Recién terminado, el capítulo 16, uno, creo, de los más intensos y que no me ha resultado fácil. ¿Cómo explicar tantas cosas…?

Todo empieza a torcerse. Todos los sucesos que se han ido acumulando en los capítulos anteriores acabarán por estallar. Espero que os guste y, por favor, por favor: reviews. Son el único motivo por el que sigo escribiendo Ad astra.

Muchas gracias a Gatonegro y a Niove, again Has estado muy acertada en tu comentario, Niove: D'Jok, aparte de ser territorial y receloso de todo jugador nuevo (como ya demostró con Yuki en su día) está teniendo un día – o más bien un tiempo- muy duro. Has acertado en parte, como ya te digo, en tu review, y en las suposiciones que has hecho. Ya lo verás ;)

Las frases son de Green Day y Pablo Neruda.

¡Que lo disfrutéis!


Son of rage and love.

(Soy el desesperado, la palabra sin ecos,

el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.)

Aquella noche prometía, con mucho, ser más tranquila que la anterior. Aarch había propuesto una parrillada en el jardín para dar la bienvenida a Tristan al equipo y todos habían accedido con entusiasmo. Micro-ice se relamía de gusto según ascendía por las escaleras para quitarse el bañador mojado y de paso animar a D'Jok a que bajara a jugar al pin pon con Mark y con él. Al girar el recodo del pasillo, fue precisamente con su mejor amigo con quien se dio de bruces

-¡Eh, cuidado!- se frotó la cabeza, hasta que alzó la vista y vio de quién se trataba. – Vaya, justo venía a buscarte. Baja un rato con nosotros, se está genial fuera.

-Gracias, pero tengo que ir a un par de sitios y no sé a qué hora llegaré.- el pelirrojo se mostró evasivo y trató de alejarse, pero su amigo le interceptó.

-¿Se lo has dicho a Aarch? Va a preocuparse si no sabe dónde estás.

-No soy un crío y él no es mi padre.- respondió con frialdad. Micro-ice vio una chispa en sus ojos verdes.

-Oye, colega, te conozco.- le puso una mano en el hombro. - ¿Qué tramas? Juro no asustarme, soy un experto en todo lo ilegal.

D'Jok desvió la mirada, pero a pesar de todo su enfado, Mice seguía siendo su mejor amigo. Y nunca dejaría de confiar en él.

-Voy a buscar a los piratas, Micro-ice. Tengo que sacar a mi padre de la cárcel.

Micro-ice abrió la boca, sorprendido.

-Pe…pero… Tú no sabes donde están.

-Estoy dispuesto a investigar por ahí. Tengo mis contactos, y estoy seguro de que están en alguna parte. - exclamó él con frustración.

-¿Y no crees que tu padre preferiría que te quedaras aquí, a salvo? Estoy seguro de que Corso y los demás harán todo lo posible por ayudar a Sonny. Recuerda la promesa que le hiciste, y la que le hiciste a Maya.- le lanzó una mirada significativa. - Tienes que alejarte de los problemas.

-¡Pero es mi padre, Mice, y no voy a quedarme de brazos cruzados! Así que o estás conmigo, o estás contra mí.

Él le observó durante unos largos minutos con sus ojos del color del hielo. Le comprendía, y no iba a ser él el que le hiciera entrar en razón o se interpusiera en su camino. De modo que tuvo que ceder.

-¿Por qué no hablas con Clamp?

-Ya he pensado en eso.- resopló. – Pero jamás me dejaría intervenir. Insistiría en hablar él mismo con Corso.

Micro-ice asintió lentamente.

-Vale. Pero ten cuidado. Y vuelve sano y salvo a casa, ¿está bien? Te estaré esperando para la cena.

D'Jok, por primera vez en aquel día de perros, sonrió con sinceridad.

-Te lo prometo.

[Nada me va a hacer cambiar.

No escucharé las palabras de nadie.

No hay nada que te quede por decir.]

-D'Jok.

El chico se detuvo en seco, en medio del camino de piedra que le alejaba de la residencia del equipo. El sendero estaba medio iluminado, pero sin necesidad de girarse, reconoció a la perfección aquella voz.

