¡Con ustedes el chapter 12!
En este capítulo hay pequeños fragmentos de poemas de Escandar Algeet.
Espero que os guste :')
Now we are the kids from yesterday.
[Bienvenido al desastre. Ponte incómodo. Y deja de rendirte ante las cuentas.
El amor no es una deuda de víctimas y culpables.
El amor tiene muchos sentidos y sólo una dirección.
De ida. Pero no de vuelta.
Allá voy.]
Hay dos palabras que un Snow Kid debe aprender a temer, al menos cuando proceden de Aarch. 'Reunión urgente'. Esa fue la lección apresurada que Tia concedió a Ane y que ella se grabó a fuego conforme se apresuraban a bajar a la sala común.
Todos estaban ya allí, y a juzgar por las miradas de inquietud que intercambiaban, tampoco conocían la razón exacta.
El míster, flanqueado por Clamp y Artegor, les pidió que tomaran asiento junto a sus compañeros antes de comenzar a hablar. Tia se apresuró a sentarse entre Ahito y Micro-ice.
-Bien, Snow Kids. Tengo una noticia importante que comunicaros, de modo que guardad silencio.- comenzó el míster. "Artegor y yo vamos a casarnos" susurró Mice imperceptiblemente por lo bajo haciendo que Tia ahogara una carcajada contra la palma de su mano. – Creo que todos habréis reparado en el hecho de que no han sido anunciadas las fechas de la segunda ronda de partidos.
-¡Ajá!- exclamó el moreno haciendo que Artegor le taladrara con la mirada. – Perdón.
-Como sabéis, la Liga tomó la decisión de que los encuentros de la fase de grupos se disputaran en los estadios locales. La decisión ha sido revocada.
-¿Cómo? Pero las obras de Génesis están incompletas, ¿no?- intervino Mark.
-La razón es simple. El Torneo Galactik Football va a verse interrumpido.
-¿Quéeee?
-¡No puede ser!
-¡No puden hacer eso! ¿Cancelarlo a estas alturas?
-¿Qué locura es esa?
-Silencio, por favor. La explicación es sencilla.- Aarch mantuvo el orden. – Con el supuesto boicot de… Sonny – D'Jok gruñó por lo bajo. – y las explosiones la Liga temía que antes o después esto fuera a acabar sucediendo, de modo que resulta más correcto detener el transcurso de la Copa a estas alturas que en octavos de final, ¿no creéis?
-Lo único que creo es que esto es una chorrada y que Adim ha perdido la cabeza.- bufó D'Jok. – ¿Qué pasa con los aficionados?
-Si me permitís terminar, lo entenderéis.- Aarch frunció el ceño. - ¿Habéis oído algo sobre Lord Primus y Paradisia?
Los chicos se miraron entre sí. Ane intervino tímidamente.
-Circuló el rumor de que ese tal Lord Primus pretendía organizar un Torneo en su planeta, pero que la Liga no estaba dispuesta a permitirlo.
-Así es, en parte. Lo cierto es que la Liga ha acabado por llegar a un acuerdo con Lord Primus para que acoja el Torneo Paradisia, y así obtener un intervalo de tiempo para que la Copa pueda ser reanudada al acabar éste.
Los jugadores intercambiaron comentarios en voz baja. Tia alzó la voz por encima de sus compañeros.
-Entrenador, ¿pretende entonces que los Snow Kids nos unamos al Torneo?
-Correcto, Tia. Lo he meditado detenidamente, y he recibido una llamada de la Presidenta de la Liga expresamente para pedirnos que participemos, además de un comunicado oficial de Lord Primus.
-¿Por qué ese interés en que nos unamos?- increpó Thran, alzando una ceja. – No es que tenga nada en contra, pero…
-Thran, deberías dejar de ver conspiraciones en todas partes.- Micro-ice le sacó la lengua.
-Es obvio, ¿no?- habló Tia. Al ver que todos la miraban sin comprender, rodó los ojos. – Somos los Campeones. ¿Qué mejor reclamo para aficionados y para el resto de los equipos? Nuestra presencia asegura la credibilidad y la buena imagen pública del Torneo Paradisia, y por consiguiente, saca las castañas del fuego a la Liga, que tiene una excusa para aplazar el encuentro sin que los aficionados se les echen encima.
-La chica ha dado en el clavo.- asintió Artegor.
-Dejemos las intrigas y las políticas en manos de los organizadores. A nosotros lo que nos importa es el fútbol.- habló el míster. – Hay algo que debéis ver.
Asintió hacia Clamp, que insertó un disco en el holotelevisor. En la pantalla apareció un logo y acto seguido, un hombre enorme que identificaron como Lord Primus, a juzgar por su atuendo ostentoso.
