Perdón por el retraso y por los errores gramaticales. El poema del principio es Negra sombra, de Rosalía de Castro (quien no la conozca que lea acerca de ella, fue una mujer excepcional), y la canción Take me dancing de The Maine. Gracias, Vlad, por tu comentario y tus críticas. Te dedico este capítulo (30 páginas de word, espero que estés contenta) ;-)
Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras…
Cuando imagino que te has ido
En el mismo sol te me muestras,
Y eres la estrella que brilla,
Y eres el viento que zumba.
Si cantan, eres tú que cantas,
Si lloran
Eres tú que lloras
Y eres el murmullo del río
Y eres la noche y eres la aurora.
En todo estás y tú eres todo,
Para mí y en mí misma moras,
No me abandonarás nunca,
Sombra que siempre me asombras.
La Luna brillaba, completamente llena, sobre las aguas de Paradisia. La ciudad dormía arropada por el canto de las cigarras y el sonido del oleaje rompiendo en la orilla. La luz de las farolas amparaba a los pocos transeúntes que volvían entonces a casa, algunos de ellos tras una noche de botellas y guitarras, trazando un zigzag en el asfalto. La enorme casa de cristal y madera de los Snow Kids se encogía con la brisa, como abrazándose a sí misma, y protegía con su calor de hogar a sus inquilinos, que respiraban plácidamente enredados en sábanas blancas.
Nada parecía capaz de perturbar tanta calma. Todos descansaban… Aparentemente.
Porque entonces sucedió.
-¿¡Qué está pasando?!- Ane se incorporó súbitamente, con la melena despeinada y el rostro demudado por el pánico. Porque el planeta había comenzado a tiritar.
Tia se levantó de golpe, con el corazón desbocado, y miró a su amiga, presa del miedo. En las habitaciones contiguas podía escuchar a sus amigos proferir exclamaciones y gritos ahogados.
-¡Es un terremoto!
Efectivamente. Un violento seísmo sacudía la tierra bajo sus pies y hacía temblar muebles, lámparas, y todo cuanto encontraba.
La puerta de la habitación de las chicas se abrió de repente, y Aarch, que se anudaba la bata y trataba de disimular su miedo, las instó con gestos apresurados de la mano a ir hacia él.
-¡Rápido, colocaos bajo el marco de la puerta!
Ellas obedecieron. Ane se llevó las manos a los oídos y ambas se refugiaron a cada lado del entrenador, bajo sus brazos extendidos que parecían querer sostener la puerta. Tia echó un vistazo al pasillo y vio que sus amigos, Clamp, Artegor y Simbai habían llevado a cabo el mismo protocolo de actuación.
El ruido era ensordecedor. Bajo los asustados ojos de Tia, pequeñas motas de pintura y polvo comenzaron a caer del techo blanco y el lapicerero que reposaba sobre el escritorio se deslizó poco a poco hacia el borde y golpeó el suelo, desperdigando su contenido. Ane reprimió un chillido.
Y, súbitamente, tal y como había empezado, el temblor de tierra se detuvo. Ninguno se atrevió a moverse durante unos minutos, como si temieran que el más leve gesto pudiera desencadenar una nueva sacudida.
Finalmente fue Thran quien, con un leve susurro, preguntó:
-¿Ya?
Nadie sabía la respuesta. Aarch, que jadeaba ligeramente, trató de normalizar su respiración. Dejó caer los brazos y tragó saliva.
-Eso creo.
Y, con un tono definitivamente acusador, Micro-ice (en voz demasiado alta en opinión de los demás, pero no por ello menos acertadamente) inquirió:
-¿Qué demonios ha sido eso?
[Oh a good man said
"If you're feeling dead
you gotta try to find a way to be alive"]
Sinedd se llevó la taza de café a los labios con un gesto con el que pretendía hacer evidente su enfado. El ceño fruncido, el repiqueteo frenético de los dedos sobre la mesa, el rictus de la boca.
-Espero que haya una buena explicación para esto.
Mei le depositó las manos en los hombros y se los masajeó, tratando de ayudarle a relajar la tensión. Estaban en la cocina de su apartamento, y, como la inmensa mayoría de los ciudadanos, habían sido incapaces de pegar ojo tras el terremoto que les desveló poco antes de las seis de la mañana.
-No he pasado más miedo en mi vida.- se quejó Mei, y se inclinó hacia delante, buscando la protección y el cariño del chico. Él le sostuvo las manos, con los ojos fijos en el noticiero especial del canal seis.
"… El seísmo, de magnitud tres coma cinco, no ha causado graves daños materiales." Mei torció la boca en evidente desacuerdo, pensando en todos sus botes de pintauñas rotos contra el suelo. "Los operarios ya están trabajando para recoger los árboles derribados y despejar de este modo la autovía de circunvalación, que ha quedado cortada en el kilómetro doce. Desde el Cuerpo de Bomberos se ruega que mantengan la calma y que no obstruyan los servicios sanitarios. No hay ningún peligro, reiteran, para la seguridad de los ciudadanos, pese a lo cual algunos de los visitantes ya han comprado sus pasajes para volver a casa, causando una saturación del tráfico aéreo. No obstante, Lord Primus se ha comprometido públicamente a hacer lo posible por saldar los desperfectos y hacer que el Torneo siga adelante, comenzando por la fiesta que dará mañana por la noche en su propia casa, evento que, nos dice, sigue en pie."
-Bueno.- Mei suspiró y se sentó junto a Sinedd. Estiró la mano hacia la cafetera para servirse una taza.- Tendré que ir a comprar nuevos cosméticos, ya que el terremoto ha arrasado con mi tocador al completo.
-Estás siempre guapa.- Sinedd contestó casi de manera mecánica, antes de introducirse una galleta en la boca. Ella le sonrió, y giró la vista de nuevo hacia las noticias.
-¿Qué dirán en Noticias Arcadia?- cogió el mando que reposaba junto al brazo del chico y cambio de canal.
-Ya acabaron las noticias de la mañana.- respondió Sinedd. – Supongo que estarán dando los titulares deportivos.
Efectivamente, Callye Mystic anunciaba los avances más importantes de la última jornada.
-¿Ves?
Pero Mei no le contestó. Clavó sus ojos en la mujer con interés.
"… Ayer viernes se disputaron los dos partidos de cuartos de final restantes. Las Elektras consiguieron imponerse con un dos a cero a unas Rykers vacilantes sin Kernor en la portería. La magnífica intervención de Yuki logró que ni uno solo de los tiros de sus rivales consiguiera colarse entre los postes."
-La zanahoria nipona sabe defenderse.- comentó Sinedd, a lo que Mei contestó con un codazo y un "Shhhh" quizás demasiado agresivo.
"Más turbador fue el encuentro entre los Lightnings y el Equipo Paradisia. D'Jok y Nikki 4 no mostraron ningún tipo de compasión hacia Warren, que se desplomó literalmente poco después del comienzo de la segunda parte, y que tuvo que ser sacado a toda velocidad del campo. El antiguo delantero de los Snow Kids está más imparable que nunca, y fue responsable de tres de los cinco goles que marcó su equipo, frente a un único tanto de unos Lightning inestables y flojos."
-Es inaudito.- susurró Mei, que había presenciado el encuentro el día anterior con sus propios ojos.
-Lo sé.- respondió Sinedd con la voz sorprendentemente débil. No lo reconocería, pero la arruga de su frente revelaba que estaba preocupado. – Los Lightnings perdiendo cinco uno… Esas mujeres son armas de destrucción masiva.
-¿Y has visto a D'Jok?- su novia sacudió la cabeza. – Ni siquiera tendió la mano a Warren para ayudarle a incorporarse. No pareció alterarle lo más mínimo.
Estaba internamente horrorizada, y Sinedd lo sabía. Así como sabía que no podía hacer nada. Simplemente estiró un brazo, y la rodeó con él.
[This is not a game
That you have to play.
Don't need a reason to breathe
Just like you're dying.]
Aquel día se resumió en miles de ambulancias y camiones de bomberos de aquí para allá, programas especiales en toda la galaxia dedicados al suceso de Paradisia y miles de comunicados oficiales intentando calmar a la población. Al día siguiente el ambiente parecía haberse calmado un poco. Al menos Aarch trató de aparentar normalidad, e hizo a sus jugadores entrenar tan duro como de costumbre. Tras el entrenamiento, todos estaban doloridos, y así lo manifestaron de todas las maneras posibles.
-¡Tengo agujetas hasta en la lengua!- exclamó Micro-ice dramáticamente, y se dejó caer en el escalón más bajo junto a Mark, que le pasó una toalla para que se enjugara la frente.
-Entonces cierra el pico.- le espetó el moreno con una sonrisa socarrona.
-No voy a darte ese gusto.
-Micro-ice, silencio.- ordenó Artegor.
-Vale.