-¿Qué quieres?- la hostilidad era patente en sus palabras.

-He oído lo que le has dicho a Micro-ice.

D'Jok se giró hacia él con expresión de ira. Tristan le observaba con gesto impasible en sus ojos de plata.

-¿Qué tú qué?

-No vayas.- Tristan le ignoró deliberadamente.

-¿Quién te crees que eres para espiar conversaciones ajenas, o para meterte en la vida de los demás?

El pelirrojo estaba furioso, pero el otro pasó por alto su enfado. Estaba tremendamente serio.

-Te lo digo de veras, D'Jok, no te la juegues de esta manera. No puedes exponerte así.

D'Jok se acercó a él con el ceño fruncido.

-Tú no sabes nada de mí, ni de mi padre. No tienes ningún derecho a darme consejos.

-Yo no soy tu rival.- él bajó el tono hasta casi convertirlo en un murmullo, y le agarró el brazo. – Estoy aquí para ayudarte.

-Tu ayuda no me interesa. No la necesitamos ni yo, ni el equipo- D'Jok escupió las palabras antes de librarse de su mano con fuerza y alejarse por el camino, dejando a Tristan allí plantado. El chico apretó los puños, mostrando por primera vez su irritación.

-Tú lo has querido…- murmuró, antes de teclear unos dígitos en su reloj.

[Camino por una carretera solitaria,
la única que alguna vez he conocido,
no sé a dónde va,
pero para mí es mi casa y camino solo.]

Buscar a los piratas fue bastante más difícil de hacer de lo que D'Jok habría podido imaginar. Quizás en cualquier otro lugar de la galaxia lo habría tenido de lejos más sencillo, pero estaba en Paradisia, y el crimen y lo ilícito no encajaban con aquel planeta. Al menos, esa era la imagen que Lord Primus se afanaba en proyectar. Sólo había que rascar un poco la superficie.

Lo que D'Jok no sabía es que no era él quien tenía que ir en busca de Corso y los demás. Su padre llevaba años encargándose de que, allá donde fuera su hijo, hubiera alguien velándole.

Vagó durante horas por todo tipo de bares y garitos, lo más recónditos posible. Habló con todo tipo de hombres siguiendo una pista que ni siquiera existía. Cada lugar le llevó a otro más oscuro que el anterior, pero ninguno lo suficiente. Hasta que llegó a un pub en un callejón alejado del centro aún a unas horas de la medianoche.

Inclinado sobre la barra, se dedicó a observar a los individuos allí apostados bajo la tenue luz violácea.

-Un whisky con hielo, por favor.

El camarero asintió a la par que D'Jok tiraba de la capucha de su sudadera y se subía aún más la cremallera, tratando de ocultar su identidad.

-Aquí tienes, chico.

D'Jok esbozó una sonrisa, tomando el vaso.

-¿Te conozco? Me resultas familiar.- el hombre, de piel oscura y con un par de cicatrices cruzando su ceja, le observó atentamente mientras limpiaba la barra. D'Jok dio las gracias en silencio a la penumbra.

-Lo dudo. Acabo de llegar a Paradisia.

-Ahora todo el mundo es recién llegado a Paradisia. Ya sabes, con el torneo.- el camarero le sonrió.

-No vengo precisamente por el fútbol.- se apresuró a decir.- Sino por… Negocios.

Moduló el tono de voz, logrando el efecto deseado. El hombre se inclinó ligeramente, interesado.

-Sea lo que sea, no habrías podido buscar mejor momento. Nunca había visto tal cantidad de gente.

-¿Lleva mucho tiempo viviendo aquí?- D'Jok dio un trago a su copa.

-Desde que empezó la colonización del planeta, hace apenas un año. Hasta entonces estaba deshabitado, como sabrás, pero con el proyecto de Lord Primus muchos vimos aquí la posibilidad de empezar una nueva vida.- le miró, frotando con un trapo los vasos.- No sólo gente con pasta que ha invertido en viviendas de lujo. También eran necesarios pequeños negocios, tiendas, establecimientos.

