No tengo mucho tiempo para hacer una nota de autora extensa. Acabo de terminar este capítulo, que me ha ocupado treinta páginas, así que más vale que os guste ;). Muchas gracias a mi fiel Niove por el comentario en el penúltimo chapter y a Vlad, ¡bienvenida! Siempre es genial tener nuevxs lectorxs.

No obstante, me desanima ligeramente ver la escasez de reviews. Vosotros, los lectores, sois la única razón por la que sigo con el fic, por tanto solo puedo interpretar la ausencia de comentarios como falta de interés por el mismo. Por tanto, me negaré a escribir nuevos capítulos hasta que no vea que al menos una persona ha comentado.

¡Que lo disfrutéis!

Me moriré de ganas de decirte

que te voy a echar de menos.

[De modo que se lo contó. Que él siempre había sido extremadamente consciente de que Tia era una chica, e incluso cuando era sencillamente una compañera, la novia de Rocket, la mejor amiga de Mei, D'Jok ya sabía que Tia tenía la piel suave y guardaba un tesoro bajo ésta.

Tenían dieciséis años y al reencontrarse aquella mañana memorable en la playa después de casi un año sin verla fue cuando D'Jok supo que Tia en realidad no era una niña ni mucho menos un chico, y vio cómo Rocket también lo sabía, justo como aquella noche en la que ella se deslizó dentro de aquel vestido sólo para él y D'Jok tuvo que recordarse a sí mismo quiénes eran.

Pero cuando Mei se deslizaba entre sus sábanas ya no veía a Mei, ya no eran las piernas de su novia las que se abrían como un paraíso y ya no era en su novia en quien se hundía, porque la chica que él veía tenía el pelo blanco, del color de la nieve de su hogar, y los ojos como un oasis en medio. Tenía pecas en los hombros y un lunar en el escote que causaba vértigo al insinuarse en el borde de las camisas. Las cosas no volvieron a ser iguales. Nunca más. Y ahí fue cuando empezó a odiar a Rocket porque tenía cosas que él jamás tendría. Por eso cuando él se marchó pensaba que estallaría de júbilo, pero al ver el sufrimiento que le suponía a la chica a la que él siempre había anhelado hizo de tripas corazón y removió cielo y tierra para traerle de vuelta. A pesar de su propio dolor. Sólo para hacerla feliz.]

Se detuvo en seco mientras las figuras pasaban a toda velocidad junto a él. Cerró con fuerza los ojos, tratando de recuperar el control. Todo a su alrededor daba vueltas y el mundo se convertía en una espiral difusa.

-¿D'Jok?

Otra vez esas imágenes. Otra vez esos pensamientos recurrentes que no había erradicado aún del todo y que le asaltaban raramente, pero siempre cuando menos lo esperaba.

-Capitán. ¿Qué pasa?

Nikki se acercaba a él con gesto molesto, todas sus compañeras observándole detrás. Eran exigentes al extremo y no toleraban ni un instante de debilidad, como él, por eso D'Jok se había acostumbrado a disimular aquellos ataques repentinos.

No podía permitírselos. No estaban bien. No estaban bien.

-Nada. No pasa nada. – tomó aire. Las chicas le miraron algo dudosas, pero la actitud desafiante desapareció de sus caras. – Vamos, volved al entrenamiento. Podéis hacerlo aún mejor.

Su tono de voz fue cortante. Trotó hacia el centro del terreno de juego, listo para sacar de medio campo. Los holojugadores de los Snow Kids se materializaron frente a ellos, pero D'Jok no reaccionó en absoluto. Aquellas personas no representaban nada para él.

El balón salió disparado y el chico saltó tras él con todas sus fuerzas, poderoso y ágil como nunca antes lo había sido.

Una única frase se repetía en su cabeza, sin que tuviera que conjurarla siquiera. Sólo importa el fútbol. Sólo el fútbol.

[-¿Qué? Las chicas inteligentes sois preciosas.

Ella se mordió el labio, cohibida en medio del caos, con papeles alrededor y por el suelo, el pelo recogido y una sudadera de D'Jok.

El primer copo golpeó el cristal.

-En cambio los chicos guapos sois insoportables.

Él acercándose a besarla. La carne de gallina, y ya no por el frío. Había comenzado a nevar.

-Y eso te encanta.- un susurro y un pequeño beso. Dentro de ese caos, su propio orden, comprensible sólo para ellos. Un orden compuesto por las maravillas de lo cotidiano, como una rutina y dos vidas amoldadas la una para la otra. Dos personas que aprendían a conocer al otro y sus pequeñas manías, como la costumbre de Tia de dejar los cajones a medio cerrar y las puertas abiertas, su humor terrible al despertar, o la manera de D'Jok de arrojar la ropa al lugar más recóndito al quitársela – sea un abrigo, sea una chaqueta – y de hablar del destino como algo grandioso. Una cicatriz en el vientre por una caída, el gracioso trazo de unos lunares en la espalda, todas las historias de detrás.]

Bajó las escaleras arrastrando el ánimo y con el sueño aún enredado en los ojos. Iba en pijama y estaba algo despeinada – lo normal en ella, que nunca había tenido buen amanecer. Por eso, los gritos cuando entró en la cocina hicieron que instintivamente frunciera el ceño y se tapara los oídos.

-¡FELICIDADES!

-¡FELIZ CUMPLEAÑOS, TIA!

-¡FELICES 19!

Todos sus amigos estaban ya abajo, reunidos en torno al desayuno, y prácticamente se abalanzaron sobre ella sin la más mínima intención de dejarla escapar.

-Eh, eh, eh. Os lo agradezco, pero, ¿es necesario gritar tanto?- entrecerró los ojos presa de la confusión.

-Cuanto más vieja más gruñona.- se burló Mark rodeándola con el brazo.

-Y más canosa.- Thran le revolvió el pelo, haciendo que la chica le golpeara en las costillas juguetonamente. - ¿No le veis el pelo más blanco que de costumbre?

-¿Pensáis acosarme todo el día?- Tia sonrió y se sentó donde Tristan le ofrecía.

-Para eso están los cumpleaños, amiga.- puntualizó Ahito mientras se servía café. Los demás volvieron a ocupar sus sitios en la mesa, excepto Ane, que asomó repentinamente por encima del hombro de su amiga causando que esta diera un respingo.

-Bueno, al fin nos has alcanzado a todos en edad. ¿Qué se siente?

-Espero que no el mismo desconsuelo que Micro-ice el mes pasado cuando llegó a los diecinueve y se dio cuenta de que su edad de dar el estirón ya había pasado.- bromeó Ahito.

-Y la edad de dormir todo el día pasó hace dieciocho años y no te lo recordamos diariamente.- Mice le apuntó con el dedo antes de meterse un croissant en la boca.

-En realidad me siento exactamente igual que anoche.- Tia untó mantequilla en su tostada. – Aunque con más ganas de trabajar. Creo que hoy voy a sugerirle a Aarch programar un entrenamiento intensivo…

No pudo finalizar, ya que un abucheo general se extendió entre sus compañeros, e incluso una magdalena lanzada con considerable fuerza pasó rodándole la oreja. Ella alzó las manos en señal de paz.

-Perdón, perdón… Todos los días lo mismo.

-El plan de hoy, permíteme decirte, corre a nuestra cuenta. Así que por una vez limítate a obedecer. No queremos que entres en el límite de la veintena sudorosa, en chándal y con unas agujetas de campeonato.

-Básicamente haciendo lo que haces un día normal.- intervino Mice, a lo que la chica respondió con una mirada fulminante.

-Me dejo en vuestras manos… Excepto en las de ese canijo del diablo.- señaló a su amigo. -Te tengo fichado.

El moreno esbozó una sonrisa inocente con la boca llena hasta los topes.

[Desde que llegaron a Paradisia D'Jok y ella no habían estado en ningún momento a solas. Empezaba a echarle de menos. Alzó la mirada y captó sus ojos clavados en ella, y supo que él pensaba exactamente lo mismo. El chico estiró la pierna y le rozó el tobillo. Tia sintió como si una corriente eléctrica se extendiera por todo su cuerpo. Llevaba días sin tocarla así. Ella le imitó y, armándose se valor, recorrió con su pie la pierna de D'Jok hasta la rodilla. Vio sus manos temblar y supo que él también sentía esa descarga.]

-¡Venga, Micro-ice, una última vuelta!- exclamó Aarch a su jugador. El pobre prácticamente se arrastraba por el campo.

-Pero entrenador… Si ya ni siquiera veo por donde corro…- aspiró aire penosamente. Sus amigos, sentados junto a la portería, se echaron a reír.

-Eres veloz pero poco resistente, lo cual disminuye tu rendimiento y puede resultar un importante lastre a largo plazo.- observó Artegor contemplando las gráficas en su ordenador.

-¡Le voy a decir yo lo que es un lastre…!- Micro-ice alzó el dedo acusadoramente.

-Te quedan sólo cien metros, no malgastes tus fuerzas en hablar.- le animó Tia a voces. – Muy bien, eso es.

El chico finalmente llegó hasta ellos y se desplomó en el suelo.

-Recupera energías ayudando a Ahito a hacer trabajo de fuerza.- le ordenó Aarch.

-¿Puede ser mi saco de boxeo?- al portero se le iluminaron los ojos.

-No te emociones. Que te sujete las piernas mientras haces abdominales. Quiero diez series de treinta segundos cada una, con diez segundos de recuperación. – Aarch repartió órdenes. - Thran y Ane, regates. Tenéis que conducir el balón a través de los conos que hay frente a la otra portería. Tristan, tiros a puerta alternando la diestra y la zurda. Quiero veinte tiros con cada pie, alternativamente. Mark y Tia, vosotros deberíais trabajar la velocidad. Carrera a máxima intensidad de banda a banda. Doce vueltas. ¡Ya!

