¡Al fin el capítulo 11! Quería hacerlo más largo, pero tenía ganas de publicar. Me encantó escribirlo, a pesar de que la acción es prácticamente nula. Espero que me dejéis reviews, me tenéis abandonada, y así, no hay ánimos para publicar :( (chantaje emocional)
"Mira, yo no sé exactamente qué es lo que haces,
pero desde que lo haces
todo es maravilloso."
Aquella pasaría a ser, sin duda, una de las mejores épocas de sus vidas.
Los días corrieron, no mucho, pero sí lo suficiente como para que los dejaran crecer enredando sus ramas el uno en el otro. A veces como amigos y a veces como amantes, ante los ojos de los demás o a escondidas, los momentos de D'Jok empezaron a ser con Tia y los momentos de Tia empezaron a ser con D'Jok. Ninguno se opuso a ello.
De repente todo empezó a ser tan fácil y tan natural que resultaba difícil de creer que hubieran podido llegar a estar tan jodidos.
Y a D'Jok le hacía gracia verse a ambos así, paseando entre copos de nieve y una ciudad congelada, entre árboles cristalizados, y sin embargo el sol brillando a través de las nubes como uno de esos días de primavera blanca en Akillian. Hablaban de música, de deporte, de cualquier cosa en realidad y Tia llevaba gorro, bufanda, abrigo y botas, y le miraba con la nariz enrojecida; era como volver a ser los jóvenes que realmente debían ser. Comportarse como dos chicos de 19 años y volver a los primeros encuentros, al misterio por desvelar que suponía conocerse poco a poco y cada vez más a fondo, a besarse a escondidas (en el cuarto de ella, en el cuarto de él, en alguna sala vacía) siempre con las cortinas corridas. Ocultándose de todos. Mostrándose el uno al otro sin reservas. Besos profundos y húmedos que quemaban, violentos e invasivos y luego dulces y lentos como jazz. Suavemente y agarrándose las manos, ella siempre dejándose hacer cuando D'Jok deslizaba los dedos por el abismo de su cintura o se aventuraba más allá del fin de su espalda, y siempre parándole antes de perderse. Y él volvía a besarla, y le contaba mil historias, o miraban fotos y vídeos mirándose los ojos, o se sentaban juntos cuando veían los partidos como excusa para rozarse los dedos de vez en cuando. Fueron dos o tres semanas maravillosas sin lugar a dudas, un tiempo para compartir con sus amigos, una época para la amistad, cuando el mejor momento del día era reunirse todos por la noche, después del entrenamiento, y sólo ser ellos mismos. Beber a veces, reír, tomarse el pelo, hablar de cosas banales y de cosas importantes como ganar una Copa por tercera vez, con los nervios ascendiendo pecho arriba como si estuvieran ya a punto de jugar la final o casi saboreando la gloria en los labios. Sólo existía eso entonces, el fútbol, ellos, su amistad y su juventud, ver películas aunque no se enterasen de nada porque Micro-ice no se callaba, jugar videojuegos, escuchar un disco tras otro, comer comida basura y cantar a la luna medio desafinados y mal. Un entrenamiento tras otro, dejarse la piel, un gol tras otro, ser grandes, correr hasta que caían rendidos e incluso más allá, durante horas, un día tras otro, mientras volaban las hojas del calendario. Y aún tener tiempo para dar una vuelta tonta con las manos en los bolsillos y sin saber a dónde, para ir a visitar a Maya, para echar de menos a Sonny, tiempo para estar con los chicos, para ver algún concierto en un bar o –también, por qué no – para sentarse con Tia y mirarla estudiar. Fueron unos días increíbles en la vida de D'Jok, sin duda, cuando por fin el mundo se ordenaba en sí mismo. El breve momento de calma antes de una nueva tormenta, más terrible y más fuerte.