-¿Incluso lugares así?- D'Jok sonrió y miró alrededor.- No se ofenda, pero no esperaba encontrar locales de este tipo en un planeta como este.

-También somos necesarios, ¿no? Y mientras no nos metamos en líos con la justicia, en Paradisia seguirá existiendo esta cara, aunque los peces gordos se esfuercen en reprimirla.

-Pues, verás…- D'Jok se acercó a él, haciendo girar su copa en la mano. – Precisamente eso es lo que a mí me interesa.

El hombre alzó las cejas.

-¿Contrabando?

D'Jok asintió con lentitud, tan sutilmente que era difícil asegurar que realmente lo hubiera hecho.

-Con armas. – hizo una breve pausa. – En busca de clientela.

El camarero calló durante unos instantes, pensando. Entonces giró el rostro hacia la esquina.

-Creo que conozco a quien puede ayudarte.

[Camino por esta calle vacía,
en el bulevar de los sueños rotos,
cuando la ciudad duerme,
y soy el único y camino solo.]

-¿Estás seguro de que vendrá, Corso?

Murmullo. La voz de Artie fue un murmullo cuando se dirigió al que ahora era su nuevo superior. Habían tenido que acostumbrarse a hablar en voz baja.

Corso apartó la vista del techo de metal del que se había convertido en el nuevo refugio de los piratas. Los cinco de toda la tripulación que permanecían con él. Once dormían en calabozo con Sonny. Los otros treinta y dos habían partido esa misma tarde haciéndose pasar por simples turistas en trasbordadores que les llevarían a Shiloh. Investigarían por su cuenta el modo de ayudar a aquellos que estaban presos. Pero Corso, Bennet y el resto tenían que quedarse allí, llevando una doble lucha: velar por su líder y sus compañeros y desvelar los misterios en torno a Lord Primus y el Torneo. Además, tampoco estaba de más echar un ojo a D'Jok y a los Snow Kids.

Finalmente, miró al joven, tan lleno de inquietudes como de costumbre.

-No podemos ir en su búsqueda nosotros, o sospechará que le tenemos controlado.- respondió.

-Pero, ¿y si no logra encontrarnos?

-Es un digno hijo de su padre. Lo hará.

Y lo hizo. Eran las once y dieciséis minutos de la noche cuando unos golpes en la puerta del sótano interrumpieron la conversación en voz baja de Corso y el resto.

Artie subió con paso cauteloso la escalera de acero y pegó la oreja a la puerta.

-¿Quién es?

-Soy yo, Artie. El chico está aquí.

Artie suspiró con alivio y acercó la mano al cerrojo oxidado, pero Bennet apareció junt le detuvo.

-¿Contraseña?

La voz, que llegaba ahogada por el grueso metal, respondió sin vacilar.

-I'Son paradsei.

Bennet se apresuró a quitar el candado y entornó la puerta, lo suficiente como para ver a D'Jok y al hombre que le traía consigo.

-Vamos, pasa, rápido.

El pelirrojo obedeció y el otro hombre miró a Bennet antes de cerrar la puerta, soltándole un "Sed cautelosos". Pero D'Jok ya no escuchaba a nadie. Sus ojos, procedentes del exterior, tuvieron que entornarse ante la luz blanca de las lámparas de aquel sótano.

-Bienvenido, D'Jok.- Bennet le dio unas palmadas en la espalda y Artie se acercó a abrazarle.

-Me alegro de que estés bien.- le dijo el joven pirata.

-Creo que puedo decir lo mismo.

El chico echó un ojo a la estancia según bajaba por las escaleras. Era un sótano común, con las paredes y el suelo de hormigón, que en otro tiempo habría estado totalmente vacío. Ahora, había tres colchones en el suelo en una de las esquinas y una mesa en el centro de la sala improvisada a partir de una tabla y cuatro cubos de latón bocabajo. En torno a ella se encontraban seis sillas desde las que le observaban cuatro hombres. En otro de los rincones vio un par de bolsas de basura, botellas vacías y un saco fuertemente cerrado. El cuarto, sí así podía llamársele, no contaba con ninguna ventana y el único conducto de ventilación era una rejilla a la altura del techo. La impresión general causaba bastante claustrofobia.