Mark se echó a reír al ver la expresión contrita en la cara de su amigo, pero una mirada del segundo entrenador hizo que la risa se le atascara en la boca y que recuperase la compostura a toda velocidad.
-El próximo martes se jugarán las semifinales del Torneo.- comenzó Aarch, con su habitual pose severa.- Creo que todos sois conscientes de lo lejos que hemos llegado. Habéis demostrado a lo largo de cada encuentro ser un ejemplo de tesón y sacrificio, y ese es exactamente el equipo que yo quería ver. Ahora, tenéis la posibilidad de demostrar a toda la galaxia vuestra valía, porque el héroe más noble es aquel que se alza en las adversidades, no en los triunfos. Es el mensaje que podéis dejarle a vuestro mundo. Os creían débiles, y habéis dado el primer paso para demostrar todo lo contrario. Os queda tan solo un último empujón. No voy a mentiros y a deciros que queda lo más fácil, porque sabéis que no es así, pero si habéis podido hacerlo antes, lo lograréis de nuevo; y de eso no me cabe la menor duda.
Miró a sus jugadores, que le observaban con seriedad y el brillo de la pasión joven en los ojos. Por un instante, Aarch volvió a verse en ellos, como tantas otras veces.
-Dos partidos. Shadows contra Paradisia. Snow Kids contra Elektras. Dos partidos, de los que pueden salir dos únicos finalistas. ¿Seréis uno de ellos?
-¡Claro que sí!- exclamó Thran.
-Se lo prometemos, entrenador.- Tia apretó los puños y sonrió. Y Aarch sonrió también.
-Cumplid vuestra palabra, pues, niños de la nieve.
(-¡Venga, Tia!
-No.
-¡Vamos!
-Te he dicho que no, Micro-ice.
-¿Por qué le llevas a él y no a mí?
-Me obligasteis a elegir a mi acompañante a sorteo entre todos vosotros y salió Tristan. No tengas mal perder.
Nunca confesará que estaba amañado.
-Jooooo…
Un suspiro de Aarch
-Yo te llevaré, Micro-ice, y ahora cierra la boca y sigue cenando.
-¡Sí!)
Los asistentes marchaban entre flashes que caían sobre ellos sin piedad. La prensa y algún que otro curioso se apelotonaba junto a la verja que la escolta privada de Primus custodiaba con recelo, asegurándose de que sólo los privilegiados que habían recibido invitación pudieran entrar.
Tia se bajó del taxi con las piernas algo temblorosas e insegura sobre los tan temidos tacones. Sabía que eso no era buena idea. No obstante, Aarch, Micro-ice y Tristan la flanqueaban, lo cual le hizo sentir ligeramente más cómoda.
Se abrieron paso entre la multitud de periodistas que estiraban los brazos intentando conseguir un par de palabras declaradas al micrófono, entre gritos del tipo de "¡Unas palabras para nuestras espectadoras!", "¿Teméis que los próximos en uniros a la oleada de lesionado seáis vosotros?", "¿Qué expectativas tenéis de cara a las semifinales?", "Tia, ¿es cierto que estás saliendo con un jugador de los Shadows?". Ella rodó los ojos y tiró de Micro-ice, que saludaba a las cámaras con una sonrisa que le ocupaba todo el rostro.
Aarch profirió un suspiro de alivio una vez que atravesaron la cancela y comenzaron a ascender por el camino de piedra, flanqueado por farolillos, hacia la imponente mansión. El jardín estaba poblado por árboles y flores de todo tipo, y una espectacular fuente de mármol incitaba a acercarse a tocar el agua. Así lo hizo Tia, maravillada por la frescura de esta.
Frente a las amplias puertas de roble, abiertas de par en par, su anfitrión esperaba, conversando con un par de invitados que llegaban también en aquel momento. Les recibió con sus habituales gestos grandilocuentes y les instó a entrar al vestíbulo. Tan solo aquella parte de la casa era más grande que todo el salón de su residencia. El suelo ajedrezado brillaba bajo la lámpara de araña, y una escalinata de mármol se abría en dos hacia el piso superior y estaba coronada por un retrato de Primus. Una suave música sonaba de fondo.
Al parecer, eran de los últimos en llegar, pues la estancia estaba ya poblada de individuos vestidos de etiqueta que charlaban en grupos y cuyas risas ascendían hacia el techo estucado.
Tia intentó no buscar con la mirada entre la multitud. Tenía el estómago encogido de nervios y, por qué no reconocerlo, de miedo. Sabía que él estaría ahí. El corazón le martilleaba en el pecho.
No sabía cómo comportarse cuando se lo encontrara porque, de hecho, no sabía cómo iba a reaccionar él. ¿La ignoraría? ¿Se dirigiría a ella con cordialidad amistosa? ¿O con desprecio, tal vez?
Las tres posibilidades la inquietaban por igual.
Bajó la vista y se dedicó a estudiar sus manos, para no tener que hablar con nadie, al menos no por ahora. Llevaba una cuidada manicura que hacía brillar sus uñas con una capa transparente de esmalte. Le gustaba. Era fino, delicado.
Rió por lo bajo sin querer. Tristan reparó en ello, y la miró con una sonrisa interrogante.
-¿Qué hay de gracioso en tus manos?
Ella alzó la vista.
-Estoy recordando la desesperación del estilista cuando le dije que ni muerta iba a dejar que me disfrazara de pavo real.
Tristan se echó a reír, encantado ante la imagen de una Tia con bata y las uñas recién pintadas dedicándole improperios a aquel individuo repeinado y estirado como un alambre en medio del comedor, donde éste, con ayuda de sus asistentes, había desplegado tres o cuatro vestidos de falda abultada y pedrería hasta en el forro.
-Lo más divertido fue cuando te viste maquillada en el espejo y le preguntaste qué drag queen le había enseñado a aplicar la sombra de ojos.- ante el recuerdo, ella se tapó la cara con vergüenza. - Menos mal que gracias a tus gritos le echaste. De lo contrario, ahora llevaría un esmoquin de lentejuelas.
-Odio a esos cretinos que nos mandan las firmas de alta costura. Gracias a Dios vino nuestro estilista habitual en su lugar, aunque no entiendo por qué no podían enviárnoslo desde el principio. Soy futbolista, no Nancy va de boda. Preferiría ahorrarme los encajes y el cancán.
Tristan soltó una carcajada.
-Hay que reconocer que estás mucho mejor así.- bajó la vista con descaro. La chica lucía un vestido negro de tirantes con dos aberturas estratégicamente situadas en la cintura, que caía hacia sus pies, en los que llevaba unas sandalias rojas. El collar plateado al que no había renunciado pendía sobre su escote, y no llevaba ningún peinado elaborado; simplemente el pelo liso, últimamente más largo de lo habitual, y un par de horquillas recogiendo los mechones frontales y despejando su rostro. Respecto al maquillaje, le habían aplicado sencillamente base, iluminador, y un pintalabios color nude. Los protagonistas, como de costumbre, eran sus ojos felinos, con las pestañas prolongadas al máximo y un delineado en negro que se curvaba en el rabillo.
-Gracias. Vas a tener que ser mi pareja más a menudo. Ese traje gris resalta tu mirada.- ella le regaló una sonrisa que, sin darse cuenta, resultó coqueta. Y entonces añadió, en tono interrogativo. – ¿Estás nervioso?
-En realidad, sólo algo preocupado. - dirigió una mirada fugaz a Aarch y Micro-ice, que hablaban con Adim. Acto seguido, bromeó. - Nunca he estado en un evento de este tipo. Espero no confundir el tenedor de la carne con el del pescado.
Ambos rieron. Pero, internamente, sabían que el motivo de preocupación era otro mucho mayor.
-Lo harás bien.- murmuró ella. Le colocó la corbata y, justo en ese momento, detectó un movimiento por encima del hombro del chico. Dos figuras descendían por la escalera.
No necesitó mirarle a la cara para saber que era él. Sin que lo pudiera evitar, sus dedos temblaron.
[Give me thunder,
give me lightning,
And I will give you every part of me]
-Ese es el de la carne.- susurró Tia por lo bajo.
Tristan resopló y dejó el tenedor en la mesa, cogiendo en su lugar el que había más a la izquierda. Lo clavó en su lubina con quizás demasiada fuerza.
-Qué estupidez. No entiendo para qué se necesitan diez cubiertos distintos- murmuró.
-¿Qué esperas de alguien que pone en el menú… - Tia estiró el brazo y cogió la carta blanca con ribetes dorados que había frente a ella- …"cuisses de grenouilles" en lugar de ancas de rana?
Micro-ice se atragantó a su izquierda con la copa de vino blanco, bajo la mirada reprobatoria de la mujer que estaba sentada frente a él.
-¡No fastidies!