Y siempre con ella. Ella, la que por fin era suya. Todo iba tan jodidamente bien que debía ser algún tipo de sueño, porque D'Jok jamás habría creído que pudiera llegar a besarla, a tocarla, a tenerla. Eso, justo así, eso era felicidad.
[Nunca olvidé aquella sonrisa que imaginé
Durante mil vidas
Y te busqué
Después de cada herida.]
En algún punto de la tarde que Tia no podía concretar, habían acabado echados en su propia cama. Ane había bajado a casa de sus padres todo el día y D'Jok, por supuesto, no tardó mucho más de lo que había invertido en ponerle alguna excusa a Micro-ice en plantarse en su puerta.
La chica cerró los ojos e inspiró hondo su aroma, ese que todavía se sorprendía a sí misma buscando en su ropa incluso cuando D'Jok ya se había marchado. Él dormía, a juzgar por su respiración pausada y sus ojos cerrados, pero no podría decirlo a ciencia cierta. En cualquier caso, destilaba tanta paz que Tia no pudo evitar sonreír.
Aún no se había acostumbrado a la maravilla que suponía abrir los ojos y verle allí, tumbado a su lado, o acercarse a sus labios y conquistarle la boca. D'Jok era respetuoso y nunca la había empujado más allá, pero aún así en momentos como ese Tia sentía el deseo recorrerle las venas, formar un terremoto en su interior y ascender garganta arriba. Tenía que asumir que nunca lograría acostumbrarse a lo perturbador, intenso y placentero que resultaba cualquier contacto con D'Jok a nivel físico. Era sencillamente extraordinario el modo en que su propio cuerpo respondía ante su mera presencia o con solo imaginarle, enviando una corriente eléctrica desde los dedos de las manos hasta los dedos de los pies. Porque era terriblemente atractivo y terriblemente guapo, y era suyo.
Deslizó los dedos por su cuello, hacia la línea de su fuerte mandíbula, recorriéndola. A Tia, que tenía un sexto sentido para la belleza y llevaba años aprendiendo a captarla tras la lente de una cámara, le gustaría capturar cada detalle de su cuerpo. Su piel trigueña, sus labios finos, sus ojos del verde del bosque y su pelo rojo fuego, rojo pasión. El trazo de sus músculos perfilados bajo la camiseta, sus hombros anchos y sus abdominales insinuantes en ese torso que se estrechaba al llegar a las caderas. Abrumador.
-Si sigues mirándome así vas a acabar por asustarme.
Su susurro divertido casi la sobresaltó. Casi. Se sobrepuso.
-Soy una futura enfermera, ¿recuerdas? Estudio tu anatomía, por puro interés biológico.
D'Jok le depositó un beso en la cabeza, que reposaba en su hombro derecho.
-Puedes hacerme todos los estudios que quieras.
Ella no respondió. Se limitó a trazar pequeños dibujos con los dedos sobre su pecho. Había un pensamiento que llevaba días rondándole la cabeza. Y él se había dado cuenta, claro, pero simplemente esperaba a que ella lo soltara.
-D'Jok, tú me dijiste que, antes que Mei, te fijaste en mí.- hizo una pequeña pausa para mirarle. - ¿Es verdad?
-Increíble, pero cierto, sí. No me juzgues, siempre he tenido unos gustos un poco extravagantes.
La chica rodó los ojos, pero lo dejó estar.
-¿Por qué nunca me lo dijiste?
-¿De verdad quieres hablar de ello?
Tia asintió deprisa y D'Jok suspiró. Ella y su maldita curiosidad.
-No hay mucho que decir, en realidad. Ella no atrapó mi atención del modo en que tú lo habías hecho. Tú me fascinabas.
-¿Y por qué no me lo dijiste?
-Porque desde el primer momento llevaste un enorme letrero en la frente que decía "Propiedad de Rocket". Para ti sólo existía él. ¿Dónde entraba yo exactamente en ese esquema?