"Un saludo desde Paradisia. Permítanme que me presente. Soy Lord Primus, presidente de la Corporación que dirige el planeta Paradisia." El pequeño planeta cubierto por un único mar que apenas constituía la quinta parte de su superficie apareció en pantalla. "Dada la calamitosa situación del Galactik Football resultado de la conocida incompetencia de la Liga he decidido organizar un gran Torneo en Paradisia." La imagen cambió y fue sustituida por un grandioso estadio que hizo que Mark soltara un silbido y D'Jok ahogara una exclamación. "Las características más destacadas de este Torneo serán dos. Por una parte, la participación estará abierta a equipos con fluidos mixtos, y podrá haber jugadores de planetas diferentes en el mismo equipo." El hombre sonrió y la cámara enfocó una espectacular playa rodeada de edificios y complejos residenciales de lujo. Un verdadero paraíso. "Algo que no se ha hecho nunca hasta ahora. Por otra parte, gracias a una serie de pactos con la Liga se ha llegado al acuerdo de que el vencedor del Torneo Paradisia obtendrá, además, el pase automático a los Octavos de Final de la Copa Galactik Football." Los Snow Kids intercambiaron comentarios, impresionados. "Para este Torneo contamos con dos nuevos estadios de gran capacidad y totalmente seguros…
-¡Míster, por favor! ¿Dónde hay que firmar?- exclamó Micro-ice cuando una vista aérea mostró a chicas tomando el sol, risueñas.
"… ¿Cómo se llega a Paradisia? A pesar de la distancia, la avanzada tecnología en portales de energía permite llegar a nuestro planeta en apenas unas horas." Los ya citados portales sucedieron a al imagen anterior, haciendo que Micro-ice protestara por lo bajo. "Naturalmente confío en que los Snow Kids, dos veces campeones de la Copa, estén a la altura. Paradisia les está esperando." De nuevo una panorámica del increíble lugar, y para finalizar el logotipo en pantalla.
-¿Paradisia? ¡Eso es el Edén!- exclamó Mark.
-No sé si os dais cuenta, pero la invitación de Lord Primus nos permitirá tomarnos unas vacaciones.- Micro-ice dio saltos de alegría antes de girarse hacia Aarch. – Porque vamos a aceptarla, ¿verdad?
-No veo por qué no.- sonrió el hombre.
-¡Síiiiii!- el chico se lanzó sobre la espalda de D'Jok, quien estalló en carcajadas de júbilo mientras Thran, Mark y Ahito se unían a la pila.
-¡Podremos tostarnos al sol!- rió Ane abrazando a Tia.
-Chicas guapas en bikini, sol, playa…- suspiró Micro-ice con aire soñador.
-¡Y fútbol! Vamos a ganar ese Torneo, cueste lo que cueste.- D'Jok apretó el puño, sonriendo con fiereza. Sus compañeros rodaron los ojos.
[No es que sepa olvidar entre líneas,
pero sigues siendo esa chica bailarina e irreal
que una vez me tomó de las manos,
"vamos, sígueme",
y no pude no hacerte caso].
-D´Jok…
-¿Mmm?
Él, recostado en la cama con la cabeza apoyada en la mano, la observaba fijamente. Tia estaba sentada enfrente con las piernas cruzadas y los apuntes encima, y a juzgar por las miradas que le lanzaba de vez en cuando, no se sentía muy cómoda.
-¿No tienes nada más que hacer?- la chica chasqueó la lengua.
-No más interesante. Me gusta mirarte cuando estudias.- explicó.
-A mí no me gusta que me miren mientras estudio. Me pone nerviosa.
La cortina estaba casi completamente bajada y la ventana abierta. Entraba aire, no mucho, pero sí lo bastante como para que de vez en cuando una corriente fría la tomara desprevenida y le erizase la piel. Fuera estaba nublado, y parecía que de un momento a otro iba a empezar a nevar.
D'Jok alzó una ceja.
-¿No te gusta que te vean guapa? Es una incoherencia.
Tia balbuceó, olvidando por un segundo su irritación. Él sonrió ante su confusión.
-¿Qué? Las chicas inteligentes sois preciosas.
Ella se mordió el labio, cohibida. En medio del caos, con papeles alrededor y por el suelo y el pelo recogido y una sudadera de D'Jok. Ella mordiéndose el labio.
El primer copo golpeó el cristal.
-En cambio los chicos guapos sois insoportables.
Él acercándose a besarla. La carne de gallina, y ya no por el frío. Había comenzado a nevar.
-Y eso te encanta.- un susurro y un pequeño beso. Dentro del caos, su propio orden, comprensible sólo para ellos. Un orden compuesto por las maravillas de lo cotidiano, como una rutina y dos vidas amoldadas la una para la otra. Dos personas que aprendían a conocer al otro y sus pequeñas manías, como la costumbre de Tia de dejar los cajones a medio cerrar y las puertas abiertas, su humor terrible al despertar, o la manera de D'Jok de arrojar la ropa al lugar más recóndito al quitársela – sea un abrigo, sea una chaqueta – y de hablar del destino como algo grandioso. Una cicatriz en el vientre por una caída, el gracioso trazo de unos lunares en la espalda, todas las historias de detrás.