Tia rodó los ojos y echó un vistazo a la estancia. Tras un aperitivo amenizado por un cuarteto de cuerda en la sala de recepciones (Micro-ice había simulado ser un portento del ballet al ritmo del Preludio de Bach, para vergüenza de sus tres compañeros), Lord Primus les había guiado al suntuoso salón. Una chimenea colosal arrojaba a los comensales el reflejo de las llamas. Diversos cuadros adornaban las paredes de madera, que eran una pura obra de artesanía en sí mismas, al igual que el artesonado del techo o la enorme lámpara que hacía pender sobre ellos centenares de cristales como lágrimas. El suelo era de moqueta color hueso, y una enorme cristalera en la pared norte se abría directamente al jardín trasero. En la mesa Primus había ordenado poner la más fina mantelería en tonos dorados, platos de pura porcelana con diminutos dibujos de flores, cubiertos brillantes y ordenados en fila recta y centros de mesa elaborados con jazmines y magnolias.
El anfitrión, evidentemente encantado de poder mostrar su opulencia, estaba sentado a la cabecera de la mesa. A su izquierda se encontraba el Duque Maddox, acompañado de un inquietante hombre de gestos frenéticos y cabello blanco cuyo nombre Tia desconocía. Junto a él, el ministro de Turismo, Kennet Vandler, un hombre de unos cuarenta años, conocido de sus padres, y su mujer; el ministro de Deporte, Zeon Ghaffar, natural de Wamba, de unos sesenta años, también amigo de sus padres, y su esposa, que era quien había fulminado a Micro-ice con la mirada; Adim, el presidente del Banco Central, Cam Fernsby, el de la empresa informática más importante de la galaxia, Wonk Roomasa, dueño además de un conglomerado de empresas, y su mujer, y Aziz Cullpepper, la presidenta de un colectivo que gestionaba ocho marcas deportivas. A continuación estaba Bertrall Achenbach, el general de la Guardia de Paradisia. Junto a él, los futbolistas, aunque sólo los pertenecientes a los equipos que habían llegado a cuartos: Yuki y Zyria, capitana y entrenadora de las Elektras, Lune Zaera y su entrenador Bakura. En frente, Luur y su pareja Naahr y su entrenador Rutuba con su esposa Ren, Kernor y su acompañante y su entrenadora Yara, Sinedd y Mei, Tristan, Tia, Micro-ice, Aarch, Warren, su mujer Zoe, Nikki y D'Jok, a la derecha de Primus.
Tia trató de no pensar demasiado en el chico pelirrojo, guapo como nunca en su traje negro, serio y atractivo pese a la frialdad oscura que parecía haber anidado en su rostro. Se había vuelto más fuerte, era evidente, y las mandíbulas se tensaban con fuerza y daban angulosidad a su rostro impasible. En toda la noche, no había dado ni las más mínima muestra de querer acercarse a ellos. Es más, no le había visto conversar con casi ninguno de los futbolistas. Su viejo encanto y su carácter sociable parecían sepultados bajo toneladas de indiferencia. Tia había visto a Micro-ice observarle con desconsuelo desde lejos, al igual que ella. Su excompañero no les había dedicado ni un saludo, ni una mirada. Era como si se esforzara en fingir que no existían para él. Allá donde fuera, Nikki le seguía como una sombra, dolorosamente hermosa, perfecta hasta lo imposible, como una muñeca a escala real. Su vestido azul zafiro atraía inevitablemente las miradas y eclipsaba a todos a su alrededor. Incluso, por increíble que pareciera, a D'Jok.
Tampoco se le había escapado el hecho de que ni siquiera se había aproximado a Warren. Después del incidente del día anterior, Tia esperaba ver algún indicio de culpabilidad en su expresión, o al menos lo había deseado con fuerza. Pero el chico había ignorado al que solía ser un dios para él. Warren tampoco había hecho ademán de aproximarse, pero era evidente que estaba hondamente dolido. Y si el capitán de los Lightnings se empeñaba en fingir normalidad, su mujer, en oposición, no disimulaba miradas de rencor hacia el pelirrojo (miradas que él, o bien ignoraba, o aparentaba muy bien hacerlo).
-Prometedme que vais a evitar a toda costa montar escenas.- les había exigido Aarch en susurros cuando vio descender a su antiguo jugador por las escaleras. – No os acerquéis a D'Jok. No le busquéis. Si quiere aproximarse, lo hará él.
Tia suspiró. Si para ella resultaba difícil controlar las ganas de acercarse a exigirle una explicación, no podía imaginarse siquiera cómo lo debía estar pasando Micro-ice. Tanta indiferencia resultaba dolorosa. En aquel momento, Tia mataría por ir y agarrarle por los hombros, zarandearle, obligarle a mirarla. A mirarla como lo hacía antes.
A besarla.
-Entonces, Tia, dime.- el ministro de Turismo giró su rostro hacia ella. - ¿Qué tal están mis queridos Nicolai y Abira?
La chica alzó la mirada, algo confundida. Los dos matrimonios sentados frente a ella la miraban con interés.
-Oh, muy bien.- reaccionó rápidamente. – Me dieron recuerdos para su esposa y para usted. Y también para el señor y la señora Ghaffar.
-Hace demasiado tiempo que no nos vemos…- comentó Vandler con tono soñador. – Sí, demasiado. El tiempo pasa muy deprisa, y con tantas obligaciones apenas nos deja tiempo para reencontrarnos con nuestros amigos.
-¿Quién le iba a decir al embajador que su hija llegaría a ser futbolista profesional, eh, Kennet? – preguntó Zeon Ghaffar antes de beber de su copa. – Podrías conjugar la carrera de tus padres con la tuya y sucederme algún día en el ministerio. – el hombre, de pelo canoso y expresión achispada, le guiñó un ojo. Tia sonrió.
- La política me resulta demasiado compleja. El fútbol es más sencillo.
-Siempre has sido una deportista, eso está claro.- comentó Kennet Vandler. – Te recuerdo con apenas tres años y ya un balón bajo el brazo.
-Nuestra hija Daphne disfrutaba lo indecible jugando contigo.- intervino la señora Vandler. – Se acuerda mucho de ti.
-Yo también la recuerdo con mucho cariño. ¿No está aquí en Paradisia?
-Oh, le encantaría haber podido venir, pero los estudios la tienen ocupada en Lyra. Está estudiando su segundo año en la universidad- explicó la mujer. – Hace Derecho.
-El próximo semestre lo pasará en Génesis. Ha pedido un traslado.- añadió su marido.
-Yo también pasaré los próximos meses en Génesis debido a la Copa. Podrían darme su número después. Me encantaría quedar con ella algún día.- sonrió Tia.
-Estará encantada.- su madre le devolvió una sonrisa radiante.
Tia le correspondió el gesto antes de girarse a mirar a Micro-ice para comentarle algo. Fue entonces, al voltear el rostro, cuando se dio cuenta.
D'Jok, ligeramente inclinado hacia delante, la miraba. La estaba mirando fijamente, por primera vez en toda la noche, por primera vez en semanas. El estómago de Tia dio una voltereta y su pulso se disparó. El chico no retiró la mirada de inmediato. Tenía el ceño fruncido y en sus ojos brillaban sentimientos contradictorios. Parecía turbado, y Tia ya conocía esa expresión; era la que componía cada vez que contemplaba algo que no comprendía y que sentía que se le escapaba.
Entonces él, repentinamente, giró la cara y miró a Lord Primus, que le había dirigido un breve vistazo. Y Tia supo que tenía que hablar con D'Jok como fuera.
[Take me dancing, get me fucked up.
Play that old guitar and we will sing.]
Lo de Thran, sin duda, era la electrónica. De acuerdo; podía ser tremendamente hábil al fútbol y todo eso, pero no había nada tan sencillo para él como abrir un ordenador estropeado, tocar las partes adecuadas, y hacer que éste volviera a la vida. Resultaba casi mágico.
Ane le contemplaba sentada como un indio en medio del cuarto del chico. Le encantaba mirarle trabajar, incluso pese a que en esos momentos, para él, era como si ella dejara de existir. Pero a Ane no le importaba. Sabía que, cuando se concentraba, era como si el mundo se desvaneciera.
Estaba en el suelo a su lado, rodeado de cables, tornillos y mil y una herramientas que ni en mil años la pobre chica sería capaz de diferenciar ("Pásame una tuerca autoblocante… No, esa lleva arandela… ¡Y esa es ciega!" "¡Pues que le pongan gafas, Thran, por el amor de Dios! ¡Son todas idénticas!").
