[-¿Te estás escuchando? ¡Yo me desviví por ayudarte a encontrarle!- prorrumpió- Por supuesto que Rocket nunca me había gustado, pero lo importante era cómo afectara al equipo. Cómo te afectara a ti.

Él la miró con amargura y se apoyó en la barandilla a observar las estrellas. La camiseta de manga corta dejaba ver los músculos de los brazos contraídos.

-Hay tantas cosas que eres incapaz de ver.-murmuró –Pero algún día te darás cuenta de yo lo habría dado todo por ti. ]

Sin reparar siquiera en ello, deslizó los dedos por el mechón que le cosquilleaba la mejilla y lo atrapó tras la oreja. Sus ojos estaban fijos en la pared de cemento. Contemplaban las grietas sin verlas.

[-Yo nunca le he odiado, Tia, quiero que lo sepas. Jamás podría haberlo hecho, porque te salvó la vida.

Tia le sonrió, pero era una sonrisa triste.

-Tú también me has salvado la vida, aunque a tu manera y sin darte cuenta. Tienes un modo peculiar de hacer las cosas, y de querer a la gente]

Sacudió la cabeza como intentado librarse de un sueño y miró a los hombres a su alrededor. Artie y Tristan la miraban de reojo. Tré, Hawkings, Bennet y Davison conversaban en voz baja y el ceño de Corso permanecía nublado por la preocupación.

Tia, por su parte, llevaba los últimos quince minutos tratando de ordenar sus pensamientos. Las recientes revelaciones se habían abalanzado sobre ella como un alud y los piratas la habían dejado asimilarlo en silencio, sin saber que su mente había acabado vagando por otros derroteros.

-Así que…- comenzó en voz alta, haciendo que paulatinamente todos se giraran a mirarla. – Así que, tal y como pensaba, no sois los culpables de las explosiones de Estadio Génesis. Aquel día os encontrabais en el lugar de los acontecimientos porque estabais tras la pista de Bleylock o de alguien que le ayudó en el pasado y quiere continuar ahora el trabajo.

-Eso es.- asintió Corso con tono grave. – Y Technoid ha debido manipular las imágenes de las cámaras para inculpar a Sonny, cuando en realidad el que soltó el explosivo fue aquel gato del demonio.

Tia se rascó la barbilla.

-Pero no entiendo qué interés tiene Technoid en acusar a Sonny.

-Bueno, entre las hipótesis que nosotros hemos barajado está la teoría de que Technoid esté usando a Sonny como chivo expiatorio para desviar las críticas y tratar de salvar su credibilidad.- Tré se inclinó por encima de la mesa, acompañando sus palabras con movimientos de las manos. - Así, además, ganan tiempo para poder continuar con la investigación al margen del foco de atención. Si la galaxia cree que somos nosotros los culpables, se quitan de encima la presión mediática.

La chica meditó unos instantes. Tenía todo el sentido del mundo, y sin embargo, no le parecía lo bastante válido.

-Pero estamos hablando de un inocente para el que no han dudado en exigir la pena capital. ¿Cómo iba a permitir el Duque Maddox que se ejecutara a Sonny sin razón cuando tan útil podría serle en la búsqueda del verdadero culpable de los atentados en Génesis?

-Estamos hablando de Technoid, Tia.- intervino Tristan con voz cortante. – Son la corporación más poderosa de la galaxia, bajo el pretexto de encargarse de la seguridad y de la defensa militar en Zaelion han acabado controlando los medios de comunicación, la economía e incluso al gobierno. Créeme, sabemos de lo que hablamos. Si no han dudado en explotar y asesinar a seres humanos por meros intereses comerciales, si han despoblado, deforestado y expoliado planetas enteros y comprado y corrompido a los políticos, ¿crees que no estarían dispuestos a matar al que ha sido por décadas su mayor enemigo?

Sus palabras destilaban auténtica rabia. Tia vio en sus ojos, y en los de cada uno de los que le rodeaban, el odio visceral hacia Technoid. Y supo que no iba a poder negociar nada con ellos en ese aspecto. Estaban hechos para odiar todo lo que Duque Maddox y los suyos representaban. Aquellos hombres eran el estandarte de la lucha, de la resistencia armada.

-Está bien, tienes razón.- miró sus propias manos sobre la precaria superficie de madera y las deslizó sobre esta, buscando otro atajo por el que salir de ese tajante silencio. – Y ese Bleylock, o quien sea su sucesor… Tiene el multifluido que produjo la Esfera, ¿verdad? Es lo que buscabais en Génesis. Ese multifluido fue lo que usó Bleylock para provocar la explosión en Shadow de la que todo el mundo os creyó responsable y por la que mis padres fueron encerrados.

-Así es. Sonny ya te habló de todo esto, ¿no?- preguntó Corso, a lo que ella asintió. – Entonces sabrás que el multifluido está formado por el fluido que les fue extraído a Rocket, Kernor, Fulmugus, Sinedd, Luur, Stevens, Woowamboo y… Warren, si no me equivoco.

-Pero ya también estuve en la Esfera.- recordó ella de golpe. – ¿Eso significa que el multifluido contiene también mi Espíritu?

-No, no, nos cercioramos totalmente de eso.- la tranquilizó Artie.- Cuando tú jugaste contra Rocket, nosotros ya habíamos descubierto todo el pastel.

Ella pareció relajarse, por un instante, antes de lanzar una nueva pregunta.

-¿Y para qué quieren el multifluido?

Los piratas se miraron entre sí.

-En realidad, nosotros mismos nos hemos hecho esa pregunta mucho tiempo.- Bennet sonrió, cruzado de brazos. – Probablemente como arma. Mira las consecuencias que la explosión de multifluido en el archipiélago Shadow acarreó. Imagínate multiplicar la magnitud, imagínate tener el explosivo más poderoso de la galaxia, capaz de aniquilar el resto de fluidos.

-Pero, en ese caso… ¡Podrían acabar con los demás fluidos!- exclamó Tia, horrorizada con tan solo imaginar verse desprovista del Espíritu.