-Quizás, si lo hubiera sabido…
-Si lo hubieras sabido no habría cambiado nada. Sencillamente lo dejé estar, pero si él no hubiera estado, todo habría sido muy diferente. Tú habrías sido mía. – suspiró con amargura ante el pensamiento que lo que puedo ser y no fue. - Yo te admiraba mucho a nivel profesional. Eras, y sigues siendo, una chica con talento, así que la cosa no pasó de ahí.
-Entonces, ¿no te sentías atraído por mí?- Tia le miró con la confusión escrita en su rostro.
-Bueno, al principio (sólo al principio) estaba demasiado obsesionado por tus movimientos con el balón como para pararme a admirar tus curvas. Era una conexión trascendental, que iba más allá de lo físico.
Tia resopló.
-Dime que eso cambió con el tiempo, por favor, o mi autoestima huirá a esconderse debajo de una piedra.
D'Jok rió entre dientes.
-Te he dicho que sólo al principio. Claro que cambió, y no te imaginas hasta qué punto.
De modo que se lo contó. Que él siempre había sido extremadamente consciente de que Tia era una chica, e incluso cuando era sencillamente una compañera, la novia de Rocket, la mejor amiga de Mei, D'Jok ya sabía que Tia tenía la piel suave y guardaba un tesoro bajo ésta.
Todo ocurrió el verano justo antes de la segunda Copa, cuando decidieron tomarse una semana de vacaciones todos juntos. Tenían dieciséis años y al rencontrarse aquella mañana memorable en la playa después de casi un año sin verla fue cuando D'Jok supo que Tia en realidad no era una niña ni mucho menos un chico, y vio cómo Rocket también lo sabía, justo como aquella noche en la que ella se deslizó dentro de aquel vestido sólo para él y D'Jok tuvo que recordarse a sí mismo quiénes eran.
Pero aquel día no pudo evitar que se le erizara la piel cuando estaban en el agua y jugaron y se cogieron y se ahogaron los unos a los otros. Fue cuando ella se subió a su espalda, con las pestañas empapadas y el bañador pegado a la piel, sin darse cuenta de que para D'Jok, para el chico que nunca lograba del todo dejaba de pensar en ella desde el primer día en que la tuvo frente a frente en un campo de fútbol, definitivamente las cosas habían cambiado. Para siempre. Y que esa noche cuando ella se sentó entre Rocket y él a cenar el contacto con su brazo le hacía arder la piel, y desde entonces cuando Mei se deslizaba entre sus sábanas ya no veía a Mei, ya no eran las piernas de su novia las que se abrían como un paraíso y ya no era en su novia en quien se hundía, porque la chica que él veía tenía el pelo blanco, del color de la nieve de su hogar, y los ojos como un oasis en medio. Tenía pecas en los hombros y un lunar en el escote que causaba vértigo al insinuarse en el borde de las camisas. Las cosas no volvieron a ser iguales. Nunca más. Y ahí fue cuando empezó a odiar a Rocket, le odiaba porque tenía cosas que el jamás tendría. Porque Tia siempre fue suya, desde el mismísimo principio, siempre fueron Tia y Rocket y nada más. Sí, D'Jok le odió. Le odió y le envidió a partes casi iguales. Por eso cuando él se marchó pensaba que estallaría de júbilo, pero al ver el sufrimiento que le suponía a la chica a la que él siempre había anhelado hizo de tripas corazón y removió cielo y tierra para traerle de vuelta. A pesar de su propio dolor. Sólo para hacerla feliz.
-Y eso es todo.