Aarch observó a sus jugadores. Si hace un mes le hubieran dicho que iban a llegar tan lejos en el Torneo, jamás lo hubiera creído. En un equipo que había tenido que lidiar con la marcha de otros tres jugadores en un año, la renuncia de D'Jok, al que siempre habían considerado el pilar fundamental, resultó devastadora. Artegor siempre había tratado de animarles haciéndoles ver que a lo largo de su carrera iban a tener que enfrentarse mil veces a situaciones semejantes. En todos los clubes jugadores iban y venían cada año. Pero Aarch sabía que para sus chicos no era lo mismo. Ellos eran, ante todo, amigos, algunos incluso desde la infancia. Habían entrado a aquel mundo juntos, habían crecido al mismo compás y no concebían siquiera la posibilidad de que algún día dejara de ser así. Les miraba reír, discutir, tomarse el pelo, charlar animadamente a la hora de la comida, sentarse familiarmente frente al televisor. Les había visto reconciliarse y enamorarse también, había observado silenciosamente intercambios de mirada y roces y había sonreído para sus adentros.

Y ahí estaban, llenos de vitalidad y de fuerza, después de haber tropezado, pero puestos en pie, como siempre. Sin lamentarse los golpes coleccionados a lo largo del camino.

-Aarch.

El entrenador sacudió la cabeza y miró a Artegor junto a él.

-Ya han terminado. ¿Ahora qué? ¿Un partido normal?

-Sí.- el hombre asintió despacio, reorganizando su mente. – Clamp, los Wambas.

-Marchando una de Wambas.

[Una vez más, D'Jok la maravillaba al descubrir aún algo más, otro pequeño detalle como un tesoro, como si nunca fuera a parar de sorprenderla. Nunca había conocido ternura en él, aunque sabía que estaba ahí, y sinceramente, le gustaba. Le gustaba mucho. Porque debajo de toda su fuerza, toda su rabia y toda su arrogancia, Tia había descubierto una amabilidad inimaginable, una generosidad, un modo de preocuparse por el resto que era apenas apreciable a simple vista. Y eso casi la inquietaba. Porque rompía cualquier concepción sobre él que hubiera podido formarse, la del verdadero D'Jok. Pero, sinceramente, ¿cuál era el verdadero D'Jok? Quizás no fuera un simple niño prepotente, sino un chico que encontraba una fortaleza inmensa en su propia flaqueza, un chico profundo como el mar, doloroso y apasionado a la vez, que la miraba con una intensidad que la hacía marearse. Un chico obsesionado por ganar, y, como Sinedd, lleno de recodos y sitios oscuros, pero también un chico que se vertía en sonrisas por una niña de siete años o que siempre encontraba el modo de cuidar de sus amigos.]

-¡Tres a uno! ¡Espectacular!- Aarch aplaudió a sus jugadores cuando estos se materializaron de nuevo en la sala. – Bien, chicos, reponeos.

-¿Has visto menudo gol de chilena?- Mark alzó los dedos en señal de victoria a Tristan mientras se sentaban en las gradas.

-Pero sólo gracias a una buena asistencia.- Thran intervino.

-Todos lo habéis hecho fenomenal. Ahora escuchad.- habló Artegor. – Vuestra evolución en el último mes ha sido más que satisfactoria. Nos hemos dedicado más al desarrollo físico que táctico con vistas a adaptaros a un nuevo esquema de juego. ¿Aarch?

El entrenador apretó un botón de su ordenador y una pantalla apareció frente a los jugadores. Se posicionó delante de esta, en la que aparecía recreado un campo de juego.

-Hasta ahora nuestro juego había buscado reforzar la defensa desde atrás y buscar el contraataque rápido con Micro-ice de puntero y un potente ariete. Dado que contamos con tres delanteros natos y una centrocampista con papel creativo pero vocación goleadora, y que hemos perdido la rapidez en el gol de D'Jok, trabajaremos desde el mediocampo en adelante. La defensa quedará relegada puramente en Thran y Ane y, en última instancia, en Ahito. Es un sistema de juego arriesgado que confía en la capacidad de interceptar al rival desde arriba y que fortalece las posiciones ofensivas en detrimento de las defensivas, pero nuestro objetivo será trabajar lo más adelantados posible, sin dar campo al otro equipo para que avance y manteniendo el balón tanto como sea posible. Así pues, Thran ejercerá de defensa central. Debes moverte por la cancha evitando los espacios entre líneas. Tu papel es interceptar las jugadas más impredecibles. Ane estará algo más adelantada y presionará al oponente que llegue atacando. Quiero ver pases rápidos, de banda a banda. Tia cambia a volante de creación; tendrás que moverte por todo el centro del campo, de extremo a extremo. Tienes que organizar el juego, coordinando el ataque y dirigiendo las acciones estratégicas. Defensivamente, marca y anticipa, y en el ataque aprovecha los huecos libres. Tristan trabajará estrechamente contigo, pues pretendo hacer de él un falso medio, ya que sé que está más acostumbrado al ataque. Deberéis coordinaros y moveros lo más versátilmente que podáis. Quiero que distribuyas el juego aéreo, tirando a portería desde la altura. Micro-ice continúa también como puntero. Debes darle velocidad y control al balón y moverte desde la banda hacia el arco en diagonal. Quiero ver habilidad, creatividad y, sobre todo, movilidad. Mark será nuestro alero. Desplázate pegado a la banda avanzando por ahí hasta el final de la cancha. Dispara a puerta en cuanto tengas oportunidad y manda centros a Tristan, Micro-ice y Tia cuando el gol les sea posible. Y Tristan, como ya he indicado, será un falso medio; te necesito como mediapunta, en el papel que antes ejercía Tia. Juega conteniendo y creando, aportando potencia al balón y usa tu visión de juego para marcar el ritmo en el contraataque. ¿Ha quedado claro?

Sus jugadores asintieron a toda velocidad, algo abrumados por la carga de información técnica.

-Así me gusta. ¡Go, Snow, go!

[-No aguantaré mucho más sin estar contigo.- su tono de voz se volvió serio, bajó, se convirtió en un murmullo, como el de una ola que rompe en la orilla.

Tia tragó saliva. Y cedió también.

-Supongo que ya somos dos.- tomó la cerveza, sintiendo sus dedos rozarse, calor sobre el frío cristal húmedo y una explosión que nacía allí donde sus yemas se tocaban. – Por nosotros, D'Jok.

Brindaron. Mirándose a los ojos.

Dos personas que se suponía que no debían estar enamoradas. Pero lo estaban.]

Aquellas cuatro paredes le asfixiaban.

Una luz mortecina se colaba por un diminuto tragaluz que le impedía divisar el cielo y que sólo le servía para diferenciar los días de las noches. Ya había perdido la cuenta de cuánto tiempo llevaba allí. Un mes, más quizás.

La celda se alta seguridad hacía honor a su nombre y se había convertido más bien en un entierro en vida. Las paredes de metal conferían a la estancia el aspecto de una caja fuerte.

Tres veces al día, puntualmente, la puerta se abría y un hombre escoltado por dos robots que le encañonaban depositaba la comida en el suelo. Antes le pedían que se apartara hacia el otro extremo de la habitación, amenazando con dispararle si se acercaba. Sonny no pensaba hacerlo, igual que hacía tiempo que había desistido en buscar escapatoria. Sólo podía confiar en sus hombres. Si estos no conseguían sacarle de allí antes del juicio que se celebraría en apenas cuatro semanas, tendría que asumir que sus días de vida estaban contados. Pero él no temía a la muerte.

Lo único que lamentaría de morirse sería llevarse la verdad consigo. En todo el tiempo de su encierro, creía haber logrado atar bastantes cabos respecto a los acontecimientos que rodeaban el Torneo de Paradisia y su propia detención, que no consideraba aislados. Sin embargo él ya poco podía hacer. El abogado que le había sido asignado y que pasó a visitarle el día anterior para preparar su defensa estaba comprado. Sonny Blackbones no iba a tener un juicio justo. La sentencia estaba firmada de antemano.

Pero aquel hombre trajeado y corrompido no había sido su único visitante. Un par de días atrás, tuvo el enorme privilegio de recibir a un fantasma de su pasado.

Magnus Blade.

Habría reconocido ese rostro y esa voz entre mil y Sonny sabía quién se ocultaba tras la figura de Lord Primus. Su viejo amigo, consciente de que el preso ya no podría contárselo a nadie, se dejó caer por allí con una sonrisa de triunfo imposible de esconder. Encontró un placer supremo en contarle a Sonny cómo se había convertido en uno de los hombres más ricos de la galaxia, el que tenía la vida del pirata más buscado de todos los tiempos en sus manos. Muchos hechos le fueron revelados aquel amanecer a Blackbones y muchas otras conclusiones pudo extraer por sí mismo. Además, Blade tuvo la consideración de hacerle llegar dos noticias.

La primera, los demás piratas detenidos en la misma redada que Sonny habían sido absueltos. No existía ningún documento de identidad que sirviera para identificarlos ni aparecían en los registros policiales. A Magnus no pareció afectarle, a él sólo le interesaba uno. Sonny, en cambio, respiró aliviado. Probablemente sus camaradas estuvieran ya a salvo en Shiloh. Seguramente Corso y todos los demás se habían apresurado en hackear los sistemas de las fuerzas de defensa y eliminar cualquier rastro de sus compañeros, de manera que no fuera posible identificarlos ni inculparlos de nada más que de viajar en la misma nave que Blackbones, prueba (por desgracia para Technoid) por demás insuficiente.

No obstante, fue la otra noticia la que hizo saltar las alarmas de Sonny. Lord Primus le comunicó con satisfacción que su querido hijo, D'Jok, había abandonado a los Snow Kids y estaba ahora bajo su protección como capitán del Equipo Paradisia.

Grandes temores asaltaron al pirata por lo que pudiera pasarle a su hijo. Fuera lo que fuera, él no podía hacer nada.

La impotencia le estaba destrozando.

