No he tardado mucho en escribir, y aquí está finalmente el capítulo 18. Hay, como veréis, una pequeña "brecha temporal", o salto hacia delante. No es tan introspectivo como los anteriores: aquí no hay ningún monólogo interior ni sabemos exactamente qué piensan los personajes, sólo podemos movernos por apariencias. De ahí el título.
Las frases son de Extremoduro y Paramore.
Espero que os guste, y dejad reviews, pls :3
(My thoughts you can't) decode.
Condenado a estar toda la vida preparando alguna despedida.
-¡Bien, Snow Kids, eso ha sido todo por hoy!
El holoentrenador se desvaneció en torno a los siete jugadores, que jadeaban tras el entrenamiento intensivo.
-Aquí tengo los últimos resultados del Torneo.- anunció el entrenador mientras los chicos tomaban asiento o se refrescaban. – Como sabéis, después de derrotar a los Sandmen y los Technodroids, hemos pasado junto a los Xenons a octavos de final. Respecto a los otros grupos, los clasificados han sido las Rykers y los Lightnings, los Shadows y las Elektras, y los Wambas y el Equipo Paradisia. Esta tarde tendrá lugar el sorteo y sabremos quiénes serán nuestros rivales.
-No sé cuál de todos me da más miedo.- se quejó Micro-ice.
-Pues yo me enfrentaría ahora mismo a cualquiera sin dudarlo.- Mark le revolvió el pelo. - ¡Estamos imparables!
-Respecto a eso… Tengo aquí unas estadísticas que me ha pasado Dame Simbai y que resultan bastante alentadoras.- habló Artegor con una leve sonrisa. – Todos habéis mejorado en las últimas cuatro semanas. No sólo lo demuestra el hecho de haber ganado a los Sandmen por tres uno, o a los Technodroid por cinco a cero, o la posesión de un setenta y dos por ciento frente a los Xenons pese a haber empatado. – Artegor pasó las hojas que tenía entre manos. – En los últimos tres partidos, el porcentaje de aciertos en los tiros a puerta ha sido del ochenta y siete por ciento, con una media de ocho coma doce disparos por encuentro. El Espíritu ha doblado su potencia, especialmente en Tristan, ahora que ha logrado desarrollarlo. Entre todos habéis dado dos mil novecientos catorce pases, Ahito ha logrado parar nueve de cada diez tiros y Micro-ice y Tia se encuentran entre los diez máximos goleadores.
Exclamaciones de celebración se extendieron entre los jugadores. Mice dedicó graciosas reverencias a sus compañeros.
-Gracias, gracias, firma de autógrafos a las nueve.
-… Sin embargo, creo que no es necesario que diga que no deberíais confiaros. Lo más difícil viene ahora.
-¿Confiarnos? ¡Nunca habíamos entrenado tantísimo! Prácticamente hacemos vida aquí.- señaló Ahito.
-Pronto incluso dormiremos en esta sala.- bromeó Thran.
-Tu hermano ya lo hace.- Tristan le dio un codazo, sonriendo.
-No os quejéis, estoy siendo benévolo.- Aarch esbozó una media sonrisa. – Venga, marchaos antes de que me lo piense mejor.
Los jugadores obedecieron, listos a darse una ducha y descansar un rato.
-¡Tia!
La chica se giró a mirar al entrenador justo cuando estaba a punto de salir por la puerta.
-¿Sí, míster?- preguntó, apoyada en el marco. Aarch alzó la vista desde su puesto de trabajo.
-Buen trabajo, capitana. Sigue así.
Le sonrió y ella le devolvió el gesto.
-Gracias, señor.
[Tengo a los míos y una luz que nunca se irá.
He estado en llamas desde el día en que nací.
Así que lloraré sólo un poco y entonces me secaré los ojos
Porque no soy una niña pequeña ya.]
-Así que, ¿todo bien por el paraíso?
Yuki guiñó un ojo a sus primos mientras giraba sobre sí misma en el taburete de la cocina.
-Últimamente los entrenamientos están haciendo de esto más bien un purgatorio.- suspiró Thran apostado junto al fregadero. – Llevo días sin pisar la playa.
-Veo que Aarch sigue tan exigente como siempre.
-Es normal.- Ahito se sentó sobre la fría encimera negra. – Ha tenido que reestructurar completamente el equipo.