-Además de provocar una nueva guerra. No quiero ni pensar lo que podría suceder si una sola persona lograra hacerse con el fluido único. Tendría toda la galaxia en sus manos.- el rostro de Tristan se ensombreció.

-¡Tenemos que hacer algo!- Tia se giró hacia Corso. Aquel asunto se estaba convirtiendo en algo personal. - ¿Cómo podéis estar aquí mientras hay un loco por ahí suelto que posee semejante arma de destrucción?

Corso se removió violento en su sitio y se acercó un poco a ella en su asiento. Había rabia en su expresión, pero también un atisbo de resentimiento.

-¿Qué crees que le dije a Sonny mil veces?- siseó. - ¡Tendríamos que estar siguiéndole la pista al multifluido y no aquí de vacaciones! ¡Pero él estaba convencido de que debíamos venir a Paradisia! Había algo que le olía mal en todo este asunto, en ese tal Lord Primus… Por no hablar del chico.

Se dejó caer hacia atrás en el respaldo. No miraba a ninguno. Sus ojos recorrían la estancia con furia. Pero sabía que había hablado más de la cuenta, y ahora sus compañeros y Tia le observaban con intriga.

-¿Qué chico?- inquirió Davison alzando levemente las cejas.

-¿Insinúas que D'Jok tiene algo que ver con esto?- fue Bennet quien ató cabos con rapidez.

Los ojos de Tia se abrieron de par en par.

[-Sé que entre los dos podremos mantener a D'Jok a salvo.- dijo Sonny - Y no me refiero a vivo. Hay daños que son mucho peores. Eso tú y yo lo sabemos mejor que nadie.

-Así es.- Tia le acompañó hacia la ventana. – Le aseguro que haría cualquier cosa por él.

-Estoy seguro. En eso me recuerdas mucho a una mujer que conocí una vez.- le sonrió con suavidad.]

-¿Corso?- preguntó Artie con el ceño fruncido.

-Es una estupidez…- gruñó el hombre, observando de reojo a Tia. Esta tenía sus ojos verdes clavando en él pero no decía nada, su cerebro trabajando tan rápido como de costumbre, tratando de entender. – Sonny creía que D'Jok podía correr peligro.

-¿Por qué?- intervino Tristan.

-No sé, una mera corazonada, un instinto. Y Maya, la madre adoptiva de D'Jok, se puso en contacto con él. Tuvo algún tipo de visiones. Advirtió a D'Jok de que no debía venir a Paradisia, pero el chico la ignoró.

-No me parece muy acertado confiar en corazonadas y visiones para exponer a semejante riesgo a toda la tripulación y a sí mismo. Mira para lo que ha servido.- masculló Tristan. Cinco rostros se giraron a mirarle con evidente enfado.

-Ten cuidado con lo que dices, chaval. Te recuerdo que hablas de nuestro líder.- la voz de Tré sonó leventemente amenazante. Tristan apartó la vista azorado y se rascó la cabeza.

-Lo siento. Tienes razón. Es que toda esta situación es desbordante.

Estuvieron en silencio unos segundos, cada uno reflexionando por su cuenta. Tia no podía evitar inquietarse por las palabras de Corso. El temor de Maya, el recelo de Sonny… En los últimos meses D'Jok había tenido que ver cómo los Snow Kids se debilitaban, su novia le dejaba por su rival, ella misma rompía con él y luego le traicionaba, su padre era encarcelado como un criminal. No era tan difícil entender su enfado, su decisión de dejarlo todo atrás y cambiarse al Equipo Paradisia. Tia se encogió un poco. Había algo en todo aquello que le escocía en los bordes del corazón.

[-No quiero que nos dejes.

D'Jok la miró de lado, con ese brillo suyo en los ojos y una sutil sonrisa asomando en los labios. Sí. Otra vez D'Jok.

-¿De verdad creías que pretendía irme a algún lado? Jamás. Este es mi equipo, ¿entiendes? Os he meado y ahora estáis marcados. Míos.

Tia se rió.

-Y como buen perro que eres, espero que sepas nadar.

-Claro, ¿por?

-Porque vamos a hacer lo que sea necesario para mantenerlo a flote. No sé los demás. Pero tú y yo sí.

D'Jok sonrió

-Lo prometo.]

Él le había prometido que se quedaría. Pero cómo hacerlo cuando ella le había fallado a él pese a haberle dado su palabra de no hacerlo, y de la peor de las maneras posibles. Ella, que por encima de todo era su amiga, su compañera, su apoyo.

[-Quizás es que nunca hemos pasado bastante tiempo juntos. Deberíamos empezar.

Entraron en el ascensor del final del pasillo para subir al piso superior, donde se encontraban las habitaciones de Yuki y los dos hermanos.

-Vale, ¿desnudos o vestidos?

Tia le miró con ojos entrecerrados.

-No estoy tan desesperada.

D'Jok alzó las manos y rió sorprendido.

-¡A eso le llamo yo un golpe bajo! Vamos, es broma.- la miró con las manos en los bolsillos. – Seamos amigos, Tia. De veras.

Tia sonrió antes de salir del ascensor.

-Siempre lo hemos sido.]

Trató de alejar los pensamientos de su mente. Últimamente la acechaban a todas horas y se tiraban a atacarla cada vez que la pillaban desprevenida. Pero ahora era una pregunta en concreto la que la incomodaba.

-¿Y Tristan estaba allí para vigilarle?

Con su voz rompió el silencio. Notó el gris de los ojos del chico posarse en ella como una daga de plata que no hería. Escuchó a Corso carraspear.

-No.- respondió chico. – El principal motivo es que Sonny desconfiaba de Lord Primus y quería un infiltrado en el Torneo. Me ordenó que, pasara lo que pasara, no abandonara mi puesto. También quería que me encargara de todos los Snow Kids, por si las cosas se pusieran difíciles, así estaríais protegidos.

Se calló y apartó la mirada. Parecía algo incómodo. Tia percibió un ligero cruce de miradas con Corso, un movimiento por parte de Artie que provocaron que la sombra de la sospecha se cerniera sobre ella.

-¿Y qué más?