[-Tú y yo solemos ser amigos también, ¿recuerdas? Dos amigos que a veces chocan demasiado, que no son perfectos y que se equivocan el uno con el otro, pero que se necesitan.- Tia vaciló un instante. – Al menos yo lo hago, porque me he dado cuenta de que somos ese tipo de personas que funcionan mejor cuando están juntas, sea del modo que sea, e incluso cuando una en ocasiones detesta a la otra, cuando su relación es tirante, o cuando empiezan a besarse por los rincones. No puedo explicarlo, sólo puedo sentirlo. Quizás tengas razón y no te soporte mucho e incluso seamos incapaces de tener una amistad normal, pero funciono mejor cuando estás cerca.

Se quedó callada, sin saber de dónde había salido todo eso. Era consciente de esa especie de conexión que había entre ambos, todos los demás también lo eran, Aarch lo era, les veía trabajar juntos en el campo y se daba cuenta de lo increíblemente bien que se complementaban, y quizás era eso lo que hacía que a pesar de aborrecer absolutamente todo de él fuera incapaz de resistir el impulso de buscar su boca. Y D'Jok, de alguna manera, también lo sentía.

-Vale.- dijo, finalmente. – Tienes razón. Sí, tienes razón. Y se supone que esta noche debería ser para que yo pudiera estar contigo y dejar salir esa estúpida necesidad que tengo de ti incluso cuando pienso que a veces eres increíblemente repelente y exasperante.- Tia abrió la boca para quejarse, pero no la dejó. – Así que si, en conclusión, estamos mejor cuando estamos juntos, cuando nos tocamos, déjame que te compense. ¿Quieres? Vamos a olvidarnos de todos por una vez, porque cuando estoy contigo es el único momento en el que puedo olvidarme de lo demás. ¿De acuerdo?]

El cabello mojado le goteaba por la espalda, dejando un surco en la blusa azul que aún estaba tibia de la plancha y olía a suavizante, a casa. Tia siempre conservaría esa manía de asociar sensaciones con momentos y lugares, de una manera casi inexplicable. Una pompa de chicle conservaba la esencia de Yuki. Un árbol sin hojas le recordaba a Akillian. El barro en los zapatos, ella jugando de niña en el jardín mientras Stella la perseguía para obligarla a tomar su lección de piano. Y el fuego, el fuego de una llama, de una hoguera, de una chimenea encendida, de un cigarro… todo eso era él.

[La mirada de D'Jok cuando se giró a mirarla acalló sus dudas. Porque sus ojos tenían esa especie de sorda profundidad, de anhelo ahogado, que aparecía cada vez que él la observaba, que le daba un poco de miedo, porque era D'Jok y era tan intenso como una estrella.

Se mordió el labio, aproximándose, y D'Jok se sintió naufragar en su clavícula, en las pecas invisibles de sus hombros, en los tirantes que se perdían agua adentro y en la imagen de su cuerpo distorsionado.

-Ven aquí.- dijo con voz ronca. Atrapó sus manos bajo el agua y la atrajo hacia él.

Si tuviera que recordar cuándo se había sentido así, sin duda le costaría. Era un deseo tan fuerte como las otras veces que había estado con él, pero en ese momento era incluso más poderoso, doloroso casi, quemándola por dentro. Los dos podían sentirlo. Esa sed implacable de más, ese delirio febril.]

Suspiró, preguntándose en qué momento de su vida se había vuelto tan nostálgica. Entonces, el sonido de la puerta del baño abriéndose la sobresaltó y se giró rápidamente en la silla de su escritorio a tiempo de ver a Thran salir de este para dirigirse a su cuarto.

-¡Thran! ¡Ven, te necesito!

El chico se detuvo y dio unos pasos atrás para mirar a Tia a través del marco de su puerta abierta.

-Tia, sólo he estado quince minutos en el baño, no habrás tenido tiempo a echarme de menos.

-Idiota. Ven aquí, por favor. Y cierra la puerta.

El defensa arqueó las cejas pero obedeció, sin eliminar cierto escepticismo de su rostro.

-Oye, realmente eres una chica guapa, pero no creo que sea adecuado que tú y yo…

Ella rodó los ojos.

-Los chicos de esta casa tenéis un sentido del humor taaan original que ya he perdido la capacidad de generar una respuesta ante ese tipo de insinuaciones.- le indicó con la mano que se acercara. – Pero gracias por no malgastar tu ingenio dialogando conmigo. Lo necesito para asuntos más importantes.

Cualquier otro habría bromeado o devuelto un comentario cortante, pero Thran era pragmático y eso era lo que a Tia más le gustaba. Iba a aquello que le interesaba y no tenía problemas en demostrarlo.

-Cuéntame.

Se aproximó y se acuclilló en el suelo a su lado, con el ceño ligeramente fruncido y cara de concentración, su cara de darle vueltas a un problema excesivamente complejo en busca de solución o de jugar con sus aparatos y la caja de herramientas. Era la persona que más intelectualmente la llenaba dentro del grupo, para qué negarlo.

-Es un tema delicado.- empezó ella con suavidad, apartándose los mechones húmedos del rostro.- Mis conocimientos de informática son más limitados que los tuyos, por eso me preguntaba si tu sabrías algo.- hizo una breve pausa en busca de las palabras exactas. - ¿Es posible averiguar… si un documento gráfico ha sido modificado?

Él no respondió. Permaneció en silencio unos instantes, mirándola fijamente a los ojos y conservando la misma expresión reflexiva. Tia le sostuvo la mirada, consciente de que en realidad no la veía, sino que su mente trabajaba tratando de encontrar la respuesta.

-Es posible.- dijo él finalmente. – No obstante, podría preguntarle a Clamp.

Ella negó.

-No. Sólo puedo meter en esto a la gente mínimamente indispensable, y sería un error garrafal inmiscuir a Clamp.- inspiró. - Cuantas menos personas haya relacionadas con Sonny en esto, mejor.

Si Thran se sorprendió, no dio grandes muestras de ello. Sencillamente alzó un poco las cejas y cambió de postura, hincando una rodilla en el suelo.

-¿Sonny Blackbones?- preguntó. - ¿Quieres saber si el vídeo emitido por Technoid en el comunicado de Maddox está manipulado?

La velocidad de su deducción fue tal que Tia vaciló un momento, pero se repuso. A fin de cuentas, era con Thran con quien estaba hablando

-Sí. Podría servir para demostrar su inocencia. En el caso de que fuera falso debería comunicárselo a las autoridades.

-¿No crees que los piratas ya lo han pensado?- inquirió el chico.

-Pero jamás podrían presentarlo como prueba.- explicó ella. – A ojos de todos, son criminales. ¿Qué credibilidad tendría Corso o Artie si enviara un informe demostrando la inocencia de Sonny? Podrían incluso rastrear la señal, localizarlos y detenerlos. Y estoy convencida de que todas las personas que puedan guardar la más mínima relación con Blackbones están siendo vigiladas, Clamp incluido. No puedo acudir a él. Pero yo… Yo soy imparcial. No tengo ningún vínculo con Sonny. Rescató a mis padres y quiero ser esta vez quien le tienda la mano a él. Nada más me ata a ese hombro.

"Salvo D'Jok", pensó. Y probablemente Thran también. Pero no dijo nada.

Su amigo sopesó unos instantes sus palabras y calibró el riesgo que entrañaban. Y quién era él para negarse a un poco de acción, aunque fuera a través de un ordenador.

-De acuerdo. Enséñame qué tienes.

[-Eh.

La chica los abrió y le miró con ojos algo temerosos, pero D'Jok se limitó a besarla de nuevo. A besarla como sólo él sabía hacer, cómo ambos merecían, deshaciéndose del resto del mundo.

Quizás pasaran horas, quizás días enteros, pero lo cierto es que ninguno se apartó y, por un lapso indefinido de tiempo, sólo importaron ellos. Ellos, sus cuerpos en el agua, sus besos y todo lo que hacían sentir.

Hasta que, finalmente, D'Jok se apartó nuevamente para mirarla. Y como tantas otras veces, se perdió en esa inmensidad. Lo susurró.

-Te quiero.

Y ella se limitó a abrazarle y a esconder la cara en su hombro. Muerta de miedo.]

-¿Qué veis?

-Shhhh.

Mark chistó con violencia a la chica, que parpadeó confundida, y se giró de vuelta al holotelevisor. Ahito dirigió una mirada fugaz a Ane.

-Noticias.- explicó llanamente.

Ella se acercó y se dejó caer en el sofá junto a Micro-ice. Los tres amigos estaban inclinados expectantes hacia la televisión. Callye Mystic, que se dirigía a la cámara, se había desplazado a lo que parecía ser la residencia de los Wambas.

"… un anuncio de última hora, según el cual los Wambas cuentan con una baja crucial. Woowamboo no podrá jugar el encuentro de mañana frente a los Snow Kids por problemas de salud. Desconocemos qué puede haberle pasado exactamente, pero se especula acerca de que el Calor de Wambas le haya causado una desafortunada indisposición justo a las puertas de los cuartos de final contra los vigentes campeones de la GFC."

-¿Woowamboo lesionado? ¡Es clave en el juego de su equipo! Sin él, tenemos una ventaja enorme.- exclamó Micro-ice.

-No lancemos campanas al vuelo. Recuerda lo que nos dijo Artegor: no hay jugadores clave. Nosotros no tenemos a D'Jok, ellos no tienen a Woowamboo.- intervino Ahito.

-Pero no tendrán tiempo para buscar a un suplente. Van a verse obligados a jugar con un clon.- Mark se cruzó de brazos ufanamente.

-Parece que por una vez la balanza de la suerte se inclina un poco a nuestro favor…- murmuró Ane, mientras que en televisión Nork y Callye empezaban a especular acerca de los resultados de los partidos del día siguiente.

"Recordamos a nuestros espectadores que se enfrentarán simultáneamente Xenons contra Shadows y Snow Kids contra Wambas. Los Snow Kids demostraron que pueden desenvolverse perfectamente en la fase de grupos pese a que muchos dudaban de su capacidad para mantener el nivel de la competición con todos los cambios que han sufrido en los últimos meses. Recordemos que su ex portera, Yuki, fichó por las Elektras para jugar la Copa Galactik Football, en suspensión indefinida, y Mei decidió con gran ambición cambiar la defensa de los de Akillian por una posición ofensiva con los Shadows de Sinedd. Mientras que la ausencia de la portera no supuso gran problema al contar con el inestimable talento de su primo Ahito, la marcha de Mei resultó un enorme quebradero de cabeza para el míster. No obstante, la nativa de Akillian Dayane parece haberse adaptado con total soltura a su puesto."

