando, pero esto no tiene gracia…

-¿Ah, no? ¿Entonces, por qué me besaste anoche y ahora te dedicas a esquivarme?

La verdad de lo ocurrido cayó sobre ellos con un mazazo. Tia se sentía incapaz de mirarle, porque en el fondo, de algún modo, ella les había metido en ese lío.

-Me gustaría comprender por qué te comportas como una cría, porque, sinceramente, no lo entiendo.

-No me comporto como una cría.

-Mírame.- le agarró la cara y se la giró con fuerza, obligándola a mirarle. Tia ahogó un quejido y D'Jok, consciente de que se estaba pasando, la soltó. Trató de suavizar su tono. – Me besaste.

Ella, la mujer que se escapó de casa y llegó a Akillian pilotando una nave contra la voluntad de sus padres, que montó a bordo de la nave de Sonny Blackbones y sus piratas, que trajo a su novio de vuelta de la Esfera, se armó de todo ese valor que había en su cuerpo.

-Fue sólo un beso, D'Jok. A veces pasa.

-A mí no me pareció sólo un beso.

Tia suspiró.

-Llámalo como quieras, pero, de cualquier modo, fue un error.

D'Jok frunció el ceño y se acercó a su rostro, desbordándola con su intensidad.

-¿Te arrepientes de haberme besado?

El pulso de Tia se aceleró ligeramente y se le secó la boca. Esforzándose por sonar firme y convencida, afirmó despacio. Repitiéndose a sí misma que sí, que era un completo y enorme error.

-Sí.

Vio que le había herido. Y es que, en algún lugar del corazón de D'Jok, él anhelaba que ella corriera a sus brazos y le confesara que estaba absolutamente enamorada de él. Pero eso no iba a pasar.

-Tú te sientes atraída por mí.

En ese caso, no fue una pregunta. Estaba convencido. A pesar de que no era lo que él quería, pero resultaría suficiente. Claro que Tia no iba a ceder.

-No.

-Mentirosa.

Alzó las manos y le rodeó el rostro con ellas, alterado. Con sus manos grandes, fuertes y calientes.

-Mentirosa.- lo repitió con un susurro apenas, con voz ronca, acercándose a su boca. Fue apenas un roce de labios, un beso sin más pero lleno de fuerza y de confusión y de sentimientos encontrados. Y al alejarse, la chica sintió el impulso de agarrarle por la camiseta y acercarle de nuevo. Se obligó a sí misma a controlarse.

-Vamos a ser sinceros el uno con el otro, ¿de acuerdo? Concédeme eso al menos.

-Si voy a ser sincera, te pido que no… me toques.- Tia formuló las palabras a borbotones, cerró los ojos.- No puedo pensar si lo haces.

D'Jok dejó caer las manos, pero su cuerpo enorme y caliente seguía ahí. Tia tomó aire con fuerza. Porque sí, le debía una explicación.

-No puede ser, D'Jok. No podemos hacer esto.

-Pero…

-Déjame.- alzó las manos y le detuvo. – No puede ser porque nunca va a haber nada entre tú y yo, ¿entiendes? Creo que los dos estamos muy confundidos y hemos querido ver algo en el otro que no existe. Por eso tenemos que marcar unos límites a nuestra amistad y dejar de engañarnos a nosotros mismos y tratar de reemplazar a dos personas que se han ido.

-Tú eres la única que se engaña.- tenía la mandíbula tensa y los ojos ensombrecidos, y Tia vio en él esa especie de rabia apasionada. – Asume que lo que sentimos no es una ilusión. Es una atracción real.

-¿Y es que eso cambia algo? ¿Acaso vas a darte cuenta de que, contra todo pronóstico, llevas años loco de amor por mí y de que deberíamos estar juntos, de que es correcto?- Tia estaba totalmente exasperada. – Ambos somos lo suficientemente realistas como para darnos cuenta de que nada de lo hubiera entre tú y yo tendría futuro.

Las palabras de Tia fueron como pequeñas agujas clavándose lentamente en el pecho de D'Jok. Sabía que tenía razón, que ella no le amaba y que jamás podrían caminar juntos de la mano por la calle. Estaban demasiado rotos y demasiado desengañados como para creer en una relación o para oír siquiera hablar de ella. Pero eso no les obligaba a cerrar la puerta a todo lo que llevaban dentro y no sabían ni explicar.