- ¿No habéis hablado con D'Jok en el último mes?
Los hermanos intercambiaron una mirada antes de que el menor respondiera.
-En absoluto. Está prácticamente blindado. Vaya donde vaya parece que siempre le escoltan sus compañeras, y cuando aparece en los medios es para soltar uno de sus típicos discursos que derrochan arrogancia por los cuatro costados. Parece totalmente seguro de la decisión que ha tomado.
-¿De veras?- la chica alzó las cejas. – Lo cierto es que no he sabido mucho de él. Creo que sólo me lo he llegado a cruzar una vez, y ni siquiera se molestó en mirarme. Pero parecía más frío. Más… Profesional. – suspiró y se abrazó a sí misma, como reprimiendo un escalofrío. – Cuando supe que se había cambiado de equipo, pensé que era vuestro fin. Os lo juro. Jamás habría podido concebir a los Snow Kids sin D'Jok. Él era la esencia.
-Nadie habría apostado en ese momento por nosotros, ni siquiera yo mismo, lo confieso. Pero aquí estamos. Hemos pasado a octavos. Y no se lo debemos a nadie.- Thran se giró y les dio la espalda. Dejó sus ojos vagar por el inmenso mar y por el poderoso reflejo del sol sobre las aguas. En sus oídos resonaban las palabras de Artegor cuando la marcha de D'Jok les dejó hundidos en la desolación más absoluta, dispuestos a tomar una nave, volver a casa y aparcar aquel sinsentido.
"No hay jugadores clave. La vida os ha demostrado que siempre habrá momentos en los que perderéis a compañeros. Pero debéis seguir adelante. Por vosotros mismos. Y por el equipo.- les escrutó uno por uno tras las gafas.- Todos sois ganadores."
-¡Pero qué ven mis ojos! ¡Una sirena ha escapado del mar y ha encallado en nuestra humilde morada!
Micro-ice casi se desmayó al bajar de la ducha y ver a Yuki con sus amigos.
-Cielos, vas a conseguir echarme.- la pelirroja arrugó la nariz.
-Si ella es una sirena tú eres un pepino de mar, Mice.- Ahito le palmeó la espalda y su prima se echó a reír.
-Deberías venir más a menudo a verme… Digo, a vernos.- Mice le ignoró y miró a Yuki con lo que, según él, era su mejor cara de seductor, pero a ojos de sus amigos se asemejaba más bien a la de un acosador compulsivo.
-En realidad venía para que habláramos sobre el cumpleaños de Tia. Si es que Aarch tiene la compasión de concederos al menos unas horas libres para celebrarlo, claro.
-¿Por qué siempre se habla de mí como un dictador?
El nombrado apareció descendiendo por las escaleras con paso casual. Yuki se sonrojó fuertemente, avergonzada.
-Quizás porque lo es.- Micro-ice sonrió enseñando los dientes.
-¿Qué dices, que te apetece dar quince vueltas al campo…?- Aarch fingió no haberle entendido bien.
-Decía que apruebo totalmente sus métodos y que es un honor del que no soy merecedor poder contar con un profesional de su talla y, sobre todo, un hombre de tan noble y puro corazón.- Micro-ice se inclinó. – A sus pies, señor.
-Bien. Y ten cuidado.- el entrenador se acercó un poco y le susurró: - Como en cualquier dictadura, las paredes tienen oídos.
Los demás se echaron a reír.
-¿Qué me dice, míster, les concederá al menos la tarde de mañana libre?- pidió Yuki. – Diecinueve años no se cumplen todos los días.
-Afortunadamente.- suspiró este. – Pero, ¿quién soy yo para oponerme?
La chica sonrió encantada y Micro-ice hizo un gesto de triunfo.
-¡Prepárate, Paradisia! ¡Mañana la noche será nuestra!
Pero Aarch, que marchaba hacia el jardín, se giró con el dedo en alto.
-Si con la noche quieres decir hasta las doce en punto, ni un minuto más, ni un minuto menos, y que el jueves os quiero a las seis en punto en pie, entonces sí: es totalmente vuestra.
El moreno hizo un gesto de protesta, pero Ahito le detuvo de un codazo.
-Menos da una piedra… O, en su defecto, Artegor Nexus. Date por contento.
[Algunos de nosotros tenemos que crecer a veces.