"Así es, Nork. Los chicos de Aarch ya nos habían sorprendido cuando supimos hace unos meses que Rocket, su flamante capitán, se retiraba de manera indefinida. Sin embargo el punto de inflexión fue la marcha de su delantero estrella, D'Jok, que aceptó la capitanía del potente equipo revelación de este año, el Equipo Paradisia. Esa decisión ha supuesto un verdadero antes y después para los Snow Kids, que, capitaneados por Tia, han tenido que reinventarse de arriba abajo. Desde aquí aprovechamos, por cierto, para felicitarla en su decimonoveno cumpleaños; no se pierdan el especial con sus mejores jugadas que emitiremos en este mismo canal hoy a las diez."

"Solo me queda por añadir que ya veremos si el hambre de títulos de los Snow Kids sigue sin haber sido saciada o, si por el contrario, el sueño de nuestros jóvenes de Akillian ha tocado a su fin."

-Decidme algo que no sepa.- gruñó Micro-ice. – Llevan repitiendo la misma cantinela estúpida desde tiempos inmemorables.

-Querrías decid inmemoriales.- Ahito sonrió burlón.

-Desde hace mucho y punto, ¿vale?- el moreno se cruzó de brazos con gesto digno.

-Yo me alegro de que duden de nosotros, ¿y sabéis por qué?- Mark se incorporó. – Porque podremos seguir haciendo lo mismo de siempre: callar bocas.

Y sus amigos no tuvieron nada que rebatirle.

[-Creo que deberíamos darnos un tiempo.

Una tras otra, sus palabras fueron abriendo profundos cortes en los pulmones de D'Jok. No podía ser. Ella no podía estar dejándole.

-¿Qué?- preguntó con voz ahogada. - ¿Por qué?

-Porque tú… ¡Porque me quieres!- Tia alzó los ojos. – Y tú y yo habíamos jurado no implicarnos en esto. Te dije que no quería ser tu novia, D'Jok, y tú has confundido las cosas. No puedo hacerte esto, no puedo seguir viéndote a escondidas si sé que sientes cosas que… que yo no…]

El chico de cabello de oro caminaba con celeridad por la acera. El sol apretaba con fuerza, arrancando reflejos dolorosos a la vista en las ventanas. Tristan callejeó a fin de no levantar sospechas, pero no había nadie en las calles que pudiera seguirle. La urbanización estaba aún prácticamente sin poblar.

Sabía que era extremadamente arriesgado incurrir en la zona donde se localizaba el cuartel a plena luz del día, y que Corso le reprendería. Pero la situación lo exigía.

-¡No deberías estar aquí! Te hemos dicho mil veces que…

Él esquivó al líder provisional y descendió las escaleras de metal del sótano rápidamente. La intensa luz diurna del exterior contrastaba con la luz blanquecina de aquella ratonera. Por un instante, compadeció a sus compañeros.

Por un instante.

-Traigo noticias extremadamente importantes, Corso.- su rostro mostraba urgencia. Se quitó las gafas de sol y la gorra y sacó un disco del interior de su camiseta.

-¿Qué es eso, Tristan?- inquirió Artie. El resto de sus compañeros se habían reunido en torno a él con curiosidad.

-La prueba de la inocencia de Sonny.

Estos no pudieron reprimir su sorpresa.

-¿Cómo?...- comenzó Corso mientras tomaba asiento con incredulidad.

-Tia. Con ayuda de Thran.- al ver que Bennet abría la boca, le atajó. – Sí, no deberíamos haber metido a nadie más, pero el chico ha sido de ayuda y Tia me ha jurado que no le ha contado nada. Sencillamente le ha pedido que la ayudara a demostrar que el vídeo está manipulado.

El joven se sentó y, sin pedirlo siquiera, tomó el portátil de Artie y lo encendió. Los hombres se colocaron en torno a su silla.

-¿Cómo lo han hecho?

-Tia consiguió los planos de Estadio Génesis gracias a sus padres.- Tristan insertó el disco y abrió un archivo. Los planos aparecieron instantáneamente en pantalla. – El callejón donde se produjo el altercado está aquí. – señaló el lugar exacto con el dedo. – Estas cruces representan las cámaras de vigilancia y todo el ángulo que abarcan está dibujado con una circunferencia. ¿Veis? Al comprobar el vídeo y compararlo con el plano, Tia se dio cuenta de que las imágenes estaban sacadas de las cámaras cercanas a la calle en la que tuvo lugar la explosión, pero en esa calle en concreto existía también una cámara de vigilancia cuyas imágenes, no obstante, no han sido incluidas. Alguien no quería que se viera lo que ocurrió en el callejón, cuando el gato robot produjo la explosión, y se sirvió del material que tenía para inculpar a Sonny.

-Vaya…- murmuró Tré.

-Pero hay más.- Tristan cerró el plano y abrió un nuevo documento. Al instante comenzó a reproducirse el vídeo incriminatorio que había sido emitido en televisión. – Es una grabación del original. Thran ha descompuesto el vídeo en las secuencias que lo componen. Básicamente, es como disponer un millón de fotografías sucediéndose a toda velocidad hasta producir la imagen en movimiento. Es algo complejo. En la instantánea justo anterior al momento exacto en el que se ve a Corso y Sonny salir corriendo del callejón, Thran ha extraído el mapa de nanopíxeles, que son los datos que componen nuestras imágenes digitales. Estos mapas tienen unos índices de frecuencia que nos informan sobre la crominancia, la luminiscencia... Los índices de frecuencia de un vídeo o fotografía siguen una especie de gráfica llamado sincronismo. Al comparar los índices de la secuencia que os digo, la de la huida, y la inmediatamente anterior, la última secuencia de la explosión, vemos que las gráficas son no consecutivas: es decir, siguen trazos diferentes, como si faltara un fragmento entre medias que les diera continuidad. Lo cual demuestra que algo ha sido eliminado. Y ese algo es, sin duda, la grabación correspondiente al interior de la calle donde tuvo lugar la detonación.

Tristan se giró a mirar a sus compañeros, quienes procesaban aún toda la información.

-Lo que ha hecho Thran es realmente ingenioso.- masculló Artie pensativo. – No pensaba que algo así pudiera hacerse. Tiene muchísimo sentido.

-Deberíamos fichar a esos chicos. Si algún día deciden retirarse del fútbol tienen un futuro prometedor con los piratas.- Hawkins sonrió de medio lado.

-Tia se lo hará llegar a quien sea necesario, ya lo sabéis. No obstante vendrá ella misma después del partido de mañana a ultimar detalles. – Tristan extrajo el disco y se lo entregó a Corso. – Quedáoslo. Tenemos otra copia.

Se incorporó y tomó sus cosas, listo para marcharse.

-Venid ambos mañana por la noche, pues.- ordenó Corso. – Y, Tristan… Cuídate. Y cuida de ellos.

Él clavó sus ojos de plata en el hombre y asintió una sola vez, antes de marcharse.

[-¡Entiende que el amor me aterra!

-Y aún así tú nunca vas a dejar de esperarle, ¿verdad?- D'Jok frunció el ceño. Sus ojos parecían atravesarla. Así que Tia supo que no podía mentir.

Bajó la cabeza. Para D'Jok fue bastante.

-Explícame por qué.- masculló. – Explícame cómo es posible que sigas pensando en él después de todo lo que te ha hecho. Estás enamorada de una sombra que no va a volver, que va a acabar destruyéndote. Lo que más me jode es que él sí sea digno de ti.

-No se trata de eso…

-¡Claro que es eso! ¿Y sabes qué, Tia? Este capullo tendrá mil defectos, pero cuando dice "te quiero", lo dice de verdad. - se apuntó al pecho. – Pero adelante. Sigue viviendo con tus miedos, tus complejos y tus esperas hasta que seas demasiado tarde y nos hayas jodido a todos.

Había tal odio en su mirada que Tia sintió que se hacía cada vez más y más pequeña. Notó las lágrimas agolparse en sus ojos, pero D'Jok permaneció impasible. Se había equivocado, y él ya nunca volvería a mirarla con adoración, con ese fervor absoluto que reservaba solo para ella.

Tenía razón. Les había jodido.]

-¿Vais a decirme dónde me lleváis?

El sol apretaba con fuerza a las cuatro de la tarde en Paradisia cuando los nueve jóvenes cruzaron la avenida principal. El calor acuciante había disuadido de salir a la calle a la mayoría de la población hasta al menos un par de horas más tarde, y sólo unos cuantos turistas empezaban a bajar a la playa o disfrutaban de una sobremesa larga y tendida en los restaurantes y puestos que se multiplicaban a medida que se iban acercando al centro y al paseo marítimo.

-Te hemos dicho que no.- respondió Yuki a Tia, agarrada a su brazo izquierdo. Ane la escoltaba al otro lado. La chica llevaba una venda cubriéndole los ojos, y no podía disimular su impaciencia.

-Te estamos llevando a un lugar mejor, en el que cuidarán de ti.- Micro-ice la habló como a una niña pequeña y le acarició el pelo.

-Tenía la esperanza de aguantar unos sesenta años antes de ir a parar a una residencia de ancianos.- replicó ella.

-¿Quién habla de un asilo? Te llevamos al refugio de animales.- se burló Mark, haciendo que sus compañeros se echaran a reír.

-Muy bonito, mofándoos de una pobre invidente.- protestó Tia.

-Voto por arrojarla al agua y nombrarme a mí capitán.- propuso alegremente Micro-ice. – Y mi primera medida será hacer a Yuki primera dama.

-Estaba tardando demasiado. – la pelirroja rodó los ojos.