Tristan la miró de nuevo, fingiendo sorpresa. Pero la chica ya no le creía.

-Nada más. Ya te lo he dicho, yo estaba ahí para vigilaros.

-Sé que hay algo más.- murmuró Tia. Sus cejas se juntaron, dibujando pequeñas arrugas en el ceño.

-Eso ahora no importa.- la voz de Corso se impuso sobre ellos. La chica no se atrevió a insistir en el tema. – Creo que ya te hemos dicho todo lo que debes saber.

Se incorporó e indicó a los demás que hicieran lo mismo. La luz parpadeó por un momento y, por primera vez, Tia fue consciente del tiempo que había pasado.

-Ya debe de ser noche cerrada. Deberíais marcharos antes de que sea más tarde.

Tristan asintió. Hizo un gesto con la mano y atrajo a Tia hacia él.

-Ya me pondré en contacto contigo.- le dijo el hombre al chico. – Desde este momento tenemos que trabajar más duro que nunca para sacar a Sonny de la prisión. Todos.

Miró significativamente a la de ojos verdes. Dándole a entender que, desde ese momento, era parte de aquello.

[-Aún no puedo creer que le estés haciendo esto a D'Jok.

-Para ti es fácil decirlo.- Mei apretó los puños. - Contigo siempre ha sido diferente. Siempre sintió debilidad por ti. Y en cambio, ¿para qué estaba conmigo? Ni siquiera él lo sabía. Nunca me quiso y nunca me querrá.- Se dio la vuelta y se apoyó en la barandilla, alzando la vista a las estrellas con el ceño fruncido. - No pretendas comprenderlo.

-¡Sí, lo comprendo perfectamente! ¡Sé lo que es perder a alguien sin ninguna explicación a cambio!

-Esta discusión no nos va a llevar a ningún punto.- Mei se giró a mirarla con los brazos cruzados.- Hablaré con él cuando me sienta preparada. Hasta entonces, te pido que respetes mi privacidad.

-Me pides que mienta por ti.- Tia la miró con amargura. – Que le oculte cómo le engañaste durante meses.]

-¿Qué va a pedir?

El joven deslizó sus ojos por la carta, acompañando el movimiento con un dedo de uña algo mordida. Miró al camarero con el flequillo cayéndole ligeramente por la frente.

-Creo que me decantaré por la ensalada templada, seguida de… Ternera al estilo Xzion. Y para tomar estaría bien una buena botella de vino blanco, la que usted juzgue conveniente.

-Estupendo.- el hombre se giró a mirar a la acompañante del futbolista, que permanecía absorta tras la carta. - ¿Y la señorita?

-¿Mmm?- ella alzó sus ojos azules hacia él. - ¡Oh! Yo… tomaré lo mismo que Sinedd.

Le tendió la carta y el camarero asintió antes de retirarse. Sinedd esperó a que se hubiera alejado antes de dirigir una mirada inquisitiva y algo burlona a su novia.

-¿Tú consumiendo semejante calidad de calorías y a estas horas de la noche? Pensé que se saldría de tu estricta dieta para mantener un cuerpo de bikini todo el año.

Mei rodó los ojos, las espesas pestañas curvadas y una sombra en negro ahumando sus párpados, haciendo su mirada como de otro mundo. A Sinedd le gustaba. Era como verla emerger tras la Niebla. Entre tanta oscuridad, una mota clara que recordaba al cielo en verano.

-Mi dieta no es estricta. De hecho, creo que todo el mundo debería seguirla.

-Bueno, así solucionaríamos importantes problemas demográficos. Parte de la galaxia acabaría muriendo de hambre.

Ella le fulminó con la mirada.

-Y otra parte moriría esperando a que tú ganaras una Copa Galactik Football.

Se arrepintió de sus palabras como dardos nada más soltarlas, pero, para su sorpresa, Sinedd se echó a reír.

-Eso ha estado bien. Bien suele decirse en nuestra tierra que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición.

Se apartó ligeramente para que el camarero que se había aproximado les sirviera sendas copas de vino. Mei le observó realizar la acción el silencio, pensando si tal vez ella se había vuelto mordaz como Sinedd o era Sinedd el que se estaba ablandando con ella. Si cualquier otra persona le hubiera hecho un comentario de ese tipo, estaba segura de que su novio se habría tirado a su yugular.

Sinedd tomó la copa y la invitó a hacer lo mismo.

-Por nosotros, y por la Copa que algún día ganaré para ti.

-La Copa que ganarás conmigo.- corrigió ella con una sonrisa dulce.

Brindaron y dieron un sorbo al fresco líquido acidulado. Estaban sentados en un lujoso restaurante cuyos ventanales se abrían al mar. Lámparas de araña iluminaban el suelo de un rojo oscuro y las mesas de manteles blancos ocupados por elegantes parejas o pequeños grupos. Mei llevaba un bonito vestido negro y un collar de brillantes se insinuaba en su escote.

-¿En qué pensabas antes?- inquirió Sinedd. Ella, que observaba a su alrededor, giró la vista hacia él. – Vamos, me he dado cuenta.

-Bueno…- Mei jugó ligeramente con los pliegues de la servilleta. – Hoy he hablado con Warren. Me ha contado que se ha encontrado algo mal durante los últimos entrenamientos.

Sinedd alzó las cejas.

-Bueno, Warren está ya algo mayor, seamos sinceros. No sé por qué te inquieta.

-No es tan mayor. Y parecía preocupado…- alzó la vista para mirarle al fin. – Respecto al tema de D'Jok, trató de hablar con él, pero no puede entrar a la residencia del Equipo Paradisia y D'Jok se niega a verle a él o a ningún otro conocido. Y Lord Primus no está dispuesto a concederle ningún permiso.

El moreno se echó ligeramente hacia atrás en la silla. Apretó los puños bajo la mesa.

-¿Y esto debería importarme a mí o a ti porque…?

No podía negar que le molestaba el hecho de que su novia le diera tanta importancia el estúpido D'Jok y sus idas y venidas.

-Me importa porque esto no es propio de él, Sinedd.- trató de explicarle ella sin perder la calma. – No es… normal.