-Está claro que ni tú ni yo creemos ya en el amor.- afirmó D'Jok, despacio. Mintiendo a medias. – Pero también está claro que cuando te toco, cuando me tengo cerca… Siento algo poderoso. Me siento bien, Tia, y sé que tú también, y que hace mucho que no sentimos algo así. ¿Qué hay de malo entonces? Yo no te estoy pidiendo una relación y desde luego tampoco quiero comprometerme.

Tia tomó aire de nuevo, esforzándose por hacerle comprender.

-¿Y qué propones que seamos, D'Jok? ¿Cómo quieres que te vea a partir de ahora?

Si D'Jok pudiera pedir, evidentemente, querría pasar todos los momentos y toda la vida con ella. Pero asumía que no estaban preparados para algo serio, menos aún Tia.

-No perdamos el tiempo en ponerle nombre.- estiró los dedos y le acarició la línea de la mandíbula, mientras ella se estremecía. – Te deseo mucho.

-Yo no soy así, D'Jok.- cerró los ojos y le apartó. – Yo no soy una de esas chicas a las que puedes tener entre tus brazos al chasquear los dedos, no soy una simple boca que puedas besar o una aventura de patio de colegio ni un polvo rápido en un ascensor. No soy como las demás, y no pretendo serlo.

Por un momento D'Jok se sintió insultado. ¿Realmente le veía de ese modo?

-Lo sé. Y yo no quiero que lo seas, Tia. No eres eso para mí.

La chica suspiró.

-¿Qué es lo que ves en mí, entonces? Me cuesta comprender ese interés repentino.

-Es insultante el modo en que pones en duda que yo haya podido ver algo mucho más grande y mucho más profundo en ti. Pero si quieres saberlo, de ti me gusta todo. Y me gusta precisamente el hecho de que no eres como las demás.

-Pero Mei…

-Mei es mi pasado.- atajó. – Y tú, como amiga suya, sabes de más qué tipo de relación era la nuestra, Tia. No vamos a fingir que no la quería, pero tampoco seamos tan estúpidos como para negar que fuiste tú quien me gustó desde el principio.

Tia se apartó un poco y le miró con las cejas alzadas.

-Me tomas el pelo.

Él rió irónicamente.

-Ojalá. Me habría ahorrado muchos quebraderos de cabeza.

Vio la vacilación en sus ojos verdes, cómo bajaba el rostro y se mordía el labio.

-Pero ella es mi amiga. Y, ¿cómo puedes haberla olvidado en un mes?

-Es que no se trata de que la haya olvidado. Se trata de que, entre todas las cosas del mundo, tú eres y has sido desde hace mucho una prioridad.

La chica sacudió la cabeza.

-Sigue siendo un error. ¿Y si sale mal y acabamos odiándonos?

-Ya, pero, ¿y si sale bien?- se acercó otra vez a su boca y depositó un beso rápido. – Y si no lo hace, Tia. Si tienes tú razón y es un completo error… Equivoquémonos juntos.

Tia le observó, pequeña de dudas infinitas. Y él se perdió en el jardín de sus pupilas, y en el trazo suave de la piel blanca de su barbilla perdiéndose cuello adentro. Se preguntó si su cuello sabría tan jodidamente bien como toda ella. Como el pecado en persona, enviado desde el inframundo para atormentarle y llenar sus noches en blanco.

-Eres mi amigo, ¿vamos a poner en juego todo eso?

-No hay que ponerlo en juego.- se acercó a un más a ella, tanto que Tia sintió su olor tan masculino y profundo, tan a casa. – Dejémoslo en que somos amigos que se besan.

Sonrió de lado. Y, por primera vez, ella sonrió también.

Una vez más, D'Jok vencía.

-No quiero perderte a ti también.- susurró.

Y D'Jok no pudo más. Tiró de ella y la acogió en sus brazos, con tanta fuerza que era como si fuera a absoberla.

-Te prometo que siempre estaré contigo.- ella cerró los ojos y le creyó. Porque por muchas cosas que Rocket se hubiera llevado (y hubiera dejado atrás, también) algo con lo que nunca podría era con su capacidad de creer ciegamente en las personas. – Y, sobre todo, nunca dejaré de ser tu amigo. Porque tú me has salvado de muchas cosas, Tia.