El grupo había llegado ya a la altura del puerto, y caminaban por el suelo de piedra, entre las casetas de los pescadores. El olor a mar era más intenso allí, pero también había más actividad. En un lugar consagrado al turismo costero, el puerto se había convertido en núcleo principal de la vida, con sus calles de edificios bajos, locales comerciales, bares y, por encima de todo, el faro y el muelle.

-Ya estamos llegando.- le dijo Thran a Tia con una sonrisa, y se adelantó ligeramente al grupo extrayendo una tarjeta del bolsillo de sus bermudas. Abrió la cancela que permitía el acceso a uno de los embarcaderos, y la sostuvo para que pasaran sus compañeros.

Anduvieron unos metros más, y entonces, Ane se colocó detrás de Tia.

-¿Lista?

-Llevo lista desde hace media hora. Venga, enseñadme lo que sea ya.

-Allá vamos…- la castaña soltó la cinta que cubría los ojos de su amiga y esta cayó al suelo. Los ojos verdes de Tia se abrieron como platos.

Frente a ella se encontraba un precioso yate de unos quince metros de eslora que sus amigos habían decorado con varios globos en la barandilla de la proa y una gran pancarta que rezaba "Felices 19". La embarcación de formas curvas relucía con su blanco inmaculado bajo el sol. Tia se cubrió la boca con las manos, incapaz de dar crédito.

-Si es lo que piensas, no te lo hemos comprado.- Ahito le guiñó un ojo. – Pero creemos que no hay mejor escenario para una fiesta de cumpleaños.

-Tiene conducción automática, así que no te preocupes, no nos hemos sacado una licencia por Internet ni nada por el estilo.- Tristan sonrió.

-Y dado que eres nuestra capitana en tierra… Te toca serlo también en mar.- Ane abrió su mochila y sacó una gorra blanca de capitán, que colocó en la cabeza de Tia.

Esta seguía en silencio, sin creérselo aún. Sus amigos la miraban expectantes.

-Bueno, ¿qué? ¿Te gusta tu regalo?- aventuró Mark.

Ella le miró.

-¿Bromeas?- y giró la vista de nuevo al frente, antes de añadir en un susurro. – Como cabras. Estáis todos como verdaderas cabras.

["… La verdad ha sido destapada: lo escandaloso no es sólo que Mei mantuviera una relación con Sinedd a espaldas de D'Jok durante casi un mes cuando aún estaba con el chico, sino que además, y agárrense bien, Tia, una de las personas más importantes para nuestro futbolista, estaba al corriente tanto de la infidelidad como de los planes de Mei de abandonar a su equipo por los Shadows y jamás se lo reveló a D'Jok ni a ninguno de sus compañeros."

La imagen se cortó. Micro-ice había pulsado el botón de apagar. Pero ya no había nada que pudiera hacer.

Era demasiado tarde y ahora todos lo habían visto. Aquello que Tia tanto temía. Lo habían descubierto.

La chica no se atrevió siquiera a mirar a los demás. No se atrevió a enfrentarse a la reprobación ni la incredulidad ni la decepción en sus ojos. Durante unos instantes eternos, su mundo se vino abajo. Y D'Jok… Bueno, D'Jok también. Porque curiosamente gran parte de su mundo era él.

Hasta ese momento.]

La música ascendía al cielo de un intenso azul turquesa allí, en mitad del mar, desde donde apenas se divisaba la costa. Las tres chicas estaban recostadas en la parte frontal de la embarcación disfrutando de los rayos de sol, mientras sus compañeros compartían unas cervezas a la entrada de la cabina, desde donde Micro-ice fingía manejar el timón con la gorra que Tia le había prestado en su cargo de "segundo al mando".

-Bueno, Yuki, entonces, ¿qué tal en las Elektras?- Tia, tumbada bocabajo, se apoyó en los antebrazos para mirar a su amiga.

-Tengo que reconocer que se portan bien.- le sonrió la portera. – Son todas geniales y lo pasamos fenomenal juntas. Aunque el nivel de confianza no sea el mismo, siento que me han acogido como una más.

-¿No se hace extraño el no tener chicos en vuestra tripulación?- Ane le guiñó un ojo.

-Acostumbrada a estar rodeada de esa manada que tienes ahí y a tener a Micro-ice todo el día pegado a mi espalda, el cambio casi se agradece.

-Pobre Mice, Yuki.- se compadeció Tia. – Bebe los vientos por ti.

-Yo no necesito que beban los vientos por mí. Soy independiente y él demasiado pesado.- respondió ella con tono despreocupado. – Si en algún momento le quiero, iré yo a buscarle.

Unos metros más allá, en cambio, la conversación era bastante diferente.

-Te digo que está en el bote.- le aseguraba Micro-ice a Tristan. – Pero las chicas son así. Fingen que no les interesas para que insistas con más fervor.

-En ese caso debo decir que Yuki finge muy bien. Cuando se retire del fútbol podría dedicarse a la interpretación.

-Qué sabrás tú de mujeres.- Micro-ice le puso los ojos en blanco. – No tienes novia.

-Tú tampoco.

-¿¡Por qué solo te fijas en pequeños detalles secundarios!?

El rubio estalló en carcajadas

-Vamos, Micro-ice. Hay cientos de peces en el mar, y nosotros tenemos a dos buenos ejemplares en nuestro equipo.

Thran, Ahito y Mark, que habían estado conversando en paralelo, se giraron con evidente interés.

-¿Qué me dices de Tia? Es guapa, no del tipo espectacular, sino bonita, con un encanto propio. Es una de las mejores futbolistas de la galaxia, ocupa un puesto de poder como capitana, es amable y es increíblemente inteligente.

-Demasiado inteligente para él.- apostilló Thran con socarronería.

-Además, es demasiado inaccesible.-añadió Mark. – Después de lo de Rocket… Es como si hubiera quedado marcada.

-Y es Tia.- concluyó Ahito, pronunciando su nombre como remarcando lo evidente.

-Exacto. Es nuestra amiga desde hace años. La veo más como una hermana que como a una… chica.- zanjó Micro-ice.

Entonces, Tristan dio un codazo sutil a Mark y e intercambió una sonrisa y una mirada de complicidad antes de añadir.

-¿Y Ane?

Thran, que estaba concentrado en abrirse una cerveza, alzó la vista.

-Mmm… Ane, Ane.- Ahito miró hacia la chica con malicia, haciéndose partícipe de la jugada. – Tengo que preguntarle a sus padres como la hicieron, porque desde luego le pusieron ganas.

-Está más buena que levantarse tarde.- Micro-ice le dio una palmada en señal de camaradería y todos excepto el pálido defensa rieron por lo bajo.

-Menudas curvas, y no hablo precisamente de las del barco.- añadió Tristan. - ¿Tú qué dices, Thran?

Este balbuceó, y su rostro blanco se coloreó de rojo en las mejillas.

-Eh… Sí, es guapa. Es muy guapa.

-Creo que voy a invitarla a salir.- Mark echó toda la carne al asador. – Al fin y al cabo, no hay competencia.

-Ella no es tu estilo.- le rebatió Thran, que se había recompuesto ligeramente.

-¿No?- Mark le miró con una media sonrisa. - ¿Y cuál es su estilo?

-Chicos con otros gustos, otros intereses… Que la escuchen y de los que a su vez pueda aprender.

-Si es por eso, puedo enseñarle todo lo que quiera…

Los chicos se echaron a reír, pero Thran se dio media vuelta.

-¡Oh, por favor!

-Thran, venga, Thran…- intentó retenerle el moreno entre carcajadas. – Si quieres te lo enseño también a ti, no seas envidioso.

Pero como respuesta el chico se limitó a mostrarle un dedo en concreto de su mano.

[-¡¿Cómo coño has podido hacerme esto, Tia?!- bramó incorporándose de golpe. - ¡Yo confiaba en ti, joder! ¿Es que no he hecho suficientes cosas por ti?

-D'Jok, por favor…- rogó ella a punto de echarse a llorar.

-¡No vuelvas a dirigirme la palabra! ¡No te atrevas a mirarme siquiera ni a interponerte en mi camino, porque te destrozaré!- bramó a todo pulmón casi temblando de la rabia. Sus amigos trataban de sujetarle. - ¡Tú y yo hemos acabado para siempre!

La miró con odio una última vez y entonces se dio la vuelta y se marchó de allí como un animal herido.]

La mujer respiró hondo, inspirando el olor a limpio, ese aroma aséptico que siempre caracterizaba su lugar de trabajo. Terminó de ordenar con sumo cuidado los instrumentos quirúrgicos en su estantería antes de cerrar esta con llave y alisó el papel que cubría la camilla. En su mesa se encontraban los resultados de los análisis que les había hecho a los chicos. Por lo que revelaban las pruebas, todo parecía estar en orden.

Un suave toque en su puerta hizo que se girase hacia esta.

-Adelante.

La puerta se abrió y Aarch caminó dentro de la sala con una suave sonrisa.

-¿Todo bien, Simbai?

-Perfectamente.- ella le devolvió la sonrisa y le invitó a sentarse junto a ella en las sillas que había frente al escritorio. – Ya estaba recogiendo.

-La casa está inusualmente tranquila esta tarde, con los chicos fuera.- Aarch se recostó en el respaldo calmadamente, como si estuviera en una cafetería con una vieja amiga. – Me siento casi como un padre que espera despierto en el salón a que sus hijos vuelvan de fiesta.

-Están creciendo, y nos hacen mayores a nosotros.

Ambos rieron suavemente con complicidad, y permanecieron en silencio unos instantes, cada uno sumido en sus pensamientos.

-Se lo merecían.- murmuró el entrenador. – Han trabajado muy duro para el partido de mañana. Incluso si nos eliminan, me sentiré enormemente orgulloso de ellos.

-Irán a por todas, porque lo aprendieron de ti.- le respondió ella. – Me parece un premio lo bastante grande.

-Sin duda.

