¡He aquí el Capítulo 14! Desde este momento se avecinan curvas, de modo que preparaos. Hay lime y palabrotas, pero eso es normal en mí xd.
Muchas gracias a Niove por comentar. Me haces sentir halagada. Me alegro de que sientas esa intensidad que intento transmitir, y que te guste cómo he mostrado la relación entre Mei y Sinedd. Como ya dije en alguna ocasión, encuentro su personaje fascinante. Trato de ceñirme a los caracteres lo máximo posible, pero si encontráis que caigo en algún OoC, advertidme.
En este chapter hay un pequeño tributo a somniloque, a ver si lo encuentras ;)
Además me he dado cuenta de que he usado canciones y versos a lo largo de toda la historia sin especificar a quién pertenecen, de modo que voy a editarlos y comenzar a ponerlo. En este en concreto he utilizado frases de Paramore, Simple Plan, Pereza, Lana del Rey, un poema de Mónica Gae, y la canción The blower's daughter de Damien Rice en el baile, que es mi tema lento preferido desde hace años y una verdadera preciosidad.
Y recordad: una Nilly con reviews es una Nilly feliz e inspirada. :3
Summer paradise (with you)
~Cómo quisiera tenerlo tan claro como lo tienes tú.~
"La perfección está llena de errores,
el amor está plagado de defectos
y tú estás siempre preciosa, joder.
Te juro que tengo los ojos abiertos.
Lo sé porque he visto tus ojeras,
tus días en cualquier otro lugar,
tu manía de hablar sin pronunciar palabra,
y mirarme sobre todo cuando no te miro.
Lo sé porque te he visto dudar de ti misma
y contradecirte al mismo tiempo,
lo sé porque te he visto frente al espejo no gustarte
y gustarte cuando les dejas a mis ojos ser tu espejo.
He dejado de temblar sólo para que me creas.
Aquí no hay niebla, sólo estamos tú y yo.
Me he enamorado de tus defectos, mi amor,
creo que me gustan más que tú.
Claro que tengo miedo de perderte,
lo tenía antes de tenerte.
(…)
pero créeme, te quiero.
Dame la mano,
que tengo una vida entera que enseñarte.
Eres mi dialecto preferido
desde que compartimos silencios…" M. Gae.
Muchos años después, cualquiera que hubiera estado en Paradisia entonces, miraría atrás con nostalgia. Porque a pesar de las desgracias que el futuro deparaba, quizás valía la pena al pensar en los mágicos momentos que vivieron en aquel planeta. Aquella noche fue uno de ellos.
Era más que una noche cualquiera de verano. Las luces de la costa brillaban con más intensidad y los corales iluminaban el fondo marino. Todos parecían más jóvenes, más guapos, más felices, o quizás fuera efecto del aire especial de aquel planeta. Fue entonces cuando Tia comprendió lo mucho que Lord Primus debía amar aquel lugar. Porque ella, a pesar de haber viajado por toda la galaxia y haber conocido todo tipo de lujos, cayó en el hechizo de sus playas encantadas y de sus gentes alegres tanto como lo demás.
El magnate no había reparado en gastos para asegurar el disfrute de sus invitados. Jugadores, artistas, políticos, y todos sus amigos y familiares, charlaban y reían bajo un cielo fulgurante de estrellas. Los camareros servían hábilmente cócteles tras la barra, bajo el tejado de paja, y las mesas repletas de comida se extendían sobre la arena. Pequeños farolillos de colores colgaban de las palmeras y de postes y un pequeño grupo sobre un escenario improvisado amenizaba la noche con su música. Algunos de los huéspedes conversaban sentados en cómodos sillones o hamacas dispersos aquí y allá, otros bailaban dándolo todo sobre la arena, unos cuantos se inclinaban sobre la barra y algunos incluso nadaban en el mar, o se sentaban en el embarcadero con los pies dentro del agua.
-¡Mira, es Yena Loug!- exclamó Micro-ice mirando a la conocidísima actriz apoyada en la barra. Él estaba junto a los demás de pie junto a la orilla, mirando al grupo.
-Es incluso más guapa en persona.- dijo Mark, con una mirada que hizo que a Ane le entraran ganas de resoplar.
-Sí, fui antes a saludarla.- D'Jok se encogió de hombros.
-¿¡Conoces a Yena y no me la has presentado!?- Micro-ice abrió los ojos mucho.
-¿De qué la conoces?- Ahito levantó las cejas.
-No sé, creo que de una fiesta de la revista Ille o algo así.- D'Jok obvió decir que había ido a esa fiesta con Mei. Tia se revolvió a su lado. – Si me perdonáis, creo que voy a acercarme a saludar al señor Luxum.
-¡Y también conoce al dueño de la marca de naves! Lo de este chico es increíble.- Micro-ice le miró alejarse y se revolvió el pelo con una mano. Pero Tia no apartó la vista de él. Le miró saludar a un grupo de gente, sonreír, las palmadas en el hombro y esas maneras encantadoras que en ocasiones sabía tener. Y sintió lo mucho que le fascinaba algo que en otro tiempo le habría parecido impertinente o insoportable. Comprendió que D'Jok tenía un amplio mundo dentro, mucho más grande de lo que mostraban los sentidos, y que a veces revelaba en su modo de hablar o de tratar.
-¿Habéis visto a Dame Simbai echarse unos bailes con Lord Primus?- Ahito sonrió burlón.
-Pobre. Parece que la mujer está a punto de huir.- añadió Ane.
Tia apartó la vista hacia Dame Simbai y rió. La mujer se había presentado esa misma tarde en casa con su maleta, para sorpresa y alegría de todo el equipo. Habían tenido que reorganizar las habitaciones, pero no importaba mientras pudieran estar todos juntos, como siempre. Además la mujer le había prometido a Tia que la tomaría como ayudante, ahora que la chica se estaba preparando para ser enfermera. Incluso había conseguido que le instalaran una pequeña consulta en el anterior despacho de Aarch, que desplazó el lugar de trabajo a su propio cuarto.
-Entonces ahora que Dame Simai ocupa el dormitorio de Artegor, ¿él se ha ido a dormir con Aarch?- preguntó Micro-ice, arrugando la nariz.
-O tal vez no se haya ido y duerma con Dame Simbai.
-O quizás con Clamp.
-O quizás Clamp, Aarch y Artegor duermen juntos y hacen fiestas de pijamas.
-O quizás Dame Simbai duerme con todos ellos y hacen…
-¡Por favor, parad!- Ane interrumpió a Micro-ice y se llevó las manos a los oídos, haciendo que todos se echaran a reír.
-Creo que será mejor que vaya a rescatarla antes de que le pida a Lord Primus que se una también a ellos por las noches.- Thran se alejó, dispuesto a pedirle un baile a la mujer.
-Increíble.- Micro-ice no daba crédito a sus ojos.- Debe de haber algo en el ambiente…
-Quién sabe.- Tia le guiñó un ojo. – A lo mejor los próximos somos tú y yo.
Él esbozó una sonrisa y le pasó un brazo por los hombros, pero entonces vio a un grupo de chicas que se sentaban en unas sillas de mimbre al pie de una palmera.
-¡Yuki!- su rostro cambió de repente.
-Oh, ¿por qué siempre tiene que aparecer cuando por fin te tengo para mí?- preguntó Tia, divertida. – Venga, vayamos a saludarla.
Los Snow Kids se acercaron hacia la antigua portera. Del mismo modo que a Micro-ice, la cara se le iluminó al verles y se deshizo en abrazos hacia todos ellos.
-¡Tú debes de ser Ane!- saludó a la chica. – Espero que te estén tratando bien.
-Tanto como merece.- Thran sonrió, haciendo que la castaña se sonrojara. Micro-ice no podía apartar sus ojos de la chica, y se perdió la mayor parte de la conversación por mirarla. Ahito le dio un codazo al darse cuenta.
-Por cierto, Yuki, ¿has visto a Mei por aquí?- le preguntó a su prima. Ella sacudió la cabeza.