Le observó en silencio. Conocía sus gestos. Sonreía de vez en cuando, miraba las piezas muy de cerca, sacaba la lengua un poco por un lado entre los labios cuando surgía algún problema, y al pensar fruncía ligeramente el ceño. Sus dedos trabajaban con una precisión y una habilidad milimétricas. Nada resbalaba nunca de ellos. Para Ane, torpe por naturaleza, resultaba todo un misterio. Ella había pasado su infancia y la mayor parte de su adolescencia cayendo en cada escalón, tropezando con sus propias piernas para desquicio de sus padres, tirando con un estrépito infernal cada objeto que caía entre sus manos. Las mujeres que iban a comprar a su tienda en ocasiones volvían a casa sin algún producto necesario con tal de no pedirle a ella que se lo bajara de lo alto de la estantería, por temor a verse accidentadas en el proceso. Cada vez que su abuela le pedía que le enhebrara una aguja, tenía que sentarse media hora junto a la ventana hasta que lo lograba, y cuando al fin lo hacía la aguja se le caía de las manos y se pasaba otra media hora tanteando el suelo hasta encontrarla. Por eso Thran le fascinaba.
Estudió su rostro con detenimiento. No sabía qué era lo que encontraba tan atractivo en él. Probablemente fuera esa expresión de paz tan suya, que le asomaba en las comisuras de los finos labios, o la inteligencia aguda que revelaba en sus ojos rasgados y oscuros. Tenía la piel pálida y perfecta, la más perfecta que Ane hubiera apreciado jamás. Ni una imperfección, ni una peca; tan solo esas pequeñas arrugas de expresión en la boca o en el borde de los ojos al reír, al hablar con pasión (siempre de informática y sacudiendo las manos), al gesticular. Tenía el cabello tan liso y tan oscuro que brillaba con un tono azul marino, incluso en la barba y en las cejas anchas. Le vio tragar saliva, y su garganta se elevó ligeramente en la nuez acompañando el movimiento.
-Ane, ¿me pasas el destornillador?- preguntó el chico de pronto, sin apartar la mirada de la tarjeta gráfica que sostenía.
Y entonces ella lo hizo. Como un reflejo, como un impulso que llevaba conteniendo dentro años, que permanecía dormido dentro de ella.
Se inclinó y le besó.
Tenía los ojos cerrados, por eso no vio los de Thran abrirse con sorpresa. Fue un encuentro de labios, torpe, carente de lengua, caricias o brazos que rodean. Permaneció así un breve lapso de tiempo sin pensarlo siquiera, hasta que escuchó como a Thran, por primera vez en su vida, se le caía lo que sujetaba en las manos.
Ahí fue cuando Ane se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Se apartó rápidamente, espantada, con los ojos como platos y las mejillas rojas. Ambos se miraron, igualmente sorprendidos. En ese momento, reparando en la magnitud de su estupidez, Ane se incorporó y corrió hacia la puerta.
Él no habló hasta que ella no hubo llegado al marco. Sólo entonces recuperó la capacidad de formular el habla. Las palabras le salieron atropelladas.
-¡Ane, espera!
La chica se detuvo de espaldas a él, con las manos temblando sobre el picaporte. Le escuchó levantarse. Escuchó sus pasos, que se acercaban. Y sintió una mano en su hombro.
-Te dejas algo.
Ella se giró despacio, con las cejas alzadas, y se lo encontró de frente. La expresión en su cara era firme.
-¿Qué…?
-El destornillador. Tómalo de vuelta.- respondió Thran. Y entonces se inclinó. Y fue él quien la besó.
[Oh my old man said,
"Youmust lie in your bed
The way you make it,
No one can make it like you do."]
El repiqueteo de la cucharilla contra el cristal sirvió para acallar las conversaciones y las risas. Poco a poco los comensales se habían ido relajando y alejado de formalismos y, para la hora de los postres, ya todos charlaban con total naturalidad y algún que otro rostro estaba ligeramente enrojecido por el vino.
Lord Primus se había incorporado y se aclaró ligeramente la garganta para pronunciar unas palabras, al igual que había hecho al recibir a sus invitados antes de la cena.
-Queridos amigos, espero que la cena haya estado a la altura de tan excelsos invitados.- esbozó una leve sonrisa y unió las manos en gesto de conciliación. – Cada uno de nosotros formamos ese engranaje que es el Torneo Paradisia y que no habría salido adelante sin el esfuerzo y la colaboración de aquellos a los que hoy representamos y de lo que no somos sino la mínima parte.- carraspeó levemente. - Toda mi vida he tratado de guiarme por una serie de principios elementales. El más importante, sin duda, es el trabajo duro, y junto al trabajo duro la ambición y el inconformismo que son mi sello personal y el de todos nosotros, pues nos han permitido llegar adonde hemos llegado, ya sea en el plano deportivo, político o empresarial. Quiero agradeceros y felicitaros personalmente por el esfuerzo realizado y por estar aquí esta noche en señal de colaboración, por mezclar lo mejor de cada mundo y por haber contribuido a hacer posible un Torneo que confío haya servido para unirnos más que para enfrentarnos. Hoy brindo por todos vosotros.
Alzó la copa y todos le imitaron antes de llevársela a los labios.
-Bellas palabras, Lord Primus.- comentó el Duque Maddox antes de limpiarse la comisura con la servilleta.
-Menudo hipócrita.- susurró Tristan, en cambio, y Tia esbozó una sonrisa sardónica.
-¿Por hablar del fútbol como de un negocio? Acostúmbrate.
-…Por supuesto – Primus retomó la palabra. – quiero agradecer a la presidenta de la Liga, Adim, que se hayan mostrado tan abiertos a colaborar con nosotros incluso a pesar de que eso suponía tener que detener el transcurso de la GFC.
Ella esbozó un amago de sonrisa que se quedó en mueca, y Tia supo que compartía su opinión. Que todos los que estaban allí y realmente vivían entregados al fútbol (jugadores, entrenadores…) lo hacían.
-¿No se supone que los dos equipos finalistas del Torneo ganan el pase directo a semifinales de la Copa?- preguntó Micro-ice a Aarch en confidencia.
-Así es.- Aarch bebió con el ceño ligeramente fruncido, y dirigió una mirada rápida a Adim antes de girarse hacia el chico. – Al menos es una de las negociaciones a las que llegaron.
-Realmente es el premio más apetitoso.- comentó Tia. – Es decir, una Copa Galactik Football siempre valdrá más que un Torneo Paradisia. Muchos aquí se darían con un canto en los dientes si quedaran en segundo puesto con tal de asegurarse la presencia en semifinales.
-Supongo que Lord Primus estaría encantado si su equipo llegara a la final. Ganarían el derecho a jugar la Copa sin haber pasado siquiera la fase de grupos.- dijo Micro-ice. - Más publicidad para él ¿no? Al fin y al cabo parece que es lo único que quiere.
Los otros asintieron distraídamente. Antes de que cualquiera pudiera contestarle, vieron que los demás empezaban a ponerse en pie.
-Pasaremos ahora al jardín a tomar las copas.- indicaba Lord Primus, mientras dos camareros abrían de par en par la enorme puerta de cristal que guiaba al exterior.
-Yo voy al servicio.- Tia se incorporó, tal y como hacía el resto de los presentes.
-Te pediré algo de beber.- le respondió Tristan, y ella le agradeció con una sonrisa antes de salir del comedor.
En realidad no tenía ganas de ir al baño, pero necesitaba caminar y echarse un poco de agua en la nuca. En aquella sala hacía demasiado calor, el vino no ayudaba, el riguroso afán de su pomposo anfitrión por seguir el protocolo tampoco y la presencia de D'Jok aún menos. Y si normalmente no se sentía cómoda en esas situaciones con tanta gente, aún lo empeoraba el saber que tenía una delicada misión por delante.
Llegó al vestíbulo de suelo ajedrezado y decidió probar suerte subiendo por la escalera. Por el camino se había encontrado unos cuantos empleados de servicio, pero estaban demasiado ocupados para reparar en ella y la chica les había esquivado hábilmente. Tenía ganas de curiosear un poco a sus anchas antes de volver con el resto.
Al llegar a la planta superior, se encontró un extenso pasillo con el suelo de moqueta y pinturas clásicas en las paredes. En nada se diferenciaba a las decenas de embajadas y mansiones de delegados y ministros por los que había correteado de niña.
Se aventuró a seguir el curso del corredor hacia la derecha y probar a asomarse al interior de alguna estancia. La iluminación era tenue y sus pasos, quizás por un instinto involuntario, apenas hacían ruido al avanzar.
Fue entonces cuando escuchó la voz. Voz de hombre, que hablaba en murmullos.
Se aproximó a la puerta de la habitación de la que parecía venir y pegó la oreja a la madera. No sabía qué le llevaba a querer oírla, pues no era una persona cotilla ni que soliera meterse en la vida de los demás, pero una especie de fuerza la impulsó a hacerlo.
No conocía aquella voz y el tono tan extremadamente bajo le impediría en cualquier caso poder distinguirla, pero conversaba con otra que le llegaba más distorsionada. Debía de tratarse de una llamada.
-No puede volver a suceder algo así, ¿me entiendes? Si nos descubren el plan se irá al cuerno, y entonces créeme, tú y todos esos inútiles deseareis estar muertos.