-El Capitán Remolacha nunca ha sido normal, hasta donde yo sé.

-Sinedd.- le riñó la chica.

Él resopló, pero estiró la mano para apretar la suya.

-Mira, Mei. Entiendo que te inquiete, pero es su elección. El Equipo Paradisia promete y el cara de moco, quiero decir, D'Jok, es ambicioso. Tú también escogiste irte de los Snow Kids, el rastas lo hizo, la pequeña zanahoria andante lo hizo… Dios, ¿qué tenéis en ese maldito equipo por los peinados extraños? Empiezo a pensar que ese es el verdadero motivo por el que te fuiste.

Mei no pudo contener una pequeña risa.

-Eres terrible.

-Y tú deja de preocuparte. – Sinedd agarraba aún su mano. – Tienes que pensar en ti y en mí. Pero sobre todo en mí.

La chica sonrió. Y se inclinó para darle un beso.

[-¿Todo bien?- se atrevió a preguntar tímidamente, buscando su mirada.

D'Jok asintió despacio y cerró los ojos, lentamente. Los párpados le temblaban.

-No dejes que me pierda, Tia.

Fue una especie de súplica. No podía asegurar si lo había dicho, porque había sido un susurro ronco y gutural y ella tenía la sensación de haberlo leído en lo más profundo de su mente. Sintió de nuevo como si estuviera a punto de dejarse caer por un precipicio sin mirar atrás y un súbito calor anidó en su pecho.

-No voy a hacerlo.- susurró.]

Sus pies crujían en el camino hacia la casa luminosa que emergía frente al mar. La luna arrojaba claridad en aquella noche fresca y la ciudad se recortaba como miles de luciérnagas en el horizonte, destilando vida. El aire corría ligeramente y Tia sentía la piel de sus brazos erizada. Tristan caminaba pegado a ella, rozándola ligeramente. Ambos habían hecho casi todo el recorrido en silencio.

-Con suerte aún no habrán empezado a cenar.- susurró él cuando por fin bordearon la piscina y se aproximaron hacia la puerta principal por el porche. Pero Tia le detuvo. Agarrándole el brazo con sus dedos suaves.

-Espera.

-¿Qué sucede, Tia?

Tristan se aproximó a ella, la luz que se filtraba a través de los cristales incidiendo sobre él, perfilando su figura alta, su pelo de oro viejo, sus ojos nublados ligeramente preocupados.

Era guapo, pero ella no podía verlo. Ya no. Ella sólo sabía esperar el fuego y el bosque en la mirada, el fuego en las manos y en la piel, el fuego en el pelo y el gesto intenso, atento, desbordante. Porque no podía dejar de ver a D'Jok por todas partes.

[-Yo no vi la nieve hasta que no vine aquí.

-¿Y qué te parece?

-Fría.

D'Jok rió contra su pelo. Ella se movió con su cuerpo que se estremecía, y sonrió.

-Más que en las películas. Jugaba a imaginármela, ¿sabes? A que hacía peleas de bolas de nieve, muñecos. Me preguntaba cómo sería tocarla.

-También yo jugaba a imaginar el sol.

Tia alzó la vista.

-¿Cómo era?

-Bueno, hacia los dieciséis años lo más parecido a él que vi eras tú. Me preguntaba cómo sería tocarte.]

Le dolía el cuerpo, le dolían los mismos recuerdos que constantemente trataba de arrojar a una profunda fosa para luego arrojar tierra encima. Desde que él se fue se había limitado a respirar y tratar de no pensarle, de no evocarle minuto a minuto. Enfrascada en el fútbol, en Sonny, en el fútbol de nuevo. No podía reconocer lo mucho que echaba de menos al chico de la sonrisa torcida. No podía.

[-Ella es única.- se calló. Todos esperaban que añadiera algo más, pero se limitó a observarla fijamente.

-¿Y…?- le animó Callye.

-Y desde el primer momento en que la ví pensé que no podía ser real. Es decir, tienes quince años, la ves en el campo, volando en medio de una explosión de Espíritu y, ¿qué piensas?

-Que es mágica.- sonrió Callye.

-Que es mágica.- asintió D'Jok.

-Y ella es la fuerte. – añadió Ahito. – Y la que siempre sabe ver lo bueno que hay en la gente.

-Incluso lo que uno mismo no consigue ver. – D'Jok finalizó.]

-¿Tia?

La voz de Tristan tiró de ella. Se dio cuenta de que aún sujetaba su brazo, ahora con fuerza, como aferrándose. Le soltó rápidamente aliviada de que no pudiera ver cómo se ruborizaba.

-Yo…- ahondó en su mente buscando las palabras que iba a formular antes de que el pasado decidiera sacudirla con sus nostalgias. – Explícamelo. Dime lo que no quisiste decirme antes.

Tristan no pareció comprender al principio, pero entonces su expresión mutó. Cambió el peso de un pie al otro bajo el escrutinio de su capitana.

-No tiene importancia, Tia.

-Quiero saberlo.- insistió ella. – Dime que no es a mí a quien tenías que vigilar.

A pesar de la oscuridad, estaba segura de que él había palidecido.

-¿Por qué iba a…?

-No trates de negármelo.- le interrumpió ella, ahorrándole el tener que buscar alguna excusa. – Sonny quería asegurarme de que yo no me fuera de la lengua. Que no largara a la mínima oportunidad todo lo que él me había revelado.

Sonaba convencida, pero a la vez íntimamente herida. No obstante, se decía a sí misma que Sonny sólo cumplía con su trabajo. ¿Cómo iba a confiar sin reparos en una cría de diecinueve años?

-Mira, Tia, no es lo que crees.- trató de explicarle él. Ella suspiró y se cruzó de brazos, desviando la vista a un lado, pero Tristan la sostuvo por los hombros.- Escúchame. Vale, puede que Sonny quisiera asegurarse de que supieras mantener el secreto. Vamos, mírame.

Ella obedeció, pero tenía las mandíbulas apretadas.