-Si ha venido, no la he visto.
-Mejor.- murmuró Thran, y entonces apartó la vista hacia D'Jok, que hablaba con Sarlight, el jugador de los Lightnings.
-Qué raro.- Tia se extrañó. – No pensaba que ella y Sinedd fueran a perderse una fiesta. Imagino que vendrán después.
-Sea como sea, sentémonos. Tenéis mucho que contarme.- Yuki les guió hacia unos sillones vacíos. Apenas quince minutos después, Tia sintió el impulso de levantarse.
-Voy a tomar algo a la barra.
-Te acompaño. Me apetece uno de esos cócteles de coco.- dijo Ane.
Ambas caminaron hacia la barra, lo cual les costó, pues fueron interceptadas en el proceso por Akkamut, Kernor (que insistió en repetir que dos muñecas de nieve tenían que andarse con ojo en un ambiente caldeado como ese, lo cual hizo que Ane se escondiera detrás de Tia), el capitán de los Givass y un par de personas más.
-Lo difícil va a ser volver.- Ane se deslizó en uno de los taburetes, tomando el vaso que le tendió el camarero. No acababa de decirlo cuando Lune Zaera y Woowamboo llegaron junto a ellas con sus maneras entusiastas, insistiendo en arrastrarlas a bailar.
-No me puedo creer que esté bailando con Lune Zaera.- masculló la castaña a Tia mientras la de los Wambas la tomaba de ambas manos y le hacía dar vueltas.
-Son encantadores, si olvidas que uno de sus compañeros estuvo a punto de dejarme sin pierna en mi primer partido.- sonrió Tia, que con un movimiento chocó su cadera con la de un animado Woowamboo que daba saltos a su alrededor.
-Suerte que no lo hizo, o no podría bailar contigo.- él sostuvo su mano y la hizo girar. Tia respondió con una risa, hasta que pronto estuvo agotada de intentar seguirles el ritmo. Y en ese instante, les vio. Se paró en seco, haciendo que los otros tres la mirasen extrañados.
-Perdonad.- parpadeó, confusa.- Pero voy un momento a saludar a una amiga. Vuelvo en un momento.
Lune Zaera se encogió de hombros y tiró de su compañero, formando así un corro con Ane, quien se sentía en otro mundo.
Tia caminó un grupo de palmeras más alejado, allí donde apenas había gente. Hacia la pareja que charlaba mirando hacia el mar. Ella tan preciosa como siempre. Él igual de sombrío.
-¡Mei!
Ella soltó la mano de Sinedd y giró sus ojos hacia su amiga, que se acercaba a ellos. Y una enorme sonrisa se extendió por su rostro.
-¡Tia!- abrazó a la chica, feliz.
-Me preguntaba si vendríais.
Mei se apartó ligeramente, pero mantuvo las manos sobre sus brazos.
-Sí, acabamos de llegar, y… No queríamos llamar mucho la atención.- echó una mirada hacia el chico.
Tia también le miró.
-Sinedd.- saludó con tono impersonal. Él estaba visiblemente incómodo. Ambos recordaban con claridad el último encuentro.
-¿Qué? ¿Vienes de jugar a hacer castillitos con esos retrasados de tus amigos, o ya han hecho un favor a la humanidad y se han arrojado al agua con una losa atada a los pies?
-Sinedd…- adivirtió Mei, pero Tia se encogió de hombros.
-Lo segundo. Venía a apelar a tu sentido humanitario para que los rescataras, pero veo que no servirá.
Sinedd alzó las cejas, pues no esperaba que ella le respondiera con tal serenidad.
-¿Por qué habría de hacer algo así, rubita?- recalcó la última palabra.
-Porque en Paradisia hay un único mar y no es buena idea contaminarlo.
El chico casi tuvo que reprimir una sonrisa. Casi. Pero Tia no le dio lugar a responder y se giró hacia su amiga.
-¿Qué tal estás? Llevamos demasiado sin hablar.
-Muy bien. – Mei lanzó una mirada rápida a su novio. – Es que he andado liada.
-Con liada se refiere a que la he tenido liada.- Sinedd intervino de nuevo, mirando a Tia. Quería medirse con ella. Quería presionarla para sacar a relucir su personalidad. Nunca había intercambiado una frase completa con ella, y aquel era el momento de provocarla.
-Siempre es un alivio saber que mi amiga está sexualmente satisfecha.- ella respondió intentanto reprimir el instintivo rubor que habría sido su respuesta involuntaria. Pero se trataba de Sinedd, al fin y al cabo, y ella iba a controlarse.
-Siento que no puedas decir lo mismo. ¿Te conformas con el medio centímetro de tus compañeros, o venías a buscarme porque ya no aguantas más?
-Aún no he llegado a ese punto de desesperación, pero tranquilo, cuando lo rebase, buscaré tu número en la guía.
-¡Eh, parad ya los dos!- Mei no daba crédito a sus oídos. ¿Desde cuando había dejado Tia de ser tímida? Y más importante, ¿desde cuándo le dirigía la palabra a Sinedd?
La chica alzó las manos.
-De acuerdo, yo sólo quería invitarte a tomar algo. Invitaros.- corrigió.
-Guárdate tu eduación, no me acercaría a un Snow Kid ni por todas las copas GF del mundo.- Sinedd compuso un gesto de desprecio.
-Con Mei lo has hecho.- le recordó ella.
-Ella es una Shadow ahora.
Tia le miró con los ojos verdes desnudos. Y con una sinceridad que raspaba el alma.
-Yo sólo quiero lo mejor para ella. Y si es feliz en su nuevo equipo, soy feliz también.
-Tia…- Mei extendió una mano y tomó la suya. Conmovida. – Dime, ¿cómo estás? ¿Cómo estáis todos?
-Estamos bien, aunque os echemos de menos a ti y a Yuki. Pero funcionamos.- le apretó la mano. – Tenemos que hacerlo.
-Espero que os vaya bien en el Torneo.- Mei giró el rostro y sonrió suavemente. Entonces vaciló, mirando a Sinedd, antes de preguntar. – ¿Y D'Jok?
Tia inspiró. Un puñal se le clavó en el estómago.
-Oh, está por ahí, ya sabes. Hablando con Sarlight, me parece.- trató de sonreír. – Lo suyo es la gente, ¿eh?
-Lo sé. Pero no me refería a eso.- Mei dudó de nuevo. - ¿Qué tal está?
No sabía a ciencia cierta qué, pero en ese instante Tia vio algo en Sinedd, un cambio de postura, un brillo en los ojos, que le hizo desconfiar de repente. Que le hizo medir sus palabras.
-Sabes cómo es. Nada está siendo fácil para nadie.
-¿Lo está pasando mal?
Y ahí fue cuando Tia cometió un error garrafal. Un desliz, presa del orgullo. El orgullo de quien defiende a los suyos.
-No tanto como algunos quisieran.
Ojalá no lo hubiera dicho. Ojalá no hubiera despertado la ferocidad de Sinedd.
Pero Mei, por su parte, sólo sacudió la cabeza.
-En ese caso creo que nos acercaremos a la fiesta. Nosotros también tenemos derecho a disfrutar, ¿no?
Por un segundo Tia sintió que la rabia le acudía como veneno a la punta de la lengua, y le entraron ganas de recriminarle que, en realidad, ella siempre se había cuidado bien de disfrutar, sin importale nadie más. Pero se recordó que era su amiga. Era Mei, con sus virtudes y sus defectos.
-¿Por qué no vienes un día a verme?- la chica de ojos azules la miró con cariño.
-Por supuesto que lo haré. Y tú también podrías pasarte un día a vernos. Creo que al resto le gustaría.
-Cuídales mucho, ¿vale?
-Siempre lo hago.- Tia sonrió. Miró a Sinedd. – Y a ti, más te vale cuidarla también.
-Nos veremos las caras en el campo, rubita.- masculló Sinedd.