En ese momento Tia, incapaz de hablar, se limitó a mirarle. No sabía bien que decir, pero sus palabras se filtraron gota a gota hacia su corazón. Le resultaba imposible de creer que realmente D'Jok hubiera ocultado algo tan intenso durante tanto tiempo. Así que, por toda respuesta, decidió acercarse a sus labios. Los lamió despacio, con parsimonia, y se adentró en su boca, y entonces D'Jok no necesitó que respondiera nada. Se besaron mucho rato, tanto que pareció anochecer y amanecer mil veces. Fue un beso húmedo y lento en el que sin saber cómo ella acabó encima suya y el deslizó las manos espalda abajo y se adueñó de su trasero. Y por primera vez fue Tia la que tuvo que reprimirse, tuvo que reprimir el hambre insaciable de más que la devoraba por dentro, el deseo de frotarse contra el cuerpo de D'Jok hasta desgastarse, de deshacerse en sus manos grandes y calientes. Sintió una pasión turbada, salvaje y animal. Y esa llama que parecía avivarse más y más cuanto más le tocaba. Le besó cada vez más profundo, hasta que D'Jok se separó un poco y la miró a los ojos.
-Si sigues así no voy a poder controlarme.- murmuró antes de besarla con suavidad. – Eres demasiado increíble.
Sin saber que la afortunada era ella.
Tia sacudió la cabeza.
-No eres objetivo, D'Jok. ¿Quién en su sano juicio me preferiría a Mei?
-Nadie ha dicho que esté en mi sano juicio.- replicó él con sorna. – Pero está visto que no vas a dejar el tema.
La hizo a un lado, quitándosela de encima, y se levantó.
-Ven conmigo.
Tia se apresuró a seguirle mientras él replicaba por lo bajo algo acerca de erecciones, chicas estúpidas y "Se creen que uno es de piedra".
La condujo a su propia habitación. Por suerte Micro-ice no estaba. D'Jok se acercó al ordenador y buscó algo en Internet, dispuesto a mostrarle hasta qué punto estaba confundida.
-D'Jok, yo acepto que tengas tus hobbies, pero, ¿eso de meterte en páginas de cotilleos lo haces por afición o tu narcisismo te obliga a buscar qué van diciendo sobre tí?
-Para dártelas de inteligente a veces eres bastante corta.- farfulló él mientras le hacía un gesto con la mano. – Ahora siéntate aquí.
Tia frunció el ceño. Normalmente no aceptaría ningún tipo de orden, menos de él, pero la curiosidad le podía, de modo que se apoyó en el reposabrazos de la silla en la que el chico se encontraba.
-Quiero que mires algo.
D'Jok pinchó en un enlace y miles de imágenes se desplegaron. Imágenes en las que aparecían él y Mei.
-¿Por qué me enseñas todo esto?- preguntó Tia algo irritada.
-Porque quiero que me digas qué ves aquí.
La chica resopló, pero las observó despacio, una a una. En esencia todas eran iguales. Una pareja maravillosa e ideal y repleta de atractivo. Amada por la gente. En unas besándose, en otras de la mano, abrazados, sonrientes, vestidos de gala y en fiestas o pillados "por sorpresa". Sonriendo deslumbrantes.
-Veo a un chico y una chica que eran perfectos el uno para el otro.- murmuró.
-Y, una vez más te equivocas.- D'Jok estiró el dedo y señaló una al azar. - ¿Recuerdas este día? ¿Qué pasó?
-Fue el día que ganamos la final contra los Xenons?
-¿Qué pasó después?
Tia meditó un instante.
-Que… Mei y tú discutisteis por alguna estupidez y ella acabó bebiéndose todo el alcohol de la fiesta y gritándote en el baño.
D'Jok asintió.
-Y ahí estamos, sonrientes, como si no hubiera pasado nada más. ¿Y esta?
Apuntó otra, en una entrega de premios.
-Te enfadaste con ella por no responder a tus llamadas y por quedar con un amigo suyo sin contártelo. Al llegar arrojó toda tu ropa por el pasillo.- Tia sonrió con burla.
-¿La de al lado?
Un recuerdo sacudió a Tia al la siguiente, donde ambos aparecían besándose delante del Planet Akillian, y la época en la que fue tomada.
-Poco después de que se fuera Rocket. A Mei le entró la absurda paranoya de que pensabas en otra.