-Tia. Lo que Sonny por encima de todo quería era protegerte. Es uno de los motivos por los que estoy aquí. Sabes muchas cosas y la información es el arma más peligrosa de todas. – hablaba en susurros casi apremiantes. - Te estás arrojando sola a la boca del lobo, al territorio en el que nosotros nos movemos, que es peligroso y está lleno de arenas movedizas y de trampas mortales que te atraparán si das un solo paso en falso. Entiéndelo, por favor. Debo mantenerte a salvo.

La chica permanecía inexpresiva, pero entonces asintió, despacio. Tenía miedo de hablar y romperse. Las manos de Tristan se deslizaron desde sus manos hasta sus mejillas.

-¿De verdad quería protegerme?

-Por supuesto.- la voz del chico no daba lugar a dudas.

-Pero yo no pude proteger a su hijo.- la voz se le quebró. – Y eso sólo hace mi deuda más grande.

Y Tristan no dijo nada, porque sabía que a veces no hay palabras suficientes. Pero sí abrazos. De modo que la atrajo hacia sí.

Y ella se dejó abrazar.

[-Yo estoy con Tia.

Le miraron. Tenía expresión firme, decidida. Apretó los puños.

-No hemos llegado hasta aquí para retirarnos con elegancia, sino para darlo todo hasta el final. El Espíritu de Akillian y dos copas están de nuestra parte.

-Ya habéis oído al capitán.- Ahito sonrió y se incorporó. – Esto ha sido sólo el principio. Aún nos queda mucho por ganar.

-Hagamos historia, chicos. – sonrió D'Jok. – Es nuestro destino, estoy convencido. Nos depara grandes planes.

Tia le miró y le sonrió.

-Vamos a hacernos aún mejores de lo que nunca hayamos sido. Y juntos.]

-¡Eh, pero si están ya aquí!- exclamó Ane al ver a las dos figuras entrar por la puerta. - ¡Llegáis justo para la hora de cenar!

Caminaba con una gran fuente de patatas hacia la mesa donde casi todos estaban ya sentados.

-¿Qué es lo que huele tan bien aquí?- Tristan se aproximó hacia ellos frotándose las manos con aire desenfadado.

-Oh, es mi perfume nuevo. Me halaga que te hayas dado cuenta.- Micro-ice pestañeó con coquetería.

-Normal que se te haya agotado ya el anterior, si cada vez que viene mi prima Yuki te bañas en colonia.- Ahito, que estaba sentado a su lado, le propinó un codazo.

-¡Ven a sentarte aquí, Tia!- Ane palmeó la silla a su lado.

-Voy a lavarme las manos y a ponerme una sudadera, traigo algo de frío. Bajo enseguida.

Tristan subió a hacer lo mismo, y en cuestión de minutos todos estaban sentados en torno a la mesa disfrutando de la cena. Tia, sentada entre Ane y el entrenador, logró relajarse tras el día tan revuelto que había tenido. Al principio, tenía miedo de que todos estuvieran molestos con ella por la discusión de aquella tarde, pero sus amigos la trataban con total naturalidad y reían y charlaban como de costumbre. Thran le lanzaba miradas de vez en cuando, lo cual la inquietaba en cierta parte, pero no parecía haber acritud en ellas.

-Hablando de todo un poco, mañana quiero veros a las nueve en la sala de entrenamiento para una sesión intensiva.- Aarch, que estaba enfrascado en una conversación con Artegor y Dame Simbai, se dirigió a sus jugadores.

-Y así es como se consigue que a uno le siente mal el postre.- masculló Micro-ice mirando con pena el flan que temblaba en su cucharilla.

-Es tu tercer postre.- Mark alzó una ceja. - ¿Cómo no iba a sentarte mal?

Micro-ice le sacó la lengua y se metió la cucharilla en la boca.

-Hay varios puntos que quiero que repasemos.- Aarch continuó. – Este viernes es el partido contra los Wambas y debéis estar en forma si queréis superar los cuartos de final. Por otra parte, los Shadows se enfrentarán con los Xenons, las Rykers con las Elektras y los Lightnings con el Equipo Paradisia, lo que nos permitirá medir mejor su potencia como posible rival. Como veis, todos ellos son peligrosos adversarios. Confío en vuestros sentidos de la responsabilidad, la disciplina y el trabajo duro.

-Con este hombre cada comida es una arenga.- susurró Thran a su hermano, que rió en voz baja.

-Hay algo más que quiero transmitiros y que me ha sido comunicado esta tarde.- habló Aarch de nuevo. - Antes de que tengan lugar los partidos, Lord Primus ha querido invitar a los equipos a una recepción en su casa, como muestra de su amistad y de los lazos de unión que espera este Torneo haya forjado.

-¿Qué ha dicho después de invitar?- preguntó Micro-ice entusiasmado. – Es lo único que he oído.

-Creo que tenemos fiesta.- Mark hizo un gesto de la victoria con las manos.

-Ya…- Aarch les miró con gesto de disculpa. – Veréis, el evento será más bien íntimo. Sólo un par de representantes de cada equipo: entrenador, capitán, y acompañantes…

-¡¿Cómo?!- Micro-ice se cruzó de brazos indignado.

-Espero que con acompañantes quiera decir cinco acompañantes.- intervino Thran contándose a sí mismo y a sus compañeros con el dedo.

-¡Tia, di que me llevarás! ¡Tengo un vestido que no me perdonaría jamás que no lo llevara a esa cena!- Ane la miró con súplica.

-Bueno, para empezar, ¿realmente tengo que ir yo?- preguntó ella algo abrumada.

-¡Bien dicho, Tia! ¡Que no te compren con su demagogia!- exclamó Micro-ice.

Tristan le miró con una sonrisa burlona.

-¿Sabes lo que es la demagogia o lo escuchaste en la tele, pensaste que sonaba bien y buscabas la oportunidad de colarlo para parecer inteligente?

-Claro que lo sé. Viene del latín "Tristan, cierra el pico ".- él le miró con despecho. – Y como vicecapitán confío en que Tia delegará en mí esta responsabilidad.

-¿Quién más estará allí?- Tia le ignoró y se giró hacia el entrenador.