Ella, contra todo pronóstico, le sonrió.
-Esperaré ese momento con ansia.- se despidió con un gesto de la mano. – Suerte en el Torneo.
Sinedd y Mei la miraron alejarse, hasta que la chica se giró a buscar su mirada en la oscuridad.
-Para mí sería importante que te llevaras bien con ellos, ¿sabes?
No había ningún reproche en su tono de voz, pero a Sinedd le perforó igualmente.
-Tu amiga la buena samaritana no me disgusta. Me es indiferente, en realidad. Al menos no la odio. Sólo me asquean esos aires de santa, o de heroína trágica, o de lo que quiera que sea.- Bajó la vista hacia su novia.- Quizás deberíais dejar de idealizarla tanto.
-No la idealizamos. También tiene defectos.- sostuvo su mano con fuerza. – Vamos. Me apetece comer algo.
[Cuando era más joven, vi a mi padre llorar
y maldecir al viento.
Rompió su propio corazón,
y yo miraba
cómo él trataba de volver a repararlo…
Sonny se inclinó sobre el escritorio de su camarote, agotado. Cerró los ojos un instante y, al abrirlos de nuevo, encontró esa sonrisa tan cerca. Con un gesto de ternura estiró los dedos y acarició el rostro de su esposa en el portarretratos que nunca dejaba de observarle. Ella, tan llena de amor, tan llena de vida, tan entregada. ¿Por qué había tenido que irse ella? Miró la pulsera que adornaba su muñeca e inevitablemente pensó en D'Jok. Ojalá pudiera ser mejor padre para él, cambiar de vida, ser una familia. Pero toda su vida estaba ahora con los piratas. Era demasiado tarde, y todo lo que podía hacer ya era intentar protegerle en la medida de lo posible, aunque sabía que el chico estaba expuesto a horrores de los que él jamás le podría salvar. Su carácter impulsivo y su natural soberbia siempre le habían diferenciado de su padre, pero al pensarlo mejor, Sonny se dio cuenta de que no eran tan distintos. Ambos eran orgullosos y tenían ese fuerte temperamento, pero él había aprendido a dominarlo. Les importaba la justicia y estaban llenos de generosidad, de un afán de protección hacia los demás, de un carisma que les hacía ser escuchados y les dotaba de sed de liderazgo. Y el chico tenía coraje. Quizás algún día podría llegar a ser un gran pirata, como él, seguir sus pasos. Sonny sacudió la cabeza. No. Toda la vida de su hijo era el fútbol. Puede que no tuviera una familia, pero tenía amigos, una carrera brillante, y algún día encontraría una buena chica a la que Sonny aprobaría, y le haría sentir tan orgulloso como siempre había estado. Porque su hijo no era un luchador ni un justiciero, sino que lo suyo era librar pequeñas batallas del día a día. Su hijo era un héroe tanto como él, cada uno a su manera. Y mientras que en Sonny esa guerra implicaba tomar un arma en la mano, para D'Jok era marcar un gol y lograr poner en pie a millones de personas, ser el ídolo de niños de todos los planetas y demostrarles que un crío de Akillian también podía ser una gloria. Para D'Jok la justicia no tenía que ver con destruir a Technoid ni con acabar con el dominio de los poderosos, sino con algo igualmente grande, el defender a los suyos y pelear con fiereza para asegurarles la paz.
Un sonido en la puerta interrumpió repentinamente sus pensamientos.
-¿Sí?
Corso asomó la cabeza.
-Sonny, estamos a punto de entrar en la órbita de Paradisia. Deberías venir a la sala de control.
El hombre se levantó y se acercó a su segundo al mando, quien parecía inquieto.
-Hay algo raro en todo esto. No hemos encontrado ninguna medida de seguridad, ni un solo caza, nada. Es como si Lord Primus hubiera dejado las puertas bien abiertas para que pudiéramos entrar.
-Considerémoslo suerte.- Sonny se encogió de hombros y se encaminó hacia los controles seguido de Corso.
-¿De verdad crees que es buena idea venir, con la recompensa tan grande que ofrece Technoid por tu cabeza?
Sonny se detuvo y le apoyó una mano en el hombro.
-Corso, mi viejo amigo, no hay motivos para preocuparse. Paradisia será un buen escondite. Estará repleta de gente y podremos pasar desapercibidos mientras se calman las cosas. Además, quiero investigar a ese Lord Primus.
-De acuerdo. Porque si es por tener vigilado a D'Jok, quiero recordarte…
-Esto no tiene que ver con mi hijo.- interrumpió Sonny. – Ahora mismo, tenemos muchas más cosas en las que pensar.
Corso asintió, despacio.
-Está bien, Sonny.
El líder de los piratas reanudó la marcha hacia la sala de control. Pensó en el mensaje que había recibido de Maya, explicándole su presentimiento acerca de que algo horrible iba a sucederle al chico. A lo mejor era simplemente eso, el presentimiento de una vidente, pero Sonny se había jurado que no iba a dejar que nada más le pasara a D'Jok si él podía evitarlo. No pudo proteger a Ayla, pero sí al niño que ella llevó en su vientre.
…Y mi madre juró
Que nunca se dejaría olvidar.]
D'Jok se sentó solo, por primera vez en toda la noche. Por un momento deseó hacerse invisible para tener un instante de paz. Dio un trago a la copa que le sirvió el camarero, sumido en sus pensamientos, y dejó vagar la vista por la playa. Justo en ese instante reparó en ella.
Estaba de pie junto a Warren y un par de figuras más en las que D'Jok ni siquiera se fijó. La brisa le agitaba ligeramente el pelo, y su sonrisa brillaba más que todos los corales del universo. Observó su cuerpo suave y claro notando un cosquilleo intenso en el estómago. Entonces ella apartó sus ojos de un verde de otro mundo. Y le miró. Sonriendo sólo para él.
-¡Ven, D'Jok!
Vio cómo Warren le llamaba con un gesto de la mano, pero para él sólo existía ella. Ella por todas partes, con su blusa fresca de verano y su piel. Entonces Tia se agachó y tomó a una pequeña niña en brazos.
Esbozó una sonrisa al llegar a ellos. El jugador de los Lightnings le puso una mano sobre el hombro.
-Le presentaba a Tia a mi esposa, Cara.
El chico saludó con un abrazo a la mujer. Al no estar acostumbrado a ver mujeres de Xzion, le resultó extraña su piel celeste pálido y su largo pelo blanco, pero supo inmediatamente que era hermosa.
-Es un placer conocerla, señora.
-Trátame de tú, por favor.- esbozó una sonrisa radiante. – Y el placer es mío. Warren habla tan bien de ti… Te tiene mucho cariño.- acarició afectuosamente a su esposo en el brazo.
-Y yo admiro enormemente a su marido.- D'Jok miró al hombre con esa expresión que lo confirmaba, la que reservaba para él.
-¿Cómo lleváis los entrenamientos?- se intereró Warren.
-Ya conoces a Aarch, nos está haciendo trabajar duro. Pero este lugar lo compensa, ¿verdad?- sonrió a la pareja con un gesto encantador, a ojos de Tia.
-Sí, le decía a Tia que podrían hacer obras en Génesis más a menudo.- Cara se echó a reír, contagiándoles de su buen humor. – Nuestra pequeña Alia opina igual, ¿verdad?
D'Jok miró a la niña que Tia tenía en brazos. Se parecía asombrosamente a su madre, aunque tenía dos coletas y no debía pasar de los siete años.
-Vaya, pero, ¿a quién tenemos aquí?- D'Jok se inclinó hacia la niña. – Así que tú eres Alia. Eres famosísima, ¿lo sabías?
La pequeña sonrió.
-Y tú eres D'Jok. Eres el mejor jugador de los Snow Kids- extendió la mano para tocarle.
-¿Me conoces?- atrapó la pequeña manita con la suya. – No me lo puedo creer. ¿Y conoces a esta chica tan guapa? He oído que también es famosa.- alzó la vista hacia Tia, que se derretía cogiendo a la niña. O tal vez no fuera por la niña.