-No previmos que algo así ocurriría, señor.- respondió la voz al otro lado de la línea.
-Es vuestro trabajo hacerlo. Encárgate de seguir inyectándolo, pero hay que esperar al momento oportuno. Él no debe sospechar nada. Me ha hecho preguntas incómodas sobre por qué ha ocurrido algo así, preguntas que me he visto obligado a responder con evasivas.
-Sí, señor.
-Tenéis bastante, ¿no?
-Más del que jamás podría llegar a imaginar. Los jugadores del Torneo han producido multifluido en cantidades industriales, y sin siquiera darse cuenta.
Tia abrió los ojos de par en par y se llevó las manos a la boca. ¿El multifluido? ¿De veras había dicho que los jugadores estaban produciendo multifluido?
Pegó más el oído, desesperada por entender de qué hablaban.
-Y así debe ser. No desperdiciéis ni la más mínima gota. Ya hablaremos.
Y la conversación finalizó ahí. Antes de que Tia se diera cuenta, el picaporte giró. Precipitadamente, como un animal espantado, empujó la puerta entornada de la habitación de al lado y se ocultó detrás de esta. Se salvó por los pelos, pues un instante después oyó los pasos del misterioso hombre pasar por delante y alejarse. Tratando de recomponerse, esperó a que se hubiera alejado lo suficiente para asomarse, pero cuando miró ya no había nadie.
No daba crédito a lo que había oído. Trataba de buscarle sentido a la conversación por todos los lados, pero no tenía ni pies ni cabeza. ¿Para qué querían el multifluido y cómo lo producían los jugadores? ¿Acaso había una nueva Esfera en Paradisia? ¿Qué estaban inyectando y a quién?
Salió de la estancia y deshizo lo andado con aire distraído, absolutamente sumida en sus pensamientos. Quizás les estaban inyectando algo a los futbolistas que habían caído lesionados, algo que les había hecho enfermar. Aunque no entendía la finalidad. Y por otro lado, según aquel hombre, "alguien" (concretamente "Él") había comenzado a hacer preguntas comprometedoras sobre por qué había ocurrido… Por qué había ocurrido… ¿Qué? ¿Algún fenómeno del que ella no tenía constancia?
Y lo más importante: ¿de quién era aquella voz? ¿Quién, entre todos los hombres que se encontraban aquella noche bajo ese techo, conocían el multifluido? Tenía que decírselo inmediatamente a Tristan.
Tan sumida estaba en sus cavilaciones, que no reparó en la alta figura con la que de repente chocó de bruces.
-¡Eh!...- exclamó tocándose el hombro dolorido, casi como si se hubiera golpeado contra una roca y no contra un ser humano. Y entonces reparó en quién era la persona que tenía enfrente. Y el rostro se le demudó.
-Deberías mirar por dónde andas.- D'Jok la miraba con el rostro ensombrecido y la mandíbula apretada, cerca, más cerca de lo que había estado en más de dos meses, mirándola con sus ojos de un verde oscuro inescrutable y desprendiendo un aura intimidante. Tia se sintió menguar lentamente en su sitio.
-Bueno, perdona, estaba distraída…- murmuró. Las primeras palabras que se dedicaban desde la noche en que él desapareció (después de haberle gritado lo mucho que la despreciaba, claro) y se decían precisamente eso.
-¿Qué haces aquí?- inquirió él con tono cortante.
-Buscaba el baño.- Tia tuvo que morderse la lengua para no responderle en el mismo tono. Sabía que perder el control no le haría ningún favor.
-Es esta misma puerta.- él hizo un gesto con la cabeza hacia su izquierda. – Ya sabes el camino de vuelta, espero.
Y sin añadir nada más ni dirigirle un solo gesto pasó de largo y se encaminó hacia las escaleras. Hasta que escuchó su voz.
-¿Es que eso es lo único que vas a decirme?- se detuvo en seco. Sintió los pasos de ella acercarse lentamente, vacilantes. – Después de todo este tiempo… ¿no hay nada más que hablar?
-¿Que hablar?- D'Jok se giró de nuevo a encararla. Estaba frente a él, y en su rostro se reflejaba una especie de súplica. Como si necesitara que él le diera una explicación. Lo cual, desde luego, no iba a obtener – Tú y no tenemos nada que hablar, creo que está bastante claro.
El dolor cruzó sus ojos verdes y anidó en su boca, que frunció en gesto de decepción.
-No puedo creer que todo termine así. Todo lo que había entre tú y los Snow Kids… Entre tú y nosotros, tu familia.
D'Jok alzó las cejas como si no tuviera ni la más mínima idea de sobre qué hablaba.
-Los Snow Kids no significan nada para mí. El Equipo Paradisia es todo lo que necesito ahora.
Y ya no era sólo dolor, sino también desesperación lo que se apoderó de Tia.
-¿No te importan Maya, ni Micro-ice, ni tus amigos?- exclamó. Y antes de que se diera cuenta las palabras brotaron de su boca. - ¿Y tu padre? ¿Qué me dices de él? ¿Es que no te importa que esté en la cárcel, que vayan a matarle? ¿No te importa que yo te necesite?
Contuvo la respiración cuando fue consciente de lo lejos que había llegado, incluso a pesar de las advertencias de Aarch. No debía haber mencionado sus sentimientos, ni mucho menos a Sonny.
Pero entonces se dio cuenta de que la expresión de D'Jok había cambiado. Porque ya no había más indiferencia ni enojo en su rostro. De repente, todas las nubes de sus ojos se habían despejado y una arruga se había formado en su frente. Estaba preocupado. Estaba preocupado y consternado como ella no le había visto en mucho tiempo.
-Tú… Mi padre…- murmuró como si luchara entre el deseo de preguntarle si sabía algo de Sonny y el orgullo que le empujaba a retirarle la palabra. Como si tratara de resistirse a todos los recuerdos y todos los sentimientos que había metido en un cajón y ahora amenazaban con estallar. - ¿Qué sabes de mi padre?
-¡D'Jok!
Ambos se giraron sobresaltados hacia la escalera. Nikki caminaba hacia ellos rápidamente y, a juzgar por su expresión, no estaba precisamente contenta. Sus ojos reflejaban fiereza y su vestido azul se mecía a su paso con gracia y dejaba un brillo de zafiros por donde pasaba. Tia sintió una ligera punzada de envidia al ver a una persona tan enojada y altiva y a la vez tan odiosamente bella. Y la punzada se convirtió en un dardo mortal cuando vio cómo agarraba el brazo de su… de D'Jok.
-¿Se puede saber qué haces aquí? ¡Te estaba buscando por todas partes! ¡Primus está esperando abajo!- dirigió una rápida mirada a Tia en la que dejaba translucir un desprecio arrollador y se giró de nuevo hacia el chico. Su tono se suavizó repentinamente. – Venga, me tenías muy preocupada.
Él se limitó a asentir y se dejó guiar por la chica de vuelta a la planta inferior. Ambos dirigieron una última mirada a Tia, Nikki con rabia, D'Jok con algo semejante a la turbación. Su máscara se había quebrado. Y llegó a oír sus palabras antes de dejarse caer contra la pared y deslizarse poco a poco hacia el suelo con expresión desgarrada.
-Se supone que no ibas a hablar más con ella…
-No, Nikki, perdona. Ha sido una estupidez.
[Oh you're not alone.
You still have a home.]
-¿Estás bien? Te has quedado muy seria.
Tia alzó los ojos sin dejar de juguetear con el medallón de plata que acariciaba entre sus dedos. Micro-ice la observaba con aire preocupado, y los demás – Tristan, Yuki, Warren, Zoe – se callaron también y la miraron.
-Sí. Claro.- mintió lo mejor que pudo. – Estoy algo cansada. Muchos entrenamientos en muy poco tiempo.
Sintió el escrutinio de Tristan y trató de no intercambiar una mirada con él. El chico era infinitamente más hábil aparentando normalidad, e incluso cuando Tia había llegado turbada y le había narrado en susurros acelerados sus recientes averiguaciones, él se había limitado a asentir y rogarle que se calmara antes de girarse y volver a charlar con Yuki como si nada.
-Es normal. Primero la Liga, luego el Torneo, después vuelta a octavos.- Zoe le acarició un brazo con gesto comprensivo. – El rendimiento físico que se os exige es antinatural.
Warren emitió un suspiro. Todos sabían en qué estaba pensando, aunque nadie lo dijo: su colapso durante el partido del viernes.