-Pues… Supongo que, además de los entrenadores y algún que otro miembro de Technoid y la Liga, irán Warren y su esposa, Sinedd como capitán y míster con Mei, Woowamboo y probablemente Lune Zaera, Luur y Kernor más acompañantes, Zyria, de las Elektras, que irá con Yuki a juzgar por lo que me dijo ella esta tarde, y, bueno, supongo que D'Jok.

Tia asintió, aunque las manos le temblaron ligeramente en el regazo ante la mención del antiguo Snow Kid. Nadie comentó nada. Finalmente fue ella la que habló.

-Me lo pensaré.

No la insistieron. Aarch se limitó a asentir.

-Respetaré tu decisión. Ahora deberíais iros todos a la cama. Mañana toca trabajar duro.

-Ni que fuera una novedad.- rezongó Ahito. Todos se levantaron de la mesa y, tras llevar los platos a la cocina para que el robot se encargara de lavarlos, subieron entre conversaciones y bromas a los dormitorios. Aarch, Artegor, Clamp y Dame Simbai permanecieron sentados a la mesa tomando una copa y tratando diversos asuntos, y Tia ascendió con la mano en la barandilla mientras Ane parloteaba a su lado.

[Su voz fue un susurro casi abatido.

-¿Tú crees que habrá un final feliz para nosotros también, D'Jok?

-Todos los finales son tristes.- clavó sus pupilas en las de ella. – Los finales felices no son más que principios.

Y Tia le creyó. Y decidió abrazarle. Porque por dentro los dos estaban muy rotos, pero los dos habían sabido coserse y echarle narices a la vida, quizás porque no les quedaba otras. Y se esforzaban por remendar además el mundo que les rodeaba, tan pequeño y a la vez tan inmenso, un mundo de Snow Kids y copas y fútbol y familia.]

Se deslizó en la suave y fresca camisa del pijama, que olía a recién lavada. Jugó con los botones, perdida en su mente mientras la voz de su amiga la acompañaba como un eco de fondo. Incluso se sentó a cepillarle el pelo cuando ella se lo pidió, pero su mente estaba dividida. Miró las púas deslizarse por los mechones castaños que se tornaban de un bonito rosa hacia las puntas. Por una parte la escuchaba e intervenía con frases y breves apuntes. Por otra, vagaba lejos, muy lejos de allí.

[-Formamos un buen equipo.- murmuró él, mirándole los labios.

Un fuego ascendió por el vientre de Tia, por la garganta, expandiéndose a todo su cuerpo. Y sin pensar demasiado, lo hizo.

Se inclinó hacia delante y le besó, rendida a esa especie de hechizo o corriente eléctrica que alguien había parecido activar.

Tocó sus labios con los suyos, y la respuesta de D'Jok fue inmediata. Abrió su boca, se entregaron en lengua, dientes y labios. Fue un beso de esos que duran horas. El chico rodeó su cintura con las manos, haciéndola derretirse entre ellas. Tia las llevó a su cuello, le acercó más, queriendo hundirse en su boca que ahora era toda humedad y deseo. D'Jok besaba con pasión y con autoridad, sin darle un respiro, haciéndola casi jadear. Rodeándola por todas partes.

Ese beso fue como un terremoto, una sacudida, un relámpago. Una eternidad en la que se entregaron completa e irrevocablemente y prendieron fuego al deseo que llevaba años atrincherándose en torno a ellos, a punto de explotar.

Fue un beso que hizo acabar y empezar el mundo.]

Los labios le cosquilleaban y tuvo que resistir el impulso llevarse una mano a la boca y acariciarlos. Era como si el mundo ahora se hubiera retraído sobre sí mismo, hasta adoptar el tamaño de una mota de polvo. Y ella sólo podía seguir. No iba a hundirse, no otra vez.

Fueron los golpes en la puerta los que hicieron que alzara la vista y Ane guardara silencio.

-¿Puedo pasar?

La voz de Thran llegó desde el otro lado y Tia casi pudo jurar que notó como su amiga se resbalaba un poco en la cama.

-S-sí. Adelante.- exclamó Ane.

El defensa asomó levemente la cabeza, como tanteando el terreno. Pero no se dirigió a Ane, sino a Tia.

-Tia, me gustaría hablar contigo un momento.

La chica se sorprendió un poco, cuando, en cierto modo, debía haberlo esperado. Se imaginaba para qué había venido. Ella misma quería zanjar la situación con sus compañeros.

-Claro.

Ane la miró antes de girarse de nuevo a Thran e incorporarse rápidamente.

-Yo voy a lavarme los dientes.

Echó un último vistazo a su amiga antes de trotar hacia el pasillo, no sin antes intercambiar una cariñosa mirada con el moreno que no le pasó desapercibida a Tia

[-No puede ser, D'Jok. No podemos hacer esto. Nunca va a haber nada entre tú y yo, ¿entiendes? Creo que los dos estamos muy confundidos y hemos querido ver algo en el otro que no existe. Por eso tenemos que marcar unos límites a nuestra amistad y dejar de engañarnos a nosotros mismos y tratar de reemplazar a dos personas que se han ido. Ambos somos lo suficientemente realistas como para darnos cuenta de que nada de lo hubiera entre tú y yo tendría futuro. Yo no soy una de esas chicas a las que puedes tener entre tus brazos al chasquear los dedos, no soy una simple boca que puedas besar o una aventura de patio de colegio ni un polvo rápido en un ascensor. No soy como las demás, y no pretendo serlo.]

-Veo que tienes material de trabajo.- comentó el chico como quien pregunta la hora, señalando con un gesto de cabeza hacia el escritorio donde varias carpetas se amontonaban formando una pila. Tia, que estaba sentada en la silla de madera junto a este, las recolocó un poco. Bajo los esquemas de jugadas se escondían planos, trazos, secretos. Su propio proyecto personal. Todo lo que tenía para liberar a un inocente.

-Es lo malo de esta profesión, siempre nos llevamos el trabajo a casa.- la chica se incorporó. – Nunca hay modo de desconectar del todo.

-Para unos menos que para otros.- Thran sonrió suavemente, y ella le respondió al gesto.