Entonces Tia le besó en la comisura de los labios. Dejó un pequeño rastro, bajó por su mandíbula y le hizo cosquillas con las pestañas. Llegó a la clavícula que dejaba entrever la camiseta (el estómago del chico dio un triple salto mortal), y se separó un poco.
-¿Por qué tienes respuesta para todo?- preguntó.
Entonces D'Jok hundío una mano en su pelo y acercó sus bocas.
-Lo habré aprendido de alguien…
Ambos sonrieron. Los apuntes de deslizaron, cayendo de la cama.
[Ando detrás de un montón de puntos débiles
y pequeños detalles
con los que me he enamorado de tí,
y ser feliz tampoco es tan grave
aunque no lo entienda el resto del mundo.]
"La asistencia de los Snow Kids al Torneo Paradisia ha sido confirmada esta mañana por un representante del Comité…"
Sinedd miró a Mei acercarse envuelta en una toalla. Estaba recostado en la cama, totalmente aburrido, tras un entrenamiento agotador.
-Estoy hecha polvo. Pero al fin he logrado dominar la Niebla.- suspiró la chica sentándose junto a él, sonriente.
-Estoy orgulloso de tí.- él la observó terminar de secarse. – Este Torneo va a ser nuestro. Entre tú y yo haremos a los Shadows imbatibles.
Mei sonrió y le depositó un pequeño beso en los labios.
-Me alegro de que vayan a venir los Snow Kids también. Este lugar es maravilloso, seguro que les va a encantar, y podré reencontrarme con ellos.- se mordió el labio.- Ojalá no me guarden rencor.
-No les necesitas para nada.- respondió él con desprecio.
-No digas eso. Son mis amigos.- la chica se incorporó y miró por la ventana la playa extendiéndose a sus pies, las luces, la vida nocturna de la costa. – Y echo de menos a Tia.
-Me tienes a mí ahora.
Mei le miró por encima del hombro.
-Ella es mi mejor amiga. Para ciertas cosas, es mejor tener a una chica cerca.
-¿Por ejemplo?- Sinedd alzó una ceja, y ella esbozó una sonrisa pícara.
-Para comentar cómo te desenvuelves en la cama.
Él abrió los brazos y Mei se refugió dentro de ellos, apoyando la cabeza en su hombro.
-Tia es lo suficientemente lista como para hacerse una idea sin que tú se lo cuentes.
La chica rió suavecito contra la piel de su hombro, provocándole un cosquilleo. Estuvieron en silencio unos minutos eternos, escuchando el sonido del mar y de sus corazones.
-Tú la quieres mucho, ¿no?- preguntó finalmente Sinedd, con la vista clavada en el techo. Mei asintió sin vacilar.
-Es imposible no quererla.- deslizó los dedos por el largo y fuerte brazo del chico, provocando una descarga eléctrica allí donde tocaba. – Todos en el equipo lo hacen.
Soltó un bufido a modo de risa irónica. – Imagino que ahora D'Jok habrá sido capaz al fin de ir y decirle lo que siente por ella.
Fue un golpe clave.
Sinedd notó cómo el corazón se le paraba durante un breve instante en el pecho. Su cerebro comenzó a marchar a toda velocidad, uniendo las piezas del puzzle. Casi tuvo ganas de golpearse por haber sido tan estúpido.
Pues claro, pensó, todo estaba allí. La actitud distante de D'Jok hacia Mei, su comportamiento durante la fiesta, el asunto de Rocket… Todo había estado ahí desde el principio.
-¿D'Jok… quiere… a Tia?- las palabras escaparon de sus labios con un leve temblor que Mei, afortunadamente, no detectó. Pero Sinedd sintió que la euforia empezaba a arremolinarse en sus venas. Había encontrado el punto débil del chico.
- Siempre la ha querido. Creo que ellos dos son los únicos que no se han dado cuenta aún.
-¿Y tú lo sabías?- preguntó él.
-Intenté engañarme a mí misma, convencerme de que, al menos, él también me amaba a mí. Así era. Pero nunca fue suficiente, y cuando finalmente Rocket se fue de nuevo… Bueno, era el momento de que yo me apartara también, porque, de algún modo, me estaba interponiendo en su felicidad. Pero no fui capaz, no hasta que apareciste tú.
Sinedd reprimió una exclamación de júbilo. Disimuló.
-Pero ella es tu mejor amiga, al fin y al cabo, ¿no? ¿Hasta qué punto?
Si a Mei le extrañó su repentino interés, no dio muestras de ello. Respondió sin vacilar.