Ella alzó la vista hacia él.

-¿Estás seguro de que esto está bien?

-¿Cómo va a estar mal?- murmuró, acariciándole la cara. - Mira, tu misma me lo dijiste una vez. La vida siempre continúa a pesar de toda la mierda, de todas nuestras heridas y todo el dolor. Démosle una segunda oportunidad a la vida.

Tia asintió, rendida. Y atrajo su boca una vez más, dispuesta a jugársela. Le besó profundamente, acariciándole con su lengua y haciéndole temblar por dentro hasta casi desmoronarse. Y ninguno había sentido jamás nada igual ni había besado de esa manera, con tal entrega y tal anhelo.

-Demuéstrame que no la estamos cagando.- susurró. Él sonrió contra su boca. A Tia el corazón iba tan rápido que creía que iba a desfallecer, y los latidos de D'Jok se aceleraron al acortar los centímetros entre ellos.

Y Tia sintió su llama. En los dientes, en la lengua, en cada rincón, y en la piel del cuello que el rodeó con su mano aferrándole con la otra la cintura como si le fuera la vida en ello. D'Jok no tenía cuidado, era violento y destructivo, pura dinamita. Como una explosión que arrasara con todo. La mordió, la lamió, contagiándola de pasión. Sus lenguas bailaron. Era todo fuego cuando la atrapó entre sus brazos y la apretó contra sí, tanto que apenas podían respirar, aunque no estaba segura de que esa fuera la razón. Le sentía en todo su cuerpo, en todos lados, alrededor. Era fuego abrasándole la piel hasta hacerla renunciar de sí misma y arrojarse a su alma sin mirar atrás.

Con una mano le tocó el mentón, su barba incipiente en los dedos, y le apoyó la otra mano en el pecho, en el corazón. Su latido fuerte y aleteante, tan repleto de vida, contra su palma.

Es todo extraño, pero ahí es cuando D'Jok entendió las palabras de su padre y cómo a veces esas cosas pasaban en la vida real. Inesperado, sobrecogedor, un beso prohibido en la penumbra. Era amor, aunque sabía que no debía atreverse a decírselo a ella y conformarse con su pequeña y enorme victoria. Amor, curiosa palabra, una de esas que temes pronunciar o que lo haces sólo a media voz y con vergüenza.

Entonces Tia se apartó un poco, con la frente aún pegada a la suya, y luchó por normalizar su respiración mientras D'Jok le depositaba besos pequeños en la comisura de los labios, con los dedos aferrados en su cintura pegándola a él, haciéndola arquearse. Todo posesividad. Y no es que ella tuviera nada en contra, por supuesto.

-D'Jok… Escucha.- articuló Tia cuando logró recobrar el control sobre su cerebro. Le alejó un poco, solo un poco, poniendo ambas manos sobre su pecho. – Si vamos a hacer esto, hay unas condiciones que tienes que aceptar. Entiende que son muchas las cosas que ponemos en juego.

D'Jok asintió, rozándole con la nariz.

-En primer lugar, nadie debe saberlo. Tiene que ser nuestro secreto.- tomó aire, cosa que no era fácil ahora que la temperatura en la habitación había ascendido unos doscientos grados. – Y no vamos a dejar que esto afecte a nuestra amistad, ni vamos a exigir nada al otro. No soy tu novia y no eres mi novio, ¿vale?

-Ajá.- D'Jok estaba demasiado concentrado en morder su boca, ahora que al fin podía hacerlo, ahora que ella había cedido y había dejado caer sus murallas, aunque solo fuera un poco.

-Te lo digo en serio.

Clavó en él esos ojos, haciéndole por un momento perderse entre el bosque de sus pestañas. Cómo no iba a querer a una mujer tan absolutamente autoritaria y llena de determinación.

-Todo lo que tú quieras.

(Hago lo que sea necesario,
Porque cuando estoy contigo siento cosas muy intensas.
Me duele el cuerpo si no te tengo,
Cuando estoy contigo se me van las fuerzas.
No existen límites para llegar a donde haga falta,
No hay ni barreras ni distancias.)