-¡Ella es Tia, la mejor de la galaxia!- exclamó entusiasmada. – Después de mi papá, claro.
-En realidad es bastante regularcilla. El otro día marcó tres goles en propia. Menos mal que me tiene a mí para ayudarla
Alia se echó a reír, encantada.
-¡No!
-D'Jok es un mentiroso.- intervino Tia.- Está celoso de que tú hayas querido bailar conmigo y con él no.
-Bueeeeno.- Alia se llevó un dedo a la barbilla, pensativa. – Igual puedo bailar con él también. Es casi casi casi tan bueno como papá.
-Me conformo con eso.- D'Jok la tomó de la mano una vez que Tia la hubo depositado en el suelo. Se giró hacia Warren y Cara. - ¿Os importa que os la quite un ratito?
-De hecho, creo que nada la haría más feliz.- le sonrió Warren.
-¿Vienes con nosotros?- le preguntó D'Jok a Tia.
-No, me sentaré en la barra a miraros. Cuando te haya dejado lo bastante agotado, te estaré esperando, ¿de acuerdo?- le guiñó un ojo. Él la miró durante unos segundos que duraron demasiado, pero que a ambos les supieron a poco.
-¡Vamos, D'Jok!- Alia tiró de su mano, y el chico obedeció.
Tia tomó asiento en un taburete, observándoles desde la barra. Les miró bailar y reír, D'Jok inclinado tomando las manos de Alia, ella saltando y removiéndose. Sintió cómo una dulzura inmensa se extendía desde su corazón, dejándole una sensación suave. Una vez más, D'Jok la maravillaba al descubrir aún algo más, otro pequeño detalle como un tesoro, como si nunca fuera a parar de sorprenderla. Nunca había conocido ternura en él, aunque sabía que estaba ahí, y sinceramente, le gustaba. Le gustaba mucho. Porque debajo de toda su fuerza, toda su rabia y toda su arrogancia, Tia había descubierto una amabilidad inimaginable, una generosidad, un modo de preocuparse por el resto que era apenas apreciable a simple vista. Y eso casi la inquietaba. Porque rompía cualquier concepción sobre él que hubiera podido formarse, la del verdadero D'Jok. Pero, sinceramente, ¿cuál era el verdadero D'Jok? Quizás no fuera un simple niño prepotente, sino un chico que encontraba una fortaleza inmensa en su propia flaqueza, un chico profundo como el mar, doloroso y apasionado a la vez, que la miraba con una intensidad que la hacía marearse. Un chico obsesionado por ganar, y, como Sinedd, lleno de recodos y sitios oscuros, pero también un chico que se vertía en sonrisas por una niña de siete años o que siempre encontraba el modo de cuidar de sus amigos.
Que le encantaba, sin más.
[Quizás sé, en algún lugar profundo de mi alma, que el amor nunca dura,
y tenemos que encontrar otro modo
de llegar bien alto solos
o mantener la cara impasible.]
-¿Estás bien?- le preguntó con una sonrisa cuando se acercó a ella casi resoplando y se dejó caer en el asiento de al lado.
-Esa niña es peor que Aarch y Artegor juntos.- le aseguró D'Jok. Ambos la miraron a lo lejos, correr hacia los brazos de su padre.
-Lo sé por experiencia.
Entonces D'Jok se giró para encontrarse con sus ojos.
-¿Cómo estás?
-Ya sabes, disfrutando de la fiesta.- se encogió de hombros.- No tanto como otros, pero hago lo que puedo.
-Te juro que buscaba el modo de estar contigo, pero entiende que todo el mundo quiera un pedacito de esto.- D'Jok se señaló a sí mismo con un gesto de las manos.
-Sí, sobre todo Yena Loug.- Tia rodó los ojos. – Aunque dudo que quiera un simple pedacito.
D'Jok arqueó una ceja.
-¿Celosa, Tia?
-No, sólo que no entiendo esa fijación de los hombres por chicas polioperadas con menos cerebro que una anémona.
D'Jok se echó a reír.
-No me lo puedo creer. La buena de Tia criticando a una mujer a la que ni siquiera conoce a sus espaldas.
-Pues menos mal que es a las espaldas, porque si fuera de frente rebotaría contra esas tetas de silicona de la talla cien. Imagino que es su talento secreto para conseguir papeles en las películas.
-A mí me gustan.- él sonrió de lado.
-Pero tú eres un maldito superficial.
-Si fuera superficial, no me sentiría tan atraído por tí.
Tia abrió la boca.
-¿Qué insinúas?
-Exactamente, que me siento atraído por ti.
-Y que no soy guapa.
-Oh, Tia, eso no es una insinuación.
Ella frunció el ceño. Y D'Jok no pudo evitar esbozar esa estúpida sonrisa, porque le gustaba demasiado fastidiarla.
-Genial, me voy entonces. Si encuentro a alguien que se ajuste a tu canon de belleza, la mando para acá con una carta de recomendación.- se levantó, dispuesta a marcharse.
-Vamos, no se puede bromear contigo- D'Jok la tomó de la muñeca. – Tia. Eh. – tiró de ella, deteniéndola.
-¿Qué?
-Acércate. Ven. Quiero comprobar algo.
Ella dudó un instante.
-Voy a romperte la nariz, D'Jok.
Él sonrió aún más, pero logró que se aproximara. Y con la mano que le quedaba libre, le colocó un mechón tras la oreja. Ambos sintieron un calambre.
-No serás guapa, pero cuando te enfadas casi lo pareces.
Tia torció el gesto.
-Y tú eres idiota, y cuando te enfadas… Oh, espera, sigues siendo idiota.
-Mira, al fin estamos de acuerdo.- tiró y la acercó aún más. Olvidándose de la gente. Olvidándose del resto del mundo. Pero es que llevaba demasiados días sin tocarla, sin besarla, sin tenerla a solas sólo para él, y no era nada fácil. – Deja que te invite a una cerveza.
Ella mantuvo la vista fija en sus ojos profundos. Era inevitable. Siempre conseguía que se rindiera.
-Está bien.- se sentó de nuevo. – Pero nada de meterte conmigo.
-Eso no puedo prometértelo.- él se giró hacia el camarero, pidiendo dos cervezas.
Cuando éste las sirvió, volvió a voltearse hacia la chica. Tenía los ojos fijos en el mar y las luces iluminaban y sombreaban su cara. Y él no podía dejar de mirarla.
-¿Qué pasa?- ella se dio cuenta, pero sólo sonrió.
-Que así, con poca luz, no estás tan mal.- D'Jok rió y esquivó un golpe de la chica, antes de pasarle uno de los botellines. – Y que no aguantaré mucho más sin estar contigo.- su tono de voz se volvió serio, bajó, se convirtió en un murmullo, como el de una ola que rompe en la orilla.
Tia tragó saliva. Y cedió también.
-Supongo que ya somos dos.- tomó la cerveza, sintiendo sus dedos rozarse, calor sobre el frío cristal húmedo y una explosión que nacía allí donde sus yemas se tocaban. – Por nosotros, D'Jok.
Brindaron. Mirándose a los ojos.
Dos personas que se suponía que no debían estar enamoradas. Pero lo estaban.
-¡Eh, chicos!- Micro-ice llegó a ellos, acompañado por el resto. D'Jok y Tia desviaron la mirada rápidamente. - ¿Qué? ¿Ya habéis movido el esqueleto suficiente?
-Demasiado.- Tia le sonrió. – Entre los entrenamientos y esto, cualquier día va a darme algo.
-Es difícil seguir este ritmo.- reconoció Thran, rodeándola con un brazo.
-Por eso venimos a animaros, para que entréis en calor.- exclamó Mark. Hizo un gesto al camarero. – Siete chupitos de tequila, por favor.
-Oh, vamos…- dijo Tia, levantando las manos.
-Eso mismo he dicho yo.- Ane se sentó a su otro lado.