-Hasta el punto de ser como una hermana para mí. Tia ha sido mi confidente todos estos años.- se acomodó mejor entre sus brazos. – Incluso le confesé que estaba pensando fichar por los Shadows y que tú y yo habíamos estado viéndonos a escondidas. Imagino que ha sido duro para ella guardar el secreto, más teniendo en cuenta que desde hace tiempo ella y D'Jok están más unidos.
-¿Y qué pasaría si D'Jok se enterase de que Tia supo desde un principio que tú le estabas engañando y no se lo había contado?
Trató de domar su corazón acelerado, la emoción del cazador que acorrala a su presa. Porque sin saberlo Mei le estaba dando las claves para acabar con D'Jok. Y mientras el punto débil a atacar fuera Tia y no Mei, Sinedd podría estar tranquilo.
-La odiaría.
Ella alzó sus ojos de cielo hacia su rostro. El chico asintió despacio, como si no importara demasiado. Buscó sus labios, para evitar que ella le mirara y averiguara más de la cuenta. Mei cedió a las caricias de su lengua, pero la mente de Sinedd vagaba lejos, muy lejos.
Ahora sólo tocaba aguardar junto a la trampa y esperar al momento adecuado.
[El sabor de la magia lo descubrí en tus labios,
Y ahora
Todo me sabe insípido.]
-¿Estás seguro de que Sonny Blackbones vendrá a Paradisia?
Lord Primus observaba la belleza sin igual de su planeta desde el ventanal de su despacho. Las aguas en calma, el brillo del arrecife, el cielo cuajado de estrellas. Aquella era su joya particular, el diamante embruto. Su preciado tesoro.
Se giró hacia el hombre que le observaba desde la pantalla de su ordenador. El cabello cano para su edad, la expresión casi de maniático, de loco. Un loco ambicioso que cumplía con sus tratos.
-Por supuesto. Sé cómo funciona la mente de un pirata, ¿recuerda?- se acercó, con las manos en la espalda. – Ahora que está en búsqueda y captura vendrá a refugiarse aquí, dónde confía en pasar desapercibido, y velar por la seguridad del chico sin ser visto. Además, querrá investigar Paradisia. Estoy convencido de que ha reconocido mi rostro en las noticias. Magnus Blade es difícil de olvidar.
-Espero que así sea, pues con Blackbones fuera de juego, nos quitaríamos un importante peso de encima, a la vez que cumples con la expectativa de nuestros planes.
Primus asintió, despacio.
-D'Jok es una mina de oro. Cuando más perdido y despesperado se encuentre, yo le abriré las puertas de mi casa. Él conducirá al Equipo Paradisia a la victoria y tú obtendrás tu parte del multifluido. Todo encaja a la perfección.
-Bien. Asegúrate de que Sonny no escape de Paradisia. Yo por mi parte haré que mis hombres te suministren las cantidades de multifluido necesarias para que pongas al Equipo Paradisia en marcha. Recibirás noticias mías pronto.
La imagen se cortó, y Lord Primus se dejó caer en su sillón.
Todo marchaba de acuerdo a lo previsto.
[Sentir que sucede como si nosotros hiciéramos pasadizos secretos en las nubes
y jugásemos a encontrarnos,
mientras la piel se eriza de forma reveladora
y tú sonríes aun sabiendo que te quiero cerrar la boca
de todas las formas posibles.]
Thran era, probablemente, el más inteligente de los Snow Kids. Thran guardaba silencio y cuidaba de su hermano, porque esa era justamente su especialidad, arropar a los suyos sin tocarlos, vigilarlos de cerca. Como cuando D'Jok y Micro-ice eran unos críos y se pasaban el día revolviendo el mundo y poniéndolo patas arriba, y él se dejaba arrastrar a sus trastadas. Cuando los adultos le reprendían, no protestaba, no les delataba. Sólo bajaba la cabeza. Porque en eso consiste exactamente la lealtad.
Por otra parte, Thran era excepcionalmente bueno en el fútbol. Él jugaba atrás y se sentía bien. En ese sentido era más como Tia, pues no tenía la estúpida necesidad de destacar. Lo suyo era hacer funciones de engranaje desde las sombras; quizás de ahí ese interés por las máquinas.
Pero, por encima de todo, Thran era capaz de ver cosas que los demás no. Aunque no lo dijera.
Por eso Thran vio cómo Rocket miraba a Tia, cómo D'Jok miraba a Rocket y cómo miraba a Tia, cómo Micro-ice miraba a Mei y cómo D'Jok no. Cómo Sinedd empezó a mirar a Mei y cómo la mirada de Rocket cambió. Y cómo ya no miró a Tia nunca más.
Thran había aprendido del amor mirando alrededor. En en unos ojos verdes, en unas mejillas que se sonrojan, en una sonrisa torcida. En sus padres, en sus compañeros, incluso en el míster. No podía negar que a veces no anhelara vivirlo también.
Así que lo único que Thran pedía es que, por una vez, alguien se fijara en él. Y entonces Ane lo hizo. Y esa es la única cosa en su vida que Thran no vio.