Uno de los hombres se levantó para acercarse a él. Reconoció de inmediato a Corso, el mejor amigo de su padre. Un tipo rudo, severo, pero astuto.

-D'Jok. Sabía que vendrías.- le tendió la mano y D'Jok la estrechó con fuerza.

-Sobra preguntar cómo estáis, ¿no?

Corso no respondió. Indicó a los hombres que se levantaran.

-Ya conoces a Artie y Bennet. Estos de aquí son Hawkins, Davison y Tré.

D'Jok les saludó con un apretón de manos. Los dos primeros eran muy jóvenes, quizás cinco o seis años mayores que él, e igualmente altos y fuertes. Sus rasgos eran bastante similares, con la piel trigueña y curtida y los labios finos, pero Hawkins tenía el cabello de un color cobrizo mientras que el de Davison era de un castaño oscuro y apagado. Además, los ojos de Hawkins, que parecía mayor, eran de un marrón avellana, y los del otro eran de un tono más verdoso. D'Jok les estudió con detenimiento, repitiendo sus nombres mentalmente, hasta que finalmente cayó en la cuenta.

-¡Eh, vosotros sois los jugadores de los Pirates!

Hawkins le sonrió ampliamente.

-Empezaba a preguntarme si te darías cuenta en algún momento.

-Bueno, es la primera vez que veo vuestras caras, si sirve de excusa.

Los piratas le invitaron a sentarse. Tré, que era un hombre mucho más maduro, aproximadamente de la edad de su padre, le cedió su silla pese a las reticencias del chico. Era bajo y musculoso y su piel olivácea estaba marcada de cicatrices que él parecía llevar con orgullo. Su pelo negro era espeso y rizado y tenía unos ojos grises agudos y certeros.

En un momento, Corso le puso al corriente de la situación. Le informó de que su padre así como otros compañeros estaban presos en el cuartel de Paradisia hasta pasar a disposición de Technoid para ser sometidos a juicio; que ellos seis se habían quedado allí para intentar buscar una solución y estaban estudiando diversos planes que les permitieran liberarles, pero que las celdas de aquel planeta eran totalmente inexpugnables; que la Black Manta había sido puesta a buen recaudo en Shiloh; que tendrían que permanecer ocultos en aquel sótano de una vivienda que el hombre que había guiado a D'Jok hasta él había alquilado a modo de tapadera, pero que no podían arriesgarse a salir de la estancia.

-Entonces, ¿qué va a pasar con mi padre?- D'Jok frunció el ceño tras escuchar con atención todo el relato de la persecución.

-Haremos todo lo posible por él, D'Jok, ya lo sabes.- le tranquilizó Bennet.

-No veo que estéis haciendo mucho aquí escondidos.- el chico, tenso, se cruzó de brazos.

-Nosotros sabemos bien lo que tenemos que hacer, chico.- Corso le miró con seriedad. – No voy a arriesgarme a una incursión así como así a una cárcel tan reducida para sacar a doce hombres.

-¿Y a qué vas a esperar? ¿A que lo ejecuten?- D'Jok golpeó la mesa con el puño.

-Eh, oye…- intervino Artie, pero Corso le acalló.

-No tienes de qué preocuparte, hijo. Llevo casi veinte años cubriéndole las espaldas al viejo Sonny y seguiré haciéndolo. Pero todo esto es cosa de piratas, y aunque admiro tu osadía, te recomiendo que permanezcas a salvo con tus compañeros y no vuelvas a venir a vernos. Nos pondremos en contacto contigo cuando lo consideremos oportuno.- el hombre se incorporó. – Y ahora, será mejor que vuelvas a casa.

D'Jok, a regañadientes, se dejó acompañar hasta la puerta.

-Céntrate en el fútbol. Y no hagas ninguna estupidez.- Corso le puso una mano en el hombro.

-Eso intentaré.