Aarch, Micro-ice, Tia y Tristan habían percibido la inquietud de sus compañeros de profesión. Habían formado parte de la conversación en murmullos entre Lune Zaera, su entrenador Bakura, Luur, Kernor, su entrenadora Yara y Warren. Su enfado y su rabia eran casi subversivos, y había una suerte de rebeldía en el modo en que todos entrecerraban los ojos, miraban alrededor y fulminaban con la mirada a Lord Primus, a Maddox, a los patrocinadores del Torneo, como si ellos fueran los culpables de sus desgracias físicas. Todos tenían la sospecha de que algo debía de encontrarse detrás de aquella misteriosa cadena de incidentes. Hablaban, susurraban, conspiraban. Parecían haberse unido en la desdicha tanto o más que en la fortuna. Tia no pudo evitar pensar que todos ellos eran una especie de símbolo, como Sonny y sus hombres, símbolo de poder y de influencia entre el pueblo frente a los poderosos. Ellos eran los estandartes de la gente de a pie y trataban de librarse del yugo de la burocracia, de los inversores, de los que intentaban hacer de ellos y del fútbol una marca y enriquecerse a su costa. En aquel instante, al verse entre miembros de los Snow Kids pero también de las Rykers, de los Xenons, de los Lightnings y de los Wambas, Tia supo que todos estaban en el mismo barco. Y que si no se apoyaban entre sí, no les quedaría otra que sucumbir. Observó la camaradería de su entrenador con Bakura, con Warren, con Yara, el modo en que Lune le dirigió a ella misma una sonrisa en más de una ocasión a lo largo de la conversación, y fue consciente de que aquella gente no eran sus enemigos; sí sus rivales, pero nunca enemigos. Que eran un clan.
-¿Qué tal está Woowamboo?- le preguntó a Lune cuando ambas se acercaron a los camareros a pedir unas copas. La mujer puso un gesto de preocupación.
-Físicamente, mejora poco a poco. Emocionalmente, destrozado. Cree que nos ha fallado, que es culpa suya que perdiéramos frente a vosotros, porque si él hubiera estado ahí no habría sido necesario un estúpido clon que nos perjudicó más que beneficiarnos.
-Es absurdo, no es culpa suya.- Tia frunció el ceño mientras tomaba el vaso que le servían.
-Hombres.- suspiró la otra. – Ojalá pudiera convencerle de lo contrario. Pero ya sabes que tienden a hacerse los héroes y responsabilizarse de todo lo que pasa en el equipo.
Tia asintió, y pensó en D'Jok. En cómo D'Jok solía hacer siempre lo mismo; pensar que era indispensable, que era su obligación estar siempre ahí, al pie del cañón. Le miró a lo lejos, hablando con Nikki (para no variar). Pero él había decidido volver a ignorarla. Se llevó la mano al pecho, justo donde sentía un dolor que no quería abandonarla.
A Lune no se le pasó por alto el gesto de la chica, pero no dijo nada al respecto. Sólo preguntó:
-¿Qué tal lleváis las bajas?
-Unas mejor que otras.- Tia suspiró. Ambas comenzaron a pasear lentamente. Sus vestidos acariciaban el césped al andar. – Es decir, lo de Yuki no fue tan grave porque teníamos a Ahito; y tuvimos tiempo suficiente para sobreponernos a lo de Rocket y sustituirlo por Mark. Lo de Mei fue más precipitado y fue un golpe emocional decisivo, no sólo futbolístico. Y lo de D'Jok… Bueno, puedes imaginarte.
-Al menos teníais a Tristan.- respondió Lune con suavidad.
-No es lo mismo. Nada es lo mismo, en realidad.
Tia alzó la vista al cielo. Los árboles se recortaban contra el inmenso azul. Era una noche sin luna, y millones de estrellas tiritaban en el firmamento. Resultaba turbador.
Una brisa leve corrió entre las hojas y le erizó levemente la piel. Se abrazó más sobre sí misma y se colocó el chal sobre los hombros.
-Nunca es lo mismo. Pero es algo que, por desgracia, pasa en esta profesión. - respondió Lune. Y entonces cambió de pronto de tema. - ¿Sabes que Woowamboo y yo hemos decidido casarnos?
Tia abrió los ojos con sorpresa y giró el rostro bruscamente hacia ella. Lune se rió al ver su expresión.
-¿Cómo…? ¿Qué? ¿¡Por qué no me lo has dicho antes?!
La otra se rió más fuerte y Tia se lanzó a abrazarla.
-Porque aún no lo sabe casi nadie, aunque gracias a ti acaba de enterarse toda Paradisia.
La chica se sonrojó y se separó de ella, aunque esbozó una sonrisa enorme.
-Perdona, pero es que me ha pillado de sorpresa. Me alegro muchísimo por vosotros, de veras. Es la mejor noticia del mundo.
-Ya.- la de Wambas sonrió con dulzura y algo de tristeza. – En estos tiempos parece que faltan buenas noticias, ¿eh?
Tia fue a responderle, pero en ese momento llegó Micro-ice con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido.
-Ey, ¿qué pasa, canijo?- Tia le revolvió el pelo con cariño. Llevaba toda la noche haciéndole bromas acerca de que por una vez ella le había superado en altura gracias a los tacones, pues de normal medían lo mismo. Pero por primera vez Mice no saltó, sino que siguió con la misma expresión ofendida.
-Yuki. Estoy harto de que me ignore.
-¿Problemas sentimentales?- Lune Zaera alzó una ceja y sonrió levemente. El chico sacudió la cabeza como asentimiento.
-Escucha, Micro-ice. Eres un chico genial. No mereces tener que ir detrás de nadie.- Tia le acarició el hombro.
-Es que si no voy yo, ella tampoco vendrá. Estoy cansado de sus idas y venidas. Un día parece que le gusto y es la persona más cariñosa del mundo y durante las dos semanas siguientes no me dirige la palabra.
-Escucha, Mice. Si tienes que buscar constantemente a una persona porque ella se niega a hacerlo, entonces esa persona no es digna de ti.- le dijo Lune.- Hay cientos de peces en el mar, y muchísimas chicas matarían por salir contigo. Deja que las cosas sean y dale su espacio a Yuki. Si realmente le gustas, acabará viniendo a ti.
-Lune tiene toda la razón. Yuki es una chica segura e independiente, es una chica moderna que sabe que no necesita a nadie. Por eso comprende que no quiera atarse.
Micro-ice seguía con el ceño fruncido, pero pareció entender lo que querían decirle las dos.
-Sí, supongo que tenéis razón.
-Claro que la tenemos.- Tia puso los ojos en blanco.- Venga, acompáñame a ver si encontramos algo de comer, ¿vale?
Guiñó un ojo a Lune en señal de despedida y agarró la mano de su amigo, cuya expresión cambió totalmente al oír hablar de comida. Ambos echaron a andar hacia las pequeñas mesas con pasteles que había en medio del jardín, y en torno a las cuales todos los invitados charlaban en círculos.
Tia sintió el cálido tacto de los dedos de Micro-ice entre sus manos y dio gracias por tenerle en su vida, pues era la persona que sin duda sabía alegrarle los días con su optimismo y su inocencia. Había una especie de complicidad fraterna entre ellos. Mice siempre había sido un hermano para D'Jok y ahora también lo era para ella, especialmente desde que el pelirrojo se había ido. Era como si Tia hubiera tenido que rellenar un doble hueco para compensar esa ausencia. Se sentía más unida al moreno que nunca.
Tomaron un par de dulces cada uno y conversaron y rieron entre ellos mientras los comían. Mei se acercó a hablar con ellos y Tia se sintió hondamente agradecida por el gesto. Sabía que ella y la que solía ser su mejor amiga estaban más distantes que nunca, lo cual le producía pena. Pero no había rencor. Incluso Micro-ice bromeó con la de ojos azules abiertamente, y cuando el bajito se apartó para decirle algo a Tristan, el mismísimo Sinedd se aproximó a Mei y Tia. Tia vio que estaba haciendo un esfuerzo por Mei, y por eso se esforzó por ser lo más cordial posible. Él la correspondió. Debía de ser la conversación más civilizada que habían tenido en años.
-No te confundas por esto, rubia, no vacilaré en aplastarte como a un insecto dentro del campo.- le dijo él con una sonrisa cáustica en el rostro antes de que Tia fuera a ver a Aarch y Adim.
-Eso si no vemos las caras, Sinedd.- le devolvió la sonrisa en un gesto torcido. Mei no pudo evitar pensar en D'Jok al ver esa expresión, y se preguntó en qué momento Tia lo había heredado de él.
La chica se alejó hacia su míster, que llevaba prácticamente toda la noche con la mujer pelirroja. La invadió, sin saber por qué, un profundo cariño. Sabía que había algo muy especial entre ellos dos. Había algo en Adim que le despertaba gran empatía, sin saber por qué, como si fueran mujeres similares.
Sus planes se vieron frustrados cuando se vio interceptada por dos figuras. Lord Primus y el hombre de cabello blanco que había estado sentado al lado de Maddox se interpusieron en su camino.
-La capitana de los Snow Kids… ¿Qué tal lo estás pasando?