-Venga, siéntate antes de que empieces a comentar el tiempo. No es nuestro estilo.- atajó Tia.

Así eran ambos, y de ese modo habían sido siempre las cosas entre ellos. Tia y Thran no eran del tipo de personas a las que les gustaba divagar, dar mis vueltas a las cosas, tratar de embellecer o jugar con sus palabras. Ellos eran directos, francos, e incluso dolorosamente sinceros. No hablaban mucho, pero cuando lo hacían, sus palabras caían con rotundidad y certeza. Y por eso congeniaban de un modo especial.

Thran sonrió ampliamente y se sentó en la cama de Ane, antes de que Tia le imitara y tomara asiento a su lado. El defensa compuso un gesto serio y procedió a hablar.

-Aunque no puedo aprobar el modo en que dijiste ciertas cosas esta tarde, he de reconocer que tenías razón. No puedo, no podemos, obligar a D'Jok a volver, por mucho que sea nuestro amigo, para algunos desde toda la vida. Ha sido una estupidez, pero su silencio se me hace doloroso. Quiero creer que hay una explicación detrás.

Tia le miró con serenidad.

-Sé que he hablado de un modo un tanto… vehemente antes, pero no quiero que os metáis en líos, y menos si tienen que ver con Lord Primus y su equipo.- dudó un segundo antes de proseguir, no muy segura de cómo expresarlo. – A mí también me importa D'Jok, Thran. Y de todas las personas, él era la última que yo…

No pudo seguir. No era capaz.

[-No quiero perderte a ti también.- susurró.

Y D'Jok no pudo más. Tiró de ella y la acogió en sus brazos, con tanta fuerza que era como si fuera a absorberla.

-Te prometo que siempre estaré contigo. Y, sobre todo, nunca dejaré de ser tu amigo. Porque tú me has salvado de muchas cosas, Tia.

Ella alzó la vista hacia él.

-¿Estás seguro de que esto está bien?

-¿Cómo va a estar mal?]

Una puñalada al corazón. Trató de no reflejar ninguna muestra de dolor.

-Pero, por mucho que tratemos de aferrarnos a esa idea, no hay ninguna explicación, Thran. Él se ha ido, igual que los demás, y no somos quiénes para poner en tela de juicio los motivos que le llevaron a ello, porque no podemos estar seguros de que nosotros mismos en un momento dado decidiéramos hacer lo mismo, y marcharnos de la noche a la mañana. Y es doloroso saber que para aquellos que nos importan es tan fácil borrarlo todo de un plumazo. Pero si lo ha hecho es porque, aunque me resista a pensarlo, era su deseo. Y es algo que voy a respetar.

-No te niego nada de eso. Es más, te doy la razón.- Thran la miró con esa expresión tan suya, tan llena de fuerza, que denotaba una inteligencia abrumadora y una certera capacidad para contemplar el corazón humano. – Estás siendo más que una buena amiga, estás siendo una buena capitana. Sencillamente no podía entender que de todas las personas del mundo, tú, tan inconformista, tan rebelde, tan testaruda, fueras a guardar silencio ante esto. Porque eres la chica que peleó por traer a Rocket de vuelta, que liberó a sus padres sin importarle nada más, la que ha tirado de este equipo con uñas y dientes, la que siempre me ha parecido digna de admiración. Y tengo que reconocer que me he sentido profundamente decepcionado por ti.- reconoció, con una honestidad tajante. – No he visto a esa chica por ningún lado. Ya no. Me he preguntado qué ha sido de ella.

Tia bajó la vista, incapaz de aguantar el peso de sus palabras. Porque sentía que tenía razón. Que ya no estaban ella, ni su fuerza, ni su capacidad de ayudar a los que quería. Había decepcionado a Thran, pero, sobre todo, se estaba decepcionando cada vez más a sí misma.

[-Tiene que ser nuestro secreto.- tomó aire, cosa que no era fácil ahora que la temperatura en la habitación había ascendido unos doscientos grados. – Y no vamos a dejar que esto afecte a nuestra amistad, ni vamos a exigir nada al otro. No soy tu novia y no eres mi novio, ¿vale?

-Ajá..

-Te lo digo en serio.

Clavó en él esos ojos, haciéndole por un momento perderse entre el bosque de sus pestañas. Cómo no iba a querer a una mujer tan absolutamente autoritaria y llena de determinación.

-Todo lo que tú quieras.]

Pero Thran siguió.

-Y entonces, me he dado cuenta de una cosa.- sus manos permanecían serenamente apoyadas en las sábanas. – Que esa chica sigue aquí, conmigo, con nosotros. Es la que está actuando de capitana, la que trata de sobreponerse al dolor de tantas marchas y nos saca adelante como va pudiendo. Y que no quiere reconocer que, en el fondo, la marcha de D'Jok la ha destrozado hasta las entrañas, porque está demasiado cansada de que la gente la deje tirada.

Tia alzó la vista aparentemente indignada, dispuesta a rebatir con mil y un argumentos las palabras de Thran. A pesar de su verdad.

-Puedes negármelo las veces que quieras.- se adelantó él. – Sabes que no servirá de nada. Te conozco. Y lo afirmo con orgullo.- se inclinó un poco hacia ella, e hizo hincapié en sus palabras, rumiándolas despacio. - Te conozco.

La chica frunció el ceño y él le dejó meditar sus palabras. Sabiendo que cuando llegaran, no habría mentiras en ellas. Porque, una vez más, no era su estilo.

-Eres rematadamente estúpido para creerte tan listo y de veras que no entiendo de qué vas, chico.- le miró con enfado. – Y saben los dioses que no hay día que no de gracias por tener a una persona así.

Y él se echó a reír. Y fue una de esas pocas ocasiones en las que, sin mediar palabra, intercambiaron un abrazo.

-No te acostumbres.- masculló ella.

-Ni aunque me pagaran.- respondió el chico. – Y ahora dime qué hacen unos planos de Estadio Génesis sobresaliendo entre tus folios.