-Has hecho bien en venir, D'Jok, pero hazme caso: permanece con los Snow Kids, no pierdas la cabeza.

D'Jok asintió y llevó la mano al cerrojo. Entonces, recordó algo y se giró hacia Corso una última vez.

-Por cierto, ¿qué significa?-preguntó.

-¿El qué?- el hombre alzó las cejas.

-La contraseña.

-Ah. Es un viejo dialecto de Akillian.- Corso hizo un amago de sonrisa. – "I'Son es inocente".

D'Jok se quedó pensativo unos instantes. Y entonces, sin añadir nada, se marchó como una sombra en la noche.

[Mi sombra es lo único que camina junto a mí,
mi poco profundo corazón es la única cosa que está latiendo.
Algunas veces deseo que alguien de ahí fuera me encuentre,
hasta entonces caminaré solo.]

Eran las diez en punto de la noche cuando Micro-ice vio llegar por última vez a su amigo por el sendero que llegaba hasta el jardín. Las diez de una noche que lo cambiaría todo, para siempre.

-¡Mirad, ahí viene!

Todos estaban ya a la mesa, esperando a que Dame Simbai les fuera sirviendo los platos. D'Jok, tras formular una muy creíble excusa acerca de unos recados en un par de tiendas, se sentó entre Ane y Ahito. Por un breve instante, su mirada se cruzó con la de Tristan. Sólo por un instante. Reparó en el hecho de que el chico estaba sentado junto a Tia, y apenas fue incapaz de ingerir bocado, pendiente como estaba de cada palabra que ésta intercambiaba animadamente con su nuevo compañero. Un sabor amargo le inundó la boca. Mientras estiraba la mano para coger una manzana de postre, Tia alzó la vista y le miró. Y quizás le habría dedicado una tímida sonrisa si no le hubiera aterrado tanto el hielo que vio en sus ojos. Desprecio, rabia, eso era lo que D'Jok sentía ahora hacia ella. Era como si todo el fuego que solía sentir en su interior cada vez que le rozaba se hubiera extinguido y ahora sólo quedaran nubes de ceniza y humo que amenazaban con asfixiarla, intoxicándola. Lo peor es que era todo culpa suya.

D'Jok no apartó la vista, sino que ladeó ligeramente la cabeza, como diciendo "Veo que no has perdido el tiempo". Ella entendió. Sabía que lo haría. Lo suyo siempre sería comprenderse sin necesidad de palabras, en ese lenguaje propio establecido como un acuerdo mudo que ahora ya no parecía significar nada. Sintió una punzada de pena antes de desviar la mirada. Lo habían sido todo y ya no quedaba nada.

-Estoy lleno.- Thran se dejó caer hacia atrás en el asiento, cubriéndose la barriga con las manos.

-¿Habéis terminado?- Tia se incorporó, y ante el asentimiento de sus compañeros, recogió los platos. A pesar de que tenían un robot para que limpiara, siempre prefería hacer cosas por sí misma. Clamp hizo lo mismo y los demás decidieron imitarles, dejando en un momento la mesa despejada.

-¿Qué hacemos?- Micro-ice se desperezó sonoramente.

-Hay una peli de acción en el canal 6.

-Acción no, te lo ruego.- suplicó Tia ante el comentario de Mark. Fueron tomando asiento en los sofás del salón mientras Aarch, Artegor y Clamp se sentaban a la barra de la cocina para debatir algo acerca de los nuevos planes de entrenamiento y Dame Simbai ojeaba los libros de la estantería.

-Echemos un ojo.- Ane cogió el mando.

-Nada de pasteladas románticas, que te veo venir.- pidió Micro-ice, mientras ella le miraba de reojo.

-El único que ve películas de amor en esta casa eres tú.

-¡Fue sólo una vez!

Los demás se echaron a reír. Ane echó un vistazo canal por canal hasta detenerse en un programa de su interés.

-¡Quita esto!- exclamó Mark.

-¿Cotilleos? ¿En serio?- Ahito alzó las cejas.