Y también tengo que crecer yo, y voy a dejarte atrás]
-Deberíamos estar entrenando…
-Has dicho lo mismo cuarenta veces, las mismas que yo te he repetido que quiero un collar de diamantes, y no por ello me lo has regalado aún.
Sinedd miró a su novia con las cejas enarcadas, pero esta sólo sorbió de su batido de fresa y le miró con expresión inocente.
-Debes de tener unos cincuenta collares, ¿por qué ibas a querer uno más?
-Y tú ya entrenas unas diez horas al día, ¿por qué hoy también?
Él sólo rodó los ojos.
-Siempre tienes que conseguir lo que quieres, ¿eh?
-Claro. Por eso eres mi novio.
Sinedd no pudo evitar sonreír levemente. La miró remover con la pajita la espuma en su vaso, pero Mei tenía los ojos alzados y le observaba con una sonrisa de íntima satisfacción. El chico no pudo evitar estirar la mano y acariciarle la mejilla tostada por el sol. El color blanco de su vestido resaltaba aún más el moreno de su piel y la humedad dibujaba ondas en su larga melena. Si había alguna chica más guapa en la galaxia, no la había visto jamás.
Mei se inclinó un poco hacia delante y posó sus labios suavemente en los de él, con una pereza sensual, y Sinedd sintió un calor invasivo que nada tenía que ver con el ardiente sol de aquella terraza. Pero no era un calor desagradable, en absoluto. Era como el fuego de una chimenea crepitando en el hogar, como el abrazo de dos cuerpos que se conocen y se reconocen al abrigo de su cama. Casi suspiró de satisfacción cuando la lengua de Mei, lengua de cielo y fresa, le recorrió los labios.
-No vas a convencerme de que te compre ese collar. Lo sabes, ¿no?
Ella se echó a reír contra su boca.
-Me conformo con tenerte sólo para mí durante esta tarde.
-Quién no querría tener al mejor jugador de la galaxia (además del más atractivo, he de decir) una tarde entera.
Mei hizo un mohín dispuesta a responder, aún con las manos sobre los hombros del chico, pero entonces alzó los ojos.
-¡Warren!
El delantero de los Lightnings pasaba en ese momento frente a ellos, paseando con su esposa de la mano.
-Vaya, Mei y Sinedd. ¿Cómo estáis?
La joven se levantó educadamente a saludarle, y Sinedd la siguió casi a regañadientes. Siempre había admirado a Warren fervientemente, pero este parecía tener una predilección por D'Jok que le hería en su orgullo.
-Bien, nos hemos tomado una tarde de descanso. Hay que aprovechar las maravillas de este sitio.- sonrió la de ojos azules.
-Estoy totalmente de acuerdo. No sabes lo que me ha costado arrastrar a este grandullón fuera del campo y convencerle de que me sacara a hacer algo divertido.- Cara le guiñó un ojo.
-Eso me suena…- comentó con tono burlón Sinedd mirando de reojo a su novia, pero esta le dio un codazo.
-Últimamente nos da más la luz del holoentrenador que la del sol.- se quejó ella. – Y sé que sois Shadows por algo, pero, en fin…
Cara se echó a reír y Warren sonrió también, pero se había dado cuenta de cómo Mei, accidentalmente, había rehusado a usar el "somos". Si Sinedd se dio cuenta, no dijo nada.
-Mei tiene razón. Y no deberíais quemaros tan pronto. Aún está la GFC por delante.- repuso Cara.
-Cualquier partido es importante, cariño.- Warren esbozó una leve sonrisa.
-Lo sé, lo sé, llevo diez años escuchando lo mismo. Futbolistas.- ella rodó los ojos.
Mei se echó a reír, pero la risa se le quedó congelada en la boca al mirar detrás de la pareja. Sus labios formaron una "o" y Sinedd, así como los otros dos, se apresuraron en seguir la dirección de su mirada.
D'Jok.
Entendía perfectamente la reacción de su novia. Desde que fichara por el Equipo Paradisia, D'Jok prácticamente no se había dejado ver. Sólo un par de entrevistas a Noticias Arcadia, ambas veces acompañado de Primus. En las poquísimas ocasiones en las que la prensa había podido captarle saliendo de la residencia donde vivía con sus compañeras, lo había hecho precisamente rodeado de estas. Nunca solo. Es como si quisiera (o alguien quisiera) evitar las preguntas. O los encuentros.