-Así era.- D'Jok tragó saliva, pero ni siquiera la miró. – Todo esto es basura. Estábamos completamente hechos trizas y nuestra relación parecía hacer aguas por todos lados en cada una de estas fotos, pero eso no se ve. No es lo que interesaba a la prensa. No es lo que vendía.
Entonces se giró al fin.
-En eso consistió nuestra relación, Tia. En una enorme farsa mediática. En fingir que éramos la pareja perfecta y no que nos odiábamos cada día un poco más.
Suspiró y cerró los ojos.
-¿Entiendes ahora qué es lo que veo en tí que nunca vi en ella?- tragó saliva. – No quiero que lo que hay entre tú y yo se sepa, no quiero más farsas, más negocios.
-Tú la amaste.
-Claro que la amé. Pero me amé más a mí mismo.- abrió los ojos para mirarla, sonriendo de lado. Con amargura.
-"Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido." – citó Tia, acercando su rostro. Movida por una gran dulzura. – Gracias, D'Jok.
Deslizó los dedos hacia los suyos.
-¿Por qué?
-Por hacerme sentir especial, como siempre.
-Lo eres. Esa es tu suerte y tu castigo.- sonrió a medias. Y ella decidió besarle, el poco tiempo que les quedaba antes de reunirse con los demás y fingir de nuevo.
[Y siento que la vida se ríe de mí en la cara.
Tan grande el paraíso y yo he cogido tu manzana.]
Ane era, en una sola palabra, encantadora.
Ane era la típica chica de sonrisa permanente y pecas que le echaba azúcar a la vida y tenía un humor a prueba de balas. Ane se había criado tras el mostrador de la tienda de ultramarinos de sus padres, en el barrio antiguo de Akillian, entre cajas y frascos de conserva. Era la alegría de todas las clientas, la que se crió en la calle – como cualquier otro niño de su barrio – y pegaba un tortazo a todo aquel que se atreviera a tirarle de las trenzas, la que se ponía perdida de barro jugando al escondite con D'Jok y Micro-ice y cepillaba el pelo a las muñecas sentada bajo unos soportales junto a esas tontas amigas que estallaban en risitas al ver pasar al pelirrojo y su inseparable hermano. Ane era la chica amiga de los chicos, la que llevaba aparato, la rubia simpática y dicharachera que no era la mejor en el instituto, ni la más guapa, ni la más deportista, pero que era (con mucho) la que más se hacía querer. Esa que tiene amigos vaya donde vaya.
Ane, lógicamente, besó, quiso y coqueteó. Creció rápido y no puede decir que le faltaran pretendientes. Pero Ane fue una de esas pobres desgraciadas enamorada de la persona equivocada
Porque ella llevaba años irremediablemente loca por el único chico más interesado por los misterios de los softwares y los hardwares que por intimidar con el otro sexo. Por eso Ane tuvo que soportar año tras año en el instituto la indiferencia terrible y absoluta de Thran. Ese que repartía su tiempo entre libros, programas informáticos y videojuegos y, por supuesto, fútbol, pero que – tan inteligente no sería – permanecía impasible a todos sus desesperados flirteos. Que eran obvios para el resto de la población de la galaxia, claro. Así que la pobre Ane se resignó a dejarle ir.
Lo gracioso es, que el único motivo por el que empezó a jugar al fútbol, fue por él y por nadie más que por él. Pensando que sería la excusa perfecta para pasar tiempo juntos. Vaya ilusa. Pues justo entonces llegó Aarch, y Thran se marchó. Tuvo que renunciar para siempre.
Y en ese tiempo, descubrió que realmente el fútbol no estaba tan mal. Comenzó a jugar con su hermano mayor y sus amigos, se hizo buena, perfeccionó. Se unió a un par de equipos locales. Qué gracia; ahora, allí estaba.
Caminaba distraída, balanceando una cesta con dulces caseros y mojando el suelo de la academia con sus botas húmedas. Pensando en qué cosas tiene la vida.