[Es por cosas como este momento,
por estas manos que me sujetan para que pueda hundirme en tu pecho,
a la izquierda de todo,
y que no pueda entender que a pesar de todos mis todos
y de todos mis nuncas
sigues aquí, bostezando en mitad de esta noche,
y yo pueda cerrar los ojos sabiendo que después de toda esa sangre
y de esos miedos
estarás tú…]
El dolor punzante en su adbomen amenazaba con hacerle polvo, pero él siguió. Un abdominal, otro, otro más, sin parar. Sudando y dolorido. Pero ese era el precio que debía pagar un campeón.
Su espalda golpeaba el suelo y entonces se levantaba de nuevo a toda velocidad, arriba, abajo, uno tras otro. Hasta que el pitido sonó.
Se dejó caer jadeando con un gemido sobre la lona del gimnasio.
-Cincuenta en medio minuto, impresionante.
Artegor tomó apuntes en su libreta mientras D'Jok se incorporaba, rojo y con la frente perlada de sudor.
Micro-ice le lanzó una botella.
-Sigue trabajando en esos músculos y pronto podré lavar la ropa sobre ellos.
Él no le respondió. Calmó su sed y entonces tomó una toalla para secarse el rostro.
-¿Puedo entrar ya al holoentrenador?- le preguntó a Aarch.
-Espera a recuperar un poco el resuello. Están Tia y Mark, haciendo ejercicios de tiro a puerta.
El chico resopló y se dejó caer junto a su mejor amigo. Ambos observaron a Ahito, Thran y Ane ejercitarse en las máquinas tras su sesión de entrenamiento en el holo.
-¿Cómo estás, hermano?
Los ojos claros de Micro-ice se giraron hacia él. D'Jok resopló.
-Vives conmigo las veinticuatro horas del día, ¿realmente quieres que responda?
-Bueno, últimamente estás algo escurridizo.- el otro le sacó la lengua. – Y hoy pareces más idiota de lo normal.
-Tú estás tan payaso como de costumbre.
-Y el Premio al Gruñón del Año es para, ¡D'Jok!- Micro-ice simuló una ovación. – Por decimonoveno año consecutivo.
-A mí al menos me dan premios.- D'Jok le miró con una sonrisa enorme.
El moreno se levantó, airado, y le apuntó con el dedo.
-Ya está, renuncio como mejor amigo. ¡Hazte un muñeco de nieve, al menos él aguantará tus borderías!
D'Jok rió y le rodeó el cuello con un brazo, tirando de él. Ambos se enzarzaron en una pelea inofensiva. Aarch les miró de reojo y puso los ojos en blanco.
-Reservad la rivalidad para el campo.
Ellos se sentaron de nuevo entre risas y pequeños puñetazos. Se quedaron en silencio unos minutos, viendo a Thran levantar pesas y a Ane mover las piernas en la bicicleta. Hasta que finalmente D'Jok habló. Porque siempre acababa haciéndolo.
-Es un poco de todo.
Su amigo giró el rostro, pero él no le devolvió la mirada.
-No sólo el tema de Sonny. Esta mañana, antes del entrenamiento, fui a ver a Maya. A despedirme.- tragó saliva. Y está… Rara.
-¿Rara?- Micro-ice sonrió. – Si tu madre es lo más normal del mundo, con todo ese rollo de las cartas y los posos de café y el incienso. ¿Quién ha hablado de rarezas?
-Cierra el pico y métete con tu madre.- D'Jok frunció el ceño, antes de esbozar un gesto sugerente. – Que de meterme en tu madre ya me encargo yo.
-¡Oh, vamos, retira eso!
Las carcajadas del pelirrojo resonaron en la sala, y Micro-ice se abalanzó sobre él. D'Jok consiguió zafarse de su pequeño amigo.
-Vale, lo siento, lo siento. Aparta, acabarás haciéndote daño.
Mice resopló.
-Tú cuenta de una vez qué es lo que ronda esa cabezota hueca de ególatra antes de que te arranque el pelo y me haga una bufanda roja.
D'Jok reprimió una sonrisa. Pensó de nuevo en Maya. Y entonces suspiró.
-Está rara en el sentido de intranquila. Y ya sabes cómo es ella.
Su voz volvió a un tono más bajo. Preocupado.
-Me obligó a sentarme delante de la bola, pese a que normalmente se niega a revelarme nada acerca de mi futuro.- tragó saliva, y continuó en un murmullo.- Sólo había una maraña de nubes negras. Era imposible ver nada más.
La inquietud se abrió paso hacia su amigo, pero Micro-ice agitó una mano, como quitándole importancia. Pese a que le había asustado también.
-Entonces puedes estar tranquilo. Maya sólo ha visto el interior de tu cerebro.
No funcionó. D'Jok le miró con alarma.