Y esa vez no iba a ser diferente. El chico caminaba entre las seis bellas jóvenes que conformaban su equipo, ignorando a los sorprendidos viandantes que le observaban o le llamaban expresando su apoyo o pidiéndole un autógrafo. Y eso era algo totalmente inusual en D'Jok, que en el fondo siempre había amado ser el centro de todos los focos.
Cada vez se acercaba más a ellos, pero parecía no haberlos visto. Por eso Warren, con el ceño fruncido, le llamó.
-¡D'Jok!
El chico, sin variar la expresión de su rostro ni dejar de caminar, le miró. Primero a él. Luego a Sinedd. Finalmente a Mei. No se detuvo ni un solo segundo en ninguno, ni dio ninguna muestra de reconocimiento hacia su exnovia, su ídolo, su mayor rival.
Nada.
La chica rubia que caminaba junto a él, Nikki 4, sí que les observó con más detenimiento. Llevó sus dedos al brazo del pelirrojo, como instándole a seguir adelante. Él lo hizo de todos modos. Y los cuatro le miraron alejarse.
-¿Qué demonios le pasa?- murmuró Warren.
-Debe de estar muy enfadado.- Cara tenía una mirada triste. – Debe de haber querido romper con todo, ya sabes. Han sido demasiadas cosas.
-Tienes que hablar con él, Warren.- Mei le miró con gesto suplicante. – Si hay alguien a quien D'Jok escuchara, eres tú.
-Dudo mucho que me dejen hacerlo, Mei. Pero lo intentaré.
Sinedd sólo les escuchaba en silencio.
[¿Cómo hemos llegado a esto,
Cuando yo solía conocerte tan bien?
¿Cómo hemos llegado a esto?
Bueno, creo que lo sé.]
El chico entró silbando alegremente, sus pisadas suaves sobre el suelo de madera. Entre sus manos había una botella de agua fría que lanzaba al aire repetidamente para acto seguido cogerla. Tia no alzó la vista al oírle llegar, concentrada como estaba.
-¿Es que no descansas nunca?
Entonces sí, levantó los ojos del montón de papeles que cubrían la mesa del comedor y los dirigió a Tristan, que la observaba con una sonrisa torcida.
-Eso está sobrevalorado.- la chica sonrió de vuelta, pero en vez de volver al trabajo se estiró, totalmente dolorida a base de estar inclinada tanto tiempo. Y probablemente los intensos entrenamientos también tuvieran algo que ver, claro.
-Lo de trabajar está bien, pero a veces hay que divertirse, ¿sabes?- Tristan se sentó junto a ella, su blanca sonrisa destacando contra la piel trigueña.
-¿Quién dice que yo no sepa divertirme?- Tia fingió enfadarse. Él se limitó a hacer un gesto con la mano hacia la cantidad ingente de folios que tenía delante.
-Ya has visto, analizado y repetido hasta la saciedad unos veinte partidos estos días, capitana. Mereces un descanso.
Estiró la mano y la posó suavemente sobre su pierna. Tia tuvo que desviar la mirada de sus ojos gris plomo, algo incómoda.
-Mientras trabajo, evito pensar.- comentó. Y se sorprendió a si misma diciendo esas palabras en voz alta. Se le habían escapado sin querer, como un pensamiento.
Miró a Tristan de nuevo, pero él tenía un gesto casi apenado. Pensativo.
-Se me ocurre algo.- dijo él finalmente. – Ven.
Se levantó y estiró la mano hacia ella. Tia la observó, dubitativa. Y no pudo no seguirle.
[Así que, así es como acaba
Nunca me lo habría imaginado.
Si esto termina hoy
Seguiré diciendo que tú brillas más que nadie.]
-Señor, le traigo su café.
El anciano estaba cómodamente sentado en su sillón, con las manos apoyadas en los reposabrazos. La luz del despacho acentuaba el brillo canoso de su barba y, sobre todo, del cristal color escarlata que ocupaba el lugar en el que una vez estuvo su propio ojo.
-Déjamelo aquí.- ordenó al robot sin ni siquiera mirarlo. Su atención estaba centrada en la enorme pantalla a un lado. Estaba teniendo lugar la retransmisión del sorteo del Torneo Paradisia. Él, por supuesto, tenía demasiado trabajo como para seguirlo en vivo y en directo, pero eso no quitaba que se mantuviera informado.