Aarch respiró hondo y por un momento pareció mucho más joven. Dame Simbai no pudo evitar pensar en aquel chico de poco más de veinte años de ojos de hielo y la piel como tostada por el sol de mil veranos. Le seguía viendo en algún lugar, pese al peso de los años, de la experiencia y de la culpa. La llama de la soberbia casi se había extinguido en él y ya solo quedaban rescoldos que de vez en cuando aún se incendiaban con un soplo de brisa. Pero ante todo era un Aarch mucho más maduro y más sabio; una curiosa dicotomía entre dos maneras de ser y de estar en el mundo, el Aarch del pasado y el del futuro, el que había sido mucho más semejante de D'Jok de lo que nunca habría querido admitir delante del chico y el que a cada día revelaba más parecidos con Rocket que su propio hermano.

-¿Qué piensas?- inquirió el hombre educadamente. Simbai prefirió no confesárselo, por lo que se encogió de hombros.

-En el Torneo.

Aarch frunció el ceño levemente.

-Artegor me dijo que querías comentarme algo.

-Así es.

Dame Simbai se incorporó y se acercó a la ventana. El sol se acercaba hacia la línea del firmamento y ardía con un color anaranjado sobre las tranquilas aguas del mar. Quedaban un par de horas para el anochecer, y aún bastantes personas poblaban la playa. Un grupo de niños corría por la orilla jugando a saltar las olas. Entonces, se giró de nuevo hacia Aarch.

-Esta mañana me llamó Tulia, la preparadora física de las Rykers. Al parecer Kernor está atravesando una extraña indisposición que desconoce cómo ha podido producirse. Lo ha consultado con varios colegas; Lèa, la especialista de los Lightnings, y el doctor Roorain, que lleva décadas trabajando con los Wambas. Ambos han tenido problemas tanto con Warren como con Woowamboo, del que supongo que ya has tenido noticias. Ninguno de ellos ha encontrado aún una respuesta al problema, solo saben que está relacionado con el fluido.

Aarch frunció el ceño.

-¿Con el fluido?- inquirió. - ¿Y sólo en casos aislados?

-Solo en casos aislados, aparentemente inconexos entre sí. Al parecer los tres jugadores han acusado un repentino y acusado agotamiento físico y fuertes vértigos, aunque más leves en el caso de Warren.

Aarch se inclinó hacia delante en la silla y apoyó los codos en las rodillas francamente consternado. Simbai sabía qué estaba pensando y le tranquilizó.

-Las pruebas que les he hecho a los chicos revelan que todo marcha perfectamente. Mantienen los mismos niveles de fluido, más potentes en los casos de Ahito y Tia, crecientes en Tristan y en Ane, al haber sido los últimos en desarrollarlo, y estables en líneas generales.

-En cualquier caso me preocupa el no saber qué ha ocasionado semejante situación.- el hombre la miró. – Imagino que tú ya tienes alguna teoría. Sabes mucho más sobre el fluido que ninguna otra persona.

Dame Simbai le sonrió con dulzura y se sentó de nuevo junto a él.

-Sobreestimas mis capacidades, Aarch. Pero, en efecto, tengo una teoría.- se giró ligeramente hacia él. - ¿Sabes qué es la resonancia?

El hombre alzó levemente las cejas en señal de ignorancia.

-Lo desconozco por completo.

-No es un fenómeno muy común, pero trataré de explicártelo sin recurrir a tecnicismos. Verás, la resonancia de produce cuando un jugador entra en contacto con un individuo que porta una cantidad de su mismo fluido, por mínimo que sea. Se produce una reacción adversa que se trata en realidad de un mecanismo de defensa al exponerse el organismo a una cantidad mayor de fluido de la que puede tolerar. ¿Me sigues?

-Creo que sí.- él puso gesto pensativo. – Entonces, de alguna manera, Kernor ha estado en contacto con algo o alguien que portaba su propio Grito metálico, así como Woowamboo con el Calor de Wambas y Warren con la Carga.

-Eso es.

-Pero, ¿cómo ha podido suceder algo así? Pensaba, a juzgar por lo que tú misma me has explicado en alguna ocasión, que cada fluido, aún siendo común a toda su especie, es diferente en cada individuo.

La mujer asintió.

-Así es. Esto implica que, si bien Thran, Ahito o Mark comparten el mismo fluido, el Espíritu, este no es el mismo para cada uno de ellos, pues está condicionado por su material genético. Son distintas réplicas de un mismo cuadro, idénticas en apariencia, pero cualitativamente diferentes.

-Entonces, ¿cómo es posible que Warren, Kernor y Woowamboo se hayan visto expuestos a su propio fluido si se supone que es único en cada uno de ellos?

Dame Simbai suspiró y se apoyó en el respaldo de la silla. Dirigió de nuevo la vista hacia la ventana, a tiempo de ver un grupo de gaviotas pasar volado.

-Eso, Aarch, es lo que intento averiguar.

[Tembló ligeramente a pesar de que un sol ardiente quemaba la ciudad. Se llevó las manos a la boca, recordando a D'Jok y sus besos, su fuego, sus manos grandes, su mirada que la atravesaba y su confianza ciega y completa en ella. El auténtico fervor con que parecía observarla a veces casi como si fuera a absorberla por sus pupilas. Su amigo, su compañero, su hermano. Su roca y su fortaleza. El que siempre estuvo.

Tomó aire y abrió los ojos. Tenía que encontrarle. No iba a quedarse de brazos cruzados, no iba a ser una niña débil y temblorosa. Iba a ser fuerte. Por él. Por el equipo.]

Las suaves ondas del mar de un color azul imposible se vieron perturbadas cuando el cuerpo cayó repentinamente, salpicando con fuerza a su alrededor. Apenas unos segundos después otros dos chicos se arrojaron al agua haciendo que esta provocara pequeñas olas que fueron a romper contra el casco del barco.

Thran, Tristan y Mark emergieron casi simultáneamente.

-¡Venga, no tengáis miedo! Nos han asegurado que bañarse aquí es completamente seguro.- exclamó el chico rubio hacia sus amigos, que se asomaban por la cubierta.

-No acabo de estar convencido…- Micro-ice sacó la cabeza por encima de la barandilla, amarrado a esta con fuerza.

-¿Qué va a atacarte? ¿Un coral?- le preguntó Ahito mientras se quitaba la camiseta, y, en un abrir y cerrar de ojos, se lanzó de cabeza al mar con un salto de deportista olímpico.

-Quién sabe qué hay en las profundidades marinas.- Mice empezó a enumerar con los dedos de las manos. – Tiburones, calamares gigantes, pulpos que os agarren las piernas con sus tentáculos, algas…

Las chicas, que estaban un poco más apartadas bailando al son de la música, se echaron a reír. Yuki soltó el vaso que llevaba en la mano y se acercó a él.

-Ven a nadar conmigo y verás que no hay nada que temer.

Tia y Ane intercambiaron una media sonrisa y Yuki tuvo que contener la risa al ver la cara de bobo que se le quedó a Micro-ice.

-Así sí que me gusta negociar.- él agarró como si le fuera la vida en ello la mano que la portera le tendía y esta soltó una carcajada.

-La próxima vez que quiera conseguir que recoja nuestro cuarto tendré que ponerme un bikini e invitarle a nadar a la luz de la luna…- murmuró Tristan, haciendo que Mark se echara a reír.

Yuki y Micro-ice se acercaron al borde del barco y ella le miró.

-¿A la de tres, de acuerdo? Cuenta tú.

Él asintió ensimismado, preparado para coger impulso.

-Una…- empezó. – Dos… Y…

-¡Ya!

Al grito de Yuki, la chica se zafó de la mano del moreno y, de una acertada patada en el trasero, Micro-ice cayó hacia delante. Braceó en el aire inútilmente en un intento de recuperar el equilibrio, pero se precipitó irremediablemente hacia el agua.

Ni que decir tiene que sus amigos estallaron instantáneamente en sonoras carcajadas. El pobre chico salió a la superficie tosiendo y frotándose los ojos, mientras Yuki se limpiaba las lágrimas de risa.

-¡Mala mujer! ¡Has jugado con mis sentimientos!

Ane se aferraba la tripa y trataba de articular palabra en vano.

-¿Has visto como… como ha caído?

Y Tia se agarraba a su brazo doblada hacia delante.

-No puede ser…

Ambas chicas estaban tan ocupadas en desternillarse que no vieron cómo Tristan y Ahito subían por la escalerilla.

-Así que os ha hecho gracia…- comenzó el primero con gesto perverso.

-¡Desafortunadamente para vosotras quien ríe el último ríe mejor!- exclamó Ahito.

Y antes de que Tia o Ane se diera cuenta, cada uno de los chicos las había cogido en brazos y había saltado al mar. Tia cogió aire con fuerza al sacar la cabeza del agua, que estaba rematadamente fría. Se echó el pelo hacia atrás mientras pataleaba contra Tristan, que la sostenía sin disimular la risa.

-¡Eres un traidor!- la chica se revolvió. - ¡Insurrección contra la capitana! ¡Esto es un motín!

Apoyó las manos sobre sus hombros morenos y, con toda la fuerza que tenía, le sumergió la cabeza para hacerle una ahogadilla. El chico trató de librarse apartándola por la cintura y el forcejeo acabó en una pelea de ahogadillas en mitad del mar como no se ha visto otra, cortesía de los Snow Kids. Uno lanzaba agua a una, una se encaramaba a la espalda de otro, otro hundía a otra.

El sol se desplazó lentamente sobre sus cabezas, mientras los siete sentían el pleno placer de estar vivos. Vivos, con una intensidad como pocas veces, gracias a momentos como aquel de juegos, risas y abrazos en el mar.

[Tia se precipitó hacia la planta inferior seguida de los demás. La imagen que se encontró fue la de cuatro hombres completamente vestidos de negro, tres de ellos sujetando a uno de sus amigos mientras el cuarto se encaminaba hacia la escalera por la que descendían apresuradamente Tia, Ahito, Mark y Tristan.

-¡Eh! ¿Qué está pasando aquí?- clamó la chica.

-¡Eso mismo quisiera yo saber!