-Esto no pasaría si no os perdiérais en las fiestas y nos obligárais a venir en vuestra búsqueda.- aseguró Ahito. – Y va sobre todo por ti, D'Jok.
-Los amigos ante todo.- Thran empezó a repartir los vasitos de tequila.
-¿También los amigos cabrones?- D'Jok tomó el que le ofrecía con una sonrisa.
-Especialmente esos.- Mark le respondió con un guiño. – Venga, la sal.
Cuando todos tenían los vasos ya se espolvorearon la sal sobre el dorso de la mano. Sonrientes y excitados.
-¿Listos?- preguntó Ane mirándolos.
-Antes propongamos un brindis. Por los Snow Kids.- dijo D'Jok.
-Por esta noche.- Ahito le siguió y alzó su vaso.
-Por el paraíso.- una gran sonrisa de Mark.
-Por el verano.- fue el turno de Thran.
-Por las chicas guapas y los bikinis.- Micro-ice les hizo un guiño a sus compañeras, provocando la risa.
-Por los amigos.- Ane alzó también su vaso.
-Por los amigos que se convierten en familia.- Tia cerró la vuelta. Todos se miraron entre sí. Y una señal de Micro-ice, se llevaron el chupito a la boca.
El primer impulso de Tia habría sido escupir, pero tragó y sintió como si alguien hubiera prendido fuego a un bidón de gasolina y luego la hubiera obligado a beberlo.
-Aghhhh…- puso un gesto de repulsión igual que el de sus compañeros.
Estiraron las manos para tomar un limón del plato y morderlo.
-Esto es un asco.- Ane no pudo seguir porque Micro-ice la tomó de la mano y la obligó a levantarse.
-Nada de hablar, ¡a bailar!
Dicho y hecho, caminaron hacia la arena a moverse al ritmo de los marchosos temas. Bailaron unos con otros, moviendo los pies y las caderas, Micro-ice cogiendo a ambas chicas de las manos, D'Jok y Ahito haciendo el payaso entre sí. Una canción tras otra y ellos saltaron entre la gente, jadeando y echándose a reír, hasta que no existía nada salvo sus propios movimientos, ellos y la música. Quizás transcurrió así una hora, quizás más, pero lo cierto es que Tia tuvo que inclinarse a recuperar el aliento.
-Nosotros vamos a sentarnos un rato.- aseguró Mark, y Ahito y Thran asintieron.
-¡Nenazas!- exclamó Micro-ice.
-No te quejes, ahora tenemos a las señoritas para nosotros solos. – D'Jok le sonrió.
-Cierto. Aguardad un segundo.
El chico trepó hacia el escenario y se acercó al cantante del grupo para susurrarle algo al oído. El hombre asintió y Micro-ice descendió hacia ellos.
-Ahora toca bailar agarrados.- les guiñó un ojo. Tia miró a D'Jok divertida y se giró a Micro-ice.
-Sé mi pareja.- le tomó de la mano. Él sonrió, interesado por el giro de las cosas, pues quería proporcionarles a sus amigos una excusa para estar juntos.
-Nena, nada me haría más feliz.- posó sus manos en la cintura de Tia, quien le rodeó el cuello con los brazos.
-Eso nos deja a ti y a mí.- D'Jok sonrió a Ane. – Vamos a demostrarle a estos lo que es bailar, preciosa.
Ella le devolvió la sonrisa e imitó a sus compañeros. Instantánemente el grupo empezó a interpretar una canción lenta.
And so it is. Just like you said it would be.
Life goes easy on me, most of the time.
Tia apoyó la cabeza sobre el hombro de Micro-ice, meciéndose despacio. Quiso cerrar los ojos, pero entonces vio que D'Jok la miraba. La miraba al moverse, fijamente, con le cabeza de Ane apoyada en su pecho. La luz de las estrellas y de los focos le hacía brillar los ojos. Y a ella se le secó la boca.
And so it is. The shorter story.
No love, no glory.
No hero in her sky.
Estaba jodidamente enamorado de ella, lo sentía en su cuerpo, en el cuerpo de Ane contra él que desearía que fuera otro, como de costumbre. Acarició con su espalda la de la chica imaginando que era Tia. Tia cerró los ojos un instante sobre el hombro de Mice, imaginando que era D'Jok. Ambos fingían para sí mismos estar abrazados a quien realmente deberían estar. Como si esa canción y ese momento fueran solo suyos, a pesar de toda la gente y todos los prejucios.
Y ellos seguían sin dejar de mirarse mientras se mecían de un lado a otro.
I can´t take my eyes off you.
I can´t take my eyes off you.
Siguieron hasta que la canción terminó. Entonces Tia se apartó de Micro-ice y ahí sí, le miró. Y él le regaló una pequeña sonrisa cómplice.
-Voy a sentarme.- dijo. – Ane, ya te ha robado D'Jok lo suficiente. ¿Me acompañas a pedir algo?
-Claro.- ella asintió.
-Tia, deberías ir a casa a cambiarte.- le dijo el chico. Ella alzó las cejas. – Cómo dices que te hacen daño los zapatos… Tienes aún mucha noche que aguantar.
Ella comprendió.
-¿Quieres que te acompañe, Tia?- preguntó Ane.
-No, no. Tú quédate y disfruta. No tardaré nada.- creía intuir a dónde quería llegar Micro-ice.
-Yo iré a saludar a Briana Holl, creo que se moría de ganas de verme.- D'Jok compuso una sonrisa atrevida.
-Llévatela a dar un paseito, colega.- Micro-ice imitó su gesto y ambos chocaron los puños. Ane rodó los ojos.
-Hombres… Voy yendo a comer algo, Micro-ice.
-Sí, ahora te alcanzo.- entonces, cuando estuvo lo bastante lejos, se giró hacia sus amigos con gesto apremiante. – Marchaos, venga. Hay mucha gente y no se notará.- consultó el reloj de su muñeca. – El toque de queda es a las cuatro, entonces nos reuniremos todos en la puerta para marcharnos. Tenéis un par de horas.
-Gracias, hermano.- D'Jok le dio una palmada en el hombro.
-Venga, largo tú que puedes. Yo iré a darle la tabarra un rato a Yuki.- les sonrió una última vez. – Ah, y ya sabéis, con precaución. Soy joven para ser tío.
Tia puso los ojos en blanco, pero en el fondo, amó completamente a Micro-ice.
En ese preciso instante, unos cuantos metros más allá, un hombre vestido de negro se acercó a Lord Primus, que charlaba animadamente con sus invitados.
-Señor…
Él se giró a mirarle, ligeramente enfadado.
-Ahora no, Luc.
-Es importante, señor.- se acercó a su oído para susurrarle unas palabras que nadie más escuchó.
Lord Primus cambió el gesto y se pasó los dedos por la barba, como un depredador que contempla a su presa. Sonny Blackbones ya estaba en Paradisia. Sin saberlo, se estaba dejando caer en la trampa tan meticulosamente preparada.
Todo marchaba de acuerdo al plan.
[Yo siempre he vivido de esta forma,
manteniendo una cómoda distancia.
Golpeó con furia el mármol del lavabo. El espejo reverberó y él miró su propio reflejo. Tenía el rostro empapado, los ojos atormentados y el pelo completamente revuelto a base de pasarse la mano por él.
Maldición. ¿Por qué nada salía de acuerdo a lo previsto? Observó cómo la niebla tóxica surgía entre sus dedos crispados, apoyados en la piedra. La blanca luz del baño acentuaba la palidez de su piel y sus pómulos marcados.
Debería estar satisfecho. Sonny ya había llegado a Paradisia, Mei era suya. ¿Por qué no podía estar contento? El plan estaba funcionando y él se había llevado a la chica y un par de millones de créditos en su cuenta bancaria.