-Se llama prensa del corazón, y cerrad la boca. He oído que Wen Woom Boo y Anaïs Zae han roto.- Ane les ignoró y subió el volumen.

-¡Que alguien le quite el mando!- Micro-ice forcejeó con ella. D'Jok rodó los ojos.

-Yo creo que voy a acostarme.- se levantó, dispuesto a subir a su cuarto. No estaba para soportar a nadie. – Estoy cansado.

-¿Te encuentras bien?- Ane le miró preocupada, y Mice aprovechó su descuido para robarle el mando.

-¡Ja!

D'Jok, que estaba a punto de girarse hacia Ane para responder y acto seguido marcharse, se quedó petrificado. También su mejor amigo. Con la vista fija en la pantalla del holotelevisor.

Ese en el que en ese mismo instante aparecía su propio rostro, en una foto con la que solía ser su novia. Él, Mei, el beso de la primera Copa. Una escena que había visto ya hasta la saciedad.

-Sube el volumen.- mandó el pelirrojo, volviendo a sentarse.

-D'Jok, ¿seguro que…?

-Ya.- ordenó con tono firme.

Todos guardaron silencio, expectantes, escuchando las palabras de la presentadora. Incluso Aarch y los demás volcaron su atención hacia ella.

"…Parece ser que el delantero estrella de los Snow Kids y su guapísima ex novia han vuelto a dar que hablar, desde la polémica ruptura hace ya dos meses que, aseguran, dejó a D'Jok destrozado, aunque Mei no tardó en reemplazarle por el mismísimo Sinedd…"

D'Jok apretó los dientes, tenso. En algún lugar en su interior, una voz le advertía de que no querría ver aquello, de que iba a destrozarle y a desenterrar viejos fantasmas. Pero él sencillamente la amordazó y prefirió hurgarse en las heridas.

"… Ahora, nuevas fuentes han situado a la supuesta mejor amiga de la pareja también en el ojo del huracán. Estamos hablando ni más ni menos que de Tia, centrocampista de los Snow Kids, quien, como recordaran, solía mantener una relación con el sobrino de Aarch…"

Tia jadeó y sus compañeros dejaron escapar varios comentarios ahogados. D'Jok sintió cómo todos los músculos de su cuerpo se contraían. ¿Qué demonios ocurría ahora?

-Micro-ice, cambia de canal.- la rubia trató de disimular el pánico en su voz, pero el temblor en las manos la delataba. Él trató de hacer lo que la chica le decía, pero D'Jok le detuvo.

"… La verdad ha sido destapada: lo escandaloso no es sólo que Mei mantuviera una relación con Sinedd a espaldas de D'Jok durante casi un mes cuando aún estaba con el chico, sino que además, y agárrense bien, Tia, una de las personas más importantes para nuestro futbolista, estaba al corriente tanto de la infidelidad como de los planes de Mei de abandonar a su equipo por los Shadows y jamás de lo reveló a D'Jok ni a ninguno de sus compañeros."

La imagen se cortó. Micro-ice había pulsado el botón de apagar. Pero ya no había nada que pudiera hacer.

Era demasiado tarde y ahora todos lo habían visto. Aquello que Tia tanto temía. Lo habían descubierto.

La chica no se atrevió siquiera a mirar a los demás. No se atrevió a enfrentarse a la reprobación ni la incredulidad ni la decepción en sus ojos. Durante unos instantes eternos, su mundo se vino abajo. Y D'Jok… Bueno, D'Jok también. Porque curiosamente gran parte de su mundo era él.

Hasta ese momento.

-D'Jok…- su nombre pareció escaparle de los labios con un temblor, casi como una súplica. No me odies, D'Jok.

Él permaneció en silencio y nadie se atrevió a hablar. Tenía el rostro blanco y los ojos clavados en la pantalla apagada, pero los dedos se crispaban en los puños cerrados sobre su regazo.

Finalmente, fue Aarch quien habló.

-¿Es cierto eso, Tia?

Habló en bajo, casi murmurando. Como con miedo a despertar a los monstruos.

Y ella sólo pudo asentir, despacio, con los ojos cerrados.