Tia miró a Primus. Del mismo modo que Adim le producía cariño sin apenas conocerla, una honda animadversión se apoderaba de ella cada vez que tenía que hablar con aquel hombre. Había algo que le hacía desconfiar, aunque no sabía el qué.
-Muy bien, gracias. Es usted un estupendo anfitrión.- respondió ella lo más amablemente que pudo, lo cual no fue mucho. El hombre, sorprendentemente, se echó a reír a carcajadas.
-Parece que has heredado el carácter diplomático, ¿eh?- bromeó, pero a Tia no le hizo gracia.
-Estaba siendo sincera. La cena ha sido deliciosa y la compañía inigualable.
-Me alegra saberlo, pues.- él sonreía complacido, y le recordó a un gato gordo y satisfecho. – Espero que eso signifique que vas a convertirte en una visitante asidua de Paradisia.
-Tal vez, quién sabe.
-Si los Snow Kids pierden no creo que te emocione mucho volver en años venideros, ¿no?- el hombre de cabello blanco y expresión nerviosa se dirigió a ella por primera vez. Algo en él le produjo a Tia un estremecimiento interno. Tal vez fuera su mirada, o el tono de voz silbante con el que se dirigió a ella, como arrastrando las palabras.
-Haré lo posible porque los Snow Kids no pierdan, eso delo por hecho, señor…
-Harris.- él estiró la mano y se la estrechó. Tenía los dedos terriblemente fríos.
-¿Le conozco?
-No nos han presentado, aunque tal vez te resulte familiar porque antes trabajaba en la Liga.
-¿A qué se dedica ahora?- inquirió la rubia.
-Estoy en Technoid. He venido con el Duque Maddox.- respondió él con una sonrisa sibilina.
Tia asintió despacio, pero no añadió nada. En lugar de eso fue Lord Primus el que se dirigió a ella.
-De modo que estás dispuesta a ganar al Torneo, ¿eh? Me gustaría ver qué pasa si te enfrentas a mis chicas. Y a D'Jok, claro. Es un capitán ejemplar y un goleador nato.
Ella apretó la mandíbula. El comentario de Primus iba cargado de veneno, y que alguien se atreviera a negárselo. Pero, ¿por qué? ¿Formaba esa malicia parte de su forma de ser? ¿Tenía algo personal contra ella?
-Lo sé, estuvo en mi equipo antes que en el suyo, recuérdelo.- respondió con tono calmado. – Supongo que una final Snow Kids contra Paradisia sería interesante.
-Ciertamente.- Lord Primus sonrió y dio un trago a su whisky. – Por cierto, Tia, he oído que te gusta el arte.
El comentario la pilló desprevenida. Ella asintió, dudosa.
-Así es.
-Tengo una importante colección privada. ¿Te has fijado?
-Sí, he visto alguna buena pieza por ahí.
-Me han costado un buen pellizco, pero vale la pena.- él seguía sonriendo. - ¿Has visto la colección de cuadros clasicistas que hay en la planta de arriba?
Ella sintió cómo el estómago se le encogía en el pecho. ¿A qué demonios venía aquella pregunta?
-No…- contestó ella con tono más dudoso que afirmativo. Claro que los había visto. Había estado en la planta de arriba, pero no entendía cómo diablos podía saberlo Primus.
-Lástima. Pensaba que les habrías echado una ojeada. Si me disculpas, voy a rellenarme la copa.
-Te acompaño.- repuso Harris. – Hasta otra, Tia.
Le dirigió una mirada que le heló el alma antes de seguir al otro hombre. Y Tia se quedó parada en su sitio, incapaz de moverse, como una niña asustada. Como un animal acorralado.
Por un momento, el mundo se inclinó, y temió estar a punto de desmayarse.
-Tia…
Una mano caliente se posó en su codo y ella pestañeó, turbada, y dio un pequeño respingo.
-¡Tristan!
Él se aproximó más a ella con aire preocupado.
-¿Qué te pasa? Estás helada.- le pasó la mano por la piel fría del brazo repetidas veces, como para hacerla entrar en calor. La chica tomó aire con fuerza. Su rostro se había tornado pálido de repente. - ¿Qué es lo que te han dicho Harris y Lord Primus?
La rubia sentía sus manos temblorosas y las extendió, atrapando las de Tristan. Él se dio cuenta y las rodeó para ayudarla a tranquilizarse. Poco a poco la calidez que el chico transmitía se extendió por el cuerpo de Tia.
-Tranquila…- susurró él. Tia recobró poco a poco la capacidad de articular palabra.
-Te lo explicaré el llegar a casa.- murmuró. – No me gusta esto. No me gusta esta situación.
Tristan frunció el ceño con aire preocupado y le agarró las manos con más fuerza. La guió a un lado, lejos de las miradas de los otros, que parecían demasiado centrados en sus conversaciones.
-Sabes que no tienes que hacerlo, Tia. No tienes por qué. Solo deja que yo me encargue.
Ella negó, aún con la cara blanca.
-No, estamos juntos en esto.
Tristan hizo un gesto con la boca, pero no la contradijo. Sabía que era misión imposible. Por eso, simplemente tiró de ella y la abrazó. Tia cerró los ojos y se dejó mecer por su olor, su olor a tierras lejanas, y la tibieza de su piel. Tristan era el mar. Había algo en él de mar en calma que la acunaba.
-Pronto estaremos de vuelta en casa.- la calmó él, pasándole las manos por la espalda. La chica asintió.
-Gracias. – respondió mientras se apartaba ligeramente para mirarle. – De verdad.
-No las merece.- Tristan sonrió suavemente, con las manos aún presionadas contra su piel. – Escucha, sé que no es el mejor momento, pero Maddox se irá pronto. Deberías ir ya. Es ahora o nunca.
Tia tragó saliva, pero reunió toda la entereza que había en su cuerpo e hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Sin darse cuenta de que un par de ojos de un verde oscuro les observaban desde lejos.
-Quédate cerca, ¿vale?
Y él esbozó una sonrisa más ancha.
-Siempre.
[No matter what you do, my son, I'm still proud of you.]
Maddox se había alejado por unos instantes del bullicio de gente. Sentado en el borde de la bella fuente de mármol, cerró por un momento los ojos y disfrutó de la fresca noche que barría las hojas de los árboles y mecía sus ramas de un lado a otro.
Cada vez empezaba a ser más consciente de la edad que tenía, una edad a la que ya no podía permitirse tanto trabajo, tantas preocupaciones, tantos compromisos por cumplir…
-Duque, ¿se encuentra bien?
Una suave voz le sacó de sus pensamientos. Abrió los ojos y vio a la capitana de los Snow Kids, que le observaba con timidez.
-Tia.- dijo él, sorprendido. – Sí, claro. Solo disfrutaba de la calma.
-Disculpe entonces, no quería molestarle.- ella se mordió el labio ("Mala actriz," pensó para sus adentros la rubia "y una mierda") y se mostró arrepentida de haberse aproximado a él.
-No, por favor, no te preocupes. Una joven agradable como tú nunca es molestia.
Tia esbozó una sonrisa y le señaló con la mano el hueco sobre el mármol junto a él.
-¿Le importa si me siento? Yo también necesito un poco de tranquilidad.
-Adelante, ni lo dudes.- Maddox hizo un gesto invitándola a acompañarle.
La chica así lo hizo. Sabía que tenía que medir cada paso y cada palabra para no meter la pata. Toda aquella obra requería un esfuerzo extraordinario por su parte, pues nunca había tenido dotes para fingir. Ella no tenía la mano izquierda de sus padres o de Mei. Era mucho más ruda y directa.
-Supongo que ser reclamado por tanta gente debe de ser agotador.- comentó, mirando al hombre. La luz de una farola cercana iluminaba el cristal rojo de su ojo artificial, y también el del colgante que pendía de su níveo cuello.
-Así es. Aunque debes saberlo tanto como yo.- respondió él.
-Yo no estoy hecha para este tipo de situaciones.- respondió Tia ligeramente avergonzada.
-Hace cuarenta años, yo tampoco creía estarlo. Pero nuestro trabajo nos lo exige, ¿no? Aunque en campos diferentes, y nunca mejor dicho.
Ella sonrió y asintió, dándole la razón.
-Diferentes, pero no lejanos, pues tengo entendido que es usted un forofo del Galactik Football.
Él se echó a reír.
-En esta galaxia, ¿quién no lo es?- le guiñó su ojo sano, o eso le pareció a Tia, pues era difícil saberlo. – Pero sí, sí que es cierto que tengo una especial debilidad por el fútbol. De ahí mi afán por invertir una suma descabellada en esos dichosos Technodroids que se han convertido en un verdadero quebradero de cabeza y en toda una quimera.
-Bueno, lamento decírselo, pero el fútbol es demasiado complejo y sutil como para poder ser dominado por unas máquinas.- un instante después se arrepintió de habérselo dicho, pero Maddox no pareció molestarle, puesto que sonrió.