"… En lo que respecta al sorteo, los resultados han sido los siguientes: los dos primeros encuentros que tendrán lugar serán Xenons contra Shadows en el Dom Stadium y Snow Kids contra Wambas en el Big Arena, el viernes de la próxima semana a las 19:00. Los Lightnings y Paradisia, por su parte, se verán las caras el sábado a las 18:00 en el Stadium mientras las Elektras se enfrentan a las Rykers. ¡Nunca unos octavos de final habían despertado tanta expectación! El espectáculo está asegurado…"
Duque Maddox suspiró y apagó el informativo, mientras se llevaba la taza a los labios. Su mirada se desvió hacia el escritorio de su ordenador. Una carpeta en el centro rezaba "Caso Blackbones". Pinchó y abrió por quinta vez aquel día el vídeo incriminatorio que había servido para acusar al pirata que tantos dolores de cabeza le había causado.
Las cámaras lo habían captado con toda claridad. La prueba era totalmente irrefutable. Y, sin embargo, había algo ahí que no encajaba… ¿Por qué querría Sony Blackbones bombardear Génesis y sabotear la construcción del estadio y, con ello, ralentizar la Copa? ¿Qué interés podía tener en ello?
[La esperanza que tengo,
La única cosa que sé que me mantiene vivo.]
-Es esta, justo esta.
Corso se inclinó sobre el hombro de Artie observando las operaciones que el chico llevaba a cabo en su ordenador. Las luces del sótano parpadearon ligeramente, pero los cinco hombres estaban demasiado concentrados en el asunto que llevaban entre manos. Artie prácticamente no se había apartado de la pantalla en todo el día. Ni siquiera había comido, y estiró los dedos hacia la bolsa de patatas abierta sobre la mesa.
-¿Ves? Justo ahí. Está toda la información sobre el caso.
-¿Dices que has logrado acceder los archivos de Maddox?
-No directamente, pero he conseguido hackear toda la red interna de Technoid y colarme en los remitentes de todas y cada una de las bandejas de correo de sus empleados. No es tan fácil como acceder directamente a la información, ya sabes, tienen unos sistemas de seguridad prácticamente inviolables, pero he encontrado un enlace que me remitía… Aquí.- abrió la carpeta. – Mira. Echa un ojo a la procedencia.
-Departamento legal.- masculló Corso.
-Et voilá. Son todas y cada una de las pruebas reunidas por el señor letrado de Technoid que acusará a nuestro viejo Sonny durante el juzgado. No podemos eliminarlas, por supuesto- se apresuró en explicar a los cuatro hombres que le observaban expectantes.- Están protegidos, y, en cualquier caso, existen copias de seguridad.
-Pero tenemos las pruebas que van a utilizar, y eso es un enorme poder en nuestras manos.- se ufanó Bennet.
-Exactamente.
-¿Y qué es lo que has encontrado, Artie?- preguntó Tré.
-En primer lugar, la información relativa al juicio.- comenzó a leerles por encima el documento. – Tendrá lugar el diecisiete del próximo mes, a las 20:30, en los Juzgados Centrales de Lyra. En caso de que Sony no encuentre defensa antes de diez días la fiscalía le asignará a alguien. Estará a disposición de la Comisaría de Paradisia hasta el día anterior al juicio, cuando será trasladado con todas las medidas de seguridad a Lyra.
-Al menos no será en Génesis. Technoid tiene un especial control allí. No les sería difícil sobornar al juez, o, como mínimo, dar un trato inmerecido a Sony.- comentó Hawkins.
-Totalmente.- habló Davison. - Al menos se le garantiza un mínimo de imparcialidad. Supongo que el gobierno está detrás de todo esto. El Canciller es consciente, por primera vez en su vida, de que Technoid empieza a tener más control en la galaxia que él mismo, y querrá colgarse la medalla de ser quien juzgue y penalice al pirata más poderoso de la historia.
-De momento, tenemos un información muy valiosa en nuestras manos.- Corso se echó hacia atrás en su silla. – Ahora sólo tenemos que pensar qué hacer con ella.
Los hombres se miraron entre sí, y Artie se limitó a apoyar la cabeza en las manos, agotado.