-No quiere que vaya a Paradisia. Ha tratado de persuadirme por todos los medios de quedarme aquí, con ella, o de huir con Sonny. Y al no lograr convencerme me ha hecho jurar que tendría mucho cuidado. ¡Yo no puedo fallar, Mice, tengo que ir a ese Torneo! ¡Tengo que ganarlo!
-Y lo harás. Igual la bola simplemente ha captado interferencias.
Le sonrió, con humor. D'Jok le imitó.
-Consolando eres un asco.
Se giró de nuevo hacia delante. Visiblemente más tranquilo. Porque Micro-ice no sería de los que aportaban una solución ingeniosa o un razonamiento clarividente. Micro-ice se limitaba a hacer un chiste malo y arrancarle una sonrisa, como si, durante un instante, los problemas se esfumaran. Por eso Micro-ice era exactamente el amigo que D'Jok necesitaba. Y no había día que no diera en secreto las gracias por ello.
[Amigo,
qué bien se nos da todo eso de estar vivos.
Resulta genial
compartir las cunetas
del mismo puto camino.]
-Micro-ice lo sabe.
-¿Qué?
Él la miró sin comprender. Y Tia, exasperada y completamente enfadada, le hizo a un lado y entró en aquel almacén abandonado del primer piso. Dio una vuelta. Se cruzó de brazos. Golpeó el suelo con un pie.
-Lo que has oído. Micro-ice sabe lo nuestro.
D'Jok se asomó al pasillo y entonces cerró la puerta. Habían acordado quedar esa tarde allí, después de entrenar. Pero no esperaba que Tia trajera consigo más problemas.
-No puede ser.
Se acercó a ella, consternado.
-Entonces dime a qué ha venido el doble guiño cuando he dicho que tenía que bajar a la ciudad a hacer unas compras, y su comentario de "Igual te cruzas con D'Jok, él ha dicho exactamente lo mismo".
D'Jok jadeó y se pasó una mano por el pelo. Ella se dejó caer en una silla medio cubierta con una sábana, con la cara entre las manos.
-Puede que estemos sacando conclusiones precipitadas.- dijo, tratando de calmarla y de calmarse a sí mismo. – Estamos hablando de Micro-ice, el mismo que ayer bajó a entrenar con los pantalones del revés. No se entera ni de en qué día vive.
-Pues se ha enterado de esto.- Tia le miró furiosa. – No puede ser una simple coincidencia, lleva días así. Hoy ha sido un guiño, el otro día fue una sonrisa cómplice cuando nos sentamos juntos en el sofá, o aquella vez cuando echo a correr hacia Mark para que tú y yo formáramos pareja en los entrenamientos…
-Tia, en dos palabras: trastorno obsesivo. Consúltalo a un psicólogo.- D'Jok respondió burlón, y ella frunció aún más el ceño.
-¡Si hasta tú has tenido que percatarte de sus comentarios!- ante la mirada del chico, ella gruñó y se levantó. – Y luego es él quien no se entera de nada…
Empezó a dar vueltas con los puños apretados, hasta que D'Jok no pudo más y puso una mano sobre su brazo.
-Vamos, relájate. Hablaré con él si eso te tranquiliza.
-¡Claro! Ve y dile "Oye, Mice, Tia está convencida de que sabes que nos enrollamos en secreto, ¿a que es una paranoica?"
D'Jok resopló. Resignado a que esa tarde no habría besos ni caricias. Sólo mucho mal humor.
-Eres tan paranoica como sutil puedo llegar a ser yo.
Tia soltó una risa de incredulidad.
-Ya lo veo, tan sutil que tu compañero de habitación que es más corto para las cosas obvias que un ladrillo no ha tardado ni dos semanas en enterarse. Bravo, D'Jok.
-¿Por qué tienes que tratarme como un idiota? Estoy siendo incluso más cuidadoso que tú, lo cual es difícil, ya que eres bastante maniática, de modo que trágate tu condescendencia. - reprendió él, acalorado. Odiaba discutir con Tia, cosa que raramente ocurría, pero cuando así era le sacaba de sus casillas. No era la primera vez, y estaba convencido de que tampoco sería la última. Él era impetuoso y mordaz, ella era irónica y tenía un genio que no envidiaba nada al del chico. Y por si fuera poco ninguno estaba dispuesto a quedarse por debajo del otro, lo que había provocado ya varios enfrentamientos – Tal vez se haya enterado por ti y no por mí.
-Obviamente por mí no ha sido, soy demasiado "maniática". Perdona por no querer que toda la galaxia se entere de lo nuestro.- La chica le dirigió una mirada cortante – Más te vale solucionar esto, Capitán Fantástico.
Probablemente sí que se estuviera pasando con él, descargando de ese modo toda su rabia contra el único chico que nunca la fallaba. Pero era tarde.
-De acuerdo.- él la apuntó con el dedo, colérico. -Y cuando demuestre que yo tengo razón, me encantará ver cómo te arrastras a mí.