-¿Cómo…? ¿Por qué? ¿Por qué no nos lo dijiste?- Ahito tampoco alzó el tono. No había rencor en su pregunta. Sólo sorpresa.

Tia reunió todas sus fuerzas para responder, rogando que no se le quebrara a la voz.

-Le prometí a ella que… No lo haría.

-Debiste hacerlo, por el bien del equipo. ¿Te das cuenta de en qué situación nos dejó Mei, y tú al ser su cómplice?- regañó Aarch.

-Yo no quería que ocurriera, de verdad.- Tia se justificó con tono de súplica. – Traté de convencerla. Pero no quería traicionar su confianza.

-Esto es… Una sorpresa. Para todos. – Mark habló finalmente, con cara de estupefacción similar a sus compañeros. Thran asintió a su lado.

-Ojalá no hubiéramos tenido que enterarnos así.- comentó el defensa, alzando los ojos hacia su compañera. Ella seguía encogida en el sitio. No tenía argumentos para defenderse, ni excusas. Les había fallado.

Ane y Tristan guardaban silencio, y Micro-ice la miraba sin añadir nada.

-Bueno, Mei no debería haberla puesto en ese compromiso. – intervino Ane finalmente. – Ninguno en su caso habríamos sabido cómo reaccionar. Estaba en una encrucijada.

-Eso es evidente, pero sigo creyendo que debería habérmelo contado. Soy el entrenador y eso está por encima de cualquier cosa.- dijo Aarch con tono firme.

Tia no le dijo nada. En todo ese tiempo, se limitó a mirar a D'Jok, que seguía sin reaccionar.

-Sólo puedo decir que lo siento. Y que espero que podáis perdonarme.- se disculpó la chica increíblemente arrepentida, a pesar de que sabía que no se había equivocado ella. – Sobre todo tú, D'Jok. Perdóname.

El perdón no fue una mera disculpa por traicionar su confianza, sino por todo el daño que entre ella y el resto del mundo le estaban causando. Un daño que él nunca merecería.

Y por fin D'Jok la miró. Completamente roto.

Algo dentro de su corazón había muerto. Estaba en ruinas.

-¿Que lo sientes?- preguntó, entornando los ojos. - ¿Que lo sientes? ¿Qué sientes tú?

Alzó gradualmente el tono de voz.

-¿Sientes haberme fallado?- exclamó con los puños apretados. - ¿Sientes haberme traicionado y haberme apuñalado por la espalda? ¿Crees que realmente lo merezco?

-No…-susurró ella.

Pero él ya no escuchaba.

-¡¿Cómo coño has podido hacerme esto, Tia?!- bramó incorporándose de golpe. - ¡Yo confiaba en ti, joder!

Pegó una patada con violencia a la mesa de café y todos se encogieron en torno a él. Micro-ice y Thran se levantaron para inmovilizarle.

-D'Jok, tranquilízate…- intentó calmarle Aarch.

-¡No pienso tranquilizarme!- gritó él con todas sus fuerzas mientras sus amigos le sujetaban y Tia se encogía sentada en el sillón. D'Jok la apuntó con el dedo. - ¡Tú, y todos vosotros, me estáis jodiendo la vida!

-D'Jok…- habló Artegor, pero el chico no le dejó acabar,

-¡Todo este tiempo tú lo sabías, y no me lo contaste! ¡Todo este tiempo has estado fingiendo!- apuntó a Tia con el dedo. - ¿Es que no he hecho suficientes cosas por ti?

-D'Jok, por favor…- rogó ella a punto de echarse a llorar.

-¡No vuelvas a dirigirme la palabra! ¡No te atrevas a mirarme siquiera ni a interponerte en mi camino, porque te destrozaré!- bramó a todo pulmón casi temblando de la rabia. Sus amigos trataban de sujetarle. - ¡Tú y yo hemos acabado para siempre!

Ane cubrió a su amiga con el brazo mientras D'Jok intentaba zafarse del agarre de Micro-ice, Thran y Ahito. Tristan también se situó junto a Tia, temeroso de lo que pudiera pasar.