-¡Ane!
La exclamación de Micro-ice la hizo reaccionar. Se giró a mirarle, de pie delante de la puerta de la sala común.
-Oye, Caperucita Roja, vamos a ver el partido de los Pirates y los Lightnings de la fase de grupos, ¿vienes?
-Eh… Sí, voy. Iba a dejar esto en mi cuarto.
-¿Son esas las famosas rosquillas de tu madre?- el chico se relamió. – No subas. Mejor traelas, yo me encargo de custodiarlas.
Ane se echó a reír y le siguió.
-Para cuando termine el partido, no habrás dejado ni las migas…
[Y mírame, aun sigo siendo el mismo que era antes de ayer
Cuando aún te quería.]
Tia llegó hacia la mitad de la primera parte, cuando todos estaban ya acomodados mirando el partido. Se dejó caer al lado de Mark, encogiéndose de hombros cuando él le preguntó dónde había estado.
-En mi habitación, editanto vídeos. ¿Cómo van?
-Dos a uno, ganando los Pirates.
D'Jok, tumbado entre Thran y Ahito, chasqueó la lengua. Ella y esa medida obsesiva de dejar veinte minutos de diferencia para no llegar juntos y no levantar sospechas.
Micro-ice se giró a mirarle, con la boca llena.
-¿Cansado, amigo? ¿Quieres un dulce?
D'Jok le miró con desconfianza.
-Dime que no se te ha caído al suelo ni lo has chupado…
-Desagradecido. Se lo daré a Tia.
Ella le miró con suspicacia, pero lo aceptó.
-El azúcar ayuda a reponer energía, deberías saberlo.- añadió el chico como quien no quiere la cosa, antes de girarse de nuevo hacia la pantalla.
D'Jok ni siquiera reparó en el comentario, pero Tia frunció el ceño. Recelosa.
-¿Y?
-Nada. Es una aportación gratuita del Doctor Micro-ice, disponible de lunes a viernes para divertir educando. ¡Oh, vaya, esa ha estado cerca!- exclamó al ver la tentativa de gol de Warren.
Tia sacudió la cabeza y se centró en el resto del partido. El resultado era empate a dos al llegar al descanso. Durante la pausa comenzaron a charlar relajadamente, hasta que apareció un anuncio que les perturbó y reclamó toda su atención.
-¡Mirad!- exclamó Ane.
-"Estas son las declaraciones de Duque Maddox, máximo responsable de Technoid, ante las explosiones de Génesis"- el anciano apareció en pantalla, sentado tras su escritorio. – "Estadio Génesis lleva más de un año sufriendo violentas explosiones, y esos infames volvieron a atacar hace apenas unas semanas. Gracias a las grabaciones exhaustivamente revisadas, ahora sabemos quiénes son…"
Sonny Blackbones y Corso aparecieron huyendo del callejón donde se produjo el estallido. Micro-ice ahogó una exclamación y Ane se tapó la boca con las manos.
-¡No!- murmuró D'Jok.
-"… El sanguinario pirata Sonny Blackbones es un peligroso terrorista, y no consentiremos que…"
El chico apagó la holotelevisión a toda velocidad. Sus compañeros le miraron en silencio, tensos. Podían ver la confusión bullendo en su cabeza, los pensamientos a toda velocidad. La rabia. La incredulidad. Hasta que Micro-ice se aventuró a hablar.
-¿De verdad crees que tu padre está detrás de todo esto?
Su amigo estalló, girándose a mirarle.
-¡Vamos, Micro-ice! ¿Cómo se te ocurre pensar algo así?- apretaba con fuerza el mando en la mano.
-Sabemos que alguien ha estado saboteando la construcción del nuevo Estadio, pero esto no tiene ni pies ni cabeza. ¿Qué interés iba a tener Sonny?- intervino Tia.
-Acabamos de ver las imágenes…- aventuró Mark.