Apartó una silla de una patada y se marchó como un torbellino. Dejándole toda su rabia.
[Sabes todos mis secretos porque te he visto mirarme
y callarte después,
evitando la pregunta porque sabías ya la respuesta.]
-¿Micro-ice?
Se asomó al interior de su habitación. El moreno estaba sentado frente al holotelevisor, chupando un chupa-chups y tecleando frenéticamente los mandos de la consola. Estaba jugando a algo sobre carreras de naves.
-¿Ajá?
El palo de la golosina se escurrió hacia un lado de sus labios.
-¿Podríamos hablar?
D'Jok entró con las manos en los bolsillos, simulando indiferencia.
-Claro.- Micro-ice pulsó el botón de pausa y se giró a mirarle. Ofreciéndole toda su atención.
-Quería comentarte algo…
Llevaba cerca de veinte minutos paseando arriba y abajo por el corredor, tratando de calmarse y pensando cuál sería el mejor modo de abordar el tema. Lo suyo era ir directo al grano, sin más. Pero claro, no era tan sencillo.
Rumió las palabras una por una. Vacilando.
-Verás… Me he cruzado con Tia y ella, ehm, quería mantener una charla conmigo. Digamos que estaba algo… Preocupada.
-¿Preocupada por? ¿Qué le has hecho?- Micro-ice alzó las cejas, con el chupa-chups balanceándose en su boca al hablar.
-Yo nada, nada. Nada.- se detuvo, reprimiendo su nerviosismo. – Pero tenía la sensación de que tú… Has estado haciendo ciertos comentarios últimamente.
Su amigo le miró fijamente unos segundos, antes de abrir la boca y proferir un "Ah".
-Ah, sí, eso.- D'Jok se frotó las manos. ¿Dios, por qué estaba sudando? – Tiene la absurda idea que tú… Has podido insinuar, o erróneamente percibir… Que había algo entre ella y yo.
-Con que se trata de eso.- Micro-ice se rascó la barbilla y apartó la vista- Vale. No diré nada más si se siente incómoda.
D'Jok suspiró con alivio.
-Genial, gracias.- soltó una pequeña risa. – Qué idiotez, Tia y yo, ¿eh? ¿A quién se le ocurre?
-No creas.- Micro-ice sonrió y se giró hacia la pantalla de nuevo. – A mí me hacéis buena pareja.
-¿Sí?- D'Jok se sentó a toda velocidad junto a él. – O sea pero buena pareja, en plan, no sé… ¿Buena pareja? Quiero decir, ¿crees que le gusto?
-No lo creo. Lo sé.- él siguió concentrado en el videojuego. - ¿Por qué si no iba a estar contigo?
D'Jok casi se cayó de la cama. Se giró hacia su amigo con los ojos como platos.
-¿Qué?- gritó.
-¡Eh, eh!- Micro-ice puso de nuevo el juego en pausa antes de mirarle. – Pero, ¿a ti que te pasa?
D'Jok se había levantado de nuevo, completamente frenético. Se había ruborizado y le iba el corazón a mil por hora. Incluso la lengua se le trababa al hablar.
-¿Qué te pasa a tí? ¿Cómo… Tú… Por qué… De dónde te has sacado eso?
-De acuerdo, D'Jok. Pues no estáis juntos.- Micro-ice le miró como si fuera un niño de cinco años que intentaba salirse con la suya.
-Bien. Es decir, ¡no!
D'Jok le arrebató el mando antes de que reanudara el juego.
-¿Cómo te has enterado?
-D'Jok. En serio.- el moreno alzó una ceja. – Que soy tu mejor amigo.
Bufó y golpeó la cama junto a él, indicándole que se sentara.
D'Jok obedeció deprisa. Se sentó, retorciéndose las manos con nerviosismo.
-¿Tan obvio es?
-Sólo para mí. Además, llevas años colado por ella. Era de esperar que esto ocurriera.
El pelirrojo se giró a mirarle con incredulidad, pero su amigo le devolvió una mirada serena.
-¿También sabías eso?
-Pues claro. ¡Pero si cuando yo andaba por ahí, babeando por Mei, tú solo tenías ojos para Tia!
-¿Y por qué no me dijiste nada?- D'Jok frunció el ceño.
-En realidad, eras tú el que debía contármelo a mí, ¿no crees?- Mice rodó los ojos.
D'Jok se calló, sin atreverse a añadir nada. Sólo podía darle vueltas y más vueltas al asunto. Incrédulo.
-De veras no me puedo creer que tú te dieras cuenta. Capullo.
-Te conozco mejor que nadie en el mundo, y a veces no soy tan estúpido como crees. Tengo momentos de clarividencia.
-Como si tú supieras lo que significa clarividencia…
Micro-ice suspiró y se dejó caer hacia atrás, tumbándose en la cama con las manos bajo la cabeza.