Se estaba volviendo un blando, debía ser eso. Por primera vez, la idea de destruir a D'Jok había dejado de ser atractiva. No quería hacerle daño a nadie más que no fuera él, y de golpe un hombre bueno iba a ser capturado, inocentes podrían estar a punto de morir y, por si fuera poco, se había dado cuenta de que no sería tan fácil usar a Tia como arma para acabar con D'Jok.
Por supuesto, él le había puesto sus condiciones a Primus. Ninguna muerte innecesaria. Nada de tocar a Maya o de cargarse a los amigos de ese idiota, siempre que Sinedd hiciera bien su trabajo de debilitarle y lanzarle directo a los brazos de Lord Primus. Por eso ahora se estaba jugando todo a una única carta: Tia.
En ningún momento había pensado en liquidarla, pues había métodos mucho más sutiles e igualmente eficaces. Lo jodido era que se había dado cuenta de que la chica no estaba tan mal.
Apretó las mandíbulas y volvió a pegar un puñetazo a la superficie de piedra. Un dolor intenso se extendió por sus nudillos, pero no le importó. Maldita zorra. ¿Quién se creía que era para tratarle como lo había hecho? Ella debería despreciarle. La había insultado y había alejado primero a Rocket de ella y después a Mei. Y sin embargo ahí estaba, sonriendo como si él se lo mereciera y regalándole su amabilidad.
Sinedd contrajo el rostro con rabia y la tomó a patadas con la mampara de plástico, causando un estruendo. Pues podía tragarse su maldita amabilidad. Sólo había conseguido ponerle las cosas difíciles, esa pequeña perra manipuladora. Y ahora él no podía hacerle daño.
Era todo por Mei. Ella le había convertido en un flojo, un patético pelele presa de sentimentalismos. Pero él era mejor que D'Jok. Sí, era mejor. Era mejor. Iba a demostrarlo.
Ojalá no tuviera que ser de ese modo. Pero Sinedd ante todo tenía honor.
No, no iba a permitir que nadie muriese. ¿Lord Primus quería usarle para minar lentamente a D'Jok? Por supuesto, él iba a ayudarle. No obstante, todo iba a hacerse a su modo.
-Sinedd, ¿estás bien?
La voz de Mei llegó ahogada desde el otro lado de la puerta. Una vez más miró su propio reflejo e inspiró hondo, luchando por calmarse.
-Sí, no te preocupes. Ya salgo. Vuelve a la cama.
Joder. Él no debería haberse enamorado de ella. El amor era para los débiles.
Y hasta ahora
me había jurado a mí mismo
que estaba contento con la soledad.]
Dos figuras caminaban por la playa. Una con las sandalias en la mano y su cabello meciéndose. El chico más alto, con las manos en los bolsillos y gesto pensativo. Sus pies acariciaban la arena. No hablaban mucho, sólo disfrutaban de la compañía del otro, esa que aún se les hacía extraña. Tia cerró los ojos e inspiró el olor a salitre.
-Este lugar es increíble.
D'Jok asintió, despacio, con la vista baja.
-No está mal. Creo que me gustará más si ganamos el Torneo.
La chica le miró. Estaba extrañamente nerviosa. Su presencia le aturdía y hacía que le temblaran manos y piernas como una cría a punto de enfrentarse a su primer beso.
-¿Pero tú has visto ese cielo plagado de estrellas?- susurró, sin saber por qué. - ¿Y el brillo del coral?
D'Jok se detuvo, y al fin la miró. Inspiró, despacio, sintiendo su aroma fresco a naranjos en flor fundirse con la sal. Se encogió de hombros.
-Todo es más bonito porque nosotros estamos aquí.
Y sin una palabra más se inclinó a besarla por primera vez desde hacía demasiado. Fue un beso suave, raro en él, un beso de reconocimiento entre dos almas que se encuentran.
Tia suspiró contra sus labios.
-Cómo necesitaba esto.
D'Jok iba a contestar, pero entonces un instinto le hizo alzar la vista. Distinguió dos sombras al final de la playa, junto al agua fría.
-Ven.- la agarró de la mano y tiró de ella. Se ocultaron tras unas palmeras, hasta que divisó a la pareja. – No me lo puedo creer.
Sonrió de lado, haciendo que Tia se pusiera de puntillas por encima de su hombro para ver mejor.
-¿Qué pasa? ¿Quiénes son?
-Adivina. Uno de ellos es el míster.
-Y… ¿Artegor?
Ambos contuvieron una risa.
-Casi. Adim.
-Vaya…- Tia se les quedó mirando en la lejanía, oculta por las sombras y por el cuerpo de D'Jok. Aarch y Adim estaban tomados de la mano y conversaban bajo la luz intensa del cielo y el mar. De repente se sintió como si estuviera interrumpiendo algo muy íntimo.
-Vamos. Será mejor que nos marchemos de aquí.- tomó a D'Jok de la mano y le guió fuera de la playa, hasta el paseo marítimo.
-¿Sabías lo de esos dos?- D'Jok mantuvo sus manos unidas, aunque Tia se sentía algo rara.
-Sí, es decir, más o menos. Keira me contó que estuvieron saliendo cuando eran jóvenes. Ya sabes, cuando los dos jugaban en el Akillian.
-Siempre he tenido la sensación de que ahí había algo…- murmuró D'Jok.
-Según Keira, al míster le costó sangre, sudor y lágrimas conquistarla. Ella era una chica dura.- sonrió suavemente. – Y no se fiaba del rompecorazones de Aarch. Tuvo que demostrarle que era diferente de lo que pensaba. Pero entonces, llegó la glaciación. Y él se marchó, dejándola atrás.
D'Jok pensó en ello un instante, encontrando demasiados paralelismos con su presente. Más de los que nadie quisiera reconocer. Quizás quince años no fueran suficientes para evitar que la historia se repitiera.
-Tal vez Adim no debería perdonarle.
Tia sabía bien a lo que se refería.
-O tal vez todo el mundo merece una segunda oportunidad.
Le miró. Vio su inseguridad, esa que siempre le corroía de algún modo por dentro. Y le apretó la mano.
-No me hace gracia que te lleves tan bien con tus ex suegros.- masculló él.
Tia abrió mucho los ojos. Así que ahí estaba, justo eso que tanto irritaba a Mei. Ese carácter receloso y posesivo que jamás iba a desaparecer, ni siquiera un poco.
-¿Celoso, D'Jok?
Él le devolvió la mirada.
-Sí.- aseguró, como si nada.
-No deberías estarlo.- Tia se detuvo y soltó su mano. Habían llegado sin darse cuenta a la verja que rodeaba la residencia.
-No me des motivos para ello.
La chica se quedó en silencio unos instantes. A D'Jok su mirada le atravesó.
-Tú y yo no somos nada, D'Jok.
Las palabras salieron calmadamente de sus labios, como si estuviera explicando algo obvio o enseñando a un niño de cinco años a no decir mentiras.
Y él, de alguna manera, sintió como si le clavaran un cuchillo.
-Ya.- tenía las manos en los bolsillos y las luces ocultaban sus ojos y acentuaban la tensión de su mandíbula. Hablaba como dando latigazos. – Y estamos mejor cuando estamos callados y decidimos obviar lo poco que me soportas.
Tia suspiró. No le gustaba el cariz que tomaba la conversación, como si estuvieran a la deriva en un mar extraño y desconocido que hasta el momento habían procurado evitar.
-Somos demasiado diferentes, eso es todo.
-Parece que eso te consuela.
Ella tomó aire e hizo el amago de alzar las manos, pero por algún motivo, le asustaba tocarle.