-Las imágenes pueden manipularse.- Thran atajó.
-Conozco a mi padre. Él no es un terrorista.
Ane puso una mano en su hombro, animándole. Entonces Tia se inclinó a mirarle.
-No te preocupes. – le guiñó un ojo. – Si manipularon las cámaras de seguridad, no tardaré en descubrirlo.
Él asintió, agradecido. Intentó sonreírle.
-Venga. Sigamos viendo el partido.- intervino Ahito, tratando de distraerle.
El resultado fue victoria de los Lightnings y un D'Jok muy atormentado paseando con las manos en los bolsillos. No soportaba la idea de que su padre volviera a ser considerado un delincuente pese a todo lo que luchaba día a día por hacer justicia en la galaxia. Los chicos parloteaban a su lado, hasta que Ahito se dio cuenta.
-¿Sigues preocupado por Sonny?
D'Jok se encogió de hombros.
-Me da miedo que esté de nuevo en el punto de mira. Van a reforzar la seguridad, lo sabes, no van a parar hasta encontrarle.
-A alguien tienen que culpar de todo lo que está ocurriendo.- intervino Thran. – Tu padre se ha convertido en un chivo expiatorio para la Liga y Technoid. La gente está asustada, harta, y no paran de exigir soluciones. Así, las autoridades desvían la atención hacia un culpable.
-Tienes razón.- respondió el pelirrojo, sorprendido por la lógica de su razonamiento.
-Ya verás, en cuanto se sepa que las imágenes estaban manipuladas, el Duque tendrá que reconocer su error. Encontrarán al verdadero culpable.- le animó Micro-ice.
"Ya, pero, ¿y si les imágenes no estaban manipuladas?" D'Jok no pudo evitar dudar de Sonny. Ya no estaba tan seguro de su inocencia, aunque no fuera a reconocerlo.
-De momento, lo mejor que podemos hacer es pensar en fútbol.- exclamó Thran. – Centrarnos en el próximo partido. Me muero por saber contra quién nos tocará.
-Llevan días aplazando el sorteo. Sospechoso, ¿no creéis?- Micro-ice se rascó la barbilla.
-¡Detective Mice en acción!- bromeó Thran. – Tienes que dejar de ver conspiraciones en todas partes…
-No, tiene razón. Sólo se han jugado los partidos que ya estaban fijados. No se ha anunciado ninguna fecha nueva.- le apoyó D'Jok. – Me pregunto qué ocurre. Normalmente no transcurren más de dos semanas entre encuentro y encuentro, y nosotros llevamos tres sin jugar.
-Bueno, hay muchos equipos, y con todos los contratiempos que ha tenido que afrontar la Liga…- dijo Anito.
-A mí me sigue pareciendo raro.
Por una vez, Micro-ice iba a tener razón. Cosas extrañas sucedían.
Y no tardarían mucho en averiguarlo.
[Si tu vives conmigo, yo moriré por tí
Y por este compromiso]
El viento desordenaba su pelo, jugando con él a su antojo. La chica reía y trataba por todos los medios de domarlo. Pequeñas gotas de agua salpicaban su piel y el olor a mar se le pegaba en la piel. Sinedd sonrió al verla agacharse para coger una concha, con el corto vestido blanco agitándose e inmersa en el mar hasta las rodillas.
Sonrió sin que nadie le viera, con una rara sonrisa de paz. La misma que esbozaba al verla bostezar y retorcerse a su lado, al escucharla parlotear trenzando su cabello, al contemplar sus ágiles movimientos con el balón.
-¡Sinedd, ven aquí!
Mei se giró hacia él. Estaba sentado con las piernas cruzadas sobre la blanca arena de Paradisia, en una playa oculta y virginal. El sol le calentaba la espalda y otro tipo de calor, agradable, de hogar, se extendía por su pecho.
-Ni de broma voy a mojarme.