-Entiendo que queráis llevarlo en secreto. Juro que no se lo contaré a nadie, D'Jok. Sabes que puedes confiar en mí.- le miró. – O más bien, vas a tener que hacerlo.
-Lo hago.- D'Jok le revolvió el pelo. – Gracias, canijo.
-De nada.- entonces sonrió con picardía. – Así que, cuéntame, ¿la chup…?
D'Jok se lanzó sobre él y le inmovilizó contra el colchón antes de que pudiera seguir hablando. Sus risas llenaron el aire.
[Así que ven,
mírame y dime que no diga nada
para que yo pueda mirarte
y contártelo todo.]
Si en algo se parecían Micro-ice y Tia, es en que eran buenos en eso de la amistad.
Por eso Tia, contra todo pronóstico, no se enfadó con D'Jok. No arremetió contra él, ni le gritó, ni le culpó. Sólo dijo "Vale". Y que lo entendía. Que ella también confiaba en Mice, porque al fin y al cabo, si D'Jok lo hacía, ella iba a seguirle ciegamente.
D'Jok la besó y ambos se pidieron disculpas en silencio.
Una vez más se recordó lo fácil que era amarla.
De modo que sus besos aún le palpitaban en los labios cuando se inclinó sobre la maleta, lanzando al interior todo lo que fuera a necesitar en Paradisia. Micro-ice le imitaba a unos cuantos metros.
-Como siempre, vosotros dejándolo todo para el último momento.- comentó Thran, observándoles desde el sillón del escritorio. Mark sonrió apoyado en el marco de la puerta del balcón y Ane hizo lo mismo sentada junto a Ahito, que dormitaba en la cama del capitán.
-Es un placer que tú nunca conocerás.- replicó Micro-ice, lanzando un par de trajes de baño a su montón revuelto de ropa.
-Él lleva organizando el equipaje tres días y clasificándolo por colores y utilidad.- se burló D'Jok.
-No.- Thran se sonrojó, antes de confesar. – Sólo por utilidad.
Los demás rieron.
-¿Tia y tú ya habéis hecho la maleta, Ane?- preguntó Mark.
-Sí, esta mañana.
-Probablemente entre las dos habréis juntado más cosas que todos nosotros juntos.- contestó D'Jok. – Lo de las mujeres y los equipajes es algo que nunca llegaré a entender.
-No llevo tantas maletas.- replicó ella. – Sólo… Cuatro.
Los chicos se echaron a reír.
-Sabes que la nave puede soportar un peso límite, ¿no?- D'Jok sonrió burlón.
-Sí, y con tu ego creo que ya hemos llegado al tope.- ella le sacó la lengua.
-Touché.
-¿Dónde está Tia, por cierto?- preguntó Thran.
Ane se estiró y bostezó.
-Corriendo. Se ha impuesto once kilómetros por día y ejercicios adicionales. Se está tomando la competición muy en serio.
-No, por favor. Ya teníamos bastante con D'Jok.- imploró Micro-ice. Su amigo le lanzó un pantalón a la cara.
-Afán de superación, Mice, algo que los perdedores nunca tendré…
Sus amigos prorrumpieron en un abucheo que le interrumpió a mitad de la frase.
-¡Vale, vale! ¡Me callo y sigo doblando calcetines!- se frotó la frente cuando Micro-ice le devolvió su pantalón con fuerza.
-A mí me aburre verte doblar calcetines.- Ane le miró con tedio. - ¿Ninguno venís al cine? Echan un peliculón.
-¿"Zombies 3: la amenaza de los muertos vivientes"?- Micro-ice alzó una ceja. – Pues no te creas que me llama.
-Lo que no te llama es que eres un gallina. Con "Zombies 2: los comedores de cerebros" tuvimos que dormir con la luz del baño encendida una semana.- dijo D'Jok.
Él se sonrojó con violencia.
-Eran escenas muy crudas, ¿vale? ¡No estaba preparado!- chilló, mientras los otros se carcajeaban.
Entonces, la mirada de D'Jok se iluminó con una idea.
-Eh, ¿por qué no vas con Thran? ¡Le encantan las pelis de miedo!
Fue el turno de Ane de ruborizarse, pero antes de que pudiera replicar, Thran respondió.
-¡Claro! Iré contigo encantado… Si quieres, claro.
La chica balbuceó algo, pero D'Jok se encargó de responder por ella mientras que Micro-ice reía por lo bajo.
-Arde en deseos, Thran.
Ane le pegó un codazo en el estómago, pero el defensa ni siquiera se dio cuenta.
-Voy a mi habitación a cambiarme y vamos a la sesión de las nueve, ¿de acuerdo?
Salió sin añadir nada, dejando a Ane pasmada y con las mejillas encendidas y a tres chicos riéndose, encantados.
-No me des las gracias.- dijo D'Jok con una sonrisa, y acto seguido tiró de la cremallera de su maleta.
Estaban listos para Paradisia.