Aarch entró en la sala flanqueado por Artegor y Clamp.

-Venimos con la orden de recoger las pertenencias de D'Jok y llevárnoslas. No pueden oponerse.- el hombre tendió un papel al entrenador, que lo leyó a toda velocidad.

-¿Qué pasa, Aarch?- Artegor miró la hoja por encima del hombro de su amigo.

Pero no hizo falta que ninguno de los hombres le respondiera. La voz de Aarch fue rotunda y cortó el aire como un cuchillo.

-Es de Lord Primus. D'Jok está en el Equipo Paradisia ahora.]

El gran hombre se dejó caer en su enorme sillón y se giró para poder mirar mejor a su acompañante. La pálida luz del atardecer que se filtraba por el ventanal remarcaba aún más los surcos de su rostro, las hondas cuencas de sus ojos, su cabello ralo enmarcándole el estrecho rostro.

-Pensé que no querría venir usted mismo a Paradisia.- Lord Primus entrelazó los dedos de las manos y le observó con atención. – Hasta ahora me he entendido bastante bien con sus delegados.

-Es cierto que intento mantenerme lo más alejado posible de las aglomeraciones. Me disgustan. Por no añadir que mi trabajo me impide ausentarme de Génesis.- el hombre dio un sorbo a su taza de té. – Pero me apetecía venir a ver por mí mismo los avances en nuestro… Proyecto.

Primus desvió levemente los ojos y miró a los dos hombres que permanecían sentados un poco más apartados de él. Ambos eran humanos de mediana edad. Los conocía porque Harris los había usado como intermediarios más de una vez. En presencia de su jefe, ninguno de los dos solía hablar o hacer el más mínimo gesto.

-Nuestros dos estadios nos permiten absorber cantidades de fluido inusitadas para producir el multifluido gracias a las instrucciones que sus hombres dan a mis robots. Pronto podremos inyectar una cantidad suficiente en el planeta como para que Paradisia comience a generarlo por sí misma.

Harris hizo una discreta mueca que el hombre interpretó como una sonrisa.

-¿Está seguro de que su Equipo podrá ganar el Torneo?

Primus frunció el ceño, ofendido. Su mayor defecto era que le cegaba la prepotencia, y Harris lo sabía. Y lo aprovechaba.

-Las chicas tienen una capacidad física que cualquier jugador envidiaría gracias a los milagros de la ingeniería, además de poseer un fluido que aúna el poder de todos los existentes. Por no mencionar al capitán, que es una verdadera máquina de ganar.

-Eso espero, que ganen. Conseguir la victoria en el Torneo es el primer paso hacia la Copa. Usted gana prestigio y publicidad para Paradisia y yo… Bueno, satisfacer mis planes propios y mi innata curiosidad científica.

Giró el rostro y se llevó la fina taza de porcelana a los labios.

-No dude que su curiosidad se verá saciada.- gruñó Lord Primus. – No me interesa qué se traiga entre manos mientras cumpla con nuestro pacto.

-Usted céntrese en hacer que su equipo gane y en seguir proporcionándome parte del multifluido generado, y yo cumpliré.

Y con un leve tintineo, depositó la taza sobre la mesa y se incorporó para marcharse. Sus esbirros se apresuraron en seguirle.

-Ah, y una cosa más.- Harris se detuvo antes de alcanzar la puerta. – Por su bien y por el mío, Blackbones debe seguir preso, o tenga por seguro que se interpondrá en nuestro camino, y es un contratiempo que me gustaría evitar. Será mucho más cómodo dejar que sea la justicia quien se manche las manos con su sangre.

No añadió nada más, ni una fórmula de despedida. El enorme portón se cerró con rotundidad, y Magnus Blade profirió un último gruñido.

[-Es ilegal, no podéis hacer esto.- replicó ella con crudeza. Les observaba con el ceño fruncido y evidente desaprobación. – No os lo voy a permitir, como capitana vuestra que soy. Y creo que no tengo que enumerar los motivos por los que está mal. ¡Por todos los cielos, estamos hablando de allanamiento de morada, podrían deteneros! ¿Acaso os habéis vuelto locos?

-Entonces según tú, ¿estamos locos por querer recuperar a nuestro amigo?- preguntó Thran con los ojos entornados por el enfado.

-¡Sí, lo estáis!- exclamó ella. - ¿Y sabes por qué? ¡Porque D'Jok no va a volver! ¡Se ha ido!

Se giró a mirarlos a todos, uno por uno, comprobando que sus palabras les golpeaban como latigazos.

-¡Se ha ido porque es su elección, y no va a volver!- apretó los puños. Si no estuviera tan frustrada probablemente ya se habría echado a llorar. – Y nosotros tenemos que seguir sin él.]

-Estoy exhausta.

Ane apoyó la cabeza en la mesa. Tenía el pelo ondulado por el agua y el sol había coloreado sus pecas con mayor intensidad.

-Dímelo a mí.- Tia se reclinó hacia detrás en su silla. Estaba completamente saciada. Tras volver de su original fiesta de cumpleaños y darse una buena ducha, había recibido otra sorpresa: Aarch, Artegor, Clamp y Dame Simbai les habían preparado una cena especial en el jardín con tarta incluida. Los adultos empezaban a recoger sus platos, pero tanto ella como sus compañeros estaban demasiado llenos y agotados como para moverse.

-Mejor, así esta noche dormiréis a pierna suelta y descansaréis con vistas al partido de mañana.- Dame Simbai sonrió suavemente. – Ahito, ven después a que te de una crema para las quemaduras del sol, ¿de acuerdo?

-En cuanto pueda levantarme.- suspiró él. – Muchas gracias, Dame Simbai.

-Y gracias también de mi parte por lo de hoy. A todos.- Tia miró a aquellos maravillosos seres humanos que la rodeaban. Era increíble pensar en lo que se había convertido su vida en los últimos años. Aún cuando encontraba huecos vacíos en sillas que deberían seguir ocupadas, no podía más que sentirse agradecida por poder contar con su pequeña familia. Con sus virtudes y sus defectos, en las buenas y en las malas, y tan diferentes como podían llegar a ser entre ellos, le habían dado motivos para seguir luchando día a día y poner los pies en el suelo cada mañana. Y no había oro que pudiera pagar algo tan grande. Porque por fin ella, que tan incomprendida se había sentido toda su vida, había encontrado su hogar, el lugar en el que encajaba. Al que pertenecía.

-No las des, Tia.- Aarch le puso una mano en el hombro. – Eso es lo que hacemos los unos por los otros, ¿verdad?

Y se giró para llevar los platos a la cocina, pero dejó a su jugadora tocada por la profundidad de aquellas palabras. Sí. Eso es lo que ellos hacían. Cuidarse.

Una vez hubieron recogido la mesa, el grupo de amigos bajó las escaleras de piedra que llevaban desde el porche hasta la piscina y se sentaron a tomar el fresco. Tia apoyó la espalda en la pared e inspiró la brisa de la anoche. Escuchaba la conversación de Thran y Ahito, en el suelo junto a ella, participando de vez en cuando con comentarios sueltos. Pero la mayor parte del tiempo permaneció en silencio mientras observaba a Ane trazar círculos con las piernas en el agua y a Tristan y Mark acechar pequeñas luciérnagas. Y repentinamente le golpeó la certeza.

-¿Y Mice?

Los gemelos se miraron entre sí y Tristan alzó la vista y echó un vistazo alrededor. Ane, también sorprendida, se incorporó.

-Quizás se haya ido a dormir.- aventuró la castaña con tono dudoso, pero Tristan frunció el ceño.

-No me había dado cuenta de que se hubiera ido.- murmuró.

-Ni tú ni ninguno.- Thran le respondió con tono culpable.

Tia se puso de pie y se sacudió la parte de atrás del pantalón.

-Subiré a ver dónde anda, no os preocupéis.- y dio media vuelta y caminó hacia el interior de la casa. Echó un vistazo al salón y al baño de la planta baja, incluso a la cocina, pero su pequeño amigo no aparecía por allí. Subió las escaleras hacia las habitaciones algo contrariada.

Lo cierto es que había notado a Micro-ice inusualmente callado durante la cena, pero lo había achacado al cansancio físico. Y sin embargo, no podía quitarse de encima la sensación de tener motivos para preocuparse.

Se aproximó a la puerta del cuarto que el chico compartía con Tristan y la madera crujió bajo sus pies. Golpeó suavemente la superficie con los nudillos.

-¿Micro-ice? ¿Puedo pasar?

No obtuvo respuesta durante unos segundos. Pero finalmente la voz de su amigo le llegó ahogada desde el otro lado.

-Entra.

De modo que Tia no dudó en abrir y pasar a la habitación iluminada por la luz cálida de la lámpara de techo. Mice estaba sentado con la camiseta y el pantalón corto del pijama en la cama del fondo, la que pegaba justo a la ventana. La que ahora ya no ocupaba nadie. Miraba en la holotelevisión del rincón un programa de humor, pero tenía el volumen al mínimo y en su expresión no aparecía ni la más leve sonrisa. Más bien al contrario.

-Nos preguntábamos dónde estabas.- dijo la chica suavemente mientras se acercaba a él. Se sentó a su lado en del borde del colchón, dándole la espalda al televisor. Su amigo no la miró, sino que siguió con la espalda apoyada en la almohada doblada y las piernas flexionadas.

-Ya me has encontrado.- respondió con tono impersonal.

Tia suspiró.

-Mice.- susurró apenas. - ¿Qué pasa?

-Nada.- él seguía sin mirarla. De manera que Tia cogió el mando que reposaba junto a su cadera y apagó el programa.

-¡Eh!- protestó Micro-ice sin mucha fuerza, pero al fin había vuelto los ojos hacia ella.