-Qué aburrido eres…
Fingir. Pasarse los segundos fingiendo que le importaba lo justo para no perderla, pero no tanto como para resquebrajar su fachada de hielo. No era tan fácil mantener el equilibrio, especialmente para él, un huérfano atormentado y asocial que de equilibrio sabía más bien poco.
Pero Mei se había acostumbrado a sus silencios, a sus miradas que revelaban más de lo que él querría, que le traicionaban. Los entendía. Sabía leerlos. De lo contrario, no seguiría a su lado.
Caminó hacia él, con la arena pegándose a sus pies mojados y la piel húmeda. Y el mar en los ojos.
-Te traigo el mar.
Sinedd acogió el mar entre sus brazos. Acogió su boca en la suya. Besos salados y profundos. Emociones tan fuertes que casi le asustaban, que amenazaban con romperle en dos.
Mei se apartó un poco, sonrió contra el filo de sus labios.
-Te quiero.- susurró.
Él tragó saliva.
-Me estás poniendo perdido, vamos.- hizo un gesto, indicándole que se apartara.
La chica se levantó y con un movimiento cargado de sensualidad, como todo en ella, se deshizo del pareo. Quedándose en ropa interior.
Una sonrisa traviesa y huyó hacia el agua.
Sinedd sintió su estómago contraerse con violencia. Era increíble que realmente esa mujer fuera suya, su trofeo. Demasiado guapa para ser mortal, casi un personaje de película o del libro, etéreo, inalcanzable. Y allí estaba. Aguardándole.
Por una vez en su vida, podía decir que había ganado a D'Jok. Y no tenía nada que ver con el trato con Lord Primus, con que él le hubiera ofrecido cantidades escandalosas de dinero y un hueco de honor en su Torneo con tal de que se la arrebatara a ese estúpido engreído. No, es que Sinedd realmente la apreciaba. Como jugadora. Podría haberse llevado a otro Snow Kid a su bando, pero estaba satisfecho de que hubiera sido ella. Y probablemente lo habría hecho antes o después independientemente de cualquier oferta de Primus.
Llevaba mucho tiempo codiciándola, y probablemente el magnate lo sabía. Había repasado una y otra vez la lista de bobos jugadores de Aarch. D'Jok y Micro-ice estaban descartados, y por extensión, esos amiguitos suyos, Thran y Ahito. Mark era un principiante, no tenía las suficientes tablas como para unirse a ellos, al igual que Yuki. Rocket siempre fue su principal objetivo. Sentía un profundo respeto por él y deseaba con todas su fuerzas tenerle de su parte. No lo consiguió. Del mismo modo, apreciaba el talento de su pequeña novia, pero por culpa de Tia él había abandonado la Esfera. Además, la había observado miles de veces. Ella era demasiado buena como para traicionar a sus compañeros, demasiado por encima del resto. No lo haría.
Pero Mei sí. Porque Mei era como él. Mei era ambiciosa, sucumbía a sus debilidades, y estaba indefensa y frágil. Cuando se deshacía en lágrimas porque el imbécil de su novio no la valoraba, él estuvo ahí para ella.
La miró sumergirse y emerger de nuevo del agua fría. Debía mantenerla a su lado y cumplir su palabra de hundir a D'Jok, o de lo contrario Lord Primus tomaría represalias utilizando a la chica. Y Sinedd no iba a permitirlo.
Pero ya tendría tiempo para pensar en esas cosas. Porque entonces ella se giró con el sujetador húmedo pegado al cuerpo y él decidió que no iba a pasarle nada por un pequeño baño. De modo que se deshizo del pantalón y tardó poco en reunirse con ella.
Sinedd la tomó en brazos, sintiendo su cuerpo contra el suyo. Mei le rodeó el cuello con los brazos, arrimándose aún más.
Sus risas y sus gemidos se elevaron hacia el cielo.
[Y báñate en mis ojos, que se joda el mar,
que quiera mecerte a su antojo.]