-Dejadle.- ordenó Aarch.

-Pero míster…- Thran le miró alarmado.

-Hacedme caso.

Ellos se miraron y entonces obedecieron lentamente. D'Jok jadeaba y estaba más alterado de lo que Tia jamás le había visto, pero no se abalanzó sobre ella. La miró con odio una última vez y entonces se dio la vuelta y se marchó de allí como un animal herido.

El portazo hizo que todos se encogieran.

[Estoy perdiendo toda esa felicidad, la felicidad que tú me inyectaste.
La soledad aún me conforta,
La furia recorre mi interior.
Estoy descargando mi enfado sobre ti
Y toda la mierda que me haces vivir.]

Negro. Todo era negro.

El mundo se sacudía incontrolablemente, o tal vez era él. Conocía la rabia bien. El temblor en los puños cerrados. La mandíbula apretada hasta amenazar con partirse. El latido de su corazón como una estampida.

Sólo quería gritar, romper, destrozar, hacer daño. Convertir el mundo en un remolino de destrucción y luego pisar los restos. Porque eso era él. Fuego.

Fuego. Un puro incendio que se extendía por todo su cuerpo. Las llamas de la ira le estaban abrasando. Sólo quería gritar.

No sabía exactamente a dónde le llevaban sus pasos en mitad de la noche, pero esperaba que lejos. Desaparecer hasta que su vida volviera a recobrar el sentido.

Sabía que al día siguiente estaría más lúcido. En ese momento, sólo quería regodearse en su propio dolor, el dolor de la traición: el más terrible, dicen, de todos.

Un paso tras otro, su respiración agitada. ¿Por qué? ¿Por qué, Tia?

Gritar. Un grito desgarrado en mitad de la noche, en mitad de la playa desierta. Gritar su dolor.

Tia, Mei, Sonny. ¿Por qué?

Una gota le resbaló por el rostro y se la limpió con el puño. Él, el que nunca lloraba y ahora estaba roto y ajado. Jamás se había sentido tan miserable en su vida.

¿Por qué ella, por quien lo habría dado todo?

Dolor.

Y todo que se desvanecía.

[Mi sombra es lo único que camina junto a mí,
mi superficial corazón es la única cosa que está latiendo,
algunas veces deseo que alguien de ahí fuera me encuentre,
hasta entonces caminaré solo.]

El amanecer la encontró ojerosa y deshecha en la cocina. También Aarch.

Tia apenas alzó el rostro al sentirle llegar, sino que estaba abstraída en sí misma. Removía su café con parsimonia. La cucharilla de metal giraba incesantemente y ella sólo la miraba.

-Buenos días, Tia.

-Buenos días.- murmuró. El entrenador se sentó a su lado. Ninguno tenía ánimo para hablar, aunque hubiera tantas cosas que decir. Finalmente lo hizo Aarch, porque sentía que de algún modo le correspondía a él.

- Tia…- carraspeó. - No te preocupes, ¿vale? Todo se va a arreglar.

La chica se llevó la taza a los labios y respondió un "Lo dudo" ahogado contra el borde. Los pasos de Thran y Ahito en la escalera evitaron que el hombre contestara.

-Buenos días.- saludó el defensa mientras su hermano bostezaba. - ¿Qué tal has dormido?

Se acercó a Tia y le tocó con delicadeza la espalda.

-Mal y poco.- dijo llanamente la chica. Thran le dio un suave beso en la mejilla antes de ponerse a preparar un par de tostadas y servirse un vaso de leche.

-Oye.- Ahito se apoyó justo enfrente de ella, al otro lado de la encimera. Tia alzó los ojos para mirarle. – Esto no ha sido culpa tuya, ¿de acuerdo?

Tia no fue capaz de responder. No hizo falta. Él extendió la mano y le acarició los dedos, y la chica casi fue capaz de responderle con un amago de sonrisa. En ese momento, Micro-ice apareció en el borde de las escaleras despeinado y con rostro desencajado. Y el intento de Tia se fue al garete.

Siete palabras.

-D'Jok no ha vuelto desde anoche, míster.

Pánico.