-Eso me temo.- suspiró.- Supongo que sigo siendo un idealista.
Y Tia, repentinamente, fue consciente de a quién tenía al lado. Era uno de los hombres más poderosos vivos, posiblemente el que más. Era la imagen de todo aquello que Tristan y los demás odiaban. Pero también un rival justo que no había dudado en aliarse con Sonny Blackbones y reconocer sus virtudes cuando era preciso. Y que tenía el aspecto, en la intimidad, de un simple hombre de cerca de sesenta años que bromeaba y reía y disfrutaba del silencio.
Ninguno habló por unos instantes. Y entonces ella supo, supo, que era el momento de decirlo. Que aquel no era un mal hombre. Que pasara lo que pasara, no podía equivocarse con él.
-¿Sabe? En ninguna de las ocasiones que hemos hablado he tenido oportunidad de decírselo.- comenzó, y Maddox la miró con curiosidad. – Yo ya le conocí cuando era pequeña, aunque tal vez no lo recuerde.
-Me temo que no.- y por su gesto, debía lamentarlo de veras. - ¿Cuándo?
-Tendría yo unos diez años. Supongo que era en el año cinco o mil seis. Mis padres y yo habíamos ido a una cumbre en Horfos durante nuestras vacaciones de verano. Usted daba una conferencia…
-Ah, sí, lo recuerdo perfectamente. He tenido la suerte de coincidir muchas veces con tu familia. Tu abuelo y yo colaboramos juntos en alguna ocasión.
-Lo sé.- respondió ella con una leve sonrisa. – Por eso ese día me llevaron a verle. Y me dijeron que era usted uno de los hombres más importantes de Zaelion. En el momento no lo entendí, supongo.
-Gracias, Tia.- él esbozó una sonrisa sincera. – Eres una buena chica.
-Eso intento.- ella dudó un instante antes de proseguir. – Trato de ser buena y justa, aunque en ocasiones es difícil, señor. Y sabe que soy también una persona entregada a mi profesión.
-Me consta.- asintió Maddox, sin saber bien por dónde iba el tema.
-Lo que quiero decir es… Que hay algo que tengo que explicarle. Que pedirle, más bien. Puede entenderlo como un favor personal, o como una cuestión de principios.
Él permaneció en silencio, antes de instarle con un gesto a continuar.
-Verá. Esto no es fácil.- suspiró. – Pero hay algo que debería saber. Hay un inocente que está a punto de ser condenado, y Technoid está envuelto en el tema. Por eso me siento en la obligación de contárselo, como ciudadana y como muestra de mi afecto personal, para que no se cometa un crimen.
El Duque Maddox parecía entre turbado y sorprendido. Tenía las cejas alzadas y los labios apretados, y miraba a la chica como tratando de dilucidar si se trataba de una broma, pero ella se mostraba decidida.
-Demonios, muchacha. ¿Se puede saber de qué hablas?
-Yo no puedo explicárselo. Pero necesito que, por favor, por lo que más quiera, se reúna con alguien mañana. Alguien que podrá decirle qué es lo que pasa.
Él no pudo evitar sucumbir, por un instante, a la desconfianza. Pero algo en su expresión convencida le decía que era un tema verdaderamente delicado. Si no, no habría osado a soltárselo así como así.
-Por favor, señor.- insistió ella. – Le digo que Technoid se verá profundamente afectada si no interviene. Tengo serias razones para creer que hay un topo en su empresa.
Y ahí sí, Maddox fue incapaz de disimular su sorpresa.
-¿¡Cómo!? ¿De qué hablas?- no podía ser cierto. No podía haber un infiltrado en Technoid. La seguridad era máxima, se encargaban de ello día y noche, pues el más mínimo robo de información podría resultar en una crisis de dimensiones históricas.
-Le juro que no se lo diría si no tuviera pruebas. Reúnase mañana con quien yo le indique y comprenderá cuál es la gravedad del asunto. Pero necesito que vaya sin escuchas ni cámaras. Entenderá que es demasiado arriesgado, ¿no?
El hombre permaneció en silencio largo rato, como sopesando sus palabras y barajando todas sus opciones. En todo ese tiempo Tia le sostuvo la mirada. Veía mil pensamientos y emociones desfilar en su interior: duda, desconfianza, suspicacia, miedo, enfado…
-Más te vale que no se trate de una broma o sufrirás las consecuencias.- gruñó él. – Espero que seas consciente de en qué situación te pones a ti misma y a tus seres queridos.
-Lo sé, señor.- respondió ella con voz débil. Claro que lo sabía. No solo su vida, sino la de todos los suyos dependía de ella, incluyendo a Sonny, a D'Jok y a los piratas. Un paso en falso e incluso toda Zaelion podía sufrir las consecuencias. Porque quien fuera que había querido inculpar a Sonny tenía el multifluido.
Y probablemente estuviera en aquella misma casa.
(En todo estás y tú eres todo,
Para mí y en mí misma moras.)
Al día siguiente el sol calentaba con más fuerza de lo normal y en el noticiario se anunciaron temperaturas estivales en todo el planeta. Era, sin duda, un día con olor a mar y crema bronceadora, un día de juegos en la orilla y ociosas siestas sobre la arena.
Para todo el mundo, excepto para los jugadores. El Galactik Football no admitía descansos.
Tia, Tristan y Mice, a pesar del cansancio del día anterior, saltaron al campo como el resto, listos para enfrentarse al holograma de las Elektras. También las chicas del Equipo Paradisia rendían a su potencia habitual, lideradas por D'Jok, y Zyria, Yuki, y compañía calentaban sobre el terreno de juego.
-Venga, sólo te queda una vuelta.- exclamó Sinedd.
Mei completó la vuelta al campo y después llegó junto a él, jadeando. Sinedd miró el cronómetro en su mano.
-Diez minutos y once segundos en total. Cada vez haces mejores tiempos.- la felicitó.
-No tengo un mal entrenador.- ella le sonrió, con el rostro perlado por el esfuerzo. El chico le devolvió el gesto antes de girarse hacia sus compañeros, que estiraban a unos cuantos metros de ellos.
-Vamos a jugar un partido completo contra los hologramas del Equipo Paradisia, ¿de acuerdo? Recordad las posiciones y estrategias de las que hemos hablado.- ordenó mientras caminaba hacia su sitio en el centro del campo. – Zed, marca a Nikki, y tú, Cron, no pierdas de vista a D'Jok. Son un auténtico peligro. Nilli, dale velocidad en la banda y busca huecos para pasarnos a Mei y a mí, ¿vale? ¡Adelante!
Sus rivales se materializaron frente a ellos y el entrenamiento dio comienzo. Los clones de las jugadoras y D'Jok eran casi tan hábiles como en la vida real, por lo que los Shadows tuvieron que esforzarse al máximo y sudar de lo lindo. La fuerza de los tiros de aquellas chicas era inusualmente alta, y parecía que todas estaban diseñadas para ocupar cualquier posición. A duras penas Sinedd y los suyos consiguieron arañar dos goles, aunque desgraciadamente encajaron otros tres en contra. El moreno se veía claramente frustrado, el tiempo se agotaba y las jugadoras le ponían imposible el avance. Pateó con rabia el suelo.
-¡Pasadme el estúpido balón a la mínima oportunidad que tengáis!- les gritó a sus compañeros.
Ellos obedecieron, y su capitán avanzó raudo a lo largo del campo, sorteando a sus rivales gracias a la Niebla Tóxica. El corazón le iba a mil por hora y notaba cómo le latía en las sienes, pero lo único que veía era la portería a lo lejos.
Sentía la materia negra recorrer sus venas y extenderse a su alrededor como una prolongación de su cuerpo, nublando su vista y empapando el horizonte. De pronto la Niebla lo cubrió todo, y dejó de ver el suelo a sus pies, a sus compañeros en torno a él y a Nina 8 y Aya 9 a unos cuantos metros, listas para interceptarlo. Todo era negro.
Se detuvo y frunció los ojos, pero entonces se dio cuenta de que no sabía dónde pisaba. El cielo y el suelo se habían fundido. Los límites de su cuerpo se habían vuelto cada vez más difusos, hasta el punto de no saber dónde acababan. Todo en torno a él era devorado por la Niebla.
Sintió su corazón variar de paso repentinamente y de manera arrítmica, como si tropezara sobre sí mismo, y entonces latir cada vez más débilmente. Una enorme opresión se apoderó de su pecho, como si la oscuridad se cerrara en torno a él y se volviera cada vez más densa. Escuchó un grito prolongado a lo lejos y, de repente, llegó el dolor.
Se desplomó sobre el suelo, incapaz de soportar la agonía y el veneno que bombeaba con el color del carbón por el interior de sus arterias, como un monstruo que le devorase a dentelladas desde dentro.
Todo se desvaneció.
(No me abandonarás nunca,
Sombra que siempre me asombras.)