-Me descolocan tus cambios de humor.- controló el tono de voz para no parecer enfadada. – Sabes hacer que me sienta bien con sólo tocarme, sabes ser amable, y no digo que seas excepcionalmente cariñoso, pero es mucho mejor que cuando te pones a la defensiva conmigo. Tú y yo solemos ser amigos también, ¿recuerdas? Dos amigos que a veces chocan demasiado, que no son perfectos y que se equivocan el uno con el otro, pero que se necesitan.- vaciló un instante. – Al menos yo lo hago, y no es porque me atraigas físicamente, o porque te haya tomado cariño después de cuatro años, o por todo lo que me has ayudado, sino porque me he dado cuenta de que somos ese tipo de personas que funcionan mejor cuando están juntas, sea del modo que sea, e incluso cuando una en ocasiones detesta a la otra, cuando su relación es tirante, o cuando empiezan a besarse por los rincones. No puedo explicarlo, sólo puedo sentirlo. Quizás tengas razón y no te soporte mucho e incluso seamos incapaces de tener una amistad normal, pero funciono mejor cuando estás cerca.
Se quedó callada, sin saber de dónde había salido todo eso. Era consciente de esa especie de conexión que había entre ambos, todos los demás también lo eran, Aarch lo era, les veía trabajar juntos en el campo y se daba cuenta de lo increíblemente bien que se complementaban a pesar de no llevarse excepcionalmente bien más allá del césped. Tia nunca había pensado que esa asociación pudiera ir más allá del plano deportivo, pero suponía que sí, y que eso era lo que hacía que a pesar de aborrecer absolutamente todo de él fuera incapaz de resistir el impulso de buscar su boca.
D'Jok, de alguna manera, también lo sentía.
-Vale.- dijo, finalmente. – Tienes razón. Sí, tienes razón.- repitió cuando ella le miró como incapaz de creer que por una vez fuera capaz de reconocer que la otra persona estaba en lo cierto. – Y se supone que esta noche debería ser para que yo pudiera estar contigo y dejar salir esa estúpida necesidad que tengo de ti incluso cuando pienso que a veces eres increíblemente repelente y exasperante.- Tia abrió la boca para quejarse, pero no la dejó. – Sí, lo eres, pero eso no quita que sienta que me voy a morir si no te tengo, como si fuera un jodido mosquito y tú una luz que nunca se apaga, que sé que va a matarme, que me va a quemar, pero que necesito. Mierda, y hasta me has hecho poeta.
Se mordió el labio un instante.
-Así que si, en conclusión, estamos mejor cuando estamos juntos, cuando nos tocamos, déjame que te compense. ¿Quieres? Vamos a olvidarnos de todos por una vez, porque cuando estoy contigo es el único momento en el que puedo olvidarme de lo demás. ¿De acuerdo?
-Sí.- Tia asintió deprisa. - Y hazme un favor.
Él se inclinó ligeramente y la chica pudo volver a vislumbrar sus ojos de un verde vidrioso.
-Lo que sea, ya lo sabes.
Claro que lo sabía. Seguía siendo D'Jok.
-Bésame de una vez.
Extendió los brazos para rodear su cuello y él, como cabría esperar, respondió inmediatamente. Sus labios se encontraron y las manos de D'Jok se aferraron a sus caderas hasta el punto de que deseara desaparecer, volatilizarse, evaporarse en su calor. Y ambos supieron que podrían estar así toda la vida.
[Porque nada mereció nunca el riesgo, pero
tú eres la unica excepcion.]
Removió sus piernas, mirando los dibujos que hacían en el agua clara. D'Jok estaba recostado sobre los codos junto a ella, en el borde de la piscina. Los focos iluminaban desde el fondo dándole un color turquesa intenso. Ambos conversaban alternando sonrisas e historias, puede que como simple excusa para oír la voz del otro cerca. Tia quiso congelar ese momento, toda esa paz, o guardarlo bien dentro para recordárselo a sí misma cuando las cosas se torcieran. Para recordarse que, en ocasiones, la vida también regalaba momentos así.
-Mira, ¿has visto eso?- D'Jok interrumpió su relato y se incorporó, poniéndose a su altura. Apuntó al cielo.
-¿El qué?
-Una estrella fugaz.
Tia rastreó el firmamento. Se desanimó al no encontrar ella ninguna.
-Vaya, yo que quería pedir un deseo.
-No te preocupes. He pedido uno por ti.
-¿Ah, sí? ¿Cuál?
Entonces D'Jok levantó una mano y la posó en su pierna, sobre su rodilla, y la hizo subir lentamente por sus muslos. Antes de que Tia pudiera reaccionar acercó la boca a su oreja. Ella notó su respiración, su lengua, sus dientes, la mano caliente en su piel desnuda, y jadeó con fuerza. D'Jok sonrió contra su piel y arrastró sus labios hacia los de la chica, quien le atrajo por el cuello de la camiseta. Notaba cómo el corazón le martilleaba en el pecho, la humedad de sus bocas. Entonces la mano de D'Jok cayó y, con un pequeño beso, él se apartó, dejándola con los ojos cerrados y las mejillas enrojecidas.
-Exactamente ese. Deseo cumplido.
Tia estuvo aún instante así, en trance, hasta que poco a poco abrió los ojos y miró su sonrisa descarada.
-D'Jok…
-¿Sí?
-Concédeme uno más.
El chico se mordió el labio, aguantando la risa.
-Cuéntame.
-Mete esa puñetera cabeza de engreído en el agua y cuenta hasta cien.
Ahí sí, él dejó escapar una carcajada e intentó atraerla.
-No puedes vivir sin mí. ¡Esta galaxia no puede vivir sin mí! Soy D'Jok, ¿no? En mi epitafio pondrá que fui y seré siempre el mejor jugador de Galactik Football que jamás haya existido.- sonrió con arrogancia tratando de abrazarla, pero Tia forcejeaba.
-¿Ah, sí?- ella rió. – En cambio el mío dirá: "Aquí yace Tia. Amante esposa. Gran madre. Genial compañera. Estranguló a D'Jok con sus propias manos."
-A ver cómo te las apañas para que no parezca un crimen pasional, ya sabes, no queremos que nos pillen…- D'Jok besó su hombro desnudo mientras ella se retorcía y le esquivaba, hasta que la chica chapoteó con fuerza en el agua y le empapó. - ¡Eh, para! ¡Acabas de mojarme!
-Era exactamente lo que intentaba, genio.- Tia rió más fuerte, apartándose.
-Ahora te vas a enterar…- D'Jok la cogió en brazos y la chica ahogó un chillido.
-¡Ni se te ocurra! ¡Otra vez no!- trató por todos los medios de liberarse, pero él la retenía con fuerza. - ¡No querrás tener que explicarles a todos por qué estamos empapados…!
Funcionó. Él se lo pensó un instante y entonces la depositó en el suelo.
-Vale, pero sólo por eso. Aún así, me debes un baño.
De improviso tiró de la camisa blanca hacia arriba y se la sacó por la cabeza. Tia se ruborizó, incapaz de apartar la vista de su pecho, de las sombras que la luz del agua proyectaba en los músculos de su torso como si fuera una escultura, en los huesos de sus caderas y el vertiginoso precipicio de sus oblicuos.
-Espera, ¿qué haces?
-Tú lo has dicho, no quiero explicarles por qué estoy empapado.- dijo como si tal cosa. Lanzó la camisa sobre la hamaca y procedió a sacarse zapatillas y calcetines.
-Tú… No…- Tia boqueó y por un instante olvidó cómo se hablaba. Intentó recuperar el control. – Creo que no he pagado por ningún stripper.
-A éste invita la casa.- sin que ella pudiera decirle nada, lo estaba haciendo. Se estaba desabrochando el botón de las bermudas, estaba dejándolas caer por sus piernas pétreas hasta el suelo, cubriendo su cuerpo únicamente con los bóxers negros. Tia tuvo que apartar la vista para no dirigirla hacia lugares inadecuados, pero entonces él, sin añadir nada, tomó impulso y se lanzó de cabeza a la piscina, salpicándola entera.
-¡D'Jok! ¡Estás como una cabra!
Él emergió con una carcajada y la miró. El agua le empapaba el pelo y resbalaba por su piel trigueña.
-He dicho que no quería empaparme la ropa, y tampoco te he mojado tanto la tuya. Se secará si te la quitas.- alzó una ceja, sugerente.