-No me digas que no te pasa nada cuando eres uno de mis mejores amigos desde hace años y te conozco desde el dedo gordo del pie hasta esos pelos de la coronilla que llevas de punta siempre que te levantas de la cama por las mañanas.- Tia habló con rotundidad. - No puedes decirme que todo va bien mientras pones la expresión más triste que he visto en tu cara en años, y es como ver llorar a la mismísima alegría personificada. No voy a permitir que te sientes aquí como si el mundo se te hubiera caído encima a trozos si está en mi mano la posibilidad de ayudarte, por mínima que sea. De modo que esta vez no es una pregunta, es una orden. Dime qué te pasa.

Micro-ice apretó los labios y bajó la vista. Miró sus propias manos apoyadas en la sábana blanca, trazando pequeñas arrugas con su peso. Y respondió en voz tan baja que Tia tuvo que deducir más que escuchar lo que salió de su boca.

-Que le echo de menos.

Así, tal cual. Tia sintió como si te repente alguien dejara caer bloques de piedra sobre su espalda. Porque por primera vez había sido pronunciada la constatación del hecho; que D'Jok no estaba, y que todos ellos habían tenido que fingir que no pasaba nada y seguir adelante. Ella había tenido que lidiar con su propia desesperación y tragársela de golpe y sin anestesia, y había sido egoísta hasta el punto de no darse cuenta de que no era la única que había sufrido la realidad de su pérdida. Porque a Tia se le había ido su D'Jok, pero Micro-ice había perdido a un hermano.

-Es como si hubiera un hueco constante, un agujero. Aquí.- Micro-ice palmeó la cama bajo ellos. Tenía la voz ahogada. – Y soy consciente de él a cada momento, pero hoy, cuando estábamos todos juntos… Me ha faltado más que nunca.

Tragó saliva con fuerza, esperando que Tia dijera algo. Pero la chica no parecía ser capaz. De modo que continuó hablando, aún a riesgo de no ser capaz de contener el llanto.

-Llevo semanas esperando una mísera llamada, un mensaje. Cada mañana miro mi teléfono como si cualquier día el fuera a pedirme que fuera a verle, a decirme que me echa de menos, que dónde me he metido todo este tiempo, que por qué no le fui a buscar. Ni siquiera necesito una explicación.- clavó sus ojos en los de ella con intensidad, el cielo de sus pupilas revuelto como por una maraña de preguntas sin respuesta. - Si él no puede dármela, entonces yo no la quiero. Lo único que quiero es a mi mejor amigo de vuelta.

-Yo también le quiero de vuelta, Micro-ice.- susurró Tia. Y por un momento pareció frágil y perdida como él jamás la habría imaginado.

-No lo parece. Todos vosotros seguís como si nada hubiera pasado. Parece no importaros que él se haya ido.

-Claro que nos importa.- exclamó ella, herida por su tono acusador. – Pero tenemos que seguir con nuestras vidas. Fue su decisión, no la nuestra.

-¿Pero por qué te empeñas en aferrarte a eso?- Micro-ice se echó hacia adelante y cruzó las piernas para poder inclinarse a mirarla más de cerca. – También fue la decisión de Rocket, y la decisión de Mei, y la de Yuki, pero al menos a ellos les reclamaste una explicación.

-¡Tú escuchaste a D'Jok la noche que se marchó!- Tia apretó los puños con desesperación. Notaba un enorme nudo en la garganta. - ¡Él me odia, Micro-ice! ¡Yo ya no tengo derecho a reclamarle nada!

-¡Él te quería!- exclamó el chico con vehemencia. Y Tia sintió un dolor casi físico en el pecho, un dolor que ella ya conocía bien, el de un corazón roto. El suyo había sido hecho pedazos en demasiadas ocasiones, y siempre había tenido que sacar fuerzas de flaqueza y unir los trozos por sí misma.

-Es decir.- Micro-ice suavizó un poco el tono al ver su expresión. – Todos los demás, Ahito, Thran, Mark, Ane, son sus amigos y merecen respuestas también. Pero tú… Tú tuviste algo enorme con él. Compartisteis mucho más que cualquiera de ellos.

-Todo eso se acabó.- murmuró Tia mirándose las manos.

-¿Acaso crees que no lo sé? ¿Que no me contó lo que pasó, la discusión que tuvisteis?

-Vosotros no lo entendéis.- trató de justificarse la chica.

-¿El qué no entendemos?- inquirió su amigo con tono severo.

-¡Que yo tengo miedo!- alzó la voz y se incorporó, incapaz de estar sentada por más tiempo. Gesticuló en el aire con las manos como tratando de apresar las palabras. - ¡Y esa noche, cuando él me dijo que me quería, tuve más miedo que nunca! ¡Tuve miedo al darme cuenta de que las cosas se estaban volviendo serias, tuve miedo de mis sentimientos y los suyos, tuve miedo de volver a meterme en una historia abocada al fracaso y de volver a sufrir!

Cogió aire tratando de calmarse y se cruzó de brazos, en un intento de recobrar la serenidad. Odiaba perder la compostura así, pero, por encima de todo, odiaba tener que reconocer en voz alta lo que sentía.

-Y al fin y al cabo yo tenía razón.- continuó con voz más calmada. Teñida de derrota. – Porque él se fue. Al final siempre se van. Y yo tengo que seguir adelante aterrada, preguntándome quién será el siguiente en dejarme, preguntándome qué hice mal.

-Tú no tienes la culpa.- Micro-ice se puso de pie y se acercó a ella.

-Claro que tengo la culpa. Yo tuve la culpa de que echaran a Rocket de la Copa. Yo no fui capaz de mantener a Mei con nosotros. Yo le hice daño a D'Jok, al que me ha seguido ciegamente y me ha cuidado incluso cuando no he sido capaz de corresponderle, y prácticamente le abrí la puerta para que se fuera. Y ahora ya es tarde para enmendar mi error.

-Tanto Rocket como Mei actuaron mirando por sí mismos, Tia, ¿no te das cuenta? Rocket podría haberse quedado con nosotros, pero escogió irse, y jamás se mereció todo lo que hiciste por él. Y Mei hizo lo que consideró mejor para su vida personal y profesional. Pero D'Jok… D'Jok no tomó la decisión de dejarnos de manera fría y premeditada, lo hizo de manera impulsiva, arrastrado por las circunstancias. Sabes en qué desastre se había convertido su vida estos últimos meses.

Tia agachó la cabeza y cerró los ojos.

-Ya lo sé. Y sé que jamás habría podido darle lo que él esperaba.

Micro-ice no respondió durante unos minutos. Parecía meditar acerca de algo. Giró un poco la cabeza hacia la cama en la que había estado sentados, hacia la cama de D'Jok.

-Supongo que no soy quién para hacer esto, pero hay una cosa que creo que debes tener.

Se separó de ella y se arrodilló junto a la cama, mirando debajo de esta. Tia contempló con sorpresa como buscaba algo tanteando con la mano y, finalmente, sacaba un bulto rectangular.

El chico se puso de pie sosteniendo con cuidado lo que parecía ser una caja del tamaño de un balón. Era de un tenue color verde y llevaba una etiqueta en la parte superior en la que alguien había escrito a mano "Felicidades". El trazo era apresurado, fuerte, y los rabillos de las letras sobresalían enormemente en altura. Habría reconocido esa caligrafía en cualquier parte.

-Era tu regalo de cumpleaños.- murmuró Micro-ice. Tia tomó la caja con delicadeza, conmovida.

Retiró la tapa superior con sumo cuidado. El corazón le iba a mil y le latía con fuerza contra el pecho. Trató de que no le temblaran las manos mientras buscaba entre las tiras de papel negro que llenaban el interior de la caja, protegiendo con sumo cuidado el tesoro que albergaba.

Dio con el tacto del metal y lo sostuvo entre los dedos, tirando de él. Un pequeño colgante salió arrastrando con él una cadena.

Lo observó con atención y Micro-ice se aproximó también a contemplarlo. Se trataba de un pequeño medallón de plata. Era circular y tenía una especie de dibujo grabado con finos trazos rojos. Tia lo acarició, siguiendo las líneas. Una luna y un sol formando una única circunferencia.

Si tuviera que explicar lo que sintió en ese momento, jamás habría sido capaz de ponerlo en palabras. Una conmoción honda, profunda. Dejó escapar el aire que había estado conteniendo inconscientemente.

-Lo encargó justo antes de irse y lo trajeron hace un par de semanas. Pensé en enviárselo, pero no fui capaz. Es tuyo, al fin y al cabo.- Mice se encogió de hombros.

-Muchas gracias.- Tia susurró levemente sin poder apartar los ojos del tesoro que sostenía entre sus dedos.

-Ábrelo.- Micro-ice le señaló un diminuto botoncito a un lado, apenas visible. Tia le obedeció, y el medallón se abrió como un libro.

La garganta se le secó de golpe al ver proyectarse la pequeña imagen a la altura de sus ojos, como un holograma que brotaba del interior del colgante. Una sencilla fotografía, pero al observarla con detenimiento vio que aparecía todo el equipo original sonriendo: Aarch, Simbai, Clamp, Thran, Ahito, Mei, Micro-ice, D'Jok, ella misma e incluso Rocket.

Tia sintió como se le anegaban los ojos en lágrimas. D'Jok le había hecho el regalo más grande que nadie podría darle. Le había entregado a su familia, para que ella pudiera llevarlos siempre consigo.

Sin poder controlarse se echó a llorar. Micro-ice, sorprendido por su reacción, la rodeó con sus brazos torpemente y le dio suaves palmadas en la espalda.

-Eh, eh… Oye. Tranquila.- la estrechó con fuerza escuchando sus sollozos incontrolados. La fotografía desapareció cuando la chica cerró la mano en un puño, con el colgante firmemente sujeto contra sus dedos.

-Es que… Yo…

-Shh…

-Debería habérselo dicho.- un nuevo sollozo le sacudió todo el cuerpo y aún más lágrimas empaparon sus mejillas.

-¿El qué?- Mice le acarició el pelo tratando de tranquilizarla.

Tia le abrazó con más fuerza. Como buscando un algo al que aferrarse.

-Que yo le quiero. Que todo este tiempo he estado enamorada de él.

Y fue incapaz de pronunciar ni una sola palabra más. Pero tampoco era necesario.