[A veces como amigos y a veces como amantes, ante los ojos de los demás o a escondidas, los momentos de D'Jok empezaron a ser con Tia y los momentos de Tia empezaron a ser con D'Jok. Ninguno se opuso a ello. De repente todo empezó a ser tan fácil y tan natural que resultaba difícil de creer que hubieran podido llegar a estar tan jodidos.

Y a D'Jok le hacía gracia verse a ambos así. Comportarse como dos chicos de 19 años y volver a los primeros encuentros, al misterio por desvelar que suponía conocerse poco a poco y cada vez más a fondo, a besarse a escondidas (en el cuarto de ella, en el cuarto de él, en alguna sala vacía) siempre con las cortinas corridas. Ocultándose de todos. Mostrándose el uno al otro sin reservas. Besos profundos y húmedos que quemaban, violentos e invasivos y luego dulces y lentos como jazz. Suavemente y agarrándose las manos, ella siempre dejándose hacer cuando D'Jok deslizaba los dedos por el abismo de su cintura o se aventuraba más allá del fin de su espalda, y siempre parándole antes de perderse. Y él volvía a besarla, y le contaba mil historias, o miraban fotos y vídeos mirándose los ojos, o se sentaban juntos cuando veían los partidos como excusa para rozarse los dedos de vez en cuando.]

El alba despuntaba aún y la chica de ojos azules se giró en la cama, mientras los primeros rayos de un sol blanquecino jugaban en su espalda desnuda. Estiró la mano y cubrió el espacio que él había dejado en las sábanas, pero tan profundo era su sueño que ni siquiera reparó en la ausencia.

Fuera, las calles amanecían lentamente de vida y la marea retrocedía sobre sus pasos en la playa. Paradisia despertaba.

Era aún temprano cuando Lord Primus recibió aquel aviso por su interfono. Su visitante no necesitó llamar a la puerta. Él no necesitó levantar la cabeza.

-Es curioso cómo el ambiente de una estancia cambia completamente al entrar tú en ella.- comentó el hombre sin apartar la mirada de las hojas donde estampaba su firma sin fijarse demasiado. – Tienes un aura tan negra y tóxica como ese fluido del que presumes.

-No sé como su oscuridad le permite ver en mí la sombra. Es usted el que ha levantado un imperio a base de crímenes que no me creo siquiera capaz de imaginar.

Lord Primus esbozó una sonrisa de depredador antes de dignarse finalmente a clavar sus ojos en los de Sinedd.

-Precisamente así es como se levantan los imperios, amigo mío. Y creo que tu retorcida mente es capaz de imaginar mucho.

-Deje de creer que es usted más puro que yo. Recuerde que sé las cosas que está haciendo.- escupió Sinedd.

-Ambos somos retorcidos, no cabe duda. Y permíteme señalar que no dudaste ni un instante en tomar ese dinero según tú tan cubierto de sangre.- el hombre se incorporó. – No sé a qué has venido, pero si quieres chantajearme para sacarme otro mísero céntimo recuerda que ambos tenemos cosas que perder.

Sus voces hacían eco en la enorme estancia de techos catedralicios y suelo de mármol. Toda una fachada de opulencia y lujo concebida para mostrar la grandeza de su dueño. Ese que observaba al chico de ojos de brea plantado a metros de distancia.

-Descuide, soy una tumba.- repuso Sinedd con tono sardónico. – Me ha traído aquí mera curiosidad.

-No es este buen lugar para curiosos.- Lord Primus frunció ligeramente el ceño. Sinedd se encogió de hombros.

-Oiga, es gracias a mí que D'Jok vino corriendo hacia usted como las moscas a la miel. Creo que tengo derecho a saber ciertas cosas. Como por ejemplo, qué le ha hecho exactamente.

Para su sorpresa, el magnate simplemente se echó a reír. Comenzó con una risa suave, como un estertor, que creció de intensidad hasta sacudir con fuertes carcajadas su enorme cuerpo.

-No me digas que te has vuelto un sensible, Sinedd.- logró articular tras sofocar la risa. - ¿Tienes miedo de lo que le haya podido hacer a tu viejo amiguito? Pues no te preocupes, está sano, salvo y entre algodones.

Sinedd apretó los dientes.

-No me importa lo más mínimo lo que le ocurra a ese desgraciado. Pero todo el mundo hace preguntas. Y he visto a sus jugadoras.- sus ojos se mostraban turbios. – No son normales.

Miró con cautela al hombre, repentinamente serio, aproximarse hacia él. Y tuvo que esforzarse por no encogerse cuando puso una mano sobre su hombro. Ni cuando se aproximó para susurrarle.

-Eso es porque no son humanas, mi querido niño.

[-Estábamos completamente hechos trizas y nuestra relación parecía hacer aguas por todos lados en cada una de estas fotos, pero eso no se ve. No es lo que interesaba a la prensa. No es lo que vendía. En eso consistió nuestra relación, Tia. En fingir que éramos la pareja perfecta, que nos odiábamos cada día un poco más.

Suspiró y cerró los ojos.

-¿Entiendes ahora qué es lo que veo en tí que nunca vi en ella?- tragó saliva. – No quiero que lo que hay entre tú y yo se sepa, no quiero más farsas, más negocios.]

Cables, monitores, pantallas. Todo a su alrededor revelaba un alma robótica, mecánica.

-Mira aquí.

El chico, algo dudoso, le siguió. Inclinado sobre el teclado, pudo ver el contenido del holoentrenador. Cinco mujeres fuertes que corrían sobre el terreno de juego haciendo del balón entre sus pies apenas un espejismo. Músculos hercúleos. Cuerpos diseñados para ganar. Mentes preparadas para no aceptar la derrota. Sedientas de victoria a cualquier precio, porque para eso las habían preparado. Y D'Jok supervisándolas con el ceño fruncido, ataviado en un traje rojo. Rojo. Su color. El color favorito de la chica a la que amaba. Esa en la que ya no podía pensar más.

-¿Las ves? ¿Lo entiendes ahora?- masculló el hombre al joven que se encontraba a su lado. Con el mismo tono de voz con el que presentaría el mayor de sus tesoros. – Son cyborgs.