Tia apretó la mandíbula y se ruborizó mucho más que antes. Se había puesto nerviosa hasta lo indecible y ahí estaba el muy estúpido, casi desnudo y sugiriéndole que hiciera lo mismo.
-Claro que no.
-Vamos, el agua está buenísima.- como para probarlo, D'Jok nadó de espaldas. - ¿A qué tienes miedo?
-A ti, exactamente.- Tia se cruzó de brazos.
-Cuando dejes de ser tan aburrida empezarás a vivir de verdad, Tia.- D'Jok sonrió con superioridad y, girándose, se hizo un ancho hasta la otra orilla.
-No soy aburrida. Es que… Me da vergüenza.
D'Jok se detuvo y alzó una ceja. Eso sí que no se lo esperaba.
-Pero si te he visto en bikini en la playa, y, bueno, no eres tan repulsiva…
Intentó bromear una vez más a su costa, pero ella frunció aún más el ceño. No podía bromear con ese tema.
-Mira que eres capullo. No es lo mismo, ¿vale?
No, no era lo mismo. D'Jok se calló porque todo eso era nuevo para él, lo de estar con una chica que a veces se sentía insegura, que se abrumaba cuando él la tocaba, que no estaba dispuesta a dejar que llegara más allá de lo que ella quería, pero que estaría ahí siempre que la necesitara. Era nuevo y era maravilloso, y no pudo evitar sonreír.
-Me taparé los ojos, ¿de acuerdo? Y tú vendrás aquí.
Tia dudó un instante.
-Venga, Tia. Vas a estar dentro del agua. No voy a verte.- hizo un gesto con las manos y compuso un gesto de cachorrito abandonado. – Soy inofensivo.
Así que ella suspiró. El suspiro que precedía a su victoria; D'Jok lo conocía bien. Lo conocía y lo amaba. Sonrió aún más, como el verdadero capullo que era.
-Date la vuelta. Y cierra los ojos. Y no los abras hasta que yo no te diga.
-Sus deseos son órdenes para mí.
No contestó, pero D'Jok esperó y escuchó el sonido de la tela golpeando el suelo. La piel se le erizó de manera involuntaria y sólo pudo rezar por mantener el control ahí abajo. Quizás no era tan buena idea, al fin y al cabo.
Entonces escuchó un chapoteo, y el agua removiéndose tras él.
-Ya.- Tia intentó disimular el nerviosismo en la voz, pero estaba acercándose a ese maldito chaval y ambos estaban casi desnudos. ¿Cómo no iba a estar histérica?
La mirada de D'Jok cuando se giró a mirarla acalló sus dudas. Porque sus ojos tenían esa especie de sorda profundidad, de anhelo ahogado, que aparecía cada vez que él la observaba. Algo que hacía que se sintiera increíblemente bien, deseada y poderosa, y también le daba un poco de miedo, porque era D'Jok y era tan intenso como una estrella.
Se mordió el labio, aproximándose. El agua la cubría justo hasta el borde del sujetador color vino, revelando apenas el nacimiento de sus pechos, y D'Jok se sintió naufragar en su clavícula, en las pecas invisibles de sus hombros, en los tirantes que se perdían agua adentro y en la imagen de su cuerpo distorsionado.
-Ven aquí.- dijo con voz ronca. Atrapó sus manos bajo el agua y la atrajo hacia él. – Retiro lo dicho. No estás nada mal.- y sonrió de lado.
-Imagínate cuando veas el resto.
Ella le devolvió la sonrisa, intentando calmarse. Sus palabras fueron como una especie de constatación de que algún día, en algún momento, irían más allá. Pero de momento a D'Jok le bastaba con lo que le ofrecía.
Si tuviera que recordar cuándo se había sentido así, sin duda le costaría. Era un deseo tan fuerte como las otras veces que había estado con él, pero en ese momento era incluso más poderoso, doloroso casi, quemándola por dentro. Los dos podían sentirlo. Esa sed implacable de más, ese delirio febril.
D'Jok la cogió, tomándola por los muslos suaves, y ella le abrazó por los hombros y enroscó las piernas en su cintura. El chico depositó varios besos en su hombro izquierdo, en su cuello, antes de apartarse un poco a mirarla. Los ojos verdes le brillaban y pensó que sí, que definitivamente, era preciosa fuera como fuera, calmada e inquieta y asustada y decidida. Y entregada.
Tia se acercó más, en un gesto de osadía apretó sus caderas contra las de D'Jok. Las estrellas resplandecían y el cuerpo de D'Jok era tan duro y tan ardiente que ella sintió que iba a desfallecer. Sólo podía arrojarse a su fuego y desaparecer en él, en esa onda expansiva de supernova. Poderoso y brillante.
El chico buscó su boca con fiereza y se apoderó de ella. No quería tener cuidado, no quería tener piedad. Quería hacerle el amor a su lengua, hacerla suya, buscar cada recodo y conquistarlo. Era violento y apasionado y Tia gimió cuando sus manos presionaron sus glúteos. Le mordió el labio y D'Jok casi rugió. Iba a explotar.
Liberó su boca. Nada de pensar, sólo sentir, sentirla a ella y su cuerpo que parecía derretírsele entre las manos.
Descendió por su cuello, haciéndola jadear. La alzó un poco y sus senos firmes se le rebelaron. El agua resbalaba por ellos y no pudo menos que besarlos por encima de la línea del sujetador, probar ese maldito lunar atrevido y hundir los dientes en su carne. Tia le hundió las manos en el pelo y apretó aún más sus caderas. No se quejó.
-Te dije que tenías que probarlo…- susurró D'Jok con una sonrisa contra su hombro. Tia descendió las manos por su espalda fuerte, deleitándose y le respondió en un murmullo ahogado.
-Cállate.
Ella misma se encargó de que lo hiciera. Se liberó de su agarre y dejó caer el cuerpo, empujando al chico contra el borde de la piscina.
Se lanzó decidida hacia su boca. Le besó con tanta pasión que D'Jok supo que estaba acabado, que podrían desintegrarle en ese mismo instante y sería feliz mientras lo último que tocara fueran sus labios y toda ella. Le estaba volviendo loco.
Tia descendió poco a poco la fuerza del beso hasta que se volvió suave y muy, muy dulce. D'Jok abrió los ojos y miró sus párpados cerrados, sus pestañas infinitas.
Sólo existía el sonido de sus bocas, su beso lento y profundo, como olas rompiendo en la orilla. Él mantuvo una mano enterrada en su pelo mientras que aventuró la otra por la pendiente de sus senos y luego poco a poco más abajo. Tia se encogió y se separó un poco, pero mantuvo sus frentes pegadas mientras los dedos de D'Jok trazaban una línea invisible por su ombligo y se internaban en la goma de sus bragas. El intenso cosquilleo hizo que su vientre se contrajera. Las yemas de los dedos del chico toparon con el suave nacimiento del vello. Alzó un poco los ojos y vio su deseo en los ojos que le observaban con avidez, pero también su inquietud. Así que poco a poco apartó la mano y la devolvió a su rostro, acunándolo. Tia le besó la palma con los ojos cerrados.
-Eh.
La chica los abrió y le miró con ojos algo temerosos, pero D'Jok se limitó a besarla de nuevo. A besarla como sólo él sabía hacer, cómo ambos merecían, deshaciéndose del resto del mundo.
Quizás pasaran horas, quizás días enteros, pero lo cierto es que ninguno se apartó y, por un lapso indefinido de tiempo, sólo importaron ellos. Ellos, sus cuerpos en el agua, sus besos y todo lo que hacían sentir.
Hasta que, finalmente, D'Jok se apartó nuevamente para mirarla. Y como tantas otras veces, se perdió en esa inmensidad. Lo susurró.
-Te quiero.
Y ella se limitó a abrazarle y a esconder la cara en su hombro. Muerta de miedo.
[Estoy ardiendo por tí, lo siento en todas partes,
nada me asusta más.
Bésame con fuerza antes de irte,
tristeza de verano.]
